Entre el amor y el deber
Capítulo 3
NdelA : Los personajes de este fic están basados en LoK, pero la historia es mía.
Hey que ya los leí, las historias que me recomendaron, lloré con el de las llamadas telefónicas u.u después estaba de nooooo por que ese solo fue un acoston de una noche u.u y finalmente termine con una sonrisa con la última historia, XD me encanta el Kuvisami.
Les voy a hacer sufrir un poco con este capítulo, un poco de drama. Ya saben el asunto novelesco, digno de la novela de las 9. Espero les guste, subiré a M la clasificación del fic, pues tiene partes un poco escabrosas. Por cierto como buena novela estoy pensando en cual seria la canción de apertura, alguna sugerencia?
Espero que esta cosa me haya respetado las separaciones en los cambios de escena. Si no, una disculpa de antemano.
Abrió los ojos con dificultad, poco a poco fue consiente del dolor que recorría su cabeza. Intento mover sus manos pero se dio cuenta de que sus muñecas estaban atadas a su espalda. Alguien la había dejado tirada en el suelo. Hasta ese momento Korra reparo en su derredor, estaba en un cuartucho destartalado. Como pudo se sentó, tiro de las cuerdas en sus manos pero no pudo deshacer el nudo. Se revolvió hasta que pudo pasar sus manos al frente pasándola por sus pies. Se incorporó buscando la manera de escapar de allí.
Había una pequeña ventana en una de las paredes. Asomó la cabeza por allí para tratar de ver donde estaba. Afuera el sol estaba cayendo en el horizonte. Probablemente llevaba en ese lugar todo el día.
- Asami!
Vino a su mente lo que había sucedido con el teniente, alguien la golpeó dejándola inconsciente y se la había llevado. Asami habría llegado a buscarla al establo pero ella no hubiera estado allí.
- Maldito teniente!
Busco a su alrededor algo con lo que pudiera quitarse las cuerdas, pero no había mucho en el cuarto que pudiera ayudarla. Siguió forzando la cuerda, las muñecas estaban enrojecidas por el roce apunto de sangrar cuando al fin pudo aflojarlas.
Se toco donde había recibido el golpe, un pequeño rastro de sangre. Por eso dolía tanto. Escucho pasos y se replegó a una esquina del cuarto ocultando sus manos sin soltar la soga.
Un tipo no muy alto, más bien bajito, de cuerpo fornido y cabeza calva entro al cuarto.
- Al fin despiertas. Toma, come algo y prepárate por que partimos esta noche a la capital.
Tiro un plato de metal con comida al suelo y salió del cuarto azotando la puerta.
Korra se acercó a ver el contenido, a pesar de todo tenía hambre. Comió un poco planeando la manera en que iba a escapar.
Las horas pasaron, la noche cayó al fin dejando en la oscuridad casi total el ambiente. Solo unas tímidas llamas iluminan fuera del cuarto y el exterior de la casa. Escucho pasos y se puso en guardia.
El tipo calvo entro al cuarto llevando en la mano un quinque con el que se iluminaba el paso. Entro de forma confiada, pensando que la chica aun estaba atada. Korra le salto por detrás sorrajandole el plato metálico en la espalda. El tipo se fue de bruces soltando la lámpara, la cual se rompió vertiendo su contenido aceitoso por el suelo.
Con la soga rodeo el cuello del hombre y la apretó fuerte.
- Quién diablos te contrato para llevarme? Responde.
El hombre calvo se revolvió tratando de zafarse del agarre pero Korra se mantuvo firme.
- Contesta!
- No lo se, yo solo sigo ordenes.
Le registro los bolsillos, sacó una pequeña bolsa con monedas y una pistola.
- Esto es lo que te pagaron? Seguramente fue el administrador de la hacienda Earth.
- No lo se, a mi solo me pidieron que te llevará lejos.
- Bueno en ese caso, creo que tomaré este dinero y me iré.
- Eso es mío.
