Hola, aquí esta el nuevo capítulo de su fanfic favorito (seguro) kakdkakdks :')

Lamento la tardanza, he estado un tanto ocupado. También lamento la hora de actualización, deberia estar durmiendo ya pero mehh

Sin mas, el capitulo.

*se cierra el telón* :3


Su dedo rápidamente pulsaba distintas partes de la superficie de la pantalla. Seleccionando una por una las imágenes, sus imágenes. Una vez finalizado su trabajo presionó el ícono de un "basurero", que claramente significaba "borrar".

Un suspiro salió de su boca, lo había estado conteniendo durante todo el proceso. Echó un último vistazo a su galería, y sí, todo limpio.

Su cuerpo cayó de golpe en su cama, por lo que el impacto fue suave.

No se había dignado durante todo el día eliminarlas, más que nada por miedo a que lo descubrieran o vieran mientras borraba las fotos donde salía desnudo. Había la posibilidad de ir al baño y borrarlas, pero sinceramente tenía hasta miedo de desbloquear su móvil. Por lo que no lo usó para nada más que ver la hora, e incluso durante la práctica procuró ocultarlo bien entre sus cosas, muy al fondo de la pila de ropa que se hallaba en su bolso. Obviamente nadie ingresaría allí, pero prefería prevenir a que lamentar.

"¿Realmente Daichi no lo había revisado?".

Giró su cuerpo, quedando de costado, mirando su móvil a un par de centímetros, casi con miedo y sospecha.

Tenía una lucha interna entre creerle y no a su capitán, pero era más la desconfianza a que confianza, ya sea por sentido común, o los raros comportamientos de Daichi durante el día. Era completamente sospechoso para él.

Se ponía en su lugar. ¿Realmente no revisaría un celular extraviado?, aunque debía agregarle el punto de que era el celular de alguien que conocía, por lo que Daichi supuestamente tomó distancia y no lo revisó. Pero en su caso, realmente no sabría si no lo revisaría, aun cuando el móvil fuera de Daichi, no podría asegurar si haría la vista gorda y se lo entregaría intacto.

"Sospechoso". Repetía en su mente una y otra vez, casi llegando a calentársela.

¿Era capaz de creerle ciegamente al capitán? Una parte de sí le decía que debía creerle. Era su amigo después de todo. Conocía a Daichi, bastante respetuoso y de buenos modales, honesto, humilde, confiable. Pero otra parte le decía que estaba siendo demasiado ingenuo y blando. Todos tenemos esa pequeña curiosidad o siquiera un poco de intención de conocer aún mejor a una persona, ese sería el caso en el que Daichi se habría encontrado, por lo que ya se hacia la idea de que sí husmeo en sus cosas.

El día había sido bastante difícil, bueno, desde el día anterior.

En el momento que se percató de que su celular no estaba, el mundo se le vino encima.

Se lamentó una y otra vez, revisó todos los lugares de su casa, pero no lo halló. Lo único que pudo hacer fue acurrucarse en su cama, pensando en miles de posibilidades de encontrar su móvil. Repasó cada uno de los lugares en los que estuvo, cada cosa que hizo, imaginando donde podría estar su celular. Deseaba tener poderes de retroceder el tiempo. Pensaba qué tan fácil sería la vida con tal poder. Imaginaba pillarse con un aparato mágico que le ayudara. Anhelaba tener alguna aplicación de rastreo. Imploraba la discreción del individuo que hallara su móvil. Y se arrepintió más de una vez el quitarle la seguridad a este. ¿Por qué lo había hecho?, ah sí, por su sobrino que le pidió el móvil y más de alguna vez lo bloqueó y venia corriendo hacia él, rogándole que ingresara la clave. La culpa no era de su sobrino, sino de él mismo.

Y al día siguiente ocurrió el raro incidente, en el que Daichi aparecía con su móvil.

En el momento que lo vio en su pupitre, con el capitán delante de él, sonriéndole, se le detuvo el corazón. Pensó lo peor. "¡Las vio, las vio, las vio, las vio!" Repitió en su mente más de veinte veces.

