Entre el amor y el deber
Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.
NdelA: ¡Traigo nuevo capítulo! Ya quería llegar a esta parte. El terreno ya está más que listo y preparado para la confrontación final que viene en los siguientes tres capítulos. Antes de que me reclamen, no habrá Korrasami en este capítulo, pues hasta donde lo deje es donde pensaba acabar el capítulo anterior, sin embargo por cuestiones de tiempo lo subí. Esta semana que viene son las fiestas, voy a tratar de publicar algún capítulo nuevo pero no prometo nada. Lo que si, es que en este que se viene si habrá Korrasami al fin. Pues en la evolución de la trama ya le toca. Se me ponen sulfurosos pero no voy a forzar a los personajes cuando aún no les toca esas escenas, sobre todo porque mi hermosa Asami perdería credibilidad.
Creanme que tengo una férrea Korrasami en casa que me jala las orejas cada vez que me salgo de su redil, que es seguido. ¿Cómo va a acabar la historia? Ya tengo la idea, lo que aún no decido es con quien de las dos será ese final, si Asami se queda con Kuvira o con Korra.
Para esta parte y la que viene he estado oyendo la canción de "Arsénico" de DLD y "Clavo que saca otro clavo" de Paty Cantú. La cual también me está sirviendo de inspiración para otras historias.
Pero bueno, les dejo el capítulo no sin antes agradecer sus reviews a todos, porque de todos se aprende.
– o –
Unos días antes...
Después de que salieran de la casa Mayor, Jinora guió a Opal hasta la casa de huéspedes que su familia llevaba en el pueblo. Dicho lugar servía para dar hogar a aquellos que dedicaban su vida al servicio del templo, acólitos y aprendices de su padre Tenzin. Esa mujer había ido hasta allí buscando refugio y protección después de los eventos sucedidos en la muerte del Capitán Beifong. Ginger había pedido su ayuda a Jinora pues necesitaba de alguien que pudiera hacer justicia para que Hiroshi no quedará impune por el asesinato que acababa de cometer.
Jinora se sorprendió mucho cuando la mujer pelirroja le contó todo. Sabía que debía buscar a Asami, ella podría apoyarla y lograr que su esposa hiciera justicia por esa muerte y conociera los tratos que el administrador hacía en perjuicio de su persona.
—¿Estás segura de lo que esta mujer dice? —Opal cuestionó a Jinora acerca de la mujer pelirroja.
—Por lo que sé, Ginger ha trabajado toda su vida con el señor Sato —había dejado a la mujer sola mientras ella iba en busca de Asami a la hacienda, ahora discutían el asunto en medio del atrio del templo antes de entrar a la casa de huéspedes—. Nadie mejor que ella conoce todos los secretos de ese hombre.
—Pero, podría ser una trampa —la jovencita sabía que podía ser una posibilidad, sin embargo prefería creer que era verdad y aferrarse a esa esperanza.
—Tal vez —contestó Jinora—, sin embargo no tendría sentido. ¿Para qué denunciar a su jefe? ¿Por qué buscar ayuda para eso?
—Si, no tiene sentido —concordo la otra chica—. Por lo que pude averiguar en la casa de Kuvira, ella encerró a su suegro en la cárcel del cuartel mientras le tomaban su declaración.
—Eso dijo Ginger, que se lo habían llevado como sospechoso después de que la señora Kuvira hablara con él en privado —la acólita apoyaba la versión de la secretaria.
—Él y su ayudante estuvieron presos esa noche en que nosotros velamos a mi hermano —trato de hacer memoria para recordar algo que hubiese pasado esa noche que fuera relevante para probar las palabras de la chica—, al día siguiente después de que Korra se llevará a Asami, Kuvira liberó a ambos convencida de que Korra fue la culpable.
—Yo sé que ella no lo hizo —Jinora dejó salir en un impulso.
—Quiero creer eso también, pero ¿por qué se llevó a Asami? —Opal miró con ojos inquisidores a su compañera y esta se puso nerviosa ante la pregunta— ¿Es verdad que ellas dos son amantes?
La chica no supo qué contestar, simplemente se retrajo bajando la mirada y jugando con los dedos de sus manos nerviosa, eso la delató a los ojos de la pequeña Beifong.
