Entre el amor y el deber
Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.
NdelA: ¡Tenemos capítulo nuevo! ¡Al fin! XD lamento la tardanza, pero no he tenido mucho tiempo de escribir entre viajes (visite la bella Tuxtla Gutierrez Chiapas), trabajo, festejos de la independencia de México (que sinceramente no le veo el motivo de celebración, al menos no esté año, pero si sirve para hacerle ver al gobierno el hartazgo que tiene la población adelante), en fin, no entremos en detalles escabrosos. Mi laptop sigue en stand by, no hay dinero para mandarla reparar y ni pensar en jubilarla porque menos hay para comprar una nueva (aunque ya vi el modelo más reciente de la que tengo).
Este capítulo se viene intenso, como había dicho en el anterior, lo había dividido en dos partes, pero al final opté por hacerlo en tres (y alargar el sufrimiento, nah no se crean), todo sea para hacer un capítulo especial donde se verá un enfrentamiento y la revelación al fin para Kuvira de los hechos, puros y duros. Una vez concluido ese capítulo entraremos a la recta final de la historia, el tercer acto de la obra. Ojala sigan acompañándome hasta el final. Debo advertir que de acuerdo a las primeras impresiones de mi beta (me odia mucho después de este capítulo) algunos podrían sentirse molestos y decepcionados en algunos aspectos. Para bien o para mal, espero que no abandonen este proyecto.
Ahora vamos con los agradecimientos.
Hanel Bluma Tanu, aun sigo sin saber que fue lo que pasó, espero este capítulo no te cause confusión en lo absoluto, gomen. Gaby, corazón hemos discutido lo mismo muchas veces, deja que cometan sus errores, para que tanta peleadera, sabes que me encanta hacerte enojar por esas caras que haces cuando estas leyendo, valen la pena, sobre todo la cara de sorpresa de Asami al abrir la puerta XD, eso es épico. Obini, chica espero no decepcionar en esta entrega, me ha encantado platicar contigo y ojala disfrutes la lectura. Lupita, chiquilla me has tenido abandonada, pero debo confesar que yo también un poco, ánimo con la escuela y gracias por tus comentarios, no te enojes demasiado conmigo después de leer esto. Guest, en efecto se vienen cosas aún más fuertes. Cosas mías, que no muera el korrasamismo, en los próximos capa habrá un poco de eso. Panquem, saque mi lado mexicano en su máxima expresión, quizás fueron las fiestas patrias. L. Gllerz, la malagueña era la canción ideal en ese momento, salto de gusto por que te haya encantado :) awesome. Shane. Kstr, bueno ya estamos entrando a la recta final, saquen los pañuelos que el drama esta por comenzar. Devil, chica sin tu comentario no podía hacer mi actualización a gusto. Sabes lo que amo esos reviews tuyos, no me prives de ellos. Lamento lo que pasó y tu me dices cuando y busco la pala para ir a darle sus trompadas a la que te haga sufrir, se te extraña.
Gracias también a los que leen aunque no dejen sus comentarios, recuerden que ellos nos alimentan y nos alientan a los escritores para seguir adelante con nuestras historias.
¡Oh! Antes de que se me olvide de nuevo, se me paso comentar en la actualización anterior acerca de un pequeño drabble que escribí acerca de Suyin y Kuvira, contando como se fue dando su relación, se llama Mi familia es tu familia. Si no le han dado una vuelta les invito a que lo hagan.
Ahora si, para que vayan entrando en calor la recomendación musical de este y el siguiente capítulo viene a cargo de la Banda los Recoditos con la canción de Mi último deseo, Pepe Aguilar con la canción de Prometiste y Hoy decidí. Banda y rancheras pa' ambientar.
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Baatar paso toda la noche en vela tratando de averiguar que es lo que estaba pasando. Hizo memoria buscando en que momento las cosas habían empezado entre las dos. Algo debía haber detrás de todo. No podía ser que en tan solo unos días Asami se olvidará de lo que sentía por su mejor amiga y tirara por la borda todo. Debía existir un trasfondo en todo eso. De cierta forma eso explicaba algunas actitudes que había llegado a percibir de Korra cuando estaba en presencia de la esposa de Kuvira y viceversa.
Se aseo, se cambio la ropa y le dio hambre cuando el cielo ya comenzaba a clarear en el horizonte. Fue hasta la cocina donde ya algunas de las muchachas de servicio estaban preparando el desayuno.
Se detuvo antes de entrar por la puerta porque escucho que estaban cuchicheando y claramente oyó el nombre de Korra en la conversación. Con sigilo se acercó procurando no ser visto y puso atención a lo que decían.
– ¿Vieron lo que hizo anoche la hija de Tonraq? Es increíble el descaro que puede tener esa chamaca. ¿Aún no entiendo como la patrona puede permitir tal cosa? – "¿De qué rayos estaban hablando? ¿La hija del capataz?" Se cuestionó el militar.
– Callense, Tonraq dijo que nadie tenía que hablar de eso. Ya saben lo que les puede pasar si el viejo cascarrabias Sato se entera de que alguien habló de lo que sucedió con Korra y su hija. Es mejor que se guarden la lengua. – Una de las mujeres en la cocina les advirtió.
– Es una injusticia verdaderamente, como puede ser posible que ese hombre no tenga corazón y haya hecho lo que le hizo a la hija de Tonraq y peor, vender a su hija por dinero. La patrona es buena persona pero esta en medio de ellas dos. – La mujer dejo de hacer lo que hacía, picar una cebolla, se limpió las cara con un trapo y continuó. – ¿Recuerdas como se escabullian cuando eran unas chamacas y se iban a perder al monte, siempre les preparaba un lonche para que comieran en sus escapadas?
– Todos lo recordamos Jacinta, esas niñas eran la alegría de esta casa cuando el difunto patrón vivía. Que Dios tenga en su gloria a ese mal hombre, aunque lo dudo. – Algunas rieron con el comentario.
– ¡Shhh! Esta prohibido hablar de eso. Así que ya cambien de tema. – La anciana dio por terminada la platica.
Baatar salio de su escondite y entro a la cocina de forma intempestiva tomando por sorpresa a las mujeres allí presentes. Algunas casi pegaron un grito al verlo parado en la cocina.
– ¡Buenos días señoras! Podrá alguien darle de comer a este humilde servidor. – Sonrió y se sentó a la mesa donde las otras mujeres estaban trabajando.
Rápidamente una le sirvió café y le acercó el pan, mientras otra fue a preparar el desayuno y prender el fogón.
– ¿Qué tal el día? ¿Amaneció muy pronto hoy? Después de la tremenda fiesta de anoche, ¡Dios!, no he podido dormir ni un poco. Tendrá una copa de jerez para ayudar al dolor de cabeza. – Mostró su mejor cara y la sonrisa más encantadora que poseía. – Me he quedado con las ganas de volver a probar ese delicioso mole en unas ricas enchiladas con pollo, repletas de queso y crema que solo ustedes saben hacer. En ningún otro sitio he probado una cosa tan maravillosa.