"¿Dónde lo encontró?, ¿Cuándo lo pillo?, ¿Por qué sonríe?, ¿Está bromeando?, ¿Qué tanto vio?, ¿Seguirá siendo mi amigo? "Eran preguntas que a una velocidad inexplicable se formaban en su mente.

Suga se revolvió en su cama, recordando aquello. Se le venía a la mente y sentía unas ganas de vomitar. Parecía que el recuerdo aún seguía fresco en su mente, torturándolo.

"¿Debería creerle?". Abrazó la almohada, refugiándose en ella, pegando su rostro a esta. Le costaba creerle, deseaba hacerlo, pero no había forma de comprobarlo.

Cuando almorzaron pareció querer decirle algo. Esperaba una confesión tardía en la que sí afirmaba haber visto las fotos, pero no se trataba de ello. Además, Daichi no era de esos tipos, él era directo y estaba seguro que de haber revisado las fotografías le habría encarado, mas no rechazado ni criticado.

Juró nunca más fotografiarse. Ya sea por curiosidad o deseos, no lo haría.

¿Cómo comenzó aquello?.

Un día, sin darse cuenta, observaba a algunos de los chicos del equipo mientras se cambiaban ropa. Lo confundió con algo de admiración o envidia, ya que él se encontraba un tanto delgado comparado con los demás, incluso con los de primero.

Los días siguieron, y la "admiración" hacia sus juntas era cada vez más, ya sea mientras jugaran voleibol o se cambiaran, daba igual, él miraba detenidamente a los más destacados individuos. Entre ellos: Daichi, Asahi, Tsukishima y Kageyama.

Siempre procuró ser discreto, como siempre lo hacía sea cual sea la ocasión, pero estas ocasiones eran para observar hombres. Aprovechaba a veces el estar en la banca, ya que se daba el lujo de mirar sin que nadie vea una segunda intención.

Asahi saltando y rematando con todas sus fuerzas, como si la vida se le fuera en ello, era algo que le robaba la atención a veces.

Tsukishima bloqueando, con su mirada atenta a los rematadores y saltando frente a ellos.

Kageyama dando un pase perfecto, con su mirada calculadora y determinada, mientras daba un ligero salto.

Y por último, el que se llevaba toda su atención, Daichi.

Ligeramente encorvado, sus piernas flexionadas, una mirada concentrada en el balón, sus manos juntas para hacer la recepción y un grito de victoria tras la respuesta al saque del equipo contrario, le sacaba el aliento.

No era necesario afirmar que el último era en el que más se fijaba y en varias ocasiones se quedaba mirándolo más de lo necesario, pero agradecía que este no se percatara.

Ese fue el punto de partida sin un final.

Las dudas sobre que era lo que prefería, entre mujeres y hombres no duró mucho en su mente, seleccionando a su mismo sexo. No le costó demasiado, ni le afectó mucho, ya que desde pequeño le habían enseñado que eso no era malo, ni que por ser gay era el fin del mundo. Solo eres alguien con gustos diferentes. Pero no por ello iba a ser un sabelotodo, por lo que con más dudas en su mente, comenzó a jugar con su cuerpo.

Su primer "juego" fue entre él y su dedo corazón. No hace falta aclarar nada, solamente había bastado darse cuenta del gusto que le provocó, para estar más seguro de sí mismo y saber que era la decisión que tomaría.

Otro pensamiento surgió en su mente; "¿Seré atractivo para un hombre?"

Los colores se le subían a la cabeza cada vez que revisaba las fotografías sacadas con su móvil. Era un tanto embarazoso y nuevo, por lo que aun siendo su propio cuerpo, le daba un poco de vergüenza.

No podía responder la pregunta anteriormente hecha por él mismo. Necesitaba un cómplice respecto a su vulgar acto. Pero, ¿Cómo se suponía que haría eso? No conocía a nadie más que fuera gay para que le diera su opinión, y ni loco subiría una imagen suya a alguna pagina concorde al tema, no era tan estúpido.