—Dime la verdad —la urgió Opal con las ganas de que le dijera que eso no era verdad—, quedamos en que me dirías las cosas como son. ¿Qué es lo que sabes tú de ellas dos?
—Bueno… —titubeó, sabía que no tenía caso seguir negando las cosas cuando ella ya estaba enterada, era mejor decirle la verdad a que creyera lo que no era—. Antes de que Asami se casará con Kuvira —comenzó a contarle—, ella tenía una relación con Korra, eran buenas amigas —aclaró Jinora ante el ceño fruncido de Opal—. El padre de Asami no veía con buenos ojos esa amistad así que le prohibió a su hija cualquier contacto con Korra.
—¿Qué fue lo que pasó? —quiso saber ante el silencio que siguio, su semblante no cambio, le dolía saber que la morena estaba enamorada de otra persona.
—Comenzaron a verse en secreto —Jinora estaba un poco nerviosa por la mirada sería de la otra chica al escuchar la historia—. Por lo que me contó Korra, se volvieron más cercanas, tanto que se enamoró de ella y Asami le correspondió. Después no supe qué pasó exactamente, pero tuvimos la noticia de que había muerto. Al menos eso nos hicieron creer.
—¿Por qué hacer semejante cosa? —para ella no tenía sentido que hiciera eso, fingir su muerte, a menos que estuviera en peligro.
—Según me dijo, el señor Sato la mandó golpear y casi la matan. Quedó muy mal y fue su padre, Tonraq, quien tomó la decisión de hacerla pasar por muerta para que el señor Sato no la buscará más —eso tenía más sentido, pensó la chica, también explicaba algunas cosas sobre la morena.
—Por eso regreso, quería tomar venganza del padre de Asami —concluyó.
—Y recuperarla a ella también, pero Asami ya estaba casada con Kuvira —Opal recordó las veces en que la chica de ojos zafiro declinara sus intenciones alegando que ella ya tenía a alguien a quien amar.
—Debió llevarse tremendo chasco al verla casada con otra cuando regresó —sobre todo porque esa otra era Kuvira, el mundo no era tan pequeño para ser sólo una coincidencia. Korra ya lo sabía, no le quedaba duda de eso después de analizar sus actos.
—Intento por muchos medios de convencer a Asami de dejar a su esposa y regresar con ella —ahora comprendía todo lo que pasó el día de la fiesta—, incluso me pidió ayuda para hablar con ella.
Korra había actuado con demasiado descaro quizás motivada por el rechazo de Asami. Eso la puso en evidencia y había sido su perdición también.
—Baatar lo supo, el día de la fiesta de bienvenida a mi madre —la conversación esa mañana con ella y su madre, lo que dijo y cómo la había embaucado para que estuviera ocupada. La revelación vino a ella como una luz en la oscuridad. ¡El problema a arreglar era Korra!
Abrió los ojos ampliamente sorprendida. Baatar se iba a encargar de Korra y de Hiroshi por eso estaban ese día allí. Su hermano no era una blanca paloma y seguramente buscaría agarrar a los dos para quedar bien con Kuvira.
Tomó a Jinora jalandola con ella para ir al encuentro de Ginger que estaba en el cuarto que le hubieran asignado para quedarse. Azotó la puerta al entrar, estaba exaltada por lo que acababa de descubrir y no midió su fuerza.
—¡Espíritus que susto! —brinco la mujer pelirroja ante el ruido y la irrupción de la chica en el cuarto— ¿Quién es usted? —preguntó alarmada al ver a la chica de ojos verdes.
—Soy Opal Beifong —se presentó ante la pelirroja—. Estoy aquí por lo de la muerte de mi hermano.
Ginger se le quedó viendo apenas desviando la mirada cuando la novicia entró en el cuarto también. La forma avasalladora en que la chica Beifong irrumpió puso a la pelirroja a la defensiva y buscó confianza en Jinora que acudió rápidamente junto a ella.
—Ginger, podemos confiar en ella —le dijo una vez estuvo a su lado—. Al igual que tú quiere que el verdadero culpable de la muerte de Baatar sea castigado.
La chica dudó por un momento, en su mente estaba debatiéndose en hablar o no. Pero si era su hermana ella buscaría que Hiroshi pagará por la muerte del joven de gafas. Sólo se preguntaba qué podría hacer ella para lograrlo.
