Disclaimers: Los nombres de los personajes pertenecen a Rowling, no a mí.

Hola, posiblemente la continuación de ésta historia no es lo que esperaban, pero por más que me he estado matando, no soy capaz de hacer capítulos largos, así que mis sinceras disculpas. Gracias por el apoyo


Capítulo 01: Como una Puesta de Sol.

Se removió incómodo. Las imágenes venían a su mente en un flash rápido que no significaba nada para él, o al menos eso pensaba, sus sueños eran cada vez más extraños.

Se levantó; su respiración era agitada, su pecho estaba sudado, su vista fue de inmediato a la televisión que se había encendido un segundo después de que él abriera los ojos; se llevó la mano a su cabellera húmeda por el sudor que ese sueño extraño le había ocasionado, buscó a su alrededor en busca del control remoto, pero pese a su intento desesperado por acallar el sonido de la estática, no lo encontró, se levantó enfadado, cruzó la habitación y desconectó el aparato en un movimiento brusco, regresó a tientas hasta su cama, y al momento en que su cabeza tocó la almohada, sintió una extraña sensación en la parte posterior de la cabeza, encendió la luz de la habitación de la lámpara junto a la cama, para encontrar el mando, frunció el ceño consternado, lo colocó en buró sin dar mucha importancia de la que ameritaba; se acomodó de nuevo y cerró los ojos, perdiéndose de nuevo en sus sueños.

La alarma sonó incontrolable junto a él, abrió un ojo para ubicar el reloj, eran las seis de la mañana, tenía que levantarse y alistarse, tenía que ir a entrenar, y de ahí a la oficina con su padre; cualquiera que lo viera, diría que tenía todo en la vida, una inmensa fortuna amasada por décadas, pero su vida no era exactamente nada fuera de lo común, más bien aburrida.

Gruñó enfurecido cuando no encontró las llaves de su automóvil, era el regalo más reciente de su padre, por lo tanto, adoraba que lo condujera todo el tiempo, pero a él no le gustaba mucho, negó enfadado, y salió de la habitación sin prestar más atención.

No era necesario que saliera de casa, tenían un gimnasio más que moderno en una de las alas de la mansión, pero él prefería correr al aire libre y no en un aparato aburrido y monótono, ya tenía suficiente monotonía en su vida como para aumentar más las cosas, se colocó sus audífonos y salió a correr por los terrenos de la mansión, era tan grande que fácilmente podía correr cinco kilómetros.

No hubo nada fuera de lo común, la vida comenzaba con su rutina, igual que él, así que se dedicó a no meterse con eso, mientras la naturaleza no se metiera con él, era un pacto aceptable, creía él.

Regresó sudoroso, hambriento y con mucha energía, que regularmente terminaba en sus pies, golpeteando el piso por el resto del día, porque su vida era aburrida y monótona.

Un día normal consistía en: salir a correr, tomar una ducha, desayunar saludablemente, ir al trabajo, juntas, negocios, almuerzo por negocios, comida por negocios, trabajo, juntas prolongadas, cena de negocios y sexo por negocios, a veces, esa era una variante que le parecía entretenida de sus días, cuando ocurrían, dormir y volver al inicio.

Se dejó caer sobre su silla giratoria, después de un par de vueltas y una risa divertida, se quedó mirando a su secretaria que le miraba impasible, posiblemente pensando en lo idiota que se veía haciendo eso, pero no había tenido tiempo de madurar como cualquier persona normal, había asistido a la escuela, no, no lo había hecho, toda su educación había sido privada, tenía veintiún años, y estaba haciendo negocios en lugar de siendo rebelde como la mayoría de las personas de su edad.

Tarareo cuando su secretaria salió, era algo que le gustaba, ya que su voz sonaba como gatos en celo siendo asesinados y torturados.

Se dedicó a hacer las mismas llamadas, cuando dejó el teléfono, pudo ver la hora, eran cerca de las tres y media, se levantó de la maldita silla, y aprovechando que no había demasiados pendientes, avanzó hasta la puerta de su oficina, su secretaria le observó en desconcierto, elevando las cejas.

No dijo nada, normalmente la enviaría a ella por un café, pero quería romper la monotonía que lo estaba consumiendo, al menos un poco, fue hasta el ascensor, abrochándose el botón de su saco, le sonrió incomodo a la mujer dentro y se colocó al final.

