Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: Por fin puedo ponerme a escribir y ¿saben que me paso? Que no podía comenzar a bajar las ideas de mi cabeza a la hoja de Word. Tarde más tiempo del que planeaba escribiendo este capítulo. Me resulto bastante complicado escribir pensando en Korra como la protagonista, por demás está decir que los otros fics Korrasami que tengo están sufriendo este bloqueo que traigo. ¿Es mi culpa que en mi mente solo haya lugar para Kuvira? Quizás, pero hice el intento y les traje este capítulo que espero les guste porque me costó una y la mitad de la otra. Una disculpa si quedo un poco forzado.

Antes que otra cosa pase, una disculpa enorme por estas semanas sin actualizar, pero ya paso la auditoria en el trabajo y puedo descansar en paz de bitácoras y números y resultados por lo menos un par de semanas. Mil disculpas por eso y gracias por ser pacientes, espero no haberlos hecho esperar demasiado.

Un agradecimiento a todas esas personas que se han dado el tiempo de leer mi historia en especial a las que dejaron un review del capítulo anterior. Empezando por GabyMarie mi hermosa novia que me tiene paciencia en todo este asunto de la escritura, te estoy llevando al lado oscuro del Kuvisami. cosasmias96 en respuesta a tu petición de hacer Korrasami la historia, bueno es lo que es, tratare de dar un poco de Korrasami en los siguientes capítulos en los que se va a dar ya el triangulo amoroso en pleno. LupitaAzucena gracias por las referencias que me diste, fueron buenas para darme una idea de donde ubicar geográficamente la historia. Phary una palabra para ti santosrecorcholismoradosyverdesbatman. sasori01 al fin está aquí la actualización, espero lo disfrutes. Obini he muerto de risa con la anécdota de tu reacción por el Suvira lol. Devil-In-My-Shoes tu no llegas tarde, llegas cuando debes llegar, como siempre es un honor tener un comentario tuyo eres la pura inspiración para hacer estas historias. Panquem quedas perdonada si tú me perdonas la tardanza por no actualizar pronto. deathinnocent aquí tienes el nuevo capítulo, disfrútalo. Lucy por tres, no me quiero equivocar pero espero seas la misma Lucy Gallegos que me escribió por face y me dio la alegría más grande que tuve en un día que era muy malo, tu regalo fue como luz en medio de la oscuridad. Muchas, muchas, muchas gracias. Susurro Nocturno hombre hasta que me haces el honor de pasar por aquí, espero puedas reconocer a este hijo perdido tuyo, si no fuera por ti nada de esto sería posible. Tranqui hombre, no te reclamo, eres bienvenido cuando quieras.

Hace unos dias me llego por inbox en mi cuenta de Facebook un hermoso fanart que Lucy mando a hacer, gracias al lápiz de Antonia Sanchez, se los he querido compartir asi que lo subi a mi muro. Para quienes quieran verlo pueden ir a . ?fbid=1001858316514053&set=a.503333586366531.119058.100000696819731&type=1&theater o simplemente anexarme, mi cuenta es Mag Max Bigotes Mendoza R.

Bueno ya no los entretengo más, pasen a leer esta siguiente entrega. Espero con ansias sus reviews.

– o –

Desde que Korra había dejado el pueblo con Mako y Bolin su vida había tomado un giro completamente diferente. Las cosas se habían vuelto complicadas con todo lo que sucedió en la hacienda. Entre el compromiso de Asami y la muerte del viejo Wan, así como la llegada de la hija de este, su mundo se había venido abajo. Todo lo que deseaba y anhelaba se esfumo como el humo de un cigarrillo. Ahora estaba camino a la capital con un futuro incierto y dos chicos con los que compartía esta nueva etapa de su vida.

Llegaron después de un largo camino a pie durante algunos días y algunos desvíos, la tarde caía sobre ellos y el cansancio les apremiaba.

– Mako, ¿seguro que es por aquí? – Un apesadumbrado Bolin le preguntaba a su hermano.

– Debe ser por aquí, si mal no recuerdo. – Cuando más joven, el hermano mayor había viajado con sus padres a la Capital para visitar a algunos parientes. Bolin era muy chico como para recordarlo pero él tenía aun memorias de aquel viaje.

– Admítelo. Estamos perdidos. – Korra caminaba tras ellos, le dolían los pies, la larga caminata y los zapatos le habían sacado unas grandes ampollas del tamaño de monedas. Caminar se le hacía tan doloroso.

– No chicos, sé que es por estos rumbos, solo necesito encontrar la fuente con el tipo del caballo. Enfrente…

– Enfrente está el cuartel, ya lo sabemos. Solo que ya dimos muchas vueltas a este barrió y no la hemos encontrado. – Korra se estaba desesperando, así que se acercó a unas personas que platicaban amenamente en uno de los puestos que había en la calle.

– Disculpen, tengan buena tarde, ¿alguno podría decirme como llego al cuartel de la milicia? – Le pregunto a un par de transeúntes.

Los dos tipos la miraron de arriba abajo y después hicieron lo mismo con sus amigos. Uno de ellos al fin hablo.

– Debes seguir derecho, salir a la calle principal y dar vuelta a la izquierda o ¿era a la derecha? – Se giró y esperando una respuesta de su compañero de platica, quien se rasco la cabeza tratando de recordar.

