Hola, como están? Espero que bien :)

Me he demorado un poquito pero ya les traje el capitulo.

Disfruté mucho escribiendo este cap, ya verán por qué y ojalá les guste una parte que fue un intento de ternura. En mi opinión, quedó bien. Jajsjajsja

Si! Tengo cuenta de Wattpad, hace poco me la hice y también estoy subiendo este fic y planeo subir otros mas (DaiSuga por su puesto)

Pueden buscarme por Love_Hearth o por el titulo del fic. Les invito a leerlo desde allá y a valorarlo si desean. Me ayudaría mucho. Los capítulos no están todos subidos, pero a medida que pase el tiempo los iré subiendo, para que no sea muy rápida la lectura del fic. Pero creo que la otra semana ya estará todo subido, incluido este capitulo. Ojalá nos veamos por allá.

Disfruten el capitulo. Gracias por sus reviews.


- ¿Qué ocurre, Sawamura? – El entrenador se cruzó de brazos, atento a escuchar al capitán de su equipo.

- Quería hablarle sobre Suga.

- Adelante.

- Bueno – Tomó un respiro, aun no seguro de lo que estaba a punto de hacer – Me he percatado de la actitud de Suga luego de perder el puesto de armador titular del equipo. No creo ser el único que se dio cuenta de eso, pero todo tiene un límite – Le miró seriamente – Suga quiere jugar más que nadie.

- Entiendo – Guardó silencio unos segundos – Si bien él me dejó claro que seguiría en el equipo aun siendo solamente de refuerzo, esto era inevitable – Soltó un suspiro y sonrió – No veo problema en ello.

- ¿Enserio? – Creyó que sería más difícil convencerlo.

- Claro, pero… – Veía venir un inconveniente que el entrenador le dejaría claro - ¿Estás seguro de que esta en la mejor manera?

- ¿A qué se refiere?

- Tú mejor que nadie conoces a Sugawara – De alguna manera se sintió halagado tras escuchar lo que el entrenador pensaba de él – No estoy seguro de que él lo acepte – Se cruzó de brazos nuevamente – Lo que menos quiere es causar lastima o preocupación.

- Eso es… - No se había percatado de aquello. Apretó sus puños con fuerza, enojado consigo mismo tras haber olvidado un punto bastante importante. Lo que el entrenador decía era totalmente cierto, pero no podía hallar otra solución. Así debería de ser – No importa – Su mirada era seria y confiada – Asumiré la responsabilidad.

- Mmm… - Lo dudó unos momentos – Pero procura no terminar como Azumane y Nishinoya. Lo que menos necesitamos es una disputa a solo días del partido.

- Está bien.

- Al terminar la práctica daré la noticia a los demás. Dudo que alguien se niegue o moleste.

- Estoy seguro de que Suga sí.

Aquello en cierta manera estaba mal, hablando desde la perspectiva de Suga, y él sabía eso. Casi podía ver en sus pensamientos su reacción molesta o culpable. Estaba seguro de que pasaría unos de los dos resultados. Lo conocía bastante bien para poder predecir eso.

Su corazón instintivamente se aceleró al momento que el entrenador les llamaba la atención a todos, anunciando que tenía algo importante que decir. Las manos le sudaban y sentía que su cuerpo igual, aun después de terminar de jugar. Pero mantuvo su semblante sereno y tranquilo al lado de Suga, para no demostrar su impaciente comportamiento.

- Les tengo que informar sobre algo – Todos le miraban atento, incluyéndole – En el partido de Nekoma, Sugawara jugará el primer set – Vio por el rabillo de su ojo como Suga se giraba en su dirección, con su mirada insistente, llamando su atención, mas él no se dignó a recibirla - ¿Algún problema? – El grito negativo de todos fue más que evidente, estaban de acuerdo, y de hecho a algunos les emocionaba.

- ¿Por qué? – Suga se puso de pie, mirando al entrenador.

- Porque lo necesitas – Dijo sin más, como si fuera de lo más simple.

- Yo… - Pudo ver a su altura las manos de Suga convertidas en un puño – No es necesario – Se negaba rotundamente a la idea de una manera relajada como si fuera insignificante – Estoy bien – El silencio envolvió todo el gimnasio, con la atención de todos puesta en Suga.

Tuvo más de una vez la idea de hablarle, hablar por el resto del equipo demostrando que no era algo malo darle ese privilegio, era algo que necesitaba como anteriormente había dicho el entrenador, algo vital para que continuara su amor por el voleibol, para no resignarse, pero suponía que Suga tenía una y mil razones para no aceptar lo que le estaban permitiendo.

"¿Por qué eres tan complicado, Suga?".

