Capítulo 17.
El reloj marcaba las ocho de la noche, estaba sudando frío por los nervios pero, aun así trataba de no demostrarlo, mi primera cita formal con Kotoko no era algo que debía tomar a la ligera.
No sabía que ponerme, al parecer este hecho me tenía alterado y me comportaba como un colegial. Dándome por vencido tal vez de encontrar mi sentido de la moda, me decidí por una playera negra lisa manga corta, un pantalón color marrón con unos botines del mismo color que hacía juego. Como hacía algo de frío, escogí un suéter con cuello en "V" color vino. Me peiné, me puse un reloj color plata y el perfume dolce & gabana que sé que le gusta a Kotoko. Como sabía que un simple abrigo no me iba a funcionar, me puse una chamarra negra para mantener mi calor corporal. Traté de vestirme lo mejor que pude con lo que tenía disponible, quería por hoy, dejar mi imagen de cerebrito y ser un poco más casual en mi forma de vestir.
Una vez vestido, +bajé hacia la sala para esperarla. Al cabo de diez minutos, sonó el timbre de la casa y mi corazón se detuvo, Kotoko apareció por el umbral de la puerta, estaba radiante, portaba un vestido rojo con cuello alto y mangas largas, el dobladillo de éste llegaba cinco centímetros arriba de rodilla, por lo que se podían apreciar sus hermosas piernas. Como calzado llevaba unas zapatillas altas color plata que la hacían parecer muy elegante y sofisticada. De verdad la imagen infantil y virginal se había esfumado en todos estos años, pues el vestido era ceñido a su cuerpo, por lo que podía disfrutar las curvas de su perfecta anatomía.
Mi madre aduló su estilo y le hizo varios cumplidos que la hicieron sonrojar. Como pude, desperté de mi letargo y me dirigí hacia ella para salir hacia nuestro destino.
Iba camino a mi auto cuando ella me detuvo y me jaló hacia su carro, era un mini cooper color negro, nunca pensé que tuviera tales gustos. Me sorprendió de verdad ver aquel carro.
—No es mío — me dijo — es de Cristine, yo no tengo un auto aun así que me prestó el suyo.
—Me sorprendí por un momento el verte estos gustos tan caros — le dije de manera irónica
—¿Es decir, que según a tu criterio, yo no tengo por qué tener uno de estos? — me dijo enarcando una ceja.
—Es muy bonito y caro para dejarte manejarlo libremente – contesté – si eres un peligro a pie, en un carro eres una amenaza pública — me miró conteniendo una sonrisa
—Si crees en algún Dios, es tiempo que ores mucho, esta amenaza te llevará a una fiesta.
A pesar de la incertidumbre que tenía y mis dudas hacia ella tras dejarle manejar, debo reconocer que lo hizo con diligencia. Al principio estaba nervioso, pero conforme fuimos avanzando, me relajé y me amonesté por tener poca fe en ella. Últimamente me he dado cuenta que tengo la manía de subestimarla, cada vez que creo que ella no puede hacer algo, me sorprende el ver lo ágil que es cuando se propone hacer algo.
La casa de Cristine estaba al otro lado de la ciudad, sin embargo, nuestro recorrido fue muy ameno, hablamos de todo un poco, ella me contó algunas anécdotas que tuvo mientras vivía en Inglaterra. Nunca me había reído con alguien de esa manera. Kotoko era divertida, espontánea y llena de vida. Quizá nunca conocí esa faceta suya por tratar de hacerme siempre el insensible, en aquel entonces envidiaba a sus amigos, pues con ellos siempre se le notaba relajada y amena, deseaba que ella fuera así conmigo. El tiempo es sabio y me enseñó muchas lecciones, las cuales me han demostrado que con paciencia y tolerancia, puedo hacer que las personas, sobretodo ella, se sienta en confianza conmigo y pueda ser ella misma. Sin darnos cuenta llegamos a nuestro destino, estando con ella el tiempo puede pasar muy lento o demasiado rápido.
Ella se dirigió hacia el estacionamiento y aparcó en una plaza vacía. Se disponía a descender del auto cuando la detuve, ella mi miró extrañada pero sus ojos se abrieron como plato cuando saqué de mi chamarra el estuche donde estaba el collar que le había comprado, lo abrí y en su rostro se dibujó una enorme sonrisa.
—Es mi primer regalo oficial como pretendiente — le dije mientras sacaba el collar de la caja
—Es hermoso Naoki — se acercó — pónmelo.
