Entre el amor y el deber
Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.
NdelA: Haaaaabemus capitulo nuevo, por fin. No sé qué tal ha quedado, no le he dado una lectura final pues me da un poco de cosa ponerme a leerlo. Me tuve que dar de topes en la cabeza cuando el avance que tenia de este cap se perdió en las inmensidades de la dimensión desconocida, allá donde van los calcetines que se pierden en la lavadora, las llaves cuando las necesitas y tu cordura cuando es requerida. Por lo que tuve que rehacer una parte del mismo. Quizás para bien, quizás para mal, pues la parte que había escrito no me había convencido del todo. Veremos a Korra en plan patea traseros con tal de estar con Asami y a Kuvira ciega de amor, a la podre le caerá muy mal cuando sepa la verdad. Vamos encaminando el asunto.
Agradecimientos a lo que leyeron el capítulo anterior, en especial a: cosasmias96 jajaja, ya no hay más esperas, aquí tienes el nuevo capi. Montielowsky qué bueno que te agrado y no sentiste que estaba forzado, aunque si me costó un poco escribirlo. SSPolarStar cada vez que comienzo a escribir me tardo un buen en ordenar mis ideas para poder llevarlas al papel, en este caso a la computadora, pero al final me hace falta tiempo para poder escribir todo lo que yo quisiera. LupitaAzucena gracias por tus porras y por molestarte todos los días fustigándote. deathinnocent XD le seguimos. Obini Pues no, no estaba de más, por el contrario creo le sentó bien a la trama de la historia y ahora si podemos seguir adelante. GabyMarie algún dia escribiré un capitulo de la Rosa de Guadalupe o alguno de esos programas malos que dan en la tele, pero que como entretienen a la gente. Lucy nuevamente gracias por el regalo, fue un hermoso detalle. Panquem en efecto soy de Veracru así sin Z por que los zetas son un peligro en este estado, chayotera de nacimiento y ahora petrolera por vocación aunque no me guste del todo vivir aquí. Devil-In-My-Shoes ¿Qué te puedo decir? Las cosas vienen intensas y Korra hará de todo por recuperar a Asami. El fin justifica los medios y en la guerra y el amor esto toma un sentido muy diverso. Tomate tu tiempo, te agradezco infinitamente que puedas escribirme un review, pero me dejas preocupada, espero todo vaya bien. Guest XDD invitado número uno… en efecto, lo que se nos viene.
Como nota adicional, este capítulo y los sucesivos vienen inspirados un poco en ciertas canciones que me encantaría escucharan si es que no las conocen. La primera es el opening de la novela Que te perdone Dios, yo desconocía este hecho y la trama de dicha novela, la canción me la ponen todos los días en el trabajo y ahora es como una cosa necesaria escucharla por lo menos una vez en el día, se llama Aunque ahora estés con él de Calibre 50. Le queda como anillo al dedo a Korra y su situación. La otra es la canción de El ruido de tus zapatos de la Arrolladora Banda el Limón. Ambas canciones las oigo y no puedo evitar pensar en esta historia.
Pero bueno les dejo ya que lean el nuevo capítulo. Ojala les guste.
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Asami se había desvanecido entre sus brazos, la sostuvo entre ellos evitando que su esposa cayera al suelo. Uno de los chiquillos que estaban allí le dijo que llevaran a la señora Asami al dispensario para que la doctora Kya la atendiera. Baatar se aproximó presuroso hasta Kuvira y le ayudo a subirla a su caballo para llevarla donde el chico les había indicado.
– ¡Oh Por Dios! ¿Señora Asami? – Kya estaba atendiendo a una mujer y su bebé en una consulta cuando Kuvira irrumpió en el dispensario llevando en brazos a Asami. – Póngala en esa cama. – Le señalo un camastro que estaba cerca de la entrada.
Kuvira la coloco con cuidado sobre la cama y sostuvo su mano mientras Kya hacia una valoración de la joven. Después de unos instantes que a la militar le parecieron eternos la doctora al fin hablo.
– Usted debe ser Kuvira, la esposa de Asami. – La militar volteo a mirarla.
– Así es. Es un gusto conocerla doctora Kya, mi esposa me escribió de su trabajo con ella en este lugar. – Kuvira hizo una reverencia en señal de respeto.
– El gusto es mío y veo que Asami no exageraba al hablar de usted, es todo lo que ella describía, un príncipe azul sin duda. – El cumplido la hizo sonrojar levemente.
– ¿Cómo está mi esposa? – Pregunto con preocupación, llevando el tema a donde le interesaba.
– Debió ser la impresión. Quizás fue un sobresalto por su llegada. Solo hay que dejarla descansar. – Fue la respuesta de Kya y eso la tranquilizo.
