Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: ¡Nuevo capítulo! Ya sé que me atrase una disculpa por ello. Es que he andado un poco distraída con otras ideas y sinceramente me ha costado trabajo intentar escribir una parte Korrasami. Estoy haciendo el intento. Quizás lleguen a pensar que la Korra de este capítulo es una cabrona, pero no es así. Sólo está reaccionando como cualquier ser humano que siente que lo que ha anhelado tanto tiempo escapa de su control y tiene miedo de perderlo. Por su parte Asami está en la disyuntiva de dejar atrás a Kuvira y entregarse a Korra, sólo que no es fácil dejar de amar a una para estar con la otra. Hay pelea entre ellas por esa razón.

Pero bueno que ya les estoy haciendo resumen. Quería hacer más largo el capítulo aunque no quiero alargarles más la espera. No son muchas palabras apenas y arañamos las 6 mil, pero el siguiente capítulo viene con más acción en batalla. Eso y que quiero hacer un shot que se me ha ocurrido, una historia de samuráis. Acabó de ver "El último samurái" con Tom Cruise y se me ha hecho tan Kuvirasami que no puedo dejar ir la idea.

Esperó publicar el siguiente capítulo antes de que acabe el año y que sea más extenso. De nuevo una disculpa por la tardanza.

– o –

La tropa había salido del pueblo en busca de Korra, así que Opal tenía que apresurarse a hacer algo. Era una Beifong y una Beifong no se quedaba esperando en casa a que las cosas se resolvieran. Se vistió con un traje de jinete y fue a los establos a buscar un caballo.

Estaba en las puertas de la casa Mayor cuando vio a una chica con el hábito naranja y amarillo de los monjes preguntando por Asami a una de las sirvientas, la recordaba vagamente de la fiesta de bienvenida pero no había tenido la oportunidad de hablar con ella. Le intrigó que preguntará por la esposa de Kuvira así que se acercó a ella para hacer conversación.

—Si buscas a Asami, me temo que estás perdiendo el tiempo —le dijo en cuanto estuvo a un paso de ella—. ¿Jinora? ¿Ese es tu nombre? —dudó por un momento pero creía haber atinado el nombre de la chica.

—Si... Si... —respondió con timidez—. Mi nombre es Jinora, ¿sabrás cuándo podrá estar? Me es urgente hablar con ella —Opal notó que la chica estaba evidentemente nerviosa.

—Eso no lo sé, dado que Korra se la ha llevado de la hacienda y Kuvira a salido a buscarlas —la cara de Jinora se fue tornando pálida hasta quedar sus labios blancos por la noticia.

—¡No puede ser! —dijo con sorpresa para después pronunciar casi en un susurro— Korra... ¿Qué has hecho?

Eso hizo brincar las alarmas en la chica Beifong que de inmediato supo que tenía que empezar con ella para obtener algún tipo de información.

—¿Korra? ¿Tú la conoces? —se acercó a la joven novicia y la llevó aparte para hablar con ella lejos de los oídos chismosos de la sirvienta.

—No... Yo no... —aunque Jinora intentó negarlo sus esfuerzos no estaban dando resultados.

—No lo niegues por favor —le suplico Opal para tratar de ganarse su confianza—, si es así, tenemos algo en común y eso es querer ayudar a Korra.

Las dos chicas se miraron a los ojos y al ver sinceridad en los ojos verdes de la chica Beifong, Jinora accedió a hablar con ella.

—Le recuerdo del baile, usted acompañaba a Korra quien, por cierto, parecía verse contenta con su compañía —habló en voz baja—. ¿Ustedes tienen algún tipo de relación?

—Somos buenas amigas, nos conocimos en la capital cuando Korra regreso del frente —comenzaron a caminar rumbo a los establos—. Tenemos una buena relación o al menos así creí, las cosas ahora se han puesto algo extrañas —tomó del brazo a la joven acercándola a ella—. Entre sospechas, raptos, asesinatos y venganzas, las cosas están pies para arriba, pero te aseguro que solo quiero ayudar a Korra y evitar que Kuvira le haga daño creyendo que mató a mi hermano.

—¿Realmente no crees que Korra mató a tu hermano? —pregunto algo incrédula la novicia.

—Sé que Korra no haría algo así —llegaron hasta el establo y uno de los mozos le entregó las riendas de una yegua a la joven Beifong—, pero necesito aliados para ayudarme a probar su inocencia y algo me dice que tú me podrás ayudar.

