Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: ¡Nuevo capítulo! ¡Al fin! La verdad estaba de pussy porque no quería escribir este capítulo, mi corazón sufría por lo que iba a pasar. Debo confesar que me dolió mucho escribir la escena de Asami y Kuvira cuando está le reclama por su engaño con Korra. Pero he me aquí que pude hacerlo y les traigo nuevo capi. Ojala cumpla las expectativas y les guste mucho.

Debo dar un agradecimiento especial a RockstarxX por haberme hecho el favor de hacer la portada para esta hermosa historia. Muchas gracias por compartirnos tu bello arte y brindarme este precioso fanart. Les dejo su cuenta de devianart rockstarag(punto) deviantart(punto)com/ para que pasen a darse una vuelta y chequen sus hermosos dibujos.

Ahora tengo dos anuncios importantes que hacer. El primero, que los amo a todos por sus comentarios, reviews, kudos y demás, gracias por seguir conmigo en esta aventura que es esta historia. Muchísimas gracias. Puede que les guste, o que no les guste, que lo amen o que lo odien, a los personajes y a mi :( pero aquí seguimos y vamos a terminar hasta que salga "the end" en el último renglón de este fic.

El segundo anuncio es un poco triste, para mi :( estoy en auditoria nuevamente y no voy a tener tanto tiempo para escribir por un par o más de semanas en lo que pasa este rollo, será todo el mes de octubre. Así que tenganme paciencia. Iremos poco a poco.

Para este capítulo obtuve inspiración de unas cuantas canciones que mis compañeras de trabajo de forma inconsciente ponen, pues les gusta la banda, y las oigo y me han hecho la musa para escribir el fic. Hay una que me encanta que es la canción de Kuv, se llama "Para que tantos besos" de Noel Torres, como ni mandada hacer. También la de "Después de ti, ¿Quién?" de La adictiva banda San José de Mesillas. No pueden faltar las de Pepe Aguilar, "Hoy decidí" y "Prometiste". Lloro con todas ellas T. T

Bueno los dejo para que empiecen a leer. Espero les guste.

– o –

Hiroshi había quedado solo con la doctora Kya y una enfermera que la ayudaba a curar las heridas del administrador. La secretaria Ginger estaba paralizada por todos lo que había sucedido. A la pobre mujer tan solo le habían dado un poco de atención pero como no presentaba ninguna herida visible la dejaron por un momento en lo que atendían la herida de bala de Hiroshi.

No había sido nada grave, la bala entro de forma limpia y había salido sin quebrar ningún hueso del hombro. El tipo había corrido con suerte. Cuando la galena y su ayudante terminaron su labor, el administrador no perdió el tiempo guardando todos los papeles que estaban esparcidos por su escritorio, los metió en el maletín de donde Baatar los había sacado. Apenas termino de meterlos cuando un grupo de soldados llegaron para detenerlo.

–Toma, desaparecelo como sea. –Hiroshi le entrego el maletín a su secretaria y le pidió se deshiciera de él sin dejar rastro.

La mujer pelirroja lo vio pero no captó del todo su orden, sin embargo contesto de forma afirmativa, más por el impulso que por razonamiento. Las oficiales se lo llevaron a rastras del lugar para presentarlo en el cuartel para su detención.

– o –

Kuvira abandonó el edificio de oficinas, espero a que los soldados subieran el cuerpo sin vida de su amigo a una carreta, lo habían cubierto con una manta blanca que ahora se había manchado de rojo. No sabía cómo iría con Suyin para darle la noticia, tampoco tenía idea de que hacer con su esposa. Por primera vez en su vida sintió una mezcla de sentimientos, temor, furia, irá, decepción, tristeza y tantas cosas que se paralizó por un momento mientras veía al que era su mejor amigo en vida.

Sus manos estaban llenas con sangre, tenía que hacer algo, debía hacer algo. Sin duda iba a vengar su muerte costase lo que costase.

–¡Soldado! Que una cuadrilla me acompañe, necesito que monten una guardia en la hacienda. Traigan todo lo necesario. –Busco su caballo y lo montó.

El teniente Sao había formado un grupo de persecución para seguir a los fugitivos, la militar quería desesperadamente ir tras ellos, pero antes de eso debía hablar con Suyin y sobre todo con Asami. Cuando el grupo de soldados estuvo listo, partieron, escoltaron el cuerpo de Baatar hasta el templo local. Kuvira iba al frente de la cuadrilla y fue a ella a quien Tenzin, el sacerdote, se dirigió cuando vio el pequeño contingente.

–Padre, le entrego el cuerpo del capitán Baatar Beifong para que sea debidamente amortajado para que se le rindan las exequias correspondientes. –El hombre de religión se persigno y pidió a los monaguillos que se apresuraron a recibir al difunto. Deseaba preguntar la causa de tal tragedia, pero prefirió no hacerlo pues era evidente que la mujer frente a él no deseaba hablar.

–No se preocupe comandante nos haremos cargo. –La militar asintió y una vez que los religiosos tomaron el cuerpo ordenó a sus soldados movilizarse.

Una vez llegaron a la casa Mayor dio las indicaciones necesarias. Se formó una guardia para patrullar la casa y otra más para los alrededores. Apostó soldados por cada puerta de la casa Mayor para que nadie entrara o saliera sin ser visto. Tomó tres soldados y los llevo consigo.

Al entrar a la casa preguntó donde se encontraba su esposa cuando vio a una de las sirvientas, esta le indico que la señora estaba en sus habitaciones y no había salido para nada desde que se hubiera encerrado esta tarde.

