Entre el amor y el deber
Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.
NdelA: ¡Nuevo capítulo! Bueno, la continuación del anterior, por lo que no será muy largo. Como ya les había mencionado, esta parte la quise poner por separado para tenerlos con el yisus in la maut. Espero que se logre el cometido. ¡Esta bueno! Con este iniciamos la parte final de la historia.
Como resumen les diré que Kuv Kuv se va a enterar de parte de la verdad en este episodio, el que viene va a encarar a Asami y habrá pelea. Me duele pensar en lo que nos espera la cosa.
Agradecimientos especiales a todos ustedes que se toman el tiempo de dejarme un review y leer mi historia. Aun no determinó cual será el final de este fic (entiendo a Asami, no sabría con cual de las dos quedarme).
Gaby, amor mío Baatar no es ningún blandengue es un buen amigo que busca hacer lo que cree mejor. Devil, espero te guste esta parte, viene con mucha acción y que bueno que nos regalas un nuevo capítulo de tu historia Korvira, es bueno tenerte de vuelta. The evil queen 777, tú si sabes... Yo también quiero eso, pero falta que Asami lo quiera también. River, me he reído mucho con tu comentario, jajaja, aún faltan más corazones por romper. Hanel Bluma, chica a ver que tal te agrada este capi, no es muy largo pero si intenso. Obini, por supuesto que nunca dejaría a mi Kuv sola, ni muerta la dejaría sola. L. Gllerz, me llenas de flores XD gracias, ojala este esté tan intenso para ti. Cosasmias, ¿korrasami? Todo depende de Asami y de si Kuv se deja que se la quiten. Tsunade, que bueno que te haya gustado me alegro mucho. Shane. Kstr, pondremos una velita para que Asami se nos decida por Kuv.
No me linchen por lo que va a pasar en este capítulo y en el siguiente. Van a ser muy de feels (espero). La furia de Kuvira va a salir a flote.
– o –
Se escuchó claramente cuando la puerta de su cuarto cerro, el golpe sonó tan fuerte que más de un pajarillo que andaba en el patio salio volante asustado con el ruido. La militar se había quedado plantada en el pasillo que daba a la habitación que compartía con su esposa. Por dentro se derrumbó, aunque permanecía de pie. Las cosas no debían ser así, se dijo, ¿Por qué cometí tal estupidez?
Sonaron algunos pasos detrás de ella pero no quiso voltear a verla, su perfume le llego a la nariz y supo perfectamente de quien se trataba al sentir ese aroma a rosas.
– Déjala que se calme un poco, ya hablaras con ella más tarde. – Suyin se aproximó hasta Kuvira pero permaneció a una distancia prudente, consciente de que no podía presionar demasiado a la militar a riesgo de que esta quisiera desquitar su enojo con ella.
– Acabo de arruinar mi matrimonio por un desliz contigo. – Dijo con algo de rabia. – No puedo perder a la persona que más amo por esto. Suyin, lo nuestro termino porque tú así lo decidiste, no vengas ahora a revolver mi mente y mi corazón cuando este ya le pertenece a alguien más. Limitemonos a una relación de trabajo únicamente. – Se quitó el cabestrillo aventando la tela contra el suelo. No mas consentimientos, no más autocompasión, tenía que ser firme.
– Dejare pasar esas palabras porque en este momento estas alterada, tu también necesitas calmarte. Hablaremos cuando estés más relajada. – Antes de que Kuvira pudiera responderle, la matriarca se retiró del lugar.
La militar se quedo a solas. ¿Qué hacer? ¿Iba a insistir con Asami? Pero si lograba hacer que la escuchara, ¿Qué diablos era lo que iba a decirle? ¿Qué era una estúpida, una idiota por haber hecho lo que había hecho? ¿Con que cara podía plantarse delante de su esposa y decirle que todo lo que le había dicho esa mañana era verdad cuando horas después la encontrara besándose con otra mujer?
Regreso a su despacho y se desplomó en su silla frente al escritorio. Algo tenía que hacer, por lo pronto, a pesar de ella misma, tendría que seguir el consejo de Suyin, esperaría hasta que su esposa estuviera más calmada.
Se levantó yendo hasta la vitrina de su padre y tomó una botella de licor. La abrió le dio un trago directo de la botella. La amargura y el calor bajaron por su garganta y al final decidió volver a dejarla donde estaba. Salio de su despacho dirigiéndose a las caballerizas.
