Entre el amor y el deber
Capítulo 5
NdelA : El fic esta basado en los personajes de Lok, los cuales le pertenecen a Bryke, por lo demás, la historia es mía.
Bueno aquí traigo un nuevo capítulo. Me esta costando escribir esta parte. No por bloqueo de autor, más bien por qué me da un poquito de pena escribir lemon. Aquí doy un poquillo, pero vamos a intentar hacerlo mejor en la noche de bodas o/ / /o el cual voy a poner en el siguiente capítulo. Plox, díganme si voy bien o me regreso.
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Kuvira estaba tomando un baño, después de todo el jaleo del día, estaba relajándose con un poco de agua caliente y tratando de ordenar sus pensamientos. Amaba a Asami, claro que si lo hacía, la amaba demasiado, pero ese amor era suficiente para hacer que ella olvidará todo lo demás. Era suficiente para que dejara atrás Asami el amor que sentía por la hija del capataz? Quizás no estaba haciendo las preguntas correctas y mucho menos recibiendo las respuestas que necesitaba.
El agua caliente ya no era más. Tanto tiempo llevaba en esa tina que el agua estaba fría ahora. Se había lavado la sangre y el sudor, pero ahora, cómo se quitaba las dudas que le habían surgido? Estaba tan concentrada en ella misma que casi no noto cuando alguien entro en el cuarto de baño.
Pensando que era alguna de las muchachas del servicio se levantó de la tina, tomo una toalla y comenzó a secarse. Tenía que curarse las heridas que tenia su cuerpo. Con cuidado se comenzó a vestir su ropa interior y se puso un pantalón de algodón verde claro. Se vendo los pechos y fue a buscar un botiquín para empezar a curarse. Cuando se volteo se sorprendió al ver quien era la persona que estaba con ella.
Asami había entrado en el cuarto de baño. El corazón le latía aprisa. Vio a Kuvira con los ojos cerrados y sus cejas fruncidas, lo que le hizo saber que estaba pensando mucho. El corte en su ceja izquierda ya casi no sangraba, y el de su brazo... fue entonces que reparo en su cuerpo.
"Dios, sus brazos y sus hombros." Pensó para si, mientras se mordía el labio. Ver los músculos definidos que estaban salpicados con el agua que formaba pequeñas gótitas en ellos le hizo sentir algo extraño. Con sus ojos esmeralda recorría cada centímetro de esa piel que a la luz de las velas brillaba de una forma etérea, cuando Kuvira salio de la tina dándole la espalda sintió como el aire le hacía falta en su pulmones. El agua recorría su espalda, bajando hasta sus piernas. Quería retirar la vista, pero por más que lo intentó, sus ojos volvían a posarse en esa fuerte y esculpida espalda. Sus mejillas estaban sonrojadas furiosamente. Como una estatua inmóvil se había quedado. Ya hasta había olvidado la razón por la cual estaba allí. La siguió con la mirada mientras se vestia. Un calor la inundó en su interior.
Tan embelesada estaba, que no se dio cuenta que Kuvira ahora la miraba con un rostro de sorpresa.
- Señorita Asami que hace aquí? - sus palabras la sacaron de su ensimismamiento.
- Yo... Yo venía a ayudarle a... Sus heridas. - Su cerebro parecía no conectar a formar las oraciones de forma correcta.
- Gracias. - De igual forma un rubor se formó en su rostro, al saber que la chica que tenia enfrente la había estado observando.
Kuvira se sentó en un pequeño banquito para que Asami pudiera curarla. La chica de ojos esmeralda se acercó con nerviosismo para comenzar su tarea. La militar no se quejo mientras la joven señorita colocaba unos puntos en la herida del brazo y después colocó unas gasas y la vendo. Podía sentir la mirada penetrante de esos ojos verde aceituna. Las manos le temblaban para cuando fue a atender el corte de la ceja. Esos ojos la perseguían. Verdes. Su mente la traicionaba. Cómo pudo termino de hacer su trabajo? Ella no lo sabía, la ponía nerviosa esa mirada verde.
Se iba a retirar pero Kuvira se levantó del banco y con su mano la jalo para impedirle irse. La acuno en sus brazos. Asami sintió que sus piernas le fallaban cuando percibió el toque frío de la piel de la militar. Verde con verde. Los ojos de la heredera estaban ligeramente oscurecidos, la veía con deseo. Un escalofrío recorrió desde su nuca hasta su estómago y más abajo aún.