– Habeis visto a este muchacho tan encantador. Ven mi'jo aquí tengo un jerecito hecho por los monjes que esta de rechupete. – Jacinta estaba literalmente encantada con Baatar y saco una botella de vino tinto jerez de debajo de un gabinete y sirvió dos tragos en sendos vasos. – Tenía mucho tiempo que nadie apreciaba mi comida como lo hace este guapo jovencito. Desde Korra... – La mujer mayor suspiró y las otras se les fue el santo al cielo al oír el nombre de Korra y algunas salieron corriendo de la cocina.
El militar le hizo la platica a la cocinera y entre copa y copa, ambos casi se acabaron la botella.
– Su cocina es épica doña Jacinta, habría que ser un idiota para no apreciarla. Korra debió extrañarla mucho cuando estuvo fuera. – El joven de gafas comentó con aire de lamento echando un anzuelo al agua.
– ¡Oh si! A ella le encantaba venir por las tardes a asaltar esta cocina y llevarse lo que encontrara. Era una chiquilla traviesa. – La mujer comenzó a reír, el vino estaba haciendo de las suyas ya.
– Me imagino que si, era tremenda en el cuartel. Tengo tantas anécdotas suyas cuando estábamos allá como usted debe tener de ella cuando estuvo aquí. – Acercó el vaso de la mujer y sirvió otro poco más de licor.
– Si yo le contará. Una vez escondió una chiva en el cuarto de la señorita Asami para sorprenderla, la chiquita acababa de nacer y se la quizo regalar. Cuando su padre se entero mando a azotar a la pequeña Korra, ese hombre es malo. – La mirada de la señora se nubló y se perdió por un momento en la inmensidad de sus pensamientos.
– ¿Y el padre de Korra que hizo? – Bebió un trago y espero la respuesta.
– El pobre de Tonraq quería devolvérsela al señor Sato, pero qué puede hacer un simple peón contra el administrador si tiene de su lado al patrón. Tuvo que aguantar ver a su hija siendo azotada por su travesura. – Se limpió una lágrima que escapaba de sus ojos.
– Es una pena eso. El señor Sato es un hombre severo, pero el siempre a tratado de procurarle lo mejor a su hija. – Comentó Baatar.
– ¡Qué va! – Bufo la mujer mayor. – Su bolsillo es lo único que ha procurado ese hombre. Ni siquiera a la nueva patrona respeta.
El militar sopeso todas y cada una de las palabras que estaba oyendo. Sacando sus propias conclusiones. Ahora más que nunca tenía que enfrentar a Korra y Asami para que explicarán lo que estaba sucediendo. Todo esto antes de poder ir con Kuvira para hablar con ella.
Se escucharon pasos y voces que se aproximaban al lugar y Baatar dio por terminada la conversación. Se levanto de su asiento y se despidió de la cocinera.
– Creo que es tiempo de irme. – La anciana tomo su brazo y le hablo.
– Soy una mujer vieja, pero no tonta. Se que usted es un joven justo y sabrá que hacer. No juzgue mal a mi niña, las dos han pasado por cosas malas, tanto Korra como la señora Kuvira y Asami han sufrido a manos de hombres malos. Solo quiero que se le haga justicia a la pequeña Korra. – Baatar miró a la mujer con algo de sorpresa pero comprendió las palabras de la anciana.
– No se preocupe, haré lo mejor que pueda para llegar al fondo de esto y se castigará a quien haya cometido la falta de forma justa para ambas. – La cocinera soltó su agarre y el militar salio del lugar antes de que llegará quien quiera que fuera.
Por la puerta apareció Asami para solicitar prepararán el servicio del desayuno en el comedor y un remedio para la jaqueca de su esposa.
– o –
Horas antes...
Después de recibir la nota de Korra de manos de Bolin, la chica de labios rojos la leyó con premura. Verla mañana al mediodía en el campo de flores que ellas dos conocían, necesitaban hablar. Asami no sabia si eso era lo correcto o no. Pero sin duda tenían que hablar, lo que la morena había hecho al provocar una pelea entre Kuvira y ella estaba muy mal.
Se sentía dolida de saber que la militar le hubiera ocultado algo tan importante y sobre todo que era evidente seguía sintiendo, no sólo ella sino esa mujer Beifong. Dejo de lado sus pensamientos cuando escucho que tocaban con insistencia a la puerta de nuevo. Se levanto dejando la nota en la cómoda y fue a abrir la puerta.
Baatar entro sin decir palabra, traía a Kuvira sosteniendola de no caerse, olía bastante a alcohol y ojos esmeralda supo que había estado tomando después de la platica que tuvieran. El joven de gafas la dejo en la cama y ella se aproximó para aflojarle la ropa y quitarle las botas. No se dio cuenta cuando Baatar salio del cuarto.
Yendo de la conciencia a la inconsciencia pudo hacer que su esposa cooperara para cambiarle la ropa, mucho batallar después, cubrió el cuerpo de Kuvira con una sábana y ella también se dejó vencer por el cansancio a su lado.
La mañana llegó y al despertar la militar no estaba a su lado. Despertó de súbito al recordar la nota de Korra. La busco por la habitación y no pudo hallarla por ningún lugar. Escucho agua correr y se acercó al cuarto de baño donde su esposa estaba aseandose.
Se lamentó de su torpeza al olvidar por completo donde había dejado el papel. Si Kuvira lo veía las cosas se pondrían muy mal. En este momento la militar no podía ver a la morena, pues seguramente le reclamaria por su atrevimiento la noche anterior.
– ¡Baatar! – Como una revelación vino el nombre del amigo de su esposa. Debía haber sido él quien tomara el papel. No había otra explicación. Nadie más que él había entrado a la habitación. Se llevó las manos a la cabeza con frustración, tenía que encontrarlo y preguntarle si él había agarrado la nota.
– Sami... – Volteo a ver a la dueña de la voz que la llamaba. Kuvira venía saliendo del cuarto de baño y traía un mal semblante. – ¡Buenos días! Me duele la cabeza de forma horrible. – Se quejo.
– Eso pasa por acabarte el licor de tu padre. – No quizo que su tono sonará como un reclamo pero no pudo evitarlo. La militar camino hasta ella semidesnuda y la abrazo.
– Lo lamento, pero te aseguro que no vuelve a pasar. No estoy hecha para tomar en grandes cantidades. – La militar beso el hombro de Asami pero ella busco apartarse del agarre.
– Iré a la cocina a pedir te preparen algo para eso. Termina de vestirte, regresaré en un momento y te haré la curación de tu brazo. – Salio de la habitación dejando a su esposa en vilo.
