Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

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Capítulo 3: Celoso

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Las bolsas negras debajo de sus ojos delataban su estado de ansiedad. Apenas había dormido y eso le iba a pesar el resto del día. Se desperezó y al ver el sol brillar a través de su ventana se preguntó con curiosidad qué hora sería, ¿por qué Akane no había acudido a despertarle como cada día?

Se rascó sus cabellos desordenados y comprobó que no había rastro de su viejo padre, quién era aún peor para despertar que él mismo.

Un escalofrío recorrió su columna. Se puso las ropas por encima de cualquier manera y bajó hasta el salón donde toda la familia desayunaba, para su tranquilidad y bienestar mental encontró a su prometida sentada a la mesa, masticando con cuidado su ración.

Quizás se estaba pasando de paranoico.

Ocupó su lugar junto a ella sin pasar por alto que de nuevo se había puesto esa odiosa sombra de ojos. Ella ni le miró, ignoró por completo su presencia igual que el día anterior, incluso hubiera jurado que se apartó unos centímetros.

Ranma se revolvió molesto, aguantándose las ganas de preguntarle el porqué no había ido a su habitación con su habitual y "melodiosa" forma de despertarle.

Tomó unos encurtidos y antes de llevárselos a la boca se fijó en su padre, quien se mantenía recto y erguido comiendo con una elegancia nunca vista. Fue entonces cuando le llegó un olor dulzón y extravagante. El chico de la trenza arrugó el entrecejo.

—Viejo, ¿te has puesto perfume? —afirmó más que preguntó, y en contestación su padre se aclaró la garganta.

—Me marcho —Akane se puso en pie y tomó su maletín, cosa que le pilló por completo desprevenido pues él siquiera había comenzado a comer.

Se llenó la boca de granos de arroz y metió entre sus carrillos verduras y pescado, lo masticó a toda velocidad intentando que no saltasen en pedazos de entre sus dientes y corrió tras la chica.

La atrapó cuando apenas cruzaba la esquina de la calle y encaraba el camino al instituto junto a la verja del canal.

Se dio un golpe en el pecho ayudándose así a terminar de tragar la comida y se mantuvo digno, caminando junto a ella. Pensaba que su humor había mejorado notablemente tal y como había quedado claro tras su charla la noche anterior, pero lo cierto es que ahora volvía a ser fría y distante, ni siquiera se molestó en dirigirle la mirada.

Ranma era ante todo un chico orgullo, no daba fácilmente su brazo a torcer y tampoco lo haría en esta ocasión, pero no dejaba de preguntarse qué le habría importunado tanto a la muchacha como para recuperar esa actitud que no creía merecerse.

La miró de reojo y la descubrió tensa, mirando al frente y apretando el paso, como si creyese que así conseguiría dejarle atrás. Su piel era blanca y lisa, sus cabellos permanecían perfectamente amoldados y sus labios lucían un ligero brillo.

Sobre sus párpados un ligero maquillaje de color aguamarina sacaba a relucir su belleza, todo terminado con una capa de rimel que hacía sus pestañas extra largas, parecían poder abanicar el aire y provocar diminutos torbellinos.

El artista marcial tragó saliva y se recriminó una vez más sus palabras en la cena del Neko Han Ten sobre lo que era o no femenino. Se enfurruñó al pensar en que un día más la rodearían una panda de insistentes pesados, pero en esta ocasión no estaba desprevenido.

—Akane Tendô, te esperaba —de pronto y sin su habitual energía Kuno Tatewaki les salió al paso. En su mano llevaba una rosa roja y aunque no apareció corriendo ni gritando, su carácter engreído seguía estando muy presente en su actitud. —Tengamos una cita. —dijo arrodillándose frente a la muchacha y tendiendole la flor. Algo había que admitirle, en esta ocasión al menos se estaba comportando.

Ranma le miró con aburrimiento y crujió sus nudillos dispuesto a cumplir con la tradición martinal. Kuno alcanzaba grados incomprensibles de masoquismo.

