Hola, ya les traje su capitulo.
Lamento la tardanza, pero creo que los próximos los subiré mas rápido (creo) jajdajjdjs
Me quedó un tanto cortito pero es lo que hay, perdon.
Gracias por sus reviews, me ayudan a motivarme mas :)
Respondí uno pero no se si le habrá llegado la respuesta que le di, no se utilizar mucho esta pág, pero espero que esa personita me lo confirme si le llego o no.
Sin mas, el capítulo.
Corría y corría, sintiendo el peso de su cuerpo cada vez más. El uniforme comenzaba a apretarle y su cuerpo comenzaba a calentarse tras la actividad. El chirrido de sus zapatos contra el suelo de cerámica sonó por todo el pasillo cuando dobló a una velocidad demasiado imprudente, pero poco le importaba. A lo lejos, al final del largo y transitado pasillo, logró ver la mirada de su amigo y se conectó apenas unos segundos con la propia.
"Te encontré".
Ahora, caminando entre los demás estudiantes, se encontraba dirigiéndose hasta donde momentos antes estuvo quien buscaba, pero este huyó, dejándolo nuevamente al acecho de su presa.
"Maldito Asahi, ¿Cómo lo hace?".
Subiendo las escaleras lo pilló. Logró ver su largo cabello perderse mientras subía escalón por escalón. Suga no se quedo atrás, ya aburrido del estúpido y prolongado juego del gato y el ratón – que duró aproximadamente 3 días –, corrió y subió los escalones de dos en dos, llegando al segundo nivel con Asahi a unos pocos metros adelante. Lo encontró caminando lentamente, tratando de pasar desapercibido, pero poco lo lograba, ya sea por su inusual cabello y su gran estatura.
- Oye, cobarde – Le llamó a sus espaldas. Asahi solo brincó un poco del susto.
- Suga-san… - Sonrió nerviosamente.
- Te doy diez segundos para que me cuentes lo que pasó entre tú y Nishinoya.
- Este… si, te lo prometí, pero ahora no puedo decírtelo.
- Bueno – La cara de Asahi demostró un poco de sorpresa, ya que durante los últimos días Suga había estado un tanto insistente respecto a lo que ocurría con él y Noya, y ahora venia y parecía resignarse a indagar mas en el tema – Mira, me preocupan, no es normal que discutan, no me gusta verlos así, y si quieres que nadie sepa algo sobre eso, será mejor que lo arreglen. Ya viste como Daichi el otro día se percató de que algo pasaba entre ustedes dos, y hasta creo que alguno de los chicos. No quiero entrometerme, pero ten eso en cuenta – Soltó lo que tenía guardado desde hace unos días.
- Ya veo… gracias – Su mirada era seria y melancólica.
- ¿Qué pasa, grandulón? – Golpeó su hombro un tanto fuerte, dándole ánimos – Todo se arreglara – una leve sonrisa apareció en el rostro de Asahi.
- Eso espero. Solo te puedo decir… - Miró al suelo – que lastimé a Noya – Entrecerró sus ojos.
- Entonces él es el enojado en esta discusión.
- Si. Yo cause esto, es mi culpa – Soltó un suspiro – Pero, lo arreglare – Sonrió confiado.
- Así se habla.
Sentía su rostro arder y unos pequeños escalofríos en su espina dorsal, dejándole a la vez la piel de gallina. Solo atino a desviar la mirada hacia sus cosas y fingir que buscaba algo.
"¿Serán duros?"
Por el rabillo del ojo veía hacia su derecha el un tanto grueso brazo de Daichi. Era igual al color del resto de su cuerpo, y le seguía su abdomen, y su ancha espalda. Los músculos se le marcaban levemente cada vez que hacia fuerza o agarraba alguna prenda de vestir, creando más interés del necesario en Suga.
Soltó el aire de sus pulmones lo más silencioso que pudo, creyendo que si le escuchaban le pillarían observando a su capitán con otros ojos.
