Capítulo 7.

En mi nueva vida como hombre en proceso de divorcio, me siento más libre y conforme.

Hace ya una semana que no vivo en casa de Sahoko. Aquella noche recogí mi ropa y cosas necesarias y me hospedé en un hotel, después de contactar a mis padres y platicarles todo lo ocurrido, mis padres me dijeron que si quería podía volver a su casa y, así lo hice. Es difícil hacerme la idea de que después de tanto tiempo de vivir de manera independiente, vuelvo con mis padres. Espero no ser una carga para ellos.

Regresar a ese lugar me trae tantos recuerdos, muchos de ellos son tristes y decepcionantes. No me cabe duda que era o mejor dicho sigo siendo un hijo de puta que tuvo el amor y la oportunidad de ser feliz y pleno enfrente de mi nariz, pero por amargura lo dejé ir. Solo me queda imaginar mi vida como médico y a Kotoko como enfermera, yendo y viniendo de acá para allá, ella siendo un poco torpe pero al mismo tiempo, esforzándose para mejorar todos los días.

Salgo de mi habitación y no puedo evitar mirar en dirección al cuarto que ocupaba Kotoko en aquellos días. Entonces como una película viene a mi mente aquella vez que le ayudé a estudiar para estar dentro de los cien mejores alumnos de la escuela. Recuerdo haberme desesperado hasta tal punto de querer decirle que era una idiota y que jamás iba a poder lograrlo, sin embargo, su dedicación, empeño y perseverancia me cautivó y puso una pequeña pausa a mi crueldad. Creo que desde ese entonces ya la encontraba atractiva no tanto por su físico ni por su inteligencia, sino simplemente por la esencia de su alma que me hacía querer estar cerca de ella.

Ahora solo recuerdos de aquellos días cálidos quedan, solo vacíos y dolorosos recuerdos.

Probablemente hubiera quedado sin el más mínimo esfuerzo en la universidad a la que quería que entrara mi padre, sin embargo, desde que salimos de casa vi que Kotoko no estaba muy bien pero en mi afán de ignorarla, seguí mi camino sin importar nada pero, al llegar ella se desplomó y me importó un bledo todo, lo único que se me ocurrió fue levantarla en mis brazos y correr hacia el hospital más cercano, pensé que se moría y ¿qué iba a hacer yo sin ella? Me pregunté en ese entonces. A pesar de que tenía tiempo para regresar y tomar el examen de admisión, una parte de mi utilizó todo aquel acontecimiento como pretexto para hacer mi voluntad y la otra parte se quebraba al verla tendida en aquella camilla, vulnerable, adolorida y yo sin poder hacer nada. Fue la primera vez que me sentí tan inútil que decidí ir a la misma universidad que Kotoko para cuidarla y observar que no le pasara nada.

Cuando me siguió hasta el club de tenis para entrar en el a pesar de que no sabía nada a cerca del deporte me divirtió un poco y al mismo tiempo me pareció exagerado y molesto, sin embargo, verla en aquel uniforme blanco... Mi madre se sonrojaría si pudiera leer mi mente.

Los momentos más dolorosos para mi y por supuesto para ella, fue cuando comencé a salir con Sahoko. La vez que me escuchó decirle a mi madre que no se metiera en mi vida y que en verdad me gustaba aquella mujer, me partió el alma verla sufriendo por mi. Cuando le dije que era mejor que se buscara a un chico pronto que la quisiera, fue la mentira más grande que he dicho en toda mi vida, en verdad no quería que encontrara a otro chico, yo quería ser ese chico al que ella se uniera para toda la vida, quería ser aquel hombre que la esperara frente al altar para ser su marido, pero por inmadurez o egoísmo no pude serlo a pesar de que la amaba con locura y que me volvía loco al pensar en ella en cada una de las malditas reuniones que tenía con Sahoko, ¿qué estará haciendo Kotoko en este momento? ¿Estará teniendo citas? Todas esas preguntas me las hacía una y otra vez y en pensar en todas las respuestas me llenaba de celos y rabia conmigo mismo por ser un cobarde pero al mismo tiempo me repetía que era lo mejor.