—Sí.

Pestañeó.

Durante un instante no supo lo que estaba pasando, ni por qué su prometida le sonreía a ese idiota. La expresión de Kuno brilló, fue como ver a un niño en su primera navidad. Lágrimas de emoción se acumularon en sus ojos y su habitual sonrisa fanfarrona se tornó en algo diferente, tan conmovedor que durante un segundo se le encogió el corazón.

—¡Akane Tendô! —gritó extendiendo sus brazos con el propósito de estrecharla entre ellos.

Ah, no se le había encogido el corazón, se le revolvieron las tripas.

No lo soportó más, de una prodigiosa patada mandó al molesto tipo de viaje por los despejados cielos de Nerima.

—¿¡Es que eres estúpida!? —le gritó a la chica sin misericordia, la encaró retomando el enfado del día anterior, sintiéndose humillado hasta el tuétano de los huesos. —¿Por qué le has dicho que saldrías con él?¡Es Kuno!

—Me gusta. —contestó parca en palabras, Ranma la miraba sin pestañear, con los pies anclados al suelo, sintiendo que se había convertido en piedra.

Akane hizo amago de continuar su camino al instituto como si nada hubiera pasado, pero el chico consiguió salir de su estado y agarró su muñeca. Sin moverse del sitio, de espaldas a ella habló con voz gutural.

—¿Quién eres?

—Ranma, suéltame inmediatamente. —ordenó ella intentando librarse del agarre.

—Tu no eres Akane. —con los dientes apretados y los ojos desorbitados giró el cuello lentamente, encarándola.

—¡Deja de decir estupideces, por supuesto que soy yo!

—¡Entonces es que te has vuelto loca!

—¿Me he vuelto loca por querer tener citas? —espetó a su vez. —¡Tu las tienes todo el tiempo! ¡Incluso saliste con Kuno solo por aprovecharte de él! Qué desagradable… —dijo poniendo cara de asco y dirigiéndole una mirada de abajo a arriba, varias veces.

Se libró de aquella mano fuertemente anclada a su fino brazo y el chico de la trenza supo mejor que nunca que su rechazo no era normal. Olía a encantamiento por todas partes.

Pensó a toda velocidad, los síntomas habían comenzado a aparecer al día siguiente a su visita al NeKo Han Ten, ¿sería entonces cosa de la comida? No era posible, él estaba bien… ¿Y si sólo afectaba a las mujeres? No se había fijado en los comportamientos de Nabiki o Kasumi, tampoco en los de su madre, pero imaginar a su progenitora con una actitud tan descarada era algo que simplemente no le entraba en la cabeza.

En todo caso y tratándose de una intoxicación alimenticia no había forma de que durara más de unos días.

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Ranma Saotome llegó a la conclusión de que hombre prevenido vale por dos.

Según llegó a clase se sentó en el pupitre que quedaba justo al lado de su prometida, aunque no fuera el suyo. Convenció al chico que solía usarlo de que se encontraría mucho más cómodo en su nueva ubicación al final de la clase, y por supuesto este no se resistió en absoluto.

Desde esa posición cumplía dos tareas igual de importantes: vigilancia y disuasión.

Un aura negra envolvía su figura haciendo que todo aquel que se acercara en busca de explicaciones de matemáticas o simplemente se le pasara por la cabeza echarle una mirada a su prometida perdiera las ganas por la eternidad.

Se cruzó de brazos. Si Shampoo tenía algo que ver con este tema se las iba a pagar, después de las clases le iba a oír, vaya si lo haría.

Una profunda decepción asomaba en la expresión de la joven de cortos cabellos, pues parecía disfrutar de la compañía masculina más que nunca y ahora se veía privada de ella.

Cuando ella odiaba a los hombres.

Se lo dejaba claro con sus desplantes y su actitud tan marcadamente violenta, con él rara vez bajaba la guardia, jamás le ponía esas caritas adorables que ayer dedicaba a esos tipos.