Camino presurosa por los pasillos viendo si el joven Beifong estaba por los alrededores pero no tuvo suerte. Llamo a la servidumbre pero nadie vino al encuentro. Al entrar en la cocina vio a Jacinta, la cocinera, a solas.
– Doña Jacinta, vayan preparando todo para el desayuno, la señora de la casa bajará pronto a comer junto con las visitas. Por favor también podrá hacer uno de sus remedios para la cruda. Kuvira bebió de más anoche. – La mujer se levantó de su asiento.
– Por supuesto señora Asami. Le enviare a una de las chicas con el brebaje. – Ojos esmeralda asintió y volvió a salir.
Regreso a su cuarto y de nueva cuenta busco a Baatar en los alrededores pero no lo halló. Al llegar a su cuarto la militar ya estaba casi vestida y esperándola.
– Te traerán algo para el dolor de cabeza. – Le dijo y comenzó a hacer la pequeña curación en la herida que tenía en su brazo, herida que estaba prácticamente sana.
Pidió a Kuvira se sentara en la cama y ella jaló una silla para sentarse a un lado tomando de la mesa de noche los aditamentos necesarios para dicha curación. Terminado el trabajo se alejó de su esposa.
– Iré a asearme. – La joven entro al cuarto de baño dejando a Kuvira con la palabra en la boca pues está quería hablarle. Asami aun seguía molesta con ella por lo del día anterior y no se lo permitió.
La joven dueña pensó que tendría que hacer algo para congraciarse con ella nuevamente y dejar atrás todo este asunto. Entro al cuarto de baño y contempló el cuerpo de su bella esposa. Ella ya se había desprendido de sus prendas y estaba a punto de entrar a la bañera. Se apresuró para llegar a ella y le ofreció su mano para ayudarla a entrar a la tina.
– Gracias. – Le respondió al gesto.
Kuvira jalo una silla que estaba cerca y se sentó en ella tomando el respaldo al frente. Se quedo en silencio mirando la belleza que tenía delante.
– Aunque me mires así, sigo molesta contigo. Anda vete ya, tienes cosas que hacer. ¿Me imagino estarás todo el día fuera? – Ojos esmeralda levantó los ojos para mirarla antes de tomar el estropajo y comenzar a tallar su blanca piel.
– Es lo más probable. Suyin quiere supervisar algunos pendientes y veremos los términos de algunos contratos y papeleo que es necesario. Baatar y tu padre nos acompañarán por la mañana. – Kuvira jugo con la silla meciéndose de atrás a delante. – Por la tarde espero estemos de regreso en la casa. Suyin desea que le de un paseo por la hacienda. – La militar soltó eso para ir tanteando el terreno.
– ¡Ah! – Fue toda la respuesta que obtuvo de su esposa.
– Me gustaría que nos acompañaras. – Asami frunció las cejas en señal de disgusto y tallo con más fuerza la piel de su pecho y abdomen.
– Tengo cosas que hacer esta tarde. Andaré por el pueblo haciendo algunas diligencias. – Tomó una jicara y se echó agua encima. – Así que podrás hacer lo que quieras con esa mujer. – Kuvira era ahora la que fruncia el ceño.
– ¡Asami! – Dijo casi en un gruñido y la chica ignoró su llamado de atención.
Se levantó de la tina y con agua limpia comenzó a retirar el jabón en su cuerpo. Kuvira la contempló, el agua recorriendo su piel, dejando a su paso pequeñas gotitas esparcidas que los rayos de luz le hacian ver como si un montón de estrellas hubieran anidado en su cuerpo y por un momento el deseo se apoderó de su razón. Algo en la fiereza de su joven esposa la hacia ver más atractiva a sus ojos. Sin duda estaba enamorada hasta la última fibra de su ser de ella.
Tiro la silla donde estaba sentada, se intentó sacar la ropa como pudo y tomó a su esposa, con su brazo sano, ella ya se estaba terminando de bañar y sin que pudiera hacer nada, la cargo y la llevo a la cama. La colocó en el lecho sujetando sus manos y besando sus labios, se acomodo entre sus piernas presionando sus caderas. Asami quiso oponer resistencia pero su esposa era más fuerte y con su peso encima no tenía como zafarse.
– Te deseo. – Pronunció la militar y ojos esmeralda dejo de resistirse. Tenía que admitir que le gustaba esa parte salvaje de Kuvira, se besaron con pasión, era como algo culposo pero no podía permitirlo, Korra vino a su pensamiento y quiso alejar a su esposa pero también recordó a la morena besándose con Opal y los celos hicieron su acto de presencia.
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Baatar fue al cuarto de su madre a darle los buenos días y a disculparse por que no podría acompañarlos en los pendientes que tenían que hacer esa mañana. Llamó a la puerta.
– ¡Buenos días madre! – Saludo el joven de gafas al entrar al cuarto después de que una mucas ale abriera la puerta. – ¡Buenos días hermana! – La menor de las Beifong acompañaba a la matriarca y la saludo también.
– ¿Baatar tan temprano después de un día de fiesta? Lo veo y no lo creo. – Su hermanita comenzó a molestarlo como era su costumbre, siempre había existido cierto pique entre ellos por tratar de ser los favoritos de su madre.
– Más bien no he dormido, tu querida noviecita me ha tenido ocupado tratando de arreglar su metida de pata de anoche. – Baatar busco donde sentarse y lo halló junto a su hermana en el sofá de tres lugares, le echo el brazo por encima de su cabeza y la atrajo para darle un abrazo cariñoso.
– ¡Calla! No ha hecho nada malo. – Opal se sintió nerviosa, ya estaba esperando la reprimenda que seguramente vendría ahora de su madre cuando su hermano la delatara.
– ¿Qué fue lo que pasó anoche? ¿De qué me he perdido? – Suyin había terminado de arreglarse con la ayuda de una de sus doncellas que le acomodaba un último mechón de cabello gris y se acercó a sus hijos.
– Algunos problemas menores entre Korra y Kuvira, nada fuera de lo común. – Le resto importancia ahora que su madre le prestaba atención, pero aún así dejo patente el que él sabía algo que Opal ocultaba.
La joven señorita temía que su hermano tomara alguna represalia contra la morena ahora que ella sabia lo que había entre su madre y Kuvira. Sin embargo agradeció que su hermano no la delatara abiertamente con la matriarca pero tendría que compensarselo después o ahora...
– Madre, tendré que ausentarme ésta mañana, debo atender algunos asuntos que requieren atención inmediata. – Se excusó el de gafas. – Pero se que Opal estará más que gustosa de pasar tiempo con mamá aprendiendo del negocio familiar. – Baatar volvió a atraer a su hermana hacia sí.
– ¿Yo? Si... Yo. – La chica hizo un puchero, no se podía negar, ya Korra tendría que pagarle ese favor.
