CAPÍTULO DOS

El lunes había llegado y con ello los nuevos integrantes de la empresa. Clarke ya se encontraba en su oficina terminando unos planos que quería presentarles a su padre y a su nuevo socio. Agradecía no tener que hacer el recorrido por la empresa para mostrarla a los hijos del señor Blake, un golpe en la puerta llamó su atención, pero no levantó la vista de los planos que estaba terminando, susurró un pequeño "adelante" y la puerta fue abierta, dejando paso a dos personas, el señor Blake estaba de pie junto a una joven parecida a él.

-Ella es Clarke. –Habló el hombre mientras ambos entraban a la oficina. Clarke se puso de pie y se acercó a ellos.- Clarke, ella es Lexa, mi segunda hija –Clarke se acercó a la aludida y extendió su mano.

-Un gusto. –Lexa era una mujer delgada, de ojos verdes y cabello castaño oscuro, unos labios carnosos que Clarke no pudo pasar por alto, y a pesar de tener una cara juvenil su semblante era serio.

-Un gusto.- Respondió la castaña estrechando su mano con la de la rubia. Sus ojos se encontraron por unos segundos, los mismos segundos en que duró aquel apretón.

-Le estaba mostrando la empresa –Continuó el señor Blake.- Y quería presentarte a Lexa.

-Escuché mucho de ti el fin de semana. –Comentó la castaña con una sonrisa, sus ojos parecían penetrar a la rubia, quien se estaba poniendo un poco incómoda.

-Espero que cosas buenas –Dijo con una sonrisa, intercambiaba su vista entre la joven y el hombre que estaban frente a ella.

-Claro que si –Se apresuró a decir el señor Blake.- Le decía a Lexa que tu oficina está al lado de la de ella, así que cualquier cosa que necesite…

-Claro –Interrumpió Clarke con una sonrisa mirando a la castaña. Justo en ese momento la puerta volvía a abrirse, y con una sonrisa en el rostro entraba Jake.

-Creí que ibas a esperarme para contarles –Clarke miró a su padre extrañada, luego al señor Blake quien también sonreía y luego a Lexa, quien su cara de sorpresa decía que tampoco sabía que sucedía.

-Todavía no les dije nada. –Respondió el hombre, y con un movimiento de mano señaló los sillones que estaban en la habitación. El señor Griffin se sentó junto a su hija, mientras que el señor Blake junto a Lexa se sentaron frente a ellos.- ¿Recuerdas que el viernes hablamos de tus proyectos? –Clarke asintió con la cabeza escuchando atenta, aunque ya se imaginaba de lo que iba aquella conversación.- Tengo entendido que llevas ambos bastante avanzados, por lo que Lexa sólo te ayudará con uno de ellos. Es sólo hasta que organicemos bien las cosas, y ya podrán tener cada una el suyo.

-Claro, no hay problema. –Clarke dejó de mirar a Paul para observar a su hija.- Cuando quieras puedo ponerte al tanto. –Agregó con una leve sonrisa.

-¿Por qué no ahora? –Era su padre quien había hablado, y acto seguido se había puesto de pie, seguido por el resto.- Por cierto, hablé con tu madre y dijo que llamaron de la inmobiliaria, quieren que cuando puedas les regreses la llamada.

-De acuerdo. –Susurró la rubia, mientras observaba cómo los dos hombres se retiraban de la oficina, dejando a las dos chicas solas. Ninguna de las dos sabía cómo comenzar la conversación, se habían quedado de pie allí sin moverse, hasta que la rubia reaccionó y se acercó a su escritorio. Tomó dos planos y los llevó hasta la mesita que estaba en medio entre los sillones.- Siéntate, por favor –Pidió a la castaña que aún estaba de pie, observando atenta a la rubia.

Lexa tomó asiento frente a la rubia, y esta comenzó a explicarle ambos proyectos, por decisión de ambas la castaña se quedaría allí terminando uno de los proyectos, en caso de tener alguna duda tenía a la rubia allí, quien terminaba el segundo proyecto. Pasada una hora, la puerta se abría después de escucharse un pequeño golpe.

-Clarke. –Harper entraba a la oficina de su amiga.- ¡Oh! Lo siento, creí que estabas sola. –Dijo al ver que la castaña estaba allí.