Forcejeo y de algún lugar saco un cuchillo que blandio haciendo retroceder a la joven. Un corte ligero comenzó a sangrar en su brazo.
La chica de ojos azules le apunto con la pistola.
- Atrás, no quiero usar esto.
La amenaza no pareció importarle, pues se abalanzó sobre Korra. Ella disparo, sin embargo el arma no funciono, ninguna bala salio de él. El frío tacto del metal penetro en su vientre, provocandole un agudo dolor.
- Querías matarme pinche india, pero vas a ser tu la que se muera. Es una lastima desperdiciar tan hermosa hembra.
El tipo soltó el puñal lleno de la sangre de la joven y lo puso a un lado, mientras comenzaba a aflojarse el pantalón con la temida intención de aprovecharse de Korra.
La sangre brotaba de su estómago manchando su ropa. Trato de pararla haciendo presión con su mano, pero esta también estaba ya empapada con el líquido. Se dio cuenta de lo que el hombre calvo ese iba a hacer. Quería abusar de ella.
- Aunque sea en tu lecho de muerte vas a disfrutar lo que es un hombre.
Se abalanzó sobre ella, abriéndole las piernas y desgarrando sus ropas. Dejo caer el peso sobre ella. En la desesperación Korra miró a todas partes buscando algo que pudiera ayudarla. Divisó el puñal unos centímetros más allá, si embargo con el peso del tipo encima suyo no podía moverse. Aun tenía el arma en su mano, aunque inservible, le ayudaría a quitárselo de encima.
Con la culata de la pistola golpeó la sien del hombre, esto lo saco de balance, con la adrenalina corriendo por sus venas Korra lo empujó echándolo a un lado suyo. Se estiro y tomo el puñal. El tipo calvo se recuperó y arremetio de nuevo contra ella, pero antes de poder hacerle algo más, la joven le clavo el puñal en el cuello.
La sangre roja comenzó a salir a borbotones, se llevó las manos al puñal y lo saco de su garganta. El líquido Se le agolpo en la boca comenzando a escupirlo. Extendió una mano hasta Korra pero ella lo apartó arrastrándose para alejarse de él. Los ojos del tipo estaban desorbitados, de estaba ahogando con su propia sangre. Exhaló una ultima vez salpicando con la sangre a Korra y cayó inconsciente dando algunos espasmos hasta que estos terminaron.
Korra se agarraba el estómago tratando de contener su propia sangre. Se sentía débil. El efecto de la adrenalina parecía haber acabado. Sin embargo, ella sabia que si se rendía en ese momento nunca más volvería a ver a Asami. Con ese pensamiento en su mente se obligó a levantarse. Se le dificultaba el respirar, cada paso que daba era un profundo tormento. Llego hasta la puerta dejando el rastro de su sangre en el pomo de la puerta. Se recargo en la pared para ver una ultima vez hacia atrás.
Un enorme charco rojo se había formado alrededor de su raptor. Escupió al suelo y lo dejo atrás.
La noche se cernía sobre todo. La oscuridad no le permitía saber exactamente donde estaba, avanzaba torpemente. A lo lejos pudo divisar unas luces, así que hacía allí se dirigió. Las piernas comenzaban a fallarle, los pasos erráticos casi la hacían caer. Estaba a unos pasos de esa luz cuando dio un paso que la desequilibro cayendo al suelo emitiendo un grito de dolor. Con su mano libre trato de alcanzar la ligera luz que se veía pero sus ojos estaban negándose a seguir abiertos. Apenas y pudo ver unas sombras que se aproximaban a ella. No supo de si ya nada.
Asami y Kuvira habían regresado casi al atardecer de su improvisado paseo juntas. Su padre, Hiroshi, las había acompañado pues le estaba mostrando las tierras que ahora eran propiedad de la joven militar. Durante todo ese tiempo Asami permaneció en silencio pensando en el por qué Korra no había aparecido. Diciéndose que algo le había pasado a la chica de los ojos de zafiro como para que no se hubiera presentado.