– ¿Se puede saber que es tan importante como para que no me acompañes? – Suyin escudriñó a su hijo tratando de obtener una respuesta satisfactoria a su anunciada ausencia.
– Tengo que cuidar los intereses de Kuvira. – Dicho esto el joven se levantó de su asiento. – Si me disculpan, debo ir a buscar a la jefa de la guardia.
La matriarca no pidió más explicaciones, confiaba en el juicio de su hijo y si eran asuntos que concernian a la joven hacendada lo permitiría pasar... por ahora.
Baatar dejo la habitación de su madre y anduvo por los pasillos cuidándose de no ser visto por Asami, sabia que Korra no se encontraba en la casa así que tendría que llegar al lugar de la cita siguiendo a la esposa de su amiga. Se escabullo en las caballerizas buscando su caballo, él cual ensillo y preparó para salir.
Espero con paciencia la salida de la joven de ojos esmeralda escondido entre la paja y los cajones de la caballeriza. Vio llegar a Kuvira con algunos mozos más tarde, tomó su caballo y los mozos fueron a por el carruaje donde llevarían a la familia Beifong. Partieron de la casa Mayor unos minutos después. De la joven de labios rojos aun no había rastro pero no tuvo que esperar mucho tiempo más.
Un mozo de la cuadra llego a ensillar la yegua de la señora de la casa mientras ella esperaba ataviada con un traje de amazona, propio para montar a caballo. En cuanto estuvo listo y ensillado el animal, la joven monto y salió a toda prisa. Hasta entonces el militar tomo su caballo y lanzándose al galope la siguió a una distancia prudente.
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Durante el desayuno la comandante echo de menos la presencia de su amigo, pero la atribuyó a que probablemente Baatar se habría encontrado una botella en su camino y estaría bastante indispuesto. Pues conociéndolo, después de una fiesta era cosa extraordinaria que el de gafas se mantuviera sobrio. Cuando supo que sería Opal y no su hermano quien les acompañara no se sorprendió en lo absoluto.
Asami se había sentido indispuesta y no los acompañaría. Kuvira se sentía con malestar no sólo físico sino que ahora le tenía que añadir el hecho de que su esposa la rechazará esta mañana. Pensó que las cosas podían arreglarse cuando le correspondió el beso de forma intensa, para al momento siguiente apartarla enérgicamente alegando que no estaba en condiciones ni de humor para eso y acto seguido dejarla en la cama con sus ganas contenidas y la frustración que venía después de eso. No se ganaría su perdón tan fácil.
Llegaron al ayuntamiento antes de medio día, se habían tardado pues la matriarca insistió en dar una vuelta por la plaza central con su hija y Kuvira como escolta. La dueña de la hacienda instruyó a su administrador para que tuviera todos los documentos listos para que la presidenta solo llegará a firmar.
No tardaron mucho tiempo en las oficinas del ayuntamiento, Suyin no soportaba estar mucho tiempo con Raiko así que procuro no demorarse demasiado en el trámite. Ya había revisado con anterioridad los papeles y esto era mera burocracia. Salieron del edificio una hora después.
– Al fin soy libre de esto. – La presidenta estiró sus extremidades y se echó a andar por la plaza deambulando entre los puestos del pequeño mercado que estaba enfrente del ayuntamiento.
– ¡Madre pareces una niña! ¿Donde quedo el decoro y la etiqueta? – La reprendió la señorita Beifong.
– ¡Ah calla! Estoy de vacaciones, puedo pasar por alto algunos protocolos. – Opal rodó los ojos y siguió a su madre en su caminata.
– Kuvira, ven acompáñame. – Suyin pidió a la militar quien ofreció su brazo y la llevo a recorrer los diferentes puestos del pequeño mercado.
Los soldados que escoltaban a la presidenta se mantuvieron a una distancia prudente para dejarlas disfrutar de su paseo, mientras Opal se aburría estando de chaperona de su madre. Se le hacía totalmente odioso pero tenía que aguantar por Korra y el tonto de su hermano.
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El sol estaba casi en su punto más alto cuando Korra vio el caballo de Asami llegar a todo galope hasta el pequeño prado de flores. La chica de las esmeraldas se detuvo al pie de Korra y bajo con ayuda de está. La jefa de la guardia dejó que el caballo pastara libremente en el campo mientras ellas dos hablaban.
– Gracias por venir. – Dijo Korra con una sonrisa en la cara.
– Tenía que hacerlo. ¿Qué fue todo lo de anoche? – Preguntó Asami con evidente molestia.
– Fue lo que fue. Tenía que demostrarte que Kuvira tenía una relación a tus espaldas con Suyin. Yo tenía razón, ¿sigues pensando en mantenerte a su lado? Creo que es evidente que ella tiene a alguien más. – Los ojos verde esmeralda se enmarcaron con un gesto de disgusto a las palabras de la jefa de la guardia. ¿Cómo podía decirlo de esa forma tan cínica?
– Si es verdad, he hablado con Kuvira y ella me ha asegurado que todo eso acabo antes incluso de que ella y yo nos casaramos, antes de conocernos. – La chica caminaba de un lado a otro tratando de mantenerse en control. – No puedo decir lo mismo de ti. Anoche te vi besando a Opal y no te importó que te viera. – Al fin podía sacar su reclamo contra la hija del capataz, los celos la tenían dominada.
– Es verdad también, pero tenía que hacerlo, era la única forma de obtener la información que necesitaba. – Asami se río con nerviosismo.
– ¿Me estas tomando el pelo? – Korra se rasco la nuca ante la pregunta.
– De acuerdo, lo admito, un poco lo hice para molestarte. No es una disculpa, pero no puedes reclamarme eso sí fuiste tú quien me pidió alejarme de ti. – Asami no podía creer el descaro de la morena.
– Entonces, ¿para que enfrentarte a Kuvira de esa forma? Fue algo muy tonto y aún más tonto enviarme una nota para vernos. No debería haber venido. – La negación de Korra no se hizo esperar.
– ¡No¡ Se que no fue la cosa más lista, pero era la forma de presionar a la comandante para que admitiera la verdad ante ti. – La morena gesticulo con las manos para dar énfasis a lo que decía. – Y la nota era necesaria, después de mi afrenta no podía presentarme en la hacienda como si nada, conociendo a la comandante seguramente me castigaria o me correría de la casa, no puedo permitir eso, no ahora.
– ¡Perdí la nota! – Dijo casi en un grito Asami.
– ¡¿Qué?! – Korra se llevó la mano a la frente preguntándose si había escuchado bien.
– Perdí la nota que me entrego Bolin. – La chica de piel pálida se sentó en una de las rocas que había en el campo con toda la frustración en su rostro. – Ayer Kuvira regreso al cuarto bastante pasada de copas. – Korra quizo hablar pero Asami le pidió callar. – Ella no fue, esta mañana se mantuvo con calma, no note nada fuera de lugar en su comportamiento. – Recordó el incidente de la bañera pero lo desecho rápidamente. – Creo que ha sido Baatar.
