Capítulo 9.

Desde hace dos semanas las cosas en la compañía cada vez van de mal en peor, desgraciadamente muchos socios están retirándose o limitando sus inversiones en la empresa, a pesar de que las utilidades son muy buenas y que los productos cada vez son más exitosos, por alguna razón que probablemente tenga que ver Sahoko, ellos deciden declinar.

Marc Thompson y yo después del email que me mandó, nos pusimos de acuerdo para poder hablar de negocios. Me explicó que él había sopesado el dejar de invertir en Pandai por Sahoko, pues ella le dijo que, si no se retiraba, iba a buscar la manera de perjudicarle. Obviamente, Thompson se sintió presionado por las deudas que tiene con el señor Oizumi y por eso accedió.

A raíz de esto le expliqué que Sahoko y yo nos estamos divorciando y que tal vez esta sea una venganza hacia mí y no se pone a pensar en los daños colaterales que puede ocasionar con estas rabietas. Por suerte, pudimos encontrarnos con el señor Oizumi y limar asperezas, aunque él aún se sentía traicionado por mi decisión de divorciarme, entendió que no podía retenerme a la fuerza a lado de su nieta, igual le dije que ella se merecía a alguien mejor que yo, que la quisiera sobre todas las cosas, lo cual es cierto; la lastimé y ella ahora está siendo una dolorosa piedra en mi zapato, pero aun así comprendo su afán de verme destruido. En fin, tocamos sutilmente el tema y pudimos arreglar las cosas, así que Thompson no canceló sus inversiones con nosotros y eso nos salvó. No puedo decir lo mismos de los demás.

A pesar de todo, hemos podido salir a flote, aunque he podido persuadir a uno que otro para que no se retire y sigamos siendo socios, otros, prefieren huir sin dar una explicación. Puede que los siga amenazando Sahoko.

Llegué a la empresa como cualquier día, abrí la puerta de mi oficina y vi a Sahoko sentada frente al escritorio.

- ¿Qué rayos haces aquí? – le pregunté con molestia.

- Vine a informarte que he arreglado un poco el desastre que hicieron mi abuelo y tú en cuanto a esta empresa y la parte que me corresponde como socia.

- Sahoko, tú no tienes ninguna parte de la empresa, no figuras como socia…

- Quizá antes no, pero ahora sí – me aventó en el escritorio unos papeles – léelos, tuve que hablar con el abogado de la familia y explicarle la situación que estamos pasando, ya que en el contrato estipulaba que solo tendría acceso a las acciones en caso de engendrar un hijo, cosa que nunca va a suceder, busqué la manera de que eso se anulara y al parecer lo voy a lograr – me miró fijamente con una media sonrisa.

- O sea que tú estás buscando sustituir a tu abuelo haciendo que él te ceda su parte que en este caso sería mayoritaria.

- Así es, no creo que mi abuelo se oponga por lo que prácticamente esto ya es mío. En cuanto tenga la parte que me corresponde tu pasarás de manejar la empresa a ser un empleado más si es que se me pega la gana…

La escuché detenidamente mientras me miraba con odio. Me sonrió cínicamente y prosiguió.

- Veo que te sientes un poco abrumado – dijo mientras caminaba hacia la silla detrás del escritorio y se acomodaba – Creo que no te gusta la idea de dejar el control de la empresa, claro… como a ti te encanta controlarlo todo esto es un golpe a tu orgullo.

- Sahoko, entonces esta es tu forma de tu plan de venganza – le dije con ironía.

- No te recomiendo que eches mis palabras en saco roto mi amor – se levantó y caminó hacia mí – yo te di todo lo que tienes, te di todo de mí, te amé con locura y mis esperanzas cada día crecían. Esperaba que algún día me quisieras tanto como yo a ti. Sin embargo, preferiste mi dinero – se paró frente a mí – solo quiero recuperar lo poco que tengo. No me quedaré con las manos cruzadas y llorando en una esquina mientras tú estás feliz rogándole a alguien que no te quiere.

- Sahoko, al menos que tu abuelo no esté dentro de sus cabales, no creo que por caprichos tuyos ponga en riesgo todo lo invertido en esta empresa, que claro, ya hablamos y quedamos en que, aunque tú y yo nos estemos divorciando, los negocios son negocios y hay que separar lo personal de lo laboral. No te humilles más mujer, haz tu vida, cásate con alguien más, ten hijos, te mereces mucho amor – le dije sinceramente – eres una mujer inteligente, guapa y capaz de tener a cualquier hombre a tus pies.

- A cualquiera, menos a ti – me miró – menos al gran Irie Naoki, a cualquiera menos a quien yo amo…

- Lo siento, pero es así.

