Segundo capitulo, espero les este gustando :)
Los días parecían volverse más fríos respecto a cómo avanza el tiempo. Le fastidiaba un poco. Era inevitable, no le agradaba el frio, prefería el calor. Bueno, en verano se retractaba un tanto, ya sea porque algunos días llegaban a ser sofocantes y en esos momentos uno extraña el invierno.
Apretó el móvil de Suga en el bolsillo de su pantalón, asegurándose de que se encontrara allí. Era como la decima vez que lo hacía pero mejor prevenir que lamentar.
Irguió su cuerpo al doblar por la escalera hasta llegar a su salón. Se sentía nervioso, ansioso, asustado. No sabía si sería como siempre el interactuar con Suga. Le aterraba la idea de tener que mirarlos a los ojos sin recordar las imágenes que al parecer estaban muy bien guardadas en su memoria, lo cual le fastidiaba.
Entró al salón, mirando rápidamente al puesto de Suga. Él se encontraba tirado en su pupitre, con su rostro hundido en sus brazos, ocultándose o tal vez durmiendo. Caminó a paso lento, repasando una y otra vez las palabras adecuadas para devolver el móvil de Suga sin alterarse.
Una vez dejó su bolso en su pupitre, Suga levantó su cabeza. Sintió su mirada mientras que él, fingiendo ignorarlo, ponía su maletín colgándolo en la parte lateral de la mesa. Suga no decía palabra alguna y parecía que no pensaba saludarle, por lo que giró su rostro hacia su amigo, resignado a saludarlo él.
- Hola Suga – El rostro de Suga parecía derrotado. Tenía unas notorias ojeras en su rostro y sus cabellos un tanto despeinados.
- Hola – Sonó cansado.
- ¿Estás bien? – Preguntó un tanto preocupado, creyendo saber el por qué del estado del armador.
- No – Tiró su cuerpo sobre el pupitre nuevamente, esta vez sin ocultar su rostro con sus brazos, afirmando su mejilla izquierda en la madera, evitando la mirada de Daichi – Perdí mi móvil – Agregó.
- ¿Enserio? – Daichi rió por dentro. Sin querer estaba disfrutando el lamento de su amigo, cuando realmente su móvil estaba a menos de dos metros de él, en su bolsillo – Que mal – Fingió lamentarse.
- Si – Nuevamente Suga se puso derecho, mirando a Daichi, quien ya se hallaba sentado y girado hacia la dirección de Suga.
- ¿Tenias cosas importantes? – Daichi siguió con su juego cuidadosamente.
- ¿Eh?... S-Si… - Respondió nervioso el peli plateado, cosa que no paso desapercibida para el capitán.
- Ya veo. Pero supongo que tu celular tiene algún sistema de seguridad, ¿verdad? – Daichi casi estalla de la risa por dentro. Al parecer el día de hoy no sería un fiasco como él pensó, tan solo sentía un poco de culpa, pero respecto a su relación con Suga, no parecía verse afectada, era todo normal.
- ¡No! – Habló fuerte Suga, sin importarle que los demás se le quedaran viendo. El armador parecía realmente frustrado.
- Pero, ¿Cómo?, no debes ser tan confiado – Reclamó Daichi, pues claramente él mismo había visto todo en su móvil, y todo aquello no habría pasado si su celular hubiera tenido un sistema de bloqueo, o igualmente se habría evitado si tan solo él no se metiera donde no lo llaman.
- Lo sé, soy estúpido – El rostro de Suga desprendía un total arrepentimiento.
- Ya, ya – Trató de calmar a su compañero – Pero, ¿Qué cosas tan importantes tenias en tu móvil?
Suga dio un pequeño salto. Escuchó el golpeteo de su talón en el suelo, declarando su nerviosismo. Daichi sabía las cosas importantes que Suga tenía en su móvil, y deseaba reprenderlo un poco por su descuido. El peli plateado comenzó a golpear con sus dedos la mesa, ya no habiéndole bastando el temblar de su pierna. Su rostro delataba un leve sonrojo, y más aun con lo blanca que era su piel.