– ¿Pero cómo? ¿Baatar? – Korra no sabia como es que él pudiera tener algo que ver.
– Baatar ayudo a Kuvira a llegar a la habitación. Yo me distraje con ella, había dejado el papel sobre mi cómoda, cuando me levante esta mañana la nota ya no estaba. Él fue el único que pudo haberla tomado. – La morena sabia que eso solo podría traer problemas, el capitán era listo, podía atar cabos y descubrirla.
– ¿Haz hablado con él? – Quizo saber la morena pero Asami negó con la cabeza.
– Lo busque esta mañana pero nadie supo darme razón de él, únicamente que desayuno en la cocina y nadie supo nada más de él. – La chica hundió su cara entre sus manos.
– ¡Tenemos que irnos! Buscaré a Mako y a Bolin y nos vamos en este momento. No volveré a dejarte ir o podría pasar algo. Esta vez tu vienes conmigo. – Korra silbo para llamar a su caballo y la yegua de Asami pero estos no estaban.
La joven de labios rojos le estaba peleando su imposición de querer irse y no presto atención a lo que hacía Korra. La morena silbó una vez más pero los caballos se habían esfumado. No estaban por ningún lado. Saco su arma de la funda en su cinturón y se acercó a Asami tratando de protegerla, ojos esmeralda no entendió por que había hecho eso hasta que cayó en cuenta de que su yegua no estaba por ningún lado.
– Me temo que no puedo permitir que se vayan. – Una voz a sus espaldas dijo.
Ambas voltearon y de la parte de atrás de un árbol la figura de Baatar emergió. Tenía sendas revólveres en sus manos amenazando a las dos mujeres.
– Creo que tenemos que sentarnos a charlar un poco. – Movió la punta de sus pistolas para indicar que ambas tomarán asiento en una de las rocas que había. – Baja tu arma Korra o debo llamar a tu padre el capataz para que te lo pida. – Las dos mujeres se sorprendieron al escucharlo decir eso.
– ¡Baatar por favor! ¿Qué significa esto? – Asami suplico al militar, pero Korra con un gesto le pidió que no hablara.
– Capitán, quiere hablar, hablemos entonces. – La morena tiro su pistola a los pies de su superior en señal de rendición para evitar un enfrentamiento en donde Asami pudiera estar involucrada y saliera mal parada.
– o –
Momentos antes...
Asami había andado con su yegua sin voltear atrás o siquiera prestar atención si alguien la seguía, pensando que Baatar había marchado con su esposa a sus negocios en el pueblo. El militar agradecía eso, le había hecho más fácil el ir tras ella. No anduvieron mucho tiempo cuando la chica comenzó a bajar su velocidad indicándole que probablemente ya estaba por llegar a su destino. El de gafas salio del camino y se perdió detrás de la maleza y algunos arbustos.
Dejó su caballo cerca y anduvo a pie hasta donde las dos jóvenes se encontraron. Con sigilo se acercó para evitar ser visto, aunque Korra y Asami estaban demasiado enfrascadas en su discusión que seguramente no repararian en él aunque se les plantase enfrente.
Las escucho discutir por el incidente en la fiesta, lo que hablaban realmente no le sorprendió, pero una cosa era segura, si quería respuestas tendría que sacarlas aunque fuera a punta de pistola. La yegua de Asami se acercó a él sin que lo esperará y decidió aprovechar esa suerte.
Con cuidado atrajo a ambos animales y los llevo hasta un grupo de árboles donde los ato al tronco de un árbol para que no pudieran regresar con sus dueñas. Les cortaría su forma de escape.
Regreso hasta donde seguían hablando Korra y Asami, no se habían alertado por la falta de sus caballos, ellas seguían discutiendo. Fue allí cuando escucho su nombre, la chica de ojos esmeralda le acababa de decir a la morena que había sido él quien tomara la nota. Por instinto llevo una de sus manos a su chaqueta y pudo sentir la carta que escribiera a su amiga informándole de la probable relación de su esposa y la jefa de la guardia, y el papel que probaba eso.
Quitó el seguro que mantenía a sus pistolas en las fundas de su cinturón y tomó ambas en sus manos, respiró para calmar su cuerpo y al escuchar que la morena buscaba sus caballos para escapar con la esposa de su amiga decidió salir de su escondite.
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– ¿Ahora que harás con lo que te hemos dicho? – Quizo saber Asami. Tanto ella como Korra habían explicado al militar todo lo que había sucedido entre ellas, el como las separaron para que ella aceptará casarse con Kuvira y todo lo que tuviera que pasar Korra hasta conocerlos y regresar a la hacienda.
– Esa es una historia de amor bastante triste y no me malentiendas Asami, realmente me pareces una buena persona igual que Korra, pero aquí está implicada una tercera persona que no tiene ningún conocimiento de todo esto y que seguramente sufrirá mucho cuando se enteré de todo. – Las lagrimas en los ojos esmeralda aparecieron, el daño que le causaría a Kuvira era la razón por la que estaba llorando.
– Nunca fue mi intención engañarla, yo ni siquiera sabia quien era ella cuando la salve en el campo de batalla. – Korra se excusó.
– Lo sé, en realidad eso explica el porqué de tu aversión a Kuvira y que a pesar de ello siguieras junto a ella. Lo único que buscabas era volver aquí. – Escucharlo de Baatar le hizo sentir vergüenza de sus acciones, aunque lo detestara tenía una deuda con la comandante por haber salvado a su padre y haberle dado una oportunidad para demostrar su valía como líder en la guardia de la capital. – ¡Pero carajo! ¿Tienes que ser tan hija de la gran puta para usar de ese modo a quien te a brindado su mano y te a dado su apoyo incondicional? – Por un instante Baatar permitio que su enojo lo dominará.
La morena cerro sus puños con rabia. Si lo exponía de esa forma, ni ella podía negar que se había comportado de mala manera en su afán de recuperar el amor de Asami.
– Se que lo que nos paso no nos disculpa de nada y que estoy en deuda con la comandante pero debes entender que no es sólo mi vida la que esta en juego aquí, mi padre, Mako, Bolin, Kuvira y hasta Asami aun siendo su hija, todo aquel que quiera ayudarme o represente una amenaza a los intereses de Hiroshi Sato morirá si él así lo desea. – Aunque le costara, Asami debía reconocer que eso probablemente fuera cierto pero se negaba a aceptarlo del todo.
– ¿Qué es lo que piensas de eso? – Interrogó Baatar a la hija del administrador.
