Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
.
.:—··***··—:.:—··***··—:.:.:—··***··—:.:—··***··—:.
Capítulo 2: Un poco diferente
.:—··***··—:.:—··***··—:.:.:—··***··—:.:—··***··—:.
..
.
Era muy temprano. Akane terminó de ajustar el lazo de su uniforme a su espalda y dio una vuelta completa para mirarse al espejo. Perfecto.
Cogió su maletín y estaba apunto de salir de la habitación cuando reparó en la pequeña cajita de latón. Con curiosidad levantó la tapa y descubrió unos brillantes polvos de color verde intenso. Una sombra de ojos.
Era cierto que no solía usar ese tipo de productos, de hecho no veía la gracia en maquillarse para ir a la escuela, pero...
"... ya deberías entender que no te pegan ese tipo de cosas."
Las palabras del artista marcial regresaron a ella, golpeándola en lo más profundo de sus principios. Apretó los labios y rebuscó en los cajones de su mesilla una brocha de maquillaje, estaba segura de que tenía al menos una.
Con un atisbo de júbilo encontró lo que necesitaba, se sentó en la mesilla y usando un espejo de mano maquilló sus ojos de aquel bonito color verde aguamarina.
De alguna forma aquello le hacía parecer distinta, adulta… sexy.
Se observó unos instantes mientras notaba una especie de cosquilleo, un calorcito agradable que se extendía por su cuerpo.
Satisfecha tomó el maletín y salió de la habitación.
.
.
Ranma no disimulaba lo más mínimo sus escépticas miradas.
Para su mortificación personal Akane se había puesto el condenado maquillaje. Él y su maldita boca habían conseguido que aquella mañana se viera especialmente bonita, con ese brillo verde sobre sus ojos.
"Perfecto" pensó con sarcasmo, eso solo podía traducirse en nuevos e irritantes pretendientes descerebrados. Menos mal que allí estaba él para dejar en claro cuál era la línea que ninguno debía cruzar.
Tomó aire dispuesto a restarle importancia, aquel detalle no conseguiría aguarle su buen humor.
Camino al instituto subió a la alambrada por la que tenía costumbre de caminar y quedando unos cuantos pasos por detrás se dedicó a observarla, mientras entre ellos seguía presente el incómodo silencio por la discusión en la noche.
—No pienses que solo con eso te ves bonita.— dijo sin ninguna ocurrencia mejor, pero para su asombro la chica no se giró para encararlo, siquiera le dirigió la palabra. Era como si no existiera. Debía estar realmente enfadada.
—Si es por lo de anoche… —comenzó de nuevo, le mataba no escuchar su voz.
Y entonces Akane se giró con sus ojos ligeramente entrecerrados, le miró como nunca antes lo había hecho: fria, distante. Como si fuera un insecto desagradable lleno de largas patas al cual rociar con insecticida.
—No me interesa. —contestó antes de seguir con su camino hacia la escuela.
Ranma tragó saliva, ¿qué había sido eso?
Pero sus cavilaciones se vieron interrumpidas por un sonido de rápidos pasos, giró para ver al pirado de Kuno, espada en mano y con demasiada energía. Lo normal en él por las mañanas.
—Akane Tendô, ¡he decidido que eres la mujer de mi vida! —gritaba el energúmeno, Ranma ni se molestó en detenerle, esperó a que Akane lo despachara como hacía siempre.
Kuno corrió y extendió los brazos con claras intenciones de capturar a la chica entre ellos, Akane continuaba de espaldas, inmóvil.
El chico de la trenza se quedó sobre la valla esperando por el golpe, pero este no se produjo, en su lugar Kuno la abrazó con fuerzas, pegando su pecho a su espalda y cruzando las manos sobre su cintura.
—Ahh, Kuno-sempai, aprietas mucho. —gimió dejando caer su cartera, sonrojada.
—¿Eh? —el primer sorprendido era el propio Kuno, quien ni siquiera se atrevió a moverse.