– o –

La tropa improvisada se había movilizado hasta el pueblo de San Martin, Korra y Mako comandaban el grupo junto a Tonraq y Bolin. Los seguía un contingente de jornaleros armados con fusiles rústicos, azadones y machetes. Los sorprenderían al amanecer justo después de entregar la guardia, mientras aún estaban relajados.

Se dividieron en tres grupos, Mako y Bolin con algunos hombres entrarían por la parte trasera cortando el paso de la guardia y cuidando la salida. Tonraq esperaría a las afueras vigilando el camino principal de llegada al pueblo mientras Korra se filtraría con algunos de sus hombres, los que le siguieron al desertar del ejército.

Sin mucho problema los hermanos neutralizaron la guardia dando el paso a Korra y sus hombres. La morena se topó con un poco de batalla pero rápidamente los doblegaron y amagaron. Dio la indicación y Bolin entró con un par de carretas donde cargaron armamento y provisiones del cuartel.

La operación se estaba realizando de forma limpia sin tener que disparar y mucho menos tener bajas. Sin embargo eso no duró mucho tiempo. Habían reunido a la guardia del cuartel en el centro teniéndolos de rodillas mientras llenaban las carretas. Sin esperarlo, se comenzaron a oír ruidos de detonaciones. Un chico llegó corriendo como alma que lleva el diablo. La comitiva que encabezaba su padre retrocedía hasta su posición.

—¡El ejército está aquí! —gritó cuando estuvo al alcance— ¡La dueña de la hacienda Mayor y su suegro vienen con los militares!

—¿Cuántos hombres son? —Korra lo agarró de los hombros en cuanto lo tuvo al alcance pidiéndole explicaciones.

—Un puñado, quizás unos cien —le contestó y los disparos se oyeron más cerca—. Ya tomaron la entrada del pueblo y su padre está tratando de mantenerlos a raya pero no resistirá mucho.

—¡Mako, Bolin dense prisa! —las carretas estaban casi llenas y los urgió a moverse más aprisa.

Envalentonados por el apoyo que venía en camino algunos guardias se levantaron contra los otros jornaleros y ex militares y la lucha inició en el interior.

Mako organizó la salida y Bolin junto con otros de los hombres subieron a las carretas dejando el cuartel. Korra y sus hombres tuvieron que abrir fuego contra los soldados para permitir que huyera la caravana. Fueron expulsados por la guardia del cuartel.

—¡Padre! —llamó Korra cuando lo vio doblar la esquina de la calle que daba a la fortificación, él y algunos de sus hombres habían retrocedido hasta el lugar empujados por las fuerzas de la comandante Kuvira.

—¡Korra cubriremos la huida, ustedes llévense al resto —le dijo cuando llegó hasta ella.

—No, tu guialos, nosotros nos hacemos cargo, mis hombres están mejor preparados —un par de disparos llegaron hasta ellos pero impactaron contra el muro—. ¡Váyanse ya!

La morena con unos quince hombres que aún seguían en pie después de salir del cuartel cubrían el escape calle abajo. Apenas habían podido repeler el ataque de la guardia del cuartel para lograr que las carretas con víveres y armamento huyeran por el camino que Mako trazo para la salida.

Los hombres de Kuvira estaban ya encima de ellos. Pudo ver a la militar encabezando la arremetida contra ellos. Sus miradas se cruzaron por unas milésimas de segundo y el odio en esos ojos verdes le heló la sangre a Korra. La mujer estaba determinada a acabar con su vida si tenía la oportunidad. La morena ordenó la retirada ahora que el resto había podido huir del lugar.

Se giró para dar la indicación cuando una bala le rozó la pierna abriéndole una herida que comenzó a sangrar. Se llevó la mano para cubrirse la herida y parar la sangre que salía. Le quemaba como el fuego. Miró hacia atrás con dificultad y vio como Kuvira recargaba un fusil para volver a disparar contra ella. Un mareo la invadió y trastabilló cayendo de rodillas, su pierna le falló un momento. Gateo para ponerse a salvo y evitar ser blanco de nueva cuenta para la comandante.

Un par de hombres, un ex soldado y un jornalero, la tomaron de los hombros y se la llevaron a rastras mientras seguía presionando su pierna, trastabilló un poco jalando al jornalero con su peso y fue allí que oyó otro disparo zumbando sus oídos y el hombre a su izquierda, el campesino,cayó al suelo muerto con el cráneo destrozado. Kuvira había vuelto a dispararle y si no hubiera sido por el hombre que ahora estaba muerto a sus pies ella hubiera recibido la bala en su cabeza. Fueron más aprisa doblando una esquina y dejando atrás a la comandante.