No estaba acostumbrado a eso, claro que no, menos con Daichi. Cuando creía que solamente era una leve atracción se equivocó, porque realmente era un gran interés que tenia hacia su amigo y compañero. No quería aquello, era su amigo y sentía que estaba sobrepasando la línea que mentalmente se había propuesto para evitar cualquier interés sexual. Ya había disfrutado y fantaseado lo suficiente con alguno que otro compañero de equipo, y pronto olvidaba aquel momentáneo deseo, pero con Daichi era diferente, aún estaba en su mente, aún cuando creía que ya no le vería más con otros ojos, pasaba esto.
Allí estaba de nuevo, mirándolo. No pudo evitarlo, su mirada se dirigió hacia él sin su consentimiento. Solamente echaría un último vistazo indiscreto.
Aquel color seria su favorito. Era café claro, casi moreno pero más blanco. Nunca pensó que el color de piel de una persona influyera tanto en su atractivo. Sabía que no era un color demasiado inusual, casi era del mismo color de él, pero pensaba que se veía bastante bien en Daichi. Le daba cierto toque varonil y sexy.
El sonido del cierre del pantalón de su amigo alertó sus sentidos, prestando mucha más atención en él. Deslizó su prenda y cayó al suelo, dejándolo con la parte inferior de su cuerpo semi-desnudo. Sus piernas se veían un tanto tonificadas y fuerte, y lo que aumentaba su atractivo – según Suga – era la leve población de vellos, de color oscuros. Faltaba comentar acerca del bóxer negro un tanto ajustado, que marcaba bastante bien su parte frontal y su trasero, aun cuando la camiseta cubría parte de su retaguardia, se veía respingado.
"¿Sus piernas serán duras?".
Sacudiendo su cabeza levemente, cerró su bolso y salió del salón esperándolo afuera. Ya estaba comenzando a sentir más calor de lo normal y no hacía falta hablar acerca de la media erección que tenía en sus pantaloncillos. Si tan solo se excitaba mirándolo aún con ropa interior, no quería ni pensar que le ocurriría si le viera desnudo, aunque más de una vez tuvo esa fantasía en su mente, pero verlo es muy diferente a imaginárselo.
- Suga – Daichi llamó su atención al salir del salón - ¿Vamos?
- Ya.
- Oye, ¿mañana tienes planeado hacer algo?
- No. ¿Por qué? – Le causó interés la pregunta.
- Es que… para estudiar, podríamos hacerlo mañana.
- Ah, eso. Sí, claro – Asintió.
- Bueno, ¿en mi casa?
- Si no tienes problemas – Se levantó de hombros.
- Por supuesto que no – Sonrió a Suga – Mañana a las 3pm.
- Bueno.
La invitación de Daichi había quedado en su mente durante un buen rato, aun cuando estaba jugando voleibol. Y es que le había pillado desprevenido, mas cuando lo invitó mientras pensaba en su cuerpo, casi creyó que le descubrirían.
El resto de la tarde fue solamente para agotarse. Además del cansancio físico estaba el – si se podría decir así – psicológico, por sus dos amigos que aun seguían molestos entre sí pero en menor grado. Ya si quiera se hablaban pero no ocultando las frías y cortas palabras del líbero hacia el as, lo que le daba un poco de pena a Suga. Confió en las palabras de Asahi respecto a la situación, había dicho que arreglaría lo que sea que estaba ocurriendo entre ellos, por lo que dejó de preocuparse tanto. Si Nishinoya estaba enojado, habría una razón por ello, así que supuso que Asahi se tenía merecido ese trato tan frio y casi indiferente. Solo esperaba que Daichi no le preguntara acerca del tema, ya que no le diría la verdad.
Con sus manos arreglando su cabello se echó una última mirada al espejo, se veía bien, aunque eso poco le importaba. Se despidió de su madre recordándole que iría a casa de Daichi, se lo había mencionada la noche anterior.