Solamente quedó con su opinión; "Me veo bien", pensaba mientras veía sus fotos, fijándose en cada uno de los detalles y en alguna imperfección de su cuerpo, pero no pillaba muchas.

Quedó satisfecho con sus resultados.

Y volvíamos aquí, con el armador en un lapso de reflexión y lamentos.

La sonrisa de Daichi, afirmando no haber revisado su móvil, destruía cualquier conclusión en la que Suga confirmaba que realmente había husmeado en su celular. Sacándole un gruñido de fastidio. Fue simplemente… indiscutible. No hallaba la forma de no creerle. Su sonrisa, confiado, que además, emanaba confianza, sinceridad, lo arruinaba todo. "¿Lo hizo a propósito?, ¿Sabía que sus sonrisas son mi debilidad?", reclamaba el armador, confundido. "¿Realmente decía la verdad o sonrió porque realmente revisó mi móvil y su mejor sonrisa era la única forma de engañarme?".

- Ghh… - De la boca de Suga salió una clase de gemido o gruñido.

Se tapó con las mantas de su cama, procurando dejar su mente en blanco, y dormir comodamente y relajadamente como hace días lo hacía, volviendo a la normalidad.

- ¿No tienes frio? – Miró a su capitán a su lado, solamente con uniforme y sin ninguna prenda que le abrigara.

- Obvio, pero no tengo guantes o bufanda, además no estoy acostumbrado – Se levantó de hombros de lo mas casual.

- Aún así, te puedes resfriar – Regañó a su compañero, un tanto molesto por el comportamiento desinteresado de este.

- Nunca me pasa, estaré bien – Sonrió, confiado, como siempre. Su nariz ligeramente colorada destacaba entre su piel un tanto morena.

- Ojalá – Desvió a mirada al frente. Daichi era un caso perdido.

El día transcurría demasiado lento a sus ojos. Cada segundo parecía ser un minuto. Se cuestionó si eso ocurría ya que mientras uno más desee algo, no se cumple, y lo que él en ese momento quería, era salir de clases y jugar voleibol o irse a su casa. El nublado cielo hasta le daba un ambiente deprimente a la preparatoria, afectándole un poco a él.

La verdad, gracias a las clases lograba distraerse un tanto respecto al tema de su móvil y Daichi. No pensaba en ello a cada momento, pero obviamente aún tenía dudas. Sacudió su cabeza en plena clase de literatura. Debía prestar atención. Pronto se vendrían todos los exámenes encima. Tenía cosas más importantes por las que ocuparse.

- Suga – Asahi se acercó trotando al peli plateado. Se encontraban en pleno pasillo afuera del salón del armador. Era hora del almuerzo.

- ¿Asahi?, ¿Qué pasa?

- ¿Has visto a Noya? – Le vio con el ceño fruncido, preocupado.

- No. Pero dime, ¿Qué paso? – Su cara le había asustado.

- No puedo decirte en estos momentos, prometo que cuando todo se arregle, te lo contare. Por ahora, debo encontrar a Nishinoya – Su aspecto serio le extrañó un poco.

- ¿Cuándo todo se arregle?, ¿discutieron? – Fue lo primero que se le vino a la mente. Una discusión.

- No es eso… - Una mueca se formó en su boca – Bueno, si lo ves, avísame, ¿Quieres? – Fue suficiente para preocupar al armador.

- No digas eso, te ayudare a buscarlo, pero luego me dirás en que andan metidos – Le miró recriminándole una explicación más tarde.

- Gracias, Suga – Una sonrisa nerviosa se formó en su boca.

- ¿Qué lugares has revisado? – Su modo detective se activó, recopilando información.

- El casino, el patio, cerca del gimnasio y ahora andaba por los pasillos, y me encontré contigo – Informó el As.

- Bien. Termina de revisar aquí – Refiriéndose al pasillo en el que se encontraban – Luego ve al primer nivel nuevamente, solo para asegurarse de que no está abajo – Asahi asintió – Yo revisare arriba, luego nos vemos en el casino cuando terminemos.