Camino con el rostro impermeable, pero se sentía extraño, como si un par de cocodrilos estuviesen mordiendo su intestino, el aire era un tanto húmedo, anunciando lluvia, pero no le importo si se mojaba, sería algo distinto.

Se sentó en una de las mesas de afuera de la cafetería cercana a la oficina, se alisó el saco recién desabotonado, y levantó la vista, observando las nubes moverse con pereza, suspiro, que bien se sentía salir de la rutina, ordenó café, lo único del listado que no cambiaría, encendió su cigarrillo mientras esperaba ser atendido, incluso le había dicho a la mesera que se tomarán su tiempo, después de una mirada de incredulidad se alejó de él.

Tarareo.

Cuando su mirada gris se elevó, la observó, como una puesta de sol, increíble y hermosa, no supo que fue lo que le gustó de ella, si su cabello rojo ardiente, o su sonrisa encantadora, pero no pudo quitarle la vista de encima un momento desde que la vio bajarse de ese taxi, cruzó la calle hasta el café, sonrío de nuevo, haciendo que todo su rostro se iluminará, era fascinante, toda ella le deslumbró, como un rayo en la oscuridad, iluminó de inmediato su mundo vacío y gris.

Observó a la rubia ponerse de pie para abrazarla y besar su mejilla, la escuchó reír porque estaba en la mesa junto a la de él, su voz era suave, dulce y modulada, le gustaba su voz.

Su café llegó, justo a tiempo, para que de vuelta, la mesera se girara hasta la recién llegada pelirroja, le sonrió como si se conocieran.

—Té, de frambuesa –pidió –con poca azúcar.

—De inmediato –contestó con una sonrisa y regresó al lugar.

—Siempre pides lo mismo, ya lo sabe –se burló la rubia.

—Lo sé, pero uno nunca sabe cuándo alguien está dispuesto a salir de la rutina.

—Esa no serías tú, jamás, amas la rutina tanto como tu nombre, Ginevra –la pelirroja sonrío y negó divertida, no necesito mucho para notar el par de hoyuelos que se le hacían al sonreír, haciéndole lucir encantadora.

Se quedó más tiempo del que se esperaría de él, pidió un café más, sólo para quedarse observando a la hermosa chica de cabellos rojos, si no acabará de conocerla, podría pasar como su acosador, posiblemente su mirada era demasiado pesada, ya que cuando la mesera dejó su café, la chica levantó la vista hasta él, permitiéndole observar sus ojos castaños, tenía que levantarse e ir a presentarse.

Se sorprendió cuando ella recorrió la silla hacia atrás, haciendo que su acompañante levantara la vista confundida, se detuvo frente a la mesa de él, llevándose ambas manos a las caderas, vaya que era atractiva, posiblemente sus pantalones desgastados de franela, y su playera de manga corta no eran el mejor atuendo, pero ella las hacía lucir bien.

—De acuerdo ¿puedo saber la razón por la cual no has dejado de verme? –elevó su ceja.

—Por el hecho de que es un país libre –sonrío –además, creo que te he visto antes.

—Ya ¿en tus sueños? –Se burló –e s la frase más patética...

—De hecho, creo que fue en la lista de los más buscados –la pelirroja sonrío, tanto, que su dentadura se pudo ver, tenía un poco chuecos los colmillos, pero eso no le desagrado a él.

—Tengo que admitir que eso es lo más original que alguien se ha atrevido a decirme –admitió ella.

—Draco Malfoy –se levantó, abrochándose el saco y extendiendo su mano.

—Ginevra Weasley –estrechó la mano del extraño –la chica de la lista de más buscados ¿eres policía acaso?

— ¿Estás coqueteando conmigo? –elevó una ceja platino.

—No lo sé –se encogió de hombros –depende de tu respuesta, supongo.

—Podría esposarte y llevarte, pero eso se vería extraño, ya que soy un simple civil.

—Los fetiches no son lo mío.

— ¿Normalmente le dices eso a los chicos que apenas conoces? –le sonrió.

— ¿Normalmente vas por la calle queriendo esposar a las chicas?

—Normalmente no voy mucho por las calles –admitió.

—Te escapaste.

— ¿Puedo invitarte un café? –le sonrió.

—Lo siento, no tomo café con extraños...

—No soy un extraño, ya me presenté –recordó.

—En realidad yo...

—Señor Malfoy –interrumpió la voz de un hombre a sus espaldas –su padre quiere verlo.

