Regreso, Mundo Fanfiction, actualizando. No tengo mucho que decir en realidad; lo que ocurre en este capítulo ya estaba previsto desde hace mucho, así que no piensen que surge por cosas extrañas ni nada. Iba a pasar. También; si notan algo de incoherencia entre párrafos, nótese que dejé de escribirlo hace tiempo y cuando lo comencé de nuevo pues ya traía otras ondas medio melancólicas, dramáticas, así que pido disculpas de ante mano por ello.
Sé que dije que Ryuujito regresaría, pero es complicado, las cosas se están poniendo (en este punto) intensas. Haciendo cálculos, me parece que le quedan como catorce capítulos al fic, así que pues debemos avanzar :p
Sin más… ¡disfrútenlo!
Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.
Inclinación By Madoka
Capítulo 21: De un Acontecimiento Tremendamente Impactante.
-Pero, más sin embargo; reprobé. Pasé toda la maldita noche estudiando, solo he dormido dos horas, escúchame bien, ¡dos malditas horas y media! ¡Solo eso! ¿Para qué? Para que el mugroso profesor de matemáticas me repruebe, así nada más; porque se le ocurrió atormentarnos desde horita con el estúpido cálculo, ¡cálculo! ¿Puedes creerlo, te cabe en la cabeza? Somos unos putos bebés de secundaria, no necesitamos el cálculo aun…
-Aun- le respondí, suspirando pesadamente. Yo también estaba seguro de que reprobaría, lo más probable; a lo mucho, seguro tendré una o dos respuestas buenas.
Escuchar a Fudou quejarse de las extrañas enseñanzas de nuestro queridísimo profesor de matemáticas ya era más que habitual, se convertía incluso en un deleite; como ir al cine. Ver sus expresiones contraídas, como se jaloneaba el cabello, y hacia berrinches, eran la gloria.
Cada mañana, empezamos a detestar las clases. Desde que la linda señorita Hana se marchó a otra escuela, y entró el profesor Yoo, todo se volvió terrible (más terrible que el hecho de que el ángel sigue sin aparecerse (ya hace una semana de la fiesta (y nuestro "encuentro") que nadie sabe nada de él)). El profesor Yoo (si, su nombre es reverendamente estúpido (aunque algunos dicen que son solo siglas (no deja de ser estúpido))) es un ingeniero aeroespacial titulado, con un postgrado (y el resto de las mamadas que le siguen), amargado, viejo y chiflado.
El primer día de clases nos dijo; "el mundo es difícil, la vida es cruel, y si no están preparados, jamás lograran salir adelante", y entonces, sacó su enorme manual de cálculo diferencial y nos dictó el primer capítulo. Así, sucesivamente se fueron dando sus clases; al principio todos creímos que solo era el entusiasmo del primer día, pero cuando Shuuji se atrevió a preguntarle si planeaba enseñarnos cálculo, su respuesta fue la sonrisa más siniestra que pude haber visto en una película de Saw.
Y henos aquí, sufriendo porque reprobamos cálculo (que no está en nuestro currículo escolar (pero a este profesorcito demente se le ocurrió jodernos desde horita)).
Por supuesto que Yoo nos había prevenido del desastre, anunciándonos con tiempo que el lunes habría examen. ¿Quién no ama los exámenes?
Fudou los ama; sostiene el lápiz con fuerza en su mano sudorosa, desde la distancia puedo incluso verle las venas palpitantes en su dorso, sufre de un repentino cuadro ansioso y no deja de mover las piernas, se pasa las manos constantemente por el cabello y suspira demasiado.
Nagumo ama los exámenes; los espera impaciente en su mesa, garabateando sobre el borrador blanco, silbando, mordisqueando su lápiz, distraído, ausente, pero a la vez, tan circunspecto en sus acciones, que a veces podemos llegar a creernos que estudió y que no todo en la vida le vale madres (aunque la realidad sea que ni siquiera tocó el libro ni sus apuntes el fin de semana (en efecto; la vida le vale madres (exceptuando a Kii, claro))).
Y Jyuka también los adora; podemos apreciar el nerviosismo acompañado del temblor de su labio inferior pintarrajeado con ese lápiz labial ultra mate mientras se pica las uñas con el bolígrafo.