- Bueno – Continuó su camino, revisando en las diversas aulas que se encontraban en el pasillo.

Dada la situación, parecía ser que el líbero y el as habían discutido, pero lo que más le preocupó fue la desesperada búsqueda de Asahi por Noya, por lo que sospechaba que la discusión – en caso de que de verdad hayan discutido – era bastante grave.

No conocía perfectamente al pequeño líbero pero si lo suficiente como para saber algunas cosas que le gustaban y otras que le desagradaban. Más de alguna vez Noya le había contado de sus escapadas a la azotea en momentos los cuales deseaba estar solo o en calma, y fue lo primero que al peli plateado se le vino a la mente. Emprendiendo camino a la superficie más alta del edificio, un llamado lo detuvo.

- ¡Suga! – Daichi se acercaba a paso rápido, saliendo del salón de ambos.

- ¿Qué pasa?

- ¿No vas al casino? – Viendo como Suga estaba por comenzar a subir las escaleras.

- Hoy no iré, debo hacer algo.

- Oh – Fue lo único que salió de la boca del capitán. Aunque no supo cómo interpretarlo.

- Si. Bueno, nos vemos – Comenzó a subir. Cuando dobló en la escalera para continuar subiendo, logro ver la atenta mirada de Daichi posada en él.

Caminaba a paso lento, mirando hacia dentro de los salones, casi haciendo el mínimo esfuerzo en encontrar al pequeño líbero, ya que una corazonada le decía que se encontraba un nivel más arriba. El cuarto piso estaba casi vacío pero aun así inspeccionó los salones. Recordaba que Noya tenía uno que otro amigo en cada nivel. Con el área completamente limpia, se dirigió a las escaleras, comenzando a subir aún con la misma calma que mantuvo durante toda la búsqueda. Una vez en la mitad de la escalera, pudo divisar al pequeño líbero sentado en el último escalón, a unos centímetros de la puerta que llevaba a la azotea.

Sus miradas se conectaron. La de Suga era de completa satisfacción tras haber acertado con su búsqueda, mientras que la de Noya tenía una pisca de sorpresa.

- ¿Suga-san que haces aquí?

- Lo mismo te podría decir – Subió los escalones restantes, hasta llegar a su lado y tomar asiento junto a él.

- Yo solo… estaba pensando.

- ¿En qué?

- Cosas… - Parecía no querer hablar de ello, por lo que el peli plateado debió sacar su as bajo la manga.

- Asahi está preocupado – Miraba disimuladamente a su lado derecho, viendo la reacción de sorpresa de Noya.

- ¿Él te pidió que me buscaras? – Parecía molesto.

- Yo me ofrecí – Noya miró con indiferencia hacia cualquier lado - ¿Qué les paso?

- Estúpido Asahi no pudo quedarse callado – Susurró, pero lo suficientemente fuerte para que Suga escuchara.

- Ya sabes cómo es – El armador le dio la razón, apoyándolo - ¿Por qué discutieron?

- No necesitas saberlo, no lo entenderías – Se puso de pie, dejando al peli plateado sentado.

- Si tan solo lo intentaras – Sonrió burlescamente al pequeño líbero. Este sonrió tardíamente.

- ¿Dónde está Asahi-san? – Su tono de voz demostraba inseguridad, como si a la vez quisiera saber la ubicación del As, y a la vez no.

- Debe estar en la primera planta.

- Gracias, Suga-san – El pequeño líbero se retiró, con sus sonoras pisadas haciendo eco.

Suspiró derrotado, al final no había sacado nada de información, pero aun tenia la explicación que Asahi mas tarde debería darle.

"No necesitas saberlo, no lo entenderías".

Las palabras de líbero le habían dejado más de una duda. "¿Tenía doble sentido?, ¿Por qué razón no lo entendería?, ¿Qué tan profundo y serio era el problema?"

