Hola.
Dos capítulos con 3 días de diferencia? No lo creo. No se por qué lo hago :( ah no, si lo sé. El capitulo anterior sentí que me quedó demasiado corto y esto es una manera de compensarlo. Pero, no abusen .
Sinceramente no me satisfacio por completo como me quedó este cap. No sé si exagere algunas partes o quedaron incoherentes. Algo así es lo que siento. Espero sus opiniones.
Sin mas, disfrutenlo. .0
Sus ojos instintivamente buscaron aquel color plateado que la mayoría de las veces resaltaba bastante entre todas las cabelleras, dando con su objetivo. Se encontraba sentado, mirando hacia la ventana y parecía vagar en sus pensamientos. No pudo evitar fijarse en cada uno de sus rasgos aun con el rostro desinteresado y perdido que tenia, pero le parecía de lo más curioso e interesante que sus ojos no podían despegarse de él.
Se acercó a su pupitre, llamando su atención en el proceso.
- Hola, Daichi – Le saludó mientras él ponía su maletín al borde de la mesa.
- Hola, Suga – Estrecharon sus manos sin evitar sus sonrisas.
- ¿Cómo estás?
- Bien, ¿y tú? – Tomó asiento girando la mitad de su cuerpo para mirarlo.
- Bien, gracias.
- Me alegro – Suga asintió sonriendo. Rara vez sus conversación comenzaban así. Parecían de lo más común o casi como si solamente fueran conocidos, pero les era inevitable a veces.
- Lamento haberme retirado tan de pronto ayer – Hizo una mueca nervioso.
- No te preocupes. La próxima vez avísanos.
- Si – Sonrió ampliamente, casi contento de no recibir una reprendida.
- Y… ¿Qué tuviste que hacer? – Desvió su mirada hacia algún compañero que se encontraba en el salón mientras lo decía, con el mayor tono casi desinteresado posible – obviamente a propósito – porque por alguna razón, le interesaba saber que hizo el día anterior.
- Tuve que acompañar de compras a mi mamá.
- Ah… ya veo – Esperó algo más interesante o urgente de lo que él se había imaginado, pero de todos modos le satisfacía saber que al menos no se retiró junto al líbero.
- Nishinoya también faltó, ¿cierto?
- Si. Que ambos faltaran fue demasiado raro, hasta pensé que se organizaron para marcharse – Se levantó de hombros. No pudo evitar no decirlo.
- ¿Eh?... ¿Enserio? – Pudo ver un poco de sorpresa en su rostro.
- Si, pero fue solo una idea – Se excusó. Aquella idea había pasado a segundo plano luego de que se lo aclarara.
- Ah… bueno
- ¿Mas tarde vamos a hablar con Nishinoya?
- Claro.
El recreo del almuerzo había comenzado. Se dirigían al casino a comprar algo para comer, y luego, como tenían planeado, buscarían al líbero para hablar con él.
No pudo evitar una sonrisa en el momento que Suga compró su sándwich sin siquiera preguntarle o avisarle. Le había sorprendido, mas no se atrevió a rechazarlo y lo recibió amablemente. Sea como sea, le lograba sacar una sonrisa con cualquier gesto hacia su persona. Suga era realmente sorprendente – por no decir un encanto –.
Nishinoya se acercó a ellos medio corriendo saludándolos a la lejanía, hasta llegar a sus narices.
- Hola, chicos. ¿Qué tal?
- Hola.
- ¿Por qué faltaste ayer sin avisar? – Su tono era serio, pero leve.
- Eh… - Mordió su labio sin algún disimulo – Fui de compras con mi madre – Un click sonó en su cabeza. La idea de que Suga le había mentido respecto a su razón de retirarse ayer le nació y comenzó a carcomerlo.
- Que coincidencia, Suga también fue con su madre – La falsa e irónica sonrisa demostraba clara desconfianza en las versiones de los chicos.
- ¿Qué insinúas, Daichi? – Suga posiciono ambas manos en su cadera, mirándole inquisitivamente.
- ¿Yo?, nada – Se levantó de hombros falsamente – Solo me pareció raro.
- Suga-san, ¿también fuiste de compras?
- Si – Asintió – Pero parece que alguien aquí no nos cree.
- Daichi-san, digo la verdad, por eso falté ayer. Lo siento por no avisar.
