Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: Hola, traemos capitulo nuevo. Como que últimamente me está dando por hacer capítulos de más de 6 mil palabras. Este originalmente iba a ser corto unas 2 mil o 3 mil palabras a lo mucho, pero termino saliendo más largo de lo que pensaba. Además de que puse algunas escenas de Kuvira y un viejo amor. En resumen, vamos a ver cómo le va a Kuv en la guerra y que paso con Korra. ¡Ahhh! Ya se viene lo bueno. Triángulo amoroso en el siguiente capítulo. De mientras disfruten esta actualización.

Gracias a The-Evil-Queen777 por seguir y apoyar esta historia, genial que te unas al lado oscuro. LupitaAzucena me ha encantado conocerte, animo con tus historias a mí me gustan. Panquem aquí está por fin la continuación, no te preocupes, todo buen soldado tiene derecho a llorar alguna que otra vez. Devil-In-My-Shoes como siempre es un honor tener tus reviews, sensei. Obini espero que tus dudas hayan quedado resueltas en este capítulo. GabyMarie muajajajaja al fin te hice caer en el Kuvisami, aunque solo sea porque me sigues la corriente y te gusta lo que escribo.

Gracias también a todos aquellos que le dedican un tiempo a leer estas historias que salen de mi cabeza. Pulgares arriba.

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Desde que su ahora esposa había partido para la guerra hacia algunos meses, la señora Asami recibía cada mes por lo menos una carta de ella. Algunas eran muy cortas, apenas un párrafo saludando en los que decía que estaba bien y que no se preocupara por ella, en otras le hablaba de que aunque las cosas eran complicadas y difíciles seguía manteniendo su promesa. La hija del administrador le escribía en respuesta largas cartas contándole los pormenores sucedidos en el pueblo y la hacienda, así como lo mucho que la extrañaba y esperaba su regreso.

Atesoraba cada una de las cartas que su amada esposa le enviaba del frente. Pues en ocasiones las cartas demoraban en llegar, debido a que el servicio de correo estaba muy afectado por los acontecimientos de la guerra. Tenía cerca de 4 meses que la última carta de la joven Kuvira había llegado a la hacienda. Asami mandaba todos los días a alguno de los mozos de la cuadra a la oficina de correo para preguntar si tenían carta para ella, pero cada día regresaba con una negativa.

La joven esposa se preguntaba si la chica de los ojos aceituna seguía con vida y se aferraba a esa idea con desesperación, pues si no había recibido noticias malas significaba que en efecto, ella estaba viva.

Las noticias de la guerra pronto comenzaron a tornarse una realidad que los afectaba a ellos también. Los robos de ganado y de la cosecha, así como levantamientos en lugares cercanos estaban a la orden del día. Su padre, Hiroshi, había juntado un grupo de hombres armados que se dedicaba exclusivamente a cuidar la hacienda para disuadir a posibles revueltistas. Pues en más de una ocasión habían sido víctimas de estos en la región.

La joven señora decidió ayudar de la mejor forma que podía. Estableció un dispensario y un pequeño hospital con el permiso que había obtenido de su amada esposa. Daba ayuda a las personas que resultaban heridas por los enfrentamientos y a aquellos que enfermaron por la mala situación que reinaba. Se pasaba los días allí, prestando servicio y apoyando a Kya, la doctora que se había hecho cargo del lugar.

En esa rutina se desenvolvía en los últimos meses, siempre a la espera del regreso de su esposa o de alguna carta o noticia de ella. Cada día que pasaba Asami se sumía más y más en la depresión. Su padre en cambio, estaba más que satisfecho por la situación. Al no estar la dueña legitima de la hacienda y la herencia de la familia Earth, Hiroshi hacia uso del dinero y los recursos a su gusto.

El administrador se daba a los lujos gastando el dinero en mujeres, llevando una vida disoluta y casquivana. Su hija al estar ocupada perdiendo el tiempo ayudando a los indios, como él pensaba, no se percataba de su proceder.

- ¿Señora Asami otra vez por aquí? – Una hermosa mujer de edad madura, cabellera larga y plateada, ojos azules y con una cándida sonrisa en el rostro la recibió en el pequeño hospitalito que la joven esposa había fundado.

- ¡Doctora Kya buenos días! ¿Qué más puedo hacer mientras espero? – Dijo al tiempo que cruzaba la puerta de entrada y comenzaba a ponerse un delantal blanco alistándose a trabajar.

- Siempre es bueno tener un par de manos extra y si eso la hace feliz, es bienvenida. – La mujer de cabellera plateada la recibió con un abrazo. - ¿Aun no hay noticias?

- Nada. – Respondió con pesar, bajando la mirada con evidente tristeza.

- Que no decaiga ese humor, ella regresara pronto. Mantén la fe. – La doctora movió su mano arriba y abajo en el brazo de Asami para infundir ánimo.

- Si… es solo que, cada día que pasa siento que la pierdo un poco más, pero tienes razón, tengo que mantener la esperanza y la fe en que Kuvira volverá. – Intento dibujar una sonrisa, pero sus ojos seguían entristecidos.

