Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

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Capítulo 4: Spicy Akane

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—¿Pero qué te has creído?¡Esta no es forma de tratarme!— gritó la chica de cortos cabellos mientras su prometido terminaba de apretar los nudos de sus ataduras.

Ranma se secó el sudor de la frente, no había sido fácil pero está sin duda era la única manera coherente de atajar el problema. Akane yacía sobre el suelo del dojô maniatada y con cara de pocos amigos.

—Así quizás reflexiones un poco sobre tu actitud. —inquirió afectado, sin disimular lo más mínimo su exasperación. No podía quitarse aquella imagen de la cabeza, Akane subida sobre aquel idiota con la falda remangada como si… como si…

Apretó los dientes incapaz de contenerse más tiempo, descargó toda su ira contra la pared de madera, que saltó en astillas. Su brazo quedó extendido dentro del agujero marcado, lo retiró lentamente mientras la chica le miraba de forma seria, atenta.

No se giró a mirarla aún a pesar de saber que sus ojos castaños estaban fijos en cada uno de sus movimientos, de sus gestos. No podía.

—¿Estás celoso? —preguntó, y su tono era meloso, casi divertido. Totalmente insufrible.

—¡Cállate, no me dejas pensar! —respondió de malas formas mascando su enfado.

Y si como con el gesto pudiese liberarse de aquel manto pesado que envolvía su pensamiento se deshizo de su camisa china con rabia, tirándola sin cuidado contra la pared, comenzando a lanzar golpes al aire. Enérgicos, cada vez más fuertes y rápidos, el sudor no tardó en empapar su camiseta de tirantes y resbalar por su frente, pero cuando terminó su frenética actividad y osó posar la vista en su "prisionera" se sobresaltó al percatarse de que Akane le miraba de forma extraña, ¿cómo decirlo? Era como si sus ojos reflejaran un anhelo que escapaba a su comprensión.

—Ranma, venga, desátame. —dijo retorciendo las manos. —Las cuerdas me hacen daño.

Su voz conciliadora no le pasó por alto, aunque en seguida comprendió que se trataba de otro truco. Negó con la cabeza intentando resistirse.

—No hasta que encuentre la forma de curarte.

—Pero si estoy bien… vamos, prometo cenar e irme a la cama.

—¿Piensas que voy a creerte? —dijo enfrentándola, se agachó poniéndose a su altura inspeccionando al detalle su expresión, la chica suspiró.

—Entonces qué, ¿me dejarás aquí toda la noche?¿O me llevarás a cuestas para tenerme vigilada?

Ranma alzó una ceja, eso era exactamente lo que tenía planeado.

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—Esto es humillante. —protestó la adolescente mientras el artista marcial subía las escaleras de la residencia con ella a cuestas, cargada sobre uno de sus hombros como si fuera un saco de arroz.

—Cuando vuelvas en ti me lo agradecerás. —contestó entrando junto con la muchacha al cuarto de baño.

La dejó en el suelo sin demasiadas ceremonias, teniendo cuidado de no dañarla demasiado, pero dándole un par de golpes oportunos contra marcos y electrodomésticos solo por venganza. Seguía cabreado, y de qué manera.

—Ahora voy a darme una ducha, así que quédate quietecita mientras termino.

Y para asegurarse de que se cumplían sus órdenes cerró la puerta con pestillo. La chica le observó unos instantes y después esquivó su mirada.

—Está bien. —contestó sumisa, y el artista marcial pensó que era extraño, pues aunque hasta el momento había tenido actitudes nada propias de ella, su mal carácter seguía intacto. Al menos con él.

Le dedicó una última mirada de reojo antes de cerrar la segunda puerta que separaba la sala cambiador de la bañera, se quedó unos instantes pensativo antes de deshacerse de su ropa y dejarla arrugada en el suelo, en serio, ¿qué pasaba con ella?

Aún a pesar de las negativas de Shampoo estaba convencido de que tenía algo que ver, y sin duda lo averiguaría al día siguiente. Eso es, por la mañana iría a hacerles una visita, a ella y a ese desgraciado de Mousse. Si la china no lo había matado para entonces él pensaba encargarse de hacerlo.

Abrió el grifo de la ducha y dejó que el agua tibia resbalara por sus músculos.

Suspiró agradecido, sabiendo que con aquel gesto cotidiano el día tocaba a su fin, hasta que escuchó el sonido de la puerta corrediza. Alzó la mirada mientras las gotas de agua enturbiaban su visión y su flequillo se pegaba sobre su frente.

—¿¡Pero qué...!? —llegó a exclamar antes de que el sonrojo se extendiera por todo su cuerpo.

—He pensado que podríamos compartir el baño —Akane cerró la puerta a su espalda y le miró llena de intenciones. De alguna forma se las había ingeniado para deshacerse de sus ataduras… y de toda su ropa. Ranma tragó duro sintiendo como acababa de convertirse en roca.