—¿¡Ah!? —a Ranma se le desencajó tanto la mandíbula que estaba seguro de necesitar ayuda médica para regresarla a su lugar. Se desequilibró y cayó al suelo desde la verja.
Viendo que el abrazo no cesaba y que Kuno comenzaba a dudar si se encontraba despierto decidió poner fin a la ridícula escena él mismo, mandando al espadachín a volar sobre el barrio de una soberana patada.
—¿¡Pero qué demonios ha sido eso!? —protestó encarando a la joven, pero Akane no parecía afectada en lo más mínimo. La chica recogió su cartera del suelo y le sacudió el polvo.
—¿De qué hablas?— contestó con la misma frialdad demostrada anteriormente, y sin mediar palabra siguió su camino.
.
.
"Extraño" no era suficiente.
Ranma la observaba desde su mesa, moviendo nerviosamente una pierna y con un ligero tic en su ojo izquierdo. Akane siempre era amable, eso lo sabía de sobras, pero lo de hoy estaba alcanzando niveles ridículos.
Alrededor de su pupitre se concentraban varios de los chicos de clase mientras ella, servicial y atenta explicaba una difícil lección de matemáticas, aunque el problema no era ese.
Lo alarmante radicaba en la forma de hacerlo: mordiendo el capuchón de su bolígrafo, mandando miradas que nadie en su sano juicio calificaría de inocentes, batiendo sus largas pestañas más de lo humanamente posible, pegando su hombro al del muchacho que se le sentaba al lado.
El artista marcial sentía que a cada nuevo gesto que regalaba su prometida él se iba enterrando más y más en vida.
¿Desde cuando esa bruta había aprendido a coquetear? y maldita fuera, ¿porqué lo hacía con esos tipos?
—Ran-chan, ¿comemos juntos? —Ukyo interrumpió sus pensamientos. Miró a su amiga y una perversa idea le asaltó de golpe. Él también sabía jugar a eso, aprendió mucho antes que ella y se lo iba a demostrar.
—Claro U-chan, comamos juntos. —le sonrió hablando mucho más alto de lo normal, mirando de reojo a su prometida —. Vayamos a la terraza para estar más cómodos —continuó la función sin ningún resultado, ella siquiera se giró, no hizo el más mínimo gesto de darse por aludida. —Será como una cita. —terminó apostandolo todo, sus escleróticas inyectadas en sangre perforaban la nuca de la muchacha rogando por una de sus lapidarias miradas que delataran sus celos.
Sus pulmones retuvieron el aire, se hinchó erguido, orgulloso en actitud de total desafío.
Nada.
—¿¡Lo dices en serio!?¡Ran-chan, soy tan feliz! —exclamó una eufórica Ukyo tirándose sobre su cuello. Acto seguido le tomó de la mano y le arrastró fuera de la clase, pero el chico de la trenza se quedó con sus ojos prendidos en esa escena. Akane sonreía ante un chiste, reía feliz.
Y esa sonrisa no era para él.
.
.
El peor día de su vida.
"Mortificado" era una palabra que se quedaba realmente corta para definir su estado, pues aunque esperaba más atenciones sobre Akane y su nuevo aspecto, nunca imaginó que estas circularan de forma bidireccional.
Cuando sonó el timbre que anunciaba el final de las clases volvió a dirigirle una iracunda mirada, la misma que le había lanzado una docena de veces. ¿Con quién había comido ella?¿dónde se había metido durante el receso?
Rumiaba el enfado con la misma lentitud que un guiso puesto al fuego.
—Vámonos de una vez —dijo mientras la veía recoger, ella le miró impasible.
—Yo no voy. He quedado.
—¿Sales con tus amigas?
—Con un amigo. —terminó de recoger sus cuadernos y cerró con pulcritud su cartera. Cuando alzó la vista tenía al chico de la trenza apenas unos centímetros, con los puños apretados y los ojos ennegrecidos.