–Ustedes, se van a encargar de cuidar la habitación de mi esposa, bajo ningún motivo ella debe abandonar su cuarto y mucho menos la hacienda. No importa el método que deban utilizar, ella no sale de aquí o serán azotados por mi personalmente. ¡Entendido! –Los soldado se cuadraron.

–¡Señora, si señora! –Les indicó donde estaba el lugar y los dejo a cargo.

Camino hasta los aposentos que designará para la familia Beifong y antes de llegar se encontró con Opal y Suyin que iban saliendo al pasillo.

–¿Qué significa todo esto? –La señorita Beifong fue hasta ella y su madre detrás esperaba una respuesta.

–Es por seguridad. –Junto sus botas y saco el pecho tomando bastante aire.

–¿Qué está pasando Kuvira? –Suyin se adelantó mirándola de forma severa, su semblante estaba serio, había notado los rastros de sangre en su ropa y también ese particular olor a pólvora.

–Hubo un enfrentamiento en el centro del pueblo, hemos tenido bajas... Llegaré al fondo de todo esto y los responsables serán castigados y llevados a la horca. –La preocupación comenzó a hacerse un lugar en el rostro de la matriarca y de su hija.

–¿Donde esta Baatar y la jefa de la guardia? ¿Han salido en busca de los responsables? –Opal estaba ansiosa algo no le gustaba de todo esto y su madre aunque aún guardaba la compostura también estaba poniéndose nerviosa.

–Lo lamento mucho... –La comandante bajo la cabeza no podía soportar la penetrante mirada de su mentora, era la primera vez que le sucedía, nunca había doblegado su mirada frente a ella, pero también nunca había tenido que darle una noticia como esa.

–¿Donde esta mi hijo, Kuvira? –La irritación apareció en la voz de Suyin.

–¿Qué hay de Korra, donde esta ella? –Al escuchar el nombre de la morena de labios de Opal, Kuvira reaccionó violentamente.

–¡Ella ha huido después de matar a tu hermano! –Soltó con rabia y Opal negó tal afirmación. –Ha cometido traición, nos engaño a todos, me engaño a mi para darle mi confianza y cuando tu hermano la desenmascaró, lo mató.

–¡Eso no es verdad! ¡Korra no pudo ser capaz de hacer algo así! –Le respondió a gritos la joven.

–¡Mi hijo! ¡Mi amado hijo! –Suyin se lamentó llevándose una mano al pecho.

–Una partida de soldados a ido en su búsqueda, no pararé hasta atraparlos y llevarlos ante la justicia... ¡Su! –La matriarca se sintió mal, estaba por desmayarse y Kuvira apenas alcanzó a sostenerla antes de que está cayera al suelo.

La sostuvo entre sus brazos y con ayuda de Opal, que abrió la puerta de su habitación, la cargo hasta depositarla sobre su cama.

–¡Madre! ¡Háblame madre! –La joven agarró la mano y dio pequeñas palmadas en ella. La noticia había impactadó a la mujer mayor quien no pudo resistir más.

–Será mejor dejarla descansar. Ya he dispuesto todo para que sea tratado el cuerpo de tu hermano. –Algunas mujeres del servicio llegaron a socorrer a la matriarca para que esta recuperara la conciencia.

–Kuv... Kuvira. –Suyin la llamó una vez que le pusieron sales de amonio para reanimarla. –¡Haz lo que tengas que hacer, pero tráeme al asesino de mi hijo! –La militar asintió.

–¡Así se hará! –Dio un saludo militar y salió del cuarto.

Apenas dio unos pasos fuera cuando Opal le alcanzó.

–¡Kuvira! –Se detuvo girando sobre sus talones. –Se que tú y yo no hemos tenido la mejor relación, pero te pido que no mates a Korra, ella no pudo ser capaz de algo así. Por favor, dale al menos el beneficio de la duda. –Nunca en todo el tiempo que llevaba de conocer a la joven Beifong la había visto tan interesada en alguien que no fuera ella misma, en cierto modo le sorprendió que abogara por la asesina de su propio hermano.

–No te puedo asegurar nada. Baatar era querido entre él ejército, no puedo meter las manos al fuego porque alguien la llegue a encontrar y decida vengar su muerte. –Dijo con algo de altanería e ira.

Pedir misericordia por una traidora. Se le hacía escandaloso.

–Si tú das la orden de traerla con vida, tus hombres respetarán eso. Te lo pido por lo que más quieras. –Kuvira se rió desestimando su petición.

–Ella nos traicionó a todos... A menos que... ¿Tú sabias quien era ella? –Se acercó de forma amenazante agarrando fuertemente la muñeca de Opal, quien retrocedió unos pasos.

–No, yo no conozco su pasado, pero su presente si y se que Korra no haría eso. No me haría eso a mí ni a mi familia. –Kuvira volvió a reír y soltó su agarre.

–No seas tan ingenua. –Dio la vuelta pero antes de irse volvió a hablar. –Pero ya que insistes, trataré de traerla ante ti, viva, y te demostraré la clase de alimaña que hemos dejado entrar a esta familia. –Dicho esto emprendió camino a buscar a su esposa.

– o –

–Korra, despierta. –Los ojos de la morena se abrieron poco a poco, se asustó cuando vio todo oscuro a su alrededor, pero sus pupilas no tardaron en ajustarse a la escasez de luz y pudo distinguir el rostro de Bolin quien la había agitado levemente para despertarla.