Maldita sea, gruñó furibundo deseando que pasaran rápido las horas.

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Solo había ido un momento al baño, pero eso bastó para que su escurridiza prometida huyera de su pupitre. Cuando entró en clase no pudo ocultar su expresión de desconcierto, y menos antes las extrañas miradas de sus compañeros.

Haciéndose el desinteresado se acercó como quien no quiere la cosa a sus dos amigos, y estos no tardaron ni medio segundo en adivinar lo que iba a preguntarles.

—Se ha ido con Gosunkugi. —intervino Daisuke bastante extrañado. —Por voluntad propia. —aclaró como si nada de aquello terminara de tener sentido.

Y el artista marcial apretó la mandíbula hasta que noto chascar sus dientes.

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—¿De qué querías hablarme? —preguntó la chica utilizando un tono de voz meloso, casi angelical. Algo a lo que él no estaba habituado.

Hikaru Gosunkugi se movió incómodo y comenzó a pasear la vista sobre la azotea vacía, jugó con sus dedos sintiendo como se le formaba un nudo en el estómago.

—Y-yo… verás Akane… yo...

—¿Quieres pedirme una cita? —adelantó ella avanzando un paso hacia la posición del tembloroso chico, quien retrocedió la misma distancia sintiéndose intimidado.

—¿Qué? N-no, yo jamás me atrevería a…— enrojeció incapaz de terminar una sola frase, mientras en su cabeza se formaban idílicas escenas en las que corría por el parque de la mano de la muchacha, disfrutaban un helado en una pintoresca terraza al estilo parisino y ella le daba de comer de forma amorosa.

Una sonrisa tonta asomó en su rostro antes de que un salvaje golpe le mandara de bruces contra el suelo.

Hikaru Gosunkugi no lo vio venir, por otra parte perdió la consciencia tan rápido que hasta arrastrado por el suelo seguía sonriendo.

—¿Desde cuando te va "eso"? —dijo Ranma furioso apuntando despectivo al flacucho cuerpo que yacía a pocos metros, por su parte Akane le miró ultrajada, harta de sus frecuentes interrupciones.

—¿Ya tí qué te importa? —respondió airada pasando a su lado y agachándose junto al herido, pero Ranma fue más rápido.

Estaba muy cansado de aquel juego, sabía distinguir a la legua un comportamiento normal de uno que no lo era.

La agarró de la cintura sin ceremonias y se la echó al hombro mientras ella pateaba al aire, debía hacer algo, y quedarse mirando mientras ella coqueteaba con el siguiente perdedor no era ni mucho menos aceptable.

—¡Suéltame de inmediato! —gritó mientras el chico apretaba aún más el agarre y se subía a la cornisa de la fachada.

—¡Estate quieta de una vez! —contestó a la par que saltaba hasta el tejado del gimnasio, recibió el impacto sobre la punta de sus pies y sin tomar descanso volvió a saltar huyendo del instituto.

—¿Y qué pasa con las clases? —protestó de nuevo la muchacha. —¡Bájame!¡Esto es un secuestro!

—Vamos a ir a ver a Shampoo para que te arregle lo que quiera que te haya hecho en la cabeza. —dijo con tono lúgubre mientras su piernas les guiaban a toda velocidad hacia el conocido restaurante.

—¿De qué demonios hablas?¡Nadie me ha hecho nada!

Y en contestación él apretó los dientes y de un último salto aterrizó frente al Neko Han Ten, y sin ningún tipo de recato abrió la puerta de un soberano golpe con su mano libre.

—¡SHAMPOO!— gritó ante la mirada de un par de comensales y de un extrañado Mousse que dejó de limpiar una de las mesas y se ajustó las gafas.

—¿Saotome?— dijo arrugando las cejas mientras a su espalda unos apresurados pasos anunciaban la presencia de la entusiasmada amazona.

—¡Aiyaaaa! ¡Ranma venir a ver a Shampoo! ¡Feliz soy! —exclamó un segundo antes de percatarse de la muchacha con uniforme escolar que cargaba sobre uno de sus hombros y que bajó al suelo sin demasiado cuidado.