Eran las 2:45pm. Por lo que apuró el paso, aun cuando sabia que daba igual llegar un poco tarde, no era una cita. Rió por dentro ante la idea. Aún siendo un pensamiento que le causaba gracia, también lo puso nervioso inconscientemente, casi mintiéndose a sí mismo de que realmente era una cita. Sacudió su cabeza. Daichi era su amigo, y ni si quiera sentía algo especial por él, no porque observes a alguien de manera sexual significa que te gusta.
Cuando recibió el saludo de la madre de Suga un cálido sentimiento le nació, casi como si fuera su madre. Habló unos momentos con ella acerca de él, sus estudios, el club de voleibol, y luego de ella, su empleo, su salud. Minutos después le mencionó que Daichi estaba en su cuarto.
Subió a su habitación. Tocó dos veces la puerta, y con unos segundos de transcurso la abrieron.
- Suga – Tenía cara de sorpresa – Pensé que llegarías mas tarde.
- Oye, no soy impuntual – Golpeó su hombro entrando a la habitación. Escuchó el quejido de su amigo a sus espaldas.
- ¿Empezamos?
- Si.
Debían estudiar matemáticas. Si bien el que necesitaba más ayuda en la materia era Daichi, igualmente ayudaba a Suga a reforzar sus conocimientos, como dicen; "mas aprende el que enseña". Y no mentía al decir que Daichi era quien más necesitaba ayuda, ya que él se encontraba en su móvil mientras que su amigo aun continuaba resolviendo un problema.
Su vista se desviaba de vez en cuando a Daichi. Se notaba lo frustrado y confuso que estaba, sus ojos iban de su cuaderno al libro de matemáticas, tratando de sacar información de los problemas de ejemplo, buscando la falla del desarrollo de su ejercicio. Más de una vez pasó por su mente ayudarle pero no lo haría hasta que su amigo se lo pidiera, y sabia que eso pasaría cuando estuviera al borde de la desesperación, y aun faltaba tiempo para que eso ocurriera. El ceño fruncido y su mirada casi molesta le causaban gracia, provocando que no pudiera despegar su vista del espectáculo, dejando su móvil de lado. Afirmó su cabeza en su mano derecha, poniéndose cómodo para mirar a su amigo que se encontraba frente a él.
Daichi mordía su labio inferior, dejando ver un poco sus paletas blancas haciendo contacto con la piel de su labio. Inconscientemente Suga abrió su boca, como si él también deseara morder su labio propio o el de su amigo, no lo sabía. Lo vio soltar un suspiro levantando los restos de goma que quedaron al borrar. Sus miradas se encontraron. Se alertó de su descuidada observación, creyendo que le descubriría mirándolo de una manera poco común. En la vista de Daichi había una leve pisca de suplica y resignación.
- Suga… ¿me ayudas? – Parecía que le costó decirlo – De verdad lo intenté, pero no pude – Creía que el peli plateado lo regañaría por rendirse.
- A ver – Con una sonrisa se puso de pie y caminó al lado de él. Daichi solo tenía los hombros y la cabeza baja, resignado – Mira – Su dedo se dirigió a una parte del cuaderno de su amigo, indicando un paso erróneo en la forma de resolver el problema.
- ¿Qué hice mal ahí? – Lo miró hacia arriba.
- Cuando el numero imaginario esta elevado al cuadrado se convierte en negativo.
- ¿Estas bromeando?
- Lo sé, te equivocaste en algo insignificante, pero que cambia por completo el resultado – Golpeó su hombro comprendiéndolo.
- Gracias.
Daichi continuó resolviendo el problema mientras Suga tomaba asiento nuevamente, para continuar observándolo, aunque ahora tenía una cara más relajada y serena. Pronto terminó y dio aviso a Suga, dándole su cuaderno. Lo revisó y comparó con el desarrollo que tenía en su propio cuaderno, dando el mismo resultado.
- Está bien – Sonrió orgulloso Suga a Daichi, devolviéndole el cuaderno.
- Bien – Se estiró un poco en su asiento – Me hice problemas por puros detalles.
