Entre el amor y el deber
Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.
NdelA: Hola a todos... ¿Cómo les ha ido? A mi con malas noticias, mi laptop se ha descompuesto, como ya había mencionado por allí en otro fic. Estará fuera de servicio un par de semanas hasta que logre reunir el dinero para enviarla a reparar, si es que tiene compostura, el centro de carga ya no funciona. Para suerte, logre sacar antes de que la batería se agotará lo poco que había logrado escribir. Así que por eso hoy tienen capítulo nuevo.
No lo hice tan largo como quería, de hecho se quedo corto de donde pensaba dejarlo, pero ya que no habrá computadora en un rato, termine de escribirlo en el celular. Esta historia a pesar de empezar a escribirla por ese medio no quería seguirla así, es un poco incómodo escribir historias largas en el procesador de textos rústico del celular. Pero no hay de otra.
Así que tratare de subir el siguiente capítulo para el otro fin de semana, que básicamente será la segunda parte de lo que estaba planeado para esté, ojo, eso no quiere decir que este no esté bueno. Me esforcé en ilustrarme para redactar este. Un poco aquí, un poco allá, Google, YouTube, etc.
Debo hacer algunas aclaraciones, como estamos en el mes patrio, me entró la vena mexicana con fuerza y he querido plasmar un poco de lo que es la música de mi tierra y su baile tan particular. Como algunos sabrán soy del hermoso Veracruz, tierra de los sones, el huapango y el zapateado. Por allí mencioné algunas canciones jarochas y hablo de lo que es una fiesta tipicamente veracruzana. También hago referencia a una escena muy especial que me encanta, las coplas de huapango, canción protagonizada hace más de 80 años por Tito Gizar y Lorenzo Barcelata, en la película Allá en el rancho grande. La película de películas del cine mexicano. Después hecha remake con Jorge Negrete. De quien también tengo con cariño otro duelo de coplas con Pedro Infante en la película de Dos tipos de cuidado.
Bueno aclarado mis notas, vamos a los agradecimientos. Gracias por sus reviews, ya hemos llegado a los 100 y espero que allá muchos más, los reviews animan al escritor a seguir con la labor, sobre todo cuando se hace para compartir un pedacito de mis alocadas ideas, que no lo son tanto. Gracias a Jiore, Shane . kstr, licborrego, L Gllerz, Hanel Bluma Tanu, Lupita, Devil, Obini, Giginee, cosasmias, Phary, laylahimemiya, lightning Farron XIII, Panquem y en especial a mi hermosa y bella novia que es quien me jala las orejas cuando me porto mal y hago muy evidente mi Kuvira love 3.
Gracias también a los que leen esta historia pero aún no se han animado a dejarme un comentario, no importa si llega a ser en otro idioma, yo misma dejo mis reviews en español en fics en inglés solo para que vean los autores el impacto que tienen más allá de sus países. Es hermoso ver que algunos de ellos me responden en mi idioma y otros en el suyo, pero quedan muy sorprendidos de leer reviews en lenguas extranjeras. Ojala algún día me toque a mí.
Ya no los entretengo y vamos a lo que vinieron, la actualización del fic.
– o –
La joven heredera llamo a su esposa quien camino hasta quedar de frente a Suyin.
– Ella es mi esposa, la señora Asami. – La chica de ojos esmeralda hizo una reverencia.
– Es un placer conocerla. – De pronto un duelo de miradas se llevó a cabo, el verde esmeralda contra el verde pistache de la presidenta.
– Ciertamente podría decir lo mismo, pero aún no estoy segura de ello. – Contestó en un tono un tanto arrogante para el gusto de Asami. – Sinceramente no sé lo que ha visto Kuvira en usted, aunque espero averiguarlo pronto.
– ¿Disculpe? – La cara de asombro de Asami no se dejó esperar, la mujer mayor estaba siendo demasiado altanera para con ella.
– Suyin… – Kuvira iba a replicar al comentario de la presidenta pero Baatar con un gesto le pidió no decir nada. Conociendo a su madre, lo único que buscaba era una confrontación con la joven de ojos esmeralda para averiguar cuál era su carácter.
– Madre, estas siendo algo descortés, te aseguro que la señora Asami es una hermosa y devota esposa. Sinceramente envidio la suerte con la que ha corrido Kuvira para lograr desposar a tan bellísima mujer. – El chico de gafas se colocó a un costado de ojos esmeralda dándole todo su respaldo.
– Bueno, no lo dudo, Kuvira siempre ha tenido gustos muy refinados. – Pronuncio a modo de halago con doble intención, pues miro a la militar de una forma que a Asami no le gusto en lo más mínimo, sobre todo porque por primera vez podía ver como Kuvira actuaba de forma nerviosa. – Pero dejemos de lado por el momento todo esto, cumplamos con las formalidades y después pasemos a la tertulia. Mi querida Kuvira espero me concedas el primer baile, claro si a tu linda esposa no le molesta. – Dijo con desdén posando sus ojos sobre la chica de labios rojos, quien tuvo que morderse la lengua para no contestarle.
– No hay ningún problema. – Asami apenas y pudo decir esas palabras, podía sentir ese horrible sentimiento dentro de ella, los celos.
– Siendo tú nuestra invitada de honor y dado que mi esposa me ha permitido, podre concederle ese deseo. – Kuvira agradeció internamente el que Asami no cayera en las provocaciones de Suyin, debía hablar con ella después, había sido una torpeza suya no prever que su maestra actuara de esa forma.