– Entonces esperare aquí hasta que se recupere. Saldré un momento a despedir a mis hombres para que puedan ir con su familia. – Con dolor soltó la mano de Asami, hizo una reverencia a la doctora y salió del dispensario.
Afuera los soldados que le acompañaban la esperaban. Al verla caminar hacia ellos, se cuadraron para recibir órdenes.
– Mi esposa solo necesita descasar un momento, pero sé que ustedes están ansiosos por llegar a sus casas para poder ver a sus familiares. – Miro a sus hombres que lucían cansados y maltrechos por el viaje. – Pueden retirarse, nos veremos en un par de días en la hacienda. – Dicho esto, Kuvira regreso al lado de Asami en el interior del dispensario.
Baatar termino de despedir a los soldados y la siguió. Korra, Mako y Bolin se quedaron afuera.
– o –
– Korra tenemos que irnos, no podemos estar aquí. – El hermano mayor trataba de convencer a la chica. – ¿Has visto lo que acaba de pasar? ¿Es que acaso no recuerdas que para ella tú estás muerta?
– No me pienso mover de aquí. Necesito ver a Asami y hablar con ella. – Korra estaba evidentemente molesta y nada de lo que dijera Mako la haría cambiar de opinión.
– Entiende. Si ella habla y dice quién eres y lo que paso, ¿Cómo crees que nos va a ir? Nos van a matar, si no lo hace la comandante Kuvira lo hará el padre de Asami. – La chica caminaba de un lado a otro como los animales enjaulados, tratando de controlarse pero buscando una salida a su problema.
Bolin estaba parado entre Korra y la puerta de entrada del dispensario. Si era necesario usaría la fuerza para impedir que la joven de ojos azules entrara al lugar y los pusiera en peligro por su arranque.
– ¡Por favor Korra! Vámonos, después buscaremos la manera de que hables con Asami y le expliques lo que paso, ahorita no es el mejor momento para eso. – Bolin le hablaba de forma suplicante.
– Ya les dije que no. – Los hermanos se vieron a los ojos y asintieron. Estaba decidido, tendrían que usar la fuerza para hacerla desistir de seguir adelante. Era la única manera siempre que el tema Asami salía a colación.
Korra supo ver sus intenciones y se movió rápidamente pues los hermanos la estaban acorralando. Entre Mako y Bolin la sujetaron con fuerza pero ella los esquivo. Apenas y por centímetros Bolin alcanzo a agarrar la chaqueta verde de Korra sacándola de balance y haciéndola caer. Mako aprovecho y se tiro encima de ella para someterla, Bolin se repuso e hizo lo mismo.
– ¡Hey, oigan ustedes! ¿Qué están haciendo? – Un hombre mayor de aspecto fornido llego hasta ellos.
Los tres chicos forcejeaban con fuerza cuando fueron sorprendidos. Al escuchar la voz, todos voltearon a ver de dónde provenía.
– ¿Korra? ¡Oh por Dios! ¿Korra que haces aquí? – Los ojos azules de la chica se posaron sobre ese hombre y se reconocieron de inmediato. Era su padre, Tonraq, el capataz de la hacienda.
– Señor, por favor ayúdenos a hacerla entrar en razón. – Mako tenía sometida a Korra contra el suelo y libero un poco el agarre gracias a su hermano.
– Se supone que ustedes no iban a volver aquí. ¿Me quieren decir qué demonios hacen aquí? – El capataz estaba visiblemente molesto, camino hasta ellos y aparto a los hermanos levantando del suelo a su hija.
– Discúlpenos, pero es una larga historia que podría explicársela ahora pero me quedaría sin aire. – Dijo Bolin.
– Papá… – Tonraq estrecho fuertemente entre sus brazos a Korra impidiéndole decir nada más.
– Sea lo que sea, me alegro de verte hija mía. Me hace feliz saber que estas bien. – Al escuchar las palabras de su padre, Korra relajo su cuerpo y correspondió al abrazo que el hombretón le estaba dando.
Mako y Bolin cuidaban de que no hubiese alguien merodeando, pues con el escándalo que habían armado al tratar de detener a Korra podrían ser descubiertos.
– Sera mejor que nos vayamos que aquí para no levantar sospechas. – Sugirió Mako.
Se apartaron del frente del dispensario caminando hasta una callejuela vacía.
– ¿Qué es lo que intentabas hacer? – El capataz miro a los ojos a su hija y le pregunto, pero ella solo desvió la mirada.