Entonces, vuelvo a vivir en mi mente aquella vez en que llevé a Sahoko al puente al que fuimos en nuestra primera y única cita si así la podemos llamar, solo porque quería tenerla más presente y disfrutar de los bellos momentos que atesoraba en mi mente. Entonces le vi con Kinnosuke charlando, no puedo describir la sensación de vacío que me dejó verles tan juntos aquella vez, tuve que controlar mis sentimientos para que nadie notara lo doloroso que resultaba para mi, ya en aquel entonces me había dado cuenta de lo mucho que la quería pero prefería seguir engañándome, que era lo mejor para los dos pues para mi era más importante recuperar la empresa de mi padre que mi felicidad.

Sahoko, ignorante de todo ello, los saludó y se atrevió a invitarlos a la exposición de arte a la que habíamos acordado asistir, de verdad que era un fastidio salir con ella pero lo tenía que hacer. No aguanté más mi coraje y dije muchas cosas hirientes e incluso humillantes, su mirada hacia mi estaba llena de coraje y dolor por todo lo que decía, quería callarme pero era tanta mi frustración que no pude. Agarró del brazo a Kinnosuke y se fueron quien sabe a donde. Solo pude seguirles con la mirada suplicante que no se fuera. Sahoko se dio cuenta de lo que pasaba en mi interior y me dijo algo que me hizo despertar un poco aquella vez, que era demasiado ciego para no darme cuenta de mis propios sentimientos.

Ahora que sé que vive feliz me llena de tristeza, pero a la vez mis esperanzas vuelven al recordar aquel beso que nos dimos en la fiesta. Sus labios moviéndose a la par que los míos, mi lengua saboreando, su boca exquisita mientras nuestras respiraciones sonaban cada vez más intensas. Supongo que si hubiéramos estado solos, no creo que pudiera controlar este deseo irrefrenable que tengo hacia ella. Es extraño pero siento sonrojarme ante la escena que vivimos y en mi rostro se dibuja una sonrisa. Nunca había sido tan feliz, por eso mi esperanzas se avivaron más. Sé que me sigue queriendo aunque lo niegue.

Me dirigía a la cocina por un poco de agua y logré escuchar que sonaba el teléfono, mi madre atendió la llamada, noté un poco de nerviosismo en su tono de voz, por lo que escuché estaba hablando con el señor Aihara, solo respondía con "si no te preocupes", "no es ninguna molestia, ya sabes que siempre podrás contar con nosotros para lo que se te ofrezca". Puede que necesite algo de ayuda.

Mi madre colgó el teléfono y al voltear se quedó sorprendida de verme, su reacción se me hizo algo extraña, era como si hubiera escuchado algo que no debía. Se acercó dubitativa, jugando un poco con sus manos y en tono nervioso me dijo:

- Naoki ¿escuchaste algo?

- Si mamá, ¿necesita ayuda con algo el señor Aihara? No hay ningún problema si necesitas ayuda con lo que sea igual dime.

- Mira, no me imaginé llegar de nuevo a esta situación - se tocó la sien como tratando de poner en orden sus pensamientos - toma asiento necesito hablar contigo de algo que quizá mal interpretes o se te haga algo incómodo.

- Dime, lo que sea que esté pasando, si el que yo haya regresado es una molestia o algo vergonzoso me voy, no quiero ser una carga para ustedes - le dije algo preocupado.

- No hijo, como crees - sonrió de forma nerviosa - no tiene nada que ver con eso. Bueno, antes de que decidieras regresar a la casa, el papá de Kotoko me pidió un gran favor y el se siente muy apenado por volver a poner a su hija y a ti en esta situación tan incómoda.

- No logro entender mucho de lo que intentas decirme madre - de verdad que todo era confuso.