– Mi querida Kuvira, entonces adelante, cumplamos el papeleo y vayamos a la fiesta. – Suyin vio la duda en el rostro de la joven, durante unos segundos la comandante titubeo entre ofrecer su brazo a la presidenta o a su esposa, pero dado que Baatar ya había ofrecido el suyo a Asami no tuvo otra que guiar a Suyin. Su amigo la ayudo a salir del paso en más de una ocasión y eso que el día apenas comenzaba.
Durante la ceremonia de bienvenida no hubo ningún contratiempo. Rayko dio su gran discurso alabando a la nueva presidenta y a su generosidad, así como al progreso y beneficios económicos que traería el que el nuevo ferrocarril pasara por el pueblo. Mucha palabrería burocrática que a decir verdad Suyin detestaba. Después de eso, fueron a dar un recorrido por lo que serían las instalaciones de la estación del tren y los avances que se tenían.
La que hacía unos días era la casa del viejo Yi ahora estaba derrumbada, un grupo de trabajadores habían derribado toda construcción, árbol o cualquier cosa que se alzara del terreno para alisar el lugar y preparar la tierra para erguir el nuevo edificio y las vías por donde pasaría el ferrocarril. Todo eso desde que Kuvira pudiera llegar al acuerdo y Baatar hiciera el trámite y Hiroshi el papeleo. El plan era tener el lugar terminado en un plazo no mayor a 2 meses, puesto que los avances del tirado de las líneas llegarían a esa altura en ese tiempo. Ya llevaban un retraso considerable debido a la negativa inicial del viejo Yi a ceder los terrenos.
Rayko y Kuvira le mostraron los planos de la construcción y el presidente municipal se comprometió a tener todo listo en el plazo acordado y Kuvira a proveer los suministros necesarios para terminar la obra.
En todo el recorrido, Baatar no se despegó de Asami casi nada. Él sabía que su amiga necesitaría ayuda en ese tema, un Beifong no cae sin pelear. Baatar se había dado cuenta desde el principio cuando la relación entre Kuvira y su madre comenzó. Él nunca dijo nada, principalmente porque al inicio se le hizo difícil la idea, bastante incomoda, pero al ver el cambio de humor en su madre, como ella paso de la depresión por la muerte de su esposo a volver a sonreír cuando la joven de ojos oliva estaba alrededor, él sintió que no tenía derecho a juzgar a su madre. Sin embargo otra cosa seria lo que pensaran sus hermanos, por lo que mantuvo el silencio al respecto.
Lamento mucho cuando ellas decidieron de común acuerdo dejarlo por esa situación, y él se ofreció a ser el hombro sobre el cual Kuvira llorara el rompimiento. Eran más que amigos, eran hermanos, eran familia. Y es que Suyin nunca había dejado de tener sentimientos amorosos hacia Kuvira pero había privilegiado a sus hijos sobre lo que ella pudiera sentir por la chica, así que no hubo más que decir.
Asami tuvo que aguantar todo ese tiempo del paseo con los sentimientos encontrados, por una parte estaba Kuvira con Suyin y por otra Korra con Opal. Esas dos mujeres Beifong la tenían al borde de un ataque de celos. Opal platicaba amenamente con la chica de ojos azules y esta le sonreía en respuesta, así como algunos gestos que eran demasiado cariñosos para dos simples amigas. Por su parte la comandante se desvivía por tener a la presidenta cómoda, sin que nada la perturbara. Le resultaba chocante todo eso a pesar de los esfuerzos del joven de gafas por sacarle plática de cualquier tema.
– o –
– Tienes que contarme todo Korra. – Una jovial Opal caminaba del brazo de la jefa de la guardia. – Hace semanas que no hemos platicado y muero por saber como has estado todos estos días.
– No hay mucho que decir, la verdad. Hemos estado en cosas de trabajo básicamente y la comandante a estado muy entretenida entre su esposa y sus negocios en la hacienda. – Le contestó la morena sin mucho entusiasmo. – Mejor cuéntame tú, ¿Qué tal la capital sin mí?
– Jajaja, eres demasiado presumida, pero si, ha sido aburrido sin ti. Mi madre me asfixia demasiado con mis deberes como señorita. Gracias a que accediste a pretenderme me dejo en paz un rato, pero sigue insistiendo en que me despose pronto. – Comentó de mala gana.
– Entonces, ¿cuándo fijamos la fecha de la boda? – La morena sonrió picaramente y Opal le golpeó en las costillas.
– No juegos conmigo Korra o te haré que cumplas tus palabras. – Ambas rieron con eso. – Ya en serio, necesito que mi madre deje ese asunto de una buena vez. Creo que es ella la que debería casarse de nuevo.
– ¿En verdad piensas eso? ¿Quien estaría dispuesto a quitarle la viudez a tu madre? – Korra vio esta como una oportunidad para averiguar acerca de la presidenta y la comandante.
– Sí, quien sea pero que lo haga. – Dijo como cualquier cosa la señorita Beifong.
– ¿Qué tal la comandante? – Tanteo Korra.
– ¿Kuvira? Estas loca, ella ya esta casada. ¿Qué te hace pensar eso? – Preguntó algo nerviosa la chica.