- Algunas cosas… - Respondió finalmente Suga luego de meditarlo un tanto. Daichi miro meticulosamente los ojos de Suga, este un tanto nervioso desvió la mirada a su izquierda, sintiéndose observado.
- Pero… ¿Qué cosas? – Preguntó nuevamente Daichi, fingiendo no haber entendido la respuesta de su amigo. Deseaba más detalles, deseaba ver si Suga era capaz de responderle con sinceridad, aunque estaba seguro de que no lo haría. No creía posible que alguien confiese que cosas secretas tenía en su móvil, por algo se llaman "secretos".
- Ya sabes…. – Daichi frunció el seño – Cosas que uno tiene en su móvil – El capitán soltó un falso suspiro cansado – Cosas privadas, idiota – Suga cruzó sus brazos sobre su pecho, claramente fastidiado tras no ser comprendido.
- ¿Tanto te costaba decir eso? – Dijo burlonamente el moreno.
- Si te respondía dirías, "¿Qué cosas privadas?" – Daichi levantó las cejas, sorprendido – No pongas esa cara, eso dirías – Suga ladeó su cabeza con una mirada de obviedad.
- No, es tu privacidad Suga – Levantó sus manos en su defensa, como si de algo sirviera. Se sintió mal decir aquellas palabras, después de todo, él había revisado su móvil.
- Ya – Suga desinteresado afirmó su cabeza con su mano izquierda, mirando a la nada.
En la cara de Suga se podía ver mucho descontento y frustración, realmente se sentía mal, y ¿Quién no?, si perdieras tu móvil con fotos tuyas, de tu intimidad, mas de alguno lloraría.
Ya era momento de devolverle su aparato, se había divertido bastante con su "juego". Sacó de su bolsillo el móvil de Suga, disimuladamente, evitando que el armador se percatara de ello. Lo tenía en su mano derecha pero lejos de la vista de su amigo.
Daichi movió un tanto su cabeza, fingiendo que miraba algo detrás de Suga, a la lejanía. El armador un tanto curioso miró dirección donde miraba su capitán, que era a sus espaldas. El moreno contento de su "finta" posicionó el móvil de Suga rápidamente en el pupitre de este. Reprimió una leve risa que de su boca peligraba salir. Deseaba ver el rostro de su amigo.
De pronto Suga volvió a su posición original, mirando a Daichi, quien le sonreía de una manera sospechosa, burlándose. Sus ojos se desviaron al aparato frente a él, que estaba en su pupitre. Sus ojos se abrieron casi saliendo de sus cuencas, para luego dirigirle una mirada inquisidora a su Capitán, exigiendo una respuesta.
Daichi trató de controlar su risa pero no pudo, solo logró tapar su boca con la mano, evitando hacer mucho ruido. Y es que no podía parar, de solo mirar la cara horrorizada del armador le entraban ganas de reírse.
Suga lo tomó de la muñeca, arrastrándolo fuera del salón, obligándolo a subir las escaleras a una velocidad bastante apresurada, hasta quedar en el ultimo piso, a punto de llegar a la azotea.
El único sonido presente eran sus cansadas respiraciones tras el ejercicio. Daichi se extrañó de ser llevado allí, pero no lo detuvo. Suga estaba de espaldas a él. Lo único que escuchaba del armador era su acelerada respiración.
- Suga, ¿Por qué me trajis-
- ¿Las viste? – El armador le interrumpió con su pregunta, aun dándole la espalda.
Ahora era el turno de Daichi abrir sus ojos. Sabía a lo que Suga se refería, lo estuvo pensando un sinfín de veces, la noche anterior y el día de hoy. Como si hubiera ensañado la respuesta o la posibilidad de que esto ocurriera, tomó aire.
- ¿De qué hablas? – Fingió desconcierto. Debía admitir que le costaba un tanto mentirle a su amigo. Además, Suga le conocía bastante, y dudaba poder engañarlo.