–¿Bo? –Se agitó alejándose del chico y buscando a su alrededor pudo ver que estaban en una especie de cueva. –¿Donde estamos? ¿Baatar? ¿Qué pasó con él? –Se llevó la mano a la cabeza donde el capitán Beifong la había golpeado, le dolía.

–Estamos en los cerros de San José, en una de las cuevas. No se que rayos pasó allá, yo estaba cuidando los caballos afuera cuando todo empezó. –El chico se encogió de hombros.

–Recuerdo vagamente a mi padre y a Mako. ¿Donde están ellos? –Preguntó alarmada esperando lo peor.

–Tonraq y mi hermano salieron, están tratando de despistar al ejército que esta tras nosotros. Al parecer el capitán Beifong ordenó nuestra captura. –Korra se sentó y trató de organizar sus pensamientos.

Ella había perdido la calma con Hiroshi y Baatar había intervenido para evitar que lo matara, después de eso las cosas se volvieron turbias pero en pequeños flashazos su mente le hizo ver como el administrador asesino al capitán en cuanto tuvo la oportunidad y le hubiera pasado lo mismo si en ese momento no hubieran llegado Mako y su padre. De esto último solo tenia sonidos difusos e imágenes borrosas.

El cerebro le dolía del esfuerzo y el golpe. Tenía que hacer algo, debía volver por Asami.

–¿Qué has dicho acerca de que querían atraparnos? –Intentó levantarse y Bolin la ayudó.

–Parece ser que el capitán dio la orden de que nos detuvieran, no sé exactamente de que nos acusan, pero seguramente debe ser por lo de tu identidad. –¿En qué momento Baatar había hecho eso? Se preguntó la morena.

–¡Soy una estúpida! –Probablemente todo había sido una trampa desde el principio, pensó. –Fue una trampa para que dijera la verdad y pudiera tomarme con la guardia baja y al final entregarme con Kuvira.

–Mako dice que los soldados no tenían ni idea, nosotros escoltamos a la presidenta por la mañana durante su visita al pueblo y no hubo nada raro. No fue sino hasta que tu padre fuera a buscarnos por ayuda y fuéramos al pueblo de nuevo, después de dejar a la presidenta en la hacienda, que los soldados intentaron detenernos. –La morena analizó sus palabras.

–Debió ser cuando nos separamos al entrar al pueblo. Baatar jaló rumbo a la oficina de Hiroshi pasando por el puesto de sus hombres y a mi me mando por el lado opuesto. –Dedujo. –Fue allí cuando lo hizo. A pesar de saber la verdad, pensaba entregarme a Kuvira junto con el administrador.

Camino de un lado a otro pensando las razones por las cuales Baatar le había jugado chueco cuando ya tenían un acuerdo. De esa forma Korra no podría hacer nada para recuperar a Asami...

–¡Asami! ¡Bo, tengo que ir a buscarla! –Korra temía lo peor.

–No podemos irnos de aquí, nos están cazando, si nos encuentran nos van a matar. –Dijo alarmado el menor de los hermanos.

–No lo entiendes Bo, Kuvira debe saber la verdad ahora, de quien soy y lo mio con Asami, ¡ella esta en peligro! –Tomó por el cuello al chico haciendo énfasis en la última frase.

–La comandante nunca le haría daño a su esposa. –Korra soltó a Bolin.

–¡Bo, tú sabes lo implacable y perra que puede llegar a ser Kuvira! ¿Acaso crees que le va a importar? –Se llevó las manos a la cabeza por la desesperación y frustración.

–Pero la ama, es su esposa. –El chico sabia lo fría que podía ser la comandante cuando se trataba de cumplir su deber, sin embargo Asami no era cualquier persona.

–Con mayor razón Bo, estoy casi segura de que el malnacido de Sato me va a culpar por la muerte de Baatar y Kuvira puede dañar a Asami por estar conectada conmigo. Por favor, tenemos que ir a buscarla, si no me acompañas tendré que ir sola. –Terminó por decir con determinación la morena y se enfiló para dejar el lugar.

–Esta bien, te acompañaré, pero tenemos que esperar a Mako o a tu padre, no podemos ir solos. –Quizo detenerla.

–No, no podemos esperar mucho más tiempo. Debemos aprovechar que los soldados van siguiendo el rastro de ellos dos para escabullirnos en la hacienda. –Bolin no estaba convencido de las palabras de Korra y aunque entendía la situación, era demasiado arriesgado.

–No Korra, debemos quedarnos y esperar, cuando seamos suficientes tal vez podamos...

–No, si esperamos Kuvira hará a la hacienda un lugar inexpugnable y las probabilidades de sacar a Asami serán nulas, debemos aprovechar la oportunidad. –Bolin se lo pensó, tenía razón, si esperaban aunque tuvieran muchos hombres para pelear, no podrían hacerlo sin que algunos murieran.

–¡Agh! ¡Te odio Korra! ¡Vamos entonces! –Estrecho la mano de la morena quien se la ofreció y ambos dejaron la cueva.

– o –

Asami había oído mucho ruido de ir y venir afuera de su habitación, desde que peleará con Kuvira hacia un par de horas, se había encerrado a llorar en su cuarto y no había salido para nada. Pero con el aumento de pasos y voces en el exterior sintió curiosidad de salir.

Fue hasta la puerta de la habitación he intento girar el pomo, sin éxito, empujó y forzó la chapa pero la puerta no abría. Comenzó a golpear con la palma de su mano.

–¿Hay alguien allí? ¿Alguien que me pueda ayudar? La puerta esta cerrada y quiero salir. –Escucho voces, estaban murmurando y decidió seguir insistiendo. –¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Por qué no me abren la puerta?