– Bueno si, pero si no lo estuviera o si disolverá su actual matrimonio, ¿ella no sería la ideal para tu mamá? – Opal lo pensó un poco pero desecho la idea.
– Podemos hablar de otra cosa. Has puesto una idea demasiado perturbadora en mi mente. – Aunque la joven trato de disimular, la morena sabia que sus palabras la habían tocado algo. No quizo seguir presionando, no por el momento.
Volvieron a charlar de modas y temas triviales para la chica de ojos azules, ya tendría tiempo para regresar al asunto más adelante.
– o –
Llego la hora en que debían ir a la hacienda para deleitar a las visitas con una rica comida y después con un fandango en su honor. Los carruajes fueron traídos y los invitados procedieron a abordarlas, los que no, irían a caballo. Kuvira se acercó a su suegro y le pidió que intercambiaran lugares, debía hablar con su esposa y este era el momento antes de que otra cosa ocurriera con Suyin.
Una vez en el carruaje el silencio cayó sobre las dos, Asami no quería hablar, eso se notaba en su rostro. La militar suspiro antes de romper el silencio.
– Sami... – La chica la volteo a ver fulminándola con la mirada.
– No digas nada Kuvira, estoy tratando de mantenerme calmada. ¿Qué ha sido todo eso? ¿Por qué esa mujer te coquetea con ese descaro? – Las manos de la joven esposa se cerraron en un puño conteniendo sus ganas de sacar su ira.
– Me disculpo por eso Asami, no creí que Suyin tomara esa actitud. Solo lo hace para probarte, lo hace para conocer a las personas y ver como son. Solo te pido que tengas paciencia y no caigas en sus provocaciones. – La chica de ojos esmeralda desvió la mirada furica, se encontraba completamente ofendida por la actitud de aquella mujer
– ¿Por qué hace una cosa así? – Exigió saber la joven de labios rojos.
– Hablare con Suyin y le pediré que se abstenga de cualquier comentario o situación que pueda llegar a incomodarte. Ella es así, es costumbre del ejército, probarte y llevarte al límite para conocer tus fortalezas y debilidades, es una mala costumbre que tiene pero de esa manera ha podido llegar hasta donde está. – La militar tomó a su mujer y la atrajo hacia ella depositando un dulce beso en sus labios.
– Aunque vengas con cariñitos sigo enojada contigo por no haberme dicho nada de su extraña prueba. – A su mente vinieron las palabras de Korra acerca de lo que su esposa hacía en la capital con otras mujeres, con esa mujer en específico, y es que después de sus insinuaciones y el coqueteo descarado con Kuvira, Asami estaba insegura de la fidelidad de su esposa.
– Sami te amo, solucionare esto, me encargare de Su no te preocupes. – La militar se sentía mal por no haberle dicho la verdad acerca de la actitud de Suyin, de la relación que tuvieran hace algún tiempo y que aunque ahora estaba terminada era seguro que la presidenta aun sentía algo muy fuerte por la joven.
Pronto llegaron a la casa Mayor y tuvieron que dejar la conversación hasta allí. La militar esperaba que con esto su esposa estuviera más calmada y no se tomara tan apecho las palabras y actos de la presidenta.
– o –
– Bienvenida a esta tu casa señora Beifong. – Pronuncio la dueña de la hacienda cuando Suyin puso un pie en el hermoso y extenso patio delantero de la casa mayor.
– Así que esta es la casa de tu padre. ¡Oh mira! Recordaste cuales son mis flores favoritas, es un bellísimo detalle. – Suyin se acercó a algunas de las macetas que contenían los lilis.
– ¿Cómo olvidarlo? – La joven militar sonrío, estaba alegre de que ese detalle no pasara desapercibido para su mentora. – Vamos, los demás nos esperan. – Ofreció su brazo y la presidenta lo acaricio, esto no pasó desapercibido por la chica de labios rojos.
Para amenizar la fiesta, Kuvira había hecho traer a un importante grupo de músicos del puerto que se especializaban en sones, décimas y huapango de los tres estilos. La dueña de la hacienda había planeado muy bien las coplas y versos que cantarían para la presidenta. La comida era una muy exquisita representación de la gastronomía local, todo lo mejor para agasajar a la visita.
El patio donde anteriormente se había celebrado la boda de Kuvira y Asami, volvía a vestirse de fiesta. Un entarimado en el centro servía de pista para los que se animaran a bailar, alrededor de este estaban dispuestas las mesas donde todos los comensales disfrutaban de los platillos y la bebida.
La familia Beifong había sido colocada en la mesa principal, la cual era presidida por la matriarca y la dueña de la hacienda. Asami se había sentado a un lado de Kuvira y junto a ella Baatar. Opal tenía su lugar reservado pero no había querido ocuparlo pues no se despegaba de la joven jefa de la guardia. La comida paso rápido más la plática no. En algún momento de la cena, Asami se quedó sola, pues su padre, Kuvira y Baatar estaban en una entretenida discusión acerca de la situación actual y la política del país.
Asami se disculpó de la mesa y fue a dar una vuelta por la cocina. En su camino se topó con Korra y Opal quienes hablaban animadamente muy cerca la una de la otra. Por dentro la joven de ojos esmeralda sintió como el demonio de los celos se apoderaba de ella. Ese sentimiento que le decía que fuera a reclamar a la chica de ojos azules para ella y solo para ella. No podía seguir soportando eso. Primero Kuvira con su enfermiza posición de complacer a aquella mujer y ahora Korra perdiendo su tiempo con la hija de la misma mujer que le arrebatara la atención de su esposa. Si no hacía algo pronto ese fuego que la devoraba por dentro la consumiría.