—Puedes hablar conmigo —rompió el silencio la joven Beifong—, quiero que se haga justicia a mi hermano y el verdadero culpable caiga. Cuéntame todo lo que sepas —la pelirroja estuvo en silencio unos segundos más hasta que se decidió.
—¿Como se que usted realmente podrá hacer algo contra Hiroshi? —a pesar de todo, aún tenía miedo de las represalias que pudiera tener por parte de su jefe, conocía los negocios y las formas en que los resolvía y temía por su seguridad aún cuando deseaba acabar con él— Él es un hombre muy astuto y siempre termina saliéndose con la suya.
—Entiendo que tengas miedo de él —se sentó en el lado opuesto a Jinora—, pero yo soy una Beifong, mi madre es la presidenta de esta nación, tengo suficiente influencia para hacerlo pagar. Si tienes pruebas que lo incriminan y testificas en su contra —la miró a los ojos para ganarse su confianza, segura de lo que decía—, yo me encargare de usar todos mis recursos, y más inclusive, para enviarlo a fusilar —vio la preocupación en su mirada entendiendo lo que la estaba deteniendo—. A ti te daré toda la protección del estado y no tendrás que preocuparte por tu persona, te daré una buena gratificación y podrás vivir en paz lejos de todo esto.
—El señor Sato es un hombre cruel y sanguinario, me da pánico el sólo pensar que pueda librarse de esto como hasta ahora y sepa que lo he traicionado… —se levantó de la cama donde estaba sentada y caminó hasta una pequeña mesita sobre la que tenía una maleta— Si yo le entrego esto necesito asegurarme de que él no pueda encontrarme —abrazo el maletín estrechándolo entre sus brazos.
—Así lo haremos —Opal la siguió deteniéndose un par de pasos al frente de ella, deseaba poder poner sus manos sobre el contenido de la maleta y con ello salvar a Korra—, puedo arreglar todo para que estés segura.
Aún tenía sus dudas, estaba reticente. El miedo hacia su ex jefe era demasiado. Había visto muchas cosas y tenido que hacer otras de las que no se enorgullecía. Miró a Jinora que asintió con la cabeza.
—No lo sé… —comenzaba a desesperarse pero no podía dejar que ese sentimiento la dominara, debía hacer lo necesario para que la pelirroja le entregará la maleta.
—Ginger, ¿tú y mi hermano llegaron a ser cercanos? —preguntó tratando de ganarla por el lado sentimental, la chica empezó a llorar— Él quería resolver esto, apresar a Hiroshi, yo lo voy a hacer si me das la oportunidad.
—Está bien —dijo al fin y sin perder tiempo Opal tomó el maletín revisando su contenido.
Hojeó cada papel leyéndolos atentamente, en su mayor parte eran facturas duplicadas y algunas cartas confidenciales que la secretaría había elaborado para Hiroshi donde daba indicaciones de los negocios que llevaba. Esos documentos los había anexado al fajo de papeles que Korra le entregará a Baatar, así como algunas escrituras que el administrador hubiera malhabido. Eso era material suficiente para encarcelarlo por el resto de sus días.
—Muy bien —habló después de checar todo. La joven novicia consolaba a la pelirroja que seguía sollozando—. Partiremos de inmediato al puerto, hay un batallón estacionado allí, el general Iroh debe estar dirigiéndolos. Acudiremos a ellos.
—¿Por qué no ir a la capital? —quiso saber Jinora.
—Esa sería la ruta obvia, pero necesitamos movernos rápido y ya que no contamos con el ferrocarril que llevó a mi madre deberemos ir al puerto —guardo todo en el maletín—. Será un día de camino a caballo sin parar.
—¿Qué es lo que necesitaremos? —la novicia se levantó de la cama presta para ayudar.
—¿Tú conoces la ruta a la ciudad del puerto? —asintió la chica del hábito, ella había vivido allí recientemente debido a sus estudios— En ese caso tendrás que guiarnos. Iroh debería estar en el puerto pues acompañó a una delegación de diplomáticos que tomarían un barco para el caribe. Según sé estaría algunas semanas allí.
—Entonces hagámoslo —dijo con entusiasmo la joven.