- No te hagas el tonto, Daichi – Su voz parecía quebrarse, a punto de llorar.
Daichi se percató en lo que estaba metido. Ahora más que nunca se arrepintió haber revisado el móvil de Suga. Todo era tan fácil como ir a la casa del armador, devolver el celular y todo habría quedado zanjado y arreglado. Pero ya era tarde.
No culpaba al peli plateado de sospechar sobre la posibilidad de que husmearan en sus cosas, cualquiera lo haría. Pero ahora, Suga había preferido ser directo, andar sin rodeos, y lo que más quería era que el capitán fuera sincero con él.
Daichi agradeció el que Suga no girara y le mirara a los ojos, ya que sentía en su rostro una y mil facciones. ¿Suga sospechaba que haya mirado las fotografías?, ¿Dudaba sobre si era un metiche?, ¿Debería negar todo o decir la verdad? Aún no era tarde, pero no creía que diciendo la verdad todo acabara en un final feliz. Suga posiblemente le evitaría, se sentiría avergonzado, en el mejor de los casos le explicaría el por qué de sus fotos, pero sería lo último que esperaba. El capitán mordió su labio inferior por dentro, deseando no arrepentirse de su decisión.
- Suga – Tocó su hombro, sintiendo temblar a su amigo – Te lo juro, no vi nada, respeto la privacidad de los otros, te lo mencione hace un momento. Yo solo lo recogí y lo guardé hasta hoy.
Cada maldita palabra que salía de su boca era como una cuchillada en su pecho. Se sintió fatal, la peor persona del mundo, pero no podía darse el lujo de tener que aguantar la posibilidad de Suga alejándose de él. No le gustaba, claramente no, ¿A quién le gustaría mentirle a su amigo en una situación tan crítica?, esperaba no ser el único, ya que se sentía como la mierda. Se repetía en su mente que era la mejor solución, la más correcta y conveniente para los dos, y se llevaría el secreto a la tumba. Todo sería más fácil, solamente el sabría la situación en la que estaban, mientras que Suga, campal, no se preocuparía por nada.
El armador giró sobre sus pies, quedando de frente a Daichi. Sus cejas casi juntas, sus ojos entrecerrados y una pequeña mueca en su boca, dudosa, le daban aire de desconfianza. El capitán atinó a soportar la mirada, sellando cualquier abertura a la verdad del asunto. Se sentía observado, como si le juzgaran con la mirada, y no estaba tan acostumbrado que digamos, no con Suga. Lo único que halló oportuno y conveniente fue – como pudo – tratar de sonreír lo mas sinceramente. De esas sonrisas que entregaba para dar apoyo, se la dio a Suga, validando su credibilidad. La mirada del armador salió de sus ojos, dirigida al suelo, y luego hacia él nuevamente. Parecía estar pensando algo, pero no dijo nada, solamente soltó un suspiro.
- Lo siento, Daichi – Miró con culpabilidad. Pero fue suficiente para sentirse el peor amigo del mundo. Él debería disculparse, sincerarse, aclarar todo. Pero no pudo, ya era tarde – Es que tenía unas cosas sumamente importantes, y desearía que nadie las vea. Incluyéndote – Sacó el móvil de su bolsillo y lo presionó contra a su pecho – De verdad, gracias – Sonrió amablemente a Daichi, sin darse cuenta de lo que le provocaba al susodicho – Juro que te lo pagare.
- No te preocupes – Rascó su nuca un poco, sonriendo levemente. ¿Era necesario aclarar que estaba fingiendo?, creo que no.
- No digas eso – Suga cruzó sus brazos, regañándolo – Ya se me ocurrirá algo – Refiriéndose a lo que le debía a Daichi – ¿Dónde lo encontraste?
- Estaba en el salón del club, deberías ser más cuidadoso – Y por una vez en el día estaba siendo sincero. De verdad le molestó que además de ser descuidado, el móvil estuviera libre a cualquier persona – Aproveché de cargarlo – Refiriéndose a la batería del móvil.
