Capítulo 2.

Han pasado tres años desde que se fue, en todo éste tiempo no he parado de buscarla y no he perdido la esperanza de algún día encontrarla, tengo la confianza de que si paso lo suficiente frente al restaurante de su padre, la pueda ver. Es su papá y ella no lo abandonaría, es obvio que el la visita a menudo, sólo que nunca lo he visto partir para seguirle y al fin encontrarla.

En éstos años han sucedido muchas cosas, mi matrimonio sólo es de apariencia pues simplemente no tenemos intimidad o algún contacto físico, debo confesar que el único beso que hemos compartido fue hace tres años frente el altar y eso porque más que deseo, era un protocolo que seguir. Sus labios no eran cálidos, es más, parecían no tener chiste alguno.

La empresa va en viento en popa, el director Oizuna ha recuperado la inversión y yo he amasado una sustanciosa fortuna que aunque me divorcie de Sahoko y su abuelo cierre la empresa no sufriré carencias y no me importaría quedarme en la calle si eso significa tener a mi lado a Kotoko, el valor que no tuve hace años cuando la tenía, irónicamente se había fortalecido a raíz de su ausencia.

Ocasionalmente visito el Aihara aparte de disfrutar de la deliciosa comida y mi esperanza de reencontrarme con Kotoko, me gusta pasar tiempo con el papá de mi amada, pues tenemos buenos temas de conversación. Rara vez le pregunto por ella y cuando lo hago la única respuesta que recibo es: "está bien, gracias por preguntar". Aunque quisiera saber más, comprendo que él le ha hecho una promesa a su hija y es evidente que por mas insistente que fuera nunca la romperí los meses pasaban la partida de ella se hacía cada vez más pesada.

Al parecer Kinnosuke encontró el amor en una chica extranjera que llegó de intercambio a Japón, su nombre es Cristine Robbins. Ella le ayuda en su restaurante por las mañanas y en las tardes en el Aihara, gracias a Cristine vienen muchos comensales internacionales y el pequeño restaurante japonés se ha ganado una buena reputación de talla mundial. Kinnosuke siempre que me mira lo hace con desprecio, una vez me dijo que a pesar de estar profundamente enamorado de la extrajera, nunca me perdonaría el hecho de haber herido profundamente a Kotoko e independientemente de sus sentimientos hacia ella, su dolor y su amor no correspondido que la hacían sentir miserable era lo que más rabia e impotencia le causaba, pues ella no tenía por qué desperdiciar tanto amor en una persona tan egoísta como yo. No puedo negar que él tiene razón.

Como de costumbre llegué a mi casa con la única intención de irme a dormir. Me descalcé y entré a la residencia a comer lo que la cocinera había preparado ese día, era una deliciosa pasta a la boloñesa acompañado de un puré de papas exquisito. Al devorar todo aquello recordé los desastres químicos de Kotoko y comencé a reírme de todo aquello, aunque fuera una vez quisiera volver a disfrutar la comida que con esfuerzo cocinaba, no me importaría que estuviera muy salado, picante o insípido, sólo quiero impregnarme de su presencia y no despegarme de ella jamás. Al terminar de comer, puse los platos en el fregadero y subí a mi habitación esperando dormir profundamente y volver a soñar con ella, pero al entrar me encontré con la silueta de mi "querida" esposa con un atuendo algo seductor. Aunque es hermosa no tengo deseos hacia ella y claramente prefiero masturbarme que tener algún contacto físico con Sahoko, me desagrada su presencia tanto que no puedo imaginar teniendo relaciones sexuales con ella.

- Naoki, querido te he estado esperando - me dijo mientras caminaba hacia mi con un tono seductor, según ella - haz llegado tarde y de seguro cansado, ¿que te parece si nos relajamos los dos? -

Rodeó con sus brazos mi cuello y al instante la aparté de mi.

- Sahoko, gracias por la invitación pero prefiero dormir, ve a tu cuarto y haz lo mismo - dije caminando hacia la otra dirección de la habitación.

- ¿Acaso eres hombre? - gritó - ¡No te has puesto a pensar que tengo necesidades! Estamos casados desde hace tres años ¡Tres malditos años! Y no hemos tenido más intimidad que aquel escueto beso en la iglesia. - comenzó a llorar con mucho dolor - me casé contigo porque te quiero y a pesar de que sé que tu amas a Kotoko, guardaba la esperanza de que al irse tu te fijaras en mi y me amaras...

- ¿Tu cómo sabes eso? - me volteé para confrontarla, nunca le había contado de mis sentimientos hacia Kotoko y tampoco le dije que se había marchado, es más, nunca hablamos de nada en sí, sólo temas triviales.

- Cuando te conocí era obvio por tu manera de mirarla, de hablarle, de preocuparte a cada segundo por ella. ¿En verdad me crees tonta? Ella no es más que una chica estúpida sin gracia ni linaje que no hace más que...

- ¡No vuelvas a hablar así de ella! - le di una bofetada - ¡Tú no la conoces y te atreves a juzgarla de esa manera tan cruel! - Sahoko me miró estupefacta, pensé que me iba a decir algo pero no lo hizo así que continué - ¡Ella es la mejor mujer en el mundo! es más, te diré ésto sólo una sola vez y espero lo entiendas, no te quería ni te quise ni te querré, ¡lo único que me importaba era el dinero de tu abuelo! que me sirvió mucho ¿te vistes de esa manera ridícula para provocar mi libido? - le dije mirándola de la manera más cruel que podía - No querida, a la única mujer que realmente quiero poseer, hacerle el amor y perderme en sus besos es Kotoko, tu ni con tu dinero ni tu linaje le llegas a los talones.