- Vamos a ocuparnos de algo para distraer esos malos espíritus. – Kya le palmeo el hombro y ambas se pusieron a trabajar atendiendo a los pacientes que estaban allí.

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Algunos meses atrás…

Kuvira y Baatar se habían unido a su regimiento en la capital y partido al norte a encontrarse con el ejército del general Iroh. Llevaban cerca de un año combatiendo en el frente y la situación seguía siendo la misma. Aunque los disidentes los superaban en número, no tenían la disciplina ni los recursos que poseían ellos. Por lo que fueron cayendo uno a uno los bastiones que los albergaban.

Se estaba llevando a cabo una rápida junta para explicar los detalles de la batalla que se iba a desarrollar dentro de poco. El general Iroh presidia la reunión, con el estaban los comandantes Baraz y Kuvira, así como los coroneles Bumi y Lin.

- El escuadrón de caballería del coronel Bumi atacara por el flanco izquierdo, cortando el paso de retirada del ejército revueltista. Kuvira hará lo propio con su caballería en el flanco derecho cerrando la tenaza para dejarlos en el medio. – El general Iroh, un hombre de aproximadamente treinta y tantos años, con bastante experiencia en el campo de batalla, era quien daba las indicaciones. – Los batallones de infantería de Lin y Bumi atacaran de frente.

Los militares allí reunidos rodeaban una mesa sobre la cual estaba colocado un gran mapa donde se señalaban las posiciones del ejército opositor y de las fuerzas del ejército que ellos llevaban con pequeñas figuras que los representaban.

- Si ganamos esta batalla, espero que esto se acabe ya. – El coronel Bumi hablo.

Bumi era un hombre mayor que había visto mejores tiempos en el ejército, ahora solo pensaba en el momento de retirarse, dejar el relevo a los jóvenes y el dedicarse por completo a hacer cualquier otra cosa que no tuviera que ver con la guerra o la armada.

- Tenemos meses esperando eso. Con esto estaríamos borrando a los revueltistas de este lugar. El ultimo resquicio de disidentes. – Lin dijo al tiempo que derribaba la figurilla del ejército opositor.

La coronela Lin era una mujer recia, de fuerte carácter y pocas pulgas. Con la infantería más disciplinada y mejor formada por su mano férrea. Provenía de una familia con un linaje muy arraigado a la armada. Su madre había sido Capitán General sirviendo con impecable registro durante toda su carrera. Ella y su hermana siguieron sus pasos, Lin aún se mantenía en servicio pero su hermana Suyin se había retirado y ahora se dedicaba a la política.

- Si no hay más comentarios, hay que tomar posiciones. Atacaremos al amanecer. – El general Iroh dio por terminada la reunión.

La comandante Kuvira salió de la tienda donde se llevaba a cabo la junta y se dirigió a donde su escuadrón de caballerangos se encontraba.

- Baatar, ¿Están listos los hombres? Partimos enseguida. Debemos estar en el lado oeste de la planicie. – La joven de ojos aceituna miro a su compañero de armas que la esperaba con impaciencia.

- Todos estamos listos. - Le informo el hombre de las gafas de montura oscura.

- Necesito que alguien envié esto de inmediato. – Saco un pequeño sobre de debajo de su chaqueta y se la entregó a Baatar.

- ¿Carta para su esposa? – La tomo de las manos de la comandante.

- Espero sea la última, pronto estaré con ella. – Llegaron hasta donde estaba su semental negro y lo monto de un salto.

- Después de mañana estaremos más cerca de regresar a la hacienda. – Baatar sonrió estando al pie del caballo. – No te preocupes enviare esto con un mensajero.

Kuvira espoleo al animal que avanzo para dar un chequeo a su caballería antes de partir. Baatar se alejó para hacer el encargo.

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Hacia algunas horas que la batalla había comenzado. Antes del amanecer, la comandante Kuvira y su caballería estaban en sus posiciones, para cuando los primeros rayos del sol asomaron por el horizonte, se lanzaron al ataque.

Los revueltistas los esperaban ya. Empuñando un rifle y sus pistolas, la comandante se había arrojado al combate. Al principio lograron hacer que el enemigo se retirara huyendo despavorido, pero no contaban con que eso era un señuelo.

Los soldados de la revuelta se escondieron tras un pequeño grupo de árboles hasta donde los persiguieron. Sin embargo estos ya los aguardaban con una sorpresa. Pequeños morteros aprestados en medio de los árboles comenzaron a lanzar su carga. La primera línea de ataque de la caballería cayó con los primeros cañonazos.

Kuvira ordeno a sus fuerzas que se reagruparan y atacar a dos flancos. Baatar llevaba los caballerangos por el lado derecho logrando internarse en el pequeño bosquecillo logrando acabar con los morteros a su paso. La comandante encabezo el ataque frontal, exponiéndose directamente a los disparos de mortero.

Avanzo a gran velocidad con su caballo negro y un buen número de jinetes. En la segunda ráfaga de cañonazos, cayeron algunos más. Estaba por alcanzar las lindes del grupo de árboles cuando la tercera ráfaga de cañonazos la impacto.