Todos nosotros amamos los exámenes.
Ese fin de semana me dediqué enteramente al estudio, tratando de entender el montón de números y letras que veía desfilar en la hoja de mi cuaderno. No entendía nada, siendo completamente sincero, además de que no lograba concentrarme del todo; aun pensaba en Hiroto.
El miércoles de esa semana, Kino me llamó preguntándome si no sabía algo respecto de él. Extrañado, le respondí que no, colgando después de su "está bien, esperaré a ver qué pasa" demasiado melancólico para pasar desapercibido.
No pude evitar las conjeturas en mi cabeza y ese desagradable presentimiento; ¿de cuándo acá Kino se interesa por saber algo del ángel? En lo que a mí respecta, ellos no son muy amigos como para tenerse ese tipo de confianza, ¿o sí? ¿Acaso seré yo quien se equivoca, y vivo en un surreal mundo al revés donde Ryuuji jamás existió para Kiyama Hiroto? (¿O estoy siendo un maldito dramático?)
Esa "disertación existencial" me acosó el resto de los días siguientes, hasta el domingo por la noche, que Fudou me habló para preguntarme si había estudiado ya. Eran las nueve treinta y yo aún continuaba plantado frente al ordenador buscando libros en eBay. Le dije que no, y de inmediato cerré la ventanilla y me puse a hojear las páginas de cálculo.
Acabé a las doce cuarenta, agotado, con la cabeza a punto de estallar. Las formulas habían reemplazado por completo (pero momentáneamente) mi triste estado de ánimo y la dulce cara de Hiroto en mi mente, pero a la mañana siguiente, lo único que pude hacer fue ver al frente, su lugar en uso.
Ahí estaba, Kiyama Hiroto, sentado en su puesto de siempre.
Verlo en esos justos instantes me provocó un vuelco en el corazón y un mini ataque respiratorio en los pulmones; tuve deseos de acercarme y saludarlo, de preguntarle cómo se encontraba, de cualquier cosa; pero no lo hice porque vi a Kino aproximarse, sentarse a su lado, y saludarlo de beso.
Arrugué la frente y me hice el desentendido (para mí mismo), mirando por la ventana, esperando mi matanza.
No pude concentrarme, no logré sacarme de la mente aquel raro saludo. Hiroto ni siquiera había movido la cabeza para buscarme, solo se quedaba ahí, agachado escribiendo en su libreta. Lo observé con cuidado, aún mantenía ese aspecto decadente y triste, ojeroso lleno de marcas; estragos por la droga. Traía el cabello recogido en una coleta, y no llevaba la chaqueta del uniforme (a pesar de que aún se lograba sentir un aire relativamente frio), dejando al descubierto sus enclenques brazos.
Volví a fruncir el ceño, y en cuanto terminó la hora, lo vi irse del salón. Ganas no me faltaron para ir tras él, pedirle una explicación a ese repentino ausentismo y hablar de cosas claras, hablar sobre todo lo acontecido, pero Fudou apareció quejumbroso y no me dio de otra que escucharlo.
Al cabo de unos minutos (y mis indirectas súper sutiles), se enfadó y se fue con Nagumo. Aproveché de inmediato las circunstancias óptimas y salí del salón lo más rápido que pude, evitando a cualquiera.
Cuando estuve en el pasillo, me puse a pensar, ¿A dónde diablos se habrá ido? Ni siquiera lo sabía, pudo haberse ido de la escuela, o quizá está en los baños (tal vez se estuvo aguantando las dos horas de examen y tu ahí de dramaturgo), o simplemente fue a estirar las piernas.
Entonces me dije que estaba actuando como un completo lunático con síndrome de persecución, y todo esto seguro son malos entendidos de mi cabecita loca (y maltratada, sobre todo (alcohol, drogas, ritmo y diversión)). Así que me alce de hombros y me di vuelta dispuesto a entrar de nuevo, ya luego lo podría atrapar y obligarlo a hablar.
Y antes de dar un solo paso para ir al salón, vi como Kino salía por la puerta posterior y se dirigía directamente a la biblioteca dos aulas a la izquierda.
Mi Ryuuji interno dialogó un momento (en dos partes). La primera: cálmate, Ryuuji, seguro fue por un libro para entretenerse, recuerda que tienes dos horas libres. No te pongas histérico.