Kuvira noto la distracción de Asami pero no dijo nada, no quería incomodarla delante del padre de la chica.
Durante la comida, la joven de los labios rojos apenas y probó bocado. Hiroshi y Kuvira discutían asuntos relacionados con los negocios de la hacienda. Para el administrador, la heredera preguntaba más de lo que él quería responder. Eso estaba empezando a fastidiarlo, puesto que Hiroshi sacaba dinero a expensas de la confianza del antiguo patrón.
Asami pidió retirarse de la mesa para ir a su habitación cuando ya no pudo seguir escuchando la conversación y se había cansado de mover su comida de un lado al otro del plato.
- Padre, señorita Kuvira, con su permiso iré a mi dormitorio, estoy realmente cansada del día.
Kuvira se levantó de la mesa por respeto a la dama que se retiraba.
- No se preocupe, uds sigan discutiendo sus asuntos.
- Espere señorita Asami, la acompaño a su cuarto. Por hoy creo que podemos dejar esta conversación. No es así?
Miró al señor administrador en busca de la respuesta afirmativa.
- Por supuesto, esto podemos seguir hablandolo en otro momento. Hija por favor, la señorita Kuvira ira contigo.
Abandonaron el comedor. Kuvira le ofreció el brazo a la joven señorita, el cual tuvo que aceptar Asami, aunque no estaba de humor para seguir representando el papel que su padre quería.
En silencio llegaron hasta la habitación. Asami abrió la puerta y se disponía a entrar cuando Kuvira le hablo.
- Señorita Asami, se que ahora que hemos roto nuestro compromiso no tengo ningún derecho a inmiscuirme en sus asuntos, pero ciertamente he notado que todo el día a estado distante. Acaso sucede algo que la esta preocupando?
La chica de las esmeraldas la miró y se le hizo un nudo en él corazón de ver como las cejas de Kuvira hacían ese gesto de sincera preocupación y a pesar de si misma, no pudo seguir fingiendo. Tenía que decirle la verdad. Entro a su cuarto dejando la puerta abierta para permitirle el paso.
Kuvira entro cerrando la puerta tras de sí. La hija del administrador se sentó en uno de los sillones que había en el cuarto y le ofreció el asiento contiguo.
- Señorita Kuvira, no se muy bien como decirle esto, pero debo ser sincera con ud acerca de mis sentimientos.
- Se lo agradecería señorita Sato, realmente me gustaría saber que es lo que le impide aceptarme. Es verdad lo que su padre dice, de que esta muy afectada por la muerte del Señor Wan o es acaso ud esta enamorada de alguien más?
La joven de los ojos esmeralda se mordió los labios. Era lo correcto contarle a la heredera de su amor por Korra?
- Se que mi padre lo que más desea es verme felizmente casada con alguien digno, de buen linaje y rico. Pero que hay del amor?
- Ama ud a alguien?
- Yo no... No... Si...
Que caso tenía seguir fingiendo? Se decía Asami.
- Tranquila, se que en sus pensamientos hay alguien más. Aunque aún no pierdo la esperanza de que me considere en su corazón.
- Lamento, el no poder corresponder a ud como debería. Siendo tan considerada y comprensiva, debe pensar que soy una tonta por rechazarle. Ud es todo lo que cualquier chica desearía y estaría más que encantada de desposarme si no fuera por que mi corazón está... Considerando a otra persona.
- Y sus sentimientos son correspondidos?
- Si, quizás, al menos eso creí.
- Que es lo que le hace pensar así.
Asami, se estrujo los dedos. Hasta ahora Kuvira estaba siendo comprensiva con ella, pero si se enteraba de que había intentado escapar como habría de reaccionar.
- Mi padre no lo acepta. Por qué ella es... Una simple trabajadora de la hacienda.
Kuvira frunció el ceño, su rostro se torno serio, aun más severo de como usualmente lucia.