El animal se desplomo muerto con el cuerpo destrozado por el impacto directo del arma. La comandante cayo recibiendo heridas por las esquirlas que se generaron. Estaba cubierta de sangre, solo que no sabía si era suya o del animal que yacía muerto a unos centímetros de ella.

De entre el bosquecillo comenzaron a salir revueltistas empuñando sus armas. Kuvira aún estaba aturdida, sin embargo reunió todas sus fuerzas y se levantó tomando sus pistolas y disparando a todo aquel disidente que se le acercara. Pronto se quedó sin municiones. Saco su espada y se preparó para el combate cuerpo a cuerpo.

Tenía los sentidos embotados, moviéndose solo por el instinto de sobrevivir, teniendo solo un pensamiento en la mente, volver a ver a Asami.

Blandió la espada defendiéndose de un par de disidentes, solo que poco podía hacer un sable frente a un arma de fuego. El impacto llego. Sintió el dolor en el pecho donde la bala había penetrado su carne, se fue de espaldas sobre el suelo. Apenas con su mente aun consiente vio como el disidente se acercó a darle el tiro de gracia. Cerró los ojos.

No se rendiría tan fácil.

Movió su mano y la hoja de su espada entro en la piel del disidente, quien soltó el arma y se derrumbó a su lado.

La sangre salía a borbotones a pesar de oprimirse la herida. Estaba por perder la conciencia cuando escucho una voz que le hablaba.

- Comandante, comandante, aguante, la ayudaremos. – Sus ojos se posaron en unos grandes ojos verdes que la miraban animándola a no dejarse vencer. Unos ojos verdes que le recordaron a los hermosos ojos esmeralda de su esposa. Intento contestar, pero ya estaba más allá.

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Korra, Mako y Bolín se habían enrolado en el ejército como habían acordado, cuando llegaron a la capital. No tuvieron problemas para apuntarse y entrar. Terminaron en un escuadrón de infantería de reciente formación que se estaba preparando para partir al norte.

Comenzaron su instrucción bajo el mando de la comandante Ahnah durante los primeros meses, para después pasar al batallón de la coronela Lin que estaba en el frente de guerra contra los disidentes.

Los tres amigos rápidamente lograron ganarse la fama de ser los mejores de su escuadrón y obtener el rango de cabos de primera para Mako y Bolín, mientras Korra obtuvo el de cabo mayor.

Para el día del ataque con el que pretendían dar fin a la revuelta, Korra, Mako y Bolín estaban en el frente de la infantería con un grupo de hombres que daría apoyo y encerraría a los disidentes entre ellos y la caballería.

Korra se dio cuenta de que la caballería estaba tardando más de la cuenta en llegar al punto de encuentro por lo que se abrió paso entre los combatientes con Mako y Bolín siguiéndola detrás. Descubrieron él porque del retraso y pidiendo refuerzos entraron a cazar disidentes obligándolos a salir de su escondite.

En el fragor de la batalla lograron desmantelar algunos de los morteros que asolaban al escuadrón de caballería. Haciéndolos huir al resto, cuando algunos jinetes se acercaron por los costados. Bolín salió tras ellos siguiéndolos fuera del bosquecillo y fue cuando vio a la comandante luchando por su vida contra algunos enemigos.

Disparo su arma para derribar a unos que se acercaban pero no podría llegar a tiempo para quitar del camino al que estaba al pie a punto de disparar, pues el mismo se había quedado sin balas. Lo vio caer con una espada clavada en él, pero otro disidente más se aproximaba a la comandante.

Korra apareció detrás de él y disparo matando al revueltista y luchando para alejar a los otros que estaban allí. Bolín se arrodillo al pie de la comandante.

- Comandante, comandante, aguante, la ayudaremos. – Le gritaba mientras buscaba algo para cubrir la herida que manaba el preciado líquido rojo. La miro a los ojos y vio que quiso hablarle pero las palabras no lograron salir de su boca.

- ¿Cómo está? – Pregunto la chica de ojos azules.

- Esta inconsciente, debemos llevarla a que la atiendan o morirá. – El joven de ojos verdes armo un vendaje improvisado y cargo entre sus brazos a la comandante.

Mako llego a socorrerlos también ayudando a su hermano a cargar a la oficial. Korra vio un caballo que vagaba cerca sin un jinete y corrió hasta él tomando las riendas. Lo monto.

- Mako, Bolín, pónganla aquí. La llevare hasta un puesto médico. ¡Rápido! – Los jóvenes subieron a la mujer al lomo del caballo, echándose a galopar Korra una vez sintió segura el agarre.

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A todo galope, Korra cruzo todo el campo de batalla llegando hasta el campamento donde estaba el puesto médico. Desmonto el caballo y pidió ayuda, hasta ella llegaron dos soldados a auxiliarla para bajar a la oficial.

Siguió a los soldados hasta que depositaron el cuerpo de la oficial en una cama y un médico llego a revisarla. Estaba muy pálida debido a la sangre que había perdido.

- La comandante necesita una transfusión de sangre, pero no tenemos unidades de sangre para tal propósito. – El galeno le dijo.

- ¿Qué puedo hacer para ayudar? – La chica de ojos azules pregunto.