Corrieron hasta los caballos y levantando polvareda dejaron el pueblo. El dolor se instaló en ella y a cada zancada del caballo sentía como su carne ardía por la bala, sus labios se habían vuelto pálidos y un sudor frío la estaba recorriendo, su cuerpo estaba respondiendo al dolor. Un grupo los persiguió asolandolos, continuando el tiroteo hasta que lograron perderlos unos cientos de metros más adelante cuando entraron en el monte. Para entonces ya había caído sin fuerza sobre el lomo del caballo aliviada de haberlos perdido.

– o –

—¡Maldita suerte! —exclamó Kuvira cuando ya no pudo volver a tirar contra Korra.

Sabía que su primer disparo había pegado a la morena pues vio como su ropa se tiñó de color rojo. Sin embargo no había sido suficiente pues la chica se había escabullido y habían acudido a auxiliarla y su segundo disparo dio en otra persona en lugar de la morena, había perdido a su objetivo.

El resto de su cuadrilla logró recuperar el control del cuartel pero se lamentó al ver que Korra y sus rebeldes habían tomado suministros y armas del lugar, habiéndose llevado lo mejor.

—¡Me carga la chingada! ¿Cómo diablos es que no pudieron pelear con ellos? —había reunido al resto de los soldados acuartelados, quería desquitar su frustración con ellos pero se contuvo— ¿Quién está al mando? —un hombrecillo de tez morena oscura y espeso bigote alzó la mano pero no se atrevió a hablar— Necesito un reporte de inmediato de los muertos y los heridos, así como de lo que se llevaron los rebeldes y lo que queda —le gritó y el tipo tembló apresurandose a cumplir las órdenes.

Recorrió el sitio evaluando los daños por sí misma. Había hombres muertos de ambos lados, mayormente campesinos que Korra condujera a su perdición al asaltar el cuartel. Sabía que eso estaba mal. Siempre detestaba luchar contra civiles, aún cuando estuvieran armados. Tenía que sofocar esta revuelta enseguida, solo que ahora se complicaba. Quizás no tuvieran entrenamiento militar pero eran más peligrosos de esa forma. Al no tener disciplina podían caer en desmanes más fácilmente.

—El grupo de reconocimiento regreso, los indios estos se han escondido en las cercanías de San José —Hiroshi Sato entró en la oficina del cuartel donde Kuvira consultaba unos mapas de la región.

—Supuse que irían allí —señaló con el dedo un punto en el mapa—. Es el mejor lugar para esconderse. El terreno es escarpado y solo hay un acceso —recorrió su dedo hasta otro punto—, es un lugar sumamente seguro… lleno de cuevas y con recursos disponibles… —contempló el papel sobre el escritorio pensando la mejor forma de acceder al sitio sin tener que hacer un ataque frontal.

—Solo hay una forma de atrapar esas ratas —su suegro sonrió con malicia—, hay que quemar esa ratonera para hacerlos salir.

– o –

En el campamento de los campesinos, Asami puso manos a la obra y con ayuda de otras mujeres levantaron un pequeño puesto médico donde atenderían, en caso de ser necesario, a las personas que resultaran heridas de algún conflicto. Si bien no tenían médico, una anciana ciega curandera es quien se haría cargo. La ojiverde ya la conocía, Toph, ella fue quien le diera la noticia de la muerte de Korra en aquel fatídico día.

—¡Ah la calma antes de la tormenta! —la mujer le habló mientras Asami se dedicaba a extender algunos petates en unos camastros de yute.

—Espero que todos estén bien —miró a la anciana que fumaba tabaco de una pipa alargada.

—Cuando se trata de guerra difícilmente todos estarán bien —el corazón de la ojiverde se encogió, temía por Korra y por Kuvira, hasta donde llegarían las cosas entre ellas antes de que el final se desenvolviera—. Será mejor que nos pongamos a trabajar, puedo oler el aroma de la sangre y la pólvora en camino.

Un grupo de niños se acercó hasta el improvisado puesto gritando, andaban jugando por el lugar. Una niña pequeña corría detrás de ellos, pero era aún muy chiquita para seguirles el ritmo y en su apuración se fue de bruces al suelo. El llanto no se hizo esperar, la niñita se había raspado las rodillas y un poco de sangre y tierra se podían observar en ellas. Asami la vio y fue a socorrerla.