- Así veo – Suga reviso su móvil percatándose de ello – Gracias por eso también.
- De nada – Ahora que lo pensaba… - Oye, Suga – Llamó la atención del nombrado - ¿Por qué no llamaste a tu móvil desde el celular de tu madre? O algo así.
- No lo había pensado – Rascó su mentón, reflexionando.
- Debes estar más atento – Le molestó Daichi. Suga solo sonrió, aunque sabía que en su mente le estaba preparando un contra ataque.
- ¿Insinúas que eres más atento que yo? – Daichi solo se levanto de hombros, dudando que responder – Si es así, ¿Por qué no fuiste a dejar el móvil a mi casa? – Suga levantó una ceja, inquiriendo una respuesta.
- Si… debí hacer eso – Él se había repetido esa misma pregunta una y otra vez en su mente. ¿Por qué no hizo eso? – Lo sien-
- Era broma – Suga golpeó sus costillas interrumpiéndole. Le dolió y a la vez le dio cosquillas, pero eligió quejarse a que reír. El rostro del armador era cubierto por una sonrisa, tal vez de burla o de sinceridad, no lo sabía – Enserio gracias, Daichi.
- Hmm… - Atinó a decir afirmando.
- Bueno, ¿vamos? – Preguntó el peli plateado bajando las escaleras, primero que Daichi.
El capitán solo le siguió, en silencio. No podía como describir lo que sentía. La culpa estaba si o si en su mente. ¿Vergüenza?, por ahora no, veía a su amigo como siempre, casi ni recordaba las imágenes. ¿Tristeza?, de alguna manera se sentía así, pero provenía de la culpa. En fin, esperaba que el tiempo le aclarara los pensamientos.
El resto del día transcurrió sin anormalidades. Las clases fueron un tanto pesadas y de alguna manera le daban un poco de sueño, aún después de haber dormido las horas necesarias la noche anterior.
Nunca acostumbraba girarse a mirar a Suga en clases, nunca, excepto cuando le pedía algún material o su cuaderno. Bueno, igual una vez que acababan se giraba y hablaban, pero en medio de la clase, no. Tenía su cabeza afirmada en la palma de su mano derecha, mirando al profesor con los ojos solo cuando estaba en su rango de visión, más no se dignaba a girar su cabeza cuando lo veía desaparecer a sus espaldas, mientras enseñaba. Cuando el profesor caminaba hacia la pizarra, dándole la espalda, aprovechó el momento. Giró su cabeza hacia el lado derecho, girando a la vez un poco su cuerpo, permitiéndole ver sobre su hombro a Suga sentado tras él. Este se sorprendió un poco, pensó que Daichi le pediría algo, un lápiz o goma, pero solo le miró. Sus miradas estaban conectadas, pero fueron interrumpidas por un bostezo que salió de la boca del capitán que la tapó con la mano con la que anteriormente se afirmaba. Suga reprimió una risa, con la parte posterior de su mano. Daichi le sonrió momentos después, un poco avergonzado. Solamente se había girado a enseñarle su bostezo, se podría decir.
- Dormilón – Escuchó decir a sus espaldas Suga. Le causó gracia pero solamente rió bajo, evitando que el profesor le escuchara.
El toque del timbre anuncio el final de la clase. Fue inevitable no estirar un poco los brazos hacia arriba, más de alguno en el salón lo hizo.
- Daichi, hoy no traje almuerzo por lo que iré al casino – Anunció Suga, parándose, y pasando por su lado.
- Yo tampoco, ¿me esperas? – Daichi guardó sus cosas y caminó fuera del salón, donde Suga le esperó.
Caminaban por los pasillos, casi apresurados ya que sabían lo rápido que se acababan los mejores "almuerzos", por no decir sándwiches.
- ¡Sawamura! – Gritó una voz femenina desde un salón. Sabía quien era.