Se retiró un poco, dando unos pasos hacia atrás cuando oyó que el seguro era quitado y un hombre con uniforme entraba a la habitación.

–Señora, hemos recibido ordenes de la comandante Kuvira de que usted permanezca en su cuarto. No puede salir bajo ninguna circunstancia. –La joven esposa se asombró de escuchar eso.

–¿De qué está hablando? ¿Por qué mi esposa les pediría algo así? –Quizo saber, temía que las cosas hubieran salido mal entre Korra y Baatar.

–No estoy autorizado a dar ningún tipo de información, solo seguimos ordenes. –Con la misma, el soldado echo sus pasos atrás y cerró la puerta con seguro de nuevo.

–¡No! ¡Déjeme salir! ¡No pueden encerrarme aquí! ¡Éxijo hablar con mi esposa! ¿Donde esta Kuvira? –Aporreo la puerta un buen rato tratando de que le hicieran caso y mandaran a traer a su esposa, pero fue en vano.

Después de un rato se canso y busco otra manera de salir, solo que no había forma. El balcón no era una buena opción, pues estaba en segundo piso, aunque pasados algunos minutos la idea no se le hacía tan descabellada. Salió al balcón y busco la forma de bajar, pero se dio cuenta de que otro par de soldados custodiaban la parte baja. Aunque quisiera y pudiera, no podría salir de allí.

Se estaba haciendo mil y una ideas acerca de lo que hubiera ocurrido y eso la estaba carcomiendo. Ya había recorrido todo el cuarto mordiéndose las uñas de la desesperación y no tenía noticias de ningún tipo.

De pronto un ruido la alertó, el seguro de la puerta había sido quitado y Kuvira entro en la habitación. Su rostro se veía serio, demasiado frió e inexpresivo en comparación de todas las veces en que se había visto reflejada en esos ojos oliva que la veían con amor. Sintió una punzada de dolor cuando los ojos de su esposa la miraron de esa forma tan despectiva.

–Kuv... –Iba a hablar cuando la militar la mando callar.

–¡Cállate! No quiero oír ninguna de tus malditas palabras. No eres más que una cualquiera. –Le aventó las notas que hubieran escrito Korra y Baatar. –Me has estado viendo la cara de idiota. ¿Desde cuando me engañas con Korra? –Asami tomo las hojas y leyó lo que decían. Su corazón se estrujó produciendole un agudo dolor en el pecho.

–Kuvira, no... –La militar tomó sus manos con violencia y la arrojó sobre la cama.

–No te atrevas a mentirme más. Lo sé todo. Tú padre me lo ha dicho. ¡¿Cuando es que pensabas tú decírmelo a mí?! –Alzó la voz y la chica de ojos esmeralda tembló de miedo.

–¿Qué.. Qué te ha dicho mi padre? –Kuvira se erguía frente a ella y la tristeza en sus ojos había reemplazado la frialdad que mostrara en un principio.

–¿Por qué Asami? ¿Por qué me mentiste de esa forma? ¿Por qué no decirme la verdad desde un principio? De esa manera yo no me hubiera enamorado de ti, no estaría sufriendo de este modo inútil. Para que hacerme creer que me amabas si te ibas a ir con ella. –Asami se levantó de la cama donde Kuvira la había empujado y trató de acariciar su mejilla pero la militar la esquivo y se alejó de ella.

–Eso no fue así. Yo creía que ella estaba muerta y tú lo sabes. Me sorprendí cuando la vi llegar contigo y tú quisiste que ella se quedará en la casa cuando yo te pedí que no lo hicieras. –La expresión de Kuvira cambio a una de enojo.

–Échame a mi la culpa de eso entonces, fue mi estupidez la que te orilló a correr a sus brazos. –Dio un puñetazo a la pared.

–No estoy diciendo eso. –La corrigió la chica de ojos esmeralda.

–¿Entonces? ¿Por qué no me lo dijiste en ese momento? –La encaró su esposa.

–Tenia miedo, de mi padre, de ti, de como fueras a reaccionar. Entre en shock al ver a Korra allí como si nada. –Kuvira sonrió de lado de forma burlona.

–¿Miedo de mi? ¿Creí que me conocías lo suficiente para saber que no tenias que temerme? –Asami puso una mano en su hombro pero de nuevo la militar la rechazó.

–Lo siento... No supe que hacer... Pero te repito no pasó nada entre ella y yo. –La chica sabia que estaba mintiendo pero no quería que sus errores siguieran lastimando a Kuvira.

–Niegame que Korra no es tu maldito amor de juventud entonces, niegame que ahora que regresó no corriste a sus brazos valiendote poco lo que yo sentía por ti, niegame que no hiciste eso y te olvidaste de nuestro amor, niegame que la has estado viendo a mis espaldas y te has acostado con ella, niegamelo... –Las lágrimas de Asami salían por montones y ella negaba cada una de las palabras de su esposa entre balbuceos. –Eres una maldita zorra, me hiciste creer que me amabas, que eras solo mía, que pasaríamos el resto de nuestra vida juntas y me pagas de esa forma. –La ira había inundado todo su ser y era la rabia la que estaba hablando por ella.

–No Kuvira, no... Yo te amo... –Asami se tiró sobre su esposa abrazándose a su cintura y aferrándose a ella.

–Ja, me amas. ¿Acaso no la amas a ella también? Sueltame. –Empujó el abrazo de Asami pero ella se mantuvo en su agarre.

–Las cosas no son así, déjame que te explique. –Kuvira tomo los brazos de su esposa y con fuerza la quito de encima suyo y la chica fue al suelo.