—Tranquila pequeña —tomó a la pequeña en brazos—, iremos a limpiarte. ¿Cómo te llamas? —la niña que lloraba a moco tendido comenzó a hipar al ser cargada por la hija del administrador pero aún así no le respondió.

La sentó en un camastro y acercó el agua y unas telas para comenzar a limpiar los raspones. La pequeña tenía unos profundos ojos verdes de tonalidad opaca que le recordaron mucho a cierto color oliva. Su tez era algo morena y tenía un bonito lunar justo por encima de la ceja derecha. Probablemente tendría unos dos o tres años y apenas balbuceaba algunas palabras. Le dio mucha ternura la criatura y después de limpiar sus rodillas quitó un poco de la mugre que cubría su rostro.

—¡Esos lloriqueos! —la anciana ciega dijo en voz alta echando una calada de su pipa— Jajaja de nuevo te has vuelto a caer Malika —la pequeña hizo un puchero y dejó de llorar.

—Será mejor que la lleve con sus padres —Asami recogió el balde de agua y las telas.

—Buena suerte con eso —la mujer mayor le dijo con desdén y se sentó en un camastro frente a ellas. Esa anciana comenzaba a molestarla por su actitud.

—¿A qué se refiere con eso? —no pudo evitar que su voz sonará irritada.

—Malika es huérfana de madre, ella murieron en el verano hace un par de años —aún cuando sus ojos estaban desprovistos de toda luz la joven sintió que la veía de forma acusadora—. Al parecer tuvieron una diferencia con el administrador.

Su padre, ¿cuánta de esa gente había sido perjudicada por la avaricia de su padre? Sintió náuseas de pensar en la clase de persona que era. Miró a la pequeña que aún sollozaba en silencio y se le partió el corazón al verla así.

—Se dice que el viejo Wan tenía sus diferencias con el padre de Malika, Shin Lee. Hiroshi se encargó de hacer su trabajo y para amedrentar al hombre lo amenazó y mató a su mujer. —el humo del tabaco comenzó a molestar a la pequeña que estornudo al olerlo, Asami estaba estupefacta oyendo lo que la mujer decía— Claro está, esos son solo habladurías de la gente.

Si lo que acababa de decirle era cierto ya no sabía de qué modo su padre no había dañado a todas esas personas, tenían razón al desconfiar de ella. Rápidamente tomó a la niña en brazos y unas lágrimas escaparon de su rostro. Que clase de infamia la había hecho correr esa suerte.

—Entonces, si es así ¿cómo sobrevivió? ¿quién está a cargo de Malika? ¿Qué hay de su padre? —era obvio que alguien debió de haber intervenido para que la chiquilla aún viviera y anduviera por allí corriendo.

—Era un bebé cuando todo pasó. ¿Cómo sobrevivió? Su padre se hizo cargo, el hombre ahora lucha contra Hiroshi para vengar la muerte de su esposa —se levantó del camastro—, quizás debas ir con él.

Sin duda lo haría, esto era algo que no podía ignorar. Sólo que tenía vergüenza de presentarse frente a él y pedirle disculpas por lo que su padre había hecho, eso no le devolvería a su esposa muerta. La pequeña se entretuvo jugando con sus mechones negros y ahora sonreía mientras tocaba sus mejillas y limpiaba algunas de sus lágrimas. Asami la contempló pensando en que por alguna razón poderosa el destino había hecho que se cruzaran sus caminos. Debía reparar la injusticia que su padre hubiera cometido.

—Parece que los hombres regresan —a lo lejos percibió el ruido de los caballos y de voces que venían en su dirección.

Todos en el campamento se alertaron y el movimiento de las personas se aceleró. Los primeros en llegar fueron unos hombres a caballo que escoltaban a pocos metros las carretas donde traían los suministros, Bolin conducía una de esas carretas. Mako se acercó hasta el puesto con algunos de los hombres heridos en la refriega. Detrás de él unos minutos más tarde Tonraq apareció con otro grupo.

El pecho de Asami estaba a la expectativa esperando la aparición de Korra pero ella no llegaba. La anciana la urgió a que la ayudara pues una buena cantidad de esos hombres regresaban heridos. Llevó consigo a la pequeña y la dejó en el fondo de la tienda, donde pudiera tenerla vigilada.