No pudo evitar recorrer su desnudez con una rapidísima mirada antes de entender la situación. Hizo intento de tapar sus ojos, mientras que otra parte de su cerebro le recordaba que él también estaba desnudo. Se giró apartando la mirada e intentando razonar.

—¿Es que has perdido la cabeza?¡Vístete!

—¿Y porqué debería? Estamos solos, no tienes que disimular.

—¿A-a qué viene este cambio de actitud?— consiguió articular mientras sus pulsaciones se disparaban y lamentablemente el riego sanguíneo dejaba de llegar correctamente a su cerebro.

—¿De qué hablas? Tú siempre me has gustado. —la gota que colmó el vaso. Esas palabras dichas sin rastros de timidez o confusión. Para Ranma estaba claro que esa mujer que se le insinuaba no era Akane, no, no había visto a "su" Akane desde la noche anterior.

Si había pensado que era malo que mostrara tan descarado interés por otros hombres, ahora se arrepentía de haber deseado en secreto que esa actitud directa no fuera dirigida hacia él.

Sintió sus finas manos deslizarse por su cintura y cerrase sobre sus abdominales, apretando sus pechos contra su espalda. Toda su anatomía de mujer en pleno contacto contra él. Su mandíbula se desencajó hasta que le salió el espíritu por la boca.

—Vamos, no me digas que nunca se te ha pasado por la cabeza —le susurró al oído mientras las firmes piernas del pobre chico temblaban convertidas en gelatina.

—T-tú nno e-eres A-akane… —farfulló luchando contra su cuerpo traidor.

—¿Por qué dices eso? Ranma. —aflojó su abrazo y buscó una de sus manos, sus dedos se enredaron temblorosos y ella le condujo sin dificultad, totalmente indefenso y ajeno a su voluntad. Llevó su mano hasta su mejilla y le obligó a enfrentarla, a mirarla a los ojos.

—¿Ves? Soy yo.

Sin habla y sin apenas respiración el artista marcial negó arduamente y dió un paso hacia atrás, rompiendo el contacto y apartando de nuevo la mirada, más avergonzado que en toda su vida.

—No te acerques. —le advirtió una vez más, pero ella más que dolida por el rechazo parecía divertida, hizo caso omiso y paseó sus suaves manos sobre sus pectorales expuestos.

—¿Por qué? Si parece que te gusta… —reiteró haciendo referencia al vergonzoso estado de excitación que no podía hacer nada por ocultar. —No tenemos que escondernos Ranma, estamos prometidos. —sus pies se alzaron de puntillas y su hermoso rostro buscó sus labios en un gesto tan suave como impetuoso.

—Y-y-yo… no…

No podía creer que le estuviera pasando a él, todos sus mecanismos mentales se detuvieron, de tal forma que lo único que veía eran sus labios acercándose y su enloquecedor tacto amenazando con hacerle perder el sentido.

La mente del artista marcial colapsó en llamaradas y sus piernas terminaron por fallar, cayó de espaldas a la bañera arrastrando a su tenaz seductora junto a él y emergió jadeante con su esbelto cuerpo pegado al suyo, luchando con todas sus fuerzas contra aquella desquiciante sensación que le aturdía hasta el desmayo.

—Para por favor —suplicó como si fuera un reo siendo torturado hasta la muerte, sabiendo que estaba a tan solo un centímetro de quebrar su voluntad.

Pero Akane no respondió, pestañeó confusa y le observó durante largos segundos mientras sus cejas poco a poco se iban arqueando y sus mejillas se coloreaban. Sus manos se separaron de él, y su delgado cuerpo pareció tomar consciencia de sí mismo.

Obedeció su petición, se apartó de él y Ranma sintió que volvía a respirar, tomo aire de una sonora bocanada antes de que la chica comenzara a gritar histérica.

—¿Eh? —si hasta el momento había estado confuso eso no era nada en comparación con lo que experimentaba en aquel momento. Akane gritaba e intentaba cubrir su desnudez mientras en sus ojos asomaban auténticas lágrimas de terror. —No, no, no, ¿pero que te pasa? —dijo nervioso haciendo un intento de acercarse a ella antes de que la puerta del baño se viniera abajo.

—¡Akane! —el patriarca de los Tendô, secundado por su propio padre y el resto de los ocupantes de la casa hicieron acto de presencia alertados por los gritos, el chico de la trenza no paraba de dirigir miradas alternas a sus caras de incredulidad y a la aterrada chica que intentaba de alejarse de él en la bañera.

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—Entonces dices que intentó seducirte. —repitió por enésima vez Soun Tendô. Se encontraban reunidos en el salón y la expresión de los adultos no podía ser más seria. Ranma asintió, sin atreverse a alzar la mirada. —Mi inocente niña se coló en tu baño y después se puso a gritar pidiendo auxilio.