– o –
Baatar y Korra llegaron al pueblo a galope, pero antes de entrar el de gafas se detuvo de golpe y cambio el rumbo de sus pasos. La morena apenas pudo hacer el cambio de trayecto y su caballo casi se vuelca cuando ésta jalo las riendas de forma brusca.
– ¿Qué rayos es lo que haces? – Preguntó a los gritos Korra bastante molesta.
– Llegaremos por separado, no es prudente que nos vean llegar juntos. – Le contesto deteniéndose levemente. – Yo entraré primero al edificio y tu me seguirás unos minutos después. – Se echó a andar nuevamente dejándola atrás.
La morena tomó el sentido contrario, llegaría a las oficinas del administrador por la calle de abajo, un camino más largo, pues la ruta que había tomado el capitán Beifong lo conduciría por la calle principal. Aprovecharia este respiró para tratar de buscar refuerzos, esperaba que a estas alturas su padre estuviera enterado y trajera ayuda.
Se tardó un poco en llegar al lugar. Llevo su caballo a una posta y lo amarró. Observó que Baatar ya estaba en el interior del edificio, su caballo estaba en el frente. Había gente que entraba y salía aunque no era demasiada. Avanzó y entro al edificio evitando el contacto visual con las otras personas.
Subió las escaleras y al inicio del segundo piso el militar la estaba esperando.
– Tardaste demasiado. – Le reprendió el capitán.
– Había demasiadas personas en la entrada. – Se excusó. – ¿Qué haremos ahora? – Miró al otro buscando una respuesta, hasta ahora el tipo no le había revelado cuales eran sus planes, todo lo iba haciendo al instante.
– Entraremos los dos a la oficina de Hiroshi. Ven. – Comenzó a andar por el pasillo a paso decidido.
La morena se sentía inquieta con todo eso, tenía un mal presentimiento, no le gustaba nada lo que Baatar estaba haciendo, ir en ataque frontal contra el administrador no era lo más sensato. El maletín con los papeles iba de la mano del Beifong y pudo apreciar que su revolver estaba en su espalda, trataría de recuperarlo en cuanto pudiera, así como los papeles. Detestaba no poder tener el control de la situación.
Llegaron hasta la entrada a la oficina, la secretaria estaba al frente y los detuvo.
– Señor Beifong, ¡Buenas tardes! – El chico hizo una reverencia y sonrió como un conquistador, Korra se quedo con cara de interrogación al ver la interacción entre ellos.
– ¡Buenas tardes Ginger! – La mujer le devolvió el gesto coqueteandole, era evidente que estos dos habían estado haciendo migas últimamente.
La pelirroja era una mujer bastante atractiva, con curvas voluptuosas, labios carnosos y unos ojos bastante seductores. Una joya que adornaba el despacho de ese miserable.
– ¿Qué lo trae por aquí amable caballero? – Le guiñó un ojo.
– Asuntos de negocios lastimosamente, aunque creo que quizás después usted y yo podamos salir a dar un paseo, eso haría que el viaje hasta aquí valga la pena. – Korra quería vomitar, ver a el capitán en plan de don Juan se le hacía bastante pesado. – ¿Esta el Sr. Sato?
– Ha estado aquí desde la mañana que regreso del ayuntamiento. Creí que usted vendría con él. – La cháchara insulsa de esos dos la estaba sacando de quicio, si por ella hubiera sido habría entrado derribando la puerta y apuntando su pistola.
– ¡Oh, no! Tuve otros asuntos que atender, pero ya estoy aquí. ¿Podemos pasar a verlo? – Baatar se había acercado la chica lo suficiente para hablarle casi al oído y le susurro algo.
– ¡Capitán! Pero que cosas dice, jijiji. – La tipa se rió colocándose una mano sobre la boca. – Permiteme anunciarlo.
El de gafas se apartó y dejo pasar a la mujer a la oficina donde seguramente el administrador estaría trabajando.
Korra miró a Baatar con cara de incredulidad por lo que acababa de hacer.
– ¿Qué? Yo también tengo mi encanto. – Se río a carcajadas y Korra solo lo ignoró.
Hasta ese momento reparo en su alrededor, era la primera vez que visitaba ese lugar. No era muy común que los de la hacienda vinieran aquí, si acaso su padre, como capataz, lo había hecho cuando entregaba algún informe de las cosas en la hacienda, pero usualmente eso lo trataban en la casa Mayor.