Muchos de los hombres tenían golpes y disparos que habían perforado su carne. Un par de ellos habían llegado muertos y otros más estaban en shock. Algunas mujeres se pusieron a trabajar en los heridos y la anciana solo atendía a los más graves. No pasó mucho tiempo antes de que unos hombres trajeron a Korra hasta el puesto. Tonraq venía con ellos muy preocupado por la condición de su hija, quien repetía que estaba bien, que sólo había sido un rasguño y estaba exagerando. Su padre se retiró un momento para evaluar todos los daños de la refriega mientras ella era atendida por su herida, sabía que estaba en buenas manos.

El mundo se le fue a Asami al ver la sangre y el estado en que estaba la morena. Pidió a otra de las mujeres la supliera y corrió a su lado.

—¡Korra! —gritó, los ojos azules de la chica se posaron en ella y pudo ver la gravedad de la herida.

Con cuidado liberó el agarre de la morena en su cuello y realizó presión en la pierna con unas telas sobre la herida. La anciana llegó hasta ella y tocó la cara de la chica.

—¿Qué es lo que pasó? —le pregunto mientras comenzaba a preparar una cataplasma de hierbas y aguardiente que echó sobre la pierna quitando la tela que Asami usará para presionar.

Era increíble ver como esa mujer a pesar de lo que pudiera ser una discapacidad, trabajara sin ningún problema curando a la gente. Sus dedos se movían ágiles limpiando, pidió una aguja con hilo y la ojiverde se la proporcionó a la brevedad.

—Nos sorprendieron, la comandante Kuvira llegó hasta el pueblo ¡Ay! —se quejo al sentir la aguja sobre su piel, miró a Asami que sostenía su mano tratando de darle ánimo.

—Deja de quejarte chiquilla que si esta bala hubiera ido unos centímetros más arriba estarías ya en el otro mundo —volvió a meter la aguja suturando otros puntos, hizo el nudo y cortó el hilo— Tendrás que descansar por ahora y recuperar las fuerzas, perdiste un poco sangre pero no tienes de qué preocuparte.

—Gracias —dijo Asami a la anciana y esta solo chasqueo la lengua.

Korra presionó la mano de Asami que estaba entre las suyas he intentó sonreírle pero parecía más una mueca de dolor que una sonrisa. La de cabello oscuro llevó su mano al rostro de la morena agradeciendo que no hubiera sido nada grave.

—¿Estas bien? —era evidente que no del todo, pero no pudo evitar preguntárselo a la morena.

—Si, ya estoy mejor. Al menos Kuvira no tuvo buena puntería en esta ocasión —sostuvo la mano de Asami contra su rostro prolongando más el contacto—. La he visto darle a una mosca con un fusil a varios metros sin errar ni un milímetro, alguien me quiere allá arriba —la broma no le cayó nada bien a la otra chica y retiro el toque de su palma.

—Te pudo haber matado —la soltó y empezó a colocar un vendaje para cubrir la sutura que Toph hiciera.

—Pero no lo hizo, la próxima vez espero ser yo quien tenga la oportunidad y no desaprovecharla —la voz bromista cambio a una llena de resentimiento y eso asustó a Asami.

Ella no quería nada de eso. Verlas pelear hasta la muerte. Kuvira la había repudiado pero a pesar de todo Asami la seguía amando y no quería que nadie, ni siquiera Korra le hiciera daño. Así mismo, temía por la integridad de la morena y no deseaba que Kuvira cometiera una injusticia.

—¡Por favor Korra! No sigas con esto, no quiero que le hagas daño, las cosas no se resolverán de ese modo —le suplicó—. Prométeme que no lo harás —le tomó la mano y Korra la apartó.

—No puedes pedirme eso después de lo que ha hecho —la morena estaba ofendida por las palabras de Asami, no podía creer que aún cuando Kuvira la había echado de su lado e intentado matarla a ella, todavía quisiera defenderla.

—Todo ha sido mi culpa —dijo sumamente apenada—. No debí casarme con ella, no de la forma en que se dieron las cosas, ni tú pasar por todo lo que mi padre te condenó. Todo es mi culpa —volvió a repetir llena de remordimiento.

—No, Asami lo siento —La chica de ojos azules se disculpó—. Tú no tienes la culpa. Las cosas se dieron así, el único culpable real de todo esto es el desgraciado de Hiroshi —se incorporó sentándose en la cama y atrajo el rostro de la ojiverde hacia ella—. No tienes porque sentirte así, sólo no me pidas algo que no voy a poder cumplir. Te amo y sé que Kuvira también lo hace, aunque me cueste admitirlo, y no hay forma en que ninguna de las dos vaya a renunciar a ti si las dos estamos dispuestas a morir por conseguir tu amor.