Las manos de Kuvira subían y bajaban por la espalda de Asami, haciendo que emitiera un ligero gemido. Las manos de Asami estaban posados sobre los hombros de la militar quien se acercó a su mejilla y deposito un beso en el lóbulo de su oreja. De forma involuntaria Asami enterró sus uñas en los hombros de Kuvira, provocando que ésta exhalara su aliento caliente en su cuello.
Las cosas se estaban poniendo intensas entre ellas. Kuvira se dio cuenta que actuaba como un cazador frente a su presa, saboreando el momento de poder comerse a su víctima. Tenía que contenerse, no quería presionar demasiado y muy pronto a Asami. Tan sólo hacia unos minutos que ella había decidido desposarla. Pero, había tomado esa decisión por las razones correctas?
Tomo toda su fuerza de voluntad el poder apartarse del cálido cuerpo de la chica de ojos esmeralda. Tomo su camisa y salió del cuarto de baño.
- o -
La señorita Asami regreso a su cuarto casi de forma automática. Para su desilusión Kuvira no se encontraba en él. Después de lo que había pasado en el cuarto de baño, realmente quería que ella estuviera allí? "Dios, si, claro que si."
Su respiración aun estaba agitada. Se toco el estómago y las mariposas seguían revoloteando en su interior. Además de él calor que se había formado entre sus piernas. Esas cosas nunca le habían pasado con Korra.
El amor que ambas se habían profesado, era inocente. Si hubieron besos, quizás en alguna ocasión intentaron profundizar a algo más perp no sabían muy bien como actuar y Asami quería reservarse para su noche de bodas.
- La noche de bodas! - Dijo en voz alta. No había pensado en eso hasta este momento.
Se sentó en su cama y se acostó. Un montón de preguntas la asaltaron. Cómo sería? Cómo debía actuar? Podría hacerlo? Se llevó las manos a la cara y dio un grito ahogado.
Qué es lo que sentía realmente hacia la señorita Kuvira? Al principio solo curiosidad, después gusto, pero ahora? La amaba de verdad?
Le gustaba mucho, de eso no tenía duda. Había sido su salvavidas cuando se estaba hundiendo por la muerte de Korra. Se sentía tan culpable. Hacia tan poco que ella ya no estaba y ahora, sin sentido se arrojaba a los brazos de otra persona.
Se mordió los labios al recordar la visión de la desnudez de Kuvira. Tenía que aclararse.
- o -
Kuvira salio muy temprano esa mañana, ni siquiera desayuno en la casa. Pidió le prepararán uno para llevárselo. Para cuando Asami bajo al comedor, Kuvira había partido hacia bastante. De mala gana desayuno ella sola.
La mañana paso y la tarde llego, pero la militar no aparecía por el horizonte. Se había cansado de esperarla en el porche de la casa y para cuando la noche se asomó, ella se fue a su cuarto a seguir esperando.
Ya era entrada la noche cuando Kuvira llego a la casa mayor. Solicito que le llevarán la cena a su cuarto, no al de la señorita Asami, sino al suyo. Se dirigía hacia allá pero antes paso a ver como estaba su joven prometida. La encontró dormida en su cama. Lucho contra su deseo de quedarse con ella, no podía hacerlo hasta que no se sintiera segura de los sentimientos de la joven hacia ella.
En los siguientes días Kuvira se enfrasco en su trabajo, salía muy temprano y regresaba muy tarde. Asami se pasaba los días sola. Estaba perdiendo los estribos. El enojo contra la heredera estaba creciendo. Después de una semana así, al fin explotó.
La joven señorita pidió a la servidumbre que sirvieran la cena en la habitación de la señorita Kuvira y ella se arreglo. Vistió sus ropas más finas, su perfume favorito y se maquillo de la forma más sugerente. Quería que Kuvira volviera a posar sus ojos aceitunados en ella, esos mismos ojos que la habían mirado con deseo hacia una semana.
La señorita Kuvira entro a su habitación sabiendo ya que Asami estaba en ella. Como todas esas noches, antes de ir a su cuarto visitaba primero el de la hija del administrador, al no encontrarla pregunto a una de las muchachas del servicio y esta le informo que la señorita la estaba esperando en el otro cuarto, el de la militar.