Apenas entraron al salón del club el armador se había retirado rápidamente, dejando a algunos preocupados, y otros ni se inmutaron ya sabiendo el por qué de su radical cambio. Él, por su parte, atinó a seguirle tratando de no perder su silueta en la oscuridad de la calle, que era iluminada solamente en sectores por la luz de los focos. Pronto, le pilló a lo lejos, medio encorvado con sus manos en sus rodillas, recuperando la respiración tras – lo que él supuso – haber corrido. Anunció su presencia con el sonido de sus pasos, haciendo que Suga se girara rápidamente, con su rostro agotado y a la vez nervioso.

- ¿Ese era tu plan? – Estaba afligido - ¿Ganarme un puesto en el partido con mi lastima? – Elevó su voz casi gritándole. Más que asustarlo, sus palabras le enfurecieron a un nivel que pocas veces lograba alcanzar.

- ¡No das lástima! – Se acercó rápidamente a él, agarrándolo por el cuello de la sudadera, levantándolo levemente. Escuchar aquellas palabras salir de su boca le habían alterado – Deja de pensar eso. Somos tus amigos y lo único que hacemos es ver por tu bien – Escupió las palabras en su cara. Le crispaba los nervios que sus ojos no fueran capaz de ver lo que todos estaban dispuestos a hacer por él.

- Esa no era la mejor manera de hacerlo… - Desvió su mirada hacia cualquier lado, evitando la suya. Estaba bastante calmado comparado a como él estaba. Molesto y furioso.

- ¿Entonces cual era? – Lo soltó, comprimiendo su enojo en sus puños.

- No lo sé – Sus miradas se encontraron – Tal vez solo debiste dejarlo así.

- ¿Y dejar que te hundas en tus lamentos?, ¿Qué envidies los partidos que solo puedes ver? – Nuevamente pudo sentir como se le subían los humos, pero decidió tomar una actitud seria. Se acercó lentamente hasta quedar frente a él – No quiero eso para ti – Estaban a unos centímetros de distancia. Suga soltó un suspiro cansado, resignado.

- ¿Por qué lo haces? – Puso la mayoría de su peso en su pierna izquierda, mientras que a la vez miraba al suelo.

- ¿Hacer qué? – Trató de buscar su mirada, mas lo único que halló fue el mechón de cabello plateado cubrir sus ojos.

- Preocuparte por mí… - Fue como un susurro casi inaudible, pero gracias a la cercanía pudo entender sus palabras.

- ¿Qué por qué lo hago?

Ni él lo sabía. De lo que si estaba seguro era que le nacía inconscientemente aquella necesidad de ayudarlo y – obviamente como ahora – preocuparse por él. Casi podía afirmar que recaía esa responsabilidad en sus manos, aunque solamente él lo pensara, pero de todos modos no le molestaba aquello. Le satisfacía ayudarlo en cualquier problema que tuviera, por más insignificante o ridículo que fuese. Como más de una vez lo había pensado y dicho, su amistad consistía en aquello. Preocuparse por el otro, preguntarle por su estado, percatarse de algún comportamiento extraño, ser su confidente, tener aquella química especial que ambos sabían conllevaban. Todo y más era suficiente para preocuparse por él.

- Lo hago porque eres mi amigo.

El cuerpo de Suga tembló levemente a sus ojos, que dedujo como nerviosismo. Levantó su cabeza después de mucho tiempo, quedando inmediatamente sus miradas conectadas por – lo que creyó – minutos. Aquellos ojos color marrón parecían absorberle e hipnotizarlo, obligándolo a fijarse en nada más que él, sin poder despegar su vista.

Encontrarse así, tan cerca y sin nada que les interrumpiera hizo nacer en su mente una pertinente idea que borraba continuamente desde el momento en que apareció. Y es que no creía tener la valentía o coraje para llevar a cabo la – a sus ojos – loca idea, aun cuando sin querer desde hace días pensaba en ello, no sería capaz. Pero el ambiente era tan envolvente que llamaba cada vez con más fuerza que hiciera aquella hazaña, que callara esa cobardía inútil y molesta, que sacara confianza desde lo profundo de sí como siempre lo hacía en las situaciones más importantes por mas terroríficas que fueran. Y dejándose llevar, no pudo aguantar, dejando salir su insistente deseo.