Él puso los ojos en blanco y le sonrió a la chica. —Un café, sólo eso, aquí mismo, cuando quieras.

—Vengo aquí todos los días a esta hora, la misma mesa, generalmente –sonrío.

—Es bueno saberlo –sonrío aún más cuando ella intentó recuperar su mano.

—Que tenga una buena tarde, Señor Malfoy.

—Ten por seguro que ahora la tendré.

Draco se giró, después de despedirse con un leve movimiento de cabeza de la chica rubia sentada a la mesa, el hombre de traje oscuro y corbata negra lo siguió de cerca, Draco sabía de la seguridad que su padre le había puesto, no lo seguían todo el tiempo, pero cuando lo hacían le era imposible no notarlos, por lo general solo las mujeres le ponían más atención de la necesaria.

El elevador abrió sus puertas, todo el mundo seguía en sus cosas, faltaban pocos minutos para que el horario laboral terminara, al menos para los empleados menores, para él, su día realmente apenas iniciaba.

Su padre dejó de firmar los papeles al verlo, muchos decían que era su copia joven, pero Draco era un poco más rebelde que él, parecía que no le importaba la fortuna, después de todo, no tenía con quién pelearla, al final sería suya, y Lucius Malfoy no, él siempre quiso deshacerse de su padre para ser el dueño de todo el emporio.

—Bien ¿qué es lo que quieres?

—Me dijeron que saliste de tu oficina sin dar explicaciones.

—Ciertamente, a ellos no tengo que darles explicaciones, tengo un móvil, por si no lo sabes.

—No me gustan esas cosas –admitió.

—Inviertes millones en esas cosas y no te gustan –se burló.

—Una cosa es hacer algo para mantener a la gente idiotizada, y otra idiotizarte, bien lo dicen, no consumas tu mercancía ¿no es así?

—Normalmente quien lo dice, son los que no venden algo tan licito, sólo para que revises frente a quien dices tus referencias –sonrío y caminó hasta el ventanal.

—Tu madre me ha dicho que te ha visto un poco extraño ¿algo que este mal?

—Aparte de que estoy aburrido de todo esto, no sé qué decirte –aceptó.

—Hagamos algo, tomate un tiempo, después de todo, prefiero que holgazanees a que termines haciendo las cosas mal por aburrimiento, y nos lleves a la quiebra.

—Suenas muy comprensivo ¿puedo saber la razón?

—Tengo tu remplazo perfecto, ella podrá comenzar a cubrirte pronto.

Ella –repitió –Así que también es el reemplazo de mi madre por el momento.

—No digas tonterías –pidió con una media sonrisa.

Draco salió de ahí sin discutir más, las vacaciones que tomaría serían perfectas para que su padre colocará a su aventura temporal, y después votarla, como siempre lo hacía, pero ese era asunto entre él y su madre, si ella quería seguir pasándole ese tiempo de cosas, era su problema, no de él.

[O]

Sin importar que su padre le había dejado ser un poco libre, no pudo librarse por el resto de la semana, su suplente, llegaría apenas de un viaje de negocios, así que tuvo que ir a la oficina, a encargarse de un mar de papeles, dejándole así, sin oportunidad de escaparse al café que estaba cerca de la oficina.

No había podido quitarse de la cabeza a esa chica.

Estaba completamente obsesionado con ella, necesitaba volver a verla.

Pronto; se consoló a sí mismo; pronto serás libre para verla, y sólo ese pensamiento lo mantuvo tranquilo, por lo poco que había escuchado es que ella amaba la rutina, así que no dejaría de ir a ese café sólo porque él no hubiese regresado.

Se limpió el sudor de la frente con el brazo, se quedó observando las nubes que prometían un día lluvioso, así que se puso en marcha de nuevo, era su último día de encadenamiento al trabajo, después podría dedicarse a ser un hombre de 21 años, y preocuparse por la empresa familiar cuando su padre muriera, y no tenía prisas para que eso ocurriera.

Podría sin duda conseguirse un empleo, pero no algo que le consumiera la vida.

—Ella llegará a medio día y serás libre –informó su padre –libre para que hagas lo que quieras.

—Tiene que ser muy guapa –se burló, su madre le observó con el ceño fruncido, pero no dijo nada.

—Eficiente, me gustan las personas eficientes, que es diferente –se defendió.

—Guapa y eficiente, sin duda es de las que te gustan, toda una sumisa –se burló de su padre.