La segunda: ¿Pero qué mierda esperas? Ve tras ella y confróntala, ¿Por qué diantres esta tan juntita a tu ángel, a TU Hiroto (porque después de TODO aquello; es tuyo, definitivamente, ya lo puedes marcar como tuyo (¡me valen madre los demás!))?
Era como tener a Nagumo y Fudou recomendándome una película para ir al cine; no se podían poner de acuerdo. Mi Ryuuji interno partido en dos me decía cosas contradictorias pero muy verídicas; la cuestión solo era en si ir o quedarme.
Y como no estaba en mi estado más lúcido, opté por ir.
Entrar a la biblioteca no debe ser algo sospechoso ni mal visto, por supuesto que no; este es uno de mis sitios favoritos (aunque ya me haya comido (figurativamente) la mayoría de los buenos libros). La biblioteca es un mar de hojas; hay tantas hojas amarillentas, sueltas y desperdigadas en los estantes, que bien puedes encontrar la portada y el capítulo uno en el primer estante, y el resto lo buscaras en los siguientes aparadores, así de desordenada está.
Existe un programa de ayuda a los desahuciados libros, que se llama "beca de ayudantía" (o servicio voluntario, como suene mejor) para aquellos preocupados por el bienestar filosófico de las amadas herramientas de aprendizaje (admito que alguna vez quise apuntarme, pero después me entere que es una completa basura, y todo es un rollo burocrático disfrazado (puras pinches patrañas y corrupción (lo habitual en Raimon))).
Me deslice por una de las puertas abiertas del salón; una enorme aula repleta de libreros, mesas y sillas, incluso hay computadoras y máquinas de escribir, pero son solo cacharros antiguos que usan de adorno. Caminé un momento por los pasillos semi vacíos, mirando en todas direcciones, donde se habría metido Kino (me daría explicaciones, definitivamente, y luego las podría comparar con las de Hiroto, por supuesto (¿no estaré exagerando? (¡por favor! ¿Yo, exagerando? (Sin comentarios)))).
En una de las mesas, me encontré con Fubuki & Fubuki hojeando un atlas mundial, en la ventana estaba Sushillo anotando frases de "Celebres y Contemporáneos; el Romanticismo de los Clásicos", y en el mostrador vi a la persona que menos me hubiese esperado encontrar; Reinita y sus "recatados" escotes escolares.
Inmediatamente se dio cuenta de mi presencia al verme pasar por la puerta, ninguno de los dos nos evitamos lanzarnos miradas de completo desprecio, seguido de gruñidos quejosos por su parte (yo soy, definitivamente, mucho más decente (me ahorro mis comentarios)), hasta que me perdí entre la sección de ciencia ficción, en las escondidas esquinas del recinto.
Y ahí, como por arte de magia, me sentí de pronto en una especie de vórtice del terror, un pasadizo secreto que me llevó hasta una puerta de exuberantes colores neón hacia otra dimensión, entre estratosferas y submundos irreales y crueles; surrealista (como si hubiese bebido absenta (una deliciosa hada verde)).
Ahí, en la esquina de los clásicos "Un Mundo Feliz" y "Crónicas Marcianas", es que vi El Beso de la Mujer Araña (me encanta hacer referencias (referencias, referencias)); a Hiroto y Kino besándose.
No sabría cómo explicar mi sensación en ese momento; solo sé que de la nada, estaba sufriendo un bloqueo mental, un ataque cardiaco y posiblemente una embolia (nada que ver, pero así de mal me sentí).
Impactado. Creo que es la mejor palabra para describirme justamente en esos instantes. Shockeado, también suena bien, pero mi léxico me exige descartarla (y Kazemaru, Kazemaru con sus mamadas de "buen uso de la palabra" (no es una palabra en su diccionario Cambridge)).
Y como estoy pasando por un bloqueo mental, lo único en lo que pude pensar fue…
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no.
No.