- Chicos, no dije que no les creía, solo me pareció raro. Punto – Puso los ojos en blanco, fastidiado. Y si que estaba fastidiado, pero no porque no le creyeran, sino por unas ganas de reprender a Suga tras sospechar cosas con las respuestas de ambos. Lo peor, no sabía por qué le pasaba aquello. Pero lo que si tenía claro era que nadie podría sacarle de la cabeza la idea de la fuga que entre Suga y Nishinoya planearon, aun siendo solo una idea.
- Bueno.
- Adiós, chicos, debo hacer algo – Pudo ver el leve movimiento de cejas que le hizo a Suga, mientras indicaba con su cabeza un lugar en especifico. El otro, por su parte, solo tosió para desviar la atención que estuvo puesta en Nishinoya.
Ni se molestó en ocultar como arrugaba su entre cejas mientras los dejaba a solas, retirándose.
Aquello había sido más que sospechoso a su parecer. Algo tenían entre manos sus amigos, y él no sabía ni de que trataba, lo que le daba una pequeña molestia. Nunca se había considerado celoso con sus amigos, ni menos lo había demostrado, pero esta vez fue inevitable sentirse mal sabiendo que Suga le ocultaba algo. No hacía falta añadir la sospecha de la fuga de ambos. Y si ese fuera el caso, Suga le estaría mintiendo, lo que le afectaba más.
"¿Qué están planeando?".
- Daichi – Miró a sus espaldas como el peli plateado corría hacia él - ¿Por qué no me esperaste?
- Parecían querer privacidad.
- ¿Qué?
- Las caras y señas que hacia Nishinoya – Aclaró.
- Ah… eso – Soltó un suspiro – Es algo sin importancia. Perdón.
- Ya.
No sabía por qué se comportaba así. Estaba más cortante o frio de lo normal, y él mismo lo sabía, pero le era inevitable actuar así con Suga. Estaba molesto y…
"¿Celoso?"
Un escalofrió le recorrió el cuerpo de un momento a otro, provocándole uno que otro movimiento nervioso en su cuerpo, pero Suga no lo notó. La idea lo había dejado perturbado e intrigado, ya siendo por la gravedad de sus pensamientos o lo poco que se negaba en rechazar la loca idea. Él no estaba enamorado. No podía sentir algo como celos, y si fuera siendo solo como amigos, no estaba en el derecho, era algo demasiado infantil para alguien como él. Se reprendió mentalmente por su comportamiento. Estaba demostrando mucho de sí a Suga, y le podría dar más de una razón de su actitud molesta, agregando lo mucho que le conocía, descubriría de inmediato el por qué de su estado actual. Decidió comportarse como siempre, borrando su reciente molestia, y Suga ni pareció darse cuenta.
- Reúnanse – Avisó al resto de equipo, haciendo que todos se juntaran en la puerta del gimnasio.
- Chicos, la próxima semana, iremos a Tokio – El grito de alegría se escuchó por casi todo el lugar, interrumpiendo al profesor.
- ¡Cállense! – Su mirada intimidante fue más que suficiente para callar a Tanaka y Hinata.
- Gracias, Sawamura – Sonrió nervioso Takeda. Incluso él se había asustado – Será un partido de práctica con Nekoma. Partiremos el sábado en la mañana, y volveremos el domingo en la tarde – Explicaba – Obviamente pasaremos una noche allá, por lo que lleven ropa de cambio. Las autorizaciones deben entregárselas a sus padres y deben firmarlas, dando su consentimiento. La preparatoria ya nos autorizó este viaje, así que no se preocupen acerca de eso – Comenzó a repartir los papeles que contenían toda la información del viaje y deberían de estar firmados por sus padres - ¿Alguna duda?
- El próximo fin de semana, ¿verdad? – Hinata preguntó al profesor cuando le entregaba la comunicación.
- Si.
- Lo acaba de decir, idiota.
- Antes había dicho que era la próxima semana, no el próximo fin de semana – Formó un puchero, molestándole – Idiota.
- Es casi lo mismo – Toda la palma de su mano cayó sobre la cabeza naranja, apretándola un poco, lo que provocó que el otro se quejara de dolor.
