Disclaimers: Los nombres de los personajes pertenecen a Rowling, no a mí.
Hola, posiblemente la continuación de ésta historia no es lo que esperaban, pero por más que me he estado matando, no soy capaz de hacer capítulos largos, así que mis sinceras disculpas. Gracias por el apoyo
Capítulo 02: Rutina.
Un fuerte crujido lo despertó sobresaltado, lo único que perturbaba el silencio era su respiración agitada, haciéndole dudar que el ruido hubiese sido algo real, lo más probable es que hubiese sido parte de sus sueños, y aunque él no tenía mucha imaginación y sus sueños normalmente nunca los recordaba, no encontraba otra explicación, todo el lugar parecía Pacífico, ni siquiera había chillidos de grillos o cualquier otro insecto, así que se dejó caer en la cama, llevándose el brazo derecho al rostro, cubriéndose los ojos y dejando que la oscuridad lo engullera, hasta perderse en el más profundo de los sueños.
Por la mañana, como cada día desde los últimos cinco años, apagó la alarma de su despertador, se colocó su ropa deportiva y salió a correr, liberar la tensión, el aburrimiento, la frustración, por fin, después de varios días, podría ir a ese maldito café y encontrarse con ella, agradecía que al menos uno de ellos, fuera fiel amante de eso, sin volverse loco.
El desayuno fue tranquilo, su madre estaba enfadada, lo noto por sus movimientos, pero no dijo nada, suponía que ya había conocido a la nueva ayudante de su padre, él la conocería en cuanto llegara a la oficina, solo a eso iría, y por primera vez no le pesaría, en cuanto viera a su suplente, le agradecería y se marcharía felizmente de ahí.
[O]
Todos en la oficina estaban de un ánimo extraño, bastante activos, como si el hecho de tener sangre nueva les reanimará las ganas de trabajar, la expectativa de cómo sería la nueva, iba de un contraste a otro, desde fea, regordeta y mandona, hasta una súper modelo que alteró a la naturaleza al adquirir cerebro y ser inteligente, a él, por supuesto que no le interesaba en lo más mínimo siempre y cuando lo sacara de ahí lo antes posible.
Aventó sus cosas animado a las cajas, para dejar la oficina libre para su reemplazo.
Tarareaba.
Tranquilo y feliz, la mayoría de los trabajadores se sorprendían de que fuera su manía el tararear, como si nadie más en el mundo lo hiciera, pero no le interesaba un carajo lo que opinaran tampoco, así que cuando termino de guardar sus cosas y hacer que algunos de los empleados las llevarán a su coche, salió rumbo a la oficina de su padre, que ya lo estaba esperando con la afortunada.
La vista de Draco se perdió en la buena figura de la mujer que le daba la espalda, y después observó a su padre, y la mirada que le otorgaba a la mujer así que lo de eficiente, las narices de la esfinge porque él no lo creería.
—Ya estás aquí, Draco, creo que no es necesaria una presentación ¿o sí? –sonrío.
—Hola, Draco ¿hace cuántos años que no nos vemos? –la joven fue hasta él, le dio un breve abrazo y sonrío cuando se alejó de él.
—Tenía 14, la última vez que nos vimos, Nymphadora –admitió él –me sorprende que seas tú quien me reemplazará.
—No lo tomes como tal, estuve especializándome en esa área, ahora solo necesito la pasantía, así que el tío Lucius ha sido tan amable de darte vacaciones mientras cumplo con mis requisitos, no todos tenemos tanta suerte de tener un tío así ¿verdad? –la sonrisa que su prima dirigió a su padre, y la que el hombre rubio le regresó le confirmó que eso de pasantía era una excusa perfecta para poder quedarse hasta tarde en la oficina, y poder estar cerca del "buen tío Lucius" mientras aprovechaban para revolcarse.
A Draco no le importó, al final de cuentas, Nymphadora y su padre no tenían rotación de sangre alguna, así que podrían follarse el uno al otro como si se tratasen de conejos, observó su reloj, y después a las dos personas frente a él, les dedico una sonrisa.
—Bueno, ahora que ya sé que la tía Andrómeda te ha dejado ocupar mi lugar, me iré, tengo algo importante que hacer.
—Espero que disfrutes tus vacaciones, Draco.
—Desde luego que lo haré, no te preocupes.