– Lo que pretende hacer es una locura. Quiere entrar al consultorio o lo que sea que es este lugar y hablar con Asami sobre lo que paso sin importarle que allí adentro esta la comandante Kuvira y nos mande fusilar. – Tonraq miro al hermano mayor quien fue el que contesto ante el silencio que Korra mantuvo.
– ¿Es eso verdad? – El capataz sacudió un poco a su hija tratando de que esta reaccionara y dijera algo.
– Padre, necesito hablar con Asami. Necesito decirle lo que paso. Sé que ella entenderá y Kuvira también. – Su voz suplicante salió de su boca tratando de convencer al hombre frente a ella.
– Hija, no te engañes. Asami piensa que estas muerta, no conozco lo suficiente a la señora Kuvira pero sé que Hiroshi no permitirá que tú rompas esa unión bajo ningún motivo. Es un hombre malo que no se tentara el corazón de nuevo para sacarte del camino. – Apretó el agarre en sus brazos para hacer énfasis en sus palabras.
– Sobre lo de que Asami piensa que Korra está muerta… pues – Bolin se rascaba la cabeza para intentar contarle lo que acababa de suceder.
– Asami ya me vio y se desmayó de la impresión. – Soltó Korra sin más.
– ¡Pero que rayos! ¿Ella dijo algo? ¿La señora Kuvira que hizo? – Miro alrededor a los chicos para finalmente dejar caer su mirada en su hija.
– Nada, ella no ha dicho nada. Al parecer esta aun inconsciente, por eso necesito hablar con ella. – Korra fijo sus ojos a los de su padre en una mirada suplicante, como pidiéndole comprensión y su permiso para ir con Asami.
– No, si lo haces ahora empeoraras las cosas. Deja que yo hable con la señora Asami y le explique qué pasó. La señora Kuvira no debe enterarse de nada de esto aún y mucho menos el padre de Asami. – Volteo a ver a los chicos. – Por favor vayan a mi casa, llévense a Korra, más tarde los alcanzare.
– Papá…– Intento objetar la chica, pero Tonraq no se lo permitió.
– Por favor. – Mako y Bolin tomaron a Korra cada uno de un brazo y se la llevaron casi a rastras alejándose del lugar.
Tonraq tomo aire y valor para dirigirse al dispensario y tratar de tener un momento a solas con la señora Asami para hablar con ella. Era urgente, no podía permitir que este error de Korra fuera a más. Él sabía la clase de persona que era Hiroshi Sato y lo que podía hacer.
El capataz entro al pequeño edificio y pudo ver a la joven de ojos esmeralda aun tendida en la cama descansando. No había nadie cerca. Se aproximó al camastro y con cuidado le hablo a la chica.
– Señora Asami, señora Asami, por favor despierte. – Con unos leves movimientos, su mano tocaba el hombro de la joven para hacerla volver en sí. Lentamente abrió los ojos y lo miro con extrañeza.
– Tonraq… yo… Korra… – Las palabras no salían de su boca, agolpándose todas sin poder completar ninguna frase.
– Lo sé, por favor tranquilícese, yo le explicare todo. Por favor no diga nada. Nadie debe de saber quién es Korra ni que ella está viva. Hablare con usted más tarde, se lo suplico. – Asami siempre había sido una mujer centrada y tenía una confianza ciega en el capataz, por esa razón él se convirtió en su escolta personal cuando las cosas se pusieron difíciles.
Todas las tardes, el capataz, la iba a buscar al dispensario y la llevaba de regreso a la hacienda. Cuidando de que nada le pasase a la joven señora. Por lo que no dudo de sus palabras. No hablaría del tema con nadie hasta que el capataz le dijera lo que estaba sucediendo.
De una de las puertas traseras del dispensario salió Kya y detrás de ella Baatar y Kuvira la seguían. La doctora les había dado un pequeño recorrido por todo el lugar, mostrándole a la comandante el trabajo que su joven esposa había realizado por la comunidad.
– Tonraq, ¡buenas tardes! ¿Acaso ya es la hora? – La doctora le sonrió al verlo de pie junto a la cama de Asami.
– Buenas tardes Kya. Sí, ya es la hora. Venía a recoger a la señora para llevarla a la hacienda. ¿Qué es lo que ha pasado? – Kuvira se adelantó a Kya extendiendo la mano para saludar al capataz. – ¿Señora Kuvira? Qué bueno es tenerla de vuelta en casa.
– El gusto es mío. Es bueno volver a casa junto a mi esposa. – Estrecharon las manos.
Asami se sentó en la cama.
– ¿Cómo te sientes? – La comandante se colocó a un lado de su bella esposa y le pregunto con preocupación.
– Mejor, me siento mejor. Creo que fue la impresión, discúlpame. – Kuvira tomo su mano y la llevo hasta sus labios depositando un tierno beso.