- Creo que es mejor que me retire. Ud ya es libre de su compromiso, y si sus sentimientos son correspondidos luche por ellos. Sin embargo, si aun hay alguna esperanza para mi, por mínima que sea, yo lucharé para que ud me ame.
Se levantó del sillón dirigiéndose a la puerta de salida.
- Señorita Kuvira espere...
La joven militar se detuvo y giro para mirarle.
- Yo... Yo...
La frase no pudo ser terminada por que la chica de los ojos aceitunados acortó la distancia que las separaba. Con sus manos tomo la cintura de Asami y la acercó hacia sí uniendo sus labios.
Kuvira se demoró en su contacto, disfrutando de la suavidad de los lindos labios rojos de la joven. Su corazón latía descontrolado. Pocas veces en su vida había dado rienda suelta a sus deseos y en ese momento su deseo por la chica de los ojos esmeralda le había cegado a hacer tal tontería. Besar a una mujer que no le correspondia en un último intento desesperado de aferrarse a ella.
Por su parte Asami, se sorprendió sobremanera, la reacción pasional de la joven militar la pilló con la guardia baja impidiéndole negarse al beso. Aunque en el fondo, algo en ella le decía que prolongará ese contacto con los labios rudos pero suaves de la chica mayor.
Sus mejillas se tiñeron de escarlata, pues su corazón comenzó a trabajar a marchas forzadas. Su respiración se volvió irregular. Tenía esa sensación extraña, la militar le atraía más de lo que ella estaba dispuesta a aceptar.
Posó sus brazos en los hombros de Kuvira y rompió el beso con lentitud. Sintiéndose torpe.
- Discúlpeme por el comportamiento, pero no me arrepiento. Solo quiero poder guardar este beso en mis recuerdos y que ud sepa lo que está dejando atrás.
Tomo la mano de Asami, que aún seguía estupefacta, dándole un suave beso. Se dio la vuelta y abandono la habitación.
Esa noche Asami no pudo conciliar el sueño. Su corazón estaba dividido.
- Hey como sigue?
- No lo se, Mako. La vieja curandera sigue trabajando en ella. Iré a ver que me dice.
Dos jóvenes estaban afuera de una casa de palos que pertenecía a una mujer que se dedicaba a atender enfermos. Una vieja ciega ermitaña que preparaba brebajes, pócimas y atendía mujeres parturientas.
Había estado desde hacía un par de horas atendiendo a Korra. Limpio la herida, la suturo y estuvo al pendiente de ella. Aunque la herida no había dañado gravemente los órganos internos, si había perdido demasiada sangre. La chica de los zafiros estaba pálida, como un pergamino, sudaba probablemente debido a la fiebre que empezaba a tener.
- Oiga, como sigue la chica?
Uno de los chicos, Bolin, el bajito, fornido, de cejas pobladas y ojos verde claro entro a la casa de la curandera.
- Quién te dijo que puedes entrar muchacho? Sal de aquí, afuera, vete. Mi trabajo ya esta hecho, ahora depende de ella si sobrevive o no.
A empujones saco al chico de la casa. Afuera estaba su hermano Mako, un joven alto, más delgado, de buen ver, de rostro atractivo y ojos ambarinos.
- Solo queda esperar, muchachos.
Dicho esto la mujer se sentó frente a la fogata que los jóvenes habían hecho al frente de la casa.
Los dos chicos se sentaron alrededor del fuego a esperar a que la joven se recuperará.
- Donde dicen que la encontraron?
La anciana les pregunto.
- Estábamos acampando cerca del río, cuando escuchamos un grito. Mi hermano Mako y yo fuimos a ver que era y nos la encontramos tirada.
- Si, no sabemos quien es o que hacía. Lo único que traía con sigo era esa bolsa de dinero. Quizás lo haya robado.
- Oh por dios! Es una ladrona! Hey no, espera, no parece del tipo.