Una de las muchachas de servicio llevaba en una bandeja un servicio de tequila y mezcal para algunas de las mesas. Sin pensarlo mucho Asami tomo una de las copas y se sirvió un trago del licor de maguey. Esa cosa le quemo pero ese dolor le hizo olvidarse momentáneamente del dolor emocional que tenía en el corazón para trasladarlo a su estómago.
– o –
Opal y Korra se habían escabullido de la fiesta y andaban deambulando por los pasillos de la casa Mayor. La morena había decidido usar su coquetería para sonsacar a la señorita Beifong de dejar la fiesta he irse a perder un rato para que así su madre pensará que tenían un pequeño encuentro amoroso. Opal aceptó de buen grado porque le convenía que su madre pensará eso y además si podía hacer que eso fuera real y no sólo una ficción no estaría de más.
– ¿Nunca has pensado en casarte Korra? – La curiosidad le pico a la pequeña Beifong.
– ¿Te digo la verdad o te digo la mentira? – Contestó la jefa de la guardia.
– Dime la verdad. – Opal se acomodo entre las caderas de Korra colgándose de su cuello, lo que hizo que la morena subiera una ceja en señal de extrañamiento.
– ¿Trata de seducirme señorita Beifong? – La morena posó sus manos en la cintura de la chica.
– Depende, ¿esta funcionando? – Korra río a carcajadas por la desfachatez de la que hacía gala la joven, eso era lo que le gustaba de ella, que pudiera seguirle el juego y no tomarse a pecho cualquier tontería amoroso.
– Podría ser. – Opal pego más su cuerpo al bien trabajado cuerpo de la morena cerrando el espacio al mínimo y ofreció sus labios para que si la jefa de la guardia deseaba pudiera besarnos sin ningún problema.
– Entonces porque no lo haces. – La chica mojo su boca y Korra deseaba dejarse llevar por el instante.
Al ver la indecisión en la morena fue Opal la que terminó acortando la distancia entre ellas. Un suave toque que se volvió más fuerte cuando las manos de Korra presionaron el cuerpo de Opal contra ella.
Korra tenía que admitir que la chica era hermosa y muy simpática, y aunque en ocasiones anteriores habían compartido alguno que otro beso ella siempre había sido clara con sus verdaderas intenciones. No podía amarla, al menos no como ella quería, por eso mismo Opal fingía indiferencia hacia el amor y actuaba con descaro para que la morena no se alejará de ella.
La pequeña Beifong quería enamorar a Korra o simplemente engancharla lo suficiente, aunque usará cualquier recurso para ello y que esta se viera obligada a desposarla.
– Me temo que debemos parar o de lo contrario tendremos que buscar una habitación. – Dijo Korra entre risas apartando un poco a la chica.
– En ese caso vayamos a buscarla. – Opal le respondió mientras jugaba con la solapa de su camisa y desataba un botón.
– Jajaja, ¿alguien está de traviesa? – La joven Beifong frunció las cejas.
– ¿Y qué que así fuera? No es cómo que no sepan todos que tu y yo estamos enamoradas ante los ojos de mi madre y que estamos saliendo aunque todo sea un cuento. ¿Qué más da hacerlo real? – La chica de ojos verdes le dijo al oído y después mordió el lóbulo de su oreja, ganándose un pequeño gemido de la morena.
– Creo que es tiempo de que regresemos a la fiesta. – Korra tomó las manos de Opal y las apartó de ella, jalandola para ir de nuevo al patio donde se celebraba la verbena.
– Eres una aguafiestas, nos estamos divirtiendo aquí. – Refunfuño la joven.
Antes de salir de ese pasillo y llegar cerca de la cocina Opal se detuvo y empujó a la morena en un rincón volviendo a besarla.
– Lo siento, tenía que hacerlo de nuevo por si cambiabas de opinión. – Korra se carcajeo y le respondió el beso.
– Eres un caso perdido. – Una sombra paso y puso alerta a la joven de ojos azules.
No era otra sino Asami que en su camino a la cocina las había sorprendido a las dos chicas besándose en el pasillo. Pudo ver como la cara de ojos esmeralda estaba roja de la ira y para hacerla enojar más la ignoró por completo riéndose y jugando como un gato juega con su presa antes de comersela.
Asami siguió su camino completamente indignada.
– ¿Qué sucede? – Opal se dio cuenta de que alguien los había visto.
– La esposa de Kuvira paso por aquí y nos vio. – Jugó con su oreja.
– Espero le cuente a Kuvira para que así mi madre se entere. – Ahora era el momento de volver a sacar el tema.
– ¿Cuando, antes o después de estar con tu madre? – Opal empujó a Korra alejandola de su cuello que había empezado a besar.
– ¿Quien te lo dijo? ¿Cómo lo has averiguado? – La morena se alegro por dentro, Opal había picado el anzuelo y ahora con esa pregunta había confesado que en efecto, algo había entre las dos.
– Es evidente, la forma en que la presidenta trata a Kuvira y como ha reaccionado con Asami. – Trato de sonar indiferente.