—¡Bestia! — le recriminó Akane sacudiendo sus ropas, y en la cabeza de la pequeña y temible china las piezas encajaron de golpe.

Puso su mejor cara de póker y sonrió aún a pesar de temerse descubierta.

—¿Qué mierda le has hecho esta vez a Akane? —rugió el artista marcial, los comensales se apresuraron a huir despavoridos y Shampoo torció el gesto cuando cerraron la puerta tras ellos.

—Shampoo no hacer nada, no saber de qué hablar.

—¿Ves? Eres un pesado, ya te he dicho que Shampoo no me he tocado un pelo. —protestó Akane cruzándose de brazos.

De pronto el chico se encontró encerrado entre las dos jóvenes mirándole con inusitada dureza (aunque en realidad Shampoo solo se hacía la ofendida). Se aclaró la garganta sabiendo que en un combate de dos contra uno tenía poco que hacer. Quién hubiera dicho que Akane alguna vez se pusiera de parte de una de sus mayores enemigas.

—Shampoo, ¿podemos hablar a solas?

—¿Hacer cita? —preguntó con voz ilusionada y ojos deslumbrantes.

—¡Saotome, maldito aprovechado! ¡No consentiré que te quedes a solas con Shampoo!— gruñó Mousse a su lado, pero para sorpresa del camarero a su protesta no le siguió ninguna parecida de los labios de la menor de los Tendô.

Akane miraba la escena indolente, casi aburrida, algo nada típico de ella. Tanto fue así que su mirada de extrañeza no pasó desapercibida para ninguno de los presentes.

—¿Lo ves?— exclamó Ranma señalando lo evidente. —¡Le has hecho algo en el cerebro!

—¡Shampoo no...!

—¡Ja!— interrumpió Akane cruzándose de brazos y dejando al chico en evidencia. — Deja de ser tan presuntuoso, ¿acaso crees que el mundo gira a tu alrededor? idiota. —murmuró en tono cavernario, haciendo que todos los presentes se quedaran helados.

No era por la palabra, era por la forma en la que la había pronunciado, como si realmente emanara de ella todo ese desprecio hacia el chico de la trenza.

Pero él no se iba a dejar amilanar, agarró bruscamente a la china y tirando de ella se dirigieron hacia las cocinas del restaurante, dejando a Mousse con Akane.

El maldito de jusenkyo pareció contrariado, se cruzó de brazos e iba a emitir una protesta cuando la cercanía de Akane le pilló desprevenido.

—Por fin solos.— sonrió ella.

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—Más te vale ir confesando todo.— la soltó bruscamente, enfrentándola con la mirada enfurecida, Shampoo se sobó el brazo obviamente molesta por su actitud.

Estaban en la cocina, donde varias ollas puestas al fuego burbujeaban con diferentes salsas propagando por el ambiente un olor denso y delicioso.

—Ya decir que Shampoo no hacer nada.— repitió una vez más, pero el chico no le creyó.

—¿Le echaste algo en la comida?¿Le dijiste cosas raras?¿Un hechizo?

La china rodó los ojos.

—No entender de lo que hablar, Akane estar bien, tu ver.— protestó señalando hacia la sala.

—¡No es ella! Está fuera de sí, se dedica a… coquetear— la palabra se le escapó entre dientes, se le hacía extraño usarla en la misma frase que el nombre de su prometida.

—Será que Akane querer hacerlo, ¿que problema haber? Si Akane sale con hombres Ranma puede salir con Shampoo.— repuso alegre, como si hubiera encontrado la solución al problema con solo chascar los dedos.

—¡A Akane no le gustan los hombres! Los ignora, está hechizada y lo peor de todo es…— cerró su gigantesca boca antes de admitir en voz alta aquello que le estaba torturando, ese pensamiento que le llevaba a pensar que quizás y solo quizás, todo tuviera que ver con la joven amazona.