Suga volvía a tener un mar de preguntas en su mente, varias hipótesis, teorías, conclusiones, que de seguro le calentarían la cabeza como hace un día lo hizo Daichi. ¿Qué problema tenia con los chicos que se encargaban de volverlo loco con sus actitudes?, ni que fuera un fetiche.

Rió.

El tiempo pasó literalmente volando, ya que en unos minutos más seria hora de volver a clases, por lo que el armador decidió marcharse inmediatamente, pasando por el baño en el trayecto a su salón.

Agitando sus manos, botando las pequeñas gotas de agua que aún permanecían en su piel, llegó a su salón. Una vez entró, se encontró con Daichi en su respectivo asiento, afirmando su cabeza con su mano, mirando a la nada. Pasó por su lado y ni se inmutó por su presencia. Parecía estar en las nubes. Tomó asiento en su puesto, esperando el pasar de los minutos, o esperando a que Daichi le hablara.

- Toma – Daichi se giró en su puesto y entregó un sándwich a Suga.

- Vaya… gracias – Se sorprendió, no esperaba aquello. Al parecer si se había enterado de su llegada.

- De nada – Sonrió a Suga. El armador devolvió la sonrisa, un poco conmovido por el gesto del capitán.

Rompió el envoltorio, dando paso a un sándwich tradicional. No pudo ocultar que tenía un poco de hambre, ya que de inmediato le dio un mordisco, satisfaciendo sus papilas gustativas, y a la vez su un tanto hambriento estomago.

- ¿A dónde fuiste en el recreo? – Daichi retomó la conversación.

- Fui… - Dio un mordisco al sándwich, dándole tiempo a pensar si decirle la verdad o no. El tema entre Asahi y Noya no lo entendía muy bien, el por qué de su discusión, Noya huyendo, Asahi buscándole, por lo que dudó si decirle la verdad o no a su capitán. No sabía si era necesario contarle – Fui a donde un amigo, su salón estaba arriba – Prefirió mentir. El tema de Noya y Asahi parecía ser delicado, por lo que optó no meter más gente en el.

- Ya veo. No sabía que tenías amigos en la planta de arriba.

- Hay muchas cosas que no sabes de mi, Sawamura Daichi – Se burló.

- Sí, claro – Rió el capitán con sarcasmo.

- Haber, dime que sabes de mi – Se cruzó de brazos, mirando desafiante a Daichi.

- Bueno… – Rascó su nuca. Parecía ansioso – Generalmente, y en lo que destacas, es en tu preocupación por los demás. Sabes que les gusta, que les molesta, como tratar con ellos, y los entiendes. Eres bastante perceptivo a mi parecer – Varias veces le habían dicho aquello, pero nunca esperó escucharlo de Daichi.

- ¿Eso piensas de mi? – El capitán solamente asintió – Bueno... ¿gracias? – Una risa salió de ambos. No sabía muy bien cómo responder a aquello – Me agradan los chicos, y me interesa conocerlos, poder ayudarlos en lo que sea posible – Se levantó de brazos dando una sencilla razón.

- Tan propio de ti – El toque de timbre anuncio la vuelta clases. El capitán se giró en su puesto después de decir aquellas palabras, mirando hacia el pizarrón.

"¿Tan transparente soy, o solamente Daichi se da cuenta de eso?, ¿Es muy obvia mi preocupación por los demás?". El peli plateado se cuestionaba un tanto su conducta. Mas de alguna vez le habían dicho que parecía ser la madre del equipo, por ser quien más se preocupaba por los demás, a veces manteniendo el orden y regañando a los chicos, comprendiendo a los mas novatos de primero y escuchándolos. Pero nunca se lo había dicho Daichi, jamás. Sabía que el capitán era de pocas palabras o solamente decía lo necesario, pero esta era la primera vez que el moreno le decía que pensaba de él, lo que de alguna manera le había ¿alegrado? – Si es que puede ser el sentimiento correcto – y sentía que por primera vez estaban valorando su "trabajo" al momento en el que alguien como Daichi se lo dijera.

