Entre el amor y el deber

Capítulo 2

NdelA : Este fic esta basado en los personajes de la leyenda de Korra, propiedad de Bryke.

Bueno, aquí le seguimos avanzando. Este capítulo trae cosas. Les gustaría que Kuvira se casará con Asami? O que Korra se la robe? XD Hagan sus apuestas. Espero ya se vayan familiarizando con el Kuvisami, que ahora que estoy volviendo a ver el libro 4 de Lok me enamoró más de Kuvira. Espero les guste este capítulo. Gracias por sus comentarios. Se agradecen mucho. Ahora si que los reviews como los aplausos, son el alimento del escritor o el intento de escritor, en mi caso.

La casa mayor de los Earth estaba de luto, se cubrieron todos los cuadros familiares con telas negras y los sirvientes se vistieron con ropas oscuras como señal de respeto por el deceso del dueño de la casa. Se dispuso la sala principal para el velorio del viejo Señor Wan, se llenó de flores y veladoras el lugar así como el incienso y el copal en los sahumerios para perfumar la estancia. Se velo el cuerpo toda esa noche, permaneciendo su hija Kuvira al pie del ataúd haciendo guardia. Asami estuvo a su lado sentada en una silla de frente a ella.

Le parecía una persona muy curiosa. Por lo poco que había conocido al viejo Señor Wan y a los sirvientes de la casa, nunca nadie había mencionado antes la existencia de una hija. Pero ahora estaba ella, allí, mostrando respeto y honrando la memoria de alguien que probablemente la hubiera rechazado por su condición de bastarda. Eso le parecía loable. Que a pesar de eso, aun agradeciera a su padre.

Pasaron las horas y a pesar de todo, la joven militar parecía no cansarse. Quizás estuviera acostumbrada a eso por la formación que tenía. La hija del administrador la observó atentamente. Ciertamente tenía un gran parecido al Señor Wan, su estatura la había heredado de él, así como el lunar de la mejilla y sus ojos, del mismo tono de verde.

La vio interactuar con todas las personas del pueblo que vinieron a presentar su pésame por la pérdida de su padre. Casi nunca cambio su semblante, siempre serio y reservado. En algún momento de la madrugada, Asami se acercó a ella para ofrecerle un poco de café y algo de comer, en primera instancia la joven heredera le rechazo educadamente la oferta, pero Asami insistió y al final termino aceptando.

Ojos esmeralda la condujo hasta la cocina y solicito un poco de comida para ellas y dos cafés de la olla para beber.

- El café lo tomas solo o con leche? - Le pregunto la hija del administrador.

- Lo prefiero solo sin azucar, gracias. - Le respondió, aun permanecía en pie.

- En verdad? No se te hace muy amargo? - Dijo al tiempo que servía el café en unas tazas de barro y los colocaba en la mesa de la cocina.

- No suelo consumir dulce y la leche la prefiero en el desayuno.

Hasta ese momento Asami se dio cuenta que la joven Kuvira no había tomado asiento a la mesa, estaba casi en la puerta de la cocina a la espera.

- Mis modales, discúlpame, puedes pasar y sentarte donde gustes. - Se avergonzó por su falta de cortesía.

- No te preocupes, esperare hasta que tu puedas acompañarme. Prefiero degustar los alimentos acompañada que sola.

Asami termino de arreglar la mesa y disponer la comida con ayuda de una sirvienta. Cuando iba a tomar asiento, Kuvira de forma atenta se acercó a mover la silla para que la joven de los labios rojos se sentará. Agradeció el gesto, espero a que Kuvira se acomodara y comenzaron a comer en silencio. Asami se moría de curiosidad de preguntarle algunas cosas, pero no quería parecer una cotilla o una entrometida, así que se mordió los labios para no hablar de más.

- Sucede algo señorita Asami? - Kuvira había bajado la cuchara y la miraba a la cara con una ligera expresión de incertidumbre.

- No, no sucede nada. Es que... No quisiera ser entrometida o hacerle preguntas que pudieran incomodarle. - la joven de ojos esmeralda decía con preocupación mordiéndose el labio inferior.

- Le recuerdo que tenemos un trato, acordamos conocernos, así que no tema ni dude en preguntar algo que desee saber. Quisiera llegar a conocerla tanto como ud me permita, que yo le ofrezco lo mismo.

Los ojos aceitunados de Kuvira la veían, transmitiendole confianza y seguridad. Le estaba gustando mirarse en esos ojos autosuficientes y fuertes.

- No quisiera incomodarle si es que mis palabras me llevan a tocar temas que pudieran ofenderle o molestarle.