– No tengo nada que disculparte, más bien al contrario. Soy yo quien te debe una disculpa por mi demora. Te prometo que no voy a irme de nuevo. – Se miraron a los ojos y la militar se acercó a besar los labios se Asami, quien se tensó un poco ante el gesto.
En su mente aún estaba fresca la imagen de Korra montada sobre su caballo. Se sintió mal con Kuvira. Necesitaba explicaciones y las necesitaba pronto.
La joven heredera dejo pasar la rigidez de su esposa ante el beso justificándolo con el resiente evento. Probablemente seguía sorprendida por su regreso.
– ¿Te sientes en condiciones para ir a la hacienda o deseas que permanezcamos un rato más aquí para que te repongas? – Asami se perdió por un instante en esos ojos aceitunados y se mordió los labios.
– Sí, creo que estoy bien. Me agradaría que fuéramos a la hacienda. – Se incorporó de la cama con ayuda de la militar y aliso su vestido.
– En ese caso, vamos a casa. – Kuvira acaricio su mejilla y la chica del cabello oscuro le correspondió con una leve sonrisa que se sintió un poco forzada.
– Señora Earth. – Una voz vagamente familiar saludo a Asami, Baatar se acercó haciendo una reverencia presentando sus respetos a la chica.
– Señor Beifong es un gusto volver a verlo. Sobre todo ahora que ha traído de vuelta a mi esposa. – Intento sacar fuera su tensión haciendo una broma al amigo de Kuvira.
– Lamento haber tenido que llevármela la última vez, pero era apremiante, el país requería el servicio de todos sus hijos. – El hombre de las gafas presiono una mano sobre el hombro de la comandante. – Y créame cuando le digo que sin su valiosa participación las cosas serían muy diferentes.
– No le hagas caso, está exagerando. – Kuvira se sonrió un poco avergonzada.
– Ya le contare la de anécdotas e historias que nos ocurrieron en este tiempo. – Dijo Baatar al tiempo que ofrecía su brazo a Asami para comenzar a caminar y dirigirse a la salida.
Tonraq les siguió. Kuvira se quedó un poco atrás para hablar con la doctora.
– Quédese tranquila. Ella está bien, es una chica muy fuerte. Sé que ahora está muy feliz por su regreso, solo ha estado trabajando tanto aquí que le vendrían bien unos días de descanso junto a usted. – Dijo en complicidad la doctora, Kuvira asintió.
– Hare lo posible para que descanse. Muchas gracias por todo. – Dio un saludo a Kya y salió del dispensario.
Afuera Baatar y Asami hablaban animadamente. Kuvira llego hasta donde estaba Tonraq y le pregunto qué en que había venido y el capataz le respondió que a la señora Asami le agradaba regresar caminando a la hacienda por lo que siempre iban a pie. La militar decidió que el capataz se llevara su caballo junto con Baatar y ella y Asami andarían el camino a pie.
Ambas se quedaron a solas. La noche comenzaba a caer, el cielo se había pintado de tonos naranjas y el azul oscuro empezaba a dominar el paisaje. Kuvira tomo la mano de su amada esposa feliz de poder estar a su lado. Asami por su parte, estaba nerviosa, la aparición de Korra la había dejado inquieta, todo lo feliz que podía estar por el regreso de la mujer que caminaba junto a ella se veía empañado por la chica que en otro tiempo había sido su mundo. De todos los escenarios posibles que se imaginaba, este era uno que ni siquiera le paso por la mente. Korra estaba viva, ella estaba casada con Kuvira, como le explicaría a cada una las cosas.
Recorrieron todo el tramo hasta la hacienda, con la militar contándole lo que había sucedido estos meses. Le hablo de la chica que salvo su vida en el campo de batalla y como después con su ayuda lograron conseguir la alternancia del poder en la capital. Cada palabra que salía de la boca de su esposa era dolorosa para la joven de labios rojos. Korra le había salvado la vida y por la forma en como hablaba de ella, Asami asumió que Kuvira no tenía idea de quien era Korra. Pues de haberlo sabido dudaba que la militar la hubiera convertido en alguien de su círculo íntimo.
Llegaron a la hacienda, entraron a la casa mayor y en la sala ya se encontraban platicando amenamente Baatar y el padre de Asami. Tonraq se encontraba allí también, pero él estaba un tanto apartado de la plática. Hiroshi dio la bienvenida a la heredera del viejo Wan y los invito a pasar a la mesa para cenar. Kuvira invito al capataz a la cena, para desagrado del administrador.
Al terminar, Kuvira, Baatar y Hiroshi se retiraron a la sala a seguir hablando de la situación en la capital. Tonraq se disculpó por no poder acompañarlos se retiró alegando que tenía otras obligaciones por hacer.
