Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Capítulo 6: Sweet Akane
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La rutina en ocasiones es una bendición, nadie lo sabía mejor que Ranma Saotome, cuya vida era un ir y venir constante de problemas a cada cual más inverosímil. Por eso, en aquellos escasos momentos de paz en los que el mundo parecía estar en completa calma aprovechaba para tomar aire y relajarse.
Se estiró como un gato perezoso sobre el tejado de la casa, en breve saldría el sol y comenzaría a apretar hasta hacer insoportable la estancia en el exterior.
Aquella noche había dormido de un tirón, sin tener esa tensión constante por los más que sospechosos actos de su prometida.
Por supuesto no salió airoso de todo el lío, cuando Akane encontró a Ryoga inconsciente le exigió una explicación. El caso es que no sabía para quién resultó más vergonzoso aquello, si para ella o para él.
Pero aclarado el incidente y tras aguantar el sermón de Soun Tendô por volver a destrozar su casa, Ranma había sentido una ligereza reconfortante mientras se concentraba en simplemente trabajar.
No olvidaba que Shampoo había sido el cerebro detrás de toda aquella artimaña, pero de alguna forma y después de la paliza que le había dado a Mousse creía que, a su manera, se arrepentía. Al menos un poco.
Menos mal que las cosas volvían a la normalidad.
Nunca lo admitiría en voz alta, pero había estado muy preocupado. Que Akane se interesara por otros hombres era algo que vilipendiaba su orgullo, que además sacara a relucir aquella faceta seductora tan desconocida y aterradora era para perder el juicio.
Contra esa Akane no había manera de luchar, era una maldita bomba.
Sus hormonas adolescentes se revolucionaron cuando volvió a evocar en sus pensamientos su encuentro en el baño, no era la primera vez que una chica se colaba en su bañera, pero que lo hiciera ella había resultado superior a sus fuerzas.
Suspiró a sabiendas que esa escena no se volvería a repetir, y no es que él quisiera que se repitiera, ¿o sí? Oh, acaso… ¿deseaba que Akane le coqueteara? Esa marimacho sin pechos no sabría ni por dónde empezar. Pero sí, claro que sí. Su orgullo masculino aún estaba resentido, necesitaba de una compensación urgente por tantas dudas y escarceos con terceros.
Si fuera un poco más femenina le pediría perdón, o al menos haría lo que fuera para intentar hacer las paces con él. No estaba bien hacerle sufrir de aquella forma.
Convencido y dispuesto el artista marcial se puso en pie de un salto, eso es, le haría saber a Akane que exigía una disculpa.
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Si disculparse puede ser una tarea ardua, hacer que otra persona lo haga es, en casi todos los casos, imposible.
Ranma observó a la chica atentamente mientras ella se concentraba en sus ejercicios matutinos, la mejor forma de enfrentar los problemas era de frente.
—Ey… — saludó desde la puerta del recién reconstruido dojô, Akane se detuvo un instante y a él le pareció ver un ligero sonrojo en sus mejillas.
—Buenos días —respondió acalorada, mientras el sudor resbalaba por sus sienes hasta formar densas gotas bajo su barbilla que apartó con el dorso de la mano.
Ninguno de los dos era especialmente bueno con las palabras.
—¿Que tal te encuentras?
—Mejor… supongo. —dijo esquiva buscando su toalla, se la puso alrededor del cuello y terminó de secar su fino rostro con ella.
Ranma se aclaró la garganta y se irguió en toda su altura, más que dispuesto a aceptar las disculpas que, sin duda, ella le ofrecería a continuación. Pero en su lugar solo escuchó silencio. Contrariado decidió apretar un poco más.
—¿No tienes nada que decirme?
—¿Uh?
Se sostuvieron la mirada durante varios segundos en los cuales ella alzó una ceja en forma interrogativa y él se iba sintiendo más y más estúpido.
—Sobre tu… comportamiento. —dijo intentando ayudar a que la conversación avanzara hacia sus lindes naturales, pero Akane no parecía ni mucho menos dispuesta a dejarse llevar.
—Ya sabes que no recuerdo nada. —enrojeció apartando la mirada, más molesta que arrepentida.
Pero eso al orgulloso artista marcial no le terminaba de servir, ¿tan difícil era de entender? Estaba herido en lo más profundo de su ego, y eso que su autoconcepto era excepcionalmente resistente a cualquier vapuleo.
Akane no tenía ni una pizca de tacto.
—¿Eso es una excusa? —replicó indignado.