El gimnasio estaba abierto, ya que Daichi había pasado la llave a Tanaka en la mañana. Caminaba con el capitán a su lado, hablando acerca de los exámenes que pronto se venían, o las materias en las que ya se hacían la idea de que reprobarían. Pero no se estresaban por eso, sabían muy bien que una tarde llena de estudios reforzaría aquello, por lo que planeaban juntarse un día en la tarde.

Entraron. Los chicos ya estaban jugando y no se habían percatado de la llegada del capitán y el armador.

Por un lado, estaban Tanaka, Ennoshita, Tsukishima y Yamaguchi. Por el lado del equipo contrario se encontraban Hinata, Kageyama, Asahi y Nishinoya.

Para los ojos del peli plateado no pasaron desapercibidas las caras de Hinata y Kageyama. Parecían un tanto asustados, mirando constantemente hacia Asahi y Noya. Estos dos tenían el rostro serio, concentrados totalmente en el balón que permanecía en manos del equipo contrario y se preparaba para sacar.

Tanaka hizo su saque y el juego comenzó a avanzar. Noya recibió el balón y pasándoselo directamente a Kageyama, que tenía al pequeño Hinata por el lado derecho, mientras que tenía al alto Asahi por su lado izquierdo. Sin pensarlo demasiado, pasó el balón al As, y este, golpeó el balón atravesando el débil bloqueo Yamaguchi.

El partido continuó así, pero Suga sentía un ambiente denso en el equipo de Hinata, sobre todo entre Noya y Asahi, que estaban más callados de lo normal, sin si quiera celebrar los puntos hechos. Se dirigían leves miradas, sobre todo del as al líbero, y parecía tratar de entablar una conversación de vez en cuando con Noya, pero este poco le prestaba atención, excusándose con; "el balón viene".

Frunció el ceño, ¿Qué Noya no fue a hablar con Asahi? Todo debería estar arreglado, o en el mejor de los casos, con una tregua durante los partidos, pero parecían estar molestos entre ellos aún.

- ¡Yamaguchi! – El grito de Daichi le asustó a su lado. El chico de pecas miró al capitán – Cambia con Noya por el resto del partido.

Las caras sorprendidas y extrañadas de varios chicos fueron más que obvias. Algunos ni cuenta debieron de darse del extraño comportamiento del dúo de amigos, lo que explicaba el cambio entre Noya y Yamaguchi.

El líbero casi indiferente rodeó la cancha, sin mirar a nadie. Asahi, por su parte, solamente miró su espalda y su constante caminar alejándose de él.

La mirada seria y calculadora del capitán le robó la atención. Su rostro de perfil. Su boca con los labios juntos y a punto de hacer una mueca. Sus ojos café atentos en el balón una vez que se retomó el partido, mas sus cejas levemente fruncidas y juntas, como si estuviera conteniendo la ira. Su cabello oscuro, pero brillante, perfectamente cortado sobretodo en el área de la nuca. La piel un tanto morena y a la vez clara, que le daban cierto toque varonil a su parecer. Cada una de esas cosas y más le robaban la atención.

- ¿Qué les pasara? – Agradeció que no despegara su vista del partido.

- No lo sé – "Asahi debe saber" – Tal vez solo estaban concentrados.

- Vamos, Suga. Tu mejor que nadie conoces a esos dos, era como si jugaran por compromiso y cada uno por su lado, y sabes que esos son como un dúo.

- Si, tienes razón – Cada palabra era demasiado cierta. Se preguntó nuevamente si sería buena idea comentar lo que ocurrió durante el receso del almuerzo, pero decidió no hacerlo. Él sinceramente no sabía que había ocurrido entre sus dos amigos, solamente tenía dudas y curiosidad, nada más que eso.

- Bueno, espero que solamente sea por hoy, de lo contrario… - Sus nudillos emitieron un característico sonido. Cuando uno tronaba sus dedos.