La noticia le había caído bien. Le creaba una emoción que desde hace mucho no sentía. Aquella que solamente podías tener antes de un partido oficial o importante, aunque el que se acercaba solo seria de práctica, pero le creaba la misma emoción. Igualmente podía sentir aquello desbordarse de los chicos, esa pasión y rivalidad con Nekoma, que desde mucho antes existía y fue otorgada a su generación. Llegaba a causarle gracia pero le alegraba saber que los demás también estuvieran ansiosos como él.
- No esperaba la noticia.
- Yo tampoco. Fue tan de improviso. Incluso me dieron ganas de unirme a los chicos en su celebración – Comentó con una sonrisa.
- A mi también – Le sonrió – ¿Igual estas ansioso?
- Si, aunque… - Calló de un momento a otro, dejándolo a la intriga.
- ¿Aunque qué?
- Nada. Ignora eso – Negó con su cabeza.
- Dime, Suga – Paró su caminar, enfrentándolo. Creía saber de lo que estaba a punto de hablar, pero prefería escucharlo salir de su boca antes de sacar precipitadas conclusiones. Suga solamente soltó un suspiro.
- Me gustaría jugar en el partido – Le miró. Solo pudo ver molestia y resignación – No quería decirlo porque me parece molesto andarme quejando acerca de eso – Tuvo razón respecto a lo que supuso le diría – Ya sé que no hay otra solución. Además, yo mismo decidí seguir en el club aun cuando Kageyama sería el armador titular – Levantó sus hombros como si no tuviera caso pensar más en lo que decía.
- Suga…
No supo que mas decirle mientras veía como retomaba su camino, dejándolo un poco atrás. Le siguió, pero sin saber que mas hacer. ¿Qué podía responder a todo lo que le había dicho? Él no tenía la solución a lo que le pasaba. No podía decirle; "No te preocupes, jugaras si o si, sacaremos a Kageyama la mitad de un set". No, él no estaba en la posición, y menos le haría caso el resto del equipo. Además, Suga se negaría rotundamente a eso, estaba viendo por el bienestar y la evolución del equipo, no podía botar todo aquello a la basura solo por un capricho que él estaba dispuesto a cumplirle.
Se arrepintió de su estúpida indagación en el tema. No debió insistir tanto y dejar que las cosas continuaran. Sin tener que haber pasado por aquella incómoda situación que estaba fuera de su alcance.
Sacudió su cabeza.
"¿Qué clase de amigo soy si deseo olvidar su intima confesión?".
Justo ahora Suga le había confesado lo que pensaba y sentía, mas él no podía hacer nada, y eso le afectaba. Ahora mismo estaba como quien sabe lo que le ocurre a su amigo pero no hace nada por ayudarle. Solamente podía escucharlo y apoyarlo.
La despedida fue fría y sencilla. Pero no se sorprendió, casi lo veía venir después de ver como Suga había cambiado su actitud de emocionado a – si fuera el sentimiento correcto – triste.
Ganas de darse un golpe comenzaron a llamarle mientras caminaba hacia su hogar.
"¿Qué debí hacer?".
Y es que sentía que la había cagado. Hace unos momentos Suga estaba completamente ansioso y feliz, para luego pasar a un estado melancólico y triste. Todo por su estúpida intromisión. Pero más clara era la impotencia de no hacer nada para ayudarle. Pensaba más de una forma de solucionar lo que sentía Suga, hacerlo sentir bien y lo más importante… lograr que jugara voleibol en el próximo partido.
Su ausencia al día siguiente fue más que notable mientras entraba al salón y no lo encontró por ninguna parte. Tampoco lo vio después de la primera clase, ni la siguiente.
Suspiró mientras compraba su almuerzo. Estaba solo y aburrido. Podía buscar a Asahi o a cualquier del resto del equipo, mas no le dieron ganas y prefirió seguir solitariamente el resto del recreo.
Recordó aquel día que Suga falto a la práctica. Igualmente fue aburrido y su regreso a casa solitario, haciendo notar más que nunca la ausencia de su amigo. Ahora mismo se encontraba en la misma situación, mientras comía un sándwich caminando por el pasillo y sin su presencia a su lado caminando junto a él.
Fijó su mirada en Michimiya, se encontraba en su salón hablando con sus amigas. La idea de hablarle pasó por su mente, pero prefirió seguir su camino. No se encontraba con ánimos de hablarle a nadie.