[O]
Draco llegó al café más temprano que la vez pasada, así que aprovechando que la mesa en donde le gustaba sentarse a la pelirroja estaba desocupada, se sentó ahí, así, cedería a sentarse junto a él y tomar algo juntos, su plan era perfecto, no tenía fallas.
A menos que ella no llegara.
Y no lo hizo, tamborileo los dedos sobre la mesa, mientras ordenaba un café más, era el último que encargaría, y si ella no llegaba, él se marcharía ¿dónde había quedado le amor por la rutina? Sin duda, nadie en el mundo podría amar hacer lo mismo una y otra vez, día, tras día, tras día, por el resto de su vida.
Draco dejó el dinero sobre la mesa, se aliso el saco y se alejó del lugar, cuatro vasos de agua y tres tazas de café, eran su límite de espera por alguien que al parecer, le había mentido acerca de ir a ese sitio todos los días, a la misma hora, y mayor mente la misma mesa.
Fue hasta su auto, condujo hasta el club, hacía años que no iba, así que aprovechando el enfado, decidió aceptar la oferta de Blaise Zabini a un partido de tenis.
—Hace mucho que no se te ve por aquí, Malfoy –sonrío con cierto descaro Zabini.
—He estado bastante ocupado, trabajando ¿sabes lo que es eso, Blaise? –Contestó despreocupado –o tal vez, es más sencillo para ti gastar todo el dinero de tus padres como si te hubiese costado a ti conseguirlo, no lo sé –hizo girar la raqueta.
—Eres un bocazas –soltó –como si tu trabajaras mucho en la empresa de tu papi, todo el mundo sabe que te deja hacer el trabajo más fácil, estampar tu firma en el papel, mientras los demás hacen el trabajo pesado.
—Aun así, sigo haciendo más cosas que tú para incrementar la ganancia familiar.
El partido fue un tanto reñido, si había algo en que Zabini y él se parecían, era en que sus orgullos les hacían competitivos, querían ser el mejor, y no sólo eso, querían destrozar, humillar y mancillar el orgullo del otro como si la vida les fuese en ello, así que estaban en un momento decisivo, era el momento para que Draco Malfoy, hiciera pedazos a Blaise Zabini.
No contó con la vista; la cabellera roja podría pertenecer a cualquier persona en el mundo, pero sólo le costó el partido y un fuerte golpe de la pelota en el hombro para descubrir que era la pelirroja que él había estado esperando; ignoró la burla de su "amigo", mientras veía a la chica avanzando con un montón de personas, así que la distracción de Draco hizo que Zabini volteara.
—No pierdes el tiempo ¿no es así? –se burló.
—Cállate –ordenó.
—Mejor dicho, no pierdas tu tiempo, he visto primero a la encantadora Weasley.
—Lo dudo –sonrió Draco.
—Dime ¿hace cuánto que no vienes al club? Por qué puedo decirte exactamente el día en que ella se unió al grupo –le guiñó un ojo –No es una chica fácil, pero la tengo bajo control, es mía, Malfoy.
—Eso ya lo veremos, Zabini –sonrió.
— ¡Hey, Weasley! –gritó el hombre de piel oscura, haciendo que la mujer dejara la charla inconclusa para girarse hasta él, le sonrió dulcemente, regresó la mirada a las personas con las que hablaba y se disculpó, porque se acercó de inmediato a Blaise.
—Señor Zabini –saludó en un tono amable –adivino, su raqueta ha sufrido desperfectos otra vez.
—En realidad necesito un nuevo contrincante ¿qué dices? –le guiñó un ojo.
—Suena interesante, hay una larga lista de visitantes, podría conseguirle unos cuantos para ello.
—Hablaba de ti, contra mí –se acercó a ella –no es necesario que sea en tenis.
—Qué gracioso –se burló.
—Deja a la pobre chica Weasley en paz, Zabini –habló Draco, haciendo que su presencia fuera notada.
Ginevra Weasley quitó sus ojos castaños de la mirada oscura, para toparse de inmediato con él, Draco sonrió satisfecho al notar que había reconocido su voz de inmediato, no era el único que había estado esperando ese encuentro, al parecer, aunque el lugar distaba mucho de lo que él hubiese querido.
—Debe disculparlo, señorita Weasley, es sólo que mi amigo aquí presente, ve una chica y no sabe cómo comportarse, parece que los caros colegios a los que ha asistido no han funcionado del todo.