- ¿Entonces por qué no te divorcias de mi? ¿Por qué me sigues humillando de ésta manera?

- ¿Crees que soy tonto como para dejar que tu abuelo me arruine la vida de nuevo? Casarme contigo y perder a la mujer que amaba fue la peor decisión que he tomado - le dije - Tienes razón en que debo divorciarme de ti y dejar de hacerte sufrir pero simplemente, no puedo dejar de querer hacerte daño sólo por meterte en mi vida.

- ¡Nadie te obligó a casarte conmigo! - me dijo con dolor en sus ojos.

- Quizá tengas razón pero tenía mucho que perder en ese entonces si no accedía, mientras ella no regrese tu pagarás el precio de su ausencia - le dije fríamente - ahora por favor sal de mi habitación y no vuelvas a intentar seducirme porque no te funcionará.

- ¡Te odio!

Fue lo último que dijo mientras salía de mi habitación azotando la puerta, respiré hondo y me tranquilicé, sabía que había actuado mal y me sentí mal por la bofetada que le dí, sin embargo, al oírla hablar de esa manera de mi bella dama me hizo hervir la sangre, pero no tanto porque ella lo dijera sino porque alguna vez yo pensé lo mismo y por esa razón la perdí. Tenía razón, si no la quería debía divorciarme y dejar que fuera feliz con alguien que si la amara, pero no tengo motivo alguno para cambiar mi vida tal como está, me gusta codearme con gente importante y disfrutar de aquello mientras encuentro a Kotoko, aparte que tengo mucho que perder si me divorcio de Sahoko de manera inmediata..

Al día siguiente Sahoko no salió de su habitación y supuse que estaba aún deprimida, tenía intenciones de disculparme por todo lo que pasó en la noche pero supuse que si lo hacía ella lo confundiría con algún interés amoroso y mejor dejé las cosas como estaban.

El día en el trabajo estuvo muy intenso, planear las estrategias de marketing para el próximo videojuego, hacer el balance de las ganancias y pérdidas del mes, comparar los productos de la competencia para poder mejorar el nuestro y sobretodo, hacer que las cosas que había dejado atrás valieran un poco la pena.

Mi padre se encuentra bien de salud y de vez en cuando viene a la compañía a trabajar y dirigirla por un rato, para no perder el hábito que por tantos años tuvo, por fin mi padre puede descansar más y su vida podrá ser más extensa. Mi hermano Yuki había entrado sin problemas a la escuela media y verlo es como un Deja vú, ya que siempre que lo veo una que otra chica se le acerca para declararse y el de manera fría y cortante las rechaza igual como yo lo hacía... Igual como yo lo hice.

Mientras manejaba por las calles recordé ese día en el que Kotoko me quería entregar una carta donde expresaba sus sentimientos y el fastidio que sentí cuando la vi hacer lo mismo que dos o tres muchachas en la semana, pensé que era una joven más que pronto se fijaría en otra persona y me dejaría en paz pero nunca imaginé que ella con su personalidad dulce e inocente que puso sus mejores intenciones en aquello, se iba meter en mi corazón y en mi alma.

Sin darme cuenta había entrado en la calle que lleva hasta el restaurante Aihara y decidí pararme para saludar y comer algo delicioso. Ésta vez no guardé esperanza alguna de verla, simplemente quería impregnarme de algo suyo y volver a sentirla cerca.

Me estacioné y apagué el motor de mi auto, respiré profundo y cuando me disponía a salir del vehículo, pude distinguir una silueta familiar. Era una mujer con cabello un poco corto, color negro y un buen cuerpo. Portaba un vestido corto color azul que le quedaba perfectamente. La observé dentro del carro para pasar desapercibido y entonces la vi de frente, mi corazón latió con más fuerza de lo habitual, comencé a sudar de manera excesiva y en mi rostro se enmarcó una sonrisa sincera, Era Kotoko quien estaba por entrar al Aihara, estaba un poco cambiada pero eso no importaba, se veía simplemente hermosa y radiante. Como pude salí del auto y en cuanto comenzaba a caminar hacia ella, noté que no estaba sola, un tipo alto que se notaba que era extranjero iba detrás de ella, la tomó por la cintura y le dió un beso la mejilla, me quedé paralizado al ver que ella volteaba a verlo y le daba un mimo en los labios con una sonrisa encantadora.

La alegría que había sentido al volver a verla se había ido tan rápido como apareció, pues la mujer que tanto amaba y a la que tanto había buscado, simplemente ahora disfrutaba de las caricias y besos de alguien que no era yo.


N/A: Gracias por leer el primer capítulo, espero poder actualizar seguido y que ustedes sigan disfrutando de éste fic que bueno, quiero descargar mi furia por Irie por hacerle muchas cosas crueles a Kotoko ¿Ya era hora que lo pagara no?. No se olviden de dejar Reviews y decirme que tal les ha parecido. De nueva cuenta, Gracias por leer.

Melina Tolentino