A pesar de saberlo, no estaba preparada para la vista que la esperaba. Asami yacía sobre su cama con un ligero y vaporoso camisón que le podía quitar el aliento a cualquiera que posara sus ojos en ella. Sus labios rojos, esos labios que le pedían a gritos ser besados. El aire en sus pulmones se esfumó y solo tenia un doloroso hormigueo en sus manos que deseaban poder tocar esa piel de porcelana. Suspiró ruidosamente.
- Señorita Kuvira, buenas noches! Pedí que tuvieran lista la cena. Por favor. - Asami se incorporó de la cama y se sentó en una de las sillas de la mesa donde estaba servida la cena.
- Gracias. - Se sentó enfrente en la otra silla.
Comió en silencio o al menos intento comer. No era el plato que tenia frente a ella lo que realmente deseaba que sus labios degustaran. Termino de comer. No podía seguir posponiendo lo inevitable.
- Señorita Asami...
- Señorita Kuvira...
Las dos habían hablado al mismo tiempo. La militar cedió la palabra a la chica de ojos esmeralda.
- Señorita Kuvira, ud me ama? - las palabras salieron así, sin restricciones. Kuvira se tiñó de rojo.
- Si, lo hago. - Le respondió la joven de ojos aceitunados.
- Si me ama como dice, entonces por que me ha estado evitando desde que nos volvimos a comprometer? - Kuvira se soltó el cabello dejando que cayera libre sobre sus hombros tratando de ganar tiempo y contestar a esa pregunta.
- Yo... No quería presionarle. Me comporte de una forma poco... Poco educada. Me deje llevar por mi deseo hacia ud.
El silencio se volvió a hacer entre las dos.
- Cree ud que alejarse de mí era lo correcto? - Le recriminó Asami.
- Tenía muchas dudas, quería aclarar mis ideas antes de seguir adelante. La amo, pero ud me ama? Yo le soy suficiente para hacerla olvidar el amor que sentía por esa otra persona? - sus manos se cerraron en puños que temblaban sobre la mesa y se levantó dándole la espalda. Asami se levantó también de su lugar.
- Le seré sincera. Nunca dejare de amar a esa persona, pero lo que siento por ud es un amor muy diferente. Si la amo, la he necesitado toda esta semana. La extraño cuando se va y me alegro cuando regresa. No puedo dejar de pensar en ud, de desear que venga a mi como cada noche lo hacía pero...
- Pero? - Kuvira volteo para mirarla animandola a seguir su discurso.
- Pero anhelo me vea como lo hizo esa noche, me toque como lo hizo y me bese con la misma urgencia como la que yo siento hacia ud.
Apenas término de decir su última frase, cuando la militar libro la distancia que las separaba la tomo de la cintura y la atrajo hacia sí, uniendo sus labios en un beso desesperado. Labios contra labios, luchando por hacerse una con la otra. Kuvira mordió el labio inferior de Asami provocando que ésta emitiera un gemido de placer. Abrieron los ojos contemplandose una a la otra. Verde con verde.
Asami hundió sus dedos en el cabello de la militar y apoyo su cabeza en su hombro absorbiendo el dulce aroma a caña que emanaba de su piel.
La heredera la tomo entre sus brazos cargandola y la llevo hasta su cama. Se acostó a un lado de ella, mirándola y acariciando su rostro, delineando con sus dedos cada rincón de su cara. Recorrió la forma de sus mejillas, el mentón, su cuello, sus labios rojos. Asami se perdía en esos ojos verdes, que estaban llenos de deseo. Estaba hermosa con el cabello suelto, su lunar se le hacía tan endiabladamente bello, sus finos labios que ahora tenían rastros de su labial rojo. Se moría de ganas de profundizar en ese sentimiento carnal.
Jalo el cuello de su camisa para volver a unir sus bocas en un nuevo beso. Su mente se perdía en el suave tacto y sus piernas se resolvían en el cosquilleo que estaba surgiendo en sus caderas. Kuvira posó una de sus manos sobre su abdomen recorriendolo hasta la base de sus pechos. Su pulgar rozó uno de sus pezones que ahora estaban erguidos ansiosos por el toque de esas manos fuertes. Kuvira abrió su boca permitiendo el paso de una lengua que jugaba con sus labios. Sus lenguas se enzarzaron en una lucha de caricias y jadeos. Era doloroso separarse de ellos para tener que tomar aire.