Una leve risa amenazó con salir de su boca, en la cara de Daichi, pero se aguantó. Si algo le causaba gracia era la gran forma en la que el aura de su capitán cambiaba. De amable a terrorífico y viceversa. De alguna manera lo hallaba adorable, pero a la vez un tanto intimidante.

- Noya-senpai estaba raro.

- Lo sé.

- Suga-san, ¿Qué paso con los chicos?

- Mmm… - La mirada de Hinata estaba posada en él – No lo sé – Se dirigió a guardar los trapeadores, esperando no haber sido sospechoso su comportamiento para los de primero.

Más de uno se extrañó y sorprendió en el momento que Noya salió del salón del club con su bolso y a paso rápido, diciendo un rápido "adiós, chicos", ya que siempre acostumbraba esperar a los demás. Nadie se atrevió a decir algo, comentar siquiera su extraño comportamiento porque no era necesario, ya todos se habían percatado aquello.

No era molestia, mucho menos envidia, pero la atención que estaba recibiendo Noya en tales momentos le hizo cuestionarse si de verdad era para tanta preocupación su estado de ánimo. Realmente Noya influía bastante en el equipo, su presencia y aura, sus gritos de ánimo durante el partido, sus cumplidos.

"¿Sería lo mismo conmigo?, ¿Qué harían los chicos?, ¿Qué haría Daichi?".

No tenia duda de que Daichi sería el primero en regañarlo y le exigiría que le explicara la razón de su comportamiento. No se creía la gran cosa o el centro de atención de su amigo, solamente era porque frente a él parecía ser demasiado transparente, o lo conocía bastante y no serviría fingir que todo estaba bien. Le pillaría de inmediato

¿En qué momento había permitido a Daichi entrar tanto en su vida? Llegaba a un nivel en que sentía que tenía confianza en sí mismo como nunca, que podría hacer lo que se propusiera, y le costó mucho percatarse del origen de esa extraña confianza que parecía caer del cielo, pero más bien, caía de Daichi. Por eso, Suga sabía más que nadie, que una persona en tu vida puede influenciarte bastante.

Una sonrisa irónica se formó inconscientemente en su cara.

Después de todo, cada cosa en la que pensaba termina con Daichi en su cabeza. ¿Qué tenía su amigo?

Era tan común y repetitiva esta escena. Bajo la noche, con las luces de los focos, el frio que poco a poco comenzaba a aumentar, se lo sabía de memoria. Los pasos de ambos se escuchaban solamente, caminando en silencio. Suga no sabía de qué hablar, aunque más que nada iba inmerso en sus pensamientos, entre ellos, los de hace unos momentos.

- ¿En qué piensas? – Fue sacado de su mente.

- Nada.

- Como siempre – Suga sabía que Daichi sabía que le mentía. Vaya enredo – La forma en la que Noya se marcho…

- Fue inusual, lo sé – Sabia que deseaba hablar de ello.

- Asahi también estaba raro – El nombrado apareció en la mente del peli plateado, recordando que aun debía explicarle que había ocurrido entre él y Nishinoya.

- Si.

- Suga… - Miró a su capitán - ¿Sabes que paso entre Asahi y Nishinoya?

- ¿Eh? – Seguramente se percató de que se encontraba en las nubes, pensando en el asunto de los chicos – No – Mintió a su amigo, de nuevo.

- Mmm… - Daichi miró al frente, fijándose en el camino – Bueno – Notó la casi nula credibilidad que su capitán tenía en él, pero no diría nada.

Buscaría a Asahi para hablar con él, aun cuando este trate de evitarlo – porque ya se hacia la idea de eso – y lo obligaría a hablar, después de todo, habían hecho un trato.

"¿Qué pudo ocurrir entre esos dos?, ¿Asahi era el culpable?, ¿Qué era tan grave que afectó tanto a Nishinoya?"

Y como siempre, la cabeza del peli plateado comenzó a nadar en preguntas y más preguntas. Solamente quedaba esperar y ver que sucedería.


Eso fue todo, espero les haya gustado.

Suerte. Adiós.