—Es mejor que la educación en casa ¿eh, Malfoy? –soltó enfadado Zabini, que notó de inmediato que la chica no había quitado su mirada del rubio.
—Dígame ¿y la chica de la rutina? –cuestionó.
—Mi carrera me pide que haga una residencia, señor Malfoy –rió suavemente, haciendo que el hombre de piel oscura sin duda se enfadara un poco más, le había tomado un par de meses hablar con ella con esa camaradería como para que de la nada Draco Malfoy lo hiciera, como si fuese casual y muy fácil, en ese momento Blaise deseo haber perdido en el tenis, pero no a la chica.
—Bueno, eso quiere decir que pasaré más seguido por aquí.
—Hay una regla estricta entre miembros del club y trabajadores –recordó Zabini.
— ¿En serio? –Se burló Draco, acercándose a la pelirroja y al hombre, ya que había estado de su lado de la cancha –eso no parecía ser muy importante cuando eras tú el que quería que la señorita Weasley estuviera contra ti, no precisamente en un juego de tenis.
Ginny sonrió y ocultó un poco su rostro. —Bueno, si no ocupan nada, me retiraré.
—Queda pendiente nuestra cita en el café, Ginevra.
El nombre era aterciopelado cuando él lo pronunciaba, y la chica lo notó, ya que incluso Blaise gruñó un tanto enfadado, la pelea por ella había declarado un ganador, y ya sabía que no podía competir con Draco, porque ella ya lo había elegido.
—Un café –se burló Blaise.
—Ya he dicho que no tomo café con…
—Oh, vamos, no te intimides por Zabini –avanzó más, sujetó el hombro del chico –ya se ha dado por vencido ¿cierto, amigo? –se burló.
—Bueno, la chica no quiere tomar café contigo –justificó observándola con una pequeña esperanza creciendo en su mirada oscura.
—Bueno, Ginevra ¿sigues diciendo que no? –sonrió.
—Té –soltó –frambuesa, poca azúcar.
—Perfecto, sólo falta que digas la hora y la fecha.
Blaise volvió su mirada a la pelirroja que negó divertida, levantó su brazo y acomodó su pequeño reloj de pulsera, observó la hora y se mordió discretamente el labio un segundo, negó divertida y no apartó su mirada del chico de su interés, o sea, Draco.
—Salgo en quince minutos, vaya suerte –soltó.
—Bien, eso me da tiempo de una ducha y te esperaré.
—Oh, no, no es necesario, creo que sabe que mesa es la que me gusta ¿no, señor Malfoy?
—Perfecto.
[O]
Ni siquiera se despidió de Blaise una vez que Ginevra se hubiese marchado, desde luego que intentó saber que había sido eso y porque los dos se hablaban con tanta familiaridad, no le contestó ninguna de sus preguntas, sólo fue a tomar una ducha y se dirigió al café que había dejado atrás hacía unas pocas horas, la mesa estaba ocupada, pero nada que unas buenas libras no solucionara.
La vio acercarse a él, aun traía ese pantalón negro de vestir, con su camisa blanca que tenía bordado el logo del club, su cabello estaba recogido en una coleta alta, que dejaba al descubierto un poco su cuello, salvo los mechones sueltos que se pegaban a su piel.
—Vaya que tiene suerte, señor Malfoy –se burló –es la mesa más solicitada, y usted la ha encontrado libre, tiene una buena suerte.
—La suerte no ha tenido nada que ver en ésta ocasión, Ginevra.
— ¿En serio? ¿Por qué?
—He hecho que los que la ocupaban se movieran de mesa, con mi encanto, obviamente.
—Tiene que tener mucho encanto, porque yo no me hubiese movido por nada.
—Bueno, me hubiese sentado sin pedir que te movieras de lugar.
Ella sonrió, era bastante atractiva, además de que le era demasiado fácil de tratar, Ginevra Weasley era una persona sencilla, parecía que no le gustaba complicarse las cosas, y eso la hacía realmente única en un mar de personas.
— ¿Desde hace cuánto conoces a Blaise? –cuestionó.
—Mes y medio, desde que inicié mis prácticas –admitió.
—Se veía muy desilusionado –se burló.
—Bueno, él nunca me invitó a tomar nada –se encogió de hombros –es bastante atractivo el señor Zabini, para ser honesta –Draco sonrió de lado, pero no le gustó su comentario.