– Creo que es la izquierda. – Contesto el señor.

Mako, Korra y Bolin les agradecieron y reanudaron la caminata. Recorrieron la calle siguiendo las indicaciones de los hombres a los que les habían preguntado y pronto se encontraron con una plaza que tenía un pintoresco mercadillo. Algunos puestos con frutas y verduras en venta, así como un carnicero que afilaba un cuchillo para despachar un trozo de carne. Cruzaron las tiendas y allí estaba, una fuente con un jinete y un caballo que alzaba en alto su espada señalando la dirección donde se encontraba el cuartel.

– ¡Lo sabía! – Mako brinco de la alegría al encontrar al fin la fuente y el cuartel.

– Muy bien muchachos, aquí esta nuestra parada. Bien hecho hermano. – Un emocionado Bolin brincaba con Mako alrededor de la fuente.

Korra simplemente se agacho y con ambas manos saco un poco de agua echándosela en el rostro para refrescarse, paso la mano húmeda por su nuca y bebió un poco para mojarse los labios. Contemplo su reflejo en el agua perdiéndose en su imagen, en ese momento se detestaba tanto. Estaba muy enojada con ella misma por haber aceptado irse del pueblo y dejar atrás a Asami y estaba enojada con está por haberse comprometido con la hija del viejo Wan. Revolvió el agua para difuminar su reflejo y volteo la mirada a los chicos que seguían celebrando.

– ¿Y ahora qué sigue? – Los chicos la miraron.

– Pues hay que ir y preguntar cómo podemos enlistarnos. – El hermano mayor se recompuso la ropa que se había salido de su lugar.

Bolin se acercó a la fuente metiendo toda la cabeza dentro del agua salpicando a Korra y Mako cuando la saco sacudiendo su cabello.

– ¡Hey cuidado! – La joven de ojos azules se cubría con los brazos para evitar ser empapada por el más pequeño de los hermanos, solo que sin mucho éxito.

Al verse toda llena de agua Korra salto a la fuente arrojándoles agua a los chicos y estos la siguieron dentro jugando los tres como si fueran niños chiquitos. Divirtiéndose, riendo y siendo alegres. Estos hermanos la hacían olvidarse un poco de sus problemas.

De algún lugar escucharon un silbato y un par de manos la sacaron de la tina de la fuente e hicieron lo mismo con los chicos.

– ¡Oigan está prohibido jugar en la fuente y perturbar el orden público! – Un hombre bigotón de cabello chino, tipo afro, no muy alto pero con el vientre un poco abultado les gritaba.

Él y los otros dos hombres que le acompañaban los tenían sujetos de los brazos y los llevaban a empujones en dirección al cuartel. Fue allí cuando Korra reparo en los uniformes que vestían. Eran de la milicia, usaban una túnica verde que tenía bordado un logo en el costado que los reconocía como parte de la infantería.

– ¡Esperen! Nosotros nos vamos a enlistar, solo estábamos tomando un descanso. ¿A dónde nos llevan? – Forcejeando y pataleando el más joven de los hermanos trataba de hacerse entender con los uniformados.

Entraron al cuartel y en la explanada central los hicieron quedarse mientras uno de los hombres entraba a una de las oficinas. A los pocos minutos salió una joven mujer que vestía el uniforme de la milicia, solo que denotaba que era de un rango superior por las franjas en sus costados y las típicas hombreras metálicas de los oficiales. La piel morena y sus penetrantes ojos grises le daban un aire de ser del sur, como lo era Korra, sin embargo al hablar no poseía el acento típico de los sureños sino más bien tenía el acento de la capital.

– ¿Qué es lo que pasa con estos chicos? – Poso sus ojos grises en el trio escaneándolos por completo.

– Estos jóvenes estaban perturbando el orden público en la plaza. – El tipo del afro le contesto.

– Eso no es verdad. – Hablo Bolin por impulso pero al ser observado por la militar se sintió intimidado por la severidad de su mirada. – Solo estábamos tomando agua. – Bajo la voz hasta quedarse en un susurro.

– Dicen que vienen a enrolarse, por eso los trajimos aquí. – Continúo el hombre afro y bigotón.

Los tres chicos estaban formados en fila una junto al otro y la comandante camino delante de ellos estudiando su comportamiento. Mako procuraba no hacer contacto visual y desviaba los ojos al cielo tragando fuertemente saliva. El pobre de Bolin miraba el suelo y hacia mohines con sus pies en señal de timidez. Únicamente Korra mantenía la vista al frente y cuando la comandante se colocó delante de ella tuvo que vérselas cara a cara en un pequeño duelo de miradas.

Los ojos grises eran bastante severos, pero Korra había aprendido a no dejarse intimidar por nadie. Sostuvo la mirada hasta que la comandante esbozo una leve sonrisa.

– ¡Al suelo reclutas! Quiero 50 lagartijas, ¡ya! – El grito hizo saltar a los hermanos que de inmediato se tiraron al suelo desconcertados.

Korra hizo lo mismo, pero se mantuvo calmada. Esto era una prueba. Contaban "uno, dos, tres", "veinte", "treinta" y al llegar a ese número la hija del capataz se sentía desfallecer, no por la cantidad de lagartijas, si no por el cansancio acumulado del viaje. Pero no se rendiría tan fácil, "treinta y cinco", "cuarenta", "cuarenta y ocho, cuarenta y nueve y cincuenta". Se dejó caer en el suelo descansando al fin.