—¿Excusa?¿a qué demonios has venido? ¡No creerás que me voy a disculpar contigo por haber caído en una de las trampas de Shampoo! —adivinó ella sin necesidad de más explicaciones, Ranma alzó la barbilla descubierto y aún así orgulloso en su postura.
—Por tu culpa soy el hazmerreír del instituto. —aclaró el chico sacando a relucir toda su molestia, su prometida no cabía en sí por la incredulidad.
—¿Que tú eres el hazmerreír del instituto? ¡He sido yo la que se ha estado comportando como una maníaca! ¡Soy yo la que siquiera puede levantar la cara de la vergüenza delante de Ryoga o de cualquier compañero de clase! ¿Te has parado siquiera a pensar en mis sentimientos?
Por supuesto que no había hecho tal cosa, y mucho se temía que ya era tarde para eso, sus palabras se enredaron y salieron por la tangente, la única que se permitía con ella, la de los insultos.
—¡Eso te pasa por dedicarte a coquetear con todos! ¿Sabes lo estúpido que me sentí viéndote comportarte de esa forma?
—¡Habló el fenómeno de las tres prometidas! —respondió airada. —¡Así es cómo me siento yo todos los malditos días de mi vida!
Se miraron con sus mutuas respiraciones haciendo que sus pechos subieran y bajaran a ritmo de carrera. Estaba claro que ninguno iba a dar su brazo a torcer.
—Eh, ni pienses que estaba molesto por eso, es sólo que la gente habla… — se excusó pobremente el artista marcial.
—¿Así que lo único que te duele es el orgullo? —apuntó ella a matar. —¿Nada más?
Ante su mutismo Akane pareció resignada, dejó escapar un hondo suspiro de derrota.
—Está bien Ranma, siento mucho haber coqueteado con otros tipos delante de tus narices, en adelante seré más discreta.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir?
—¿No querías una disculpa? ¡Pues ahí la tienes! —le espetó comenzando a salir del dojô haciendo resonar fuertemente sus pasos.
—¡No estoy hablando de eso!
—¡Muérete de una maldita vez! —terminó ella la conversación lanzándole una de las tablas de madera que habían quedado sueltas y que el chico no pudo esquivar.
Cuando se recuperó del golpe descubrió que no estaba ni mucho menos satisfecho con las disculpas, y que ahora se encontraban aún más lejos de hacer las paces.
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—Con permiso. —no era algo que le agradara hacer, pero no podía dejar las cosas tal cual.
Entró en el Neko Han Ten y le costó unos segundos adaptar la vista a la oscuridad del local en comparación con la luz de la calle. Parpadeó molesto hasta que distinguió las figuras que hablaban en mitad de la sala, ajenas a su presencia.
—¿Akane? —tentó al escuchar su fina voz, la conversación cesó de golpe.
—Ranma venir. —dijo Shampoo con una voz tan fría como un témpano de hielo, sin recibimientos alegres ni saltar en sus brazos, estaba claro que estaba molesta, no, más que eso, estaba enfadada.
Su espalda estaba recta, tanto que le daba el aspecto de un gato erizado, listo para saltar sobre el ratón y hacerlo trizas con sus afiladas uñas.
Al artista marcial no le costó demasiado comprender el porqué de su actitud, a escasos metros se encontraban Akane y Mousse, seguramente ella había ido a disculparse, estaba dentro de su naturaleza educada. Disculparse con el pato cegato por haberle metido en un apuro debió resultarle adecuado, pero no con él, claro.
Nunca con él.
Se dedicaron sendas y furibundas miradas, tras lo cual Akane continuó hablando con Mousse, justo por donde lo había dejado.
—Espero que no te resultara violento, no quiero que te hagas una idea equivocada de mis intenciones.
—No te preocupes Akane Tendô, entiendo que no estabas en tus cabales. —contestó él rascándose la nuca, visiblemente nervioso por la presencia de la chica. —Yo intenté... ya sabes, no propasarme.
—Te lo agradezco. —ambos enrojecieron haciendo de la escena algo tan incómodo como innecesario, Ranma y Shampoo lucían exactamente la misma expresión de asco en sus rostros.
—Si ya terminar Akane poder irse. —interrumpió la china, para nada avergonzada o arrepentida.
El caso es que Ranma estaba de acuerdo con ella, si ya había terminado de hablar con el idiota aquel bien podían irse.
—Shampoo, ¿no crees que le debes una disculpa a Akane por todos los problemas causados? —habló Mousse con voz firme, era raro verle enfrentar a la amazona
Los labios de Shampoo se curvaron en una mueca de disgusto y su orgullo salió a relucir.