¿¡Es en serio!? ¡Que maldita suerte tengo! ¿Es acaso que estoy pagando por los crímenes de alguna otra vida? Mi karma no puede ser más malo. ¡Su puta madre y el mundo! ¿Por qué mierda me pasan estas cosas a mí, solo a mí? ¿Es que no soy lo suficientemente bueno como para que alguien me quiera? ¿Merezco de verdad la humillación? ¡Chingada madre! ¿Por qué carajo no se abre la tierra debajo de mí, me traga y escupe lo más lejos posible, o mejor, me traga y ahí se acabó? ¡No, por supuesto que no! Estas en el mundo, Ryuuji, para que el mundo te joda, te joda y te siga jodiendo. Y después esta Hiroto (que ahora pienso seriamente en que no es precisamente un ángel del cielo), el puto talón de Aquiles que te fastidiara toda la vida. Porque estás tan enamorado de él, que perdonaras esta atroz traición, te regodearas con su dulce verborrea y sonreirás, cuando por dentro estés pudriéndote, agonizando, pidiendo por un deceso más rápido y menos cruel.
Quise gritar, pero continuaba estupefacto viendo como compartían saliva despreocupadamente. Recordé instintivamente el beso que arruinó mi vida, y la de él a medias. Y luego nuestro segundo apasionado beso (a eso si se le pudo llamar beso, no chingaderas), posteriormente; me vi sentado en una butaca del cine contemplando la película "Ryuuji; un estúpido sin remedio", mientras buscaba incansable atragantarme con las palomitas.
A penas logré salir de mi catatónico estado, cuando Kino, separándose de Hiroto, me volteó a ver avergonzada, bajando los ojos y ruborizándose (pinche vieja moscamuerta lambiscona). Hiroto también me vio, pero más que sorpresa, su expresión reflejó algo sumamente desconcertante; congoja.
Fruncí el ceño, aun estupefacto, un poco más funcional, aunque todavía sufriendo por dentro; lo encaré directamente a los ojos (y por alguna extraña razón, pensé en que no había revisado cual sería la palabra del día del rae; no sé por qué).
Lo siguiente que sucedió, transcurrió en un extraño y caótico ambiente emocional que no podría describir a detalle; entre mi estupor y mi bloqueo mental, las cosas fueron… curiosamente raras. Así que trataré de resumirlo lo mejor posible.
Sucedió entonces:
Hiroto y yo nos sostuvimos la mirada. Él de una manera más decaída y yo entre estupefacto y enfurecido. Kino no sabía ni qué estaba ocurriendo, y se limitaba a intercalar los ojos entre ambos. Hiroto le pidió que se fuera, que luego hablaban. Ella asintió. Pasó a mi lado en silencio y se fue. Ninguno de los dos dijo algo hasta que escuchamos sus pasos lejanos y posiblemente el ruido de la puerta que cerró al salir.
Y fue que nos atrevimos a proferir, finalmente, algo.
Obviamente, fui yo quien comenzó; ya estaba llegando al tope, superando mis límites. Algo que personalmente no me permito a superar, ni por mí mismo ni por nadie más. Así que, en un tono moderadamente alto, le dije; "¡¿Qué diablos significa todo esto?!". Había estallado, estaba fuera de mis casillas, y me urgían explicaciones coherentes.
Y Hiroto, aun con sus caídos y sombríos ojos, respondió; "Aki y yo andamos".
Y esa, fue la gota que derramó el vaso. Punto, hasta ahí.
Encolerizado, sin aguantarme, le contesté; "¿Qué?"
Y profirió, entre un sollozo ahogado; "Necesitaba ayuda, Ryuuji; estaba solo y perdido. Te busqué desesperadamente. ¿Dónde estabas?"
Confuso, dije; "¿De qué estás hablando? Estabas perdido, y ¿Qué? ¿Te encontraste en la boca de esa puta?". No me medí, para nada.
Hiroto había comenzado a sollozar un poco más, ya se podía categorizar como un verdadero llanto; "¡No tienes idea de cómo me sentí! Te necesitaba, Ryuuji, ¡te necesitaba! Y tú estabas por ahí bebiendo como si no hubiera un mañana".
Desconcertado, le respondí; "¿Y que tú no te estabas metiendo drogas y peleándote con todo el mundo? No me vengas a echar la culpa de tus problemas".
Inmediatamente, contestó; "No te culpo de nada, pero… ¡tú no sabes cómo me siento!".
Encolerizado, protesté; "¡Ni tu tampoco!".
