Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: De antemano una enorme disculpa por no haber actualizado antes, pero he tenido bastantes cosas últimamente que no me han dado el tiempo y la inspiración para poder ponerme a escribir como Dios manda. Una épica mudanza a un cuarto piso de un edificio, peleas con los nuevos vecinos que resultaron ser unos ojetes de primera, algunas peleas en casa, problemas laborales y viajes de trabajo que me han hecho estar de cabeza estas semanas. Solo les puedo asegurar que no abandonare este proyecto hasta su final. Así que no me abandonen, que yo aún sigo en este barco. Un agradecimiento gigante a aquellos que dejaron su review del capítulo pasado y a aquellos que leyeron la historia aunque no dejaran su comentario un gracias también. Mientras ustedes quieran seguir leyendo yo seguiré escribiendo.

Jajajaja, sé que me vuelvo puras disculpas pero me muero de sueño y mi novia me apresura a que me vaya a la cama, así que les dejo ya el capítulo. Disfrútenlo.

– o –

Después del regreso de Korra a la hacienda haciendo gala de un desparpajo y una arrogancia sobre su padre, Asami no sabia que pensar de la situación. Su padre, Hiroshi, no había hecho ningún comentario ni ninguna grosería o desplante a la hija del capataz, vaya ni siquiera había volteado a dirigirle la palabra. Eso se le había hecho sospechoso a la joven de ojos esmeralda, puesto que su padre no era así. Un hombre como él no se comportaba de esa forma. En cuanto tuvo la oportunidad Asami no dudo en ir a hablarle, tenían que aclarar todo lo que había pasado. Uno de esos días en que su esposa estaba ocupada con sus asuntos sobre la hacienda junto a Baatar, y Korra estaba en el pueblo con su atención en su nueva ocupación, aprovechó el que su padre se quedará en su despacho para presentarse delante de él y encararlo. Ya había pospuesto demasiado esa conversación.

Lo encontró con la cabeza metida entre libros y más libros de contabilidad, tan concentrado en lo que estaba que cuando llamo a la puerta y entro ni siquiera se molesto en levantar la vista.

– ¿Qué es lo que necesitas hija mía? – El administrador apenas echo un vistazo y siguió con sus apuntes.

– Padre, quiero hablar con usted seriamente acerca de Korra. – Asami había entrado al despacho y estaba de pie frente al escritorio de su padre decidida a agarrar el toro por los cuernos, Hiroshi al escuchar de labios de su hija el nombre de esa mujer se tensó sobremanera rompiendo la punta de su lápiz sobre el papel que sufrió por el pequeño arrebato.

– No hay nada de que hablar. Tienes una esposa. ¡Olvídate de esa india! – Dijo a modo de orden, pero eso no la amilanó.

– No voy a andar con rodeos padre. ¿Es verdad que usted ordenó que mataran a Korra? – Tomó valor dejando salir la pregunta yendo directo al grano.

– ¿Quién te crees que eres para cuestionar mi autoridad y mis decisiones? – Hiroshi se levantó de su asiento golpeando con ambas manos el escritorio y hablando fuertemente, lo que hizo dar un salto hacia atrás a su joven hija pero rápidamente recuperó la compostura para no mostrar debilidad. – Lo que hice lo hice por tu bien. Aunque, te puedo asegurar que no pretendía matarla solo darle una lección, no me iba a ensuciar las manos con su sangre y mucho menos hacerla una mártir a tus ojos, si eso es lo que te preocupa. – El rostro de Hiroshi estaba tenso por la ira.

– Aun así, padre, aunque usted no haya ordenado que la mataran, no tenía el derecho de hacer eso. – Las mejillas de Asami estaban enrojecidas por el enojo contenido.

– Tengo todo el derecho porque para eso soy tu padre y lo único que he procurado toda tu vida es lo mejor para ti. Deberías dar gracias porque conseguí para ti una esposa que te ama y se preocupa por tu bienestar, que tiene lo necesario para satisfacer tus requerimientos como una señora decente y no terminaste como la simple esposa de un jornalero que no sabrá si tendrá suficiente para llevar la comida a la casa o no. – El administrador se compuso las gafas y continuó con su discurso. – Hice lo necesario para asegurar tu futuro y no puedes juzgarme por eso.

– Pero que hay del amor, padre, yo amo a Korra y usted decidió que ese amor no era bueno para mi. ¿Por qué? ¿Qué hay de mi madre, acaso usted no la amaba y por eso se caso con ella? – Si bien Asami sabia que Korra no tenía mucho que ofrecer a los ojos de su padre, aún quería apelar a éste con el tema del amor.

– Tu madre y yo nos casamos porque así convino a las familias, el amor llego después. Yo no tuve opciones como tú las tuviste. – Dijo de forma contundente. – Hija, te di la oportunidad de conocer a tu esposa y tu aceptaste casarte con ella sin que yo te presionará demasiado a ello o, ¿es que acaso no te cásaste por amor con la señora Kuvira? – Ojos esmeralda iba a replicar pero sabía que en el fondo ella había accedido a ese matrimonio por voluntad propia, aún cuando su padre insistió, ella había sido quien diera el si final.

– Eso es diferente, yo creí que Korra estaba muerta...

– Y muerta es como debió haberse quedado. – Hiroshi completo la frase con rabia al recordar la forma en que la morena lo había tratado para que se callara la boca con respecto a su regreso y su verdadera identidad. – Te voy a dar esta advertencia y por tu bien y el de esa india más te vale acatarla, no te acercaras a ella ni faltaras a tu voto matrimonial o te separaras de tu esposa, de lo contrario esta vez no me tentare el corazón para acabar con su vida por causa tuya.

– ¿Usted no se atrevería? – Dijo más en un grito de molestia que en uno de temor.

– Asami, no me pongas a prueba. – Le contesto amenazante, se miraron a los ojos en una reta por ver quien prevalecía en su empeño, al final Asami tuvo que ceder, ella sabia bien de lo que su padre podía ser capaz y no deseaba exponer a la morena a su enojo.

– Sepa usted que no estoy de acuerdo. – Aunque había cedido no estaba dispuesta a aceptarlo del todo.

– No importa que estés de acuerdo o no, mientras obedezcas lo que te digo. Es por tu bien. Si realmente quieres que esa india siga con vida no te acercaras a ella. – Con eso el administrador dio por terminada la discusión y volvió a sumergirse en sus libros de contabilidad.

Asami salio del despacho echa una furia, pues ni siquiera disimulo su enojo al cerrar la puerta azotandola ruidosamente. Los criados solo la vieron pasar a su cuarto donde se encerró a llorar amargamente.