– Quizás me puedan servir. – La comandante se dio la vuelta para regresar a la oficina. – Denle unos uniformes y asígnenles un lugar, mañana los quiero entrenando con el resto de los reclutas.

El tipo del afro asintió y dio la indicación a sus dos compañeros. Los levantaron del suelo llevándolos a unas barracas que servían de dormitorios. En el lugar había dispuestas varias literas de tres pisos una frente a la otra en dos filas dejando un pasillo en el medio, probablemente cabrían unos 40 reclutas en el dormitorio. Al ver al hombre del afro y el bigote, varios de los reclutas que estaban recostados o solo pasando el rato en el dormitorio se cuadraron al frente cuando se percataron de su presencia.

– Esta será su barraca, a mi cargo, Cabo Mayor Bosco. – El militar se aliso el bigote sonriendo maliciosamente. – El Cabo se encargara de explicarles las reglas y darles lo que necesitan. – Bosco y sus dos hombres salieron del dormitorio.

Un chico no mayor a ellos se acercó.

– Bienvenidos al 5to batallón de infantería de la capital. Mi nombre es Arik, vengan conmigo los llevare a que les den sus uniformes. – El Cabo les sonrió con amabilidad y se echó a andar a la tienda del cuartel.

Arik les explico el reglamento, obedecer sin rechistar, hacer rápido y de buen modo, respetar a los rangos superiores y sobre todo nunca dejarse rendir. Le entrego a cada uno un uniforme de soldado con sus respectivas botas y regresaron a los dormitorios después de un pequeño tour por el cuartel.

– Y estos son los baños, si quieren refrescarse pueden hacerlo. – A Korra se le alegro el semblante ante la idea de poder disfrutar de un poco de agua sobre su cuerpo, se sentía toda sudada y bastante sucia así que no lo dudo y corrió para meterse al baño.

Al abrir la llave del agua se dio cuenta que el agua de la capital no era para nada igual a la de su pueblo. Esta estaba toda turbia y no olía muy bien, nada que ver con el agua cristalina de los pozos, manantiales y riachuelos de su tierra. Sin embargo esto era algo mejor que nada. Lleno la tina y se metió dentro. Disfruto del baño con agua fría para calmar sus músculos y salió de allí cuando su piel se arrugo como una uva pasa.

Cambio sus ropas habituales por la ropa de dormir del ejército, una camiseta blanca y unos pantaloncillos verde claro con unos zapatos de tela verde oscuro y suela suave. Regreso al dormitorio donde los hermanos ya estaban echados en sus respectivas literas, Mako eligió la más baja, Bolin se acomodó en la de en medio dejándole a Korra la de hasta arriba.

– ¿En serio? – La chica se cruzó de brazos. – Me voy a caer de esa altura, me muevo demasiado en la noche.

– Tardaste mucho en el baño y perdiste tu oportunidad de elegir. – Mako se metió debajo de las sabanas para no ceder su lugar.

– ¿Te lo puedo cambiar si quieres? – Como siempre el bueno de Bolin se ofrecía para ayudar.

– No déjalo Bo, si me caigo procurare golpear a Mako en venganza. – Miro con enojo al mayor de los hermanos.

Agarro la sabana de Mako y le cubrió la cabeza dándole un golpe en las costillas para quitarle una almohada y a toda prisa subió hasta su cama en lo alto de la litera.

– ¡Oye! Devuélveme mi almohada. – El chico se levantó intentando subir a la litera para recuperarla pero a medio camino Korra le sorrajo en la cara la almohada haciéndolo caer al suelo dándose un fuerte golpe contra el piso. – ¡Aghhh! – Se sobaba la espalda.

Bolin y Korra estallaron en risas y Mako les siguió en la risa aun adolorido por el golpe pero levantando en lo alto su almohada.

– ¡Shhh! ¡Silencio! Otros queremos dormir. – Los chicos bajaron sus risas y se acomodaron en sus respectivas camas para poder descansar al fin.

Muy temprano el sonido de un silbato los despertó de golpe. Aun no amanecía pero ya era tiempo de empezar el día. Se vistieron rápido y fueron a tomar el desayuno. El comedor era simple, unas mesas largas con bancas en sus costados donde los otros reclutas se apelotaban para conseguir un lugar y no comer de pie. El trio tomo cada uno una bandeja y pasaron a que les sirvieran la comida. No tardaron mucho en eso como en encontrar un lugar donde acomodarse a desayunar.

El bullicio, las voces hablando por lo alto y los sonidos de bocas masticando y tragando iban y venían. Comieron rápido y en menos de treinta minutos estaban listos ya en la explanada formados para las indicaciones del día.

La misma mujer que el día anterior les había dejado entrar a la infantería estaba ahora al frente de todos los reclutas.

– Mi nombre es Ahnah, la comandante Ahnah para los nuevos que aún no me conocen. – Camino hasta donde estaban los chicos de la barraca donde Korra, Mako y Bolin pertenecían ahora. – Están aquí para servir y proteger. Somos la base del ejército, la columna vertebral, sean orgullosos de pertenecer a la poderosa infantería de la presidenta Hou-Ting. El 5to Batallón de infantería, el mejor preparado, el más fuerte y el más diestro en el arte de la guerra. ¿Están a la altura del compromiso que hoy asumen? – Grito en la última parte de su discurso.