- Pero ahora sabrás en que partes tener cuidado.
- Cierto. ¿Continuamos?
- Si.
El resto de la tarde continuaron estudiando. Debes en cuando Daichi le consultaba sus dudas a Suga y este se las respondía sin más. Avanzaron bastante y resolvieron diversos ejercicios. Algunos los hicieron entre los dos, logrando que Daichi aprendiera más y no volviera a cometer los mismos errores que más de una vez había cometido a los ojos de Suga. Tomaban breves descansos en los que se relajaban y hablaban cosas anexos a los estudios. Más tarde la madre de Daichi subió con unos refrescos y una pequeña merienda, que les cayó excelente ya que comenzaban a tener hambre.
- Oye, Suga…
- Dime – Elevó su vista para mirarlo.
- Yo creo que es suficiente – Cerró su cuaderno.
- ¿Seguro?
- Si, ya reforcé lo que me faltaba.
- Bueno, espera un momento – Continuó resolviendo un ejercicio.
Aún con la vista en su cuaderno pudo ver que Daichi no se movió de su asiento y sentía su mirada en él. Resolvió el problema un tanto presionado por la persistente y directa mirada. Le estaba esperando y él no terminaba nunca. Cuando por fin terminó cerró su cuaderno y miró a su amigo dando por finalizado la sesión de estudio. El capitán solo sonrió y se levantó de su asiento, saliendo de la habitación.
Estaba solo, no sabía a qué se había retirado Daichi, pero supuso que pronto regresaría. Echó un vistazo a toda la habitación, detallándola más. Pronto, y sin querer, encontró algo que le llamo la atención. Una camiseta blanca estaba botada bajo la cama y solo una parte lograba verse. Caminó hasta ella y la recogió, percatándose de que estaba usada, obviamente por Daichi. Buscó algún cesto de ropa sucia o algún lugar donde dejarla pero no pilló nada. Tan pronto como la movió en su mano, sintió una ola de un olor que se le hacía familiar. Cuestionándose lo que estaba a punto de hacer y mirando de vez en cuando la puerta de la habitación, acercó aquella prenda a su nariz, encontrándose con diversos olores que le parecieron deliciosos. La esencia de Daichi, su perfume que varias veces podía oler durante el día, pero en esta ocasión lo olía como nunca. También sentía lo que creía era una leve pisca de sudor, que lo contrario de darle asco o rechazo, le daba más persistencia y fuerza al olor de su loción. Sentía que podría estar durante tolo el día oliendo aquella prenda, pero poniéndose un fin, decidió dejar la camiseta en el lugar que la pilló, borrando cualquier evidencia, y evitando que lo descubrieran oliéndola. Casi como si lo hubiera predicho Daichi entró a la habitación.
- ¿No estás cansado? – Daichi recogió su cuaderno y luego lo guardó en su bolso.
- Si, un poco – Le siguió, haciendo lo mismo que su amigo. Guardó sus cosas, dejando todo listo y ordenado. Miró como Daichi se recostó con la mitad de su cuerpo en la cama y sus pies afirmados en el suelo – Bueno, me voy – Caminó hacia él.
- ¿Tan pronto? – Se levantó, mirando al peli plateado que estiraba su mano hacia él, despidiéndose – Quédate un rato mas. Juguemos un poco – Señaló su consola bajo su televisión.
- Está bien – Sonrió, alegre que de alguna manera prolongara su estadía allí.
No podía callar su risa. Se encontraba a poco de ganarle a Daichi y este, desesperado, gritaba y hablaba cosas incoherentes que para él eran graciosas. Le gustaba darle un rayo de esperanza para luego destruirlo tan fácil como a un insecto. Sabía que era algo cruel pero bastante divertido para él, por lo que aprovechaba cada oportunidad para burlarse de Daichi. Pronto, terminó él con la victoria que desde hace bastante tiempo ya estaba predicha, pero como anteriormente había mencionado, regaló más de una oportunidad al capitán de remontar el juego. Una vez se aburrieron de jugar Suga decidió retirarse.