—Shampoo no hacer nada, ella sola haberlo buscado. ¡Mousse estúpido! —gritó antes de salir disparada hacia la cocina, la inaudita escena les pilló a todos por sorpresa, incluso al aludido, era por todos sabido que la amazona no actuaba así jamás.
—Déjala, es igual. Aún así te agradezco que lo hayas intentado. —dijo Akane haciendo una leve y adorable inclinación, ante lo cual Mousse volvió a actuar de forma errática, sonriendo como un estúpido.
—No, que menos, también es culpa mía por no haber estado atento a sus jugarretas.
—Ejem. —en algún momento el chico de la trenza había llegado a su lado y les observaba suspicaz. —Akane, es hora de irnos a casa.
Ella le ignoró, hizo como si de hecho ni existiera.
—Tu no tienes la culpa, Mousse.
De nuevo el chino pareció ponerse nervioso y comenzó a juguetear con sus manos, como si no supiera bien qué hacer con ellas.
Y Ranma, sintiéndose un vez más ignorado y pisoteado refunfuñó audiblemente. Ya se le había olvidado el motivo que le había llevado hasta el restaurante, ahora solo quería que Akane dejara de ser amable con el gafotas.
—Sí puedo hacer algo para que te sientas mejor…
—Ya has hecho más que de sobras no haciendo nada. —interrumpió Ranma, más que harto de tanta palabrería. —¿Podemos irnos de una vez?
—Eres un maleducado. —respondió Akane, ante lo cual el chico de la trenza no se molestó en siquiera negar la afirmación.
La tomó de la mano y la guió hacia la salida, sin más palabras ni despedidas, tiró de la callada muchacha un par de manzanas sintiendo el sudor de su mano en la suya, el calor asfixiante de aquel día de verano empapando su espalda.
—¿Cuando vas a dejar de comportante como un crío? —preguntó ella de improviso, a pesar del enfado su voz parecía calmada, quizás controlada en exceso.
Y Ranma descubrió, no sin sorpresa que no podía, o quizás más bien no quería responder. Solo quería llevarla con él de vuelta a casa, lejos de todo el mundo, de los ojos de los demás. En su fuero interno, egoísta y tristemente herido quería un rato a solas con Akane, en el que ella fuera amable y le sonriera con la misma candidez que al idiota de Mousse.
Quería a la dulce Akane de regreso, y cuanto antes.
—¿Y qué si me comporto como un crío? —se defendió después de un buen rato, habían caminado tanto entre medias que la chica prácticamente tuvo que recurrir a su memoria para saber en qué punto de la conversación se encontraban.
—¿Lo dices en serio? —Akane sintió como la presión sobre su mano se soltaba de golpe, no así el paso del artista marcial quien avanzaba por la calle a paso casi militar. Tuvo que dar unas cuantas zancadas para conseguir alcanzarle y aún así no pudo más que quedarse a escasos metros de su espalda.
Vio su trenza bamboleándose de lado a lado, su figura firme y recta y sus puños apretados en clara señal de frustración, ¿qué era lo que el idiota de su prometido quería de ella?
—Ranma… ¡Ranma! —le llamó sin resultado, era obvio que estaba frustrado, pero ella no se encontraba en mejor situación.
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En toda pelea al final una de las partes tiene que tragarse su orgullo y ceder, claro que nunca se menciona el hecho de que puede que ambos orgullos tengan el tamaño del planeta júpiter.
Akane Tendô estaba furiosa, dolida, avergonzada… pero sobre todo estaba cansada de seguir enfadada, descubrió que hasta del odio uno puede aburrirse.
Miró con desdén a su terco prometido practicar algunas catas desde la ventana de su habitación. Había pasado la hora de la cena y por fortuna el sol había dado una tregua a los habitantes de la zona, trayendo un ligero frescor que no duraría más que hasta el nuevo amanecer. En esas horas previas a la total oscuridad, la chica sintió que no podía seguir como hasta ahora, al fin y al cabo era Ranma Saotome, un maldito patán en cuanto a sus sentimientos propios, no digamos ya ajenos, ¿qué podía esperar?
Ya bastante había sido por su parte confesar su infantil comportamiento, no iba a sacarle una sola palabra más. Le conocía lo suficiente para saber qué era lo que necesitaba, quizás lo que ambos ansiaban secretamente. Lo complicado era dar ese angustioso primer paso.
Suspiró, ¿qué demonios?, iría a hacer las paces con ese idiota.
Se miró en el pequeño espejo de mano que había sobre su mesilla y se mesó los cabellos, iba vestida con un vestido corto que solía ponerse en verano, nada especial ni llamativo, pero así estaba bien.