"Realmente te extraño, Suga".
Una sonrisa boba se formó en su rostro. Ni se inmuto nerviosamente tras su pensamiento. Lo había hecho a propósito, pero no le desagrado ni molestó, se sentía realizado y de alguna manera, feliz. Como si fuera sincero consigo mismo, alegre de aceptarse tal y como era, se permitió pensar más cosas anormales respecto a Suga.
"Te echo de menos".
Sacudió su cabeza, conteniendo a la vez una carcajada a punto de escapar de sus labios cerrados. La escena era tan cómica y rara que llegaba a causarle gracia.
Sus latidos acelerados los sentía en su cabeza, más fuertes de lo normal. Y es que el solo pensar en aquellas palabras le causaba un mar de sensaciones que ni el mismo sabia que eran, pero por lo mismo le gustaba continuar pensando aquellas inusuales frases que solamente en sus sueños se había imaginado decir. Parecía que estuviera jugando con su propio comportamiento.
Lo había decidido. Después de la práctica iría a visitar a Suga.
No pudo evitar sorprenderse tras ver la renovada relación entre Nishinoya y Asahi. Las ligeras sonrisas que se regalaban. Aquellas miradas inocentes que desconcertaban a más de uno del equipo. Los halagos que se hacían entre ellos, sacándose sonrojos inevitables. El apasionado y alegre Nishinoya. El fuerte y nervioso Asahi. Todo parecía estar como antes. Arreglado.
"¿En qué momento paso esto?".
No entendía absolutamente nada. El carismático lado del equipo volvía a ser el mismo luego del regreso de ambos. La relación entre todos se reforzaba. Los puntos anotados comenzaban a regresar para el equipo en el que estaban Nishinoya y Asahi. Las risas y bromas que parecían olvidadas ahora estaban de vuelta. Pero él no entendía nada, absolutamente nada.
"Son tan raros".
Ingresó a la cancha con una sonrisa. Daba igual lo que había ocurrido entre ellos dos, ahora estaban de vuelta y eso era lo que le importaba, no solamente a él, sino también al resto del equipo. Estaba feliz de volver a presenciar el olvidado comportamiento entre Asahi y Nishinoya.
"Desearía que vieras esto, Suga".
Y es que sabía que no solamente él era el que estaba casi siempre preocupado por aquellos dos. Estaba seguro de admitir que Suga era quien más se preocupaba y pensaba en ellos, en alguna forma de ayudarlos y unirlos. Ahora mismo estaba viendo aquello, pero Suga no estaba aquí para verlo.
Le fue inevitable no escuchar aquella conversación a su lado.
Nishinoya le avisaba al entrenador que se retiraría más temprano de lo normal, y aunque Ukai no parecía muy convencido de permitírselo – ya siendo por la inasistencia desde hace dos días del líbero – accedió a darle su aprobación.
No había bastado la reconciliación del dúo para dejarlo intrigado en Nishinoya. Últimamente actuaba de una manera bastante inusual. Discutió con Asahi. Parecía tener secretos con Suga. Se retiraba temprano de las prácticas, y ahora recientemente actuaba como si nunca hubiera estado en disputa con Asahi.
Comenzó a dudar si era alguien curioso o chismoso. ¿Habrá diferencia entre los dos? No lo sabía exactamente. Pero pensar en sus amigos constantemente parecía ser su pasatiempo favorito, ya que aun cuando se reprendía por eso, inconscientemente volvía a hacerlo. Y siempre era con Suga. Le era inevitable no pensar en él. Sobre todo después de ver aquellas fotos que nunca pensó le cambiarían su forma de ver al propietario de estas. Estaba a cada momento en su mente, aun cuando no estuviera junto a él físicamente – como hoy – parecía no querer irse de sus pensamientos.
"¿Qué me estás haciendo, Suga?".
No hallaba la excusa perfecta para explicar su presencia allí.
- ¿Prestarle mis cuadernos? – "No, podrías pasárselos mañana. Será muy obvio" – ¿Una visita casual? – "Por favor, Daichi. Puedes hacerlo mejor" – ¿Dudas acerca de una materia? – "¿Acaso necesitas ir precisamente a su casa para eso?, ¿También iras a preguntarle el resultado de una ecuación?" –¿Disculparme por lo de ayer? – "Dudo que sea necesario una disculpa. ¿Qué le hiciste realmente?, ¿lo lastimaste? Solamente le preguntaste que le ocurría y te lo confesó" – Bueno, ¿entonces qué hago? – "No lo sé. Solo soy tus pensamientos, ¿sabías?".