– o –

Toda la semana previa a la llegada de Suyin Beifong el pueblo y la hacienda estuvieron preparándose para la llegada de tan importante visita. Raiko, el presidente municipal, se encargó de poner orden en el pueblo con ayuda de la guardia y de Korra, dando mantenimiento a las calles, redoblando la vigilancia y haciendo que la seguridad del lugar fuera solventada de la mejor manera. Por su parte Baatar arreglo los pormenores para recibir a la presidenta, su madre, y toda su familia junto a Kuvira que dispuso la casa mayor para dar alojamiento al numeroso contingente que resultaban ser los Beifong. La joven dueña de la hacienda le pidió a su esposa que se encargará de organizar una fiesta en honor de la visita aprovechando que estaba trabajando con Tenzin y su familia en las festividades del pueblo.

Por lo que toda esa semana nadie tuvo tiempo de nada que no fuera prepararse. Kuvira estaba nerviosa, eso no pasó desapercibido para su linda esposa, pues constantemente estaba dando órdenes sacando de quicio a la servidumbre pidiendo que todo estuviera impecable. Ni el brazo herido le impidió andar de arriba a abajo siendo el terror de los mozos y de las sirvientas. En cierto modo, agradeció eso, pues Kuvira no se había enterado del altercado que tuvo con su padre o al menos eso es lo que ella creía. Asami se había tratado de convencer que quedarse con la militar era la mejor opción, sí la amaba eso no lo negaba, sentía un cariño muy especial por ella, aunque en el fondo su corazón aun anhelaba estar al lado de Korra. Sin embargo eso no podía ser, ni debía ser, a menos que quisiera que su padre cumpliera su amenaza.

– ¡Que no hombre! Quiero que ese arbusto quede de este lado no de ese lado. – Asami había estado buscando a su esposa por todas la casa y pronto la encontró en el patio delantero con un montón de mozos que reorganizaban la disposición de dicho jardín. – ¿Alguien sabe si trajeron las flores que solicité? - La militar preguntó a uno de los mozos.

– Si señora, allí están los lilis de colores que solicitó. – Un jovencito le señaló una carrera llena de flores que estaban listas para ser plantadas por el jardín, montones de macetas con flores cuyos pétalos eran de diversos tonos, desde los blancos a los rojos, rosas y morados.

– Pedí específicamente lilis blancos no de colores. – Grito con exasperación. – ¿Cuándo es que dije qué de colores? ¡Blancos! Dije blancos.

Alzó el brazo sano al cielo rogando por misericordia, el otro lo tenía en un cabestrillo improvisado con un gran trozo de tela que le limitaba el movimiento para ayudarlo a recuperarse. Asami se aproximó a ella y la abrazo por detrás, sorprendiéndola en su pequeña rabieta.

– Me parece que alguien está estresada. – Cerró su agarre alrededor de la cintura de la joven de ojos oliva y plantó un beso en el cuello debajo de la oreja.

– Asami. No te escuche llegar. – Bajo el brazo cubriendo las pálidas manos que rodeaban su abdomen.

– Ya lo creo que no, si estas en plena labor de aterrorizar a todo aquel que se cruce por tu camino. ¿Por qué estás tan nerviosa? – La militar disfruto de la proximidad de su esposa y de cómo está jugaba metiendo sus dedos por entre los botones abriéndose paso a su piel acariciando su estómago. Asami quería hacer que su relación funcionará como debía ser.

– Es una visita muy importante, es la presidenta, mi jefa, la madre de Baatar y la persona que fue mi maestra en la milicia, le debo mucho a ella, me enseño tanto, es más que una mentora. Le estimo demasiado y quizás por eso estoy actuando de forma tan esquizofrénica. – El que Kuvira hablara de esa mujer con tanto respeto y admiración le hizo sentir un poco de celos a la chica de ojos esmeralda.

A su mente vino el recuerdo de lo que Korra había dicho acerca de que la mujer entre sus brazos tendría a alguien más que estaría deseosa de consolarla si ellas dos se separaban. Trato de desechar la idea, pero esta se negaba a irse.

– ¿Tendría que sentirme celosa de ella? – La pregunta hizo que una sonrisa se dibujase en el rostro de Kuvira que de inmediato se giró quedando de frente a su esposa.

– Por supuesto que no. – La sonrisa se agrando aún más al ver el rostro incrédulo de Asami. – ¿Alguien esta celosa?

– ¿Quién? ¿Yo? Claro que no. – La militar jalo a la chica cerrando el espacio entre ellas. – No me mires con esa cara.

– Estas hermosa así, toda celosa. – Asami tomó la cara de Kuvira y pellizco sus mejillas para intentar borrar esa tonta sonrisa suya. – Jajaja, ¿sabes porque me rio? Porque eso quiere decir que me amas… mucho… y eso me hace feliz.

– Calla y bésame. – La orden de la joven de labios rojos fue acatada al instante por la comandante quien se permitió dejar detrás el estrés y perderse en los dulces labios de su esposa que la besaban con amor. "Esto es lo correcto", pensó Asami, el dar su amor a Kuvira y olvidar a Korra para salvar a esta de su padre.

– ¿Puedo robarte un rato? – Unos ojos oliva la miraban de forma juguetona haciendo esa inocente pregunta y Asami se mordió los labios.

– Tengo una reunión con Jinora más tarde. – Al ver la desilusión posarse en esos ojos oliva que tanto le encantaban le hizo reconsiderar su respuesta, ella pondría de su parte para que todo funcionara como debía ser. – Aunque podemos aprovechar el tiempo hasta que llegue. – Le guiño un ojo pícaramente y tomando la mano de Kuvira se la llevo de allí.

Se fueron besando, dándose mimos y pequeñas caricias por todo el tramo hasta la casa. La pasión se encendió en la militar y viendo que sus ganas no le darían tiempo a llegar a su dormitorio antes de querer desnudar a su esposa en el pasillo opto por que entraran a su despacho que estaba más cerca.

– ¿Quieres ponerte traviesa? – Una ligera risa escapo de sus labios rojos cuando estuvieron dentro de la oficina.

– Quizás un poco… ¡Ahg, necesito mis dos manos! – Asami volvió a reír al ver la frustración en la ojiverde al querer despojarse de su camisa.

– Esto es para que te relajes. – Agarro las manos que aun peleaban tratando de deshacer los botones y coloco a la militar contra su escritorio haciéndola recargarse sobre él.

Con cuidado y con una terrible lentitud comenzó a desabotonar la camisa de algodón color crema, procurando no lastimar el brazo en el cabestrillo, dejando al descubierto el trabajado abdomen de Kuvira que tanto le gustaba tocar.