- Soy tu madre Naoki y como tal, conozco cada uno de tus sentimientos aunque quieras convencer al mundo de que no los tienes - me quedé sorprendido ante esta confesión - sé que casarte con Sahoko fue una mala decisión pues a pesar de que siempre lo has negado, tenías sentimientos genuinos hacia Kotoko, por eso quizá fue casualidad o mi deseo de verte feliz lo que me llevó a esto. Aunque estás en tu derecho de irte de la casa si te parece incómoda la situación. No voy a entrometerme en tus asuntos como lo hice en el pasado, me quedaré al margen de la situación. No creas que lo que hice fue premeditado para volver a meterte por los ojos a Kotoko y satisfacer mi frustración de madre al no tener niñas. Solo las cosas se dieron así y bueno, tampoco quiero que ella pase malos momentos pues evidentemente la más afectada de todo el pasado es ella.

- Habla claro que no creo entender tu punto - ¿por qué daba tantos rodeos?

- Naoki, Shigeo nos pidió que volviéramos a alojar a Kotoko en casa pues a él no le parece que siga viviendo con su novio por lo menos hasta el momento en que se casen, quiere que la tradición prevalezca, desgraciadamente, a pesar de la gran fama que está teniendo el restaurante, no tiene una habitación disponible en su casa para Kotoko así que nos pidió esto a nosotros quienes aceptamos encantados pues a pesar de todo, ella es para mi como una hija, sin embargo, esto fue unos días antes de que decidieras volver a vivir con nosotros, por lo que Shigeo está un poco incómodo tanto por ti como por su hija, ya que no quiere que ninguno de los dos tenga malos ratos.

- ¿Kotoko regresará a vivir con nosotros? - estaré soñando... Creo que sí.

- Si, yo se que probablemente sea una molestia para ti...

- Mamá - la interrumpí - no te preocupes, no es ninguna molestia. Ya somos adultos y las cosas que sucedieron en esos entonces creo que podemos superarlas.

- ¿Seguro hijo? - me preguntó consternada - no quiero que pienses que de nuevo estoy insistiendo en que tengan una relación ustedes dos pues como sabes ella se va a casar tal vez pronto y no sería correcto.

- ¿Ella sabe que vivo de nuevo aquí?

- Hasta donde sé no, estaba algo indispuesta a volver aquí supongo que ya está acostumbrada a su vida actual, pero al final accedió.

- Repito, no te apures mamá, para mi no es ninguna molestia.

¡Por supuesto que no! Gracias Dios por darme esta grandiosa oportunidad, la aprovecharé todo lo que pueda para conquistarla, sé que hay posibilidades de que ella al verme aquí prefiera vivir bajo un puente que compartir techo conmigo pero, no importa, cada minuto que pase a su lado será bueno.

Tal parece que todo está poniéndose fácil, dicen que después de la tormenta llega la carga y creo que esta es mi oportunidad perfecta.

Pensaba tan gustoso en compartir de nuevo el techo con ella cuando escuché el timbre de la puerta, mi mamá se puso algo nerviosa y se dirigió a abrir, yo me escondí un poco para que no me viera y darle la sorpresa de su vida, gracias a esto, habrán más oportunidades para volverla a besar y quien sabe, quizá para algo más...

- ¡Señora Irie, que gusto volver a verla! - la escuché saludar.

- Kotoko, que bonita te has puesto, me da mucho gusto tenerte aquí de nuevo - las vi darse un afectuoso abrazo - espero no incomodarte ni nada por el estilo en tu estadía con nosotros.

- ¿Cómo cree? Como una vez le dije, usted es como una madre para mi así que no se preocupe, estoy encantada de hacerle de nuevo compañía.

- Pasa Kotoko para que te instales y descanses un poco - le dijo mi mamá

Ellas no notaron de mi presencia cuando pasé a su lado, entonces ella volteó para agarrar su maleta a lo que me adelanté y la agarré primero, se quedó un poco consternada al ver mi mano agarrar su equipaje y al llega a mi rostro se quedó lívida de la sorpresa, le sonreí de oreja a oreja y le dije:

- Hola Kotoko, bienvenida a casa.


Hola lectores, he de anunciarles que ya nació mi hijo :D, no se preocupen me haré el tiempo necesario para seguir escribiendo y terminar esta historia.

Gracias por leerme, espero les guste este capítulo, vienen cosas buenas, malas pero espero todo esto sea de su agrado. No dejen de decirme que les ha parecido todo hasta ahora.

Gracias por leerme :D

Melina Tolentino