–No quiero, ni pienso escuchar ninguna de tus mentiras nunca más. Yo se que cometí mis errores, pero lo que tu has hecho es más grave que todo lo demás. Tu maldita amante mató a mi mejor amigo y eso no se va a quedar sin castigo. –La chica de ojos esmeralda no podía dar crédito a lo que acababa de escuchar, la morena No haría algo como eso.

–Korra no pudo haberlo hecho. Ella y Baatar tenían un acuerdo. Él iba a ayudarla a hacer justicia, ellos iban a... –No pudo seguir porque en un arrebato la militar tiro todo lo que había en la cómoda y golpeó el espejo de la misma asustando aún más a su esposa.

–¿Qué no quiero escuchar más tus malditas mentiras, no lo entiendes? Voy a cazar a tu amante y la voy a traer frente a ti y la mataré como un perro como se lo merece y tu veras todo eso para que sientas lo que yo siento ahora que me he enterado de tu traición, de la traición de ambas. –El horror apareció en el semblante de Asami al oír sus palabras.

–¡No por favor, no lo hagas! –Asami se aferró al cuerpo de Kuvira pero esta la volvió a empujar con violencia para apartarla.

–Sueltame te he dicho. –Se recompuso las ropas con desdén. –Tú seguirás siendo mi esposa de eso no te quepa duda, pero eso no quiere decir que seguirás teniendo los mismos privilegios que hasta ahora has tenido. Cumplirás con tus obligaciones para conmigo, pero yo no tendré que serte exclusiva y tendrás que aguantar todas y cada una de las que te haga. –Kuvira tomó el anillo de matrimonio que había en su dedo y se lo sacó. –Si tú amor hacia mi significó nada y mi amor hacia ti te importó tan poco, te lo devuelvo.

Aventó la sortija a los pies de Asami. La joven recogió el anillo y vio como su esposa abandonaba la habitación que compartían.

Se quedo sola, con el corazón destrozado y llorando amargamente por el desprecio con el que su esposa la tratara. Había perdido el amor de Kuvira y había perdido a la morena que ahora debía correr lejos de ella buscando salvar su vida.

– o –

Kuvira dejo la habitación de su esposa y fue hasta su despacho que ya se había convertido en su refugio. Nada más fue entrar, cerrar la puerta y se dejó caer allí mismo llorando por su mala suerte, por la puñalada que la mujer que más amaba en este mundo le diera y por la desgracia de perder a su mejor amigo, que consideraba más que un hermano.

Se limpió las lágrimas derramadas y su tribulación fue cambiando a la firme decisión de tener que alzarse.

–¡De nada vale llorar!

Paso su mano por su mejilla una vez más para terminar de deshacerse de la salada humedad que las cubría.

–¡Nada me vencerá!

Sacó la pistola que perteneciera a la morena, le quitó el seguro al barril del revolver y vio que estaba vacio. Se levanto yendo a la vitrina donde se encontraban sus armas y rebusco entre algunos de los cajones y saco una caja con balas del calibre requerido. Colocó una por una hasta completar las seis y cerró el barril.

–Te he de buscar, aunque tenga que ir al mismo infierno voy a atraparte y he de acabar con tu vida con la misma pistola con la que jodiste la vida de Baatar y la mía. –Puso el revolver en su cinturón.

También saco de la vitrina su sable de comandante y lo colocó en su cinturón de igual manera.

Vio su reflejo en un espejo del despacho debía cambiar sus ropas. Llamo a una de las sirvientas y pidió le trajeran su uniforme militar. Después de unos minutos una de las muchachas de la casa le trajo su uniforme y se vistió apropiadamente.

La imagen que le devolvía el espejo no era para nada la que deseaba ver. Ni siquiera en la guerra a pesar de todas las cosas que tuvo que vivir Se había sentido un poco de la manera en que ahora se sentía. Apenas una carcasa de la mujer que había sido. Todo su interior había sido sustituido por el deseo de revancha y furia.

–¡No hay tiempo que perder!

Dejo el despacho dirigiéndose a donde se encontraba el cabo que llevaba la cuadrilla de soldados.

Por lo que Kuvira suponía, Korra no dejaría por mucho tiempo a Asami. Trataría de regresar por ella así que usaría eso para su beneficio.

– o –

–Korra hay hombres por todos lados. –Bolin había regresado al lado de la morena después de ir a hacer un reconocimiento a la casa Mayor tratando de encontrar la manera de entrar. –Será imposible entrar sin alertar a la guardia.

–Esperaremos a la madrugada cuando todos están dormidos. Conozco a un par que suelen escaquearse de sus labores y es allí por donde aprovecharemos. –Dijo acomodándose en el suelo a tomar una siesta mientras esperaban la hora.

–¿Estás segura de esto? ¿Cómo sabes que la encontraremos allí? –Bolin la acompañó a un lado.

–Claro que si, estoy segura, ¿a donde más podría ir?– Había entrenado a la mayoría de esos hombres y convivido con ellos, no quería matar a ninguno, por eso debía esperar a que bajarán la guardia y evitar una confrontación con sus excompañeros. Además dudaba que Kuvira hiciera otra cosa que no fuera encerrar a su esposa.

La luna menguante estaba en lo más alto del cielo y la poca luz que brindaba era suficiente para que korrasami y Bolin pudieran ver el camino sin necesidad de usar antorchas, eso solo llamaría la atención. La luz del día hacia clarear el cielo a las 5:45 de la mañana, reviso el reloj de bolsillo que tenía y vio que eran las 2:30, tiempo más que suficiente para entrar y salir sin ser vistos.