Las paredes estaban revestidas con paneles de madera y papel tapiz con un diseño muy sobrio y seco, en tonos caoba y rojizos. En cierto modo hasta la secretaria era parte de la decoración.
La pelirroja salió casi enseguida y les dio el paso.
– Adelante. – Abrió la puerta y Baatar cruzó primero, la morena le siguió pero antes de que ella cerrará la puerta pudo ver como la entrada principal se abría para dar paso a un viejo conocido de largos y delgados bigotes.
– o –
Tonraq y los hermanos, llegaron al pueblo enfilandose a las oficinas del administrador. Sin embargo la calle principal estaba bloqueada por soldados de la guardia local. Los tres se miraron con recelo, algo estaba pasando y no les gustaba nada como pintaba todo. Mako en calidad de teniente se acercó a los soldados que estaban apostados bloqueando el paso.
– ¡Hey! ¿Qué es lo que está pasando aquí? – llamo enseguida dirigiéndose al más próximo que estaba lejos del resto de los soldados.
– Teniente, – el tipo se cuadro al verlo, – fuimos requeridos para mantener esta área segura.
– ¿Quién dio la orden? – El hermano mayor deseaba escuchar el nombre de Korra, que la chica hubiera dispuesto esto para la captura del infame administrador.
– No lo sé, pero el teniente Sao es a quien se le dio la indicación. – Mako se sorprendió al escuchar el nombre, el teniente Sao era uno de los hombres de confianza de Baatar, un soldado de la capital.
– Pero él no tiene jurisdicción aquí. – El soldado frente a él se encogió de hombros.
– Discúlpeme teniente pero solo seguimos ordenes de un superior, usted, su hermano y la jefa de la guardia deben ser detenidos. – Hizo el amago de querer sacar su pistola pero Mako se le adelanto soltandole un golpe a la mandíbula que lo hizo caer inconsciente.
Llamo con señas a su hermano y a Tonraq que acudieron a él de inmediato y juntos arrastraron el cuerpo del soldado a un rincón en la calle acultandolo de la vista del resto.
– ¿Qué fue eso? – Bolin estaba nervioso se preguntaba que era lo que estaba pasando para que Mako atacará así a un compañero.
– No lo sé, pero le han puesto un precio a nuestra cabeza y a la de Korra. No podemos permitir que nos vean o nos detendrán. – Le quitó sus armas al soldado inconsciente y fueron a buscar la manera de llegar al despacho del administrador por otro camino.
– o –
Un hombre a caballo llego corriendo a todo galope a la casa Mayor, vestía un uniforme de la guardia y buscaba a la dueña de la hacienda. Rápidamente uno de los mozos fue a notificarle a Kuvira de la llegada del soldado. Ella se encontraba cepillando su caballo en las caballerizas, de inmediato dejo lo que estaba haciendo y salió al encuentro del hombre a caballo.
– ¿Qué es lo que sucede soldado? – El tipo se apeó del animal y saco una carta de su chaqueta entregándosela a la comandante.
– El teniente Sao le envía esto por ordenes del capitán Beifong. – Dijo el soldado y Kuvira rompió el sello para leer el contenido.
Leyó el documento quedándose atónita con lo que allí decía.
– ¿Por qué diablos quiere mi capitán detener a mi jefa de la guardia y sus hombre? – El soldado no supo que contestarle y tembló ligeramente al ver la cara de ira de la comandante.
– El teniente Sao recibió la orden, el capitán pidió que se diera aviso a usted y se procediera a la detención de los implicados. – Kuvira arrugó el papel entre sus manos y grito pidiendo su caballo.
– ¿Donde esta el capitán? – Preguntó casi escupiendole en la cara al pobre hombre enfrente de ella, que recordó aquello de que es el mensajero el que muere cuando entrega una noticia que es adversa.
– En el pueblo, el teniente ordenó rodear el edificio donde están las oficinas del señor Sato. – Uno de los mozos de cuadra se acercó entregándole las riendas de su caballo a la dueña y esta montó el animal.
– Entonces vamos para allá. ¡Arre! – El soldado la siguió detrás y partieron tomando el camino al pueblo.
– o –
– ¡Señor Beifong bienvenido! ¿A qué debo el honor de su visita? Y no viene solo. – La cara de Hiroshi cambio a una de desagrado cuando vio que la morena acompañaba al de gafas. – Pasen, tomen asiento. – Señaló las sillas delante de su escritorio.