- Siéntate aquí y descubre tu brazo. – El hombre le grito a una enfermera que estaba cerca de allí, pidiéndole aguja y manguera para realizar el procedimiento.

Durante una media hora Korra sirvió de bolsa de sangre para reponer la que la oficial había perdido, mientras el doctor extraía la bala y trataba la herida.

La cabo estaba mareada de estar donando su sangre para cuando el galeno le retiro la aguja. Sacudió la cabeza e intento levantarse pero sus piernas le fallaron por poco.

- Sera mejor que descanses un momento. La pelea puede esperar un poco más. – Le dijo el médico mientras estaba recogiendo sus cosas. – Ahora todo depende de cuan fuerte son sus ganas de vivir.- señalo a la comandante.

Mako y Bolín llegaron un rato después. Aparentemente la pelea había terminado para el atardecer.

Baatar se apareció al anochecer por el puesto médico preguntando por la comandante Kuvira. Le indicaron donde estaba y fue hasta ella. Los tres amigos estaban aún allí, esperando a que la oficial reaccionara.

- ¿Qué fue lo que paso? – Baatar se aproximó a ellos.

- No lo sé, ella estaba luchando y de pronto cayo, pensé que había muerto, pero no, mato a su oponente pero eran muchos y Korra mato a otro y yo llegue a verla solo que ya no respondía y… - El joven Bolín estaba intentando dar su explicación de los hechos gesticulando sobremanera.

- ¡Eh! Bueno la ayudamos y la traje hasta aquí para que la atendieran, pero creo que ya nos vamos. Debemos reportarnos en nuestro superior. – Korra completo la explicación de Bolín.

- Esperen, ¿a qué batallón pertenecen? – Baatar les pidió antes de que se fueran.

- Tercer Batallón de infantería, bajo las órdenes de Lin Beifong. – Contesto Mako.

- Muy bien, no se preocupen por eso. – El joven de gafas oscuras reflexiono un instante. - Ahora pertenecen al Primer Batallón de Caballería de la Republica Unida, bajo el mando de la comandante Kuvira Earth.

- ¡Hey! Espera, ¿qué fue lo que dijiste? – Una Korra sorprendida se dirigió a Baatar.

- Ahora son parte de la Caballería. - Respondió el joven Beifong.

- No eso. ¿Cómo se llama? – Korra señalo a la mujer del lunar que yacía postrada en el camastro.

- La comandante Kuvira Earth.- Repitió Baatar.

- ¡Wow! – exclamo Bolín.

- ¿Estamos hablando de la misma familia que es dueña de la hacienda del viejo Wan? – Mako pregunto con asombro.

- Si, ese era su señor padre. ¿Por qué les sorprende? ¿Acaso la conocen? – Baatar los miro a los tres por su extraña reacción.

- No, al menos yo no, ellos creo son de ese lugar. – La chica de ojos azules negó saber algo.

- Bueno, nuestra familia es del pueblo que está cerca de allí. – Mako intento explicar y Bolín solo se rascaba la cabeza en señal de nerviosismo.

Korra salió de allí. Tenía la cabeza dándole de vueltas, no a causa de la sangre que había cedido, si no de enterarse a quien había salvado.

- Soy una bruta, pero que pedazo de… - estaba pateando el suelo renegando por la jugada que el destino le acababa de hacer.

- Sera mejor que te calmes. El capitán aun nos está viendo. – Mako llego hasta ella con Bolín detrás.

La agarraron de los brazos y se la llevaron a rastras intentando sonreírle al capitán que los siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su vista.

- Cálmate Korra, debemos alejarnos de aquí. Vayamos a buscar a la coronela y… - El joven de ojos ámbar le pidió.

- ¿Calmarme? ¿Cómo me voy a calmar? Acabo de salvar a la responsable de que me separaran de Asami, el amor de mi vida. Yo no me puedo calmar, ni me voy a calmar. – dijo exasperada, recriminándose aun.

- Pero Korra, tu no podías saber eso. Ni siquiera la conocías, nosotros solo estábamos auxiliando a un superior herido en batalla. – Trato de ser conciliador el hermano menor.

- Eso es lo que más me puede. ¡Agh! – Golpeo al aire en una rabieta la chica.

- Insisto que debemos hablar con la coronela Lin y pedirle que nos reubique en otro lugar lejos de aquí. – Mako volvió a insistir.

- ¡No! – Alzo la voz la hija del capataz. – Haremos lo que el hombre ese dijo, nos uniremos al batallón que lleva la hija del viejo Wan y volveremos a casa. Recuperare a Asami. – sentencio.

- ¿Estas segura de eso? – Un incrédulo Mako pregunto.

- Así se hará.

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Kuvira no despertó sino hasta varios días después, se sentía terrible. Como si alguien le hubiera perforado el pecho, fue allí cuando recordó que en efecto, eso era lo que había sucedido. Al abrir los ojos se encontró con un poco familiar rostro moreno y ojos azules que le hablaba.

- ¿Qué fue lo que dijiste? – Todavía se sentía con los sentidos aletargados.

- Que como te sientes. ¿Cómo estás? – La chica la miraba con preocupación.