Los soldados solían quedarse dormidos a esa hora y no despertar sino un par de horas después.

Con sigilo cruzaron el muro y la distancia de este hasta la casa Mayor. Se refugiaron tras unos arbustos y contemplaron a una de las fogatas donde un par de soldados dormitaban. Los rodearon y siguieron sus camino. Korra conocía bien cada rincón y sin problemas pudieron colarse a la casa.

La morena se adelantó ocultándose tras un pilar y dejo pasar un guardia que iba bostezando, una vez que se perdió más allá del pasillo hizo la seña a Bolin que la siguió. Llegaron a al rellano de la escalera y subieron el último tramo hasta el segundo piso.

Se volvieron a detener buscando al guardia que debía vigilar ese piso, el tipo estaba recargado en un pilar roncando a pierna suelta, no vio a ningún otro soldado cerca y con cautela los dos se acercaron.

La puerta estaba asegurada con llave. La morena se maldijo por eso. Volteo a ver al soldado y vio que en su cinturón colgaban un manojo de llaves. Fueron hasta él.

Korra le tapó la boca y Bolin lo noqueó de un golpe. Sacaron las llaves que llevaba en el cinturón y buscaron la que correspondía a la puerta. Fue inevitable hacer un poco de ruido y el silencio de la noche aumentaba la reverberación del tintineo.

Al fin dieron con la que abría la puerta, giro el pestillo y la puerta cedió. Bolin se quedo en el pasillo vigilando y Korra entró al cuarto.

En la oscuridad de la noche pudo distinguir el desorden en la habitación. Vidrios rotos que regresaban la luz de la luna, un mueble tirado al suelo y Korra temía lo peor. Si Kuvira había tocado un pelo de Asami le pagaría con creces la osadía.

La vio allí, sobre la cama durmiendo con el cabello revuelto y su vestido aun puesto. Se aproximó hasta ella y puso una mano en su boca cuando la movió. Asami ahogó un grito cuando vio a la morena frente a ella.

–¡Shh! Guarda silencio. –Le pidió en voz baja. –Te voy a sacar de aquí. –Asami asintió y Korra apartó la mano.

–No debiste venir. –La chica de ojos esmeralda habló quedito.

–No podía dejarte, no ahora que estábamos tan cerca. –Korra fue a la puerta de nuevo y Bolin alzó el pulgar para indicar que todo estaba bien.

–No Korra, no puedo irme. –La detuvo Asami. –Se que Kuvira nunca me va a perdonar pero...

–¿Pero que? Rayo de luna, tú no la amas, es a mi a quien amas, déjala ya, tomemos esta oportunidad para ser felices juntas tu y yo. –La morena le suplico y vio sus ojos azules llenos de ese sentimiento que ahora parecía tan distante de los ojos de su esposa.

¿Qué debía hacer?

–Por favor Asami, ven conmigo. –Le extendió la mano esperando a que la chica frente a ella la sostuviera.

Lo dudo por un instante, ¿a qué se quedaba si su esposa ya la había rechazado? ¿Pero irse con Korra? Tocó el dedo donde había colocado la sortija de matrimonio que era de Kuvira, junto a la suya, y de nuevo sintió todo el dolor que sus malas decisiones provocaron. Quizás esta fuera otra de esas, pero ya no importaba. Daría un chance a lo que en algún momento de su vida sintiera por la morena. Unió se mano a la de Korra y las dos salieron del cuarto.

Bolin iba en la vanguardia y Korra en la retaguardia, Asami iba al centro. Estaban a unos pasos de salir cuando se dio la alerta.

Rápidamente los soldados reaccionaron y comenzaron a buscar a los intrusos. A duras penas lograron escabullirse al establo y ocultarse en las caballerizas. El movimiento de la guardia no les permitirá salir tan fácil.

Tuvieron que esperar, aunque no tendrían mucho tiempo.

–Nos van a matar, nos van a matar. –Repetía sin cesar el hermano menor, Korra tuvo que calmarlo dándole una cachetada.

–¡Por supuesto que no! Ya veremos la forma de salir. –Miró a su alrededor y jalo a un par de caballos. –Bo, necesito que te lleves a Asami, yo los distraere pues es a mi a quien buscan, así tendrás oportunidades de huir, yo los alcanzaré más tarde.

–¿Qué? No, no, no de ningún modo. –La joven de las esmeraldas desecho la idea de la morena. –Te van a agarrar, no puedes exponerte así.

–Tiene razón, ¿qué pasa si te atrapan? No es una buena idea. –Bolin concordó con Asami.

–Se a lo que me arriesgo, pero no puedo permitirme perder a Asami. Aún sigo siendo tú superior y obedecerás mis ordenes. –Dijo tajante la ex jefa de la guardia y le entrego las riendas de un caballo.

–No estoy de acuerdo con esto. Tú eres la jefa, la mejor que he tenido, pero no puedo dejarte así. –Korra valoró las palabras del chico y lo abrazó.

–Bo, necesito que lo hagas, yo iré tras de ti. No voy a dejar que me capturen. –Sonrió para darle confianza y el chico del copete se la devolvió.

–Más te vale que sea así. –Bolin colocó las riendas al caballo que estaba en el establo.

Korra hizo lo mismo con el otro caballo y se lo entregó a Asami.

–No Korra, por favor. –La morena acunó su mejilla y la atrajó hacia sí para darle un beso.

–Siempre voy a volver a ti. No voy a dejar que Kuvira me lo impida. Anda. –La tomó de la cintura y la subió al caballo.