—Impaciente muchacha — dije con un tono burlo, ella puso una mueca adorable — antes que todo, déjame mostrarte algo.
Le enseñé la rosa y entonces la abrí. Sonrío al ver que se trataba de un relicario, me lo quitó para observarlo mejor y vio la leyenda que tenía en la tapa. Su cara de confusión fue muy chistosa.
—¿Qué significa Naoki?
—Significa, el portador de este objeto nunca se casará – mentí
—¿Qué? – su cara se convirtió en una expresión de horror — toma, no lo quiero, yo si me quiero casar algún día — dijo frunciendo el ceño
—Es broma — le dije entre risas, le quité el collar de la mano — lo que en verdad dice es: yo amo lo que es capaz de ocasionarme tormento – le dije mientras se lo ponía en el cuello.
Ella me sonrió como entendiendo el significado de aquella frase. Terminé de colocarle el relicario cuando sentí un abrazo fuerte, le correspondí. Cerré mis ojos para disfrutar ese instante de intimidad entre ella y yo. Sin esperarlo, sus labios posaron en mi mejilla dándome un dulce beso. Se alejó y me miró con ojos brillantes llenos de felicidad.
—Gracias, es el mejor regalo del mundo.
Después de salir del automóvil, entramos a la casa de cristine. Era amplia y tenía un porche elegante, digno de una casa estilo greco romano, con pilares grandes y ventanas al frente.
En el interior todo era refinado, candelabros colgantes iluminaban la casa. Había una mesa amplia donde se encontraban numerosos platillos. Esperaba que la fiesta fuera algo formal, sin embargo, me sorprendió lo alegre que era. Habían alrededor de 20 personas más, entre japoneses y extranjeros.
Kinnosuke fue el primero que se acercó a saludarnos, nos invitó a pasar hacia donde estaban las demás personas. Una rubia alta de ojos celestes apresuró su paso hacia nosotros, recibiendo a Kotoko con un gran abrazo y me saludó a mí de la misma manera. Era extraño mantener este tipo de contacto de su parte.
—Naoki, ella es Cristine la novia de Kin chan — nos presentó Kotoko
—Mucho gusto, Naoki Irie para servirte, es muy bella tu casa. — le dije amablemente
—Adelante, siéntete cómodo, disfruta de la noche – me dio la bienvenida con una gran sonrisa.
Estábamos camino al buffet cuando Kotoko corrió hacia una mujer que se encontraba a un metro de distancia, era una muchacha de estatura baja, tez morena, cabello rizado que le llegaba hasta los hombros, dos ojos grandes y redondos color café, su complexión, era difícil de definir pues, a pesar de ser delgada, tenía un cuerpo en forma de reloj de arena.
Las dos mujeres se abrazaron sonriendo. Kotoko me hizo señas para que me acercara y obedecí.
—Naoki, te quiero presentar a la persona que me enseñó a cocinar un solo platillo sin enfermar a nadie, ella es Mariana González, mi amiga mexicana.
—Mucho gusto Naoki — me dijo la morena en japonés con un curioso acento
—Igualmente – le respondí
—Suficiente japonés. No sé decir más – dijo en inglés comenzando a reírse – es un placer por fin conocer al famoso Irie Kun
—¿Famoso? — miré a Kotoko
—Este… Mariana… — dijo nerviosa
—A cada rato me fastidiaba con sus historias y pensándolo bien tenías razón Kotoko — me miró de pies a cabeza, por un momento me sentí un espécimen extraño — está que se cae de…
—Que gusto me da verte mi adorada Mariana — interrumpió Kotoko, se vieron y comenzaron a carcajearse.
A pesar de que nunca haber asistido a una reunión tan animada como esta, no estaba incómodo. El ambiente era agradable y los divertidos comentarios y anécdotas que contaban los amigos de Kotoko eran entretenidas. En ese lugar no era el genio, sino una persona más, un nuevo amigo, lo cual me hacía sentir bien pues, en pocas ocasiones podía disfrutar de un ambiente así. Muchos me hablaban por el simple hecho de quien era, no veían en mi a nadie más que a la mente prodigio, al nieto político del CEO de Oizu Company.
Alguien se acercó al DJ y entonces un ritmo latino comenzó a sonar, identifiqué por el ritmo de los instrumentos de viento y percusión, se trataba de salsa.
Los latinos como balas se dirigieron a la pista de baile y comenzaron a moverse al ritmo de la música, con las manos agarradas, dando vueltas y dando pasos de baile que para mí eran elegantes y complicados.
