Gui: He decidido retomar esta historia, porque vale la pena y esta Mella me hace mucha gracia. Aquí está la joven tejiendo su vida. Como esto ya no tiene nada que ver con el Torneo de Hasta el Final de la Pradera, las palabras han salido disparadas. Se lo dedico a todas las chicas del Torneo, a todas las que me dejaron reviews adorables y menciono especialmente a Rebeca porque he seguido sus consejos.


Disclaimer: No se puede decir que esto no es de Collins pero tampoco se puede decir que no sea mío...


La red
o atando cabos

Cada uno de los trenes que conectaban el Capitolio con los antiguos Distritos era un hilo conductor por el que se podía llegar a lugares totalmente insospechados.
Desde la invención del ferrocarril, muchos han sido los usuarios románticos que han decidido subirse a un vagón cualquiera sin conocer el destino para cambiar de aires, vivir aventuras, huir de un lugar o intentar salvarse. Muchos han sido también los que se han bajado de un tren en marcha para tomar su destino por los cuernos.

Mella se imaginaba Panem como una enorme tela de araña de hierro. Tenía razón, hasta el punto que cualquier mosca que se posase en ella sería inmediatamente localizada por la enorme bestia de ocho patas que custodiaba el lugar: el Capitolio.

Y aquello era libertad.

Miró el billete de tren desgastado en sus manos. Era su único pasaje para volver a casa. Llevaba ya tres semanas allí, no podía seguir estando "de visita". Por muy hija del Sinsajo que fuera, la restricción era igual para todos. El tren salía a las 12:12, irónicamente. Seguro que el encargado de los trenes se había echado unas risas al elegir el horario. Mella no tenía la menor intención de volver a Tuelb. Pero si no lo hacía, sería una ilegal. Por muy hija del Sinsajo que fuera.

Cuando por un resquicio, se coló en un tren, uno que salía las 12:02, pensó que probablemente Nick la matase. Él estaba haciendo las cosas bien, con tiempo, con la inteligencia de los adultos. Legalmente. Mella no podía esperar. Explotaría.

En algún momento tendría que agradecerle lo que había hecho por ella.

Fue un viaje incómodo, pero no tuvo muchos momentos de pánico. Nadie pasó por su vagón. Mella no pudo averiguar a qué lugar de Panem iba, pero le daba igual. Le bastaba con que no fuese Tuelb. Con que no fiese Foor Beach.

Cuando el tren aminoraba la marcha, se atrevió a echar un vistazo afuera. Se le heló la sangre al ver que estaba lleno de gente. Probablemente bajar del tren sería una odisea. Para subir tenía un billete que por lo menos le permitía entrar en la zona de los andenes; pero al bajar podrían intentar controlarla, y si se tiraba a la vía podía ser peor. Meterse en alguna mercancía podía ser una opción pero no sabría cuando salir.

Era el momento de sacar la ficha "hija del Sinsajo". Se tenía que creer mejor que nadie el cuento que les iba a soltar, aunque una pequeña parte racional de su cerebro le susurrase que la cosa no saldría bien, sobretodo si no sabía dónde estaba.

Bajó al anden y caminó con los demás. Buscó desesperadamente indicios del nombre del lugar, hasta en las chaquetas delos guardas que le pedirían su billete. Nada. Y esos guardas se acercaban cada vez más, y Mella ya pensaba en las torturas que le inflingirían si la cogían, si no conseguía engañar al gobierno opresor...

–¿Iden...? –empezó un guarda, mirándola con cara de pocos amigos.

Pero una señora muy grande y muy gorda empujó a Mella a un lado y pasó primera. Mella se quedó frente a frente con un guarda bastante más joven que parecía nervioso. Le pidió a su vez su identidad.

–Soy Mella Everdeen, la hija del Sinsajo –tronó Mella, con toda la seguridad que pudo imprimir a sus palabras.

El chico se quedó boquiabierto.

–¿Eres la hija de Katniss?

Mella frunció el ceño. ¿Katniss, en serio? La gente se tomaba unas libertades...

–¡No nos habías dicho que venías! Tendrías que haber avisado, ¡a papá le hará ilusion! Pero es que seguro que la señora Everdeen habría preferido hacerte una fiesta de bienvenida, con tiempo. Seguro que Rory y ella se habrían puesto a hacer pasteles. Pero tuvimos noticias vuestras hace poco tiempo y Peeta no nos dijo nada...

Mella estaba boquiabierta. ¿Dónde demonios estaba? ¿Quién era ese chico que parecía tutearse con sus padres? ¿Quién era la señora Everdeen? ¿Su abuela? ¿Dónde vivía su abuela? El joven guarda seguía hablando sin prestar atención al lugar y a la cola de pasajeros.

–Bueno, tú pasa, pasa, y espérame aquí. Cuando termine con ellos te llevaré a casa a ver a todo el mundo.

Así que Mella pasó la barrera, sin problema alguno, y esperó como una idiota al joven guarda. Igual hasta dormiría en una cama con sábanas y un techo sobre la cabeza. El tiro le había salido mejor que perfecto.


Bueno, no sé si seguiré ni con qué frecuencia pero he conseguido parir esto. Ale

Gui
SdlN