- Como si me hubieran arrollado una manada de caballos. – Quiso sonreír pero le producía dolor el mínimo esfuerzo.

- Tómalo con calma. Vas a tardar en recuperarte, así que relájate, vas a estar fuera de servicio un buen rato. – Le palmeo el pecho, haciendo que Kuvira gimiera por el dolor que le produjo el gesto de la chica morena. - ¡Ups, lo siento!

- Con cuidado. – Le contesto con molestia. - ¿Dónde está Baatar?

- El cuatro ojos debe andar por allí organizando la tropa, que nos movemos a otro lugar. – Se levantó de donde estaba sentada y se fue.

Vio alejarse a la chica de uniforme verde. Estaba completamente adolorida, lo último que recordaba era haber visto unos ojos verdes, la visión de su amada esposa ayudándola en medio del campo de batalla. Sabía que eso era imposible, pero el aferrarse a ella cuando estaba a punto de sucumbir en manos de la muerte la había salvado de algún modo. Ahora estaba allí postrada en una cama y solo debía recuperarse para regresar al lado de Asami. Necesitaba hablar con Baatar y averiguar cuál era el estatus de la situación con los disidentes.

No fue sino hasta más tarde que el joven capitán llego a visitarla.

- ¡Hey! Te ves echa una mierda. – Baatar esbozo una sonrisa que la comandante devolvió.

- He visto tiempos mejores. – intento incorporarse, pero el daño en su cuerpo no se lo permitió. – Es bastante molesto no poder hacer nada.

- Tu tarea ahora es recuperarte, déjame el resto a mí. – Tomo asiento en el mismo lugar donde Korra horas antes había estado.

- ¿Cómo están las cosas? – Kuvira esperaba escuchar buenas noticias.

- Los disidentes aquí están acabados, pero como ratas en un barco que se hunde todos están huyendo. Los altos mandos creen que están buscando aliados en otras partes. El descontento es general y a menos de que las cosas cambien estos levantamientos solo irán continuando. – La comandante solo frunció el ceño ante las palabras de Baatar. – Mi madre ha pedido convocar a elecciones para sacar del poder a Hou-Ting y tratar de calmar los ánimos.

- ¿Es eso posible? – Una incrédula Kuvira lo miro.

- Lo ha hecho ya. A veces pienso que mi madre está apoyando a los revueltistas de algún modo. – Baatar dijo esto con suma molestia. Si eso era verdad, su madre seria acusada de traición y condenada a muerte.

- No la culparía si lo hiciera. Muchas veces me pregunto si realmente estamos del lado correcto. Mira esta gente. Ellos solo quieren condiciones más justas y bienestar para su familia. ¿Quién puede culparlos de eso? – El joven capitán sabía que Kuvira llevaba cierta razón en lo que decía, pero lamentablemente no podían darse el lujo de pensar así estando al servicio del gobierno.

- Estamos en el lado que estamos, y a menos que desertemos, no podemos apoyarlos. – Sentencio con pesar.

- Al menos dime que podremos volver a casa.

- Eso no lo decido yo, el general Iroh ha ordena la persecución y ejecución de los disidentes que quedan. Nuestro batallón regresara a la capital y tu podrás tener tiempo para recuperarte. – Kuvira resoplo al escuchar esto.

- ¿No puedo tener al menos mi recuperación en casa con mi esposa? – Su voz sonó algo frustrada.

- Una vez en la capital podrás hablar con mi madre de eso y solicitar el permiso. Por cierto, pedí el traslado de tres soldados de la infantería a nuestro regimiento. – Le informo el capitán.

- ¿Por qué harías eso? ¿Son infantes no jinetes? ¿Para qué diablos los quiero en mi regimiento? – Kuvira pensó que eso era una tontería.

- Te salvaron la vida, además de que dos de ellos son del mismo pueblo que tú. Pensé que era la mejor forma de recompensarlos. Sacarlos de la guerra o no durarían mucho más como carne de cañón. – Baatar se levantó de su asiento y se aproximó a la joven militar palmeando su pierna. – Sera mejor que descanses. En un par de días partiremos de regreso a la capital.

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El traslado a la capital resulto ser bastante difícil para Kuvira. Le resulto tortuoso el viaje a caballo, a pesar de que Baatar le consiguió un carruaje para moverla ella insistió en hacerlo a lomo de caballo como el resto de su tropa. La chica de ojos azules que la había salvado la acompañaba siguiéndola de cerca, junto con sus otros dos amigos.

Mako y Bolín aún seguían acostumbrándose a su nuevo papel como miembros de la caballería, en su vida habían montado un caballo y les resultaba molesto dejándoles las piernas, la espalda y cierta parte de su anatomía adolorida. Korra por su parte, estaba alegre de tener que dejar de caminar como un soldado común. Como hija del capataz había aprendido a hacer las tareas propias de un caballerango en la hacienda así como las labores del campo. Por lo que no era nueva su condición de jinete.

- ¿Veo que te estas adaptando bien a tu nuevo puesto? – La joven comandante inicio una pequeña charla con la chica a su lado.