Andrew que hasta ese entonces no lo había visto, se acercó a donde estábamos e invitó a Kotoko a bailar, mi sangre hirvió de celos cuando ella aceptó. El me miró de manera triunfante y por primera vez me sentí inútil, pues a pesar de todo lo que podía hacer, jamás había bailado de esa manera.
Los miré comenzar, era un ritmo lento pero sensual, el dirigió los pasos de Kotoko con mucha maestría, se notaba que habían bailado antes este tipo de música. Eran uno en la pista de baile y se miraban a los ojos como hablando sin palabras.
Solo pude verlos a la distancia pues mi humor se había vuelto negro tan solo al ver lo que ocurría, la camadería e intimidad con que bailaban. Tenía ganas de irme de la fiesta.
Mariana se acercó algo sudada por el esfuerzo físico.
—¿Celoso? — se sentó a mi lado
—¿Tu qué crees? — le respondí con sarcasmo
—Bueno genio, creo que debes comprender algo, ella sufrió mucho por ti, Andrew pasó con ella todas las etapas de depresión que tuvo, todas las recaídas que le ocasionaba escuchar tu nombre. Hace ratos te dije que eras famoso y si lo eras porque ella a pesar de todo, te amaba y no podía dejar de hacerlo. Siempre decía lo grandioso que eras. Para mí, eras un patán que solo jugó con sus tiernos sentimientos, pero ahora que los veo me doy cuenta de algo. — dijo mirándome a los ojos
—¿De qué? — pregunté curioso
—Que la amas mucho — dijo sonriendo — si tan solo le hubieras demostrado eso en aquellos días creo que no nos hubiéramos conocido. Te agradezco por haberle roto el corazón y permitirme ser su amiga.
—De nada — le dije con sorna
—No me mal interpretes — me sonrió — los japoneses y los mexicanos somos muy diferentes, ustedes son serios y a nosotros nos encanta la fiesta, ustedes son disciplinados y ordenados, a nosotros nos da un poco igual desgraciadamente eso. Pero hay algo que a pesar de nuestras diferencias culturales jamás van a cambiar, y es, la forma en que miramos a quienes amamos. La observas con mucha devoción y déjame decirte que a pesar de que ella en verdad se había enamorado de Andrew, jamás lo ha mirado de la forma en que te mira a ti.
—Y como me mira ella — no sabía si sentirme feliz o asustado, no entendía por qué me decía todo eso ella
—Te mira con ternura, con admiración, con deseo y amor al mismo tiempo. Ella a pesar de todo, a pesar que lo niega, estoy segura que sigue enamorada de ti. Vaya hombre, eres su primer amor, le rompiste el corazón y salió adelante. Si tu hubieras sido como antes, distante, frío y cruel, ella no te hubiera vuelto a ver jamás de esa forma aunque lo desearas. Fuiste muy inteligente al cambiar con ella.
—¿De verdad crees que ella me ama? — le dije con un tono de esperanza
—A juzgar por cómo se comporta a tu lado y todo lo que has tenido que soportar, yo creo que sí.
Me dedicó una sonrisa sincera y se alejó hacia donde los demás bailaban.
Las horas corrían y la fiesta seguía animada, el DJ comenzó a poner varios géneros de música y Kotoko me invitó a bailar, varios géneros, no sabía cómo hacerlo bien, solo me dejaba llevar por ella. Era la primera vez que bailaba de esa forma tan improvisada con alguien. Andrew nos veía con odio. Entre ratos el bailaba con ella y yo con otra persona, pero al final buscaba estar con ella.
La gente comenzaba a irse, pues algunos trabajaban al día siguiente. Quedamos pocos en la casa de Cristine. Ella nos invitó a pasar en la sala de estar y nos ofreció de varias bebidas alcohólicas. Había cerveza, wisky, tequila, ron, brandy y más. Todos comenzamos a charlar de todo un poco, sin embargo, mi preocupación comenzaba a aumentar al ver a Kotoko pues ella al principio bebía cerveza, pero poco a poco, probaba de todos los licores en diferentes formas.
Las botellas comenzaban a vaciarse y yo trataba de no tomar demasiado y comencé a enojarme con Andrew pues a pesar de que Kotoko ya se veía algo mareada, el seguía sirviéndole más. Quise detenerlo, pero Kotoko me detuvo en varias ocasiones pues decía que ella así tomaba alcohol de esa forma y que no me preocupara, que ella estaba bien.