– Asami… – Intento objetar al ver hacia donde se dirigía la chica de ojos esmeralda.

– Shhh, no digas nada, solo relájate. – Kuvira iba a volver a hablar pero Asami no la dejo ahogando sus palabras con un beso y perdiendo su mano dentro del pantalón de la militar.

"Esto es lo correcto", se dijo para si misma la chica de ojos esmeralda de nuevo, intentar ser feliz al lado de su esposa. Ese debía ser su único objetivo.

– o –

– No se Korra, ¿estas segura de esto? – Jinora iba junto a la morena jefa de la guardia caminando con rumbo a la hacienda.

– Que sí, necesito hablar con ella de nuevo. Desde ese día ella me ha estado evitando. Prácticamente sale huyendo de mí cada vez que me ve. – Korra estaba verdaderamente frustrada por toda la situación. – Sé que me ama todavía, eso es algo que no se puede negar.

– Solo te ayudaré por esta vez y ni siquiera se porque me convenciste de hacer esto. Las veces que he platicado con Asami, la he visto muy contenta con el regreso de su esposa y se le ve feliz con ella. – La novicia no estaba de acuerdo con el plan que la morena tenía.

– Son solo las apariencias. Ella aún me ama. Jinora, Asami me correspondió cuando la bese y si no nos hubieran interrumpido ella y yo habríamos culminado ese amor. – A la memoria de Korra vino esa noche y la forma en la que la joven de ojos esmeralda casi se había entregado a ella.

– Quizás solo fue un arrebato. No puedes basarte solo en eso. – La chica de ojos grises intentó refutar su afirmación.

– ¡No! No es así, pero sea como sea, tenemos que hablar. No aceptaré un no por respuesta a menos que venga de su boca y me lo diga de verdad, y ni siquiera allí lo aceptare. – Los ojos grises rodaron al escuchar eso, Korra podía llegar a ser bastante terca y obstinada.

Antes de llegar a la entrada de la hacienda, Korra se separó de Jinora perdiéndose entre la maleza para tomar otro camino de entrada. No podían verlas llegar juntas. Asami no debía saber que ella estaba por allí, ya que temía que volviera a escabullirse. La joven novicia respiro hondo y entro en la hacienda. Los mozos andaban apurados plantando flores y limpiando el empedrado y la fachada de la casa mayor. Años y años de suciedad estaban siendo removidos, y no es por que no se hiciera la limpieza muy a menudo, sino que nunca se hacía tan a conciencia.

Jinora se acercó a una de las sirvientas para presentarse y preguntar por la esposa de la dueña. Enseguida la hicieron pasar al interior llevándola a la pequeña sala privada que Kuvira le diera a Asami para su esparcimiento. Era una habitación no muy grande pero tampoco muy pequeña, había suficiente espacio y la luz natural que entraba por sus grandes ventanales le daba un brillo y una calidez acogedora. Tenía dos ventanales enormes que iban prácticamente del suelo al techo con sus respectivas protecciones metálicas con acabados artísticos de hojas de parra y racimos de uvas, una de esas protecciones servía como puerta también, por si las personas de la habitación deseaban salir a tomar el aire fresco o dar una vuelta por el jardín pudieran hacerlo sin tener que dar la vuelta hasta la entrada principal. Contaba con una pequeña sala de tres piezas estilo francés con tapizados de flores y asientos acojinados, una mesa de centro en madera del mismo estilo que la sala, así como un escritorio donde Asami se había sentado a escribir sus largas cartas a Kuvira cuando está estaba en el frente, además de eso, había una pianola. La misma pianola que en su momento Kuvira usará para tocarle y cantarle canciones a la chica de ojos esmeralda cuando está aún lloraba la pérdida de cierta chica.

Era un lugar bastante acogedor y bonito, pensó la novicia. Se sentó en el sofá de dos plazas a esperar la llegada de la señora de la casa. No tardó mucho en escuchar voces que se aproximaban, logró percibir la voz de Asami quien venía riendo alegremente a lo que fuera que le dijera la otra voz. La puerta de la habitación se abrió y la joven esposa entro por ella seguida de la dueña de la hacienda. Se les veía contentas, bastante felices y eso hizo caer una loza de culpabilidad sobre la novicia.

– ¡Buenas tardes señorita Jinora! – La saludó Kuvira, quien estaba con la ropa un tanto fuera de su lugar y el cabello algo desordenado.

– ¡Buenas tardes tengan las dos! – La novicia se sonrojo al pensar en lo que fuera que hubieran estado haciendo momentos antes pues en el cuello de la camisa de la militar se podía ver claramente la huella de unos labios rojos impresos en ella.

– Anda amor, ve a seguir atormentando a los mozos en el jardín, solo que antes creo que convendría pasarás a arreglarte al cuarto. – Las mejillas de Kuvira se tiñeron de escarlata al percatarse de lo desaliñada que debía verse y como en esas fachas había acompañado a su esposa para saludar a la joven visita.

– Si... Tienes razón. Las dejo solas. Jinora, disculpa la torpeza. – La comandante hizo una pequeña reverencia y salió de la habitación no sin antes ser besada de nuevo por su esposa como despedida.

Una vez la puerta fue cerrada Asami se giró quedando de frente a Jinora, que se lamentó el haber hecho caso a la morena. Era evidente que el joven matrimonio era sumamente feliz. La novicia ya estaba arrepentida de lo que iba a pasar a continuación.

– ¿Sucede algo? Te noto un poco contrariada. ¿Está todo bien? – Ojos esmeralda fue hasta uno de los sofás y se sentó en él mirando con extrañeza a la chica de ojos grises.

– Asami, perdóname, en verdad perdóname por lo que acabo de hacer. – Esas palabras descolocaron a la chica que no supo a que se refería la pequeña novicia hasta que de detrás del gran ventanal que daba al patio surgió una conocida figura. Al mismo tiempo, Jinora abandono la habitación por el mismo camino por donde esa figura había entrado, la pequeña novicia salió al patio a esperar a que ambas tuvieran su conversación y después regresar pidiéndole una enorme disculpa a Asami por su atrevimiento al ayudar a la otra chica.

– ¡Korra! – La sorpresa fue mayúscula. Ver a la morena frente a ella usando a Jinora para tenderle una trampa la hizo montar en cólera.

– ¡No! Asami no te vayas. – La morena corrió hasta situarse entre ojos esmeralda y la puerta de salida.

– No tengo nada que hablar contigo, así que apártate por favor. – Trató de guardar la compostura pero le resultaba difícil.

– No lo voy a hacer, sabes lo necia que puedo llegar a ponerme y que no me iré de aquí hasta que no admitas que me amas y que vendrás conmigo. – La morena no cedió ni un centímetro de su espacio ni Asami dio un paso atrás.

