Hola!

Hace días no nos leemos, y no, no es porque haya dejado abandonado el fic.

He tenido un par de problemas. Entre ellos; narrativa del fic, material para el fic, traspasar el archivo desde mi PC al móvil - porque subo los caps desde el móvil. Solamente en él tengo internet - y agregándole la falta de tiempo, que deduzco esta semana aumentará.

No pude corregir muy bien la ortografía ya que desde el móvil no tengo el Word y lo hice yo mismo, por lo que dudo que la ortografía sea 10/10. Espero que entiendan.

Pero bueno, no quiero traspasarles mis angustias y molestias. Lo siento.

Disfruten el capítulo.


El cuerpo le dolía levemente y a la vez lo sentía más pesado de lo normal. Su cabeza peligraba dolerle con el mínimo movimiento. Su nariz estaba un tanto congestionada y se le dificultaba respirar. Pero lo único que podía hacer era quedarse en cama, descansando.

No esperó despertar así, enfermo. Y es que se había arropado como siempre pero al parecer a media noche se destapó de sus cálidas frazadas, llegando al estado en que se encontraba ahora. Aunque insistió a su madre que podía ir a la preparatoria, no se lo permitieron. Así que al final aprovechó de tomarse el día y recuperar sus fuerzas.

La visita de Nishinoya le pilló desprevenido, pero encantado lo recibió, esperando saber el por qué de su visita, creándole una ansiedad pertinente.

- ¿Cómo estas, Suga-san? – Dejó su bolso en la silla de su escritorio y se acercó a él, que se encontraba recostado en su cama.

- Mas o menos, ¿y tú? – Tomó asiento, dejándole un lugar a su lado para Noya.

- Yo estoy bien – Se sentó a su lado – Tu mamá me dijo que te dio fiebre. Que mal.

- Lo sé – Se levantó de hombros – Me duele un poco el cuerpo y la cabeza.

- Solo descansa – Le sonrió.

- Claro.

- Este… - Tocio – Vine para contarte sobre Asahi y yo.

- ¿Hablaron? – Olvidó el dolor de su cuerpo y se acomodó para escucharlo.

- Si… - Medio sonrió, sin saber cómo empezar a relatarle su conversación – Le pedí juntarnos en el recreo del almuerzo en la azotea.

- ¿Accedió?, ¿No te rechazó?

- No. Más bien parecía sorprendido – Comenzó a jugar con sus dedos – Cuando llegué a la azotea él ya me estaba esperando.

- Te dije que querría hablar contigo – Se sintió satisfecho de su acertada predicción.

- Lo sé – Rascó su nuca – Cuando estaba dispuesto a comenzar a hablarle, me interrumpió disculpándose por todo. Dijo que lo sentía y se arrepentía de haberme lastimado.

- Vaya… - Si bien mas de una vez pensó que eso ocurriría, fue más intenso escucharlo salir de la boca de quien lo vivió. Él se sentiría culpable en la posición de Nishinoya, porque Asahi parecía realmente arrepentido y lastimado.

- Me hizo sentir bastante culpable, como si yo fuera el malo en nuestra discusión – Bajó su mirada – Quería lanzarme a sus brazos y decirle que todo estaba bien. También quería disculparme.

- Lo entiendo. Estuvieron mucho tiempo así – Pudo sentir el pesar de su amigo.

- Si. Fue… ¿doloroso? Creo que es muy exagerado – Rió levemente – Hablamos sobre nosotros. Que sucedería de ahora en adelante. Qué pensábamos acerca de todo. Qué debíamos cambiar.

- ¿Le dijiste como te sentiste cuando te rechazó?

- Si. Comprendió por qué me enojé – Soltó un suspiro – Me dijo que estuvo bien haberme molestado, que se lo merecía.

- Se está culpando demasiado, ¿no crees? – Nishinoya solo asintió.

- Yo igual tuve la culpa. Fui muy exagerado y debimos hablar las cosas antes de actuar – Acomodó su cuerpo en la cama – Así que le expliqué eso también, y pareció entender.

- Me alegro de que todo se haya solucionado.

- Yo igual – Esbozo una sonrisa – Pero… - Su rostro se torno levemente de un color rosa.

- Pero… ¿qué? – Le miró inquisitivo.

- Bueno… él decidió hacer algo… - Desvió su mirada de Suga.