Mi cabeza comenzaba a adormitarse y me di cuenta que estaba un poco ebrio, vi a Kotoko y estaba más alegre de lo normal. Su vaso lo agitaba de manera errática y sus palabras se escuchaban arrastradas por el adormecimiento de su lengua. Era hora de ir a casa o quizá se iba a emborrachar más y quien sabe que iba a pasar.
Me levanté de mi lugar, me dirigí hacia ella y le dije que era hora de irnos, que la llevaría a su casa. Andrew, completamente ebrio se levantó de golpe y con la voz ronca y pesada por el alcohol me dijo que me fuera al demonio, que él la iba a llevar, quiso darme un golpe, pero tropezó y cayó de bruces enfrente de mí. Era obvio que no era apto para cuidar a nadie en ese estado.
Dentro de los más sobrios estábamos Mariana, Cristine y yo. Les pedí que me indicara donde vivía Kotoko para que la llevara a su casa, pero recordé que no había traído vehículo, maldije por dentro el no haber previsto esto, sin embargo, Cristine me dio las llaves del mini cooper que le dio a Kotoko y me entregó un papel con la dirección de ella.
Por suerte sabía dónde quedaba, ya que era a una cuadra del conjunto de apartamentos donde me fui a vivir antes de casarme con Sahoko.
Ni en mis peores pesadillas había visto a una Kotoko tan ebria, su estado no se comparaba con la vez en que con un solo sorbo de sake se había embriagado hace ya unos años. Ella estaba prácticamente inconsciente.
La cargué en mis brazos para llevarla al carro, una vez ahí la acomodé en el asiento del copiloto asegurándola con el cinturón de seguridad. Me subí igual en el auto y lo arranqué para llevarla a su casa. Una vez ahí, la volví a cargar pues estaba dormida, o al menos así parecía. Busqué su departamento y lo encontré, sin embargo, su casa se abría con código y no sabía cuál era. Intenté adivinar entonces con la fecha de su cumpleaños y bingo, era la contraseña correcta. Era de esperarse de una mente tan simple como Kotoko. Después de que se le pase la resaca la voy a regañar por ponerle una clave tal fácil a su puerta.
Me dirigí a su cuarto y la puse en la cama, cuando estaba quitándole los zapatos ella se incorporó y me observó en silencio lo que estaba haciendo.
—Duerme un poco pequeña — le dije
—No quiero, deseo verte – me dijo con una sonrisa — continúa
La miré y le sonreí. Vaya, jamás pensé desvestirle de esta forma, bueno, si me había imaginado quitándole la ropa, pero en mis fantasías había velas, flores, no una Kotoko en un estado crónico de ebriedad.
—Eres muy bello – me dijo acariciando mi cabello – y muy guapo. A pesar de todo este tiempo no te pusiste feo, al contrario, eres un poco más apuesto
—¿Un poco? – pregunté fingiendo indiganción
—Bueno, mucho más… hermoso - dijo con una sonrisa
Terminé de quitarle los zapatos y la ayudé a acomodarse en la cama para que durmiera. La recosté sobre la almohada y ella me acarició la mejilla, nuestros ojos se encontraron y no pude apartar mi mirada de ellos, ya que, los de ella reflejaba un brillo hermoso, a pesar de todo, sus ojos me observaban con un brillo especial.
—Gracias por lo de hoy, fue especial para mí — le dije sonriendo
—Tú eres mi persona favorita en el mundo — me acarició la mejilla — gracias por estar a mi lado, por amarme de verdad.
—Kotoko…
—Me gustas — se tapó los labios y comenzó a reírse.
—Estás ebria pequeña, mañana te arrepentirás de haberme dicho esto — le dije queriendo apartarme de ella, pero ella me rodeó con sus brazos el cuello
—Los niños y nosotros los borrachos siempre decimos la verdad — dijo acercándome a ella — me gustas — repitió.
A pesar de que igual estaba un poco borracho, aún conservaba consciencia, ella me acercó aún más hacia ella y comenzó a besarme. Sus labios tomaron por sorpresa los míos y por una fracción de segundo no supe cómo reaccionar, sin embargo, me dejé llevar por sus dulces besos sabor a alcohol.
Nos hundimos en un beso profundo, donde aproveche a explorar su boca con la mía, a saborear sus labios en un beso que poco a poco fue subiendo de tono. Sus manos comenzaron a bajar por mi espalda, yo comencé a acariciar su cintura, besándonos con urgencia, con necesidad.