- Bolin, eso no lo sabemos.
- Chicos tontos. Estaré muy vieja y ciega, pero se que no es nada de las sandeces que están diciendo.
La mujer saco un pedazo de tela que tenia un grabado.
- Reconocería este símbolo aun cuando no vea. Es una de las empleadas de la hacienda Earth. Tomen, vayan y busque al capataz, díganle que su hija esta aquí. Que se apresure a venir.
- Eso donde es? - Dijo dudoso el hermano mayor, Mako.
- Sigue el camino al pueblo de Tierra Verde, pasa derecho sin detenerte llendo hasta la casa mayor del viejo Wan. Sabrás llegar sin problemas.
Los chicos se miraron entre sí, sin saber muy bien que hacer
- Pero que esperan? Acaso una invitación de mi parte? Apresurense que no sabemos si la chica pueda sobrevivir a la noche.
La anciana saco una pipa, la preparo y la encendió con una cerilla. Mako y Bolin se levantaron y comenzaron a caminar, llevando consigo el pedazo de trapo que la mujer les dio.
- Mako, el pueblo ese esta muy lejos. Crees que llegamos a tiempo?
- Tenemos que apresurarnos, hay que avisarle a su familia.
Con eso en mente los chicos se perdieron en la negrura de la noche.
Casi amanecía, el sol empezaba a despuntar sus rayos en el horizonte cuando los dos hermanos llegaron a la hacienda. A las puertas de la casa mayor preguntaron a una de las sirvientas donde podían encontrar al capataz. Ella los envío a las casas que estaban cerca de la hacienda, diciéndoles que preguntarán por Tonraq.
Así lo hicieron, llegaron a donde había una serie de casas todas ellas construidas en adobe y palma, preguntando por el capataz.
- Quién me busca tan temprano? - Se dirigió a los jóvenes.
- Es ud el capataz Tonraq?
- Así es. Que es lo que quieren?
Bolin saco de entre sus ropas el pedazo de tela y se lo ofreció al capataz. El hombre cambio sus facciones duras a una de aflicción y después a una de rabia.
- Mi hija. De dónde sacaron esto?
Tomo a Bolin de su camisa de forma ruda, exigiendo respuestas.
- Nos encontramos a una chica malherida, la llevamos con la Toph la vieja curandera, ella la atendió y nos pidió que vinieramos a avisarle a ud.
- Hey deje a mi hermano. Nosotros solo la estábamos ayudando.
El capataz vio que estaba siendo demasiado hosco y trato de calmarse.
- Lo siento. Korra, mi hija, salió desde ayer en la noche, se supone que debería estar camino a casa de mi hermano en la capital. Como es que terminó así?
- No lo sabemos pero deberá acompañarnos. Hay que regresar a ver si pudo pasar la noche.
Tonraq entro en su casa y salió de nuevo con algunas cosas.
- Tomaremos el carruaje para que vayamos todos. Vengan.
Los tres se subieron a un pequeño carruaje de carga y emprendieron la marcha a la casa de la anciana.
No tardaron mucho en llegar. De la chimenea de la casa salía humo, probablemente estaría cocinando. Tocaron a la puerta y entraron, pues estaba abierta.
La anciana mujer estaba sentada frente al fogón, en donde tenía una olla que cocía una sopa de algo que no se sabría definir, pero aún así la habitación olia rico.
- Anciana, he venido lo más pronto posible, como esta mi hija?
El capataz le hablo con pesar.
- Tu hija esta grave, sin embargo hay buenas posibilidades de que siga viviendo.
La mujer mayor le señaló el camastro donde yacía Korra. Tonraq se aproximó a él y pudo ver a sí hija. No tenía buen semblante.
- Paso la noche y parece que la fiebre empieza a ceder. Es una chica fuerte, como su padre. Ahora cuéntame, en que lío se metió ahora.