—Sé lo que estás haciendo. —dijo él sintiendo que no podía soportarlo más, una cosa era ignorarle, pero sentía que esto estaba llegando demasiado lejos.
—Aparta.— intervino ella intentando esquivarle.
—Si estás enojada solo digo, ¡golpéame! Pero deja de utilizar a otras personas para tu infantil venganza.
—¿Venganza? —repitió extrañada. —Yo solo quiero tener una cita con un chico que me gusta, ¿qué problema hay?
—No hay ningún prob… ¿has dicho que te "gusta"? —la palabra salió de sus labios ronca, compungida. La miró de hito en hito, tan anonadado como si le acabara de caer encima un piano de cola.
Ella rodó los ojos.
—¿Qué te importa?
Por un instante sintió como se le paraba el corazón antes de recomponerse, sacudió la cabeza entendiendo que solo se trataba de un truco más, ella obviamente no estaba interesada en ningún tipo, pero el hecho de que lo insinuara con tal de molestarle era un golpe muy bajo.
Seguro que ni siquiera tenía una cita, no, desde luego que no.
Una sonrisa burlona asomó en sus labios, de nuevo dispuesto a demostrar que con fanfarronadas no podría ganarle.
—Nada, no me importa en absoluto. —dijo altanero, y ella se limitó a pasar a su lado y abandonar la clase, la siguió en silencio por los pasillos, a menos de dos metros mientras apretaba el paso.
Llegaron a la salida y para su asombro y despecho Akane se fue derecha a saludar a un alumno de tercero, un tipo alto y con cara de bobo. Ranma arrugó el entrecejo y lo hizo aún más cuando comenzaron a caminar juntos alejándose de la escuela.
—Un momento… —cogió carrerilla y le derribó sin siquiera pestañear, su pie se encajó en su cabeza y el tipo cayó de boca contra el suelo, inconsciente. —¿¡Tenías una cita!? —gritó histérico, Akane le miró indignada.
—¿Pero qué has hecho, animal?
—¿¡Quién mierda es este!?— pregunto señalando el cuerpo tirado en el suelo.
—¿Quién si no?¡Mi cita!
Era un diálogo de besugos, el artista marcial no comprendía absolutamente nada.
—¡No puedes salir con ningún tipo!¡Estás prometida conmigo!
—¿Y tú no has hecho una cita con Ukyo al medio día?
—¡Eso es diferente!
—No entiendo por qué.
Las palabras se atragantaban, sentía como su lengua había sido atrapada en un nudo ahogado e irrompible. ¿Qué clase de locura era esta? ¿Qué estaba pasando?
Así que tomó el único camino que le quedaba, el de la acción. Ante las protestas, codazos y rodillazos de la chica se la cargó al hombro y saltó por los tejados intentando mantenerse a salvo de sus golpes. No fue fácil, cuando llegaron al dojo tenía un fuerte dolor de costillas, arañazos en la cara y un terrible golpe en los riñones.
La bajó sin cortesías, despeinado, golpeado y malhumorado. Miró a la furiosa chica fulminándola con la mirada.
—Vamos a hablar con tu padre. —dijo firme intentando que sonara como una amenaza, pero ella apenas le miró a los ojos, se atusó el cabello y se puso en pie recomponiendo su orgullo. Pasó delante de él y entró en la casa ignorándole.
Ranma se tragó el amargo sabor que sentía en el cielo de la boca y apretó los puños, las cosas no iban a quedarse así.
.
.
—Akane, ¿puedes quedarte un instante? —reclamó la voz de Soun Tendô desde el comedor.
Ella miró a su padre con aburrimiento, pero aún así decidió obedecer. Se sentó en uno de los extremos de la mesa, mientras que al otro lado Soun y Genma serios y cruzados de brazos se mantenían estoicos. El chico de la trenza parecía estar desocupado, apoyado sobre el marco de la puerta y mirando con evidente (y fingido) desinterés la escena.