Ella coqueteaba con todos, absolutamente con todos, salvo con él.

Para ella Ranma Saotome había pasado a tener la misma importancia que un gusano aplastado en la suela de su zapato.

Apretó los dientes sabiendo que su falta de atención debía nacer de un lugar concreto, más allá de pequeños enfados o estúpidas venganzas, su propio ego no le dejaba plantearse otra alternativa.

Verla siendo amable, aceptando citas y repartiendo sonrisas de manera fácil, cuando a él le había costado todo su esfuerzo e invertir cada fibra de su ser para conseguir el mismo efecto. Claro que sus métodos podían no ser demasiado ortodoxos.

De hecho ni él mismo tenía claro que tuviera un método más allá del de llamar su atención con palabras hirientes.

—¡Como sea, deshazlo de inmediato!

La pequeña amazona puso su mejor cara de corderito y sus ojos se inundaron en gigantescas y fingidas lágrimas de frustración.

—Ya decir que Shampoo no saber nada, si venir aquí a insultar mejor marchar.— se dio la vuelta orgullosa, Ranma se llevó una mano a la cara en una clara muestra de frustración. No veía la salida.

—Si tenemos una cita, ¿me lo dirás?— propuso desesperado, como su única opción posible. Dárselas de galán con Shampoo era algo que jamás le fallaba. La chica giró el rostro con el interés prendido en el iris de sus ojos. Ranma lo supo, había dado en el clavo.

Apenas pudo contener su sonrisa al pensar en lo fácil que había resultado, cuando un estruendo llegó a sus oídos desde el restaurante, arrugó las cejas y permaneció unos segundos atento hasta que Shampoo a su lado tomó la iniciativa.

—Aiyaa, tonto Mousse, ¿otra vez tirar los platos?— gritó exasperada yendo a atender el negocio.

Pero la sorpresa de ambos fue mayúscula cuando regresaron al comedor. Encima de una de las mesas se encontraba un aterrorizado Mousse que había tirado platos, vasos y cubiertos en sus ansias por huir despavorido de la muchacha quien a horcajadas se empeñaba en permanecer sobre él jugando a quitarle las gafas.

Con la falda hecha un ovillo sobre sus muslos y una cara que era la total contrapartida a la inocencia, Akane Tendô miró sin pizca de sonrojo a aquellas dos personas que acababan de estropearle la diversión, mordiendo distraída una de las patillas de las gafas que tanto empeño había puesto en usurpar.

—Tsk, nos han pillado.— dijo esbozando media sonrisa.

La sangre del chico de la trenza se quedó congelada un segundo antes de precipitarse contra sus piés. Sintió un mareo y no supo bien lo que era hasta que no vio como la habitación daba vueltas bañada en un color rojo. Palpitaba dentro de su cabeza con la fuerza de un martillo percutor. Dio un paso hacia atrás a la vez que Shampoo comenzaba a chillar histérica.

—¡Juro que se me ha echado encima!— gritó Mousse mientras terminaba de desembarazarse de la joven, quien cayó al suelo de nalgas.

Lo siguiente que vio Ranma fue como Shampoo agarraba a Mouse por la pechera de su túnica china y comenzaba a darle la mayor paliza que había presenciado en su vida, y eso que él era experto en palizas.

Pero la indignación de la amazona no era mayor que la suya propia.

Akane se sobaba dolorida el trasero cuando su vista chocó con los pies firmemente plantados de su prometido.

—¿Qué?— espetó retadora, pero la expresión del chico no la dejó continuar.

Se quedó muda de puro estupor al comprender que, esta vez sí, estaba metida en un buen lío.

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¡Hola de nuevo!

Por los pelos y no llego ala actualización de la semana, jajaja. Gracias a todos por vuestros comentarios y las buenas vibraciones, me hacen querer terminar la historia y comenzar otras con el doble de ganas ;).

Por supuesto también muchos agradecimientos a mi estimada betareader, Nodokita, quien tanta paciencia tiene conmigo.