– ¡Señor, sí señor! – Fue lo que recibió por respuesta.

– Sangre y sudor, no espero menos, aquí aprenderán a ser los mejores soldados de todo el país. Valor, coraje y deseo de servicio son las cualidades que deberán tener. No se aceptan cobardes ni traidores. – Hablo de forma tajante.

Después de la enérgica presentación, la comandante los despidió y los jóvenes reclutas iniciaron su entrenamiento militar. Korra se adaptó rápidamente, los ejercicios militares no le resultaron un gran problema, quizás solo al principio le costó un poco acostumbrarse pero con el paso de los días las cosas mejoraron mucho para ella y los chicos. Pronto se destacaron del resto.

Los tres hacían un equipo genial. La comandante Ahnah les asigno tareas cada vez más exigentes. Combate cuerpo a cuerpo, manejo de la espada y armas de fuego, fueron algunas de las cosas que fueron desarrollando. Eran buenos soldados pero también tenían talento en meterse en cada lio por lo que terminaban siempre con un castigo. Les encantaba gastarle bromas a Bosco y compañía.

- o -

Los fines de semana libres pasaban sus tardes en una de las tabernas del barrio donde bebían cerveza y armaban escandalo junto al resto de sus compañeros hasta altas horas de la noche. Los chicos se llevaban a Korra para distraerla y que no estuviera siempre ensimismada pensando en cierta joven de ojos esmeralda, pues se ponía insufrible cuando solo pensaba en eso. Al menos con un poco de cerveza, música y desastre ocasional, el tema Asami se volvía más llevadero.

– ¡Fondo! ¡Fondo! ¡Fondo! – El grupo de reclutas animaban ruidosamente a una Korra que competía con Bolin y el Cabo Mayor Bosco para ser el primero en terminar la ronda de cinco tarros de cerveza en el menor tiempo posible.

La joven de ojos azules se sentía un poco mareada pero eso no la hacía ir más despacio. Uno tras otro los tarros de cerveza quedaban vacíos boca abajo en la mesa del bar. Al final y casi por nada termino de beber el último y se proclamó ganadora dejando a un Bolin y un Bosco aun con cerveza por tomar.

Bosco se levantó del banquillo donde estaba bebiendo y pidió una canción al grupo que amenizaba en el lugar.

– A ver ustedes toquen una rola para animar esto que parece velorio. – El tipo ya se veía un poco ebrio. – Y tú, quiero la revancha, pero esta vez va con tequila. – Señalo a Korra lanzando el reto.

– Va, yo no me rajo, el que pierda va a bailar frente a la oficina de la comandante en ropa interior. – Estiro la mano para cerrar el trato, Bosco titubeo un instante para finalmente estrechar la mano de la chica aceptando el reto.

– ¡Tabernero sírvase otra ronda de caballitos dobles, cinco! – Dijo mirando desafiante a Korra mientras contaba en su mano con sus dedos del uno al cinco y se reía de ella, pensando que no aguantaría.

Mako y Bolin se acercaron a Korra.

– ¡Estás loca! Vas a terminar inconsciente con esa cantidad de alcohol. – Mako estaba molesto con lo que sucedía.

– Tranquilo hermano, Korra puede con eso y más. ¡A patearle el trasero al patán de Bosco! – En cambio el hermano menor apoyaba todas las ideas que Korra y él emprendían, Mako era como el gruñón que a regañadientes los acompañaba y siempre terminaba diciendo te lo dije.

– ¡Yo sé que puedo, yo sé que puedo! – Dijo para sí. – Deja de ser tan aguafiestas Makario. – Korra se estiraba y tronaba el cuello mientras Bolin le hacía masaje en los hombros para prepararla.

– ¡Que no me digas así! Mi nombre es Mako. – El joven se hizo el digno y se fue a la barra de la taberna pidiendo una cerveza y sentándose en un banco con molestia no queriendo participar del reto.

Los soldados rodearon la mesa vitoreando a uno y a otro. El tabernero dispuso cinco copas para cada uno y las sirvió al tope. Bosco reía a carcajadas burlándose de Korra.

– Este es un reto de hombres, aun puedes echarte atrás. – Alzo las manos para recibir más apoyo de los que lo acompañaban.

– Eso ya lo veremos, serás tú el que este desnudo mañana frente a la comandante. – Korra le hizo una señal obscena con la mano.

El hermano menor alentaba la porra que estaba del lado de la chica. Se sentó junto a ella en la mesa dando palmadas para infundir valor.

Una vez listos y servidos los tragos, el tabernero coloco una botella del tequila sobrante a cada lado de los contendientes explicando para que eran. Cuando terminaran de beber los cinco tragos, debían darle fondo a la botella hasta que uno de los dos cayera inconsciente. El que se mantuviera en pie hasta el final era el ganador.

Korra respiro profundo, no se amilanaba aunque eso ultimo le hacía dudar. Aun así seguiría hasta el final.

El tabernero inicio la cuenta regresiva y comenzaron a beber los tragos.

Uno. La bebida le quemaba la garganta pero la aguanto.

Dos. El fuego en su estómago le quemaba como el mismo infierno.