– Señor Sato, sabe que no me gusta andar con rodeos así que iré directo al grano. – Baatar arrojó el maletín sobre la mesa y puso el arma de Korra a un costado. Tanto la morena como el administrador miraron nerviosos los movimientos del militar.
– ¿De qué se trata todo esto? – Preguntó sorprendido y se paso la mano por el espeso bigote ajustándose las gafas también.
– Me temo señor Sato que aquí la jefa de la guardia lo está acusando de fraude y malversación de fondos, así como abuso de poder y privación ilegal de la libertad. ¿Qué tiene que decir a todo eso? – La piel del administrador se puso completamente roja de la rabia contenida en ese momento y miró con ojos de asesino a la morena.
– ¿Clase de calumnia es esta? – Azotó las manos sobre su escritorio. – ¡Como se atreve a acusarme de tales cosas!
– De acuerdo a las pruebas presentadas por mi colega de armas, usted ha estado robando dinero de la fortuna de los Earth. – Baatar saco algunos de los documentos del maletín y se los aventó al administrador.
– Esto bien puede ser falso, cualquiera con acceso puede falsificar estos papeles. – Dijo al tiempo que revisaba cada una de las facturas.
– ¡Usted sabe que son reales! – Se defendió Korra. – Acepte sus delitos.
– ¡Maldita india! – Escupió con desprecio. – Capitán Beifong esto no es más que una calumnia inventada por esta... Esta... Esta usurpadora. Lo único que quiere es destruirme y poder llevarse a mi hija. – Contraatacó el administrador.
– Calmemos los ánimos. – Intentó poner orden el militar.
– ¿Calmar los ánimos? Esta perra despreciable viene a mi cara a culparme cuando es ella quien esta inventando todo esto. Lo único que busca es venganza y no va a detenerse hasta separar a mi hija de la señora Kuvira y matarla, porque los de su clase no atienden a otra forma. ¿Acaso no le ha dicho ya que es la hija del capataz? – Acusó señalando con el dedo a la morena.
– Me lo ha dicho. – Cruzó las piernas, recargando su espalda en el respaldo de la silla. – Y por ello tendrá que responder a las autoridades.
La sangre de Korra hervía con las vanas acusaciones del administrador y la amenaza latente de su detención por parte de Baatar, ya no podía seguir con la falsa calma que el militar estaba tratando de imponer. Saltó timando su pistola del escritorio y apuntó con ella a Hiroshi.
– ¡Lo ve! – Dijo echándose hacia atrás en su asiento intentando poner distancia entre el arma y él.
– ¡He pedido que guardemos la calma! – El militar saco su revolver y apuntó con él a la sien de la morena que no se inmutó.
– ¿Calma? ¡Guárdala tú si tanto quieres! Pero a esta víbora venenosa la voy a matar yo. – Quitó el seguro del arma y se oyó un disparo.
Baatar la golpeó con la culata de su revolver y el tiro salio hacia un lado del administrador que se cubrió el cuerpo. La morena cayó sobre el escritorio con una herida en su cabeza de la que comenzó a brotar sangre.
A partir de allí sus recuerdos fueron borrosos, escucho un grito y más disparos.
– o –
Hiroshi vio su oportunidad cuando Korra fue golpeada por el capitán. Como si de cámara lenta se tratara, agarró la pistola que la morena soltara después de lanzar un disparo que pasó rozandolo sin hacerle daño. La alzó y sin pensarlo dos veces disparo al cuerpo de Baatar, quien salto hacia atrás con el impulso de la bala rompiendo su carne, una serie de disparos más salio de ambas armas. De la pistola de Baatar, una bala rozó el cuerpo de Korra y las otras se perdieron en el cuarto. Del arma que tenía Hiroshi, dos balas impactaron en el cuerpo del militar y el resto encontraron un sitio en la pared.
El teniente, el secuaz de Hiroshi abrió la puerta con su revolver en mano pero antes de que pudiera entrar Mako apareció en la habitación y le disparó al tipo que apenas alcanzó a echarse para librar el disparo.
– o –
Mako y Tonraq lograron entrar al edificio de dos plantas donde estaba la oficina. Habían podido burlar la vigilancia que estaba en el frente y se escabulleron por la puerta trasera. Subieron las escaleras, estaban a unos pasos cuando escucharon un disparo seguido de un par más.