-¡Ni tu tampoco sabes cómo me siento!- le grité, envuelto en un doloroso sentimiento de zozobra que me estrujó el corazón. Ahora fui yo quien comenzó a llorar. Las lágrimas resbalaban por mis mejillas y se perdían en mi chaqueta, mientras observaba con mis ojos ardientes y alucinantes, la febril e impávida expresión que Hiroto se limitó a realizar, quedando en total silencio, con la mirada baja y el llanto ahogado.
Me cubrí apresuradamente la cara con ambas manos, no deseaba que me viera así, de ese modo tan vulnerable y deprimente.
Lloré. Lloré de verdad. Amargo y sincero. Me dolía, me dolía como no se puede tener una idea. Como suelen doler las heridas y los desgarrones de piel. Contuve el aliento y sollocé más fuerte. No me importaba el rededor, la imagen que transmitía de pena ajena. Simplemente me limitaba a sufrir lo que mi cuerpo y alma anhelaba y podía soportar.
No me quise quedar. No había nada más por qué quedarme. Salí corriendo. Hui como lo hacen los cobarde que no tienen cabida en la vida. Que no tienen lugar al cual regresar después de exiliados de sus hogares. Eché a andar lo más rápido que mis piernas medio conscientes me lo permitieron. Creo que choqué con alguien, me pareció escuchar el sordo ruido de un libro cayendo, de una persona mascullando entre dientes mi torpeza. Pero no me importó. Mucho menos me interesó el regodeo que seguro experimentó Reinita al verme salir de esa manera.
Simplemente, escape.
Y es que leo entre las líneas, y comprendo el dolor que se experimenta al perder a alguien, al perderlo completamente; y de ese traumático golpe, es que sale lo mejor de ti. Supuestamente. Los poetas seguramente deben sufrir mucho, sufren para que sus párrafos brillen, y los demás nos encariñemos con las letras de sus lágrimas y amargo sentir.
Yo me siento así, en esos momentos.
Eché a andar hasta que mis temblorosas piernas cedieron y mis rodillas golpearon el pavimento. Estaba triste, más que triste, desolado, abatido, ¡sumergido en la más tremenda de las desilusiones! ¿En serio así se siente el amor? Porque si no, ¿Por qué mas estoy sufriendo tanto? Porque amo a Hiroto, y él no me ama a mí.
Esa es la más absoluta verdad que he podido hacer, que hasta el momento me atrevo a confesar.
Hiroto no me ama. No me ama. Él ama a los demás, pero no me puede amar a mí.
-Ryuujito- escuché detrás de mí, y me maldije mentalmente por mi imprudencia al no haberme alejado más de la escuela, me hubiese escondido en los baños. Pero no, mi insensatez me llevó a tirarme al suelo del pasillo. Al menos, ese pasillo es exterior y no tan frecuentado.
¡Levántate Ryuuji! Anda, ¡corre perra, corre por tu vida!
Intenté hacerlo, pero encogido en ese rincón me sentía relativamente tranquilo, abrazándome, podía llorar en paz. Pero luego sentí unas pequeñas manos sobre mis hombros, y un cálido aliento en mi oreja izquierda. Voltee de inmediato, topándome de frente a Maki, quien con sus ojos verdes, me veía preocupada.
-Ryuuji, ¿estás bien?- pero que pregunta, Dios, la pregunta del millón.
Obviamente no estaba bien, eso me parece se puede distinguir a lo lejos. Digo, si veo a un chico hecho un ovillo llorando por su mamá en el piso, por supuesto que creo que no está bien, no le voy a preguntar si se encuentra bien, cuando lo miro deshaciéndose en lágrimas. Pero como no estoy para darme ese lujo de críticas, ni de chistes, ni de nada; me limité a voltearle la cara, murmurando un sí, si estoy bien (pero ese mamada todos la decimos cuando no queremos preocupar a los demás (o cuando de plano no queremos hablar (o cuando no le importa en lo más mínimo al otro))).
Supuse que eso bastaría, que se levantaría y se iría, dejándome solo con mi soledad, como casi todos lo han hecho; pero Maki es diferente. Maki no se ríe de mis chistes ni se ofende, porque no los entiende, Maki me ayuda, no siempre, pero me ha ayudado, me ha defendido, me ha hecho sentir bien.