–¡Korra por favor! –Asami ya había derramado muchas lágrimas y de nueva cuenta sus ojos se empañaron y empezaron a escurrir pequeñas gotas de ellos. No quería perderla a ella también.

–Yo iré primero y ustedes deberán aprovechar para huir por el otro lado. –Bolin asintió y tomó las riendas del caballo de Asami para guiarlo.

Ojos azules salio de la caballeriza y justo un soldado iba pasando y sonó su silbato para alertar al resto. Korra corrió hasta el otro cajón de la caballeriza y monto a pelo uno de los sementales que había. Espoleo al animal y emprendió el paso a todo galope empujando al soldado que se disponía a disparar con su rifle.

Bolin clavo sus botas en las costillas del caballo y jaló el de Asami y también fuero tras ella.

Los soldados habían formado una barrera con costales y Korra brincó la improvisada trinchera y sacando el machete que tenía trató de dispersar a los hombres. Solo que ellos usaban armas de fuego.

Bolin y Asami se alejaron en el sentido contrario y no tardaron en oír el sonido de los disparos. Ojos esmeralda gritó a Bolin que se detuviera y regresaran pero el chico no le hizo caso. Si lo hacían el sacrificio de su amiga no habría servido de nada.

– o –

Kuvira había pasado la tarde haciendo los arreglos de la guardia y atendiendo los asuntos para las exequias de su amigo. Suyin deseaba llevar el cuerpo de su hijo mayor a la capital donde recibiría los honores y seria enterrado en el panteón familiar.

Ordenó que todo estuviera listo para el traslado y encomendó la tarea a uno de los oficiales de alto rango que aún tenía.

–Todo estará listo para que mañana mismo partan a la capital. –Kuvira estaba de pie frente a Suyin dándole el informe de la situación.

–Muy bien, ¿tú no nos acompañaras? –La militar dio una negativa.

–No, no podré presentar mis respetos hasta que no tenga en mis manos al responsable de su muerte. –La matriarca estaba ya más recuperada de la impresión por la noticia y confiaba en que su pupila haría todo lo que estuviera a su alcance y más para cumplir con su deber.

–Te enviaré todo lo que necesites para cumplir tu tarea. –Opal entró en ese momento a la habitación con sus hermanos gemelos y Huan. –Hijos deberán estar listos para que viajemos.

–Aún no me puedo creer lo que está pasando madre. –Uno de los gemelos habló.

–No puedo creer que Korra sea la culpable. Ella siempre fue buena con nosotros. –Lo secundó su hermano.

–Pues las apariencias engañan. –Kuvira intervino en la conversación.

–Tal vez, pero sin duda ella supo engañarnos muy bien. Toda una artista del engaño. –Huan dijo y a Opal no le cayó nada bien su comentario.

–Ustedes dirán lo que quieran pero yo conozco a Korra y se que nunca cometería tal atrocidad. –La militar era la más ofendida por la forma en que la consentida de la familia defendiera a esa impostora.

–No digas más porque harás enojar a Kuvira, hermanita. –Wing molestó a su hermana.

–¿Quién iba a decir que tú pretendienta iba a terminar haciendo lo que hizo? –Picó los nervios de Opal el otro gemelo, Wei.

–¿Será acaso que su rivalidad llego a su fin por tus encantos hermanita? ¿Cómo convenciste a Korra? –Huan dejo salir el comentario más que venenoso.

De nadie era un secreto que los hermanos Beifong eran bastante competitivos y ambiciosos. Desde niños habían aprendido a pelear no sólo con los puños entre ellos. Si bien Baatar tenía las de ganar como el primogénito y consentido de la matriarca, Opal era la siguiente en el ranking. Siendo la única mujer en una familia que privilegiada a las feminas como las herederas del poderoso linaje era la obvia sucesora de Suyin.

Los otros hermanos no tenían oportunidad alguna de ser considerados. Como pequeños príncipes peleaban por ser el favorito y tener el control de la fortuna.

–Son unos idiotas. Jamás atentaría contra mi propia sangre. –La chica morena se sentó al lado de su madre echándose en su regazo. –Solo pido el beneficio de la duda para Korra, confío plenamente en ella.

–Será mejor que me retiré. –Kuvira hizo un saludo militar y Suyin le permitió irse.

Baatar era quien se encargaba de mantener a raya a sus hermanos que al menor intento trataban de sacarse los ojos. Kuvira suspiró, eran buenos chicos, cuando pequeños, ahora era otro cuento.

Tenzin había insistido en oficiar un pequeño rezó para el difunto capitán y esa noche la familia Beifong se movilizó al templo en el pueblo para velar a su hermano. Kuvira tenía que estar presente, aunque no podía estar tranquila. Tuvo que excusar la ausencia de su esposa y agradeció el que Suyin no insistiera con eso pues ella suponía que dicha ausencia se debía al atercado de la tarde.

En la madrugada, casi al amanecer, la militar dejo el funeral y regresó a la hacienda, No estaba tranquila. Llegó sin contratiempos, todo estaba en silencio, demasiada calma para su gusto. Decidió ir a ver a Asami y cerciorarse que todo estaba en orden.

Encontró a su guardia inconsciente tirado afuera del cuarto. Corrió al interior de la habitación y esta estaba vacía, de inmediato dio la voz de alarma y los guardias cual resortes comenzaron la búsqueda.