Asami bajo los ojos, no quería nada de eso. No quería ver a ninguna de las dos matándose por ella. Lo peor era que estaban arrastrando a inocentes en su pelea. Esto tenía que acabar. Debía hablar con Kuvira para que detuviera todo. Decirle que era su padre el único culpable y quién debía pagar por todo el daño que estaba haciendo. Korra tomó su mentón y alzó su rostro para que la mirara de nuevo, sus ojos se encontraron y la morena venció el espacio entre ellas colocando sus labios sobre los de Asami. El toque fue suave, apenas una caricia pero fue suficiente para hacer que la chica de las esmeraldas rompiera a llorar aferrándose al pecho de Korra.

La morena no supo qué hacer y sólo atinó a abrazarla y depositar algunos besos sobre su cabello negro. Los sollozos de Asami fueron disminuyendo poco a poco y en un inaudible "lo siento" se disculpó con ella por su actuar.

—No te preocupes —le contestó tomando su rostro entre sus manos—, se que tú también tienes sentimientos por ella ahora pero voy a luchar para que vuelvas a sentir amor por mi, como cuando las dos éramos más jóvenes —besó su frente—. Sé que aún me amas.

—Korra yo… —si la amaba, eso era verdad, pero tenía el corazón dividido.

—Shhh, no digas nada —calló su boca con otro beso y en esta ocasión presionó aún más sus labios prolongando el toque.

Sería fácil para ella sólo dejarse llevar, pensó Asami. Sólo perderse en el amor que Korra le ofrecía y olvidarse del resto. Tomar el odio con que Kuvira la había tratado cuando se enteró de lo que sucedió entre ellas dos y darle vuelta a la página. Podía hacerlo, podía intentarlo, podía… pero…

Korra se aventuró al sentir como Asami dudaba y buscó abrirse paso entre sus labios tocando con su lengua la suya invitándole a corresponderle. La ojiverde se asió de ese sentimiento de odio y rabia de Kuvira y se abandonó a merced del amor de Korra.

Se separaron cuando sus respiraciones les pidieron un descanso. Una sonrisa se dibujó en la cara de la morena al ser aceptada por la otra y Asami apenas pudo responderle con una ligera curva que se desvaneció casi al instante. Se sentía culpable.

Dejó a la morena yendo a atender el resto de las personas heridas y Korra se dedicó a observarla trabajar. Aunque todo era un caos a ella no le importaba nada más. Había dado un paso importante en recuperar a la mujer que amaba y todo el mundo podía ponerse de cabeza y no le importaba en lo más mínimo.

Tonraq había regresado a su lado poco tiempo después, el hombretón estaba muy preocupado, eso se podía saber por la expresión de su rostro. Korra se dio cuenta de eso.

—¿Qué es lo que ha sucedido? —le preguntó en cuanto estuvo junto a ella.

—Uno de tus soldados me ha dicho lo que pasó —Tonraq dijo un tanto molesto —. La patrona casi te mata.

—Pero no lo hizo —le replicó casi al instante.

—No, a ti no, pero sí mató a Shin Lee —Korra recordó al campesino que hubiera recibido la bala por ella.

—Lo lamento papá —se sintió con culpa por ello, el tipo no hubiera muerto sino la hubiese ayudado.

—Yo lo siento más por su hija, la niña se ha quedado sin padres —eso fue como un baño de aceite hirviendo sobre Korra, es allí cuando resiente todo lo que la guerra trae consigo.

Se quedó en silencio, no había nada que decir. Había presenciado muchas veces esas escenas mientras estaba en el frente con el ejército. Tenía que mirar todos los días como un compañero moría, como tenían que matar a personas inocentes que se cruzaban en las batallas, había aprendido a vivir sin pensar en eso. A no tener que imaginar la vida detrás del hombre o mujer que tuviera que matar durante las peleas, si tenía familia, amigos o una vida por vivir y ahora ya no tenía esa oportunidad.

Recordó a Bosco, la primera pérdida que tuvo que sufrir y cuando todo cambió para ella en el frente. Cuando fue consciente de los alcances de la guerra.