Maki no se fue, ni se levantó, ni dijo nada más, simplemente me abrazó, me abrazó como se abrazan a los niños pequeños cuando están asustados, o tristes, o tienen frio. Me rodeó por completo y descansó su cabeza en mi encorvada espalda, y yo sentí su calor, su acogedor calor.
Y fue que me dije, que ya había sido suficiente, ya es suficiente.
Sollocé por última vez, limpiando mi demacrado rostro y sonándome la nariz con la manga de la chaqueta (tendré que lavarla de vuelta a casa). Me giré para encontrarme con Maki, ella se incorporó un poco, quedando a mi altura, aun tenia los brazos a mi alrededor.
Nos sostuvimos la mirada por un momento, un instante mágico en donde vi el universo entero en sus pupilas verdes (¡pero qué bonito verde!); no esperamos ni un segundo más antes de besarnos.
Y mi trágica faceta de poeta terminó, ya, fueron bastantes tonterías cursis y dramáticas para un solo día. Lo único que tengo para decir, es que los besos nunca me supieron mejor, y el dolor jamás me resultó tan placentero. Aunque tampoco puedo decir mucho sobre eso, en especial encerrado en el baño de la casa con problemas para atender mis necesidades fisiológicas.
Era la una de la mañana, no, más tarde, o más temprano, no lo sé, luego de que regresé a casa, me ahorré los comentarios y me encerré a dormir.
Sí, me había besado con Maki luego de ese fatídico día de revelaciones traumáticas (no sé, creo que en este punto de la novela bien podría suicidarme, no tendría nada de malo (si habláramos de que mi vida fuera una novela dramática, por supuesto)), y si, nos escapamos de la escuela, y si, nos refugiamos a escondernos en su casa, ¡y SI! Ella rebotó sobre mí en la cama.
Es que, ¿de qué otro modo me podría referir a lo que hicimos? Ella saltó, brincó, rebotó sobre mi erecta entrepierna en la cama, mientras yo me resistía cualquier cosa sosteniéndome firmemente de las sábanas y mordiéndome con desesperación los labios. Tampoco era como que me hubiese puesto a gritar, pero creo que si gemí bastante.
El punto era que, me dolía hacer del baño, en especial orinar.
Nunca había escuchado que los hombres sufriéramos ese tipo de malestares (aunque había leído por ahí que se nos rompe no sé qué, y que sale sangre de no sé dónde, y bla, bla, bla), así que cuando por fin me levanté en la madrugada al baño, no soporté el dolor que me invadió y recorrió mi espina.
-Ryuuji, ¿estás bien?- y dale con lo mismo, ¿Qué no se saben otro tipo de pregunta? No, claro que no estoy bien, este día (o ayer, más bien) ha sido del asco. Pero espera, ¿Por qué me pregunta si estoy bien?
-¿Qué?- fue lo más estúpido que pude haber dicho, lo sé, pero estaba teniendo reacciones tardías.
-Que si estás bien, te escuché gritar- válgame, ¿grité, cuando?
-Ah…- ahora sí, de plano no tenía palabras, ni para actuar automáticamente, me había quedado estupefacto analizando la situación, reparando en los últimos acontecimientos de mi vida: Hiroto me perdió, me bateó, me destrozó el corazón, tuve sexo por primera vez con Maki (y no lo digo como que estoy súper orgulloso de eso), y grito en el baño porque me duele la entrepierna (y posiblemente haya reprobado cálculo (pero eso está de lado)).
Cielos, que vida la mía.
-Ryuuji- escuché otra vez.
-S-sí, todo bien- dije sin pensarlo demasiado.
-¿Seguro? ¿No hay algo de lo que podamos hablar? Digo, no sé si te suceda algo que desees compartir con tu tío favorito.
-No gracias- le contesté de inmediato, finalmente bajando la palanca y abrochándome los pantalones. El dolor había remitido ligeramente, aun sentía una débil punzada que me molestaba al caminar, pero me dije que había pasado cosas mucho más dolorosas como para que una incomodidad pasajera me afectara tanto.