– Creo que yo también retiro a la alcoba. – Asami se levantó del sofá donde estaba sentada en la sala. Kuvira también se alzó. – No es necesario, iré a refrescarme, usted puede continuar la charla con mi padre y aprovechar ponerse al corriente de cómo está todo por aquí. – Esbozo la sonrisa más tierna que poseía para hacer desistir a la militar de acompañarla a su alcoba.
– Muchas gracias, pero no creo que sea indispensable, podemos continuar esta conversación el día de mañana. – La negativa de la militar la contrario un poco.
– En verdad no tienes por qué molestarte. – La joven esposa se retiró un mechón de cabello colocándolo detrás de su oreja y haciendo uso de sus encantos hablo en voz baja. – Quiero prepararme para… – Un leve rubor cubrió sus mejillas y Kuvira entendió el mensaje.
– En ese caso me quedare un rato más y después le alcanzare. – La comandante tomo la mano de su esposa y la beso.
Asami se despidió del resto y se retiró a su alcoba.
– o –
Caminaba por el pasillo que daba al patio interno de la casa buscando al hombretón del capataz. La noche ya había caído y las lámparas alumbraban con su luz a las sombras que bailaban al compás de la flama. Asami se acercó hasta el borde del pasillo a unos pasos del jardín cuando una voz le hablo.
– Señora Asami. – De detrás de un pilar emergió Tonraq apenas un poco para que la chica pudiera verlo y de inmediato se ocultó de nuevo.
– No dispongo de mucho tiempo. – Dijo la joven apremiando al hombre a hablar.
– Iré directo al grano. – El capataz se caracterizaba por ser un hombre de pocas palabras pero directas, sin mucha paja. – Korra está viva.
– ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Por qué fingir su muerte? ¿Por qué mentirme? – No pudo evitar que su voz sonara con cierto reproche y dolor al pronunciar esas palabras.
– Señora, tenía que proteger a mi hija. Casi la matan para evitar que ustedes se escaparan. – Al escuchar eso, la joven se llevó las manos a la boca ahogando sus sentimientos, pero no pudo evitar que sus ojos se llenaran de agua. – La dejaron muy mal, tuve que hacer lo que hice para que su padre creyera que se había librado de Korra y siguiera adelante con su plan de casarla con la hija del patrón.
– No, mi padre no sería capaz de hacer algo así. – Negó de forma rotunda.
– Señora no es mi intención culpar a su padre, pero sé que él tiene algo que ver con todo esto. Por lo que le pido que no revele que Korra sigue con vida. – Asami lo miro y asintió, las lágrimas pujaban por salir pero la joven las estaba conteniendo.
– No diré nada, pero si es verdad lo que dice, Korra no debe venir bajo ningún motivo a la hacienda. Mi padre la reconocería. – La idea de que dañaran a la chica de ojos azules le aterraba.
– Lo sé señora, pero ella quiere hablar con usted. Me temo que si su esposa se entera de cuáles son sus intenciones pueda hacer algo contra ella. – Pensar en que Kuvira pudiera hacer algo contra Korra era doloroso.
– Mi esposa no sabe quién es Korra en realidad, pero si mi padre se entera de que ella está viva puede decírselo. – Tenia que evitar un enfrentamiento entre ellas dos. – Que no se acerque a la hacienda, bajo ningún motivo.
Asami sabía que era inevitable, en unos días tendría que reportarse con Kuvira siendo Korra un subordinado de la militar. Al menos esperaba ganar un poco de tiempo para buscar la manera de proteger a la chica de ojos azules. Escucho pasos a lo lejos y supo que se estaban despidiendo en la sala. Su esposa no tardaría mucho en alcanzarla en la alcoba.
– Manténgala lejos de aquí. Tengo que irme.
Se apresuró a llegar a su habitación, entrando al baño se desvistió y se metió en la tina. Al poco rato oyó abrirse la puerta del cuarto, estaba nerviosa. No sabía cómo reaccionar con su esposa ahora que sabía que Korra no había muerto. Se sentía mal. Había traicionado el amor de Korra casándose con Kuvira y ahora traicionaba a su esposa pensando en otra mujer. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Amaba a Korra o amaba a Kuvira?
– o –
Kuvira entro en la habitación minutos después que su esposa, se despojó de la chaqueta de su uniforme y sus botas. Abrió la puerta que daba al baño y pudo ver a su esposa dentro de la tina. Su mirada estaba perdida, aparentemente concentrada en sus pensamientos.