– No puedes decirle a nadie de esto. Mi madre mandaría al paredón a cualquiera que ose decir o insinuar tal cosa. Ella cree que nadie se da cuenta pero mis hermanos y yo lo sabemos. Ellas dos tienen algo que ver. – Al principio sonó asustada para después hablar con desprecio. – Solo el idiota de Baatar aprueba esa relación, pero por lo que sé, ellas terminaron eso hace algún tiempo.
– ¿Estas segura de eso? No parece que sea así. – Tenía que saberlo.
– Podría ser, pero siendo Kuvira como es, dudo mucho que vaya a romper alguna regla y mucho menos su matrimonio. – Escuchar eso desalento a la morena, pero una cosa era cierta, algo había o hubo entre ellas. Ahora debía desenmascarar a la comandante frente a los ojos de Asami.
– o –
La música paro por un instante, el presidente municipal del pueblo, Rayko, se paró a dar un discurso e invito a los presentes a tomar parte en el baile que la presidenta Suyin y la anfitriona de la fiesta abrirían para el resto de los presentes. La joven esposa se aproximó a la mesa y las vio a ambas salir a la pista. Los músicos comenzaron a tocar el son del "Cascabel".
Kuvira como buena mujer de campo y conocedora de las tradiciones de su tierra, le entro con el zapateado sobre la tarima al ritmo que los requintos, la jarana, el violín y el arpa le marcaron. Suyin le siguió el paso y ambas pronto deleitaron a todos con su danza, la presidenta conocía la música y el baile de huapango puesto que de muy joven había aprendido ese tipo de danza. La canción acabo y la joven militar pidió un nuevo son para bailar con su esposa y agradeció a la presidenta el honor e compartir el primer baile. Kuvira busco entre la gente a su esposa hasta encontrarla con una copa entre las manos sentada en un extremo de la mesa.
Los músicos tocaron los acordes de una nueva canción y Kuvira pidió a su esposa el turno en la pista. Asami acepto no de muy buen grado, pero disimulo para no darle el gusto a la presidenta de desairar a su esposa. El son de "El Colás" era lo que se escuchaba, "La Iguana" y después el "Tilingo Lingo". La militar se esforzó para que su hermosa mujer disfrutara la fiesta y quizás era el alcohol que había tomado pero se soltó en el baile y pronto estaba riendo con su esposa cuando ambas no lograban un paso o esta le hacía moverse con cierta gracia. Gracias a eso, ya había olvidado el anterior encuentro con Korra y Opal en los pasillos de la casa Mayor.
En un momento dado la presidenta se despidió de la concurrencia y pidió retirarse a los aposentos donde descansaria del largo viaje y el ajetreado día. Kuvira se ofreció a acompañarla pero Suyin declinó su invitación, alegando que debía divertirse con su esposa quien parecía estar disfrutando de la velada hasta ese momento. La dueña de la hacienda pidió a su administrador se encargará de guiar a la matriarca Beifong a sus habitaciones y Hiroshi con gusto aceptó la encomienda.
Sonaba "La Bruja" cuando Korra y Opal se unieron al resto de los danzantes y la alegría que Asami tenía se esfumo como el humo de un cigarro cuando ambas monopolizaron la tarima y el resto de los danzantes se hizo a un lado para mirarlas. La joven de las esmeraldas abrazo a su esposa y hundió la cara en su pecho tratando de fundirse con ella en un desesperado intento de dejar de lado a la pareja.
La jefa de la guardia se acercó a los músicos y en voz solo para ellos pidió tocaran "La Malagueña", sin que nadie se lo esperara, la chica de ojos azules fue hasta donde estaban Asami y Kuvira. Pidiendo permiso a la comandante ofreció su mano a su esposa para que le permitiera bailar esa pieza. Con cierta estupefacción la chica acepto, más que nada para molestar a su esposa por dejarla por Suyin.
La jarana sonó y el baile inicio, a Asami se le encogió el corazón al reconocer la canción. Korra cantaba la letra para ella.
"Besar tus labios quisiera
Besar tus labios quisiera
Malagueña salerosa
Y decirte niña hermosa
Que eres linda y hechicera
Que eres linda y hechicera
Como el candor de una rosa"
"Si por pobre me desprecias
Yo te concedo razón
Yo te concedo razón
Si por pobre me desprecias
Yo no te ofrezco riquezas
Te ofrezco mi corazón
Te ofrezco mi corazón
A cambio de mis pobrezas
Malagueña salerosa"
Al administrador había regresado justo en mitad de la canción y estaba sumamente ofendido por la osadía de la hija del capataz. Hacer semejante papelón enfrente de la dueña de la hacienda y toda la concurrencia. Asami bailo junto a Korra y cuando esta intentaba acercarse a besarla cuando cantaba el verso que hacía referencia a eso la joven esposa apartaba el rostro. De reojo alcanzaba a ver la cara de Kuvira y a esta le estaba resultando bastante incomodo el baile.
El padre de Asami fue hasta los músicos y solicito el cambio de la música antes de que eso se fuera de las manos. Mako y Bolin se acercaron a Korra para llevársela de allí antes de que se atreviera a hacer algo más. Baatar fue con Kuvira quien se encontraba muy molesta por las pretensiones de la jefa de la guardia para con su esposa.