- ¿Qué cosa? – Se estaba impacientando. Ya le comenzaba a molestar aquella faceta tímida y nerviosa del líbero, porque siempre que se ponía así, era para hablarle de algo que le avergonzara o diera miedo, y eso le interesaba bastante.

- Decidió… - Tragó duro – Hacer pública nuestra relación al resto del equipo.

- ¡¿Qué?! – Tapó su boca luego de su grito. Y es que le había pillado tan desprevenido que fue lo único capaz de hacer - ¿Enserio? – Nishinoya asintió. Su corazón se acelero e instintivamente se puso nervioso tras pensar en aquel momento en el que confesaban su relación al resto del equipo. Casi pensó que Asahi era alguien bastante seguro de sí mismo, y eso le parecía atractivo. Tal como cierta persona que estaba más de lo normal en su mente. Si, estaba hablando de Daichi.

- Sé que más de una vez dije que no me importaba el qué dirá la gente de mí, pero esta vez Asahi me pilló tan descuidado que fue inevitable no perder la confianza que tenia – Mordió su labio el líbero - ¿Estará bien hacer aquello?

- Bueno… - Lo meditó unos segundos – No creo que los chicos los rechacen. Ya sabes, son sus amigos, y nunca les he escuchado algún comentario homofóbico.

- Pienso lo mismo. Pero, me hubiera gustado comenzar a hacerlo con gente que no conocía. Ir por la calle, y mostrarme tal y como soy frente a gente que tal vez nunca más en mi vida veré – Explicaba un inquieto Nishinoya – Además, habría sido un buen comienzo para ambos. Sobre todo para Asahi que parecía tener menos confianza en sí mismo.

- Entiendo. Pero, ¿Qué mejor que tus mejores amigos sean los primeros en saber? – Le cuestionó la situación – Yo lo veo bastante beneficioso. Son personas que te conocen y tú conoces, mas de alguna te dará su apoyo, y eso sería bastante bueno para Asahi.

- Tienes razón – Guardó silencio unos momentos mientras miraba la suave tela del cobertor de la cama de Suga – Se veía bastante confiado en ese momento. Como si tuviera esa idea planeada desde hace mucho.

- Tal vez pensaba en lo que tú querrías.

- Claro que me gustaría que los demás supieran lo nuestro, no me gusta andar ocultándolo y tener que reprimir nuestras muestras de afecto – Se sonrojó un poco – Pero aun así, casi puedo sentirme como si estuviera obligando a Asahi a hacerlo.

- Es inevitable – Sonrió apenado – Solo debes aceptar la petición de Asahi. Es algo que ambos quieren. Además, él se siente en deuda y cree que así compensará haberte lastimado – Se levantó de hombros – Ambos ganan.

- Si así lo dices, tienes razón.

- Solamente debes estar feliz de que todo se haya arreglado – Palmeó su hombro.

- Lo estoy, pero Asahi me pone en una situación que no esperaba.

- Ya lo veo – Rió – No te preocupes por eso.

- Está bien – Se callaron durante unos segundos – ¿Y a ti cómo te ha ido?

- ¿Con qué? – No entendía a que se refería.

- Tu sabes, Suga-san – Aquel movimiento de cejas que hacia mientras decía aquellas palabras no le daba buena espina.

- Nishinoya, realmente no sé de qué estás hablando – El líbero suspiró.

- Hablo de Daichi-san.

- ¿Daichi? – Elevó una ceja, curioso – ¿Que ocurre con él?

- ¿Qué tal las cosas con él? – Pronto se dio cuenta a lo que Nishinoya se refería, y supuso hacia donde iría dirigida la conversación.

- Mmm… ¿bien? – No supo que responder - ¿Cómo deberían estar?

- Me refiero a que-

El sonido de la puerta los detuvo, dándole tiempo a Suga de permitir su ingreso a quien suponía era su madre. Pero en el momento que vio aquel hombre en el umbral de su puerta, ingresando a su habitación, sintió los colores de su rostro caer.

"¿Qué hace aquí?, ¿Qué pensará si me encuentra con Nishinoya?".

Solo pudo ver su cara de sorpresa y como a la vez disimuladamente le exigía una respuesta, una que él no fue capaz de darle mientras pensaba hacia donde iría la situación en estos momentos. Sintió denso el aire durante unos segundos, y como ambos se comían con la mirada, sin saber que hacia el otro en aquella habitación.