- Me agradan los caballos. Yo… yo solía tener uno antes de la guerra. – Comento con cierta melancolía.

- ¿En verdad? Bueno ahora volverás a tener uno. El será tu nuevo mejor amigo. – Con pesar vino a su mente el recuerdo de su hermoso corcel negro que con tanto amor había criado. Lo había seleccionado por ser un bello ejemplar y un brioso macho que procrearía grandes animales de campeonato. Era un gran animal al que estimaba en demasía, pero ahora ya no era más.

- Si, gracias. – El silencio llego y ambas callaron.

- No te he dado las gracias por haberme salvado. – Kuvira volvió a intentar retomar la conversación.

- No ha sido nada. Era mi deber. – Respondió de forma tajante la chica de los zafiros.

- Lo sé, pero tu deber había terminado en cuanto me dejaste en manos de los médicos, no lo que hiciste después. Si no hubiera sido por ti, yo no seguiría con vida. Te agradezco profundamente por eso. De algún modo te recompensare por ello. – Escuchar sus palabras de agradecimiento le caían mal a Korra, pues no podía dejar de pensar en el hecho de que había salvado a la mujer que le había quitado a Asami.

- No se preocupe por eso. – Espoleo a su caballo y salió a galope dejando atrás a una confundida Kuvira.

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Su llegada a la capital fue recibida con un desfile de triunfo, aunque el ambiente dejaba mucho que desear. La mayor parte de las personas que fueron a recibirlos se notaban insatisfechas y bastante inconformes con la situación del país. Una vez más Kuvira se cuestionó si lo que hacían era lo correcto.

Suyin, la madre de Baatar, les extendió una invitación para celebrar una fiesta en honor del regreso de las tropas. Baatar, Kuvira y los tres amigos acudieron a la recepción como invitados de honor por su sobresaliente labor en el campo de batalla.

- Hijo mío, me alegro tanto de verte. – Suyin era una mujer madura de cabello gris, ojos verdes y hermosas facciones, su parecido con su hermana Lin era muy notorio, nadie podía negar que fueran de la misma familia a pesar de sus famosas peleas.

- Madre, el gusto es mío de volver a verte. – Baatar hizo una reverencia para después corresponder con un abrazo a su madre que lo recibía con los brazos abiertos.

- Veo que no vienes solo, Kuvira, es un placer verte a ti también. Supe lo que te paso, ¿Cómo sigues? – Sus ojos verdes se posaron en la comandante quien saludo con una reverencia también.

- Mejor cada día. Muchas gracias por su magnífica invitación, estoy muy honrada de poder estar aquí con usted esta noche. – Haciendo gala de toda su caballerosidad, Kuvira tomo la mano de Suyin y deposito un beso en el dorso como muestra de agradecimiento.

- He oído que te has casado, felicidades. Tu esposa es una mujer muy afortunada. – Se miraron a los ojos durante un momento.

- La afortunada soy yo al tenerla a ella como esposa. – Dijo Kuvira a lo que Suyin acaricio su mejilla.

- Siempre tan galante y modesta. Si yo tuviera menos años estaría detrás de ti. – Comento con una gran sonrisa en el rostro.

- Mamá, que estoy yo aquí. – El joven de anteojos protesto por lo que su madre acababa de decir.

- Señora mía, la verdad es que con menos años o con más años, yo sería quien la pretendiera a usted. – Kuvira cerró un ojo, siguiéndole el juego para molestar a su mejor amigo.

- Bueno si ya terminaron de molestarme podemos pasar a otra cosa. – Un exasperado Baatar hablo.

- ¡Oh! ¿Y quiénes son estos tres guapos muchachos? – Suyin reparo al fin en la presencia de los otros chicos.

- Ellos son Korra, Mako y Bolín, los que me salvaron de morir en el campo de batalla. Explico la comandante.

- Mucho gusto en conocerlos al fin. He sabido por mi hermana Lin lo talentosos que son. – El comentario sorprendió mucho a los tres jóvenes.

- ¿En serio? ¿Estamos hablando de la misma Lin? – Dijo Mako.

- Creí que estaba más que feliz por deshacerse de nosotros cuando nos transfirieron a la caballería. – Suyin se rio al escuchar a Korra.

- Créame que me los encomendó mucho ahora que estarán bajo las órdenes de mis dos soldados favoritos. – Coloco su mano en el hombro de la chica de los zafiros para darle algo de confianza. – Sean bienvenidos a mi casa, disfruten de la velada.

Dicho esto, Suyin se alejó yendo a recibir a otros invitados a la fiesta.

- ¡Wow! ¡No me lo puedo creer que conocimos a Suyin Beifong! – Un Bolín entusiasmado y alegre anuncio. - ¡Y sabe quiénes somos!

- Calma hermano. – Mako se reía de la reacción de admiración del chico.

- Vamos a tomar algo. La casa invita. – Un hombre con una bandeja con bebidas llego hasta ellos y los 5 se aprestaron a tomar sendas copas para beber.

La fiesta trascurrió entre bailes y conversaciones acerca de la situación política del país. Baatar presento al resto de su familia a los tres amigos, mientras Kuvira se retiró a un lugar más silencioso de la casa. Seguía pensando en Asami y en lo mucho que la extrañaba, deseaba pronto regresar a casa.