– ¿Cómo te atreves a usar a Jinora para llegar a mí? – Seguía sorprendida por lo que Korra había hecho. Esto no debía estar sucediendo.

– Haré lo que sea necesario para verte y hablar contigo. – Habló de forma directa y la joven esposa no pudo hacer más que una sonora respiración de resignación.

– ¡Esta bien! – Soltó al fin con exasperación. – Te lo voy a decir una vez y no más. ¡Sí, te amo! Por todo lo importante que fuiste, porque lo sigues siendo, – esto lo dijo con cierto pesar, – pero no puedo corresponderte. – Se miraron a los ojos y Korra intentó aproximarse pero Asami se movió para evitar el contacto, camino hasta el ventanal y perdió su mirada esmeralda en el paisaje exterior.

La morena atravesó la habitación colocándose en el otro extremo del ventanal, sus ojos azules se posaron sobre Asami tratando de descifrar lo que pensaba la chica de cabellos oscuros. Retiro la vista llevándola al exterior y al mismo tiempo unos ojos esmeralda voltearon y la vieron en actitud reflexiva.

– Se que no tengo nada tangible que ofrecerte, – Movió los brazos señalando su alrededor, – y lo que soy ahora, aunque me cueste admitirlo, se lo debo a Kuvira, sin embargo no me rindo, pues únicamente tengo mi amor y sé que será suficiente para las dos, mientras tenga fuerza lucharé cada día por ti y porque lo nuestro venza cada obstáculo que se presente. Entiendo que no quieres lastimar a tu… esposa, me cuesta pensar y aceptar el que ella sea tu esposa, pero sé que Kuvira es una persona sensata y comprenderá la situación en la que estamos y que al ver cuánto nos amamos se apartará para dejarnos ser felices juntas, tú y yo. – Asami hizo una pequeña mueca con sus labios que podía considerarse una escueta sonrisa ante el discurso inocente de la morena.

- Probablemente lo haría...– Recordó cuando la militar había roto el compromiso al saber que Asami amaba a alguien más. – Sé que Kuvira lo haría… – Pero, ¿yo quiero que lo haga? ¿Qué me deje ir? Se preguntó la chica de los labios rojos. – No lo sé Korra, no lo sé. No quiero lastimarla. – "Me dolería perderla", dijo para sí misma, ¿soy demasiado egoísta por querer a las dos?

– Mi rayo de luna... – Los ojos esmeralda se pusieron llorosos, la sola idea de separarse de la militar le había dolido más de lo que quería admitir, pero tampoco quería perder a la morena. ¿Realmente amaba a Kuvira más de lo que amaba a Korra o solo era el miedo que tenia de que su padre le hiciera algo a la morena?

Korra la estrecho entre sus brazos y Asami se dejó consolar. Aspiro el aroma a maderas que emanaba de la piel de la morena y sintió nostalgia por el dulce olor a caña al que ya se había acostumbrado.

Escucharon unos pasos que llegaron desde el exterior del cuarto y cuando el pomo giro y se abrió la puerta, Asami ya se había distanciado del abrazo de Korra y se limpió los ojos quitando las lágrimas que se habían comenzado a formar. La morena se quedo en su lugar intentando disimular sin mucho éxito.

– Asami disculpa que te moleste, pero sabes donde... – La militar había entrado por la puerta y ahora estaba parada en el umbral con una mano en el pomo y con extrañeza en su rostro al ver a la morena en la habitación. – ¿Korra? ¿Qué haces aquí?

– ¡Eh! Yo... Este... – La mente de la morena de ojos azules se fue en blanco, como solía pasarle en esas situaciones.

– La jefa de la guardia vino a buscar a Jinora para acompañarla de regreso al pueblo, su padre mando por ella. – Ojos esmeralda contestó de forma fría como acostumbraba al hablar de Korra o dirigirse a ella en presencia de Kuvira.

– Será mejor que me retiré. – La morena se dispenso y llamo a la joven novicia quien aún seguía en el patio, esta entro al cuarto privado de la señora de la casa y se despidió de forma avergonzada de Asami y Kuvira, la jefa de la guardia y la novicia salieron de allí. - ¡Que tengan un buen día! – Fue lo último que dijo Korra.

Jinora hizo una reverencia nuevamente y salió de la habitación con Korra siguiéndola detrás. La militar se movió a un lado para dejarlas pasar. Algo le había incomodado de ver a la morena cerca de su esposa y que está hubiera estado con los ojos llorosos. Algo estaba pasando. Asami se fue a sentar detrás de su escritorio y tomó un pañuelo para disimular secarse la frente debido al calor de la tarde, pero en realidad solo quería apartar las lágrimas que habían quedado en sus ojos.

– ¿Qué fue todo eso? – Preguntó la chica de ojos oliva con algo de molestia.

– Nada, no te preocupes. – Los ojos esmeralda se clavaron en unas hojas sobre el escritorio para evitar la mirada aceitunada que la veía con una gran interrogación en el rostro.

Kuvira cerro la puerta y camino hasta donde estaba sentada Asami, con cuidado agarro el mentón de la chica y la hizo mirarla a los ojos.

– ¿Qué es lo que sucede? Algo te está molestando. ¿Korra ha dicho o hecho algo que te incomode? – La mirada molesta de Kuvira cambio, sus cejas espesas enmarcaban unos ojos aceituna llenos de preocupación que le provocaron un nudo en el estómago.

– Es... Es solo que me parece que Korra no es una buena compañía para Jinora. – Rompió la mirada y con sus brazos rodeo la cintura de la militar que estaba de pie a su lado, recargando su cabeza en su abdomen. Se mordió la lengua por la mentira que estaba por decir.

– ¿Lo dices por? – Kuvira quiso ir con cautela para saber las razones por las que Asami no aprobaba la amistad que pudiera haber entre las otras dos chicas.

– Jinora es una jovencita inocente, una novicia que su padre desea se dedique por completo a su labor religiosa, me temo que la jefa de la guardia esté desviando ese propósito. – Dejo caer la mentira.

– ¿Crees que Korra quiera aprovecharse de la hija de Tenzin? Si es así, tendré que hablar seriamente con ella. No puede andar por allí seduciendo niñas cuando ya tiene un compromiso en la capital. – La chica de cabello cuervo se quedo de piedra al oír eso. ¿Korra con un compromiso? ¿Eso era verdad? ¿Cómo se atrevía la morena a pedirle que dejará todo cuando ella tenía un compromiso con alguien más? En ese momento sonaron vacías todas las palabras que Korra le había dicho.