Tres. Eso fue como una patada de mula.

Cuatro. Sus ojos estaban llorosos y vidriosos, el alcohol comenzó a hacer de las suyas.

Cinco. El mareo se hizo más intenso.

Botella. Tomo el tequila bebiendo directo de la botella, Bosco ya estaba bastante mal a estas alturas.

Sorrajo la botella vacía en la mesa.

"Aguanta, aguanta, aguanta" Se miraron uno al otro. Bosco quiso hablar pero lo único que pudo hacer fue caer de bruces sobre la mesa sin sentido. La taberna entera exploto por todo lo alto proclamando a Korra ganadora.

La joven se levantó de la mesa tratando de dar un paso pero al igual que el cabo cayó al suelo cuan larga era perdiendo la consciencia.

Un balde de agua fría la despertó de golpe. La cabeza le dolía sobremanera, la luz del día le molestaba a los ojos y pronto se dio cuenta que estaba en ropa interior en medio de la plaza del cuartel. Estaba sentada con las manos y pies atados. Detrás de ella estaba Bosco que aun dormía.

Otro balde de agua fue a darle encima al cabo que se agito al sentir el líquido sobre él. La comandante estaba parada frente a ellos con cara de enojo monumental.

– ¿Me pueden explicar que rayos significa esto? – La vena de la sien de la comandante estaba resaltada por el esfuerzo de autocontrol ante la visión de esos dos.

– Todo fue culpa de ella. – Bosco trato de zafarse del problema.

– ¡Oh si claro! ¿Todo es culpa mía? ¿Quién es el que estaba de gallito anoche presumiendo de su aguante? – Korra se revolvió tratando de quitarse las cuerdas de las manos.

– Nosotros podemos explicarlo. – Fue allí que Korra se percató de la presencia de los hermanos por la voz de Bolin.

Los chicos estaban igual que ella atados pero aun conservaban su ropa solo que tenían algunos golpes en la cara y sus ropas estaban muy maltratadas y llenas de su sangre.

– El que sea que hable. – La comandante caminaba de un lado a otro.

– Bosco y Korra se echaron un reto de tequila y el primero que cayera perdería, Bosco fue el primero en quedar fuera pero a Korra le paso lo mismo y los otros dijeron que los dos habían perdido y los quisieron traer aquí y hacerles eso. – Señalo a los dos. – Mi hermano y yo nos opusimos a que se la llevaran porque ella gano, pero no nos hicieron caso y terminamos peleando y así es como estamos aquí. – Al fin Bolin tomo aire después de su larga explicación.

La comandante se agarro el puente de la nariz frunciendo el ceño.

– Un mes de castigo a los cuatro, sin permisos y con trabajo extra. Además de hacer la limpieza de todos los uniformes del personal. – Todos hicieron cara de "porque yo" pero no rechistaron, pues hacerlo equivaldría a aumentar su condena.

Esa fue una de las varias veces que terminaron en castigo por su comportamiento. Ya eran clientes y Bosco terminaba embarrado junto a los chicos.

- o -

A los seis meses de estar en el cuartel, un regimiento de soldados llego al lugar. Era un regimiento numeroso, todos iban con su maleta de viaje y sus armas al hombro. Al frente de ellos venia una mujer madura de cabello gris y con mucha mala leche. La comandante Ahnah tembló ante su presencia cuando la recibio. Era raro ver a la comandante comportándose de esa forma. Debía ser una persona muy importante y bastante severa para ponerla así.

Mando a reunir a todo el personal disponible incluidos los nuevos. Korra, Mako y Bolin se presentaron a la formación quedando sorprendidos por el despliegue de fuerza que representaba el numeroso regimiento. La mujer que venía a cargo se paró enfrente de todos en el cuartel.

– Coronela Lin Beifong a cargo del 3er Regimiento de Infantería del ejército de la presidenta Hou-Ting. Estoy aquí para llevarme a todo el personal capacitado disponible del 5to batallón. En este momento son requeridos sus servicios para combatir a los revueltistas que luchan en el norte contra nuestro honorable ejército. Iremos a reforzarlos. – Se giró hablándole a la comandante Ahnah. – Seleccione a los mejores para unirse al regimiento. – La coronela se dio la vuelta y entro a la oficina del cuartel junto con otros de sus hombres.

La comandante Ahnah comenzó a nombrar a las cuadrillas que se irían a la guerra. El trio esperaba poder quedarse, sin embargo esta era la oportunidad perfecta para que la comandante se deshiciera de ellos aun cuando eran novatos. Así fue como terminaron camino al norte junto al resto de los soldados de infantería que iban a la guerra.

- o –

Los días en el frente de batalla eran duros, pero por suerte para Korra, ella y los hermanos habían sobrevivido los primeros meses a pesar de todos los pronósticos para ser novatos. Su don natural de meterse en problemas y salir airosos de cada uno de ellos les había ganado reputación, no de la buena sin embargo. El Cabo Mayor Bosco estaba a cargo de su cuadrilla y aguantaba las llamadas de atención de sus superiores a causa de los chicos, solo que hacía caso omiso. El cabo los veía como buenos soldados además de que les debía el pellejo cuando en una incursión en territorio hostil casi lo habían pescado los revueltistas pero el trio lo saco del embrollo.