Trató de apartar los recuerdos y concentrarse en su presente, debía asegurarse de la supervivencia de la mayor cantidad de personas posibles, las bajas eran algo común pero debía disminuirlas para no tener que enterrar demasiada gente en esta empresa. Tonraq le reportó los movimientos, lo que habían conseguido y a cuantos habían perdido en la escaramuza. Perdió de vista un momento a Asami dedicándose a pensar en cuál sería el siguiente paso.

La chica de ojos esmeralda fue a buscar a la pequeña Malika una vez que hubo terminado de realizar sus labores ayudando a la anciana Toph a sanar a los heridos. La niña se había escabullido de la tienda y la tuvo que buscar por el campamento. La encontró llorando junto a un jornalero que llevaba una bufanda verde que le había entregado a la niña. La prenda estaba llena de sangre. Se acercó hasta el hombre.

—¿Qué ha pasado?¿Usted conoce a la niña? —temía lo peor, pero debía preguntar. Tomó a la niña en brazos.

—Si, su padre era mi amigo —dijo con pesar—. Él murió, la patrona lo mató cuando ayudaba a la hija de Tonraq a huir. Uno de los soldados me entregó su bufanda para que se la diera a su familia, pero toda la familia que tenía es esta chiquilla —señaló a la pequeña.

Asami se sumió en la estupefacción, dejó al hombre llevándose a la niña. Lloró junto a la pequeña hasta que ya no tuvo más lágrimas. ¿Cómo podía ser posible que la mujer que amaba había cometido tal atrocidad?

– o –

Algunos días pasaron para Korra y Asami, las cosas entre ellas no habían avanzado y más bien habían retrocedido. Asami se mantenía distante siempre acompañada de la pequeña Malika. La morena intentaba acercarse pero ella se las ingeniaba para que eso no sucediera. Korra le había dado su espacio pero comenzaba a cansarse de la situación. Así que esa noche se armó de valor y fue a enfrentar a la chica de ojos esmeralda.

—Asami —le llamó al entrar a la tienda donde ella dormía junto a la pequeña—, necesitamos hablar —le dijo, no como una orden pero tampoco como un pedido, era algo que las dos debían aclarar.

—Korra es noche, tú debes estar cansada y mañana tienes que salir muy temprano —la morena no cedió y se sentó en la cama junto a ella, Asami acababa de dormir a la pequeña en su camastro.

—Precisamente por eso tengo que hablar contigo —la chica hizo el intento de levantarse pero Korra se lo impidió—, cada día que pasemos aquí es un día ganado, no sé si el día de mañana que salga no regrese a tu lado y quiero que esta barrera que has puesto entre nosotras desaparezca.

—Korra no digas eso —Asami desistió de huir.

—¿Qué es lo que está pasando? —sostuvo sus manos entre las suyas y la obligó a mirarla.

—No lo sé —guardó silencio un momento —, creo que me ha afectado demasiado el saber que Kuvira mató al padre de Malika al intentar matarte a ti…

La morena suspiró, ella también sentía la muerte de ese hombre. Había visto como Asami se había aferrado a la pequeña estos días y pensó que estaba cargando con una muerte que no le correspondía. Esto era algo que no debía pasar pero paso. ¿Cómo podía decirle que debía dejarlo atrás?

—Me parece muy loable que quieras hacerte cargo de Malika —le habló con cariño—, lo que no se me hace justo es que tengas que culparte por ello, por algo que Kuvira hizo y mucho menos que me separes de ti por esa razón.

—No, no es así —desvió la mirada—. Me duele todo lo que está pasando. Debo hablar con Kuvira, explicarle lo que está sucediendo, lo que mi padre ha hecho y como nos ha mentido a todos —eso hizo enojar a la morena que soltó sus manos.

— ¿Por qué Asami? ¿Qué caso tiene? —le dijo con irritación — Kuvira te repudió, te hecho de su lado, ella no te ama como yo. ¿Por qué seguir aferrándote a ella?

—Eso es algo que no quiero discutir contigo —se separó de ella bruscamente.

—Te duele —alzó la voz—, es acaso ¿por qué a ella no puedes enterrarla como a mi? Sería más fácil si muriera y así regresaras conmigo —apenas terminó de decir eso cuando la chica le dio una bofetada.

—¿Cómo te atreves a decir tal cosa? —le recriminó indignada.

—¿O quizás prefieras que sea yo la que muera por su mano? —Korra se levantó encarándose con ella.

—No digas tonterías —la pelea no estaba llevando a ningún sitio y sólo se estaban lastimando, Asami trató de calmarse—. No quiero que ninguna de las dos muera. Entiendelo. Debo hablar con ella, se que me escuchara, una vez que pase su enojo ella volverá a ser como antes.