Se acercó lentamente, tratando de no asustarlo, de no alterarlo y lo más importante, no alejarlo. Ambos más cerca que antes, sacó a flote su determinación, haciendo su gentil y tierno gesto. Lo rodeó con ambos brazos, abrazándole de una manera que más de una vez había pensado o imaginado aun siendo solamente de broma, pero ahora mismo lo estaba llevando a cabo y sin tapujos. Sintió la unión de sus manos al rodear el cuerpo de Suga, eso quería decir que ni se molestó en alejarse, no lo estaba incomodando, de hecho, se veía bastante cómodo ya que después de unos momentos, se acomodó en su pecho. Más tarde, los brazos ajenos le rodearon, recibiendo de igual manera un abrazo. Pudo sentir la leve caricia en su espalda que Suga le entregaba, provocándole un relajo, que le ayudó a estar menos rígido de lo que había estado antes, por el miedo al rechazo hacia aquella cercanía.

No se había percatado que frente a sus ojos tenía aquel cabello plateado, dándole un leve cosquilleo en su rostro tras el tacto de una que otra hebra. Estaba al nivel de su nariz, y sin poder contener el impulso, se dio el gusto de disimuladamente oler aquel sedoso cabello, que descubrió tenia olor a manzanilla. Pero eso no era suficiente, creía poder llegar a niveles aun más altos en su atrevimiento, y lo hizo, al darle una caricia en la cabeza al otro, con el brillante y suave cabello rozando sus manos. Quedó magnificado tras el tacto que era mejor de lo que había imaginado. Suga por su parte, pareció acobijarse un poco más en su pecho, sintiendo su respiración caliente chocar contra este. Solo pudo reaccionar apretando levemente el abrazo, atrayendo aun más el cuerpo ajeno hacia sí.

Esperaba poder demostrar todo lo que tenía guardado desde hace mucho en aquel cercano gesto. Su apoyo, confianza, comprensión y aprecio. Aunque estaba seguro de que tenia aun más significados, aquellos eran los que en ese momento importaba demostrar, y esperaba que el otro entendiera. Quería enseñarle que no estaba solo, le tenía a él y a los demás del equipo, y ninguno se molestaría por la decisión que todos ya habían aceptado. Pero de todos modos sabía que no era suficiente para que Suga no se hiciera problemas. Lo conocía, y continuaría así tal vez quien sabe cuánto tiempo. Se negaría a aceptarlo, lo rechazaría, seria modesto, se haría insignificante a propósito. Pero así era él, y lo sabia mejor que nadie.

"Enserio. ¿Por qué eres tan complicado?".

Permanecieron unos minutos así, juntos. Nadie dijo nada, no era necesario para la ocasión, ya que con aquel gesto podían entenderse perfectamente. La cercanía era la suficientemente para poder sentir el calor ajeno que de a poco comenzaba a traspasarse al cuerpo propio, envolviéndolos en un abrazo cada vez más cálido – literalmente -. Todo y más fue necesario para sentir su rostro arder levemente, sus mejillas para ser exactos. Las sensaciones nunca antes vividas comenzaron a aparecer en su juicio, cuestionándose una y mil cosas. Aquel constante cosquilleo en su estomago que desconocía hasta ahora. Realmente seria el abrazo más extraño e intenso que alguna vez daría, de eso estaba seguro.

Pero como dicen; "Todo tiene su fin".

El cuerpo que tenia aprisionado por lo que parecieron horas dio un respingo. Al igual que él, había escuchado unos pasos en las cercanías. Nervioso, le alejó un tanto rápido, rompiendo el contacto y a la vez aquel ambiente en el que solo ellos existían. Suga se quedó de espaldas a él, con una distancia mayor a la de hace unos momentos, volviendo el silencio sus oídos ya que antes si quiera escuchaba ambas respiraciones en sincronía. No decían nada, y es que no podía hallar las palabras o al menos un tema de conversación tras la vergonzosa – al menos para él – situación, por lo que siguió callado, deseando que el otro dijera algo para romper aquel silencio que comenzaba a ser incomodo.

- Yo… - Le costó poder descifrar sus palabras por la lejanía, por lo que decidió acercase un poco mas - ¿Qué se supone que deba hacer? – De alguna manera pudo extrañarse de la pregunta de Suga, ya que normalmente siempre sabía lo que hacía o debía hacer, más bien él era quien le pedía consejos, pero en este instante los roles se invirtieron.

- Debes jugar – Con un poco de vacilación puso su mano en el hombro ajeno – Sin contenerte – Apretó levemente.

- Pero… encuentro que es demasiado egoísta todo esto.

- ¿Por qué piensas en eso?

- Porque lo es – Se dignó a girarse – Si así fuera el caso, los de segundo también deberían jugar – Se refirió a los chicos que normalmente estaban en las bancas – Por eso es egoísta – Y vaya que tenía razón.

- No lo había pensado de esa manera – Se lamentó haber olvidado algo tan importante que lo único que haría sería aumentar la negatividad de Suga.