Descendió por las escaleras y le encontró justo donde le había dejado, tirando patadas al aire de forma furiosa, airada, luchando contra un enemigo invisible que bien podrían ser sus propios pensamientos.
Se dirigió a la cocina y cortó unos cuantos pedazos de sandía, eso serviría a modo de pipa de la paz. Regresó sobre sus pasos y se sentó en el porche, dejando con cuidado la bandeja a su costado, no pasaron más de unos segundos antes de que el chico se percatara de su presencia. La miró cargado de desconfianza.
—Traje sandía. —dijo sin más ella antes de coger un pedazo y morderlo con delicia, invitándole y al mismo tiempo no haciéndolo, el muchacho dejó sus golpes al aire y respirando agotado se dejó caer al otro lado de la bandeja.
—Gracias. —respondió áspero dándole un tremendo bocado a la dulce fruta.
Comieron en silencio un pedazo tras otro, dirigiéndose esquivas y tímidas miradas que no coincidían, disfrutando de su mutua compañía.
—Ranma yo…
—Akane…
Ambos se miraron y volvieron los rostros a la vez, interrumpiéndose torpemente.
—Tú… tú primero… —dijo él, y Akane hizo de tripas corazón, sintiendo la garganta llena de agujas.
—Sólo quería darte las gracias por… bueno, por cuidar de mí y no dejar que me fuera con ningún tipo raro. —metió sus cabellos con distracción tras su oreja y miró cabizbaja a su prometido. —Podría haber pasado algo terrible si no hubieras estado vigilándome.
El artista marcial la contempló patidifuso, sintió como su pecho se llenaba de aire, aunque más bien era de orgullo, de su recompuesto y perdido orgullo que regresaba a su ser.
—Tonta, yo siempre te estoy vigilando. —soltó sin más, su lengua fue un segundo más rápida que su consciencia, enrojeció hasta que se sintió explotar de calor. —¡Q-quiero decir que una chica tan torpe como tú siempre se está metiendo en problemas! ¡Tengo que ser precavido!
Pero ni todos los intentos desesperados por estropear aquel momento hicieron mella en el ánimo de Akane, quién le miró sorprendida y halagada, sonrió adorable haciéndole entender que no le creía, o que solo lo hacía a medias. Lo mismo daba.
Se inclinó sobre la bandeja, ahora solo con las cáscaras de la sandía, lo suficientemente cerca, lo suficientemente rápida para no poder dar marcha atrás.
Sus tiernos labios rozaron la mejilla de Ranma en un gesto sorprendente, dulce y revelador.
Su cuerpo no tardó más de un segundo en regresar a su lugar, en recuperar la verticalidad. Si se hubiese atrevido a mirarle, si la vergüenza no hubiese sido tan profunda se habría dado cuenta de que su prometido se había convertido en piedra y hasta había dejado de respirar.
—Buenas noches. —dijo consumida por su atrevimiento, poniéndose en pie y huyendo a la carrera con pasos sonoros y rápidos al refugio de su habitación.
Cuando la puerta golpeó sobre sus goznes Ranma despertó. Se llevó una temblorosa mano a la mejilla, al lugar que ella acababa de rozar con su boca, ¿no lo había soñado?¿no era aquello fruto de su imaginación?
Le costó unos cuantos minutos en aquella posición percatarse de que había pasado de verdad, ¡Akane acababa de besarle! Se puso en pié de golpe, agitado de igual forma que si hubiera bebido un cubo de cafeína.
La sonrisa acudió a su rostro, haciéndole olvidar por completo cualquier acontecimiento previo a aquel momento, aquel glorioso y ansiado momento.
Cerró los puños en una silenciosa celebración, agitándolos al aire.
Desde su habitación Akane le miraba tímida, escondida tras el marco de su ventana. Ella también sonreía.
—Te estoy viendo, idiota. —murmuró para ella misma antes de dejarse caer abochornada sobre su cama.
FIN.
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¡Terminé! jajaja, no quería dejar este pequeño fic pendiente y ya estaba viendo que me costaba mucho acabarlo. Como podéis ver no es gran cosa, solo una historia rutinaria, pequeña, dulce y un poco picante XD.
En fin, muchas gracias a todos los lectores por darme tantos ánimos para terminarla, y en especial a mi querida beta reader argentina Nodokita, siempre dispuesta a ayudar con las correcciones.
Me despido queridos lectores, no se hasta cuando, pero en algún momento prometo regresar con nuevas y (espero) interesantes aventuras de nuestra pareja favorita.
¡Adiós!
LUM