- Le haré saber si en algún momento eso llega a pasar, pidiéndole me permita no responder cuando así sea.

El estómago de Asami parecía tener un nudo en él, haciendo que se tensara.

- Es solo que, desde que estamos aquí mi padre y yo, nunca habíamos escuchado de ud. De la existencia de un hijo del Señor Wan. - Se sintió mal al decir esas palabras, por que estaba tocando un tema delicado que quizás incomodara a su acompañante.

Kuvira tomo aire, frunció el ceño como solía hacerlo cuando pensaba en lo que iba a decir.

- Para nadie es un secreto que no soy hija legítima de mi padre, soy producto de un amorío que tuvo fuera de su matrimonio. Siempre he tenido que cargar con el estigma de ser una bastarda, ciertamente agradezco a mi padre el que me halla dado su apellido y reconociera ante la ley su obligación para conmigo. Sin embargo no era algo de lo que el estuviera orgulloso, a pesar de que siempre intente que el se sintiera así de mi. Me dio educación, cuido de que nunca me faltará lo necesario, pero siempre me mantuvo alejada de él. Creo que a su manera me quizo, pues si no fuera así, no habría pensado en mi en el final de sus días.

El corazón de Asami se llenó de congoja por las palabras de la militar, sin pensarlo, posó una de sus manos encima de la mano de Kuvira otorgándole un pequeño apretón, cosa que hizo sonrojar ligeramente a la chica que no estaba acostumbrada a las demostraciones de afecto.

Terminaron de comer en silencio y después regresaron a la sala principal.

Mientras tanto Hiroshi, se reunió con el teniente. Tenía una encomienda para él.

- Hay un trabajo que es necesario que hagas. Como siempre tu discreción para llevarlo a cabo.

El hombre al que apodaban el teniente, era uno de los trabajadores de la hacienda, un tipo que usualmente Hiroshi le encargaba trabajos que requerían de cierta malicia pues no eran buenos.

- Que es lo que requiere patrón? Sabe que puede contar conmigo.

- Necesito que te encargues de la hija del capataz, vigilala, informarme de lo que haga y no permitas que se acerque a la hacienda. No quiero verla merodeando por aquí.

- Como ud ordene patrón, pero que ha hecho la chamaca como para que no pueda andar por la casa mayor?

- Eso no es de tu incumbencia. Solo has lo que te ordenó.

- Oh, pos yo nomas preguntaba, pero como ud diga. Solo que su padre podría echarme la bronca por eso.

- No te preocupes por él. Esta enterado de que su hija no debe, bajo ningún motivo, venir a la casa mayor. Ahora vete y mantenme informado.

El teniente salio del despacho dejando a Hiroshi solo. Ya tenía ese asunto bajo control, ahora tendría que concentrarse en hacer que la joven Kuvira aceptará el compromiso con su hija y se casarán. Tenía en mente algunas actividades en las cuales ambas participarán y Asami hiciera gala de sus dotes para enamorar a la heredera.

El entierro fue antes del mediodía, no hubo contratiempos. Para la tarde, Hiroshi dispuso de una cena para las dos mujeres. Encargo ricos platillos y vino del más fino para agasajar a la hija del difunto dueño.

Antes de llevar a su hija al comedor, Hiroshi volvió a recordarle su deber para con él, debía hacer que la joven militar aceptará el matrimonio con ella.

- Buenas noches!

Asami entro en el comedor y de inmediato Kuvira se levantó de la mesa saludando cortesmente. Acercó una silla a la joven señorita y la ayudó a sentarse.

Los sirvientes colocaron la cena y vertieron el vino en las copas.

- Casi nunca tengo la oportunidad de degustar un vino como este. No suelo ingerir bebidas espirituosas o fermentadas, - dio un trago a su copa, - y ahora recuerdo por que. - el adusto sabor del vino le provocó hacer una ligera mueca que Asami encontró chistosa.

- Mi padre no me permite probar el vino, pero debe ser una ocasión especial para dejarme hacerlo. - tomo la copa y la acercó a sus labios aspirando el aroma que el vino emitía.

- La ocasión especial debe ser esta, el conocernos. Discúlpeme si soy franca, pero creo que su padre esta muy interesado en hacer que nos comprometamos. - el rostro de Asami se pinto de un tono rojizo por el evidente comentario.

- Mi padre solo desea lo mejor para mi. Se que este compromiso es muy precipitado y correspondiendo a su sinceridad, yo debo decirle que no me siento lista para ello.

Lo había dicho, no quería casarse, al menos no con ella. Kuvira la miró, Asami estaba visiblemente nerviosa cuando pronunció esas palabras.