La razón de su visita le ocasionó cierta culpa que él no tenía planeado sentir. Había preocupado a Daichi, y todo por su innecesaria confesión del día anterior. Sabía que lo único que lograría sería preocuparlo, mas él deseaba confesarle sus pensamientos y como se sentía. Deseaba abrirse a Daichi, aun si eso luego lo llevara a sentirse por el suelo pensando en la lástima que hubo dado.

Agradeció aquel momento en el que Nishinoya se retiró. Bastante sospechosas habían sido las excusas de ambos tras haber faltado a la práctica, y ahora estaban reunidos en su cuarto. Si bien él estaba acostumbrado a pensar que era bastante perseguido y se hacía problemas por pequeñeces, no le molestaba pensar en todas las posibilidades que le pusiera en riesgo. Que causara dudas en la confianza que Daichi depositaba en él. Ya que bastante le había estado mintiendo últimamente, sobre todo tras cubrir las espaldas de Nishinoya.

Se arrepintió de decir aquellas palabras que supuso lo hirieron, al igual que a él. Se sentía a la vez mas desnudo de lo normal tras confesarle lo que pensaba y sentía. Y es que lo había arrinconado, dejándolo sin escapatoria más que sacar todo lo que tenía guardado y dejarlo en silencio, porque se esperaba eso. ¿Cómo podría Daichi ayudarle? Él había tomado la decisión desde hace tiempo de continuar en el equipo siendo que solamente jugaría en casos de emergencias, pero llegó a un tope que él había previsto, y pronto, frente a su capitán, lo sobrepasó. La culpa no era de nadie, más bien si ninguno de los dos le hubiera dado más vueltas al asunto todo quedaría olvidado, pero como mas de una vez supuso, había preocupado a Daichi, y no se quedaría callado hasta zanjar o arreglar el problema. Mas no llegaron a ningún lado, con el silencio del otro, sin alguna idea para ayudarle a solucionar su problema, se resignó a continuar guardando sus deseos de jugar. O eso pensó…

"Te prometo que jugaras en el partido contra Nekoma".

Pataleó en su cama con su cara escondida en su almohada, mientras a la vez ahogaba un grito de emoción. No podía olvidar aquellas osadas palabras que habían salido de la boca de Daichi que le provocaban una y mil emociones. Pudo sentir desbordar su felicidad en su sonrisa boba, aun escondida, pero es que así se sentía. Feliz. La confiada y la vez decidida mirada que le regaló fue más que suficiente para creer en sus palabras y esperar que se cumplieran, aun cuando eso significaba dejarle su carga a alguien más, no podía evitar sentirse bien cuando pensaba en la ayuda que Daichi le estaba ofreciendo. Pero a la vez, la sensación de egoísmo estaba presente en sus pensamientos, más bien lo que estaba haciéndole era cumplirle un capricho del que desde hace tiempo saboreaba, y aquello no era lo que deseaba ocurriera.

"¿Será infantil?, ¿Qué hará Daichi?".

Los mensajes últimamente parecían contener más sentimientos que las palabras dichas normalmente durante el día. Y es que tras leer el mensaje que Daichi le había enviado sintió su corazón acelerarse y unas ganas de gritar peligraron salir de su boca a altas horas de la noche, pero se contuvo. Releyó el mensaje con sus ojos, guardando cada palabra en su mente e imaginando la voz de Daichi diciendo aquella oración.

"Realmente estás loco".

Aquella noche procuró taparse bien, guardando el calor bajo las sabanas.

Pudo escuchar los nombres de ambos en aquella voz que últimamente era bastante frecuente para él, más de lo normal. Y estaba hablando de Nishinoya, que en esos momentos se acercaba hacia ellos junto Asahi a su lado, aunque más bien este era arrastrado por el más pequeño hacia los otros dos.

- Chicos, ¿almorcemos juntos? – Su voz emocionada como siempre fue bastante persistente como para negarse.

- Claro, por mi no hay problema – Musitó, para luego mirar a Daichi a su lado.

- Yo tampoco tengo problema, vamos – Se levantó de hombros.

Como Nishinoya ya tuviera planeado el almuerzo entre todos, caminó dirección a la azotea con los otros siguiéndoles por detrás. Una vez llegaron se encontraron con la puerta a la salida cerrada, lo que les bajó los ánimos un tanto, pero no al líbero.

- No se preocupen – Nishinoya casi como si tuviera súper poderes golpeó dos veces en un lugar cercano a la perilla, para luego girarla constantemente hasta que la puerta se abrió como si de magia se tratara.