- Michimiya – Dijo el capitán una vez la chica estaba frente a él, saliendo del aula. Miró unos pasos más adelante por el pasillo a Suga, quien parecía esperarle – En un momento voy – Avisó al peli plateado. Este afirmó y se marchó. Daichi sabía que no podría almorzar lo que quería, no alcanzaría a llegar a tiempo, pero por no ser descortés con su amiga, lo valía.
- ¿Cómo estás ? – Preguntó Michimiya.
- Bien y ¿tu? – Devolvió el saludo.
- Bien, gracias – La joven posicionó sus manos tras su espalda, mientras se mecía ligeramente – Oye, sobre las alineaciones, tengo una idea – Comentó. Normalmente cuando hablaban casi siempre era de voleibol, sus temas de conversación no variaban mucho.
- Dime – Sonrió.
Últimamente veía más motivada a su amiga, interesada en mejorar. Michimiya entró al salón, buscando una hoja de papel. Le enseñó las diversas ideas que tenia, le explicó en que se destacaban cada una de las jugadoras y por qué razón las posicionaba en tal parte. Pasaron alrededor de 10 minutos en los que hablaron, más que nada de voleibol y un tanto de los estudios. Por último el capitán le aconsejó algunas tácticas que podría hacer con su equipo y qué clase de ejercicios para mejorar la coordinación.
- Gracias, Sawamura – Michimiya entró al salón, moviendo su mano en señal de despedida. Llegó hasta donde estaban sus demás amigas y escuchó cómo se reían de ella.
- Adiós – Daichi se despidió.
Caminó dirección al casino, aun esperanzado de poder comprar un Sándwich de jamón y queso. Le encantaban.
Una vez dentro del casino, caminó dirección donde se hallaban los almuerzos disponibles, encontrándose con que sus preciados sándwiches estaban agotados. Suspiró derrotado, compraría uno tradicional, prefería eso a que andar con hambre durante el día.
- ¡Daichi!
Escuchó su nombre a la lejanía. A lo lejos pudo divisar una cabellera gris, una característica que resaltaba bastante de su amigo.
Suga se encontraba sentado, levantando la mano para llamar su atención. Le indicó que se acercara, moviendo su mano. Daichi señaló con su dedo el lugar donde se encontraban los sándwiches, indicando que compraría uno. Notó como Suga frunció el ceño, casi fastidiado. ¿Por qué tenía tanta prisa? Después de tanta insistencia desistió de comprar su almuerzo, primero iría a ver que deseaba su fastidioso amigo, luego volvería por su sándwich. Guardó su billetera mientras caminaba hacia Suga y se preguntó, ¿Cómo lo hacía?, de un modo u otro había logrado hacer que caminara hacia él, parecía que le obedecía ciegamente. Se molestó un poco, pero él tenía parte de la culpa, solo era cosa de comprar el maldito sándwich y después ir donde su amigo. Sin quejarse más, llegó hasta donde su amigo, un tanto apresurado, ya veía que de un momento a otro desaparecían los demás sándwiches, porque sí, el ya lo había vivido más de una vez.
- ¿Qué pasa Suga?, quedare sin almuerzo – Elevó una ceja, esperando una explicación.
- Nada, es solo que quería que vinieras para que cuando volvieras no quedara ningún sándwich, ya puedes irte – Respondió mientras rascaba su nuca. Era una broma, ¿verdad?, aun cuan acostumbrado no estaba de golpear a su amigo, sentía que podría hacerlo en ese momento.
Giró sobre sus talones, contando hasta diez, emprendiendo su camino nuevamente a la sección de sándwiches.
- Daichi, era broma – Una risa que le estaba comenzando a parecer molesta tras tanta burla se escucho a sus espaldas. Trató de ponerle su mejor cara de fastidio pero sabía que era inútil – Vamos Daichi, eso no funciona conmigo, solo con los de primero y el miedoso de Asahi – Y vaya que tenía razón, como había dicho anteriormente, inútil – Toma – Sacó un sándwich de la bolsa donde se encontraba la compra de Suga. Fue como darle un caramelo a un niño que lloraba desconsoladamente. Se le bajaron los humos – por no decir molestia – y tomó asiento junto Suga.