– ¿Qué clase de compromiso? – Se apartó, levantándose de su asiento yendo de nuevo al ventanal. Su voz había sonado con mucho reproche, Asami esperaba que su esposa creyera que estaba enfadada por la situación de Jinora.

– Bueno, en realidad no es un compromiso como tal. Supe que Korra había entablado una amistad con Opal, hija de Suyin y hermana menor de Baatar. Su madre me pidió referencias acerca de ella y di mi palabra de que era alguien de confianza y merecía la oportunidad de cortejar a la pequeña Opal si ella aceptaba. Aunque creo que el interés era primordialmente de Opal, quien estaba prendada de Korra. Aunque con nuestro viaje de regreso a casa, no supe si realmente Suyin aprobó o no que Opal y Korra tuvieran una amistad o algo más. – Kuvira se sentó en la silla que momentos antes Asami había ocupado, cruzó las piernas y el brazo frunciendo el ceño con molestia.

Asami sabia que era verdad, Kuvira no escondía ninguna mala intención como cuando Korra insinuó que su esposa le era infiel. Con que descaro se había atrevido a señalarla cuando ella misma estaba actuando de esa forma. Estaba totalmente indignada y muy enojada con la morena.

– ¡Oh por Dios! ¡Sigues con la misma camisa! – La chica de ojos esmeralda reparó al fin en el atuendo de su esposa queriendo acabar con esa conversación que la había descolocado.

– Si eso, es lo que venía a preguntarte. ¿Dónde está mi camisa verde? Mi favorita, no la encontré por ningún lado. – La militar hizo un mohin con la boca que le ganó una ligera sonrisa de su esposa quien se acercó hasta ella.

– ¿Qué voy a hacer contigo si voy y la encuentro? – Agarro el rostro de Kuvira y hundió sus dedos en su cabellera desordenada pues ni siquiera había arreglado su cabello después de su pequeño encuentro en el despacho de la militar.

– Amarme, eso es lo único que quiero que hagas conmigo, solo amarme. – Kuvira se irguió robandole un beso a esos labios que tanto le hacían perder la razón y guiando con su mano las caderas de Asami hasta ponerla sobre el escritorio.

– Tú y yo tenemos aún algo pendiente. – Dijo besando con pasión a la chica de ojos esmeralda.

– En ese caso debemos ir al cuarto a cambiarte esa camisa. – Sus pálidos dedos desabotonaron un par de botones y la jalo de la solapa de la camisa para llevarla a la alcoba que compartían.

– o –

Asami habría querido quedarse en la cama deprimiéndose pues una vez más había usado a Kuvira para olvidarse de Korra. Ese sentimiento de culpa que quedaba en ella después de entregarse a su esposa le hacía sentirse una mala persona. Disfrutaba los besos y las caricias que la militar le daba, el amor y el arrojó con que la trataba, la mezcla de ternura y ferocidad de la que era capaz Kuvira estando con ella y la fuerza y entereza que proyectaba hacia los demás. Era imposible no sentirse atraída como las abejas a la miel. Pero, ¿era amor? Sí, sí lo era, sino de qué modo habría aceptado casarse con ella, solo que ahora al enterarse de que Korra estaba viva y había regresado a buscarla, así como el hecho de que había alguien interesada en la morena la estaba matando.

Le dolió lo que Kuvira dijera acerca de un posible compromiso o interés de la morena con otra persona, pero en cierto modo eso le suavizaba la carga. Quizás era lo mejor el que Korra tuviera a alguien más y pudiera olvidarse de ella. Asami ya había llorado la pérdida de la chica de ojos azules. Sin embargo, una cosa es lo que ella pensará, otra lo que dijera y otra más lo que hiciera.

La militar había tenido que salir de la hacienda para ir al pueblo a buscar uno de sus diversos encargos, por lo que Asami tuvo que cenar sola. Su padre no regresaría a la casa mayor hasta tarde, últimamente pasaba mucho tiempo con Baatar, ambos hacían arreglos acerca de los negocios de la familia Earth por mandato de Kuvira quien le había confiado al hombre de gafas supervisar al administrador.

No tenía mucho tiempo que la noche llegó y la luz del sol dio paso a la luz de la luna. La joven esposa dejo atrás el comedor dirigiéndose al jardín interior, las luces de los quinqués titilaban iluminando el corredor y parte del jardín. Fue hasta la fuente central y se sentó en el borde. Contemplo la noche estrellada y escucho el canto de los grillos, uno de los perros que andaban por allí se acercó a ella echándose a sus pies. Ambos estuvieron acompañándose durante un buen rato. Asami se había dedicado a dar mimos a la perra, era una hembra, y está estaba encantada de recibirlos de buen gusto.

– ¡Hey Naga amiga ven aquí! – La perra se movió al escuchar que alguien la llamaba y fue a buscar al dueño de la voz. Korra estaba en el jardín haciéndole señas a la perra que corrió a recibirla con alegría meneando la cola. La joven de ojos esmeralda se sorprendió un poco con el entusiasmo del animalito para después cambiar su expresión a una de desagrado al ver que era la morena quien llamaba a la perra.

– Tú y tú mala costumbre de llamar a todos los perros con el mismo nombre. – Dijo casi en un susurro para ella. Se levantó de donde estaba sentada para irse.

– Asami espera. – La morena le pidió que se detuviera pero la chica de labios rojos siguió de largo haciendo caso omiso de su petición, por lo que fue tras ella.

A toda prisa la ojiverde camino hasta su alcoba pero Korra le dio alcance antes de que ella pudiera llegar a su destino. La sujeto por el brazo impidiéndole continuar, Asami se dio la vuelta y sin verla venir le soltó tremenda cachetada a la morena revirándole toda la cara. Se dejó llevar por su impulso primario de los celos.

– ¡Ouch! – Korra se sobaba la mejilla roja por el golpe. – ¿A que vino eso?

– ¡Cállate! ¡No quiero escucharte, no quiero saber nada de ti! – Se giró para dejarla pero la morena se lo impidió.

– Espera, ¿qué rayos fue eso? – Volvió a agarrar su brazo y con fuerza la hizo voltear a verla.

– ¿Cuándo pensabas decirme que tenías un compromiso con la hija de Suyin Beifong? – La boca de repente se le puso seca a la chica de ojos azules.

– ¿Quién te dijo eso? ¡Oh! Ya sé, Kuvira te lo dijo. – El agarre de Korra en el brazo de Asami se hizo más brusco apretando con mayor vigor.

– ¡Suéltame, me lastimas! – Agito su brazo para quitarse la mano de la morena de encima.

– ¿Qué rayos fue lo que te dijo? – La rabia tiño su voz.