De una patada Mako irrumpió en el lugar y con su pistola disparo al tipo de bigotes que se tiró al suelo cubriéndose. Tonraq vio a su hija tirada en el suelo con sangre a su alrededor, junto a ella estaba el chico Beifong.
Más disparos salieron del arma que tenía en sus manos el administrador y una de ellas rozó el costado del hombreton. Mako apuntó e hirió a Hiroshi en el hombro y cayó detrás de su escritorio.
Entre los dos tomaron el cuerpo de Korra y buscaron salir de allí, pues seguramente la guardia estaría por llegar alertados por el sonido de las balas.
Cuando salieron al pasillo un par de soldados venían subiendo las escaleras, con sus fusiles abrieron fuego y tuvieron que detenerse en seco, las astillas de la madera donde impactaron las municiones brindaron sobre ellos. Mako apretó el gatillo y uno de ellos salio fuera de combate. Tonraq se metió dentro de un cuarto y Mako atrancó la puerta con un mueble para impedirles el paso.
– ¡Tenemos que salir de aquí! – Gritó el capataz. El chico de ojos ambarinos fue hasta la ventana y chiflo.
Al poco tiempo su hermano Bolin llego hasta ellos con los tres caballos donde venían. Mako brincó sobre su caballo amortiguando su caída pero al final se estampó en el suelo. Se levantó rápidamente con ayuda de la adrenalina y pidió con señas a Tonraq que el hiciera lo mismo.
Los soldados estaban por derribar la puerta, el capataz dejo caer a su hija y Mako la atrapó en el aire. Korra reaccionó levemente abriendo los ojos parpadeando pesadamente. Al fin tiraron abajo la puerta y en el último segundo Tonraq salto también y los caballos partieron a todo galope atropellando a su paso un par de hombres curiosos que estaban contemplando la escena.
– o –
La comandante había llegado al pueblo con el otro guardia, ambos se dirigieron a la calle principal donde estaba la improvisada barricada del ejército a una calle de las oficinas. Un hombre se acercó a ella en cuanto la vio.
– Comandante. – Hizo un saludo militar. – Esto es para usted, el capitán Beifong pidió que se le entregara personalmente. – El tipo extendió la mano y le dio un sobre con el sello de la familia de su amigo.
De él salieron dos hojas, una era una nota con la letra de Baatar y otra con la letra de Korra. Leyó primero la que tenia la letra de la jefa de la guardia.
"Asami, mi rayo de luna, necesitamos vernos mañana al mediodía en el campo de flores, tenemos que hablar. Te estaré esperando. Korra."
Cambio a la otra nota y leyó lo que su amigo había escrito en ella.
"Kuvira, he descubierto que Korra no es quien dice ser, además de mantener alguna especie de relación con tu esposa. Haré todo en mis manos para esclarecer este asunto. Baatar."
– ¡¿Pero que demonios significa esto?! – Estrujo con sus manos ambas notas y justo en ese instante se oyó un disparo que provenía del interior del edificio.
Todos los que estaban allí corrieron hacia el origen del sonido. Kuvira saco su revolver y con algunos soldados por delante irrumpieron en el lugar.
Ya en el interior escucharon otras detonaciones más y un par de soldados subieron las escaleras principales, hubo intercambio de disparos y los dos cabos que iban al frente cayeron en el combate. La comandante apoyo a los que le siguieron y alcanzó a ver a Mako entrar en uno de los cuartos del piso. Corrieron hasta allí y un par de soldados comenzaron a patear la puerta para tirarla abajo. Kuvira los dejo y fue con otro puñado de hombres hasta la oficina del administrador.
Entro apuntando en lo alto su arma y solo pude ver a la secretaria hecha un ovillo en un rincón. La puerta de la oficina interior estaba entre abierta, con sigilo se acercó y al entrar vio a su amigo tirado en un charco de sangre.
– ¡Baatar! – Se arrodilló junto a él y tomó su pulso. Estaba muerto. Escucho un ruido y rápidamente levantó su arma apuntando a un hombre de largos bigotes.
– ¡No me dispare! – Dijo el hombre alzando las manos.
– ¡¿Qué demonios paso aquí?! – Lo amenazó aún con el cuerpo de su amigo en su regazo pero el tipo no supo que responder y se quedó callado.
– ¡Ha sido la maldita Korra! – El administrador se levantó con trabajo del suelo y el hombre de bigotes fue a socorrerlo. – Ella lo ha matado y casi me mata a mí también.