Su mirar pasó de tristeza a odio en un instante. A unos centímetros de mí pude observar cuanto dolor había infligido en ella, me sentí un maldito patán ya que yo solo me había buscado todo ello.

- Como siempre, subestimo a las personas y es exactamente lo que hice, siempre me salgo con la mía, por eso di por hecho de que me sería fácil separarme de ella. Sin embargo, no es así, me lo merezco, lo sé, pero no voy a permitir que se meta con lo más sagrado para mi padre. Ella se quedó unos instantes mirándome a los ojos, queriendo adivinar mis pensamientos. Si ella pudiera hacerlo, se daría cuenta que por mi primera vez siento miedo de perderlo todo, perder esta compañía, mi economía y sobre todo a mi Kotoko.

- No importa lo que me cueste, no importa cuánto me tarde Naoki – me dijo sonriendo sardónicamente – me vengaré de ti y te haré la persona más miserable de este mundo. Tu no serás feliz nunca, hasta que me muera… Es una promesa.

Sin más, volvió a fijar su mirar en mis ojos, haciéndome sentir temeroso, vulnerable. Si ella era capaz de disuadir a su abuelo, estaba perdido. Ella sabía bien que no tenía más cartas bajo la manga, no por ahora.

Se marchó y me dejó con un sentimiento de desasosiego, ninguna disculpa basta para apagar el odio de una mujer con el corazón herido.

Después de la visita inesperada de Sahoko, nada me tranquilizaba. Sus amenazas por un momento lograron romper mi barrera, pero algo se me ocurrirá y no dejaré que se meta en una de las cosas más importantes para mí.

Llegué a mi casa y por un momento se me había olvidado que el amor de mi vida estaba bajo el mismo techo. En cuanto crucé la puerta olí algo delicioso que de seguro se estaba cocinando. Mi madre de seguro está haciendo la cena, pensé.

Pero cual fue la sorpresa, que a quien vi en delantal no fue a Noriko, mi madre, sino al güero del novio de Kotoko. No sabía que era peor, las amenazas de Sahoko o este don nadie.

Dejé mis pertenencias en el armario y me acerqué a ellos para saludar. Aunque se me estrujaran las tripas, tenía que ser educado.

Mi madre se acercó emocionada, me tomó de la mano y me llevó hacia el comedor donde estaba parte de la comida que había cocinado Andrew.

- Prueba hijo – me dio a probar uno de los platillos - ¿No es delicioso? – me preguntó con una sonrisa.

- Si mamá, muy rico.

No era mentira, el tipo tenía talento y lo que probé sabía delicioso, pero más sabrosa era la silueta de Kotoko, los deseos que sentía hacia ella cada vez me costaba más trabajo mantenerlos bajo control. Estaba echa un desastre, tenía manchas de salsa y otros ingredientes en el delantal y en una mejilla.

En cuanto me acercaba para quitarle la mancha, Andrew al parecer se percató de mis intenciones, la jaló del brazo y con una servilleta le quitó la mancha.

- Estás echa un desastre mi pequeña – le dijo el inglés a Kotoko.

- Es por esto que yo debo mantenerme alejada de la cocina, hasta el agua se me quema – comenzó a reírse – recuerdo que cuando vivía aquí, la señora Irie tuvo que salir por un asunto familiar y me quedé a cargo de la casa junto con Naoki, ese día casi incendio la casa. Quemé toda la comida que estaba haciendo – me miró y sonrió – Naoki es un gran cocinero igual debo admitirlo, aunque bueno, es un genio ¿Qué no puede hacer?

- No puedo hacer muchas cosas igual, no soy alguien tan extraordinario como piensas nena – le sonreí con dulzura, la sonrisa que tenía ella se borró.

- No es que crea que eres la última coca del desierto, obviamente entre ustedes hay una gran diferencia, solo que en esa ocasión tuviste que arreglar mi desastre. – puso los ojos en blanco – siempre tienes que creer que todo gira a tu alrededor.

- Ya sé, me lo advertiste – él sonrió y la abrazó – pero así te ves más apetecible.

El desgraciado se inclinó y le dio un dulce beso en sus labios, cuando se incorporó en sus labores pude notar que me miraba de reojo. ¡Maldito! El la besa y le hace todos esos coqueteos enfrente de mi adrede.

El chef preparó unos platillos exquisitos, debo admitir que es un profesional en lo que hace.

Después de comer me ofrecí a lavar los platos para despejar mi mente, todos se fueron a la terraza a tomar un poco de aire fresco.

Mientras fregaba los platos, sentí una presencia a mi espalda, volteé mi mirada y vi al inglés recostado en la pared.

- No voy a andar con rodeos Naoki – dijo – sé muy bien lo que planeas, no soy estúpido.