– Que tú estabas pretendiendo a la hija de Suyin, que tenían una "bonita amistad" y ella había consentido a ello gracias a la intervención de Kuvira que te respaldo como alguien confiable, si claro, tú confiable. – La joven de ojos esmeralda se frotaba la piel donde la morena infringió su agarre.

– ¡Oh si claro! – Respondió alzando la voz. – ¿Cuándo se lo dijo, antes o después de que se tirara a la madre de Opal? – La sangre se le había calentado por la ira, Asami alzo la mano para darle otra cachetada a Korra, pero la morena sujeto su mano antes de que esta impactara sobre ella. – No, esta vez no. Lo acepto, acepto que en un intento desesperado por querer olvidarme de ti y rehacer mi vida quise darle una oportunidad a Opal, ella es una buena chica sin compromiso y yo no le era indiferente, pero nunca llegamos a nada porque para mí no hay nadie más que no seas tú. ¡Me oyes bien! – La voz de la morena se había alzado algunos decibeles más de lo debido y Asami le respondió en el mismo tono, eso ya era una pelea a gritos.

– Mi esposa – la chica hizo énfasis en esa palabra – a diferencia de ti, es una persona honesta que no me ha mentido nunca, así que no oses inventar todas esas patrañas sobre ella. Tú eres una persona libre y si quieres ve y haz lo que quieras con quien quieras, pero deja de buscarme a mí. – Los gritos se oían por todo el pasillo y el jardín, pero las sirvientas solo los ignoraron, sabiendo que no debían meterse.

– ¿A dónde crees que vas? No hemos acabado aquí. – El amago de querer abandonar la discusión por parte de Asami se vio opacado por el empuje de Korra que la llevo contra la pared, golpeando su espalda con el frio muro de piedra.

– Déjame en paz. – Forcejearon para tener el control pero Korra tenía más fuerza que la chica pálida y al fin controlo sus manos sometiéndola.

– ¿Eso es lo que quieres? ¿Qué me vaya a buscar a otra que no seas tú? ¿Qué entregue mi corazón a alguien más? – La cuestiono firmemente.

– Sí, eso es lo que quiero. – Ojos azules intento besarla, pero Asami volteo la cara para que sus labios no se encontraran.

– ¿Qué rayos ocurre aquí? ¿Qué es todo esto? – Hiroshi Sato había llegado alertado por los gritos que se escuchaban por toda la casa. – Aléjate de mi hija maldita india. – Tomó a Korra de la espalda y la retiro de encima de Asami empujándola con fuerza.

– Sato, usted no se meta en este asunto. – La morena lo señalo para intimidarlo pero Hiroshi no se dejó amedrentar.

– Lárgate de aquí antes de que llame a mi nuera y sea ella quien te saque a patadas de aquí cuando se entere como has tratado a su esposa. – La joven de ojos esmeralda se refugió en los brazos de su padre el administrador mientras este lanzaba su advertencia.

– Lo dejare pasar por ahora Sato. – La joven morena escupió al suelo y salió de allí.

Solo quedaron Asami y Hiroshi, la chica sollozaba en el pecho de su padre quien le acariciaba su cabello negro para tratar de consolarla.

– Ya corazón, ya. – Deposito un beso paternal en su cabeza. – ¿No te lastimo? – La chica negó con un movimiento. – De acuerdo, será mejor que vayas a tu habitación, tienes suerte de que el señor Baatar este perdido de borracho y no se haya dado cuenta de nada.

El administrador acompaño a su hija hasta su alcoba y se quedó con ella consolándola haciendo el papel de buen padre que pocas veces ejercía. Se había pasado la tarde con Baatar haciendo algunos pendientes para después ambos ir a pasar el rato en la casa de las meretrices bebiendo y disfrutando la compañía de las mujeres que vendían sus caricias al mejor postor. El joven de gafas se había aficionado pasando su tiempo en el burdel cuando no estaba de servicio. Hiroshi le solapaba el vicio sin decir nada a Kuvira, puesto que le convenía mantenerlo distraído y que de esa manera no interfiriera con cada uno de sus negocios.

– o –

Casi a la media noche Kuvira estuvo de regreso en la casa mayor. Había ultimado los detalles para la llegada de Suyin al día siguiente por la mañana. Los carruajes habían partido a la ciudad más próxima para transportar a la importante comitiva. La jefa de la guardia, Korra, había comisionado a Bolin y a Mako para encargarse de la tarea mientras ella se encargaba de tener todo listo en el pueblo. La había visto por la tarde, pero la morena la había esquivado y después le perdió la pista. No pudo hablar con la jefa de la guardia acerca del tema Jinora y sus intenciones para con ella. Solo esperaba que Korra no jugara desleal con los sentimientos de Opal quien estaba genuinamente interesaba en la morena.

Durante su estancia en la capital, había visto como la joven hija de Suyin se mostró interesada en Korra y aunque esta le rehuía al principio, después pasaron a solo ser amigas según lo que la morena le había dicho. Sin embargo, Opal se fue ganando el corazón de la chica hasta conseguir que esta pidiera permiso formal a su madre para visitarla. No sabía si las intenciones de Korra iban en serio o no, o si solo lo hacía por corresponder la admiración que Opal sentía por ella. Esperaba que las cosas fueran bien y ambas pudieran darse la oportunidad, más le valía a Korra no hacerla quedar mal puesto que había empeñado su palabra para respaldarla. No quería ver a la pequeña Opal sufriendo de amor.

Se aproximó hasta su habitación y su suegro iba saliendo de la misma.

– ¡Buenas noches! ¿Está todo bien? – Hiroshi cerraba la puerta con cuidado procurando no hacer ruido y con una seña pidió que la militar bajara la voz.

– Ahora ya todo está mejor, mi hija ha tenido un pequeño altercado con su jefa de la guardia y me temo que he tenido que intervenir. – El administrador se ajustó las gafas de lente redondo.

– ¿Sabe usted cual era el asunto por el que discutían? – Kuvira temía que Asami hubiera encarado a Korra acerca de sus intenciones con Jinora.

– Lo ignoro, pero me vi en la penosa necesidad de pedirle que se retirara. – Contestó de forma escueta.

– De acuerdo, hablare con ella por la mañana y le pediré explicaciones. ¿Cómo está mi esposa? – La joven morena estaba provocándole un gran dolor de cabeza con su reciente comportamiento. Para Kuvira estaba claro que desde el principio a Asami le había disgustado la presencia de Korra y que aunque lo intentara era obvio que nunca podrían llevarse bien.

– Se ha quedado dormida. He tenido que quedarme con ella para calmarla. – Pronuncio esto más como un reproche que como un comentario.