Asintió de nuevo.

—¿¡De veras crees que me lo creo!? — dio un sonoro golpe en la mesa y su cabeza amenazó con convertirse en una gigantesca representación demoníaca. Nodoka se aclaró la garganta.

—Soun sabes que Ranma jamás intentaría nada, le falta valor para eso. —salió en su defensa.

—Ey… —protestó él mientras una gota de sudor recorría su sien.

—Eso es cierto. —admitió Nabiki a su lado.

—Pero entonces, ¿por qué había cuerdas? Akane tiene marcas de ataduras. —interfirió Kasumi, el artista marcial sintió un sudor frío viajando por su espalda.

—Si me dejáis explicarlo… —dijo con voz grave, aún intentando recuperarse del shock.

—Hijo, será mejor que no digas nada. —Genma cruzó sus brazos a la altura del pecho.

—P-pero es que…

—Quizás deberíamos llamar al doctor Tofu, Akane parece muy confundida. —Kasumi se llevó una mano a la mejilla en un gesto de preocupación.

—¡Está hechizada! —interrumpió el chico poniéndose en pie. —¡Os ha estado engañando a todos! ¡Está intentando volverme loco!

Un cavernario silencio se hizo en la sala, sorprendentemente Nabiki salió en su ayuda.

—Lo cierto es que hay rumores extraños en el instituto.

Ranma asintió enérgico.

—Se acabó, Kasumi ve a buscar a Akane, aclaremos todo esto de una vez. —ordenó Soun con tono autoritario, la mayor de las hermanas se revolvió incómoda.

—No creo que sea buena idea, como he dicho está muy alterada. Dice que no recuerda nada de lo que ha hecho desde esta mañana.

—Quizás deberíamos llamar a un monje. —intervino Nodoka preocupada.

—Tiene que ser más sencillo que todo eso. —reflexionó Ranma en voz alta. —Ayer por la noche estaba bien… hoy ha vuelto en sí tras caer al agua… ¡es el agua!

Exclamó alzando la vista, como si acabara de dar con la tecla, la resolución de todo el problema.

—¿El agua?¿Como si fuera una maldita de Jusenkyo? —dijo Nabiki no muy convencida con la explicación.

—¡Está claro! Ayer por la noche acababa de darse un baño, y ahora ha vuelto en sí después de caer en la bañera, ¿no lo entendéis?

—Entonces crees que si la mojamos con agua fría…

—Solo hay una forma de averiguarlo.

Más rápido que sus pensamientos el joven agarró un vaso de agua y corrió a toda velocidad hacia el cuarto de su prometida, abrió la puerta de sopetón secundado por el resto de sus familiares los cuales atendían al espectáculo con bastantes reservas.

Encontraron a Akane con su pijama amarillo, acurrucada en un extremo de la cama. Alzó los ojos confusa antes de ser empapada con agua helada.

—¡Já!¡Preparáos! —dijo el chico de la trenza dando un paso hacia delante, esperando sin duda ser testigo de algún tipo de transformación, pero los segundos pasaron y lo único que tenía ante sí era una mojada y cabreada versión de su prometida.

—¿¡Es que estáis todos locos!? —chilló incrédula.

—Vale genio, ¿y ahora qué? —apostilló Nabiki.

—¡Fuera de mi cuarto! —dijo la morena poniéndose en pié. —¡Fuera!

—¿Uh?¿No ha funcionado? —Ranma miró el vaso vacío y frunció el ceño, estaba completamente seguro de su conclusión. Una almohada cruzó el espacio en una décima de segundo y le derribó con un sonido sordo, había sido lanzada con tanta fuerza que había adquirido el peso y la masa propios de un bloque de cemento.

—¡Largo! —repitió Akane con sus mejillas incendiadas y amenazando con un nuevo ataque, cojín en mano.

—¡Eh! —se recuperó con la cara roja, levantándose renqueante. —Deja de hacerte la ofendida, ¿sabes el infierno que estoy pasando por tu culpa?

La chica le miró aturdida, abriendo sus labios poco a poco hasta que su boca reflejó un gesto de completa incredulidad.

—¡Pues perdona si verme desnuda te ha supuesto un trauma! —grito lanzando el segundo proyectil, el cual Ranma esquivó por los pelos.

—¡No me refería a eso, pedazo de idiota!

Se mantuvieron la mirada durante un tenso instante en el que escucharon la puerta de la habitación de la chica cerrarse a sus espaldas y algunos murmullos de protesta por el pasillo.

—Pero Kasumi, se estaba poniendo interesante. —se oyó la voz de Nabiki rezongando a lo lejos.