El día que Korra, Mako y Bolin obtuvieron su ascenso fue un día triste. En la guerra solo hay una forma de subir de rango y eso lo averiguaron de la peor manera. Bosco había recibido órdenes de limpiar un camino de suministro del ejército que estaba siendo acechado por revueltistas que se robaban las provisiones que enviaban para los soldados en el frente. Debían custodiar la caravana desde el paso de El Salto a la capital del estado Durango, que es a la que se le proveía de los recursos desde el puerto más cercano.

Muchos de los revueltistas bajaban de los pueblitos de la sierra para asaltar dichas caravanas y luego se perdían en los muchos caminos intrincados y escarpados del lugar. Meterse allí era un suicidio. Lo accidentado del paisaje y lo poco conocido que eran los caminos para los fuereños como ellos los hacia casi intocables a los locales.

Partieron de Durango para encontrarse con la caravana en El Salto, a medio camino del puerto, la caminata a pie fue a marchas forzadas haciéndola en tres días. Esperaron al convoy medio día cuando arribaron escoltados por otro grupo de soldados que pasaron la estafeta a Bosco y sus muchachos. Les advirtieron que habían sido seguidos por un grupo de insurrectos que los acosaban desde Pino Gordo pero los lograron mantener a raya.

El cargamento que llevaban estaba compuesto por suministros de armas y municiones así como provisiones de alimentos y ropa. El convoy tenía cerca de 20 carretas y ellos apenas eran 40 soldados de la cuadrilla, estaban justos.

Bosco iría al frente con unos cuantos soldados, Arik iba a la retaguardia con otros tantos y los chicos en el medio haciendo rondas alrededor. Lograron avanzar casi sin contratiempos hasta un pueblo rodeado de ojos de agua donde repostaron a los animales y descansaron un par de horas.

Korra relevo a uno de los soldados que iban al frente y se colocó a un lado de Bosco. Platicaban amenamente de tonterías por buena parte del tramo hasta que la noche los alcanzo y se detuvieron en un llano. La joven no se sentía bien de que acamparan en un lugar tan abierto como ese, los pequeños bosques de alrededor los hacían un blanco fácil para ser atacados.

Era pasada la media noche en su cambio de guardia que Korra, Mako y Bolin tomaron su turno de vigilancia. La joven había colocado una alarma rudimentaria, un perro que recogió del pueblo anterior y al cual había alimentado ganándose su confianza y ahora le ayudaba a vigilar el convoy. Patrullaba los alrededores con el can de pelaje blanco y ojos oscuros al que había nombrado como Naga. De pronto el animal gruño con recelo hacia un costado para ponerse a ladrar acto seguido, le ordeno ir en busca de Mako y Bolin y despertar al resto de los soldados.

Empuño su rifle apuntando al frente y fue cuando los vio, un grupo de revueltistas. Comenzaron a dispararle y apenas puedo echarse al suelo para responder a la agresión presionando el gatillo de su arma disparando a la oscuridad de la noche. Pronto llegaron los refuerzos, Mako, Bolin y algunos otros soldados. Esa noche la luna no estaba en el cielo, lo que hacía más difícil el poder distinguir algo en la oscuridad. Lanzaron antorchas al aire para alumbrar y poder localizar a los asaltantes.

Korra se lanzó a combatir a unos hombres que se habían acercado lo suficiente a ella para lograr verlos con ayuda de la escasa luz que se dejaba ver con las antorchas. Los hermanos llegaron hasta ella auxiliándola contra el grupo enemigo. Se escucharon disparos del otro lado del campamento. Los bandidos estaban atacando por dos flancos.

Repelieron el ataque de ese lado y el trio salió corriendo a socorrer a sus otros compañeros dejando que el resto de los soldados que estaban con ellos se hicieran cargo. Bosco y algunos de sus hombres descargaban sus balas contra otro grupo que intentaba hacerse con el control de la caravana. Naga estaba junto a Bosco ladrando hacia donde un revueltista se acercara alertándolo.

Korra llego hasta su lado y los hermanos se apostaron detrás de una improvisada barricada que habían construido anteriormente. El ataque anterior solo había servido de distracción, estos eran más numerosos. Bosco le pidió a Korra que fuera hasta una de las carretas en donde venía un cargamento de armas de artillería y tomara un par de morteros, con su fuego podrían hacer desistir a los asaltantes de su cometido.

El trio fue carreta por carreta buscando las armas hasta que las hallaron. Con rapidez tomaron cada uno un mortero y sus municiones. Regresaron hasta la barricada plantando las armas y alistándolas para disparar. Bosco estaba herido, la joven quiso auxiliarlo pero antes debían repeler el ataque. Las primeras ráfagas de los morteros impactaron logrando hacer huir a los asaltantes. Una vez que se dispersaron. Korra fue hasta donde Bosco se encontraba.

El cabo tenía una severa lesión en la zona blanda del estómago. La sangre había formado un charco debajo de él.

– Bosco aguanta. – La chica de ojos azules presionaba la herida de su superior, pero sabía que no sobreviviría mucho más. El tipo perdía sangre a raudales.

– Déjalo ya, sé que no voy a salir de aquí… mejor escúchame… – Las manos ensangrentadas de Bosco temblaban en espasmos, estaba sudando frio. – Arik está muerto y yo… yo lo voy a seguir… tú tienes que hacerte cargo. – Cogió la mano con la que Korra presionaba la herida.