– Entiendo, me disculpo por eso, he estado demasiado ocupada con todo este asunto de la visita que he descuidado mí tiempo junto a Asami. – Dijo a modo de disculpa.

– Sea como sea, déjeme advertirle una cosa aunque me estoy arriesgando puesto que tengo las manos atadas en este asunto. – Este era un momento oportuno para sembrar la duda en la mente de la militar. – Esa chica, no me agrada, deberá tener los sentidos muy alerta porque las personas de su clase buscan aprovecharse de personas como usted. Tenga cuidado. – Antes de que Kuvira pudiera contestarle y preguntarle a que se refería, el viejo administrador se retiró de su presencia.

Hiroshi fue directo a su habitación, sus fichas estaban sobre el tablero y era tiempo de comenzar a moverlas ahora que tenía el turno. Baatar estaba en sus manos y sacaría provecho de eso.

– o –

La comandante apenas y había podido dormir un poco, había entrado a su alcoba y no queriendo perturbar el sueño de su esposa no la despertó para pedirle explicaciones. Solo se limitó a acostarse junto a ella y abrazarla, ya hablaría con Korra por la mañana.

Antes de que saliera el sol, Kuvira ya estaba de pie y de camino al pueblo junto con la morena para recibir a la comitiva. Baatar las acompañaba más dormido que despierto y con la terrible resaca que ni el remedio casero que una de las sirvientas de la casa le llevara por órdenes de Hiroshi, le había quitado. Asami les alcanzaría más tarde junto con su padre una vez dejara todo listo y dispuesto en la hacienda para la fiesta de bienvenida.

– ¿Qué es lo que ha pasado contigo y con Asami? – La militar llevo la pregunta a Korra sin rodeos.

– ¿Qué es lo que le has dicho de mí y de mi relación con Opal? – La morena le reviro con otra pregunta.

– No has contestado lo que te pregunte y solo le dije lo que se. – No disimularon el tono de disgusto ninguna de las dos.

– Métase en sus propios asuntos comandante. Lo que hay entre Opal y yo no le incumben ni a usted ni a su esposa. – Korra espoleo su caballo y se fue a galope dejándolos detrás.

– ¿Qué es lo que sucede ahora? – El joven Beifong se acercó hasta Kuvira. – ¿De nuevo están peleando ustedes dos?

– Te juro que a veces quisiera tomar su cuello y apretarlo hasta romperlo, pero ¡agh! No puedo hacerlo. – Bufó la comandante.

– A veces quisiera hacer lo mismo yo también. – Le dio la razón. – Pero cierta persona no me lo perdonaría. – Dijo a grandes carcajadas. – Déjalo, ya se le pasara.

– No dirías lo mismo si le rompe el corazón a Opal. – Baatar le restó importancia a lo que Kuvira le decía.

– Seria muy tonta mi hermana si permite eso, a un Beifong no se le puede engañar ni timar. – Se miraron y dijeron al mismo tiempo: – ¡Un puño en la cara al que me mienta! – Se echaron a reír, ese era el lema de batalla que Opal solía gritar cuando peleaba con los gemelos Wing y Wei, los otros hermanos de Baatar.

Llegaron hasta el pueblo al poco tiempo y una vez allí fueron a la plaza principal donde Raiko ya esperaba la importante visita visiblemente nervioso. El hombre caminaba de un lado al otro de la plaza ya fuera estirándose la corbata o alisándose el cabello y el mostacho o hablando soló, repitiendo el discurso que en unas horas diría delante de la concurrencia. Eso siempre divertía a Baatar, ver como todos temblaban ante su madre, la única persona que nunca se asustó de ella fue Kuvira. Recordó el día que se conocieron, el joven Beifong estaba alardeando junto a otros chicos acerca de su apellido y la posición privilegiada de su familia. A Kuvira le resulto chocante que hubiera alguien tan presumido y arrogante y cuando sus caminos cruzaron, Baatar tuvo que chocar con un muro literalmente.

- - Flasback - -

Una joven recluta de cabello trenzado tenia contra la pared a un chico con gafas a quien le aplicaba una llave sobre el brazo causándole dolor cada vez que apretaba el agarre.

– ¡Hey, oye me lastimas! – Soltó entre resoplidos el chico. – ¿Acaso no sabes con quien te metes? ¡Soy un Beifong! – Su mejilla estaba aplastada contra la pared y apenas podía decir palabra.

– Me importa un carajo quien seas, compórtate como un hombre y deja de ser un imbécil. – La chica tras de él dijo sumamente enojada.

– Solo quería ser amable contigo preciosa. – Contesto aun alardeando.

La joven Kuvira lo jalo dándole la vuelta y propinándole un fuerte golpe en la mandíbula que lo tiro al suelo casi nockeado.

– A mí me respetas… – Se acercó a Baatar pero fue interrumpida por una mujer que llego en ese momento.

– ¿Qué es lo que está pasando aquí? – La mismísima Suyin Beifong estaba delante de ella esperando una respuesta de Kuvira quien no se inmuto ni siquiera un poco con su presencia.

– Comandante he tenido que defender mi honor pues este tipo ha querido pasarse de listo conmigo. – La chica se cuadro en posición firme manteniendo la mirada en lo alto, Suyin la inspecciono escudriñando cada centímetro de la joven queriendo descifrarla.

– ¿Sabes que él es mi hijo? – Kuvira asintió con la cabeza. – ¿Y aun así te enfrentaste a Baatar?

– Si comandante. – Suyin se acercó a ella, tan cerca que la joven de ojos oliva pudo sentir la respiración de la mujer mayor sobre su rostro, solo que ni así dio un paso atrás. Si ni siquiera a su padre le tenía miedo mucho menos lo tendría a un desconocido.

– ¿Cuál es tu nombre recluta? – Pronuncio en voz alta casi en un grito.

– Kuvira Earth. – Contestó firmemente. La mujer mayor sonrío y volteo a mirar a su hijo que ya se había levantado con ayuda de otros soldados que le tendieron la mano.

– Baatar, espero que hayas aprendiendo tu lección. – Ahora la comandante fue sobre el chico de gafas quien agacho la cabeza al verse reprendido por su madre. – No quiero más insubordinaciones tuyas. ¿Queda claro? – El joven no levanto la vista del suelo. – ¿A quedado claro cadete? – Volvió a repetir esperando una respuesta afirmativa.

– Sí comandante. – Respondió haciendo un saludo militar.

– La cadete Kuvira de ahora en adelante se encargara de que el cadete Baatar siga al pie de la letra las órdenes de sus superiores sin importar los métodos que tenga que utilizar para ello. Su primer y primordial tarea será asegurarse de que no se meta en más problemas y atienda sus deberes. – Se giró aproximándose de nuevo a la joven. – Le encomiendo mi bien más preciado. – Le dijo casi en un susurro.