– Me niego a pensar que mi padre pueda llegar a ser capaz de algo así, no soy hija de un monstruo, pero él mismo acepto que mandó secuestrar a Korra y me amenazó con matarla si ella seguía insistiendo en... Separarme de Kuvira. – El militar sopeso sus palabras, sin duda el administrador era un hombre bastante sórdido, en los negocios no se tentaba el corazón para hacer los que fuera con tal de obtener lo que quería.
Eso le había preocupado a su amiga y era la razón por la cual ella lo pusiera junto a él para vigilar sus pasos. A pesar de todo ni siquiera Kuvira confiaba en su suegro y si era verdad lo que ellas dos decían, su amiga estaba en peligro con ese hombre a cargo de su fortuna. Y él había sido un estúpido por no tomar tan en serio su preocupación y dejarse llevar por las distracciones que Sato le puso enfrente. Se maldijo por eso, tenía que buscar la manera de hacer caer a ese bastardo antes de que hiciera más daño aún.
– Solo hay algunas cosas más que quiero saber antes de que esta conversación acabe y necesito que sean honestas por una vez en su vida. – Las miró a las dos tratando de transmitir con su mirada toda la severidad de la que pudiera hacer uso. – Korra, si es verdad todo eso que dices, ¿Tienes pruebas que sostengan tú acusación contra Hiroshi? – La morena asintió.
– Las tengo. – Contestó con seguridad.
– Si es así, necesito que me las entregues. – Exigió el chico de gafas.
– Tendremos que hacer un acuerdo entonces. – Sentenció la morena cruzando los brazos.
– ¿Creo que no estas en posición de pedir un acuerdo? – La jefa de la guardia sonrió con descaro.
– Matame y no obtendrás nada. Haz un acuerdo conmigo y ambos saldremos ganando. – Asami volteó a verla con incredulidad, ¿Qué era lo que estaba haciendo Korra?
– Muy bien. – Se giró y quedo de frente mirando a la chica de ojos esmeralda. – Solo hay una cosa antes de responderle a Korra, ¿Asami realmente amas a Kuvira o la amas a ella? – Korra se molesto con la pregunta.
– Espera, si piensas condicionar tu decisión con que Asami se quede o no con Kuvira no lo voy a permitir. – Brinco de inmediato la morena ante la cuestión que Baatar hacia a la otra chica.
– ¡La decisión esta tomada, esto lo hago para saber si tengo que recoger en pedazos el alma de Kuvira o no! – Casi dijo en un grito a la interrupción de Korra.
– Baatar, amo a Kuvira, me case con ella por amor... – De eso no tenía duda Asami, sin embargo las cosas ahora habían cambiado.
– ¿Pero? – Dijo el chico Beifong más calmado.
– También amo a Korra, si las circunstancias hubieran sido diferentes, yo estaría con ella y no casada con Kuvira. – Esa respuesta disgusto al de gafas.
– Asami, no puedes hacer eso, estas jugando con los sentimientos de dos personas aquí, tienes que tomar una decisión. O Korra o Kuvira. No por no querer lastimar a mi amiga te ates a un matrimonio que no tiene futuro eso solo las haría infelices a la larga. Es mejor que si quieres estar con ella, –señaló a la morena, – tengas que herir a Kuvira con la verdad de tu boca y no con los rumores de los que pueda enterarse después y no halla una buena solución a todo esto. – La chica de ojos esmeralda sopeso las palabras de Baatar, el tenía razón sea cual sea su decisión podría hacer infelices a las tres o darse la oportunidad de volver a comenzar con Korra y aunque tal vez ahora Kuvira no lo viera así, ella también tendría la oportunidad de ser feliz con alguien más.
¿A quien amaba más?
¿Con quien no podría vivir si esa persona faltará en su vida?
– Tranquila, piénsalo, toma una decisión y más tarde hablamos. No te voy a obligar a que me contestes en este momento y te sientas presionada. Es algo que va a repercutir en la vida de las tres y tienes que hacerlo con plena conciencia de las consecuencias que vendrán. – Baatar en este punto había bajado sus armas y las había guardado de nuevo en sus respectivas fundas del cinturón, con sus manos tomó las manos de Asami mientras le decia: – Yo no te juzgo, sea cual sea tu decisión tendrás mi apoyo. Solo piénsalo bien.
El chico dejo a Asami y se levantó agarrando la pistola de Korra que estaba tirada en el suelo.
– Es tiempo de escoltar a la señora a su casa y después tú y yo iremos a resolver este asunto. – Se dirigió a la ojiazul. – Te daré un último voto de confianza, me ayudaras con esto y se hará la justicia necesaria, para ti, para tu padre y para todos los que hayan sido afectados con las acciones de Hiroshi Sato pero deberás respetar la decisión que Asami tome aún cuando está no te favorezca, ¿estás de acuerdo? – Extendió la mano donde tenía el arma dando la culata hacia Korra.
– De acuerdo. – Ella contempló la pistola y los ojos del chico buscando donde estaba la trampa, sonrió, estiró la mano para agarrarla pero en el último segundo Baatar la retiro de su vista.
– Creo que ahora que estamos de acuerdo, yo guardaré esta pistola como garantía de tu palabra. – La atrajo hacia sí guardandolo detrás de él en su cinturón.
Aunque quisiera no podía confiar del todo en la morena, pero hizo esto para que Asami estuviera más tranquila, el respetaría su palabra y si tuviera que hacerlo haría respetar la palabra de Korra, a pesar de ella misma.
– Ve por los caballos. – Mando a la morena indicándole donde estaban.
Korra corrió hacia donde le señalará Baatar y no tardó en encontrarlos detrás de un montón de arbustos, jalo las riendas de los tres y los llevo hasta donde estaban ellos dos.
Durante ese tiempo la chica de labios rojos había estado reflexionando todas sus acciones ensimismada en sus pensamientos. Una vez que todo esto quedará resuelto y Korra pudiera ser ella misma de nuevo y su padre pagará por sus delitos, ¿Qué debía hacer ella?
– Te ayudo a subir. – Korra se ofreció dándole su brazo para que la otra chica pudiera montar su yegua.
– Gracias. – Se miraron a los ojos y la sonrisa que la morena le brindaba le hizo sentir calidez en su interior, un sentimiento muy diferente al que la sonrisa de su esposa le hacía sentir, el enigma y el aura de misterio que Kuvira le transmitía, en cambio Korra era un libro abierto para ella.
Subió a su yegua en posición de amazona y los otros dos le siguieron. Jalaron a galope rumbo a la casa Mayor.
– o –
– Te noto preocupada, ¿Qué es lo que sucede? – Suyin apretó la mano que estaba alrededor del brazo de la militar. La matriarca se había dado cuenta de que algo rondaba la mente de su protegida predilecta y la tenía distraída.