- Ahora si me iré – Rió refiriéndose a su anterior despedida que no se cumplió.
- Te voy a dejar abajo – Salió detrás de él.
Llegaron a la primera planta encontrándose con la madre de Daichi viendo televisión. Camino hasta ella para despedirse.
- ¿Te vas? – El peli plateado asintió – No, ¿Cómo crees?, primero cenaremos y te puedes ir – Se puso de pie caminando dirección a la cocina.
- No hace falta… - quedó con las palabras en la boca tras no ser escuchado. Miró a Daichi y este sonrió burlonamente.
- Lamentablemente no puedes irte aún – Caminó a la cocina riéndose de Suga.
Tomó asiento en el sofá, mirando de vez en cuando hacia la puerta de la cocina, sin saber qué hacer. No tenía prisa pero tampoco quería molestar, y se sentía mal al no estar ayudando a Daichi y a su madre si se quedaría a cenar, aun cuando sabia que él era la visita, le fue inevitable sentirse así.
Se quedó viendo televisión, tratando de distraerse, pero de vez en cuando miraba la puerta de la cocina. Daichi salió por esta, con unas tasas en mano y servicios. Lo miró y este solo le sonrió molestándole tal vez, mientras ponía las cosas en la mesa. Luego se retiró y no pudo evitar mirar su espalda que se marcaba bastante con esa camiseta negra, le quedaba un tanto ajustada y lograba resaltar algo sus músculos. Frunció el seño, trató de concentrarse en la televisión pero era inútil teniendo a Daichi entrando y saliendo de la cocina, robándole la mirada y más aun cuando le regalaba unas lindas sonrisas. Él solo atinaba a mirarle un tanto resignado ya que no podía rechazar la cortesía de su madre, además, no tenía nada mas importarte qué hacer, pero aun así se sentía raro. De igual manera no sentía que fuera una buena idea pasar más tiempo del necesario con Daichi. Temía de lo que podría pasarle a él, que tan lejos llegaría esa inconveniente atracción en la que solo saldría afectado él mismo. No creía que enamorarse de su mejor amigo fuera la mejor idea, no sería imposible, pero si algo que no le gustaría y no le convendría. Rompería aquella amistad y como anteriormente había dicho, podría salir lastimado. Aquella idea varias veces se presentó en su cabeza pero pronto las desechaba, ya siendo por lo ridículo y raro que fuera, y por lo poco conveniente. Todo aquello era bastante para él, pero eso no evitaba su interés por su amigo, físicamente hablando, por lo que con ello le bastaba. Solamente era atracción física.
El hombre que se había vuelto común en los pensamientos de su mente le habló.
- Vamos, Suga – Movió su cabeza señalando la mesa.
Le indicó su puesto y tomó asiento. Nuevamente Daichi desapareció en la cocina, dejándolo solo. No sabía qué hacer, se sentía perezoso y culpable al no ayudar en nada. Más tarde la madre de Daichi llevó a la mesa un gran panqueque al parecer hecho por ella. No pudo mentir, le entró un hambre y deseos por comer algo dulce de un momento a otro.
Cuando ya estaba todo listo, tomaron asiento. Daichi frente a él, y su madre al comienzo de la mesa.
- Sírvanse – Les ofreció la única mujer en la mesa.
Suga dudando miró a Daichi, este solo sonrió burlón, pero pareció entenderle, porque sacó un trozo del panqueque y se lo sirvió a él. Le agradeció con la mirada. No podía negar que sentía un poco de vergüenza, nunca acostumbraba comer allí, siempre se retiraba antes y lo evitaba, por eso no sentía una confianza a hacer lo que momentos antes le ofrecieron. Daichi, conociéndole, lo comprendió de inmediato y leyó su mirada. Se notaba que lo conocía.
La cena transcurrió llena de conversaciones; La familia de Suga, los estudios, Daichi, pero un momento en particular lo desencajó un poco.