- ¿Qué?, ¿Cómo mier- No se permitió terminar la frase ya que sabría que no le explicaría su truco o sería algo sin sentido. Por otro lado, se pudo escuchar los aplausos y halagos de Asahi hacia Nishinoya.

- Eso no tuvo sentido – Le susurró Daichi a su lado mientras cruzaban la puerta. Rió por lo bajo ya que su tono de voz casi demostró miedo.

- Lo mismo opino.

No se almorzaba todos los días bajo el sol, por lo que darse aquel lujo le relajaba y satisfacía bastante. Poder sentir los cálidos rayos y la leve brisa en su rostro mientras comía junto a sus amigos, era genial. Con Daichi a su lado, y frente a ellos, Asahi y Nishinoya, la conversación comenzó demasiado brusca e impactante.

- ¿Por qué estaban peleados? – Asahi y Nishinoya se atragantaron con su respectivo almuerzo al momento de escuchar la pregunta de Daichi.

- Na-nada importante – Un nervioso Asahi salió a defender la verdadera razón de su disputa. Nishinoya por su parte se dedicó a beber de su jugo para poder permitirle el paso a su almuerzo atorado en su garganta.

- No parecía poco importante – Dio un mordisco a su sándwich de lo mas casual mientras que los demás estaban más nerviosos de lo normal. Suga se sorprendió de la forma en que Daichi lograba arrinconar a las personas mientras lucia de lo más tranquilo, de hecho, le dio un poco de miedo.

- Bueno, sea lo que sea que haya ocurrido, ya se solucionó – Trató de calmar la pertinente interrogación de su amigo, y a la vez, cubriendo las espaldas de sus otros dos.

- Tienes razón – Dejó el tema por fin, lo que calmó a los demás.

- Daichi-san – El nombrado prestó atención a Nishinoya - ¿Qué opinas de la homosexualidad? – Casi como pensó, Asahi se atragantó nuevamente, alarmando al líbero que comenzó a palmear su espalda. No pudo evitar asustarse también, ya siendo por la forma en que Asahi reaccionó y la pregunta inadecuada que formuló Nishinoya.

"¿Qué quiere lograr con eso?, ¿Está tanteando terreno para poder hacer pública su relación?"

- ¿Se te olvidó cómo comer, grandulón? – Bromeó Daichi casi riendo. No pudo evitar reírse igualmente tras ver la cara avergonzada de Asahi, olvidando sus recientes nervios – Me da lo mismo – Esta vez respondió la pregunta, llamando la atención de todos.

- ¿Y si fuera un caso más cercano? – Agregó otra pregunta.

- ¿A qué te refieres? - Levantó una ceja sin entender.

- Un amigo más cercano – Daichi pareció meditarlo unos segundos – Por ejemplo, Suga-san – Agregó.

Apenas escuchó su nombre, aun cuando creyó que sería el único a salvo junto a Daichi, le fue inevitable no atragantarse mientras bebía jugo. Y es que le había pillado tan de sorpresa que no supo cómo reaccionar. Más de una vez se preguntó a sí mismo si le aceptaría, si seguiría siendo su amigo si quiera, o aun mejor, le apoyaría y ayudaría. Más nunca pudo llegar a ponerse en su lugar o tratar de pensar como él, para llegar a alguna conclusión. Solo pudo guiarse por el constante tiempo de su amistad y el lazo que parecía bastante fuerte, lo que le daba confianza en que no sería rechazado por su amigo. Esas solo eran hipótesis, ya que nunca había escuchado salir siquiera algún comentario respecto al tema salir de su boca. Pero ahora se encontraba a segundos de saber la respuesta que como podía trataría de actuar normal sea cual sea el resultado. Como pudo, se giró a mirarlo, y sus miradas quedaron conectadas por un tiempo indefinido, o eso pensaba hasta que Daichi ya parecía tener la respuesta preparada.

- Igualmente no me importaría – Se levantó de hombros. Pronto, elevó las manos como si se disculpara – No es que no me importe o interese, me refiero a que obviamente lo apoyaría, y no afectaría en nuestra amistad. No cambiaria en nada… - Su tono disminuía conforme decía aquellas palabras, quedando en un silencio total al final.