-No hay problema, pasa –Dijo Clarke sonriendo, Lexa continuaba haciendo aquellos planos, aunque no sabía si retirarse y darles espacio o quedarse allí.- Quédate –Clarke había visto que la castaña tenía intención de ponerse de pie y salir de allí.

-Sólo venía a confirmar lo de esta noche.- Harper habló con naturalidad, después de todo eso era exactamente lo que iba a decirle.

-Claro. –Respondió sonriente Clarke.- No me lo perdería por nada del mundo.

-Muy graciosa. –Acto seguido se retiró de la oficina, dejando que ambas jóvenes continuaran con su trabajo.

A las ocho y media de la noche, Clarke y Raven se encontraban frente a la puerta del departamento de Harper, esta se abrió después de que la rubia llamara. Harper abría mientras hablaba con alguien, rápidamente abrazó a la castaña, a la que no había visto en una semana y media, quien le correspondió aquel abrazo. Clarke ya había entrado. Era costumbre de ellos juntarse a ver los partidos de basquet, cuando su equipo favorito jugaba iban a verlos, pero cuando no podían ir o jugaba algún otro equipo se juntaban en la casa de alguno de ellos.

-¡Hola! –Raven entraba con una sonrisa, segundos después de que Clarke lo hiciera, saludaba a sus amigos que allí se encontraban. Nathan, era un chico de ojos marrones oscuro, y llevaba su cabeza rapada, de cuerpo delgado pero bien tonificado, él había sido amigo de las tres chicas desde la primaria. Bryan, novio de Nathan desde hacía cuatro años, era un chico de cabello y ojos negros, de complexión delgada. Junto a ellos había una chica un poco más baja que los que allí se encontraban, de cabello rojo y ojos verdes.- Tú debes ser… -Raven espero que la chica se presentara sola, pero en lugar de eso su mirada se fijó en su novia.

-Está bromeando. –Comentó Bryan. Raven se ganó un golpe en el hombro por parte de Harper.- Ya vas a acostumbrarte a sus bromas. –Comentó este a la pelirroja.- Yo tardé un tiempo –Tanto su novio con sus amigas comenzaron a reír.

-Lo siento Zoe. –Se disculpó Raven, diciendo su nombre para que supiera que realmente estaba bromeando. Tomó dos bebidas, entregándole una a Clarke y otra para ella.- Quiero hacer un brindis.

-¡Ay, Dios! –Clarke cerró los ojos y suspiró.

-Shhh, cállate. –Los cuatro allí presentes sonrieron, Raven levantó su bebida y los demás la imitaron.- Por Harper. –Comenzó diciendo mientras miraba a la rubia, tanto Nathan como Bryan sonreían, y Clarke esperaba las palabras de la castaña.- Porque la señorita heterosexualidad se fue volando. –Ambos chicos y Clarke rieron.- Shhh –Volvió a callarlos.- Bienvenida al lado oscuro de la sexualidad.

-¡Bienvenida! –Dijeron al unísono Clarke, Nathan y Bryan.

-¿Y bien? ¿Cómo se conocieron? –Raven habló observando con una sonrisa a ambas chicas, Clarke, junto a Nathan y Bryan, comenzaron a llevar las cosas a la mesita que estaba en la sala. Esa era una noche de partido, cada vez que se juntaban abundaba la comida chatarra, las cervezas y gaseosas.

-En el crucero. –Pudieron escuchar los tres chicos que se encontraban en la sala, se miraron y sonrieron, esa sería una agradable noche.

-Así que…-Volvió a hablar Raven, parecía un interrogatorio a la nueva pareja, y al parecer Harper ya se esperaba todo tipo de comentario de la castaña.- Tuvieron diez días de amor puro –Clarke entraba a la cocina justo en el momento en que Raven sonreía y alzaba sus cejas repetidamente. La rubia rió al ver la cara de asombro de su amiga y su pareja.

-No –Respondió al final.- Sólo nos conocimos ahí. –Harper se giró para observar a Clarke, quien terminaba de tomar unas cosas y las estaba por llevar a la sala.- Clarke, ayúdame. –Raven se rió, haciendo que Clarke sonriera y negara con la cabeza mientras regresaba a la sala.

-Ella no podrá ayudarte. –Escuchó decir a la castaña, y segundos más tarde la pelirroja salía de la sala con unas bebidas más.