– No digas eso Bosco, tú vas a estar bien, te vas a recuperar. – El cabo representaba para ella una especie de familiar, como un hermano mayor que a pesar de todos los problemas que le causaba siempre terminaban haciendo las pases y riendo por cada tontería.

– No me interrumpas. Confió en ti, sé que lo harás bien. – El suboficial tembló con violencia exhalando su último aliento.

– Así lo hare. No te preocupes. – Korra lo estrecho entre sus brazos derramando un par de lágrimas.

– Arik también está muerto. – El menor de los hermanos se acercó a ella dándole la noticia.

Mako estaba junto a otros soldados auxiliando a los heridos y tratando de poner orden en medio del caos. Korra cerró los ojos de Bosco soltando el agarre del hombre y dejándolo a un lado.

– De ahora en adelante yo estoy a cargo. Tú y Mako serán mis cabos. Agrupémonos, debemos salir lo más rápido posible no podemos quedarnos a esperar otro ataque. – Se limpió las lágrimas de la cara pero solo se manchó con la sangre que había en sus manos.

Bolin quiso reconfortarla pero ella lo detuvo con una señal de su mano.

No hubo mucho tiempo de nada, antes de que los revueltistas se volvieran a juntar para contratacar. Korra apresuro a todos disponiendo un par de carretas para cargar los muertos y los heridos, a pesar de todo, no dejaría que sus amigos quedaran allí en despoblado abandonados. Avanzaron a paso veloz y al amanecer ya habían obtenido algo de ventaja.

Pararon al medio día para descansar y poder atender mejor a los que habían resultado heridos. Korra junto a Mako, Bolin y otros soldados que se ofrecieron cavaron las tumbas donde depositarían a los muertos. De pie frente a la sepultura de quien en vida fuera su oficial superior, Korra juro que algo como eso no volvería a pasarle.

Por esa razón cuando se encontró con un oficial herido en el campo de batalla durante el enfrentamiento final contra los revueltistas en Santiaguillo, no dudo en hacer todo lo posible por salvarla. Por las ironías de la vida, cuando se enteró de quien era ese oficial que había salvado se maldijo por su estupidez. Esa había sido la última broma que Bosco le jugara desde el más allá, en pago por todas las veces en que ella lo metiera en problemas.

Ni Mako ni Bolin estaban de acuerdo con la morena cuando esta decidió que se quedarían en el escuadrón de la caballería que comandaba Kuvira y Baatar. Para ellos era muy arriesgado estar cerca, temían que si la comandante averiguara quienes eran ellos y sobre todo si sabía quién era Korra los llevarían sin juicio a la horca.

Para cuando regresaron a la Capital del país, Bolin y Kuvira se habían hecho buenos amigos, el joven hermano era muy llevadero con las personas y bastante sociable. Korra aprovecho esa amistad para hacer que Bolin le sacara algunas cosas a la comandante. Aunque en general Kuvira era muy reservada, Bolin se ganó su confianza quizás por su cara de niño y su inocencia innata. La comandante estaba agradecida con ellos tres por haberla salvado de la muerte, sobre todo con Korra, por lo que se convirtieron en su grupo más allegado.

Para cuando asistieron a la fiesta que Suyin organizo para recibir a los oficiales que regresaron del frente, Kuvira no dudo de colocar a los muchachos en posiciones estratégicas para cumplir con lo que la exmilitar le había encomendado. Al ser nombrada jefa de la guardia de la ciudad Capital, Kuvira puso a Korra como jefa de seguridad del palacio de gobierno de la presidenta Hou-Ting, con Mako como su oficial subalterno y a Bolin lo retuvo con ella para que sirviera de imagen frente a la sociedad. Con el carisma que el joven hermano poseía, logro ganarse una buena parte de la población de la capital.

A Korra le resultaba realmente chocante la presencia de Kuvira y en más de una ocasión habían discutido por tonterías, pero siempre se mantenía leal porque a pesar de todo la hija del viejo Wan no era una mala persona. La había visto ayudar y preocuparse por las personas menos favorecidas y desde que estaba de jefa de la guardia procuraba repartir equitativamente la justicia y hacer valer la ley en todos los estratos. El único pero que realmente le veía era esa extraña familiaridad que guardaba con Suyin Beifong, la madre de Baatar.

Instigaba a Bolin para que investigara acerca del tema, pero no pudo obtener de Kuvira ninguna razón concreta. En alguna ocasión las vio ser más cercanas pero cualquiera habría pensado que ese trato cordial era más por una relación madre e hija que por otra cosa. Mako le pidió que dejara el tema en paz pues si llegaba a encontrar algo turbio con el poder que ostentaba Suyin les sellaría la boca eternamente.

Bolin fue enviado por Kuvira con la orden de apresar a Hou-Ting cuando esta se negó a acatar las elecciones populares que se habían celebrado. Korra se vio tentada por la presidenta para que esta no la detuviera y la apoyara junto con el resto de la guardia de seguridad para oponerse a tal traición. Solo que la joven sabía que aunque hiciera eso el poder que Suyin y Kuvira habían construido tarde o temprano las aplastaría. Así que siguió las órdenes de ellas y arresto a la presidenta.

Korra entrego a Hou-Ting a Kuvira y Baatar, este último la escoltaría hasta el puerto oriental del país para ser deportada.