– o –
Kuvira había tenido que despojarse de su uniforme para vestirse con unas sencillas ropas de labrador junto a los hombres con los que se filtraría al campamento rebelde. Habían pasado algunos días vigilando el movimiento de las personas que entraban y salían del pueblo cercano al campamento, se habían refugiado en la cantina procurando escuchar alguna conversación o esperando ver a alguien que perteneciera a su adusta rebelión.
No tuvieron que esperar mucho para que pudieran toparse con un tipo que bajo los influjos del alcohol hablara del grupo armado que había asaltado el cuartel de San Martín y del que presumía pertenecer. Los soldados y los hombres de Hiroshi que la acompañaban aprovecharon para convencerlo de llevarlos hasta el lugar para unirse a su causa. La comandante se mantuvo al margen para evitar ser reconocida aunque con el atuendo que vestía difícilmente se sabría que era ella. Con un pantalón de trabajo, una camisa de manta con la que ocultaba sus atributos femeninos gracias a un vendaje ajustado y su cabello debajo de un sombrero de paja. Se había manchado el rostro con hollín para disimular su lunar. De noche podía pasar desapercibido fácilmente el hecho de que era mujer.
Tomaron los caballos y con aquel hombre borracho agarraron el camino hasta el campamento. Uno de los hombres se separó del grupo una vez estuvieron cerca para llevar la información hasta el cuartel donde Hiroshi y el teniente Sao estarían esperando para tomar las armas y plantarse en el pueblo de San José.
Una patrulla de los rebeldes les cerró el paso pero después de una ligera inspección y de que reconocieran al hombre borracho los dejaron pasar. Tenían más apuración por terminar su ronda he irse a dormir que por seguir dando rondines por el lugar.
Una vez pasaron la guardia informal llegaron al corazón del campamento. El sitio sorprendió a Kuvira, había bastante gente, entre hombres, mujeres y niños. Tiendas donde dormían algunos, así como una cocina comunitaria y un pequeño comedor, algunas otras tiendas grandes que aprovechaban las ruinas de una vieja casona y hacían la labor de armería y almacén.
Había una fogata en el medio donde varios estaban reunidos aprovechando el calor que emanaba para cobijarse del frío que se sentía en la madrugada. La mayoría estaba dormitando.
—Nos dividiremos —dijo la comandante—, ustedes dos revisaran por aquel lado —señaló su lado izquierdo y al teniente y a uno de sus hombres, Homura que tenía una cicatriz que le surcaba la cara sobre el ojo derecho—, nosotros iremos del lado contrario —le dijo al otro hombre, Teshiro un tipo de tez oscura y espesa barba blanca—. Tú te quedarás aquí cuidando los caballos y te aseguras de que podamos huir —el último hombre, un soldado de nombre Kenshi.
Todos asintieron y se separaron.
Una vez que se perdieron de vista el teniente detuvo a su compañero.
—¡Hey Homura! Es hora de hacer lo nuestro —el hombre de la cicatriz asintió.
Sacaron unos cartuchos de dinamita que Homura llevó hasta el área del almacén, harían estallar el lugar acabando con sus provisiones. El teniente por su parte regresó sus pasos hasta donde Kenshi el soldado hacía guardia. Lo tomó desprevenido llegando por atrás hundiendo el cuchillo que traía en su garganta. Ni siquiera le dio tiempo de gritar.
La sangre se agolpaba en su boca ahogando cualquier sonido. Lo cargo hasta ocultarlo detrás de unas pacas de heno. Lo dejó allí limpiando el cuchillo en la camisa del recién difunto y fue a buscar a Kuvira.
– o –
Anduvieron por entre las tiendas entrando en algunas para ver si Asami no estaba en alguna de ellas. No tuvo suerte en las primeras. El tipo de barba la seguía detrás cubriéndole la espalda.
Kuvira comenzaba a desesperarse de no poder hallar a su esposa por ningún lado, no le importaba si tenía que poner de cabeza el lugar pero encontraría a Asami aunque fuera lo último que hiciera. Estaba tan sumida en sus pensamientos que al doblar una esquina casi se topa de frente con Korra que iba caminando a prisa bastante ensimismada que no reparó en ella.