- Entiendo cual es su posición. No está en mi imponerme a ud, este matrimonio no es lo que yo tenía planeado, sin embargo, no puedo negar el hecho de que ud a comenzado a atraer me y estoy interesada en ud y la idea de desposarla estaba comenzando a sonar fuerte en mi. Pero le reitero, no quiero forzarla a un matrimonio que ud no desea.

La hija del administrador permanecía en silencio con la vista puesta sobre su plato. Sabía que su padre no le permitiría rechazar a la señorita Kuvira.

- Si así lo quiere, romperemos el compromiso, alegando que no tengo interés en sentar cabeza y formar una familia, pues pretendo seguir mi carrera en la milicia. Le resarcire el daño, pagando una dote a quien ud eliga como su esposo.

Apuro su copa, se levantó de la mesa sin apenas haber probado bocado y se despidió de la joven dama.

- Si me disculpa, me retiraré a mi habitación. No se sienta mal por romper mi corazón. En verdad deseo lo mejor para ud.

Salio del comedor dejando sola a Asami. Las lágrimas pujaban por salir de sus ojos. Se sentía fatal por haber rechazado a la militar. Siendo está una persona muy reservada, el que dijera que había roto su corazón y reaccionará abandonando el cuarto, le hacía pensar que debió de ser doloroso para ella.

Se seco las lágrimas con su pañuelo y también se retiró del comedor.

Hiroshi no tardó en enterarse de lo sucedido. Monto en cólera por la actitud de su hija. Debía hablar seriamente con ella.

- Pero que diablos es lo que estás pensando muchacha? Acaso no amas a tu padre? Acaso no me respetas lo suficiente como para cumplir con lo que te pido? Es que no te he procurado todo lo que necesitas? Es así como me agradeces? Rechazando la mejor oportunidad que tienes para conseguir un marido que te proveerá y te cuidará.

- Discúlpeme padre, pero es que no le amo. No puedo casarme con ella si no le tengo ningún tipo de afecto.

- Hija mía, el amor y el afecto irán surgiendo conforme pase el tiempo. La señorita Kuvira es el mejor partido que podrás tener nunca. Es una buena persona que se que te cuidará y te respetará.

- Pero padre, yo amo a Korra.

Ante la mención de este nombre Hiroshi enfureció.

- Como puedes decir eso, ella no es nadie, no tiene nada que pueda ofrecerte. Olvídate de esa tontería, no rechaces el manjar por comer sobras. Tienes que disculparte con la señorita Kuvira y pedirle que vuelva a considerarte para ser su esposa.

- Pero padre...

- No se hable más del asunto. Mañana mismo te disculparas con ella y harás lo que te digo.

Hiroshi sentenció a su hija, no permitiría que se saliera de sus planes.

La chica se derrumbó llorando sobre su cama. Como podía su propio padre imponerle esa carga de casarse con alguien a quien no amaba. Lloro tanto hasta quedarse dormida.

Un pequeño ruido la despertó más tarde. Un golpeteo en el ventanal del balcón la hizo salir de su sueño. Se levantó y camino hasta él balcón abriendo la puerta.

Korra salto dentro de la habitación abrazando fuertemente a la chica de ojos esmeralda.

- Korra amor mío, te he extrañado tanto. - Asami se aferro al abrazo que estaban compartiendo.

- Mi rayo de luna, no había podido verte, me entere de tu compromiso con el viejo Wan y vine a buscarte, pero tu padre me azotó cuando estuve aquí. Además me prohibió y amenazó a mi padre con hacer algo si volvía a buscarte.

Hasta ese instante, Asami reparo en las marcas que había en la cara de Korra. Muestras de los golpes que había recibido. Por primera vez detesto al que se decía ser su padre.

- Korra, Dios, lo siento tanto.

Con la yema de su dedo dibujo cada una de las pequeñas cicatrices que estaban comenzando a sanar. La chica de los ojos celestes atrapó su dedo y lo beso, beso su mano y tomo su rostro para besar sus labios.

- Haz estado llorando. Acaso es por el viejo? - pregunto con un poco de celo.

- No, mi padre quiere que me case con la hija del Señor Wan.

Esa noticia tomo por sorpresa a Korra. Si sabia que tenia pocas posibilidades de lograr que de algún modo ser ella quien desposara a Asami con esto toda posibilidad desaparecía. Como competir contra eso.

- Había escuchado hablar de la supuesta hija ilegítima del viejo. Pero como es que ahora estas comprometida con ella?