—Hija, Ranma nos ha contado sobre tu actitud en el instituto.
—¿Actitud?¿Qué actitud? —replicó malhumorada.
—Lo de salir con otros chicos.
La menor de las Tendô resopló incrédula, le dirigió una mirada cargada del más primario de los odios al joven y con los labios pronunció la palabra "chivato".
—¿Qué hay con eso? —dijo a la defensiva.
—¿C-cómo que...? —el patriarca de la familia se sintió perdido por un instante, no servía para regañar a sus hijas, y menos por temas de ese calibre. Era un profano en la materia. —No deberías salir con ningún otro hombre que no sea él, al fin y al cabo un día será tu marido. —explicó con toda la entereza y la calma que fue capaz de reunir.
—¿Y qué hay de sus citas?¿No os ha contado que él queda con chicas constantemente?
Las miradas acusadoras cambiaron de dirección, el artista marcial dio un bote en el sitio y de pronto se sintió el blanco de todas las iras.
—¡P-pero eso es completamente diferente! —intentó excusarse.
—¿En qué? ¡No es justo que él sea el único que se divierta! —protestó ella apuntándole.
—¿Qué?¿Pero qué mosca te ha picado? —Ranma enrojeció hasta la coronilla, preguntándose qué había querido decir exactamente con lo de "divertirse". Solo de pensar en ello se le llevaban los demonios.
—Hijos, debéis respetaros mutuamente. —intervino Genma buscando llegar a un acuerdo.
—Eso es imposible, tío Genma —se quejó Akane con un mohín, deslizándose sobre el tatami hasta quedar frente a los dos hombres. Puso su mejor cara de pobrecita y el chico de la trenza arrugó el entrecejo presenciando algo imposible.
Dulcemente y con ojitos de cordero degollado Akane alzó sus iris llenos de cristalinas lágrimas sin derramar.
—Que injusto, ¿que he hecho yo para sufrir de esta manera? —se quejó sacando a relucir una faceta de actriz de la que nadie tenía idea. —Tío Genma, es tu hijo, tú más que nadie sabes lo cruel que puede llegar a ser. —prosiguió mientras se acercaba al hombre y posaba su mano sobre su brazo, la deslizó suave como la seda y se colocó a su espalda.
Genma tragó duro.
—Es mezquino, sólo cuenta mentiras. Arruinó los planes de reunirme con mis amigas. —susurró a su oído situando sus delicadas manos sobre sus hombros y comenzando a ejercer una ligera presión a modo de masaje.
—E-e-es cierto que puede resultar manipulador en ocasiones… —murmuró mientras una feliz sonrisa asomaba en sus labios y se sentía recorrer por un agradable estremecimiento.
—¡Eh! —se quejó el aludido sin creer lo que estaba sucediendo, como ella le daba la vuelta al asunto poniéndolos en su contra.
—Ranma, Akane, procurad que vuestras peleas no afecten a la familia. —riñó Soun mucho más calmado.
—Yo no hacía nada malo —continuó la chica masajeando la espalda del hombre. —Vaya, ¿estás haciendo más ejercicio tío Genma? Te noto más... Fuerte.— susurró a su oído, y en ese momento su víctima adquirió tal color carmín que se le empañaron las gafas y comenzó a emitir una risita nerviosa que su hijo no había escuchado jamás.
Ella sonrió satisfecha mientras Ranma la miraba como si acabara de salir de una nave espacial.
Akane se levantó, se inclinó en señal de respeto y abandonó la sala.
.
.
El joven esperaba impaciente. Sentado en la silla giratoria movía los pies en un gesto nervioso, sus brazos permanecían fuertemente cruzados a la altura de su pecho en una inequívoca señal de enfado mientras su mirada se clavaba insistente en la puerta, esperando que en cualquier instante apareciera el motivo de su ira.