Se le notaba muy molesta, iba refunfuñando y pateando todo a su paso. Tuvo el impulso de seguirla pero se detuvo, antes que su revancha personal debía cumplir el objetivo de su misión. Decidió ir en el sentido contrario a la ruta que seguía la morena, dicha ruta la llevaba a una tienda más pequeña donde no había revisado aún.
Con sigilo se acercó hasta la entrada. Movió la tela ligeramente para poder ver el interior. La sangre se le hizo fuego, vio a la chica de ojos esmeralda llorando sobre su lecho con una niña junto a ella que aparentemente estaba intentando hacer que conciliara el sueño, sólo que sus sollozos no ayudaban a que tal cosa sucediera. Debía haber peleado con hizo la indicación al tipo de barba para decirle que Asami estaba dentro de esa tienda.
—No está sola —le dijo en voz baja—, una niña la acompaña. Entraré por ella, tú esperame aquí.
Teshiro no se opuso a su decisión y la dejó hacer lo que quisiera. Kuvira entró en la tienda. El de barba se quedó afuera y al poco el teniente apareció junto a él.
—Todo está listo —el de barba sacó una pistola, y aguardaron el momento oportuno para atacar.
– o –
La mujer de ojos oliva dio unos pasos en el interior de la tienda en silencio. La niña estaba ya casi dormida. Usando su fuerza y un pañuelo que llevaba, tapó la boca de Asami. La chica dio un grito que fue mitigado por el pañuelo, trató de quitarse la prenda de encima pero la mano de Kuvira se lo impidió.
—¡Tranquila! —le habló la militar en voz baja— Soy yo, Kuvira.
Abrió los ojos bastante sorprendida. ¿Cómo es que había llegado hasta allí? Dejó de forcejear, sólo que Kuvira no aflojó su agarre.
—Lamento que esto sea así pero no puedo arriesgarme a que nos descubran —la miró a los ojos—. Te voy a soltar, no vayas a gritar ni a intentar nada extraño, vine por ti para regresar a casa. ¿Puedo confiar en ti? —ojos esmeralda asintió.
A pesar de la sorpresa estaba luchando con su interior al ver a su esposa frente a ella, por un momento se alegró de verla para después querer alejarla al recordar lo que había hecho. Sintió el pequeño cuerpo de Malika a su lado que había logrado quedarse dormida y no se hubo inmutado con lo que estaba pasando. Kuvira dejó libre su mano y quitó su pañuelo de la boca de Asami.
—¿Qué haces aquí? —hablo en un susurro para no despertar a la pequeña aunque lo único que deseaba era gritarle y reclamarle a su esposa.
—Vine por ti —contestó—, debemos irnos ahora —la jaló para salir de la tienda, sólo que la chica se resistió.
—¡No! No iré a ningún lado contigo —la encaró—, no hasta que hablemos de lo que pasó —Asami estaba haciendo un gran esfuerzo en no levantar la voz.
—Sé razonable, este no es el lugar ni el momento —dijo entre dientes también aguantando las ganas de pelear con ella—, lo haremos una vez estés en casa.
—¿En casa? ¿Contigo? —se cruzó de brazos— Fuiste tú quien me corrió de la casa en primer lugar y ¿ahora vienes para que regrese a tu lado? —el enojo estaba dominando sus palabras.
—Eres mi esposa, tu deber es estar conmigo —Kuvira se acercó a ella de forma amenazadora pero la de ojos esmeralda no retrocedió un paso—. ¡Vámonos!
—¡Me vas a escuchar primero! —alzó la voz, siguió reusándose a irse y la chica de ojos oliva la sujetó de los brazos.
—Si vas a seguir defendiendo a esa traidora no hay nada de qué hablar —Asami quiso quitarse el agarre.
—¡Hay cosas que debemos aclarar y eso no significa que la este defendiendo! —la militar la asió firmemente con sus manos ante la resistencia de la otra mujer.
—¿Entonces dime qué significa? ¿La sigues amando, eso es lo que significa? —las manos de Kuvira presionaban fuertemente los brazos de Asami y pequeños moretones estaban formándose.
—¡No! No así como tú piensas —la empezó a jalar para llevarsela— Me lastimas.
—¿Sami? —la pequeña Malika se había despertado de nuevo y al ver la escena se levantó corriendo a abrazarla— ¡Dejala! —le gritó la niña y soltando a Asami fue a empujar a Kuvira.