—Deja de engañarte —bufó la morena—, he visto lo que puede llegar a hacer en el campo de batalla y creeme que esto no se detendrá así de fácil.

—Al menos debo intentarlo —dijo más para sí que para la otra chica.

—De ninguna manera lo voy a permitir —pronunció de forma definitiva—. Es mi última palabra.

Dejó la tienda hecha una furia, había ido a verla para acabar con la distancia y ahora la brecha se hacía aún más grande y profunda. Su miedo a perderla la estaba dominando. Pateó un par de piedras que había en el camino con frustración. Tenía que acabar con esto ya.

Se dirigió con su padre, debían ponerse en marcha, debía acabar con Kuvira de una ve por todas.

– o –

Por más que lo seguía pensando no veía la forma de ejecutar su plan sin tener que derramar sangre inocente. La propuesta de Hiroshi era demasiado agresiva y no estaba de acuerdo con ella, sin embargo no tenía opciones. Reflexionó por varias horas en cuál sería su siguiente paso.

Mando a llamar a su suegro y un hombre de su confianza. Discutió con lo dos el plan a seguir. Formaría un grupo de avanzada que buscaría filtrarse en el campamento rebelde bajo la protección de la noche aprovechando que estaban recibiendo a todo aquel que quisiera unirseles. Estaban siendo descuidados en esa parte. Entrarían y sacarían de allí a Asami sin disparar una bala. Una vez la tuviera consigo iría tras Korra sin ningún remordimiento.

—Teniente Sao usted dirigirá la distracción —le ordenó a su oficial—, deberá plantarse en las inmediaciones de la congregación que está cerca del campamento enemigo y alistarse para atacar, esperará la aparición de los rebeldes y mantendrá la posición.

—Deberíamos aprovechar para tomar el lugar —Hiroshi opinó al respecto—, sería sencillo simplemente aplastarlos sin contemplación.

—Señor Sato, no estoy en la labor de matar civiles por placer —no se molestó en voltear a verlo, esta discusión ya la habían tenido muchas veces.

—Su señor padre no se habría tentado el corazón para arrasar con sus adversarios —contestó su suegro.

—Yo no soy mi padre y las cosas se harán a mi manera —golpeó el escritorio siendo tajante en su decisión—. Voy a reparar mi error trayendo de vuelta a mi esposa y después de eso acabare con Korra y su rebelión.

—Solo espero que esto no se te salga de las manos cuando tiene la oportunidad de sofocarla de raíz —le advirtió su suegro.

Kuvira los despidió de su despacho en el cuartel donde aún permanecian. No quería seguir escuchando a su suegro. Pidió un grupo de cinco hombres, los mejores, para acompañarla en su incursión. Saldrían esta tarde, ella los encabezaría.

– o –

Las cosas no podían resultar de la mejor manera, Kuvira estaba poniendo su cabeza en bandeja de plata para él, Korra sería acabada una vez que se deshiciera de su nuera y su hija estaría a salvo de ellas dos y en disposición de ser una nueva viuda que heredaría todo cuanto la familia Earth poseía. Fue hasta la casa donde se hospedaban en el pueblo y mandó buscar a su secuaz. Debía finiquitar el asunto.

—Teniente —llamó a su hombre de confianza—, iras acompañando a Kuvira, mi nuera, y cuando tengas la oportunidad deberás matarla.

—Señor… —el hombre de los largos bigotes dudó de sus palabras.

—Se escabullirán en el campamento rebelde, deberás ayudarla a rescatar a mi hija —continuó mientras se servía whiskey en un vaso y se acomodaba en uno de los sillones de la sala de la casa—. Toma a Homura y Teshiro, ellos se encargarán de armar alboroto en el lugar y en la confusión deberás herirla de muerte, si es posible debes asegurarte que Korra sea quien la termine.

El hombre tragó saliva, temía por su vida con la patrona pero más temía a la furia del administrador. Asintió a las indicaciones del hombre frente a él y se persignó rogando a los espíritus poder llevar a cabo su tarea.

—Está bien patrón —dijo al fin.

—Usa esto —de debajo de su saco extrajo un puñal—, es necesario que no dejes huellas —el teniente tomó el arma blanca—. Ahora vete.

– o –

¿Qué les ha parecido? En el siguiente episodio veremos si los planes de Hiroshi dan resultado. Ahora iré a dormir… See you soon...