Kuvira miró a su suegro herido del hombro de donde sus ropas estaban teñidas de sangre. Sato le señaló un arma encima del escritorio. La comandante se irguió y lo tomó reconociendo enseguida a quien pertenecía esa pistola.
Algunos soldados aparecieron por la puerta del despacho.
– Los que asaltaron este lugar lograron escapar. Ya ordene a una partida de hombres que los persiguieran. – Sao le dijo cuando entro a la oficina.
– ¡¿Quiénes eran?! – Gritó, pero ella ya sabía la respuesta.
– La jefa de la guardia, el teniente Mako y el cabo de primera Bolin, asi como el capataz de la hacienda Mayor. – Cada nombre fue como un clavo al rojo sobre su alma. ¡Traición!
– ¡Traidores! ¡Quiero su cabeza! – Miró el cuerpo sin vida de su amigo y la sangre que pintaba su ropa. – ¡Vivos o muertos! No me importa. – Pronunció con ferocidad.
– ¡Así será comandante! – El teniente Sao salió de la oficina dando algunas indicaciones.
– Usted está detenido y tendrá que dar su declaración. – Dijo la comandante señalando al tipo de bigotes quien miró con súplica al administrador. – ¡Arrestenlo! – Un par de soldados lo agarraron aunque quizo poner resistencia.
– Ese hombre es mi escolta personal, el estuvo aquí ayudándome cuando esa me atacó. – Hiroshi intervino por él.
– Aún así será llevado a los separos para que rinda su testimonio. – Hizo una seña y los guardias se llevaron al hombre. – Usted y yo vamos a hablar ahora. – De uno de sus bolsillos saco las dos notas que dejará su amigo para ella antes de morir.
El administrador las leyó. Iba a hablar pero en ese instante la doctora Kya junto con otra persona arribaron a la habitación y socorrieron al lesionado hombre y checaron los signos del que yacía en el suelo.
– ¡Esta muerto! – Dijo con rabia. – Salgan de aquí. Necesito hablar con él antes de que le puedan atender. – Ninguna de las dos se movió. – ¡Qué salgan he dicho! – Exclamó y ambas tuvieron que dejar la oficina.
– Señora Kuvira, yo se lo advertí, que ese maldito animal que era su protegida no era de fiar. – La comandante cerró el espacio entre los dos y con su mano apretó el hombro herido haciendo que Hiroshi se retorciera de dolor.
– ¿Usted sabia quien era Korra? – El hombre asintió, su cara estaba empapada en sudor. – ¿Quien rayos es Korra y por qué no dijo nada? – Oprimió una vez más haciéndolo gritar.
– Es... Es la hija del capataz. – Respondió entre jadeos. – Me amenazó y golpeó para que no hablara, el primer día que llego a la hacienda.
La militar recordó como su suegro había alegado que había sido una caída de un caballo o algo así.
– Sí, recuerdo ese día. – Dijo y lo dejo seguir hablando.
– Ella venía con el propósito de llevarse a mi hija. – Kuvira agarro su cuello ejerciendo presión en la garganta del administrador.
– ¿Por qué haría algo como eso? – ¿Es que acaso ella era...?
– No iba a permitir que esa mujer rompiera el compromiso que mi hija tenía con su padre y después con usted. – Apretó el agarre en el cuello.
– ¿Usted mando a matarla? – El administrador negó con la cabeza y con una de sus manos trato de alejar la tenaza que mantenía la militar sobre él.
Al fin lo soltó y Sato tosió gravemente.
– ¡Claro que no! Sólo ordene que la mantuvieran fuera de la hacienda. Si algo paso después no es mi responsabilidad. – Kuvira golpeó la quijada de su suegro.
– ¡¿Sabe usted que hizo infeliz a su hija?! – Le espetó en la cara.
– Solo hice lo necesario para proteger a mi hija de una mala decisión. Ellas dos no tenían ningún futuro, en cambio usted era todo los contrario. Solo me asegure de que tuviera el mejor partido. – Hizo el amago de volver a golpearlo pero no lo hizo. Aunque le costara, entendía las razones del administrador.
Kuvira volvió a tomar las notas, llamo a algunos soldados que esperaban afuera y les pidió llevarán el cuerpo del capitán para ser dispuesto. Guardo la pistola de Korra haciendo un juramento en silencio, que con esa misma arma con que cegara la vida de su amigo, acabaría con la vida de la morena. Salió del despacho dejando atrás a su suegro y a las que entraron a darle los auxilios.
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