– He hablado con Asami respecto a lo que hubo entre tú y yo. – Suspiró y Suyin asintió esperando que continuará. – Ella esta bastante molesta, tiene la creencia de que aún tenemos una relación más allá del trato profesional, pero le he asegurado que lo nuestro termino hace algún tiempo. – La matriarca movió su mano hasta sostener y entrelazar sus dedos con los de la militar.
– Eso es verdad, pero creo que en parte ha sido mi culpa, he sido demasiado transparente con mis sentimientos por ti y se que tú... – Kuvira negó con la cabeza deshaciendo el agarre y volteo a buscar a Opal, la chica se había entretenido viendo unos puestos de algunas chucherías a cierta distancia.
– Lo que pueda o no sentir por ti, eso ya no importa, estoy casada y no pienso perder a Asami. – Lo que acababa de decir Kuvira molesto a Suyin sobremanera, volvió a tomar su mano y la arrastró a un rincón lejos de la vista de su hija.
– ¿En verdad? – Acercó su cuerpo acortando la distancia entre ambas y afianzando su agarre.
– Su, por favor. – Kuvira miró hacia otro lado pues no aguanto seguir mirando esos ojos color verde pistache.
– Dime que no sientes nada por mi, y que no quisieras volver a tenerme entre tus brazos. – La mujer mayor hundió su cara en el cuello de la militar depositando pequeños besos en su piel.
– No puedo mentirte pero eso no quiere decir que sucederá. – Separó un poco el cuerpo de Suyin tratando de apartar el embriagador aroma de rosas que emanaba de ella.
– Tendré paciencia, se que sientes lo mismo y sabré esperar mi momento. Recuerdas cuando me dijiste eso la primera vez que rechace tus intenciones amorosas. – Sonrió de forma juguetona. – Yo estaba casada y tu eras mi soldado más prometedor... Y también el pecado más tentador que había tenido nunca. – Acercó su rostro rozando con sus labios el oído de la menor. – Parece que se han invertido los papeles. – Bajo trazando la línea de la mandíbula con sus labios hasta encontrarse con los labios de Kuvira.
– ¿Qué hay de tus hijos? – Volteo la cara deshaciendo el contacto.
– Ellos ya son grandes, ya tiene su vida y yo debo pensar en la mía. – Agarro la barbilla de la militar obligandola a que la viera. – Podemos mantener el secreto... no sería la primera vez.
Se separó justo al tiempo en que Opal apareció por allí y se les quedo viendo con cara acusadora.
– ¿Esta todo bien? – Preguntó más por mero trámite que por otra cosa, pues suponía lo que debía estar pasando al ver la rigidez en el cuerpo de la militar y la soberbia plantada en el de su madre.
– Todo excelente corazón. – Se próximo a su hija tomando su brazo y jalandola para seguir caminando por los alrededores.
– o –
– Hasta aquí llegamos nosotros. – Baatar y Korra detuvieron sus caballos a pocos metros de llegar a la hacienda. – Señora usted debe continuar sola, para esta noche esperemos que todo este resuelto y tenga una respuesta.
El militar asintió con la cabeza a modo de despedida al finalizar de hablar, ojos esmeralda se posaron sobre los ojos zafiro y en una súplica muda le pidió se cuidara. Espoleo su yegua y entro en la hacienda.
– ¿Ahora a donde vamos? – Se dirigió a la jefa de la guardia, su caballo estaba inquieto y no paraba de moverse.
– Iremos a casa de mi padre. – Jalo las riendas del animal para que este tomara rumbo opuesto a la hacienda y emprendió la carrera con Baatar a sus espaldas.
No tardaron mucho en llegar al pequeño conjunto de casas donde vivían los jornaleros que trabajaban en la hacienda, se detuvieron frente a la casa del capataz pero este no estaba en casa a esa hora. Pasaron al interior y la morena comenzó a rebuscar entre las cosas que había allí.
Tiro sobre la mesa del modesto comedor una serie de documentos que su padre y otros de ellos habían logrado recopilar de los negocios turbios del administrador.
– Aquí tienes lo que necesitas, son solo algunos pero serán suficientes para hundirlo. Son facturas, transacciones y recibos de honorarios que el administrador ha emitido a supuestas empresas que le compran el ganado y la cosecha, los factura a un precio menor al que en realidad los vende y se queda con el resto del dinero. – Korra le mostró dos facturas duplicadas, una en donde de acuerdo a la fecha, se hacía la venta de 150 cabezas de ganado a un precio a una compañía de carne y en otra con los mismos datos se mostraba el precio devaluado. Nada más en ese negocio Hiroshi se estaba embolsando la friolera de casi la mitad del pago.
– Ese hijo de puta esta desbancando la herencia de la familia de Kuvira. – Se ajustó las gafas bastante enfadado y siguió revisando el resto de los documentos.
– Aparte están todas las vejaciones que ha cometido contra los campesinos y mozos que trabajan para la hacienda. El cabrón les quita casi todo en la tienda de raya y los obliga a trabajar jornadas extenuantes. – Korra tomó asiento jalando una de las sillas que estaban cerca de la mesa.
– ¿Y por que nadie se queja? – Baatar levantó la vista de los papeles mirando a la morena.
– Para que hacerlo, Kuvira no está aquí todo el tiempo, además de que Hiroshi se encargaría de castigar a aquel que lo llegue a delatar. Lo sé por experiencia. – La morena se paró y se quitó la camisa dejando expuestas las marcas que cuando más joven el administrador inflingiera sobre ella.
– ¡Lo voy a enviar al paredón! Kuvira jamás permitiría que algo así le pasara a su gente. – Korra se volvió a colocar su camisa mientras el de gafas golpeaba la mesa con frustración.
– ¿Cómo piensas hacer que eso pase? Hiroshi no caerá sin dar pelea, tiene un grupo de hombres que lo protegen y no se tentaran el corazón para matar. Por esa misma razón mi padre y los otros trabajadores no han podido enfrentarlo. – Korra cruzó los brazos esperando que le dijera una solución a todo esto.
– Pero si tenias todas estas pruebas, podías ir con la comandante y ella te hubiera respaldado. – Le reclamó.
– Si, pero eso significaba que tendría que revelar quien soy y Hiroshi se hubiera lanzado contra mi familia y contra mi, y probablemente Kuvira no me hubiera creído si sabia que tenia algo que ver son Asami. – Baatar Tenía que reconocer que eso podría pasar y al final todo se definiría en la palabra de uno contra la del otro.
– Bueno, pero ahora cuentas con un nuevo factor, yo convencere a Kuvira de la culpabilidad de Hiroshi y tu inocencia, solo que tendrás que confesarle la verdad antes de que él la convenza de lo contrario. – Recogió los documentos que había estado revisando y los guardo en la maleta donde Korra los había estado guardando.
– Muy bien, ¿Ahora que sigue? – La morena hizo el intento de tomarlos pero Baatar no se lo permitió.