– ¿Qué es lo que estás buscando Korra? ¿Acaso no ves que te estas poniendo en peligro de forma innecesaria? – El chico de ojos ambarinos y mayor de los hermanos la estaba reprendiendo. – Deja de hacer al tonto, no estamos en la escuela militar y aquí no nos van a castigar con trabajo forzado. Vas a hacer que nos fusilen.
– Cálmate Mako, yo sé lo que hago. – La chica de ojos azules se deshizo del agarre del hermano mayor y fue hasta la comandante.
La militar estaba con Baatar quien intentaba calmarla y Asami que le pedía dejar el asunto atrás.
– Déjala, ya sabes como es, hasta mi madre encuentra divertido ver como Korra siempre te enfrenta. No caigas en su juego. – El joven Beifong intentaba hacer entrar en razón a Kuvira quien quería ir y reclamar a la morena por su falta de respeto. Últimamente encontraba sus desplantes más y más osados para su paciencia.
– Por favor Kuv, sigamos disfrutando de la velada. – La chica de ojos oliva se resistió al principio pero ante la petición de su amada esposa decidió dejar pasar el incidente, al menos por el momento.
– Comandante, ¿aceptaría usted un duelo de coplas? Se que es aficionada a la música tanto como yo, ¿por qué no deleitamos a los presentes con una canción? – Korra fue tras la militar cuando está se dirigía a la mesa que presidía.
Los tres se detuvieron, Asami, Baatar y Kuvira, la joven de ojos esmeralda tomo la mano de su esposa e intento llevársela de allí pero la militar no se movió. Baatar se palmeo la cara temiendo lo que eso podría traer, tronó los dedos y una persona del servicio se acercó con una botella de tequila y unos vasos, sirvió tres que entrego a la dueña de la hacienda, a la jefa de la guardia y a la joven de labios rojos. La botella la reservo para él.
– Beba el suyo señora, le hará falta. – El militar de gafas le dijo a Asami entregándole una copa. – Ahora pongamos las reglas de esto, que ya sabemos para donde va todo. – Sirvió las otras dos copas y se las dio a cada una. – Hagamos un pacto de caballeros, bueno de damas, nos manejaremos con civilidad, no queremos pleitos ni nada que lleve a la violencia física, vamos a entretener a los invitados. El que se lleva se aguanta y si no se retira, el que lo dice lo sostiene y si no se arrepiente. Tomen su trago y vamos a darle.
Las dos mujeres bebieron su tequila hasta el fondo y fue Kuvira quien pidió primero el turno. Dio la indicación y la guitarra sonó el primer acorde.
– ¿Conoces como hacer una copla de huapango? Pues vamos a hacerlas a nuestra manera. – Korra asintió y Mako y Bolin se pusieron a su lado.
Los demás invitados rodearon a la pareja de duelistas en espera de su enfrentamiento verbal.
– "Soy charro de rancho grande
Y hasta el amor bebo en jarro
Y hasta el amor bebo en jarro
Soy charro de rancho grande
Y no hay potranca matrera
Que me tumbe si me agarro
Hay mi dios tan pantera
Cuando se viste de charro"
Los presentes vitorearon a la dueña de la hacienda quien cedió el turno a la jefa de la guardia. Korra rasgo las cuerdas y empezó la copla.
– "Yo en rancho grande nací
Y nunca lo ando diciendo
Y nunca lo ando diciendo
Yo en rancho grande nací
Hay quienes no son de aquí
Y namas van presumiendo
Como uno que conocí
Y que sigo conociendo."
Los aplausos no se hicieron esperar para quienes apoyaron a la chica de ojos azules. Kuvira se río de la ocurrencia de la chica y procedió a contestarle.
– "Yo no naci en rancho grande
pero quiero este lugar
pero quiero este lugar
Yo no naci en rancho grande
Aunque haya aquí la costumbre
de hablar nomas por hablar
hay unos que prenden lumbre
y no la saben apagar."
Acabada la copla los gritos de burla comenzaron a sonar y Korra se sintió indignada con el verso, ella no era ninguna habladora como decía la comandante. Tomo la guitarra y respondió la copla.
– "La lumbre que yo he prendido
no las apaga cualquiera
no las apaga cualquiera
La lumbre que yo he prendido
No todos somos iguales
andando en la quemadera
yo conozco unos caporales
que se queman en la hoguera."
Las risas de los invitados y la respuesta de la joven le estaban haciendo perder la paciencia, Kuvira estaba ya bastante molesta y el verso le cayó muy mal. Acusarla de no ser apta para el trabajo en el campo le dio en el orgullo. Se puso a pensar en como contestar pero fue Baatar quien se acercó a hablarle y le dio la idea para responder.
– "Hay unos que en el cantar
dan su envidia a conocer
dan su envidia a conocer
Hay unos en el cantar
Porque no fue caporal
y no lo quiso una mujer
Vivió su vida tan mal
que hasta a sus amigos hizo perder."
Al finalizar su parte la militar, Mako y Bolin supieron que ese había sido un golpe bajo contra Korra. La chica no se iba a quedar con los brazos cruzados y eso solo significaba que esto se había ido al traste. Los hermanos trataron de llevarse a la joven de ojos azules pero ella no lo permitió, Bolin le estaba quitando la guitarra pero no pudo hacerlo. Sonó el acorde del instrumento.
– "Vale más saber perder
y guardar bien el honor
con la mujer que uno quiere
no hay que hacer combinación
si pierdo revancha tomo
y a la cruz de mi pasión
por un puesto de mando
no se la cambio a ningún cabrón."