La militar asombrada por la valentía de la niña dejó de sostener a ojos esmeralda. A su memoria vino un viejo recuerdo cuando ella era una niña y su padre llegó a violentar a su madre. Eso la descolocó.
—Malika ven aquí —la llamó Asami pero la pequeña seguía empujando a la mayor que había dejado de luchar.
—No la lastimes —balbuceaba y Kuvira dio un paso atrás poniendo distancia.
En ese instante fue cuando se oyó una fuerte detonación que cimbró el lugar. Los gritos y alaridos de las personas afuera de la tienda se comenzaron a escuchar. Asami sostenía a la pequeña Malika entre sus brazos pues había corrido a abrazarla y Kuvira volteo al tiempo que el teniente junto al de barba cana entraban en la tienda con las armas en alto.
—¿Qué diablos está pasando? —les pidió explicaciones a los hombres.
—Hay un cambio de planes —el teniente la amenazó apuntando su pistola—. Señorita Sato usted viene donde su padre. Llevatela —le ordenó al otro hombre—. Usted se queda aquí y entregueme su pistola —se dirigió a Kuvira—. ¡Ahora!
La de ojos oliva no se resistió, si lo hacía las pondría en peligro, sacó su arma y la tiró al suelo a los pies del hombre de bigote rindiéndose por el momento. No quería que lastimaran a su esposa ni a la niña.
Teshiro sacó a empujones a la chica arrebatandole a la niña de sus brazos y tirándola a un lado haciendo que la pequeña golpeara el suelo, se abriera una herida en la boca y empezara a llorar.
—¡Hey! —Kuvira exclamó por la acción.
La militar se fue sobre el de barba al ver como maltrataba a la niña pero el teniente se interpuso. Sintió un ardor en su costado.
—¡Kuvira! —Asami vio la sangre teñir la ropa de la militar y al teniente sacando el cuchillo para volver a apuñalar a la mujer.
No le dio tiempo de otra cosa pues Teshiro la arrastró fuera de la tienda con la niña siguiéndolos.
—¡Maldito traidor! —se llevó una mano a sus costillas donde la hoja del cuchillo se había deslizado en su cuerpo.
—Esto no es personal patrona, solo sigo órdenes —sabía que Hiroshi quería que la matara a puñaladas pero estando en este punto, combatir contra ella de frente era una pelea que no podría ganar.
Movió su pistola para disparar, Kuvira se adelantó y del cincho de su pantalón extrajo un puñal y lo clavó en su brazo haciendo que soltara su arma. El teniente reaccionó dando un tajo en su hombro con la otra mano donde sostenía su cuchillo y la militar se quejó con la herida pero no dejó que eso la hiciera retroceder, debía ir tras Asami, usando el mismo impulso arrancó el puñal de su brazo y lo hundió en la garganta del de bigote.
Chorros de sangre brotaron de su cuello pues la hoja perforó la yugular. Extrajo su puñal dejando que el hombre se retorciera tratando de parar la hemorragia. No se esperó para verlo morir, con velocidad tomó su pistola y salió del lugar para buscar a su esposa.
Afuera era un caos de personas, todos corrían con cubetas llenas de agua para tratar de apagar las llamas que se alzaban en el área del almacén. A lo lejos diviso a la pequeña que yacía tirada en el suelo, el de barba la estaba moliendo a golpes mientras el de la cicatriz en el ojo estaba lidiando con Asami que se resistía a subir al caballo.
Kuvira deseo tener en sus manos un fusil y poder dispararle desde esa distancia, sólo que lo único que tenía era su pistola. Corrió y al tenerlo más cerca apretó el gatillo varias veces hasta que el tipo cayó muerto con una bala que le había atravesado la cabeza. La niña estaba inconsciente y apenas viva.
Por su parte Asami logró pegarle al tipo una patada y empujarlo cuando la subió al caballo. Homura se estaba parando cuando Kuvira disparó de nuevo dándole a una pierna y luego a la otra. Quedó tirado sin poder levantarse. Con agilidad la militar tomó las riendas del animal e iba a montarlo para escapar.
—¡Malika! ¡Por favor Kuvira, tenemos que ayudarla! —le suplicó a los gritos.