- No sé a qué te refieres – le dije en tono frío.

- A tu beso en la fiesta – noté tensión en su voz – no tenía ni un día en que Kotoko se convirtió en mi prometida y tú ya estabas tras ella acosándola para besarla.

- ¿Y? – respondí sin emoción alguna, aunque me alegraba un poco que nos haya visto.

- ¿Y? – se comenzó a reír burlonamente – ¿es normal para los japoneses besar a las prometidas de otro? No entiendo por qué esa insistente manía de querer tenerlo todo. Tuviste tu oportunidad, te pido de hombre a hombre que no te le acerques a mi mujer…

- ¿Tú mujer? – me volteé a verlo, esa frase despertó la furia dormida que tenía dentro de mí.

- Sí, mi mujer – hizo énfasis en esas palabras – a partir de ese momento ella es oficialmente mía y yo de ella, yo sé de su pasado, sé que tú no la querías y ni la quieres, no entiendo por qué ahora quieres entrometerte si ella jamás te importó.

- Mira Andrew, ella me pertenece a mí, no voy a permitir que se case contigo sin luchar primero – me controlé para no irme a golpes – ese día estaba dolido porque aunque no lo creas yo siempre he estado enamorado de ella, siempre la he querido. No te niego que he sido un imbécil y que la alejé de mi lado, pero ahora que ella ha vuelto, no voy a detenerme nunca mientras sepa que yo sigo siendo algo para ella.

- Por qué tanta seguridad Naoki, tú la dejaste con el corazón hecho pedazos, si tan solo la hubieras visto en ese tiempo, sin ganas de vivir, sin razones para luchar… Lloró mucho por ti, porque jamás pudiste ver su amor y porque siempre la menospreciaste. ¿Crees que me fue fácil enamorarla? ¿Crees que no tengo miedo que regresando aquí esos sentimientos que tanto dolor le causaron vuelvan? ¡Ella es propensa a auto sabotearse!. Gracias a mi cariño y al apoyo de todos sus amigos, pudo amarse un poco más, tener más autoestima y salir adelante. Si se hubiera quedado no sé qué haya sido de ella…

- ¡Si se hubiera quedado no me hubiera casado! – le grité – si se hubiera quedado hubiera mandado todo al carajo. La busqué por todos lados, les preguntaba a todos por ella y nadie me daba su paradero. ¿Crees que fue fácil para mi pararme a lado de alguien que no amaba? Mi castigo fue estar atado a alguien imaginando que era Kotoko… Mi castigo fue descubrir muy tarde cuanto la amaba y cuanto la necesitaba. Me dirás que fui un cretino y te doy la razón, pero eso no quita que ella siempre ha estado presente en mi mente todos los malditos días de mi vida.

- Pudiste haber mandado todo al carajo, pero no lo hiciste. Tu amor no era más que capricho…

- Claro que pude haber hecho eso, pero estaba dolido, destrozado porque pensé que ella me había dejado de amar. Cometí una estupidez, me casé con alguien que no quería y ahora lo estoy pagando, pero que te quede claro, ella me ama a pesar de todo.

- Te crees tan invencible, te crees omnipotente Naoki que piensas que todo se moverá conforme tu voluntad. ¿Cuándo entenderás que ella es una persona que decide a quien amar y a quien no? Tuviste tu oportunidad, me toca a mí hacerla feliz. Si tanto la amas, deja de atormentarla, ella no cree en tus palabras.

- Lo sé, pero ahora que sabes todo, ya no ocultaré más mis sentimientos.

Entonces volteé mi mirada y vi a Kotoko con los ojos abiertos como platos ¿desde cuándo estaba ahí? ¿qué tanto escuchó?. Espero y lo suficiente para que sepa cuan sinceros son mis sentimientos.

Andrew siguió mi mirada y noté temor en sus ojos azules, él la amaba y si la mujer de la que estaba enamorado no fuera Kotoko, le ayudaría en todo para que fuera feliz, pero no es así. Los dos amamos a la misma mujer y no hay lugar para ambos. Cualquiera puede perder esta batalla pero yo sé que no seré yo.


Perdón la demora, gracias por seguirme leyendo y que sigan ésta historia. Ser mamá, trabajar y hacer cosas en la casa me dejan poco tiempo para escribir pero aunque me tarde un poquitin actualizaré.

A partir de éste punto me gustaría hacer un especial donde quien narra sea Kotoko para que igual sepan la otra cara de la moneda.

Espero les haya gustado, por favor no olviden dejarme reviews, son muy importantes para mi ya que me hacen saber si les ha gustado o no.

Gracias por leerme una vez más, besitos a todos.

Melina Tolentino