De pronto en la soledad de la habitación ambos sintieron como la timidez hacía acto de presencia por encima del silencio. El chico se aclaró la garganta y se rascó la cabeza, mirando alrededor temeroso de posar los ojos en ella.

—Es decir… lo de antes no… no es como si me molestara que tu… —tragó duro sintiendo su inquisitiva mirada, ¿cómo salir del atolladero? —No es que sea la gran cosa verte desnuda. —terminó resolutivo, sudando lo indecible.

—¿Qué? —Akane agarró su almohada con claras intenciones.

—¡Intenté no mirar pero no me dejaste opción! —se excusó pobremente sintiéndose enrojecer.

—Maldito pervertido —la almohada explotó en sus manos, transformándose en un montón de espuma.

—¿Pervertido yo? ¡Eres tú la que se ha lanzado encima del pato cegato!

—¿Que yo qué? —dijo incrédula, como si se tratara de una mala broma.

Ambos adolescentes se mantuvieron la mirada sin dudas ni pestañeos, en absoluta tensión.

—Ya lo has oído. —terminó apartando la vista, incómodo al rememorar aquella escena. —De veras… ¿no lo recuerdas?

Akane negó rápidamente, prácticamente en estado de shock.

—Yo… apenas tengo memoria de todo el día. —Se defendió la chica pasándose una mano por sus mojados cabellos, olvidando su enfado ante la confusión mental.

—Estoy seguro de que Shampoo te hizo algo, aún no sé como funciona pero te prometo que voy a resolverlo. —declaró firme, y solo al terminar se dio cuenta de cuan vergonzosa había resultado su declaración.

Akane asintió entre incómoda y agradecida, fue entonces, cuando el silencio volvió a adueñarse de la estancia que ambos parecieron decidir de mutua acuerdo poner fin a su conversación.

—Bueno, pues… mejor voy a dormir. —dijo él girándose.

—Sí, yo también debería.

—B-buenas noches. —terminó saliendo finalmente de la habitación.

—Buenas noches Ranma. —susurró ella un segundo antes de que cerrara la puerta.

El chico suspiró, no sabría decir si aliviado o solo cansado. La buena noticia era que había llegado el fin de semana y eso significaba que no habría instituto. Al menos esperaba poder descansar de aquella locura.

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Despertó apático y malhumorado, había tenido sueños extraños que no recordaba en los que estaba seguro no parar de correr. Se desperezó y bajó renqueante a desayunar, apenas vestido con un pantalón corto y una camiseta.

—Buenos días, Ranma. —le saludó Kasumi por el pasillo, de buen humor, como si hubiera olvidado por completo los incidentes del día anterior.

—Hola Kasumi, ¿Akane esta..? —su lengua fue más rápida que su propio pensamiento, no podía negar que su preocupación seguía ahí, agarrada tenazmente a su subconsciente.

—Salió a correr, supongo que estará al volver.

—Ah. —se rascó la coronilla, incómodo. No tenía porqué desconfiar, ¿o sí?

Unos pasos ligeros se escucharon en el jardín, como invocada por su propio pensamiento llegó ella. Suspiró aliviado al ver a su prometida empapada en sudor y evidentemente cansada después de una buena sesión de ejercicio.

Akane secó el sudor de su frente con una toalla que llevaba al cuello y pestañeó de forma adorable al ver que el artista marcial no despegaba la vista de ella.

—¿Ocurre algo? —preguntó intentando recuperar su respiración.

—Eh, no, ¡claro que no! No te estaba mirando, no me interesas lo más mínimo. —dijo orgulloso, desviando la mirada de inmediato.

La chica puso mala cara.

—Como si me importara. —remarcó pasando a su lado.

—Marimacho. —tentó él, en un vago intento de recuperar su rutina a base de ofensas y golpes bajos.

—¡Imbécil! —respondió agarrando un bol vacío de la mesa y tirándoselo a la cara.

Ranma cayó de espaldas al jardín, golpeando la cabeza con una piedra. Se sobó el incipiente chichón.

—¿Ya habéis hecho las paces? —preguntó la mayor de las hermanas Tendô mientras servía la sopa de miso.

—Algo así. —contestó él poniéndose en pie, dispuesto a devorar su desayuno.

Era incontestable que el día comenzaba de forma sorprendentemente normal.

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El movimiento rítmico de un bastón se escuchaba retumbar por la calle a primerísima hora. Agarrado a él un chico en un estado lamentable ponía un pie tras otro intentando mantener la conciencia.

—¿D-dónde está el dojô Tendô?— llegó a decir antes de caer desmayado.

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¡Hola de nuevo queridos lectores!

Como veis esta historia cortita va a grano, sin perder tiempo, jejeje, espero que os esté gustando.

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, y agradecimientos especiales a mi beta reader Nodokita.

¡Gracias por leer!