No tardó más de unos minutos, la puerta se abrió mostrando a una agotada y relajada Akane, que tras un largo baño se secaba la cabeza y vestía un pijama rosado. La chica posó sus ojos sobre él y frunció el ceño, molesta por la invasión de su privacidad.
—¿Ranma? —preguntó observando al invasor, que lejos de amedrentarse parecía dispuesto a matarla con la mirada.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó directo.
—¿El qué?— contestó extrañada.
—No te hagas la tonta conmigo, ¿qué demonios ha pasado en el salón?
—¿En el salón? —volvió a preguntar con genuina ignorancia.
Un extraño silencio se formó entre ellos, él indignado, ella comenzando a impacientarse.
—Estás raro.
—¿Raro, yo? —escupió antes de resoplar hastiado. —¿Te crees que no tengo ojos en la cara? ¡Le has coqueteado a mi padre! ¡Ni siquiera sé si es ridículo o solo patético!
—¿Que yo qué? —repitió abriendo sus labios sorprendida. —¿Estás mal de la cabeza? ¡Sólo estábamos hablando!
Una risa áspera escapó de la garganta del chico.
—¿Haces todo esto por demostrar algo? Creo que esta vez estás yendo demasiado lejos.
—Ranma, de verdad que no tengo ni idea de lo que hablas. —le interrumpió ella cada vez más confusa.
Él cerró su gran bocaza y la examinó en detalle, viendo su rostro compungido por la duda y percatandose que el tono de su voz había cambiado, ya no era frío ni despectivo, volvía a estar dotado de su suave calidez.
—¿Y qué hay con ese tipo? —agachó la cabeza y dijo de corrido, apenas vocalizando las palabras.
—¿Quién?
—¿Quién más? Tu cita. —se mordió la lengua, arrepintiéndose al instante de haber reflotado el tema pero sin poder evitar recordar aquella escena. —Aunque no es como si me importara. —corrigió de inmediato con nefastos resultados.
—¿Cita? —Akane torció la cabeza, era como hablar con una pared. Parecía completamente desmemoriada, eso o estaba volviendo a hacer gala de sus recién estrenadas dotes de actriz.
—¿Que no recuerdas nada de lo que pasó hoy? —preguntó tentativo, con la furia a raya intentando buscar una explicación lógica a su desastrosa jornada.
—¡Claro que lo recuerdo, tarado!, estuve estudiando todo el día mientras tú hacías una cita con U-chan. —pronunció el nombre de la chica con cierto rintintín, una mal disimulada capa de celos que hizo que el chico se recompusiera en un instante. —Y ahora vete y déjame dormir. —se quejó, pero para entonces Ranma ya se encontraba mucho mejor.
Sacudió la cabeza y se dijo que todo había regresado a la normalidad, un mal día lo tiene cualquiera. Encogiéndose de hombros hizo lo que ella le pedía e ingresó en su habitación mucho más tranquilo.
Así estaba bien, esa era la Akane que él conocía. Podía atribuir los sucesos del día a una alucinación comunal que jamás se volvería a repetir.
Se recostó en el futon y suspiró deseando ser capturado por el sueño.
Mientras, en la mesita de la esquina Genma se miraba insistentemente en un espejo con una sonrisa satisfactoria asomando en su dura tez. Su hijo rodó los ojos.
Quizás no lo había imaginado todo.
.
.
¡Hola de nuevo!
Wow, muchísimas gracias por el caluroso recibimiento. Hacía mucho tiempo que no publicaba nada y se me había olvidado lo maravilloso que era recibir el feed-back de los lectores, jajaja. Gracias a todos por los comentarios, contestando en líneas generales os diré que se trata de un fic corto (calculo seis capítulos como mucho, aún estoy terminando), nada de drama y sí mucho humor.
Intentaré actualizar una vez por semana, así que nos leemos de nuevo en pocos días y espero que hayáis disfrutado el capítulo.
Saludos.
LUM.