- Y dime Suga, ¿tienes novia? – El nombrado sonrió nervioso.
- No, por ahora no – Continúo bebiendo su té.
- Que tímidos salen los chicos hoy en día – Rió unos momentos después la mujer – Estoy segura de que Daichi tiene novia pero no me lo quiere contar – Casi se atragantó con el té. Si su madre creía eso era por algo, no lo sospecharía al azar – ¿No sabes nada al respecto Suga?
- Que yo sepa, no.
- Oigan, estoy aquí si es que no lo notaron – Parecía fastidiado.
- Entonces dime la verdad.
- La verdad – Suga rió por su literal respuesta.
- Frente tus amigos eres bastante gracioso, pero cuando no están…
- ¡Mamá! – Se exaltó Daichi. Pudo notar el leve sonrojo en su rostro y la mirada suplicante a su madre.
- Bueno, bueno – Bebió de su tasa – Sea quien sea tu pareja, lo aceptare.
- Ya – Daichi continuó comiendo, sin percatarse de lo que realmente su madre quería decir. Aquello no pasó desapercibido para el peli plateado.
No podía evitar la boba sonrisa que formaba en su rostro, pero que lograba tapar con su bufanda. El tierno gesto de Daichi le había hecho el día. Se encontraban caminando en dirección a su hogar. Le ofreció acercarlo a su casa y aunque se negó un par de veces, lo convenció. Obviamente prefería caminar junto a él a que solo, era aburrido y solitario, en cambio con Daichi era posible hablar de lo que sea y lograba hacer el viaje más corto.
"¿Una amistad normal es así?".
Le fue inevitable no preguntárselo. Ya que no sabía si uno normalmente acerca a su amigo a su hogar. No era tarde y no le ocurriría nada, no era peligroso marcharse solo a su hogar. A él no se le pasaría por la mente acompañar a Daichi mas cerca de su hogar, aunque si se lo pidiera, encantado lo haría, pero que sea algo que le naciera a él mismo, no pasaba, no lo hallaba necesario. Por lo mismo, se cuestionaba si tenía alguna segunda intención o era porque de alguna manera le importaba más de lo normal, más que una amistad.
Debía decirlo, aun cuando solamente sea en su mente y una estupidez.
"Parecemos una pareja, ¿cierto?"
Sonrió, pero nuevamente su sonrisa fue ocultada por su bufanda. Solo estaba pensando cosas demás y sin sentido. Decidió aprovechar los últimos momentos junto a Daichi, las últimas miradas que le pudo regalar, las últimas sonrisas que pudo presenciar, y las últimas palabras de él que pudo escuchar.
Cuando llegaron al lugar de su separación se despidieron, casi como todos los días después de clases, pero esta vez de alguna manera la despedida fue más amarga. Quedó con un pequeño sentimiento que le apretaba el pecho y un nudo en la garganta. No sabía que era, ni por qué estaba así. Se había divertido junto a Daichi y solamente no quiera que eso terminara, eso pensaba.
Una sonrisa nació en su rostro mientras leía un mensaje.
"Suga, gracias por lo de hoy, de verdad me ayudaste. Mi madre dice que deberías pasar más a nuestra casa, ¿Qué te parece? Espero que hayas llegado bien. Cuídate. Adiós"
Su corazón se acelero levemente y en sus mejillas se formaron unas cuencas tras su sonrisa. Le había agradado y gustado el mensaje. Se había divertido junto a Daichi y se sentía aun más satisfecho tras ayudarlo en sus estudios, de alguna manera se hallaba útil para su amigo, eso lo complacía.
Se recostó de un cama, leyendo el mensaje una y otra vez, sintiéndose estúpidamente alegre.
"¿Qué me estás haciendo, Daichi?".
Pobre Suga, se complica mucho :( aunque ya sabe lo que pasa pero le da miedo admitirlo.
Espero les haya gustado.
Cuídense mucho. Adiós.