– Sabia que no me fallarías, elegí bien al ponerte aquí. Gracias por lo que has hecho hoy. El pueblo te lo agradece y me encargare de que no pase desapercibido. – Kuvira palmeo a la chica de los zafiros en señal de reconocimiento por su trabajo.

– Déjalo así, solo me gustaría poder regresar a casa y dejar atrás toda esta mierda política. – Korra le contesto con ruda sinceridad como siempre lo hacía.

– Lo sé. – La militar suspiro. – Yo también estoy cansada de toda esta cosa. Solo anhelo poder regresar al lado de mi esposa.

– Oh vamos, ¿te vas a poner sentimental en este momento? ¿En serio? – El tono irónico en la voz de Korra hizo reír a su superior.

– Pues usted disculpe jefa amargada, ya veo porque te llevas tan bien con Lin. – La chica giro los ojos y le reviro el comentario.

– Del mismo modo en que tú te llevas con Suyin. – La sonrisa de Kuvira cambió radicalmente a una línea y desvió el tema por donde peligrosamente Korra llevaba la conversación.

– No te preocupas, me encargare de que obtengas un permiso para visitar a tu familia. – La jefa de la guardia se despidió de ella y la dejo atrás.

Korra se lamentó de su falta de tacto, pero siempre pasaba lo mismo cada vez que alguien mencionaba la relación que ellas dos tenían. Solo evasión y silencio.

Días después Kuvira llego de visita al palacio de gobierno donde Suyin ya estaba instalada como la nueva presidenta. Saludo a Korra y procedió a reunirse con Su. Al salir de la oficina presidencial, la militar le dio la noticia a la jefa de seguridad. Korra, Mako y Bolin eran bienvenidos a acompañarla en su regreso a casa, a la casa de ellos también.

– Tengo entendido que ustedes son de cerca de donde es la casa de mi padre. Por lo que podrán visitar a su familia y convivir con ellos sin ningún problema. – Su superior le dijo.

– Bueno, yo soy de por allí cerca, pero Bolin y Mako si son oriundos de ese lugar. Sé que les alegrara mucho saber que podrán ver de nuevo a sus parientes. – Korra se rasco la mejilla tratando de desviar el tema de su lugar de origen.

– Entonces no se diga más. Partiremos en un par de días, estarán listos para entonces. – Pregunto Kuvira.

– Si lo quisieras partiríamos esta misma tarde, pero debo arreglar algunas cosas antes para dejar todo en orden. – Trato de disimular su emoción, pero era evidente que estaba contenta con la noticia.

Se despidieron y al quedarse sola Korra pudo por fin celebrar. Ansiaba con locura el poder regresar a casa, ver a sus padres y sobre todo volver a Asami. Ya no era la simple chiquilla campesina que alimentaba caballos y hacia labores del campo, no, ahora era alguien más importante. Con su nuevo rango de Jefa de Policía podía al fin aspirar a… a nada realmente. Olvidaba el pequeño gran detalle de que Asami estaba casada con Kuvira y a menos de que ella fuera la presidenta, ¿cómo podría competir para obtener a Asami de vuelta en su vida? No lo sabía, pero eso no le impediría luchar por conseguir lo que deseaba.

Con esa idea en mente se embarcó con Mako y Bolin para acompañar a Kuvira y Baatar de regreso a la hacienda del viejo Wan.

No tardaron mucho en el camino de regreso, como lo habían hecho hacia un par de años el trio a pie, ahora iban a caballo. Al entrar al pueblo una bandada de chicos llego a recibirlos y los acompaño a su paso por las calles.

– ¡Patrona! Regrese, su esposa está aquí. – A lo lejos se escuchó un grito de uno de esos chicos, pidiendo que se detuvieran.

Fue allí cuando la vio aproximarse, Asami venia detrás del chico al encuentro de Kuvira, quien apeo del caballo y la recibió con los brazos abiertos, para su desagrado.

– Regresaste. – Dijo cuándo se separaron del beso.

– Te prometí que lo haría. – Le respondió con felicidad la militar y Korra solo pudo pensar en lo detestable que era la imagen de ellas dos prodigándose amor.

No pudo soportarlo más, tenía que interrumpir de algún modo toda la escena o terminaría haciendo una tontería que los pondría en riesgo, pero realmente le resultaba enervante el hecho de que Asami recibiera de ese modo a Kuvira y deseo ser ella quien estuviera en su lugar.

– Ejem… lamento tener que romper su momento romántico, pero el resto aun quiere llegar a su casa. – Dijo acercándose aun montada en su caballo con evidente cara de disgusto.

– Esa voz… – Fue allí cuando los ojos esmeraldas de Asami la miraron y vio cómo se sorprendía por su presencia cayendo desmayada de la impresión.

– o –

¿Qué les ha parecido este capítulo? Lo se nos quedamos en el mismo punto del capítulo pasado. Aunque no tenía planeado contar esta parte, se me hizo necesario mostrarles el camino que siguió Korra después de dejar la hacienda hasta que volviera de nuevo a ella. Espero no haber decepcionado.

Espero sus comentarios mientras escucho a Nat King Cole cantar Aquellos ojos verdes pensando en Asami y lo que se le viene encima.

Cuídense, saludos y nos leemos pronto.