Se acercó sigilosamente contemplando a la chica. Con la yema de sus dedos recorrió la piel expuesta de su brazo hasta su cuello. Asami brinco ligeramente al percatarse de su presencia. La militar se agacho y beso su cuello para después despojarse del resto de su ropa.
La joven de ojos esmeralda la observó conteniendo un pequeño grito al ver la cicatriz que surcaba su pecho.
– ¡Oh Dios mío! ¿Qué te paso? – Sin pensarlo mucho, se movió en la tina aproximándose, tocando la rosácea herida.
– Esta. – Tomo la mano de su esposa y guio sus dedos delineando toda la cicatriz. La militar extrañaba sentir ese hermoso y delicado toque. – Es la razón que casi no me permite regresar a ti.
Kuvira se introdujo en la tina colocándose detrás de Asami rodeándola con sus brazos y piernas. Tomo el jabón y comenzó a tallar su espalda. La placida sensación de las manos fuertes de la militar la relajo, se perdió en el sentimiento de comodidad que inundo su cuerpo. Se sentía bien, se sentía segura cuando estaba con su esposa.
Se tomaron su tiempo disfrutando del baño juntas. La militar había extrañado tanto el cuerpo de su esposa, su suave y pálida piel, sus pechos turgentes, sus piernas rodeando su cintura, el hermoso cabello negro que caía sobre sus hombros, ese rico perfume a jazmín que emanaba de ella. Sus manos se dedicaron a prodigarle caricias mientras enjabonaba cada rincón de su piel. Le susurraba palabras al oído contándole lo tristes y solitarias que habían sido las noches, cuanto recordaba su noche de bodas y lo mucho que ansiaba volver a repetirla.
Las preocupaciones que nublaban la mente de Asami se fueron diluyendo con cada caricia y cada palabra que le decía la chica de ojos aceitunados. Salieron de la tina y con delicadeza Kuvira seco el agua que goteaba del cuerpo de Asami, haciendo ella lo mismo con el suyo, la condujo de vuelta a la alcoba y se recostaron en la cama una junto a la otra.
Los besos de Kuvira estaban cargados de deseo, tan excitantes que Asami no pudo evitar ser calentada por el fuego que emanaba de ellos. Pronto de sus labios surgieron gemidos de placer al sentir la urgencia con la que su esposa la poseía. Le encantaba que la militar volcara su pasión tomándola con tanta fuerza y brío, aunque al principio la tratara con suavidad.
Asami se aferraba a la definida espalda de Kuvira y clavaba sus uñas en ella cada vez que esta arremetía contra su centro. Sus caderas iban al vaivén, marcando un ritmo lento o rápido siguiendo los movimientos de la soldado. El clímax llego explotando todos los sentimientos contenidos durante todos esos meses.
La chica de ojos aceitunados atrapo entre sus brazos a su bella amante y esta se rindió al cansancio después del día tan ajetreado que tuvo. Durmieron tranquilamente el resto de la noche.
– o –
– ¿Y bien? ¿Pudiste hablar con Asami? – Ni bien el capataz estaba abriendo la puerta de entrada de su casa cuando Korra salto sobre el interrogándolo.
No contesto de inmediato. Paso al interior de la casa, se quitó el cincho donde llevaba colgando su machete y fue a sentarse a la mesa.
– Si, hable con ella. – Cruzo las manos sobre la mesa.
– ¿Qué fue lo que te dijo? ¿Cuándo podre verla? – Korra estaba al borde de la desesperación y su padre no parecía querer soltar prenda.
– No puedes ir a la hacienda, ni pararte cerca de la casa mayor. – Dijo Tonraq de forma tajante, lo que le gano el enojo de su hija.
– ¿Le dijiste que estoy viva y que quiero verla? – Golpeo la mesa con frustración.
– Así es, ella lo sabe. También sabe que fue su padre quien casi te mata y no quiere que vayas a buscarla. – Contesto de forma tranquila.
– ¡Mentira! Ella no diría eso. Seguramente tiene miedo de lo que pueda hacerme su padre, pero ya no soy esa niña. – La terquedad de su hija le estaba empezando a sacar de sus casillas.
– Bajo ningún motivo puedes ir a buscar a la señora Asami, ella ya está casada y ya no está a tu alcance. – El capataz se levantó de su asiento enfrentando a Korra.
– Eso lo veremos. – Sentencio y camino hacia la salida.
Tonraq quiso detenerla tomándola del brazo pero la chica se zafo del agarre y le reviro tomando ella su brazo en una llave empujándolo contra la mesa.
– No he llegado hasta aquí para dar vuelta atrás. Hare lo que sea necesario para acabar con Hiroshi Sato, Kuvira o cualquier otro que se interponga entre Asami y yo. – Ejerció mayor presión en el brazo de su padre para hacer énfasis en lo que decía.