- Veo que tienes muchos pensamientos en ti. – La madre de Baatar se acercó hasta ella.

- Señora Beifong… - volteo a verla.

-Sabes que puedes llamarme Su. – Esbozo una tierna sonrisa. – Sabes que a ti no puedo negarte nada, pero reconozco esa mirada y con pesar debo pedirte que permanezcas un poco más de tiempo aquí.

- ¿En qué le puedo ser útil? – Suyin tomo el brazo de la joven de ojos aceitunados y comenzaron a caminar rumbo al jardín.

Eso le recordó cuando solían hacer eso, hacia algunos años, cuando Kuvira recién acababa de llegar a la capital y Suyin la tomo bajo su tutela.

- Se vienen cambios importantes y necesito a alguien como tú para que me ayude a llevarlos a cabo. La gente te sigue, eres una gran líder y sé que con tu carisma y mi apoyo podemos llegar a hacer grandes cosas.

- Le sigo en lo que me dice. – Asintió con la cabeza.

- Por lo que he hablado con mi hijo, sé que ustedes dos no son ajenos a la verdadera situación que se vive en el país y de que es necesario un cambio de rumbo. Te necesito aquí para asegurarme de que ese cambio se logre. – Se detuvieron. – Se convocarán a elecciones, pero sé qué la actual presidenta no va a dar su puesto tan fácilmente y temo que algunos de los disidentes cometan una locura antes de que se lleven a cabo las elecciones.

- ¿Quiere que me encargue de evitar que maten a la presidenta? – Pregunto Kuvira.

- No, quiero que veles por los intereses del pueblo. Quiero que me ayudes a mantener el orden mientras se elige un nuevo mandatario y si llega a ocurrir el penoso deceso de la actual presidenta, estés a favor de establecer un nuevo orden.

La comandante reflexiono un momento ante las palabras que Suyin le estaba diciendo. Estaban conspirando, le estaba pidiendo que no interfiriera si ocurría el asesinato de la presidenta Hou-Ting y por el contrario respaldara el cambio de gobierno.

- ¿Quién tomaría el poder? – Quiso saber Kuvira.

- La persona más adecuada para hacerlo. – Fue lo que obtuvo por respuesta.

Sabía que Suyin no lo diría abiertamente, al menos no aun, pero era bien conocido por muchos que ella era la candidata a reemplazar a la actual mandataria. ¿Qué es lo que debía hacer ahora?

- Tienes mi respaldo y el de mis hombres. Dame los recursos y te conseguiré lo que deseas. – Podría sonar muy excesivo, pero si Suyin la había buscado para este trabajo era por una razón. Confiaba en que la militar solventaría bien los problemas y le ayudaría a conseguir su meta.

- Excelente decisión. Tendrás todo lo que requieras. – Se miraron a los ojos nuevamente y Suyin deposito un corto y casto beso en los labios de la comandante. – Sera mejor que regresemos a la fiesta antes de que alguien note nuestra ausencia.

Caminaron de regreso al salón de baile y disfrutaron de la fiesta el resto de la noche.

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En los siguientes días, Kuvira recibió el nombramiento especial de jefe de la guardia de la capital, tomando las atribuciones para encargarse de la seguridad y el control de la ciudad con ayuda de su ahora numeroso ejército. Suyin le había proporcionado un buen número de reclutas y armamento para disponer.

Ella y Baatar estaban moviendo todas las piezas para que la elección se llevara a cabo, aunque sinceramente Kuvira sabía que todo eso era más una pantalla que otra cosa. El cambio se iba a dar, si, con Suyin sustituyendo a Huan-Ting.

Korra, Mako y Bolín entraron a formar parte de su guardia haciéndose cargo de la seguridad en el Palacio Nacional, sede del poder de la presidenta. Desde allí, ellos controlarían los pasos de la regente y la apresarían en caso de que intentara bloquear o anular las elecciones.

Ante tal despliegue de fuerza y estrategia, la transición se dio sin demasiado problema. Todos estaban asqueados de la decadencia que imperaba en el gobierno de Huan-Ting y esta cedió el poder a cambio de mantener su vida. Se ordenó su exilio del país como primera orden de la nueva mandataria Suyin Beifong.

De este modo se dieron las cosas.

Kuvira solicito audiencia con la nueva presidenta para pedir el permiso que tanto esperaba y poder retirarse al lado de su esposa por fin.

- ¡Que agradable sorpresa! Sabes que no es necesaria tanta burocracia para que puedas venir a visitarme. – Una sonriente Suyin la recibió en su despacho.

- Gracias, eso lo sé, pero el tema a tratar no es una simple visita de cortesía. – Contesto al tiempo que tomaba asiento en una de las sillas frente al escritorio de la presidenta.

- Ya veo, retomaremos aquella plática. ¿Quieres solicitar el permiso para abandonar tu puesto y dedicarte a la vida conyugal? – Suyin entrelazo sus dedos colocando sus codos sobre el escritorio.