Miró hacia todos los lados en busca de alguna mirada rara luego de estar hablando solo durante – lo que creyó – unos minutos. Se alegró de no encontrarse a nadie por los alrededores. Aunque de todos modos iba susurrando, sería muy difícil que le escucharan.
No pudo evitar que su corazón se acelerara y un calor le invadiera el cuerpo. El estomago comenzó a dolerle levemente y a la vez le nacían unas ganas de vomitar. Sentía sus manos un tanto sudadas pero conforme pasaba el tiempo pensaba que comenzaría a botar agua desde estas. Su respiración se descontroló por unos instantes mientras que a la vez sentía los latidos de su corazón en sus sienes.
"¿Por qué estoy nervioso? Solo será una visita. ¿A qué le tengo miedo?".
A tan solo unos metros podía ver la casa de Suga, y eso explicaba su nervioso comportamiento. No hallaba la manera adecuada de llegar al hogar de su amigo sin parecer sospechoso, ya que no acostumbraba ir sino fuera para estudiar. Además, diciendo que lo visitaba porque el día de hoy había faltado no lo convencía mucho, no era la mejor excusa. Ni él mismo sabia la razón de su presencia por allí, pero la necesidad de verle y saber que estuviera bien le insistía ir a visitarle.
"Solo vengo a verlo. No tiene nada de sospechoso".
Con su mano temblando ligeramente, presionó el botón del timbre con su dedo índice, escuchando el característico sonido que provocaba al interior del hogar de Suga. Los segundos pasaron, que parecían eternos, esperando su recibimiento. Pronto, su madre abrió la puerta, permitiéndole el ingreso.
- ¿Qué tal, Daichi? – Cerró la puerta tras de sí, siguiendo a la madre de Suga.
- Bien, ¿y usted?
- Bien igualmente, gracias – Le sonrió girándose. Se le hizo bastante familiar aquella sonrisa. Era igual a la de Suga – ¿Así que se reunirían los tres?
- ¿Eh? – No entendió a que se refería.
- Suga faltó el día de hoy porque tuvo fiebre – Cambió de tema a uno que realmente le interesó, informándose del por qué faltó a clases el día de hoy.
- Que pena – Y es que la noticia le había caído un tanto mal – Siempre me critica porque no me abrigo, y ahora es él quien se enferma – Su madre rió por lo bajo tras la cómica situación de ambos chicos.
- Suga está arriba, adelante.
- Con permiso.
Usó aquellos segundos mientras subía por la escalera para pensar en qué le diría a Suga una vez llegara a su habitación. Podría ser sincero, después de todo, entre ellos estaban acostumbrado a demostrar su preocupación por el otro sin insinuar nada. No sería raro o sospechoso. Solamente una visita a su amigo. O podría excusarse con que el día anterior lo había dejado preocupado tras sus palabras, aunque eso era exactamente lo que no quería Suga. Dudaba si realmente sería la mejor opción.
Tocó dos veces la puerta.
- Adelante – Escuchó su voz desde adentro de la habitación.
Tragó duro. Los nervios volvieron a estar en su cuerpo, agregándole un calor sofocante que llegaba a hacerle sudar, y no solamente sus manos. Tomó la perilla de la puerta, sintiendo el frio en su palma. La giró, empujó, y la imagen quedó frente a sus ojos.
Suga estaba sentado en su cama, con el resto de su cuerpo afirmado en la pared. Llevaba puesta una camiseta blanca y un pantaloncillo negro, que hacia total contraste con su blanca piel. Pero aquello no era lo más llamativo e inusual de la habitación, sino el cuerpo ajeno que se hallaba igualmente sentado en la cama de Suga.
Sus ojos se encontraron y fue inevitable la sorpresa en las miradas de ambos. Ninguno de los dos sabía qué hacía allí el otro. Pero al que más le causaba curiosidad e intriga era a Daichi. No entendía el por qué de su presencia, ni nunca pasó por su mente que se encontraría con él en la habitación de Suga, y menos justo este día que había decidido visitarlo.