-No hagas caso de lo que Raven diga, sólo le gusta bromear. –Comenzó hablando Nathan.

-Sí, y sobretodo molestar a Harper. –Continuó Bryan.

-¿Por qué? –La pelirroja no entendía muy bien pero debía reconocer que la escena anterior le había parecido algo graciosa.

-Harper dijo que no era lesbiana, de hecho lo reafirmó demasiado. Raven le dijo que llegaría el día en que ella saldría con una chica, y le prometió que jamás olvidaría ese momento. –Clarke hizo una mueca mientras se sentaba en el sofá.- Dejará de molestarla en unos meses.

-Llevamos cuatro años saliendo y todavía nos hace bromas. –Se quejó Nathan.

-Y lo seguiré haciendo. –Raven y Harper salían de la cocina, y todos estaban listos para mirar el partido. Para suerte de los cuatro amigos, quienes habían ido desde la adolescencia a ver los partidos de los Lakers, Bryan también lo era y a Zoe aquello no le interesaba mucho, pero si tenía que escoger un equipo sin duda seria ese, y se lo había dejado bien en claro a su novia el día en que se conocieron. –Es una buena idea presentarla el día del partido. –Raven volvía su vista a Harper, mientras le hacía seña a Clarke para que se moviera y pudiera sentarse junto a ella. Nathan y Bryan ya estaban sentados en un sillón cada uno, Harper tomó lugar junto a la castaña, y a su lado estaba Zoe.- Es cuando menos hablamos.

-Espero que tú no lo hagas. –Clarke le dijo mientras tomaba algo para comer.- Porque te harán recordar este día. –Clarke le sonrió.

En cuanto el partido había comenzado los chicos guardaron silencio. Cuando eran unos niños, el padre de Clarke los hacía sentarse en la sala de su casa a mirar los partidos junto a él, al comienzo les explicaba las reglas, pero a medida que la temporada avanzaba ellos solos, sin esperar o necesitar invitación, se reunían a mirarlos. Con el tiempo, los cuatro amigos, Harper, Nathan, Raven y Clarke, comenzaron a asistir a los estadios, y cada uno tenía su camiseta con su apellido en la parte de atrás y el número de su cumpleaños. No faltaba un partido en el que no las usaran, no sólo era una especie de pequeño ritual sino que también era una cábala entre ellos. Por eso, en esos momentos, a excepción de Zoe, todos la llevaban.

-¡Por favor! ¡Mi abuela corre más rápido que eso! –Gritó Raven al televisor, Zoe la miró extrañada, pero al ver que el resto sonreía, ella también lo hizo.

-¡Oh! ¡Vamos! –Comenzó a quejarse Clarke, unos pocos minutos después.- ¡Su abuela la hubiera bloqueado! -Dijo la rubia imitando a su amiga, haciendo que todos rieran, pero ganándose un golpe en el hombro por parte de la castaña.

-No te metas con mi abuela. –Respondió esta, volviendo a golpearla.

-También es mi abuela. –Respondió la rubia mientras se sobaba donde había sido golpeada y le sacaba la lengua. Para Clarke la abuela de Raven era como la suya propia, y ambas chicas sentían que la madre de la otra era como su segunda madre. Abby Griffin y Katherine Reyes se habían conocido en su primer año en la universidad de medicina, y desde entonces se habían hecho amigas, de tal manera que inscribieron a sus hijas en el mismo colegio.

-Es culpa de Zoe. –Raven se puso de pie, minutos después de que finalizara el partido, todos la miraban sorprendidos, a excepción de Clarke quien ya se imaginaba por dónde iba la castaña. Raven no dejaría en paz a la nueva pareja.- Rompió con la cábala de las remeras –Sus amigos comenzaron a reír.- Para el próximo partido le consigues una –Dijo mirando con seriedad a Harper, quien tenía en su rostro una sonrisa. La rubia tomó la mano de la pelirroja y le dio un suave apretón, sabía que su novia estaba siendo bien recibida en el grupo y eso la tranquilizaba bastante.

Clarke se encontraba en la pequeña, pero acogedora, cocina de la empresa, esperando que el agua terminara de calentarse para poder hacerse un café. El lugar tenía una pequeña mesa cuadrada con seis sillas a su alrededor, allí se encontraban Octavia y Lexa, conversando muy animadamente. Harper se encontraba al lado de su amiga, hablando de la noche anterior.