– Busquemos a Hiroshi, tenemos la sorpresa de nuestra parte, él no lo verá venir. – Ambos salieron de la casa del capataz y volvieron a montar los caballos.
Korra llamo a un chiquillo que estaba por allí cerca y le pidió que buscará a su padre y lo alertara. Temía que él quisiera ir solo a enfrentar a Hiroshi, aunque llevarán el elemento sorpresa, no tenían ninguna garantía de que el administrador se rindiera tan fácil, necesitaban un respaldo.
Partieron rumbo al pueblo, Baatar sabia que el administrador debía estar en la oficina que tenía allí tratando algunos negocios de la hacienda.
– o –
El carruaje transportaba a la presidenta y a su hija de regreso a la casa Mayor con Kuvira y algunos soldados escoltandola, entre ellos iban Mako y Bolin. No tardaron mucho en llegar hasta la casa y las Beifong bajaron del carruaje yendo al interior de la misma. La comandante vio a su capataz aproximarse con evidente preocupación.
– ¡Buenas tardes Tonraq! ¿Alguna novedad? – Se acercó al hombreton quien al verla se detuvo indeciso.
– ¡Buenas tardes patrona! Todo bien, solo estaba buscando a estos chicos. – Llamo a los hermanos quienes acudieron hasta él. – Si me disculpa. – Hizo una pequeña reverencia y fue al encuentro de los muchachos.
La comandante lo vio hablar a prisa con ellos y salieron a enseguida los tres. Mako dejo a otro de los soldados a cargo. Le pico la curiosidad y algo le impulso a querer seguirlos, dio un paso para ir por su caballo pero...
– ¿Kuvira no vienes? – La voz de Suyin la detuvo y dudo por un segundo.
– Si ya voy. – Entrego las riendas a uno de los mozos de cuadra y entro a la casa, sin embargo tenía un mal presentimiento después de ver la cara del capataz.
Mientras cruzaba la puerta de entrada recordó que su esposa le había dicho que estaría fuera por la tarde así que buscaría algo que hacer mientras su esposa regresaba, quizás trabajará un rato en su despacho o saliera a las caballerizas a checar los potrillos que acababan de nacer, claro si es que la presidenta no requería alguna otra cosa.
Ya en el interior, Opal se dispenso y pidió retirarse a sus aposentos para poder descansar, su madre la despidió y Kuvira iba a hacer lo mismo pero antes de que ella pudiera Suyin se le adelanto.
– Vamos a tu oficina, hay un tema aún por tratar. – Sin esperar una respuesta la mujer mayor camino por el pasillo y entro al despacho de la militar quien la siguió de cerca.
– ¿Qué es lo que sucede? Creí que todas tus dudas habían sido resueltas esta mañana en el ayuntamiento. ¿Hay algo que quieras volver a revisar? – Cerro la puerta de su oficina y antes de que pudiera recibir una contestación Suyin le indico con una seña que tomará asiento en un sofá de dos plazas que tenía cerca y en donde ella ya estaba sentada.
– Hay algo que quiero volver a revisar y tu también. – La militar se acercó y se sentó a su lado esperando que la mayor comenzará con la platica.
Después del pequeño encuentro que tuvieran esa mañana la militar se sentía de alguna manera incómoda, más bien tensa alrededor de su maestra. Era como si el mismo destino le jugará una broma poniéndola del otro lado de la moneda, ahora siendo ella la persona comprometida y tentada a dejarse llevar por sus instintos con la otra mujer.
Suyin recorría de arriba a abajo su brazo con el cabestrillo, prodigandole caricias delineando los músculos de la militar quien de forma involuntaria se estremecía con el toque. Su cuerpo estaba reaccionando como si de un viejo sueño se tratara, reconociendo el tacto que en otros tiempos recibía cada día en sus encuentros furtivos. Su mente le decía que se retirara pero su cuerpo no le respondía a esa orden, estaba embrujado por la sensación, por la poderosa mirada de la matriarca. Como si de una mariposa atraída por la luz de una fogata, Kuvira fue cerrando la distancia entre las dos. Suyin sonrió con malicia sabiendo el poder que estaba ejerciendo sobre ella y con avidez se besaron cuando sus bocas estuvieron unidas.
Los recuerdos de esos días pasados, el anhelo por poseer lo ajeno y dominar el fruto prohibido, era lo que la había impulsado a aquel acto lascivo. Colocó su mano sana en la nuca de la mujer mayor atrayendola más hacia ella, sus lenguas estaban enfrascadas en una lucha sin cuartel que llenaba de satisfacción a Suyin al ver que Kuvira había cedido ante ella.
– o –
Una de las sirvientas de la casa acababa de avisarle a Asami que su esposa había llegado y se encontraba en su despacho. Ella había dado la orden de que fuera notificada de inmediato cuando Kuvira estuviera en casa, necesitaba verla y hablar con ella para tomar una decisión. Necesitaba esa certeza que le permitiera definir cual seria su elección. Solo que antes debía esclarecer sus sentimientos por la militar. Con esa idea en la cabeza salio de su cuarto y fue rumbo al despacho de su esposa.
Cruzó los pasillos que separaban el cuarto del matrimonio de la oficina. Se detuvo un momento antes de entrar, se disculparia con su esposa por lo sucedido entre ellas esa mañana. Sabia que su molestia era injustificada pues a pesar de todo Kuvira le había hablado con honestidad y ella había sobre reaccionado temiendo una posible infidelidad cuando era ella misma quien había estado mintiendo.
Iba a llamar a la puerta pero decidió entrar por su propio pie pensando en que probablemente la militar estuviera sola.
Abrió y lo que se encontró la sorprendió.
– ¡Kuvira! – Gritó cuando vio que la dueña de la hacienda estaba besando a Suyin en el sofá, el cuello de su camisa estaba descolocado, el cabello de la presidenta alborotado y sus respiraciones irregulares.
Kuvira se separó de la mujer mayor de inmediato cuando se dio cuenta que su esposa estaba en su despacho.
– ¡Asami! – Dijo en contestación pero su esposa ya estaba abandonando la habitación a toda prisa sin esperar una explicación.
Corrio tras ella dejando a Suyin en la oficina. No iba a permitir que su esposa se fuera así de esa manera.
– ¡Asami espera! – Logro darle alcance agarrando su muñeca y deteniendo su avance.
– ¡Sueltame! Soy una idiota por creer en ti. ¡No quiero verte! – Empujó la mano de su esposa para deshacer el agarre y gritarle.
Kuvira se detuvo y soltó a la mujer de ojos esmeralda, los cuales estaban bañados de lágrimas, le impactó verla de esa forma, así que respeto su deseo de dejarla en paz. Sabía que lo había estropeado de forma monumental.
La vio alejarse por el pasillo con todo ese dolor en su corazón.
– o –
¿Qué les ha parecido el capítulo? ¡Cuentenme! No sean malos.