- ¿Nishinoya? – Si. El líbero se encontraba en aquella habitación junto a ellos.
- ¿Daichi-san? – Las preguntas de ambos eran totalmente inútiles e innecesarias pero fueron dichas por inercia.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntaron al mismo tiempo ambos. Solo pudo ver la cara de horror de Suga que era ocultada en sus manos.
- Yo vine a hablar algo con Suga – Se levantó de hombros. "¿Por eso se retiró temprano?, ¿para visitar a Suga?" - ¿Y tú?
Mierda. Él no tenía ni una razón para estar allí, haciendo notar su presencia. Se arrepintió del momento en que había decidido venir a visitarle. Solamente vino a perder el tiempo, o casi a humillarse. Así se sentía. Pero ya pensaba que tratar de ocultarle las cosas a Suga estaba de más, ambos sabían que se preocupaban el uno por el otro y ni se molestaban en ocultarlo a veces, pero por otro lado, decirle aquellas palabras a Nishinoya le daba vergüenza.
"¿Qué más da? Solo vine a visitarlo. Deja de hacerte problemas, estúpido".
- Me preocupé por Suga, por eso vine – Respondió lo mas casual que pudo, ocultando sus nervios – Hola, Suga – Le entregó un saludo, sacándolo del trance.
- Hola, Daichi – Su voz parecía casi lejana en sus recuerdos, como si hace años no la escuchara.
- Bueno, yo me voy – El líbero se puso de pie, tomando su bolso – Adiós, chicos.
- Adiós, Nishinoya – Solamente Suga le habló. El sonido de la puerta cerrándose dio por segura su retirada.
- Así por eso se fue antes.
- ¿Eh? – Parecía confuso – Pensé que la practica había terminado temprano.
- No – Negó con su cabeza – Pidió retirarse antes – Explicó – Me causó curiosidad, pero nunca pensé que sería para venir a tu casa.
- Ya veo…
Un extraño silencio invadió la habitación. No encontraba correcto si describirlo incomodo o relajante, pero de un momento a otro se habían callado. No sabían que decirse o de que hablar. Aunque aquella responsabilidad estaba más unida a él, ya que era quien estaba visitándolo.
- Así que… ¿estabas preocupado? – Le molestó con una sonrisa socarrona.
- Un poco… - Casi sentía su cara arder levemente. Se había avergonzado un tanto.
- Mmm… ¿y por qué? – Levantó una ceja.
- Por lo de ayer. Te fuiste raro al final – Y es que aquello era una de las razones de su visita, la más importante y real. No se atrevió a decirle que igualmente estuvo preocupado tras la falta de su ausencia en el día. Le parecía bastante demostrativo, aun cuando entre ellos era normal demostrar esa clase de preocupación, últimamente podía sentir lejana aquella confianza.
- Ah… eso – Recostó su mentón en sus rodillas mientras estaba sentado – No le des importancia – Dijo sin ningún sentimiento en sus ojos, como si fuera lo más insignificante.
- ¿Cómo quieres que haga eso? – Se molestó un poco. Suga solo guardó silencio, sin responderle – Es lo que más me desagrada de ti – Casi pareció un insulto, siendo más bien una confesión sin intención de ofenderle.
- ¿Qué cosa? – Dejó de esconder su rostro entre sus piernas, mirándolo seriamente.
- Que creas que no le importas a nadie. La forma en la que solamente piensas en el equipo, siendo que realmente te mientes a ti mismo y al resto de los chicos diciendo que estas bien con eso – Igualó su mirada a la de Suga – Eso, me molesta de ti.
- ¿Y qué quieres que haga?, ¿Acaso tú me harás titular si te confieso mis ganas de jugar… – Se puso de pie, enfrentando a Daichi – La envidia que me causa saber que otro es quien te hace los pases… – Su tono de voz se elevaba considerablemente – El sabor amargo de la victoria que no puedo conseguir con mis propias manos, sino aquella de la que soy participe aun estando en la banca sin hacer nada? – Sus rostros estaban a tan solo unos centímetros – Dime, Daichi. ¿Qué harás si te digo todo esto?, ¿Qué ganas con que te cuente mis egoístas deseos?