Tonraq le contó a la curandera lo que había pasado entre ella y la señorita Asami, el compromiso de esta con el viejo Wan y ahora con su hija, así como la amenaza del administrador contra Korra si se acercaba de nuevo a la hacienda, por lo que decidió mandarla a vivir con su hermano en la capital.
- Bueno pues parece que alguien a querido sacarla del camino. En cuanto se recupere lo mejor que podrás hacer es enviarla lejos, asegurándote que realmente lo haga.
- Ese maldito hombre, lo mataré si mi hija muere.
- Es mejor que no hagas nada estúpido, de nada le sirves a tu hija si tu te matas. Hazles creer que ella murió y llevatela.
- Pero ese hombre tiene que pagar por lo que ha hecho.
- Evidentemente, pero no es el momento, si le ha hecho esto a tu hija, que te hace pensar que a ti no te matará también.
- Haz lo que te digo, llévala lejos y hazlos pensar que la chica murió, es lo mejor.
- Tal vez...
- Anda, toma esas ropas ensangrentadas, que los chicos te ayuden, ellos van a la capital.
El capataz salio de la casa de palos y fue a donde los hermanos estaban.
- Voy a necesitar su ayuda, como pago, podrán quedarse con el dinero que encontraron.
Los chicos le miraron con recelo.
- Vamos, necesito salvar a mi hija. Por favor.
- Esta bien.
Bolin fue el primero en aceptar. Ante esto, Mako no tuvo más remedio que hacerlo también.
- De acuerdo, haremos esto...
Asami no había pasado buena noche, eso se podía notar en las ojeras que se habían formado bajo sus ojos. Aun cuando las intento ocultar con maquillaje, estas seguían notándose.
Para el desayuno, lo hizo sola. Tanto su padre como Kuvira habían salido muy temprano de la hacienda. Seguirían viendo las cosas de la herencia tal vez.
La mañana paso sin novedad. La joven de ojos esmeralda trato de sacar información a las muchachas de la servidumbre hacerla de Korra. Pero nadie supo decirle nada. Pasado el medio día una de las sirvientas vino a buscarla.
- Señorita Asami, están buscando a su padre o a la señorita Kuvira, pero aun no llegan. Un joven esta aquí en la puerta de entrada, le urge hablar con alguien de la hacienda.
- Acerca de que? Dio alguna razón?
- No señorita, pero me parece que trae noticias terribles acerca de la hija del capataz.
Al escuchar esto, Asami se aproximó a la puerta de entrada, sea lo que sea, si eran noticias de Korra ella quería saberlas. Su corazón sufría de pensar en que cosa tan terrible era lo que venía anunciando el visitante.
Salio al jardín y lo vio allí, un chico fornido que traía algo entre sus manos, lo reconoció enseguida. Eran las ropas de Korra. Casi se desmaya al verlos llenas de sangre.
- De dónde sacaste eso? Que es lo que paso? Donde esta Korra?
- Encontré a una chica, estaba mal, intente ayudarla, la lleve con la curandera pero ya era tarde. Me dijeron que ella trabajaba aquí. Solo vine a dejar sus pertenencias.
Asami se sintió morir en ese instante. Korra, su Korra había muerto. Como era eso posible?
El capataz llego corriendo a donde estaban.
- Que ha pasado? Korra? Que le paso a mi hija?
- Lo siento señor.
- No mi hija no. Donde esta? Donde la tienes?
- Tranquilicese señor, yo solo vine aquí enviado por la curandera.
- Llévame con ella.
Los dos comenzaron a avanzar.
- Esperen, yo iré con uds.
- Señorita Asami, no creo que sea conveniente. Su padre se enojada demasiado.
- No me importa. Si es Korra, quiero ir.
En ese momento un grupo de personas llegaron a la hacienda. Montados a caballo llegaron, el administrador, la heredera y algunos caballerangos del rancho.
- Que sucede capataz?
El administrador pregunto.
- Mi hija señor, esta muerta. Este joven trajo la noticia. Iré a verla ahora.