– Está bien, está bien. – Se rindió y la chica de ojos zafiro lo soltó. – Si estas tan segura de que eso es lo que quieres no me interpondré pero necesitaras ayuda para enfrentarte a Hiroshi. – Korra era más fuerte de lo que pensó, le había dejado el brazo lastimado.
– ¿De que clase de ayuda estamos hablando? – Tomo una de las sillas y se sentó en ella.
El capataz le conto todo lo que Hiroshi se había dedicado a hacer durante este tiempo en que la hija del viejo Wan no había estado en la hacienda.
– o –
Hiroshi se había despertado temprano esa mañana, tenía asuntos que atender ahora que la heredera de la hacienda estaba aquí y antes de que pidiera saber cuál era la situación de su fortuna él debía arreglar todo para que las cuentas cuadraran. Eran tiempos difíciles y algunos de los negocios se vieron perjudicados por lo que hubo pérdidas, esa era su principal coartada. Echarle la culpa a la situación del país y a los robos de revueltistas para justificar el dinero perdido.
Fue hasta los establos a buscar su caballo para dirigirse al banco del pueblo y pedir las ganancias de la semana. Solo que no encontraba por ningún lado a alguno de los mozos de la cuadra, lo cual le hizo enojar.
– ¿Dónde rayos se meten los criados? – Grito para ver si alguien contestaba.
– Me temo que por el momento ninguno está disponible. – Hiroshi volteo al escuchar la voz vagamente familiar.
La vio allí parada a unos pasos de él. Era la hija del capataz. Se echó para atrás sorprendido, la chica estaba muerta o eso es lo que él pensaba, movió la mano para buscar su fusta y golpearla pero Korra fue más rápida. Agarro la fusta despojándolo de ella y empujando al administrador quien cayó de espalda al suelo.
– Creo, señor, que no necesitara esto. – Paso la punta de la fusta por la mejilla del hombre en el suelo.
– ¿Tu? Se supone que estabas muerta. ¿Cómo es que estas aquí? – Korra puso su bota encima del pecho del administrador para impedir que este pudiera levantarse.
– Los azares del destino me trajeron de vuelta. – Hiroshi la miro con desprecio. – Vine por su hija así que no me vea de esa forma querido suegro, estoy aquí en la mejor disposición de hacer un trato con usted.
– Yo no hago tratos con escorias como tú. – El hombre busco zafarse del empuje de Korra, pero esta presiono con mayor fuerza su bota contra el pecho sacándole el aire.
– Soy yo la que no debería estar haciendo tratos con personas tan viles como usted, sin embargo lo hago por su hija. – Escupió y la saliva cayó sobre las gafas redondas del administrador. – Se exactamente la clase de hombre que es, como se ha gastado la fortuna de sus patrones y todo lo que ha robado a la hacienda, sin contar que intento matarme, esa es ya razón suficiente para ser fusilado en el acto si estuviéramos en el ejército.
– Eso no es verdad, nadie te creería maldita india. – Korra golpeo al hombre en un costado con la fusta y este se revolvió por el dolor.
– Quizás la hija del capataz no tenga poder para eso, pero la jefa de la guardia de la capital tendría todo el respaldo del gobierno y la ley. No me costaría nada enviarlo al paredón si así lo quisiera. Solo que Asami no me lo perdonaría, a pesar de la clase de hombre que es su hija lo ama igual. – Quito su pie de encima y le propino una patada en el estómago.
– ¡Ahg! – Tomo aire después del golpe, sopeso la situación y llego a la conclusión que de momento no tenía otra opción. – ¿Qué es lo que quieres?
– Usted sabe lo que quiero. Quiero a Asami y que no se interponga en mi camino. Usted no va a abrir la boca me entiende. Usted no me conoce ni sabe quién soy. Cuando Kuvira me presente como lo que soy, la jefa de la guardia, usted no se callara la boca o de lo contrario Kuvira se enterara de sus malos manejos y yo misma lo matare con mis propias manos. – Volvió a propinarle otra patada en el estómago. – ¿Quedamos claros?
– Esta bien, yo no diré nada, si tu no dices nada. – Hiroshi se cubrió para evitar ser golpeado de nuevo.
– Me parece que tomaste la decisión correcta querido suegro, más te vale no traicionarme. – Volvió a alzar la fusta en el aire y la dejo caer con fuerza, el hombre se cubrió la cara pero el latigazo nunca llego.
Korra daba la vuelta y se alejaba del lugar tirando la fusta lejos. El administrador se paró con dificultad magullado por los impactos que la chica le había infringido y salió del establo.