- Yo… no lo sé - Apretó sus puños con fuerza, sin saber qué hacer. Se había quedado sin fundamentos para seguir aquella discusión en la que estaba por dado que era el perdedor. Lo que le había dicho Suga era mucho y más de lo que alguna vez se había imaginado, y ahora, que lo tenía en sus manos, no sabía cómo ayudarle.
- Entonces no le des más vueltas al asunto – Volvió a sentarse en su cama, parecía cansado y agotado de la pequeña discusión.
Se quedaron unos minutos así, en silencio. No era incomodo, sino un momento necesario para pensar en todas las cosas que se habían dicho, sobretodo Daichi que no lograba encontrar alguna solución a todo lo que Suga le había revelado. Quería ayudarlo, permitirle jugar en el partido y complacerlo en lo que pudiera.
Más tarde su conversación comenzó a tomar la misma normalidad de siempre, casi olvidando el inusual – para ambos – conflicto entre ellos. Y es que Daichi no pensaba que las cosas se le saldrían de las manos, realmente le molestó la forma en la Suga se menospreciaba, y más de una vez lo había hecho, pero esta vez no se lo dejó pasar.
Suga había agarrado una fiebre la noche anterior, de ahí su falta a la preparatoria durante todo el día, aun cuando él le había insistido a su madre que podía asistir, no se lo permitió. No entendía muy bien como deseaba ir a la preparatoria un día después de haberse enfermado. Él, en su lugar, prefería quedarse en cama, de igual manera aprovecharía descansar y dormir mas. Pero tal vez no siempre coincidían sus preferencias y gustos, aunque la mayoría de las veces sí.
La noche caía lentamente, por lo que decidió que ya era momento de retirarse.
- Ya me voy – Recogió su bolso del suelo, poniéndoselo en el hombro.
- Gracias por venir – Lo acompañó a la puerta de su habitación – Adiós – Estrecharon sus manos.
- Adiós, Suga – No pudieron evitar sonreírse levemente. Y es que a pesar de todo no podían enfadarse por mucho tiempo, según él – Y… te prometo que jugaras en el partido contra Nekoma.
- ¿Qué? – Su cara demostraba estupefacción – ¿Cómo dices eso?, ¿Qué harás?
- No lo sé – Miró la unión de sus manos, guardando el recuerdo de su calor y tacto en su mente – Ya veré – Le sonrió con gracia.
- Estas loco, Daichi – Igualmente le sonrió, demostrándole una verdadera felicidad que desde hace unos días no veía, pero fue suficiente para darle ánimos y hallar alguna manera de meter a Suga en el juego.
- Nos vemos mañana – Salió de la habitación.
- Cuídate. Envíame un mensaje cuando llegues a casa – Su corazón se aceleró inevitablemente tras la preocupación que Suga demostraba por él. Aun con la sonrisa en el rostro, que parecía no querer desaparecer mientras estuviera la causa de esta presente, se retiró.
La promesa había salido inconscientemente de su boca, como si fuera algo que realmente quisiera realizar pero no era capaz de decirlo. No se arrepintió ni un poco en aquel instante. Al momento de ver la cara de felicidad de Suga fue más que suficiente para intentar completar su promesa. Y es que no perdía nada intentándolo, por lo que estaba dispuesto a correr los riegos. Suga lo valía, eso y mucho más. Ahora solo restaba hallar la forma de meterlo en el próximo partido, pero no era algo que con tan solo unas palabras se pudiera lograr. Tal vez necesitaría merito o algún buen fundamento para convencer al entrenador o a los chicos.
Lo primero que hizo al llegar a su hogar fue enviar inmediatamente un mensaje. Sin si quiera borrarlo más de una vez para asegurarse de sus palabras. En ese momento le daban exactamente igual. Solamente escribió y envió lo primero que se le vino a la mente pero era lo que realmente sentía y pensaba.
"Llegué bien. No te preocupes.
Recuerda mi promesa, Suga.
No te fallaré".
Daichi no sabía que poco a poco, se estaba enamorando.
Que tal? Espero les haya gustado.
La parte en la que discuten me pareció un momento intenso de confesiones. Ojalá a ustedes igual les haya llegado aquella sensación.
No me gusta verlos peleados así que no quise dejarlos de esa manera. Solo fue un momento de arrebatos. No me maten.
Adiós, cuídense. Gracias por leer.