–¡Encuentrenla donde quiera que este! –Le ordenó a un par de soldados que acudieron en el acto y Kuvira pudo sentir el calor aún en la cama. –No hace mucho que salieron de aquí, no deben estar lejos. ¡Cierren todas las salidas! ¡Quiero viva a Korra para ser yo quien la mate!

Los hombres dejaron la habitación y dieron la voz.

La comandante recorrió la casa Mayor y la hacienda junto a sus hombres buscando a los raptores de su esposa.

El sol ya iluminaba el horizonte y aún no podían dar con ellos, comenzaba a desesperarse. Conocía muy bien cada rincón de esta hacienda y suponía que Korra también, así que fue a cada lugar por donde podrían huir sin ser vistos.

Escuchó los disparos y corrió hacia donde creyó se habían originado, estaba aún muy lejos.

Korra estaba montada en un caballo y peleaba contra sus soldados que disparaban para asustar el animal y usaban sus bayonetas para herirlo y hacer que cayera la jinete. Korra se defendía blandiendo un machete y al verse tan sobrepasada decidió salir de allí. Kuvira percibió su siguiente movimiento y se colocó en el camino.

El caballo venía a todo galope y Korra apenas alcanzó a ver a la comandante delante de ella. El sable de Kuvira apareció y acuchillo al animal que chilló al ser apuñalado pero no se libro del todo del golpe.

Avanzó unos metros más antes de caer desplomado desangrandose con la espada clavada en el pecho. Korra había caído unos pasos adelante, con ayuda de la adrenalina se logró parar pero Kuvira ya se había recuperado y le cayó encima dándole un fuerte puñetazo a la cara que la volvió a tirar al suelo.

Fue hasta el cuerpo del caballo y saco el sable del pecho. Korra vio el movimiento y se apresuró también a tomar su machete. El primer sablazo vino y la morena apenas pudo interponer el machete antes de que este le diera de lleno. Lanzó una patada y desbalanceo a la comandante que se fue al suelo de espaldas.

Un par de soldados llegaron a auxiliarla.

–¡No! ¡Déjenmela a mí! ¡Que nadie se meta! –Se recuperó y fue a perseguir a Korra que había salido corriendo para escapar.

Los soldados rodearon el perímetro manteniendo la distancia y dejando que su superior jugará al gato y al ratón con su presa.

Kuvira supo llevar a Korra y la acorralo en un callejón sin salida.

–¡Rindete! –Exclamó en voz alta.

–¡Jamás! –La morena sabia que no tenía escapatoria, estaba contra la pared. El muro que delimitaba la hacienda estaba a sus espaldas y Kuvira y sus soldados la tenían rodeada.

Escupió la sangre en su boca.

–¡Mataste a Baatar e hiciste que mi esposa me engañara! –Dijo desgarrando su voz con la rabia acumulada.

–¡Yo no lo maté! Eso deberías preguntárselo a tu administrador. –Alzó el machete para esquivar una estocada de la espada de Kuvira. –Y Asami en realidad nunca fue tuya, ella siempre me amo a mí.

Eso hizo enojar aún más a la militar que volvió a arremeter contra la morena. Sus lances eran más fuertes y feroces. El simple machete no resistiría mucho.

Al fin en una de las estocadas logro abrir una herida en el brazo de Korra y esta soltó el arma blanca que blandía.

–¡Tú nunca debiste regresar! –Pateó a la morena en el estómago tirandola al suelo.

–¡Tú fuiste quien se interpuso entre las dos! –Korra no se rendiría a pesar de que estaba a punto de morir.

–¡Basta de juegos! –Echó su sable a un lado y saco la pistola de la morena. –Aquí te mueres. –Movió el martillo hacia atrás y apuntó directo al pecho de Korra.

–¡No! –De la nada apareció Asami y se interpuso entre las dos. –¡No la mates!

–¿Por qué regresaste? –Korra le reclamó.

Detrás de ellas Bolin forcejaba con los dos soldados, ya había logrado noquear a uno pero el otro le estaba dando batalla.

–¡Por favor Kuvira no lo hagas! Ella es inocente, Korra te salvo la vida en una ocasión, ha sido mi padre quien ha cometido esa infamia. –La militar no se inmutó ni un poco, ni bajo el arma.

–¿Tanto la amas que estas dispuesta a dar tu vida por ella? –Ahora la pistola apuntaba a su esposa y unas gotas escaparon de sus ojos.

–No... –Intentó hablar pero la morena la interrumpió.

–Nos amamos, es que tú no lo ves. –Kuvira miró en los ojos de Asami y sabia que se iba a arrepentir toda su vida si jalaba ese gatillo.

–Si la amas tanto como dices lárgate con ella... –Se dirigió a Asami. –Tú me salvaste la vida una vez para hoy arrebatarmela de la forma más horrible, al llevarte a las dos personas que más me importaban en la vida. –Le dijo a la morena. –No tengo más deudas contigo, pero tú tienes a partir de hoy una conmigo... Mientras siga con vida no pararé de perseguirte... Por eso...

Llevó la punta del revolver a su cien...

Y pronunció un Te amo Asami...

Antes de que pudiera presionar el gatillo Bolin le dio un fuerte golpe en la cabeza que la hizo caer inconsciente al piso.

La chica de ojos esmeralda estaba horrorizada al ver lo que su esposa pretendía hacer. Se iba a quitar la vida para que ella pudiera irse con Korra.

Se oyeron disparos a lo lejos y la morena tomó su revolver de manos de Kuvira y disparo para defenderse de los soldados que venían llegando.

Los tres huyeron de allí apenas con vida.

– o –

Cuénteme que les ha parecido...

T. T lloró de tristeza...