Esto ya había sido el acabose, la comandante paro la música y se fue sobre la jefa de la guardia con la firme intensión de golpearla.
– Eso que me has dicho en verso me lo vas a sostener en prosa. ¿Qué rayos es lo que estás diciendo? – Korra apartó su guitarra y dio un paso al frente.
– Te lo digo y te lo sostengo. Tú estás engañando a tu mujer. – Kuvira se sorprendió ante la afirmación que hizo.
– Tú sabes que eso es mentira. ¿Cómo osas decir tal barbaridad? – Asami salto al ruedo y fue hasta su esposa. – Sami tu sabes que eso no es verdad.
– Vamonos Kuvira, dejemos esto por la paz. – Asami miró a Baatar pidiendo ayuda.
– Señoras acordamos no llegar a la violencia. Korra retira tus palabras y Kuvira baja las armas. – Las vio una a la otra, la chica de ojos azules miró a Asami de un cierto modo que para Baatar no pasó desapercibido.
– De acuerdo, retiro lo dicho, discúlpeme señora. – Korra dio la media vuelta y se marchó.
Mako y Bolin la rodearon y se fueron de allí llevándosela a toda prisa. Antes de abandonar la fiesta la jefa de la guardia se despidió de Opal dándole un beso en la mejilla y haciendo una reverencia.
– ¡Ea! Que la fiesta continúe, toquen una canción. Estamos aquí para divertirnos. – El joven de gafas solicito a la banda de músicos que reanudarán su actuación.
Asami se llevó a Kuvira del lugar y caminaron hasta el despacho de la militar donde se encerraron.
– o –
Baatar no se quedo satisfecho y fue tras los tres amigos, algo no le había gustado de todo aquello y tenía que averiguar que es lo que estaba pasando. ¿Qué habían sido esas miradas que compartieron Asami y Korra? No lo sabía, pero tenía que averiguarlo.
– o –
– Te juro que un día de estos voy a terminar matando a Korra por culpa de todas sus tonterías. – Kuvira entro en su despacho echa una furia dejando que su frustración cayera sobre su escritorio donde ahora apoyaba su mano buena.
– No digas esas cosas. – La joven esposa tembló ligeramente al escuchar las palabras cargadas de rabia de la militar.
– Sami... – Los ojos de ambas mujeres se encontraron, el verde oliva con el verde esmeralda, la tristeza se vio reflejada en el oliva. Asami temía lo que estaba por escuchar. – debo confesarte la verdad.
– No digas nada por favor, sea lo que sea no quiero escucharlo. Olvida lo que Korra a dicho, yo ya lo he olvidado. No me importa nada. – Asami se aproximó a su esposa y puso un dedo sobre sus labios para callar sus palabras. Tenía miedo de oír lo que fuera a decir, tenía miedo de que lo que dijera la hiciera ir a refugiarse en los brazos de la chica de ojos azules y no en los de su esposa. Se negaba a saber la verdad de las acusaciones que Korra lanzará contra Kuvira.
– No Sami, no puedo, debo ser sincera contigo. Te amo y amo lo que tenemos, un amor puro y sin secretos, no es justo que yo no te haya hablado de esto antes cuando tu fuiste honesta conmigo desde el principio. – Lo que acababa de decir la militar cayó sobre Asami como una loza pesada de culpabilidad, ella no había sido honesta ni sincera con Kuvira, le había mentido descaradamente todo por tratar de salvar a Korra y ahora tenía que luchar con esto también. – Por favor no me juzgues mal por eso.
Kuvira beso los labios rojos de Asami y esta se aferro a su cuello derramando pesadas lagrimas sobre su rostro.
– No por favor... – Dejo salir apenas en un susurro.
– Sami, es verdad, yo tuve una relación amorosa con Suyin. Pero no como lo piensa Korra. Hace muchos años cuando entre a la academia militar y conocí a Baatar y a su madre y a toda la familia Beifong, nunca imagine estar relacionada sentimentalmente con mi superior. Suyin era mi comandante, yo solo un capitán de guardia, mejor amiga de su hijo mayor. Cuando Baatar Sr murió yo me volví el pilar que sostuvo a Suyin de derrumbarse, estuve allí junto a ella y ella correspondió mis sentimientos. Fue una relación fugaz. Lo nuestro no podía ser por muchas razones, la principal, sus hijos. Decidimos terminarlo. Para cuando te conocí, eso tenía mucho tiempo de haber acabado. – Asami sollozaba en el pecho de la militar. – Durante el tiempo que estuve en la capital, jamás paso nada más que no fuera un trato laboral. Es verdad que guardo un profundo cariño y respeto por Su, pero nunca he faltado a mis votos matrimoniales. Te amo Sami, solo te amo a ti.
Kuvira separó un poco a la joven y con su mano levantó su rostro bañado en lagrimas para verse reflejada en esa mirada esmeralda que ahora estaba empañada.
– Sami... – La chica desvío los ojos, le dolía lo que Kuvira le acababa de confesar. Pensar en su esposa estando con otra mujer se le había hecho insoportable y aunque ahora le había confesado la verdad, no sabia como sentirse. ¿Debía creerle a Korra o a Kuvira? Estaba herida, pero no podía señalar a la militar por no haberle dicho nada antes cuando ella misma no era sincera con sus sentimientos.