-¿Quieres quedarte tranquila? –Dijo Clarke mientras se volvía para mirar a su amiga.- Les agradó a los chicos, sobre todo a Raven, sabes que le gusta bromear. –Harper asintió con la cabeza más aliviada. –Y tiene razón. –Continuó Clarke, lo que hizo que la otra rubia la mirara sorprendida.- Tienes que conseguirle una camiseta.

-Buenos días señor Griffin. –Saludó Harper una vez que el hombre entró y se colocó al otro lado de su hija.

-Harper, creo haberte dicho que nada de señor Griffin. –Dijo el hombre mientras tomaba una taza de la alacena que estaba colgada en la pared sobre la cocina.- Tendremos que comprar otra tetera. –Comentó al notar que todas estaban ahí esperando su turno.

-O quizás, sería mejor comprar una cafetera. –Comentó su hija al mismo tiempo que vertía agua en la taza de Harper.- Sería mucho más rápido. –Jake observó que tanto Harper como las dos hermanas que se encontraban allí, asentían con la cabeza.

-Bien, veré que podemos hacer. –Respondió su padre.- Tu madre me dijo que te preguntara si llamaste a la inmobiliaria. –Clarke terminaba de verter agua en las tazas de las hermanas.- No sé por qué no te llama a ti, en lugar de usarme como a su correo. –Las mejillas de la rubia comenzaron a tornarse de un claro rosado, para las hermanas aquello no pasó inadvertido. En el rostro de Lexa se dibujó una pequeña sonrisa, que la ocultó bebiendo un poco de su café, mientras que Octavia observaba a la rubia intrigada.

-Ahora la llamo y hablo con ella. –Respondió la rubia, sirviendo agua en la taza de su padre y luego en la de ella.

Un golpe en la puerta hizo que la rubia se pusiera de pie y se acercara, mientras tenía el teléfono junto a su oreja, su madre la había hecho aguardar unos segundos porque tenía que contestar algo urgente. Clarke abrió la puerta, y parada allí estaba Lexa, con una tímida sonrisa en su rostro, la rubia se hizo a un lado para que la ojiverde pudiera entrar. Tenían que terminan el proyecto, para su suerte no les faltaba mucho, la castaña tomó asiento mientras acomodaba los planos sobre la mesa.

-Sí, sigo aquí. –Respondió la rubia, quien miraba atenta a Lexa.- Mañana tengo que llevar un adelanto con los papeles, y el fin de semana ya puedo mudarme. –Lexa intentaba no escuchar lo que la chica decía, no quería meterse en sus asuntos, pero tenía una idea de con quien hablaba y de lo que estaban hablando.- Raven va a ayudarme, y le diré a los chicos si pueden. –La rubia aguardó silencio unos segundos para volver a hablar.- Seguro antes del partido, ya veremos dónde reunirnos. –Clarke rodó los ojos, haciendo que la castaña sonriera.- Mamá, tengo que seguir trabajando, y seguro que tú no estás desocupada. –Clarke sonrió y asintió con la cabeza.- Por cierto, papá me dijo que la próxima vez no lo uses de correo y me llames directo a mí. –Mientras la rubia decía esas palabras sus mejillas volvían a tomar un color rosado, pero algo que había dicho su madre hizo que su color aumentara un poco más.- ¡Sólo fueron dos veces! –Se quejó la rubia, despegó el teléfono de su oreja y lo miró extrañada.- Me colgó. Mi propia madre acaba de colgarme. –Clarke se acercó a la castaña, y tomó asiento frente a ella.- Lo siento –Se disculpó con una sonrisa.

-Descuida, no hay problema. –Respondió Lexa también sonriendo.

Las dos chicas se pusieron a continuar con los planos, debían entregarlos esa semana. A Clarke le habían dado un plazo, el cual se lo extendieron debido a que estaba haciendo sola más de un proyecto, pero en la oficina todos estaban de la misma manera, y con la llegada de los nuevos arquitectos las cosas se calmaron un poco. Al igual que a Lexa, Octavia y Bellamy recibieron proyectos que estaban por terminarse, con el cambio de socio, querían comenzar muchas cosas desde cero.