- Durante estos meses le he servido con aplomo y me he entregado a su causa. Ahora solo quiero pedir un año de permiso para poder hacerme cargo de mi herencia y mi esposa, como lo dicta el reglamento. – Entre la milicia existía una regla que ofrecía a los jóvenes militares que contrajeran nupcias el poder pedir un permiso por un periodo máximo de un año para convivir con sus parejas, después del cual debían regresar a cumplir su periodo de servicio.

- Sé que no tengo más con que retenerte aquí. Así que adelante, ve a disfrutar de tu vida. – Suyin se movió aproximándose a Kuvira y posando sus manos en los hombros de la joven. – Aun recuerdo cuando llegaste al ejército. Eras una chica tan talentosa y no pude evitar posar mis ojos en ti.

- Lo sé. – Kuvira tomo la mano de Suyin regalándole un beso. – Siempre serás mi primer amor.

La mujer mayor acaricio algunos de los mechones del cabello de Kuvira para después alejarse de ella.

- Espero algún día me permitas conocer a esa mujer que es dueña de ti ahora. – Le sonrió con melancolía. – Mi pequeña Kuv.

Ojos aceitunados jalo a la mujer mayor rodeándola con sus brazos descansando su cabeza en el hueco de su pecho.

- Muchas gracias, por todo.

Suyin cerró el espacio que había entre las dos con un último beso de despedida.

- Kuvira, quiero que lleves contigo a algunos de tus hombres, sé que la situación en el interior del país aún es algo inestable y me sentiría más tranquila si sé que tienes un equipo de respaldo. – Le pidió una vez se separaron.

- Así lo hare. – Le dedico una reverencia y salió del despacho.

- o –

El camino de regreso a casa estuvo prácticamente sin contratiempos. Moría en ansias de poder estrechar entre sus brazos a Asami y volver a besar sus labios rojos que el trayecto se le estaba haciendo tortuoso. Estaba casi completamente recuperada se su encuentro con la muerte y ahora gozaba de una excelente posición política dentro del nuevo régimen, se sentía bien y afortunada.

Baatar había insistido en acompañarla de regreso y pasar un tiempo alejado de todo lo que tuviera que ver con la guerra, solo dedicarse a criar vacas y pasear por el campo, como él lo había dicho, quizás conocer una linda campesina que le robara el corazón. Kuvira acepto que fuera con ella, siempre sería bienvenido en su casa.

Además de Baatar, llevo consigo un pequeño grupo de 10 de sus hombres más allegados para que tomaran un poco de descanso.

Era cerca del mediodía cuando cruzaron el pueblo, pronto las noticias de la llegada de visitantes corrió por todo el lugar.

- ¡Doctora! ¡Doctora! Soldados, llegaron soldados al pueblo. – Un chiquillo de ropas humildes llego hasta el pequeño hospitalito gritando las buenas nuevas.

- ¿Qué estás diciendo? ¿Quiénes vienen? – La joven señora Asami enseguida fue a su encuentro preguntándole al chiquillo.

- La patrona regreso. Es ella.

Apenas escucho esto, Asami salió corriendo del dispensario del pueblo, yendo a buscar a su amada esposa. Con lágrimas que desbordaban de sus ojos anduvo por las callejuelas siguiendo al pequeño hasta donde había visto a los soldados.

A lo lejos diviso los uniformes verdes del ejército.

El niño se le adelanto y gritando llamo la atención de los militares.

- ¡Patrona! Regrese, su esposa está aquí.

La comandante lo escucho y bajo del caballo viendo a su hermosa esposa corriendo hasta ella. Dejo todos los convencionalismos de lado y fue a por ella. La abrazo con fuerza levantándola del suelo y con urgencia busco sus labios, uniéndose en ese ansiado beso que buscaba desde hacía meses cuando partió de estas tierras.

- Regresaste. – Dijo cuándo se separaron del beso.

- Te prometí que lo haría. – Le respondió con felicidad la militar.

- Te extrañe tanto. Pensé que… - Kuvira coloco un dedo sobre su labios, silenciando sus palabras.

- Estoy aquí, a pesar de todo, estoy aquí. – Volvió a besarla con pasión.

- Ejem… lamento tener que romper su momento romántico, pero el resto aun quiere llegar a su casa. – Uno de los jinetes a caballo, se acercó a ellas.

- Esa voz… - Asami dijo apenas en un susurro antes de posar sus ojos en la jinete de aquel animal.

Su mundo se vino abajo en un segundo.

Era ella, Korra, su Korra. Se veía diferente, se había cortado el cabello y ahora vestía ropas del ejército, pero sabía que era ella. Eso no era posible. Korra estaba muerta.

Sintió desvanecerse sus fuerzas y se desmayó en brazos de Kuvira.

Korra bajo del caballo y se aproximó a ella.

Lo último que vio fue dos pares de ojos mirándola. Aceituna y Zafiro.

- o -

Waaaa ya se terminó el capítulo de esta semana… u.u

¿Qué creen que se viene ahora? ¿Qué les pareció el Suvira que puse? XDD ¿Cómo ven a Kuvira y a Korra? ¿Quién se llevara el amor de Asami? Hagamos apuestas… XDDD