– No me importa, si tu dices que eso termino, termino entonces. – Asami dio un beso agridulce a Kuvira. – Creo que iré a la habitación necesito estar a solas.
La militar no dijo nada y como si estuvieran desgarrando su corazón dejo libre el cuerpo de Asami. La joven abandono la oficina dejando a Kuvira atrás.
En cuanto su esposa salio y cerró la puerta, su poca entereza la dejo. Se derrumbó sobre su asiento detrás de su escritorio y trajo para si, la fina licorera que perteneciera a su padre y bebió hasta perder sus sentidos.
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Baatar siguió a Korra, Mako y Bolin aún después de que salieran de la casa Mayor. Los tres soldados iban discutiendo, podía oír sus voces alteradas, se acercó lo suficiente para escuchar bien sin ser visto. Se oculto detrás de unos árboles y arbustos.
– Estas demente, ¿Qué es lo que pensabas ganar con eso? – El chico de ojos ambarinos le reclamaba a la morena.
– Al fin lo supe, Opal me lo confirmó, entre Suyin y Kuvira hubo algo más. Ellas dos tienen algo. – Dijo tan segura de si misma y Baatar se lamentaba que Opal fuera tan indiscreta con ese tema. – Tenía que desengañar a Asami para que vea la clase de persona que es Kuvira.
– ¿Y qué con eso? No es como que la señora Sato vaya a dejar a su esposa y venga corriendo a tus brazos por eso. – Le soltó con mucho enojo el mayor de los hermanos.
– Yo se que no, al menos no así, sea como sea voy a recuperar a Asami cueste lo que cueste. – ¿De qué rayos estaba hablando? ¿Por qué se refería a la esposa de Kuvira de esa forma? ¿Qué clase de relación podían tener ellas dos? ¿Era posible que asami estuviera engañando a su amiga con Korra? Todas esas dudas llegaron a su mente.
– ¿Y qué harás ahora? – Bolin preguntó.
– Tengo que buscar a Asami y hablar con ella. A estas alturas debió haberle reclamado ya a la comandante y dudo mucho que Kuvira siga manteniendo la mentira de los suyo con Suyin. – La desaprobación apareció en el rostro de Mako.
– ¿Iras a buscarla ahora? – Quizo saber el chico de ojos ambar.
– No, de momento no, esperare a mañana. Bolin necesito que me ayudes, le entregaras una carta a Asami. Le pediré que me vea mañana en la tarde en nuestro lugar secreto. Mientras Kuvira esta en el palacio municipal arreglando sus negocios con Baatar y su madre, aprovecharé para verla sin que nadie nos interrumpa. – ¡Esa hija de toda su...! Maldijo el joven de gafas.
Korra escribió en un pedazo de papel y se lo entregó al menor de los hermanos quien agarro rumbo a la casa Mayor y los otros dos se perdieron en el monte.
Baatar optó por seguir a Bolin y ver cuál era la reacción de Asami, aún no estaba seguro de si ir con Kuvira o no. Esto podía destruir a su amiga. Una traición de ese tamaño acabaría con ella. Sin embargo no podía permitir que se burlaban en su cara de esa manera.
Si el estaba hirviendo en coraje, decidido a matar a Korra en ese instante, no quería saber como reaccionaría su amiga. Debía tener pruebas reales y no sólo oídas. Mañana las encararía a ambas en su cita.
Bolin llego hasta la habitación que el matrimonio compartía, se había asegurado de que Kuvira no estuviera allí y viendo que una luz iluminaba el interior se atrevío a tocar la puerta. Entre las sombras Baatar vio como le entregaba el papel y el se retiraba del lugar.
Fue al despacho de Kuvira y la encontró bebiendo, tuvo que callarse para no decirle que su esposa la estaba traicionando y ella que estaba aquí llorando porque pensaba que era ella, Kuvira, quien estaba fallando al no haberle dicho nada sobre su relación con su madre, Suyin.
Le arrebato el licor de las manos y se la llevo a su cuarto. La cargo pasando su brazo bueno por su espalda y la traslado a rastras por el jardín interior. Para esas horas la fiesta ya había acabado, Hiroshi se encargó de despedir a los invitados y acomodar a los huéspedes.
Asami abrió la puerta y dejo pasar a Baatar quien deposito el cuerpo de la militar sobre su cama. Vio el papel sobre la cómoda y discretamente lo tomó guardandolo en su pantalón. Sin decir palabra salio del cuarto.
Fue hasta el despacho de Kuvira y se puso a redactar una carta, una vez termino, echo el trozo de papel que Korra enviará a Asami y la sello. La guardo en su chaqueta. Ya se la entregaría más tarde a su amiga. Antes las enfrentaría y llevaría la cabeza de quien fuera la traidora.
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Ustedes disculparan si por allí se nos fueron los errores o hubo palabras extrañas, pero es que el auto corrector del celular es bastante latoso.
¿Cuentenme que les ha parecido?
Ya pronto Kuvira se va a enterar de todo y habrá mucho relajo y una que otra muerte. ¿A quien le va a tocar la suerte? Esperemos que a nadie, es feo matar personajes queridos por ti en tus historias. Pero eso lo sabremos en el siguiente capítulo. Jajaja me sentí como los que dan los avances al final de cada episodio.
¡Hay dio' mio! Como dicen lo' cojteño'.