Llego hasta la puerta principal donde uno de los mozos de la casa estaba sentado en las escaleras de la entrada, le grito que fuera a buscar al teniente que era urgente que se presentara ante él.
– Padre, ¿qué te paso? ¿Estás bien? – Asami se encontraba cerca de la entrada dando algunas indicaciones a las sirvientas de la casa cuando oyó a su padre hablar con el mozo.
Detrás de ella salió Kuvira acompañada de Baatar, los tres se disponían salir a dar un paseo matutino por los alrededores.
– ¿Suegro que le ha sucedido? – Las ropas de Hiroshi lucían arrugadas y sucias, llenas del lodo que había en la caballeriza, además de su cabello despeinado.
– Al parecer uno de los caballos de la cuadra le ha dado un pequeño susto a su administrador. – La chica de ojos azules camino hasta pararse a un costado del hombre de gafas redondas y lo sostuvo de un brazo. – Por suerte estaba por allí y evite que el animal se le fuera encima.
Korra lucía su uniforme verde del ejército, parecido al de Kuvira pero con la diferencia de en los logos de los brazos que mostraban un rango diferente al de la comandante.
– Sí, eso fue lo que paso. – Pronuncio Hiroshi deshaciéndose del agarre de la chica yendo hasta donde estaba su hija.
Asami miro con miedo a su padre y luego a Korra, algo había pasado entre los dos para que él no dijera nada. Se sintió mareada, su corazón palpitaba de forma acelerada y su frente se vio perlada en sudor por el nerviosismo que le daba tener a la chica de ojos azules frente a ella.
– Veo que ya ha conocido a la testaruda de la jefa de la guardia de la capital. – Kuvira dijo sonriendo por los modales ásperos de la joven. – Hiroshi Sato, administrador de esta hacienda y padre de mi hermosa esposa, Asami. – Korra extendió la mano hacia el hombre.
– Korra, jefa de la guardia presidencial. – El administrador estrecho la mano y la chica apretó con fuerza estrujándole los dedos al hombre.
– Mi persona de mayor confianza, – miro al chico de barba en el mentón que iba a protestar y corrigió enseguida, – después de Baatar por supuesto.
Korra hizo una reverencia delante de Asami, y esta tuvo que contenerse y controlar sus sentimientos, luchando con el miedo que surgía en su interior.
– Es un placer conocerla, veo que es más hermosa en persona que lo que la comandante solía describir tan animadamente. – Tomo la mano temblorosa de la joven esposa y beso el dorso demorándose un poco más de lo permitido.
– ¿Creí que irías a visitar a tu familia? – Pregunto un tanto incomoda Kuvira al ver la demora de Korra sosteniendo la mano de su mujer.
– Bueno a decir verdad, no tengo mucha familia que visitar. Por lo que me la pase en los alrededores y si no le molesta mostrar un poco de hospitalidad sureña podría quedarme por aquí unos días. – Hablo con la misma rudeza con la que solía dirigirse a la comandante todos los días, por lo que Kuvira desestimo rápidamente su atrevimiento, ella era así.
– Eres bienvenida a quedarte en la hacienda el tiempo que desees. Eres una invitada bien recibida en esta casa. – La chica de labios rojos miro con un poco de disgusto a su esposa por el ofrecimiento.
– Me parece que tendrás compañía Baatar. – Korra le dijo al chico de la barba.
– Al menos tendré con quien pelear cuando estos tortolitos quieran estar a solas. – Bromeo Baatar.
– Yo me retiro a mi oficina. Necesito descansar un momento. – Hiroshi entro a la casa, sin esperar respuesta.
Asami aprovecho y jalo a su esposa a un costado para hablar con ella.
– Por favor, te lo pido, no quiero que ella se quede aquí. – Le suplico a Kuvira.
– Sé que es un poco áspera y descortés pero es una buena persona, ella me salvo la vida y le debo el poder estar contigo ahora. Dale una oportunidad, sé que te caerá bien. – Asami miro los ojos verdes de su esposa y sabía que no podía negarse, no era lógico que se opusiera a la permanencia de la chica sin una razón aparente.
– De acuerdo. – Con pesar acepto. Sabía que se arrepentiría de eso cuando puso sus ojos sobre los orbes zafiro y Korra le sonrío como solía hacerlo en los viejos tiempos.
– o –
¿Qué les ha parecido el capi? ¿Cómo ven a Korra y su determinación de conseguir a Asami a toda costa? ¿Qué hará Kuvira cuando se entere? ¿Hiroshi se quedara tan campante o intentara algo malo?
¡Aaahhgg! Ya quiero escribir el nuevo episodio… de mientras me quedo oyendo mi canción… Aunque ahora estés con él…