– Pero madre, no necesito una niñera. – Objeto el chico.

– ¡Madura Baatar, eres un Beifong, aprende a respetar tu herencia! – Todos los allí presentes temblaron al oír a la comandante, Kuvira puso cara de pesar al saber que tendría que cargar con la labor de cuidar al chico testarudo que estaba colorado por la vergüenza que seguro tenia encima.

La comandante Suyin los dejo yéndose para continuar sus labores. La ojiverde suspiro profundo resignándose a su nueva tarea y extendió la mano al chico de gafas.

– Vamos, tenemos cosas por hacer. – Baatar gruño y de un manotazo quiso rechazar la mano que le ofrecían, pero Kuvira tomo la muñeca del hijo de la comandante volviéndolo a someter con un llave a la espalda.

– Mira, podemos hacer esto por las buenas o lo podemos hacer por las malas, tú decides, pero no me hagas perder mi tiempo en estas tonterías. – Sentencio y Baatar resoplo levantando la otra mano en son de paz.

– Está bien, está bien, tú ganas. – Se rindió a regañadientes.

- - Fin del Flasback - -

A partir de ese día, Kuvira y Baatar se volvieron inseparables. Si bien al principio se llevaron muy mal, poco a poco se volvieron los mejores amigos. Baatar respetaba el que Kuvira trabajara tan duro para obtener las cosas que él daba por sentadas siendo un joven privilegiado y la ojiverde respetaba el hecho de que Baatar aprendiera el valor de las cosas y las personas, así como su inteligencia e ingenio para resolver los problemas en el campo de batalla.

Pasaron un par de horas para cuando los carruajes de la hacienda llegaron a la plaza, Asami y su padre Hiroshi descendieron de uno de ellos. Todos los preparativos para la recepción y la fiesta estaban listos en la casa grande y ahora solo quedaba recibir a los invitados principales. Kuvira se acercó a su esposa abrazándola dulcemente.

– Lamento no haber podido estar ayer por la noche, tu padre me ha dicho del atercado que tuvieron Korra y tú. Quiero que hablemos de ello más tarde. – Asami se revolvió un poco, temía que Korra y Kuvira se enfrentaran.

– No te preocupes por eso, solo fue una pequeña diferencia. Mejor dejemos eso atrás y concentrémonos en que todo salga bien. – La chica de labios rojos los curvo ligeramente y hundió su cabeza en el pecho de su esposa intentando dejar zanjado el tema, por suerte para ella en ese momento un par de soldados a caballo se acercó a todo galope a la plaza del pueblo anunciando el arribo de la comitiva presidencial.

Todos se colocaron en sus puestos como si se tratara de la representación de una obra de teatro. Cada uno listo para interpretar su papel memorizado con anterioridad. Rayko estaba al frente, detrás de él Kuvira, a la diestra de la militar se colocó Asami y Baatar a su izquierda, ellos como los principales protagonistas. En un costado Tenzin, Korra y Hiroshi aguardaban listos para entrar en acción como personajes secundarios. Absolutamente todos en su posición.

El primer carruaje apareció y detrás de él siguieron otros tantos más. Cada uno de ellos era idéntico, fabricados con la más fina y costosa madera así como los acabados metálicos, labrada con figuras alusivas a la gloriosa historia del país y con el escudo de armas de la república y la familia Beifong. Los caballos que halaban el carruaje eran hermosos ejemplares, robustos para aguantar el peso y las largas distancias, de linaje de campeonato, unos bellos percherones blancos con la crin grisácea. Los animales se detuvieron a la orden de su cochero quedando al frente de los anfitriones.

De forma presurosa Kuvira y Baatar se colocaron cada uno a un lado de la puerta del carruaje, siendo Baatar el encargado de abrir la puertezuela y Kuvira quien extendiera la mano para ayudar a bajar a los tripulantes y Rayko los recibiría. En primer lugar descendió una hermosa joven de ojos verdes, piel tostada y cabello oscuro y corto que enmarcaba su rostro, la pequeña Opal que sonreía con gusto a la militar y a su hermano. Rayko le dio la bienvenida y Korra se aproximó ofreciendo su mano para ser su acompañante. Gesto que no pasó desapercibido para Asami, quien no pudo evitar sentirse molesta.

De los otros carruajes descendieron el resto de la comitiva presidencial, importantes funcionarios y secretarios de gobierno que acompañaban a todos lados a la presidenta, así como también lo hicieron los otros tres jóvenes Beifong, Huan, Wing y Wei. Al fin por la puertezuela del coche se vislumbró la imponente y respetable figura de la presidenta Suyin. Extendio una mano que fue tomada por Kuvira que le ayudo a descender con cuidado. Una vez en suelo firme, la militar dio su acostumbrado saludo besando de forma galante la mano de su maestra.

– Como siempre es un placer volver a verte Kuvira. – Dijo complacida la presidenta.

– El placer es todo mío al recibir su visita en esta su casa. – Le devolvió la joven de ojos oliva.

– Madre, ¿Qué tal ha estado el viaje? – Suyin de giro para estrechar entre sus brazos al mayor de sus hijos.

– Pesado, pero ha valido la pena por estar aquí hijo mío. – Rayko se adelantó y dio la bienvenida a la presidenta y a la numerosa concurrencia que la acompañaba, pero Suyin lo mando a callar con un gesto suyo. – Guarde por ahora sus lisonjas, ya tendremos tiempo para eso más tarde, en este momento solo hay una persona que quiero ver y esa es a la linda esposa de mi querida Kuvira, ¿Dónde está ella? – Baatar no pudo evitar soltar la carcajada al saberse ganador de la apuesta que hubiera pactado con su amiga, en efecto todo el despliegue de poder de su madre era por qué deseaba conocer a la persona que le arrebatara a su joya más preciada, claro está, después de sus hijos.

La joven heredera llamo a su esposa quien camino hasta quedar de frente a Suyin.

– Ella es mi esposa, la señora Asami. – La chica de ojos esmeralda hizo una reverencia.

– Es un placer conocerla. – De pronto un duelo de miradas se llevó a cabo, el verde esmeralda contra el verde pistache de la presidenta.

– Ciertamente podría decir lo mismo, pero aun no estoy segura de ello. – Contestó en un tono un tanto arrogante para el gusto de Asami. – Sinceramente no sé lo que ha visto Kuvira en usted, aunque espero averiguarlo pronto.

– o –

¿Qué les ha parecido el capítulo? Cuentenmeeeee…