- Su hija?
La chica de los ojos aceitunados, miró a los hombres allí y a Asami, la cual estaba llorando.
- Así es patrona, iré a buscarla.
- Esta bien, vaya. Si necesita algo, lo que sea, tome lo que requiera.
- Gracias patrona. Vamos chico.
- No esperen, yo también voy con uds.
La hija del administrador se adelantó con ellos.
- Asami donde crees que vas? Regresa a la casa, tu no tienes nada que hacer allí.
Su padre Hiroshi, desmontó del caballo dirigiéndose a donde estaba para llevarla de regreso a la casa.
- No papá, esta vez no, si es Korra la que ha muerto... necesito verla.
Su desesperación era mucha, tratando de zafarse del agarre de su señor padre. Luchaba sin mucho éxito.
- Hiroshi, déjela.
Kuvira montada en su caballo negro le corto el paso.
- Yo la llevaré.
- Pero señorita Kuvira...
- Ya lo he dicho. Tonraq toma un par de caballos del establo, partiremos en este instante. Dame tu mano.
Le ofreció su brazo a la joven de las esmeraldas y esta subió al caballo colocándose a su espalda.
El capataz y Bolin se miraron por un momento reaccionando al poco que Kuvira junto con la señorita Asami salieron a galope de la hacienda.
Tomaron los caballos que estaban utilizando los que acababan de llegar y les siguieron.
Atrás quedaron Hiroshi Sato y los otros rancheros. El teniente se aproximó al administrador.
- Busca al hombre que le encargaste la tarea. Mi orden no era matarla, solo mantenerla lejos. Mi hija la hará su mártir. Eso no es lo que yo quería.
Con la fusta del caballo golpeó a su hombre de confianza.
- No señor, veré que fue lo que paso.
El teniente monto su caballo y fue en busca del hombre calvo al que le encomendó a Korra.
Asami y Kuvira iban a todo galope. La joven de las esmeraldas le indico el camino a seguir. Pronto llegaron hasta la casa de palos.
La curandera estaba afuera. La militar ayudó a la señorita Sato a bajar del semental negro, bajando ella después.
- Donde esta Korra?
Asami se dirigió a la anciana.
- Lamento tener que decirte esto. La chica murió la noche anterior.
- No! Eso no puede ser.
Las lágrimas surcaban el rostro de la hija del administrador, siento sus fuerzas desvanecerse. La heredera la sostuvo antes de que pudiera caer.
- Tu debes ser la hija de Wan. Lamento lo de tu padre.
Con cuidado Kuvira cargo a la joven hasta un asiento donde la deposito.
- Dale esto. Que lo beba.
La mujer sirvió en una taza un extraño líquido que le ofreció a la militar, se lo colocó en los labios y la chica lo comenzó a beber haciendo algunos gestos pues el sabor no era bueno.
Tonraq y Bolin llegaron al fin, apearon de los caballos y se aproximaron.
- Al fin llegan. Mako! - Grito la anciana mujer. - el enterró el cuerpo por allá.
Señaló el lugar por donde ahora el hermano mayor se estaba acercando. Asami se levantó y quizo ir.
- Tranquila, vamos hacia allá.
Con ayuda de Kuvira, Asami fue hasta donde supuestamente estaba sepultado el cuerpo de Korra.
Mako se había encargado de hacer un tumba falsa. Al verla, la joven de las esmeraldas, rompió en llanto nuevamente aferrándose al abrazo de consuelo que la militar le estaba ofreciendo.
- Será mejor irnos.
Tonraq estaba de rodillas frente a la tumba.
La heredera tomo a Asami entre sus brazos y se la llevo de vuelta a la hacienda.
Bueno hasta aquí con este capítulo. Que les pareció? Espero leer sus comentarios, sin reviews que será de nosotros los escritores (la lucha se hace). Si conocen más fic Kuvisami recomiendenmelos. Saludos.