Abrí la puerta del baño, encontrándome con el aflojerado y soñoliento rostro de Yuko enfrente, viéndome con una sonrisa perezosa. Torcí el gesto y desvié la mirada, abriéndome paso a mi cuarto, cuando sentí su mano aferrándome del brazo. Me dio vuelta.
-Insisto, puedes hablar conmigo- y por primera vez, creo que vi algo distinto en sus ojos, no solo la holgazanería de siempre, sino algo mucho más vivo, lleno de brillo, luminosidad viviente (en pocas palabras).
Me le quedé viendo perplejo, sin entender esa mirada y esa insistencia, ¿Qué le importaba lo que me pasara? Si ni siquiera mi madre se preocupó en pregúntame algo cuando llegué a casa pasadas las ocho y me encerré en mi habitación sin decir nada (de suerte Kazemaru se fue a quedar a casa de Afuro), ¿Por qué tanto interés en lo que me sucede? Yuko jamás fue mi tío favorito, en realidad ningún familiar en especial es de mi preferencia, nadie repara en lo que hago más que mi madre (muy a veces (aunque últimamente le ha valido queso porque sabe que estoy pasando por una etapa difícil y prefiere que la alivie solo (eso quiero pensar))).
Entonces, ¿Qué quería Yuko transmitirme con esa mirada? O más bien, ¿Por qué me trastornaba tanto una respuesta?
Luego de un rato sin decir nada, me soltó, alzándose de hombros.
-Si quieres- apreté los labios, inseguro en decirle, ¿para qué le diría? No, mejor dicho, ¿Qué le diría?
"Lo que quieras, lo que sea; todo, nada. Más que besos, abrazos, sexo, lo que tú necesitas es hablar, hablar con alguien de lo que te pasa, lo que te ha pasado, lo que no sabes que pasará".
A nadie le he dicho como me siento, ¿o sí? Suspiré pesadamente, quizá, si necesito hablar, si necesito que me escuchen.
-Me duele- le dije, bajando la cabeza apenado y rendido. No me gusta hablar de mis sentimientos, ni de lo que me pasa.
-¿Qué cosa?- me preguntó, logrando que la cara se me pusiera roja por completo. Me mordí el labio, sintiendo la costra de mis heridas. Ya empecé a hablar, ni modo.
-L-la… entrepierna- dije casi perceptible.
-¿El pene?- me preguntó despreocupado, y yo no pude evitar estallar de vergüenza.
-¡Yo no digo eso!- le grité, a punto de correr y desistir de este intento de paternidad fingida.
-Pero eso te duele, ¿no? Por eso gritaste hace rato- dijo, y sonrió, tan ocioso pero extrañamente cálido.
Suspiré de nuevo, ya no había marcha atrás, supongo. Le asentí.
-Sí, la entrepierna.
-¿Te pasó algo en la escuela, te peleaste o algo así?
-No… bueno, si tuve una discusión, pero no involucró partes íntimas.
-¿Entonces?- dude, inclinando la cabeza a un lado -. Puedes decirme lo que sea, Ryuuji, no habrá problema- y complementaba esa mirada con una pacífica voz, y eso más que hacerme sentir mejor, de cierto modo me estremeció.
Pero sincerándome, con los ojos irritados de tanto llorar y la garganta seca por mis gritos, le respondí.
-Estuve con una chica- y una imaginaria audiencia me aplaudió y celebró mi osada confesión.
Posteriormente, no pude cerrar la boca en lo que restó de la noche, contándole todo lo que había pasado hasta la una de la madrugada, cuando me fue a interrumpir (porque me interrumpió, cabe destacar).
Jamás me había sentido tan bien de hablar. Yuko me escuchó, y también me platicó cientos de anécdotas bastante interesantes de su juventud. Compartí secretos embarazosos, y yo tuve que aguantarme nuevamente las lágrimas cuando llegó la hora de hablar sobre Hiroto.
Esa mañana puedo decir que me fui a la escuela con una casi completa y tranquilizadora paz mental, que oh cielos santo, no quiero pensar en lo que sucederá con esta nueva confianza entre Yuko y yo. En realidad no quiero que la haya, y se lo dije, le comenté que solo había sido por esa ocasión, que no deseaba convertirme en una magdalena habladora que se desahoga constantemente sobre el hombro de alguien. Le agradecí, por supuesto, el apoyo y todo ese chorote cursi de motivación. Él me respondió con que no había problema (palabra común en él), que tampoco se lo diría a mamá, pero cuando quisiera, podíamos hablar.