Se debatió entre huir ahora que aún podían o regresar por la niña. Estaba herida y apenas podía con ella misma gracias a la adrenalina que la recorría. Miró los ojos esmeralda que la perdían y no pudo decirle que no al verla de esa manera. Se odio por lo que iba a hacer. Hacer lo correcto o no hacerlo, llevarse a Asami y dejar a la niña o regresar por la pequeña y arriesgarse a ser atrapada.
—¡Agh! —exclamó con frustración y bajó del caballo con dificultad agarrándose las costillas.
Llegó hasta donde la pequeña yacía y la sostuvo entre sus brazos para volver con Asami que la recibió en los suyos.
—Necesita atención médica, ese infame la dejó muy mal —la cara de la chiquita estaba llena de moretones y comenzaba a inflamarse, seguramente en su cuerpecito tendría más golpes.
—La llevaremos una vez estemos en casa —le prometió la militar, aunque en el estado en que se veía dudaba que sobreviviera el viaje a lomos de caballo.
La apresuró para subir al animal sólo que no pudo seguir adelante. Una fuerza la había empujado inmovilizándola contra el suelo, era la morena de ojos azules, quien usando su cuerpo para evitar que se levantara la sometió.
—¡Quieta o te quiebro aquí! —sintió la frialdad del cañón del revólver de Korra contra su nuca y dejó de forcejear.
—¡Maldita sea! —se arrepintió de su decisión, ahora estaba en manos del enemigo, a merced de la morena.
Su muerte estaba segura. Alcanzó a oír algunos gritos antes de perder el conocimiento.
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Opal, Jinora y Ginger habían emprendido el viaje hasta el puerto. Las tres mujeres a caballo recorrieron el camino rural sin detenerse prácticamente. Era la madrugada cuando arribaron a la ciudad. Anduvieron las calles hasta el cuartel donde Opal suponía debía estar el batallón del general Iroh. La novicia la guió hasta allí. No había tiempo que perder, antes de pensar en descansar tenía que entrevistarse con el consentido del pueblo para solicitar su ayuda, Iroh era popular entre el pueblo y a donde fuera era seguido por mucha gente que lo apreciaba y apoyaba.
De nadie era secreto la aversión que existía entre Lin Beifong y Kuvira, debido a la relación que la comandante sostuvo con Suyin, la hermana de la generala. Además de la preferencia que Lin tenía para con Korra que era su favorita al igual que Mako y en menor medida Bolín. Por eso, Kuvira había solicitado la ayuda a Suyin para que intercediera por ella y obtener el favor de Lin para que trajera su tropa y el batallón de caballería que Kuvira comandaba.
Tampoco era secreto la añeja rivalidad que existía entre el consentido del pueblo y la favorita de la presidenta. Una rivalidad que era alimentada por algunos que los enfrentaban para ser elegidos como los sucesores de la actual presidenta. Iroh había nacido entre la clase alta pero poseía un carisma y una presencia que lo volvía el centro de atención a donde quiera que fuera. Eso le hacía ganar el favor de las personas pues siempre se mostraba dadivoso y comprensivo con las masas. Caso contrario de Kuvira, que aunque era carismática y provenía del pueblo, al ser el brazo derecho de la presidenta, era implacable en su labor y muchas de las veces hacia el trabajo difícil que le encomendaba Suyin.
Allí estaba Opal, de pie en el cuartel esperando ser recibida por el general Iroh que había sido llamado en cuanto ella se presentó como la hija de la presidenta Suyin.
—Que extraordinaria visita —le dijo en cuanto entró en su oficina donde la pequeña Beifong ya lo aguardaba—. ¿A qué debo tan extraña casualidad? —esbozo una de sus características sonrisas con ese afable modo que poseía.
Apenas y le había dado tiempo de vestirse apropiadamente, llevaba su uniforme sólo que sin su casaca. Tomó asiento y esperó a que la chica hablara con él.
—Necesito de tu ayuda —él sonrió de nuevo ya saboreando la manera en que se cobraría el favor que la chica estaba por pedirle.
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¿Qué les ha parecido?
He estado pensando en hacer una historia Korvirasami donde Korra le ponga el cuerno Asami con Kuvira y cuando esta se entere quiera tomar venganza. La idea me vino al oír una canción que se llama "Rubia sol morena luna" de los Caramelos de Cianuro. Yo y mis ideas…