Como pudo evitó dibujar una sonrisa en su rostro, pero le parecía difícil. Es que en ese mismo instante le estaba confesando – no solamente a él – que no le molestaría e incluso le apoyaría, y eso no podía lograr no hacerle más feliz. No correría el riesgo de ser rechazado en caso de confesarle su sexualidad, y eso era algo que necesitaba saber desde hace mucho, ya siendo por la ganas contenidas de hacerlo y a la vez el peso que se le quitaba de saber que sería aceptado de inmediato – o eso suponía –. No podía sentirse mejor en aquellos momentos.

- ¿Y tú, Suga-san? – Ahora las preguntas y la atención de todos era dirigida a él, y todo gracias al bendito Nishinoya.

"Si lo estás haciendo a propósito, juro que me las pagaras".

Mas el pequeño líbero ni se inmutó por la fugaz pero disimulada mirada que le lanzó Suga. Continuó con su semblante sereno y a la vez inocente, que de alguna manera extraña lograba obtener, ya que más bien parecía un pequeño diablillo que lo único que hacía era incomodar a los demás con sus inusuales preguntas.

Trató de ver el lado positivo de la situación. Si bien no podía estar seguro de que Daichi era homosexual, sería una gran oportunidad para demostrar que igualmente le apoyaría en lo que fuese y así tal vez hasta se ganara más confianza de él. Hablando hipotéticamente en el caso de que Daichi igualmente fuera gay, claramente.

- Le aceptaría tal y como fuese – No pudo evitar mirarle a los ojos. Aquellos que eran de un color café que parecían querer absorberlo – Después de todo, es mi amigo – Le sonrió sinceramente por inercia – Jamás le daría la espalda – Casi dejándose llevar por el ambiente, peligró dejar salir un; "te quiero" de su boca, pero logró reprimirse exitosamente.

La boca entre abierta dejaba ver sus dientes blancos como las nubes, mientras que sus labios se abrían y cerraban inconscientemente, como si no supiera que decir. Y es que ni él sabía en lo que se había metido. Se dejó llevar por la situación y dijo más de lo que debía o pensaba decir. En aquellos momentos solo deseaba ser tragado por la tierra tras el constante silencio que no parecía ser roto por nadie, ni por los otros dos que igualmente estaban mudos.

Sin poder aguantar la mirada, la desvió hasta sus otros dos amigos que igualmente le miraban de una forma rara. Ambos con una sonrisa boba en sus bocas y los ojos levemente cerrados, como si estuvieran a punto de reírse, o estuvieran hipnotizados, mas él no sabía por qué cosa.

Por primera vez creyó en la existencia de dios luego de rezar mentalmente más de unas cien veces. En aquel momento que tocó el timbre juró que se haría creyente en cualquier religión, y es que estuvo bastante desesperado como para haberle rezado a cualquier dios en algo que lo rescatara de aquella incómoda situación, y vaya que fue salvado.

Con Nishinoya saliendo delante de él y dejando a los demás aun en la azotea, lo tomó del brazo llevándolo hasta los baños de la preparatoria.

- ¿Qué querías lograr? – Procuró utilizar un tono leve, disimulando su nerviosismo y terror que aun estaba en su cuerpo. Pero poco sirvió ya que lo había arrastrado bruscamente hasta aquel lugar.

- Solo quería ayudar – Se levantó de hombros mientras esbozaba una sonrisa.

- ¿Ayudarme?, ¿En qué?

- Daichi-san… - Movió sus cejas insinuando algo, igual que el día anterior.

- ¿Vas a empezar de nuevo con eso? – Sabia a lo que se refería Nishinoya pero no quería ni imaginarlo – Te digo que no te entie-

- Tu relación con Daichi-san.

- ¡¿Qué?! – No pudo evitar gritar más que hablar, asustando a más de un alumno que pasaba por sus alrededores. Nishinoya solo rió, como si le molestara.

- No tienes que ocultarlo, Suga-san – Golpeó su hombro – Nishinoya te ayudará – Se apuntó a sí mismo con su dedo pulgar, confiado.

- Nishinoya, yo no tengo nada con Daichi – Trató de hablar más bajo que antes.

- No tienes que mentirme – Se cruzó de brazos.

- Te lo juro, entre nosotros no hay nada… - Usó su mejor tono de voz para convencerlo. Serio y sereno.

- ¿Enserio? – Abrió levemente sus ojos, como si pareciera sorprendido.

- Si.

- Suga-san, lo siento – Se alarmó – Realmente lo siento, es solo que… - Se acomodó en su posición – Cuando me escuchaste y ayudaste casi ni te sorprendió que te confesara que era gay. Por eso deduje que tú también lo eras, o que estabas en una situación similar. Luego, tu relación con Daichi-san se ve bastante especial a mis ojos, y por eso pensé que eran pareja… - Bajó la mirada, apenado.