Cuando llegué a la escuela (con mi entrepierna saludable e indolora), pasé las horas de clase con la mente puesta totalmente en la clase. Ni siquiera voltee ni un poco al lugar de Hiroto, mucho menos al de Kino, me centré en mí mismo y en Fudou y Nagumo, que no dejaban de quejarse insistiéndome en que les dijera qué había sido de mi ayer.
Pasé a la biblioteca en una hora libre y saqué unos libros, sin preocuparme en lo que pudiera decirme Reinita ante mi aspecto y lo ocurrido (porque lo más seguro es que me veo peor que un zombie). Curiosamente, no dijo nada, se limitó a hacerme los recibos necesarios y listo.
También me reuní con Kazemaru y los chicos, los cuales dijeron que me habían extrañado (ni que me hubiese ido por días); les comenté sarcásticamente sobre su dependencia hacia mi persona y mi extra huida de la tierra, lo que ocasionó que se rieran y arremetieran contra mí.
Ninguno preguntó por Hiroto.
El aire se sentía bien, fresco pero relajante. No puedo explicar cómo me sentí al ver a Maki junto a Segata y Mutou en el receso. Sin esperarme a nada me le acerqué, abrazándola por la cintura, le di un beso en la mejilla.
Es cierto ese efecto que dicen sobre el sexo; te pacifica luego del agónico dolor. Ahora veía a Maki con otros ojos (los ojos con los que la miraba antes cuando estaba enamorado de ella (¿eso querrá decir que me regresó el amor? (quien sabe, a lo mejor aún es el efecto analgésico del sexo (creo)))), y a pesar de que mi Ryuuji interno hacia el sacrificio completo por retener en el pensamiento a Maki, y no traer de vuelta a Hiroto, me sentía bien.
Segata y Mutou me vieron consternados, haciendo una mueca. Los ignoré, centrándome en Maki, quien no me había correspondido el beso ni dicho nada, al contrario, estaba paralizada, ni siquiera me abrazaba como yo lo hacía.
-Ryuujito, ¿Qué haces?- me preguntó, yo alcé una ceja.
-¿Qué hago? ¿No es obvio?- y apreté más fuerte mis brazos a su alrededor. Ella de inmediato me tomó por las muñecas, apartándome.
-Creo que no entiendes- dijo, y luego miró un momento a los chicos, quienes permanecían en silencio. Me jaló y nos apartamos hasta atrás de un edificio -. No es lo que piensas, eh?- su voz repentinamente cambió de tono, ya no parecía esa tonta y ridícula vocecilla de niña inocente, más bien asemejaba un habla madura, y algo hastiada.
-¿No es lo que pienso? ¿De qué hablas?- y en definitiva, no tenía idea de lo que hablaba. Maki chasqueó los dedos y miró a ambos lados, y yo arrugué la frente imaginándome lo peor.
Ryuuji, por favor, no seas estúpido y reacciona, ya fue bastante de esta mini faceta melodramática y desastrosa de una vida hecha pedazos que intenta remendarse, que el sexo no te obstruya la mente. Si, fue tu jodida primera vez, pero ya, supéralo, sabes perfectamente a lo que se refiere. ¡Y son mamadas!
Y el veinte me cayó, abriendo los ojos sorprendido, miré lleno de estupefacción a Maki, que me devolvió la mirada enfurruñada.
-No…- susurré en cuanto lo comprendí, y me sentí verdaderamente estúpido (un gilipollas, cariño, un gamberro).
-Ryuujito, mira, lo de ayer ya pasó, fue solo por el momento, ¿sí? Solo era para sentirnos mejor, sabes, era pura diversión. Eso no significa que vayamos a ser novios ni nada, eh? Así que por favor, no vuelvas a hacer eso que hiciste, ¿quieres? Aunque podemos repetirlo cuando quieras, ¿vale?- y sonrió, luego de esa casi amenaza, marchándose enseguida, dejándome ahí, solo, desorientado, anonadado.
Ahora sí, Ryuuji, ya puedes dejar volver a Hiroto.