Ella comenzó a tratar de quitarme el suéter y la playera. Yo me separé un poco de ella para evitarlo, pero su rostro sonrojado y sus labios hinchados por los besos que nos dimos me hizo cambiar de idea y le ayudé con la tarea. Quedé con el torso descubierto, y sus manos recorrían mi espalda, haciendo que una corriente eléctrica atravesara mi espina dorsal.
Llevé mi mano arriba de su cintura hasta llegar a su seno, los acaricié a través de su ropa, la respiración de Kotoko comenzó a agitarse y a protestar con un poco del placer. Se incorporó y se quitó el vestido, dejando al descubierto su hermoso cuerpo y portando únicamente unas bragas de encaje color negro; se veía tan sensual con aquella prenda. Mi temperatura comenzó a subir y una zona de mi cuerpo protestaba al sentirse apretada en mi pantalón.
Tomé uno en mis manos jugueteando con su brote rosa con la punta de los dedos y el otro lo comencé a besar. Era lo mejor que había probado desde que comenzó mi vida sexual, ya que pareciera que su cuerpo estaba hecho a la medida de mis manos. Ella se arqueaba de placer mientras continuaba con mi labor.
Llevó una de sus manos a mi pantalón tratando de desabrocharlo de manera torpe, mi urgencia por estar desnudo ante ella me llevó a quitármelos lo más rápido que pude, dejando mi erección al descubierto. Ella lo vio y comenzó a tocarlo mientras yo sentía un placer indescriptible, me mordí el labio inferior para ahogar un gemido que comenzaba a emitir. Al bajar mi mirada noté que aún tenía las bragas puestas, por lo que me apresuré a dejarla totalmente desnuda para mí.
No me había dado que ella un tatuaje de un ave fénix en la parte derecha de su cadera, me sorprendió un poco pues, nunca imaginé a Kotoko llevando algo así en su cuerpo pero en ese instante me pareció lo más apetecible de mundo e hizo que comenzara a besarlo, mientras lo hacía, acariciaba su sexo, explorándolo y provocándole arcadas y gemidos de placer.
Con mis labios comencé a recorrer su abdomen para luego dirigirme a ese lugar entre sus piernas, besando y lamiendo lentamente mientras oía la respiración entre cortada de ella y ocasionándole gemidos mientras levantaba sus caderas. Pronunciaba mi nombre mientras yo continuaba besándole cada uno de sus pliegues. Cabe decir que sus muestras de placer, me hacían querer causarle más y más. Le acaricié, le besé hasta que ella llegó al clímax más de una vez.
Sin embargo, mi erección me urgía a adentrarme en ella, a sentir su carne húmeda y tibia rodear mi sexo. Pero al acomodarme para comenzar a hacerle el amor, me di cuenta que ella se había quedado dormida.
El verle así, me hizo entender que tal vez, a pesar de que lo deseaba con todas las ganas, ella estaba ebria y quizá si ella descubría que habíamos tenido sexo, se arrepentiría. Con la poca fuerza de voluntad que me quedaba, me incorporé, me vestí y busqué entre su ropa algo con que cubrirla. Encontré una bata rosa que tenía estampado un conejo blanco.
A como pude, le puse su ropa interior y la bata, la arropé y le di un beso y me fui al sofá para acostarme. Era como un Dejavú, excepto la parte que acabamos de pasar. Me recuerda cuando ella me siguió hasta donde vivía y nos quedamos juntos. Todo lo que desee hacerle esa noche, por poco lo cumplía hoy.
Su sabor aún seguía en mis labios, mi cuerpo me exigía que terminara lo que había empezado así que recurrí al arte de amarse a uno mismo para apagar un poco la pasión que sentía.
Tal vez, mañana terminemos lo que hoy empezamos, pues, aunque hoy tuve la oportunidad, quiero hacerlo con ella pero sobria, que ella este consciente de cada una de las sensaciones que puedo ocasionarle. Quiero hacer el amor con ella, pero prefiero que sea cuando ella esté en sus cinco sentidos.
ESTO ES TODO POR HOY, ESPERO ACTUALIZAR LO MÁS PRONTO QUE MIS ACTIVIDADES ME LO PERMITAN.
AGRADEZCO SINCERAMENTE, ANTES QUE TODO SUS REVIEWS Y A QUIENES QUIERAN SEGUIR ESTA HISTORIA. NO CREÍ QUE FUERA TAN LARGA PERO NI MODO, A VECES UNO PLANEA LAS COSAS DE UNA MANERA Y RESULTAN DE OTRA.
LOS AMO MUCHO. SUS OPINIONES SON IMPORTANTES PARA MI. 3