La chica de labios rojos, le contó el como su padre había inventado lo del deseo del viejo Señor Wan para convencer a la hija de este para desposarla, pero ella la había rechazado. Recordó la expresión de Kuvira al hablar de su corazón roto, se mordió el labio y el gesto no paso desapercibido para Korra.

- Ella te gusta? Por lo que me han contado, es muy guapa. En su uniforme se ha de ver muy bien.

- Claro que no me gusta. Solo me da pena, su padre acaba de morir y aun cuando no fueran cercanos siento su perdida, ella es una buena persona.

- Si es tan buena, quizás debas casarte con ella.

La chica de los ojos zafiros estaba celosa.

- Korra, no digas eso, sabes que es a ti a quien yo amo.

- Lo siento, es que la idea de verte con alguien más me desagrada.

- Lo se, mi padre vino a verme hace un rato. Quiere que convenza a la señorita Kuvira de casarse conmigo. Se que no me va a dejar hasta que cumpla con lo que me pide.

Korra camino por el cuarto pensando en que podían hacer.

- Huye conmigo.

- Que?

- Huyamos juntas. Se que no tengo nada que ofrecerte, pero trabajaré duro para que salgamos adelante, buscaremos la manera de casarnos para evitar que tu padre nos separe. Podemos ir a la casa de mi tío y allí empezaremos nuestra vida juntas.

- Pero mi padre...

- Me amas?

- Claro que si.

- Entonces?

Asami pensó en Kuvira, antes que en su padre. Si huía con Korra, que pensaría Kuvira de ella. Es que acaso le importaba? No tenía por que. Desecho la idea.

- Esta bien.

- Perfecto. Voy a arreglar las cosas. Nos veremos al amanecer en el establo. Lleva solo lo indispensable. Prepararé los caballos para que podamos irnos.

Beso una vez más a Asami y salió del cuarto.

La joven de ojos esmeralda, rebusco entre sus pertenencias buscando lo que pudiera serle más útil para el viaje. Se decidió por su atuendo de jinete y en una pequeña maleta guardo algunas prendas extra.

Apenas y pudo cerrar los ojos para descansar. Estaba preocupada. Tenía miedo de su padre y de la reacción de Kuvira por su escape. No quería decepcionar a la chica de ojos aceitunados. Si le había ofrecido su ayuda, quizás debía hablar con ella y contarle la verdad.

Korra había cruzado el jardín rumbo a las caballerizas, estaba preparando las sillas de montar y dos caballos. Eligió el favorito de Asami, una yegua blanca con una gran mancha negra en el lomo.

- Mira que nos trajo el gato. Un pequeño pichón enamorado. - El teniente pareció de la nada frente la hija del capataz. - Sabes que el viejo zorro del administrador no quería que te acercaras a su hija o de lo contrario te iría mal.

- No tengo miedo de él o de ti. Déjanos en paz.

- Me temo que no puedo hacer eso niña. Por respeto a Tonraq no te golpearme... Demasiado. Es mejor que te vayas de aquí.

- Pues parece que no estamos de acuerdo.

Korra se puso en pose de pelea, invitando al teniente a ir por ella. Pero no hubo necesidad de tal cosa. Detrás de ella un hombre emergió de la nada y le propinó un fuerte golpe en la cabeza haciéndola perder la conciencia mientras caía al suelo.

- Llévatela, haz lo que quieras con ella, pero asegúrate que no regrese. Toma.

El teniente le arrojó una bolsa con monedas al tipo que acababa de golpear a la chica. El tipo la levantó y la echo sobre uno de los caballos que Korra estaba alistando. Le ato las manos y los pies. Monto el corcel saliendo a galope del lugar.

Asami tuvo cuidado escabullendose de su habitación, procuro no llamar la atención para no ser descubierta. Corrió hacia las caballerizas esperando encontrar a su amor Korra.

Cruzó la puerta de entrada y vio a su yegua blanca ensillado y lista para partir. Su corazón latía desbocado. Se apresuró a llegar a esta pero de pronto en su visión apareció un característico traje verde. Kuvira estaba tras la yegua acariciandole el cuello, su semental negro también estaba ensillado. Kuvira la recibió con una gran sonrisa en los labios.

- Tu padre me dijo que querías verme y salir a dar un paseo a caballo por los alrededores.

Que tal? Después de leerlo, que les ha parecido? Voy mal o me regreso? Estoy cruzando dedos, hasta los de los pies, para que les guste mucho esta historia. Saludos.

Ah, se me olvidaba, si conocen otra historia con Kuvisami, rolenmela pa leerla. Ahora si adiós.