La mano de la militar bajo a su cintura, las caderas y ahora jalaba el dobladillo del camisón tratando de tocar la piel del muslo de porcelana que se estremeció al sentir el tacto de esos dedos. Subía por toda su pierna.
- Dios, eres hermosa. - Kuvira le dijo al oído. - Te amo tanto. Te deseo tanto. Es solo que... - la joven heredera detuvo el movimiento de su mano. - Soy un animal.
Kuvira se retiró, sentándose dándole la espalda a Asami que ardía en un deseo interrumpido.
- Qué pasa? Por qué dice eso? - Su voz sonó frustrada.
- Miranos, mírame, así sin más voy a por ud, tengo que contenerme o de lo contrario la haría mía en este instante. No quiero asustarla con mi falta de control. Yo... Yo lo siento. - la militar había metido su cabeza entre sus manos.
- No, discúlpeme ud a mi, he sido yo la que he provocado este comportamiento. Ha sido mi falta de decoro. - Asami estaba avergonzada de sus actos. Si la señorita Kuvira no se hubiera detenido, ella la habría dejado seguir hasta lo último.
- Discúlpeme por haberla evitado toda la semana. Hacerla mi esposa es lo que más deseo. Es solo que las dudas me nublaron la mente. - volteo a mirarla. - La amo, pero antes de dar el siguiente paso, necesito saber si ud me ama de la misma forma. Si me ama así, nos desposaremos de inmediato, no quiero esperar a hacerla mi mujer.
- Señorita Kuvira... - Asami se aproximó, acunando la mejilla de Kuvira con su mano y posando un casto beso en sus labios. - quiero ser su esposa, mañana mismo si así lo desea. No me importa incluso si es en este mismo instante.
Volvieron a besarse.
- Mañana mismo empezaremos a preparar todo para la boda. Ud podrá hacerse cargo de los arreglos? Yo veré que todo lo que solicite le sea dado. - la militar se hundió en el cuello de la joven.
- Así lo haré. - contesto esta sonriendo por las cosquillas que le estaba provocando la respiración de Kuvira.
Asami se quedo en el cuarto de la heredera a pasar la noche entre sus brazos, como lo habían estado haciendo todas esas noches.
- o -
El sol asomó por el horizonte. Asami estaba feliz por despertar entre los firmes brazos de su prometida. Bajaron al comedor con una gran sonrisa en su rostro. Actuaban como un par de enamorados. Eso no paso desapercibido para los que las rodeaban. Kuvira le solicito a Hiroshi que dispusiera una partida de trabajadores y de dinero para que llevarán a cabo todo lo que se necesitaba para el casamiento. Mandaron un mensajero para notificarle al sacerdote Tenzin para que oficiará el enlace el siguiente fin de semana.
La joven militar salio a sus labores en el campo y Asami se quedo arreglando todo con las muchachas del servicio para la fiesta.
La felicidad que pensó que no volvería a tener, estaba presente ahora gracias a la joven señorita, su prometida. Asami brillaba, sin embargo esa felicidad no le duraría demasiado.
Pasado el medio día un caballo con su jinete llegaron a la hacienda, apostandose frente a la casa mayor.
Un hombre en uniforme militar pidió ver a la señorita Kuvira de inmediato. Tenía un mensaje urgente para ella.
- Que es lo que tiene que decirle? - La señorita Asami, había salido a recibirlo.
- Señorita, el asunto es privado. Donde puedo encontrarla? - el hombre no quizo soltar prenda.
- Ya mande a alguien para que le avise, pero no ha de tardar en llegar. Si gusta puede pasar a descansar mientras espera. - la hija del administrador le ofreció.
- Gracias por su amabilidad, pero si no le molesta esperare aquí.
El hombre bajo de su caballo y se aproximó a la fuente para que su caballo bebiera agua.
- Si así lo desea.
Asami volvió a entrar a la casa con evidente molestia. No le gustaba nada la llegada del soldado.
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Lo se, no es muy largo. Es solo que antes de continuar quería saber si les gustaba como se iba desarrollando esta parte. Que les parece? Me siento como colegiala XD.
Por cierto, habrá un alma caritativa que me quiera ayudar a revisar mis escritos antes de subirlos? Es que me trauma que el estúpido autocorrector me cambie algunas palabras y se pierda el sentido de lo que escribo. Es lo malo de hacer esto desde un celular.