- No tenias por qué – Suga le miró con fastidio, tal vez cansado de la modestia de Daichi, o eso pudo entender. Rompió el plástico que envolvía el sándwich percatándose en el proceso que era de jamón y queso. No pudo ocultar una sonrisa boba, ¿acaso sabia que eran sus favoritos?
- Son tus favoritos, ¿verdad? – Suga leyó su mente.
Le miraba con una leve sonrisa, esa sonrisa tan característica de él, que significaba muchas cosas. Como un golpe se le vino la imagen de Suga que vio ayer, esa única en la que demostraba una sonrisa, esa misma sonrisa que miraba ahora mismo. Se sintió fatal. Trató de mantener la sonrisa en su rostro, llegando a dolerle un poco las mejillas. ¿Debía recordarlo justo ahora?, hasta el momento había estado todo bien, normal, perfecto, pero claro, su cerebro debía jugarle una mala pasada.
- ¿Daichi? – Suga lo sacó de sus pensamientos, mirándolo curioso - ¿Estás bien?, tu cara cambio de repente – Rayos, ¿de verdad era tan obvio?
- No pasa nada, es solo que no era necesa-
- Ya empezaste, "no era necesario", "no tenias que molestarte",eso dirás, ¿verdad? – Suga había mordido el anzuelo, creyendo que ese era el por qué del estado de Daichi – Esto lo hice porque te lo debía, considéralo como una muestra de agradecimiento – Suga golpeó levemente su hombro – Mi móvil no pudo haber caído en mejores manos, no sé por qué dude si lo revisaste o no. Discúlpame por eso – Suga estaba bromeando, ¿no?
Fue como una cucharada de su propia medicina. Esa no era la idea, había tratado de desviar el tema con las excusas que Suga había mencionado hace unos momentos, pero lo único que ganó fue sentirse peor. El armador confiaba en él, le creía, sus palabras, todo y ciegamente. Aún no era tarde para decirle la verdad, no era tarde, prefería la sinceridad a que la culpa.
- Suga – Le llamó, recibiendo la mirada del peli plateado, mientras comía.
- ¿Si? – Trago, esperando lo que le diría su amigo.
- Yo… -
¿Cómo lo diría?, "Oye Suga, vi tus fotos donde salías desnudo, pero espera, hice algo mucho mejor con ellas, me excite mientras las veía". Sus pensamientos no ayudaban en nada. Definitivamente no mencionaría la última parte. Ahora que se encontraba en la posición y la oportunidad en la que sincerarse era lo que prefería, no podía. Le daba vergüenza ¿de acuerdo?, y era inevitable. Además, estaba traicionando aún más la confianza de Suga. Primero fue al revisar su móvil, y luego fue hoy, al mentirle. ¿Qué podía esperar de eso?, claramente Suga se enfadaría. Tan solo bastó ver el estado en el que se puso cuando lo llevo por las escaleras, estaba totalmente desesperado y abrumado. No quiera saber que sobrepasaría aquello. Le asustaba de alguna manera.
- Gracias – Mordió un pedazo del sándwich, evitando la mirada de Suga – Esta delicioso – Tragó, sintiendo el sabor que tanto le gustaba, pero a la vez sintió el amargo sabor de la mentira. El peli gris lo miró curioso, su comportamiento había sido sospechoso, y no paso desapercibo para él.
Comieron en silencio, solo escuchando las pasos de algunos estudiantes pasar por allí o risas a la lejanía, entre todos los grupos de chicos que se reunían en el casino.
¿Suga le habrá descubierto?, ¿sospechara algo? Se arrepentía de su sospechoso comportamiento de hace unos momentos pero no lo pudo evitar, quería decir la verdad y a la vez no. Se convenció de que con el pasar del tiempo tal sentimiento se marcharía, deseaba aquello, lo anhelaba. En su mente recordaba lo observador que era Suga, nada se le escapaba y podía deducir un sinfín de conclusiones si tan solo le demostrabas una facción. Ya había ocurrido una vez.