- No te preocupes – Suspiró, alegre de que se haya aclarado la situación – Pero no estás del todo equivocado.

- ¿Eh?

- Yo también… - Le fue inevitable no perder la confianza que había estado guardando desde hace tiempo para esta ocasión, aun cuando sabía que era imposible ser criticado o juzgado por Nishinoya, le era difícil dejar salir aquellas palabras desde su boca – Soy gay – Los ojos del otro se abrieron a la vez que sonreía.

- Genial – Tocio y se puso serio – Es decir, me tienes a mí y a Asahi, nos apoyamos entre nosotros – Recibió una palmada en el hombro del más pequeño.

- Gracias, Nishinoya.

- Es lo menos que puedo hacer luego de que me hayas ayudado acerca de lo de Asahi-san y yo – Le guiñó.

- Si así lo dices – Rió.

Fue en aquel instante en el que se percataron que ni un alma se encontraba por el pasillo ni los alrededores. El timbre había sonado hace varios minutos que él ni cuenta se dio que tan rápido pasaron. Se despidieron rápidamente y cada uno se dirigió a su salón, a la velocidad de la luz. Pero gracias a dios no recibió una sanción, solamente debió leer una página del libro de inglés en voz alta para el resto de sus compañeros luego de que el profesor se lo ordenara.

Pensó en una y más excusas que podría darle a Daichi en caso de que le preguntara por su tardanza, mas no recibió aquella pregunta, lo que agradeció, pero igualmente se extraño un poco, ya que últimamente lo notaba mas al pendiente de él, y se había hecho la idea de que recibiría una interrogativa.

Automáticamente se le formaba una sonrisa luego de recordar aquella rápida confesión con Nishinoya. Se sentía más liviano y a la vez más relajado luego de saber que alguien más – exceptuándolo a él – sabia de su sexualidad. Necesitaba aquello, desde hace mucho, y aunque había planeado más de una vez el cómo le confesaría que era gay, no pudo evitar decirle la verdad en aquellos momentos. Lo hallaba oportuno por así decirlo.

"¿Así que parecemos pareja?".

Las palabras de Nishinoya retumbaban en su mente. No sabía si solamente él pensaba eso o era algo que todos creían. Y es que sabía que entre ellos se demostraban más de lo que en una amistad normal se hace, y él por su parte no lo podía evitar, porque sentía que con Daichi tenían una química verdadera – aun solo siendo amigos – y no querría ni pensar si fuera como pareja. Pero lo hecho, hecho está. No estaba dispuesto a cambiar su trato con él solo por lo que los demás pensaran. Le gustaba como estaban. De alguna manera se sentía especial y a la vez creía ser el único que recibía aquella atención de parte de Daichi. Como él igualmente le daría aquella atención y a nadie más. Y la razón era que no podía creer que hallaría a alguien que lograra igualar la amistad que conllevaban. Estaba muy seguro de eso.

Temió haber demostrado demás a Daichi luego de su improvisada confesión en la azotea, pero se mostraba con su semblante normal, como siempre. Así que se permitió soltar más de un suspiro cada vez que a su mente se venía lo peor. Entre ellos estaba tener a Daichi más atento en él, y que dudara acerca de su sexualidad, ya que como pensó más de una vez, su confesión había sido demasiado intensa. Casi como si dio por hecho la homosexualidad de su amigo y por lo tanto estaba propenso a sospechas. Pero eso solamente eran ideas locas que le perseguían durante el día, como siempre.

"Hablaré con Asahi para que castigue a Nishinoya".

Su mente divago pensando en varios castigos que el grandulón podría hacerle al pequeño líbero, pero de pronto, se percató de algo que se le estuvo pasando todo este tiempo.

"¿Asahi sabe que yo sé acerca de su relación con Nishinoya?".

El líbero no le había mencionado nada al respecto, y parecía habérsele olvidado al igual que a él. Pero aquello no suponía un problema, ni para él, ni para la relación de aquellos dos. Aunque estaba seguro de tener que soportar a un Asahi nervioso y tímido – aunque parezca raro en un tipo que era el as del equipo – Y eso no se le hacía de lo más emocionante.

"Aun quedan cosas por zanjar".


Que tal? Ojalá les haya gustado. Me gustó escribir este cap.

Nos vemos.