- ¿Terminaste? – Suga le preguntó. Daichi asintió. El armador recogió las bolsas de envoltorio y se puso de pie, con el capitán acompañándole – Y, ¿de qué hablaron con Michimiya? – Suga botó las bolsas a un basurero.
- Sobre las alineaciones del equipo femenino, tenía buenas ideas – Solo escuchó un sonido sordo de Suga, meditando. Esperaba algún comentario del armador o alguna otra pregunta, pero guardó silencio.
El toque de timbre anuncio la vuelta a clases, por lo que caminaron un poco más rápido hacia el salón. Tomaron asiento y hablaron un poco más, hasta la llegada del profesor.
- ¿Has visto a Asahi? – Preguntó el peli plateado a Daichi. Caminaban hacia el salón del club al salir de clases.
- No lo he visto hoy – Respondió – y ¿tu?
- Tampoco, pero dudo que no haya venido – Salieron del edificio, llegando hasta la escalera que lleva al salón del club.
- Lo tiene prohibido desde que nos abandono – Una risa salió de la boca de Suga, mientras subían las escaleras, hasta llegar al salón.
- Hola, chicos – Saludó Asahi a los dos recién llegados.
- Hablando del rey de roma – Dijo Suga.
- ¿Eh? – Asahi parecía confundido.
- Nada, nada – Suga palmeó su hombro.
El capitán y el armador saludaron a los demás que ya se encontraban casi listos, algunos aun se cambiaban de ropa pero la mayoría estaban preparados para comenzar el entrenamiento. Minutos después estaban todos listos.
- Bueno chicos, vamos – Daichi salió primero hacia el gimnasio, ya que el tenia las llaves.
- ¡Sí! – Exclamaron emocionados Hinata y Nishinoya.
El balón se hallaba fuera de la cancha. Kageyama corrió rápidamente hasta predecir su posición de descenso. Hinata saltó por el lado lateral izquierdo, preparándose para rematar. El amador más joven lanzó el balón, llegando precisamente a las manos de Hinata y marcando un punto. Ennoshita hace sonar el silbato, anunciando el fin del partido.
- Aun me cuesta recibir esos remates – Se quejó Noya, con un puchero.
- Tranquilo, conociéndote, estoy seguro de que pronto lo dominaras – Animó el As del equipo al líbero.
- ¿De verdad lo crees? – Noya le miro con ojos brillantes, emocionado.
- S-Si… - Tartamudeó Asahi, un tanto sorprendido por la cercanía del pequeño.
- ¡Kageyama, levanta el balón para mí! – Gritó Hinata corriendo y dando un salto, preparado para rematar. Su amigo y rival, un tanto fastidiado de que le dé ordenes, lo hizo de todas maneras.
- Bueno chicos, eso fue todo por hoy, pueden retirarse – Anunció el capitán a todos los presentes. Uno por uno se marcharon.
- Capitán… - Hinata junto Kageyama aparecieron frente sus ojos.
- Esta bien – Respondió sin más. Sabía que le dirían "¿podemos quedarnos a jugar un poco más?, nosotros haremos el aseo."
- Esos dos sí que se esfuerzan – Le dijo Suga mientras caminaban al salón del club.
- Si, solo piensan en voleibol – Comentó a su amigo.
Una vez en el salón del club, ordenaron sus pertenecías y las guardaron. Daichi un tanto inseguro le mostró el lugar donde Suga había perdido su móvil, y este lo halló lógico ya que había dejado sus cosas allí el día anterior mientras se cambiaba ropa.
La noche comenzaba a cubrirlos con su oscuridad. Eran aproximadamente las 8pm.
Daichi caminaba junto Suga. Se sentía un tanto agotado, más de lo normal, agregándole un sueño que comenzaba a adormecerlo. Bostezó, tapando su boca con la mano.
- Últimamente te ves más cansado – Suga habló a su lado.
- ¿Tú crees?
- Ósea, veo que te cansas más rápido de lo normal. ¿Has dormido bien?
- ¿Eh?... Si – Acostumbraba recibir la preocupación de su amigo, pero le había pillado de improviso, por lo que se sorprendió un poco.
- ¿Seguro? – Preguntó nuevamente el armador. La mano de Suga se puso recta, señalando que le golpearía en las costillas si mentía.
- Si, Suga, si, no te preocupes – Alarmado, el capitán puso sus manos cubriéndose en modo de defensa. Suga solo rió, volviendo sus manos a su posición normal – Pero… - Llamó la atención de Suga – Hoy tú estabas con unas ojeras que llegaban a dar miedo.
- Ah… - Se digno a decir Suga desviando la mirada y pillado infraganti.
- ¿Has dormido bien? – Repitió la pregunta del armador, con una sonrisa.
- Si – Asintió, un tanto rígido.
- Ya – Dijo sin más Daichi. De algún modo le molestaba que su amigo siempre se preocupara por los demás, pero nunca se preocupaba por él mismo.
El resto del camino fue lleno de charlas comunes y corrientes que hacían el trayecto a casa menos aburrido y más corto. Más tarde llegaron a la intersección en la que siempre se separaban para dirigirse cada uno a su hogar.
- Bueno… nos vemos mañana – Se despidió Daichi, marchándose.
- Daichi – El capitán detuvo su curso y giró sobre sí, tras el llamado de su amigo – Gracias por lo de hoy, de verdad – Solo aquellas palabras fueron necesarias para saber que sinceramente estaba agradecido, no con la compra de su Sándwich favorito, si no con esa sonrisa agradable y humilde, que lo llenaba de una extraña energía.
Daichi atinó a sonreírle y asentir, aceptando su gratitud.
Sus pasos eran casi acelerados por el frio que comenzó a sentir. Se permitió mirar una vez más a sus espaldas, dando con Suga y su caminar constante en dirección contraria a la de él.
Después de todo, no había sido muy difícil pasar el día junto Suga. Claramente ignorando el momento de su casi-confesión que habría cambiado por completo el transcurso del día. Siempre quedaría con la duda sobre qué hubiera pasado de haber dicho la verdad, ya que pensaba nunca decirle al peli plateado, ni en su lecho de muerte.
Sobre el tema de su sexualidad, no estaba muy desquiciado sobre aquello. Asimilaba su repentina excitación del día anterior con una clara falta de estimulación, ya que como antes lo mencionaba, no era su principal prioridad.
Dejando de lado su sexualidad y pasando al interés sexual de su amigo, aun tenía un par de dudas. De por sí, no era 100% seguro que era gay, no hasta que lo escuchara salir de la boca de Suga o demostrara lo contrario. Su relación no cambiaria en nada, seguirían con el mismo trato, como hasta ahora. Pero, de alguna forma u otra, le gustaría que su amigo se lo confesase. Es decir, son amigos, y creía ser su mejor amigo, al que le contara todo y confiara en él, pero de todos modos, no podía obligarlo a hacer algo en contra de su voluntad. Idear un plan acorde el tema, para que Suga confiara en él, era lo único que en estos momentos se le ocurría, pero no estaba dispuesto a llegar a tal extremo solo por la confesión de su amigo. Si ese momento llegara, él seria todo oídos y no dudaría en darle todo su apoyo a su amigo.
Daichi solo esperaba que Suga haya aprendido la lección, no quería encontrar nuevamente el móvil de Suga y sin seguridad, ya que no sabía de lo que sería capaz. Contra Suga o contra lo que peligrara crecer en sus pantalones, en caso de presionar el llamativo icono que decía "galería" y husmear más de lo que lo había hecho la primera vez.
Cuidado, Suga.
Espero les haya gustado
Cualquier opinion es bienvenida, me ayudara a saber si lo estoy haciendo bien o no.
Nos vemos en el próximo.
Adiós.