- Lo ves, no puedo aceptarlo – Soltó un suspiro – Por favor, entiende – Una respuesta bastante obvia que había pasado por alto llegó a su mente.

- Si puedes – Le miró serio, pero sin evitar una sonrisa que anunciaba su victoria en aquella disputa – Mejor dicho, debes.

- ¿Por qué? – Frunció el ceño y se cruzó de brazos.

- Porque es tu ultimo año, tu última oportunidad – Se acercó un poco mas – Nuestra última oportunidad – Posó ambas manos en los hombros del otro – Por eso debes jugar. Aprovechar cada oportunidad y partido. Para que ganemos – Sonrió con sinceridad, totalmente seguro de que Suga aceptaría sin rechistar mas.

- Eso… - Parecía pensar en algo que decir, un contra ataque, un argumento que defendiera su pensamiento, mas lo único que hizo fue morder su labio inferior.

- Todos queremos esto – No le dejó hablar, porque sabía que ya estaba convenciéndole y comenzaba a ganar credibilidad – Vamos. ¿Qué dices, Suga? – Este luego de unos segundos de silencio soltó un suspiro y puso sus ojos en blanco, resignado.

- Supongo… que deberé aceptar – Un leve puchero formó con su boca que no pasó desapercibido a sus ojos, pareciéndole un tanto gracioso y tierno.

- Mucho mej-

- Pero – Le interrumpió – Será la primera y última vez – Se cruzó de brazos – No creas que te saldrás con la tuya a la próxima.

- Claro, Suga – Una leve sonrisa se formó en sus labios. Por ahora solo debía aguantar sus regaños y su leve actitud seria – Lo siento por todo – Y es que era verdad aquello, ya que se sentía como si hubiera actuado sobre él, y aun peor, sin su consentimiento.

- Si… bueno – Le miró por unos instantes para después girarse, rompiendo el contacto de sus miradas. Le vio emprender su caminó, dejándolo atrás lentamente. Dudando un poco, le siguió caminando a su lado. Y es que aquel cambio de actitud era un tanto raro pero le beneficiaba. Prefería tener a un Suga resentido, a un Suga furioso.

Después de separarse de él, caminando a su casa, se reprendió mentalmente por cada una de las cosas que había hecho y dicho. Sentía la transparencia con la que actuó, sin ocultar nada y haciendo cosas de las que ahora mismo se avergonzaba un tanto. Pero la situación lo ameritaba, había recurrido a la mención de aquellas profundas palabras que sabia llegarían hacer recapacitar a Suga. En resumidas cuentas, un arma de doble filo.

"Después de todo no fue la mejor opción. El entrenador tenía razón".

Pero entonces, ¿Cuál era la opción correcta? ¿Cómo podía ayudar a Suga sin que este se sintiera miserable o una carga? Aquella pregunta sería la que nunca podría responderse ya que nunca lo sabría. Ni el mismo Suga sabía la respuesta, así que no podía sentirse tan diminuto frente a los demás. Nadie sabía cuál era la manera correcta. O Tal vez aquella era, pero como Suga era alguien "orgulloso" – ya que no sabía el término exacto – o modesto, terminó en una discusión poco convencional para ambos.

"Nuevamente me pregunto; ¿Por qué eres tan complicado, Suga?".

Comenzaba a agarrarle miedo a todo lo relacionado con él. Ya siendo por los raros y nuevos sentimientos que le causaba, y las constantes situaciones en las que casi siempre terminaba haciendo cosas de las que luego se arrepentiría, o mejor dicho, cosas vergonzosas. Por lo que tomó la sabia – según él – decisión de ser más precavido en sus actos sobre Suga. Y fueron las pruebas suficientes para llevar a cabo seriamente esta decisión al momento que confesó indirectamente que estaba dispuesto a aceptar su homosexualidad – hablando del momento en que Nishinoya usó a Suga de ejemplo – y le apoyaría en todo. Pero aquello no fue suficiente, sino que aun faltaba agregar el abrazo del que parecía estar en su mente la mayoría del tiempo desde que fue realizado, y según él, era lo más empalagoso y vergonzoso que en su vida imaginó hacer.

"¿Realmente es para tanto? Solo fue un abrazo".

Si, fue solo un abrazo, pero ¿era realmente eso lo que le preocupaba? Porque tenía el presentimiento de estarse engañando así mismo. Ocultando la verdadera razón de su constante arrepentimiento. Camuflando la verdadera causa con hechos de los que solo se guiaba por lo lógico. ¿A quien engañaba? Ah sí, claro. A él mismo. Ya que lo que realmente le atormentaba eran las constantes ganas de abrazarlo de nuevo. Ese sentimiento cálido y de comodidad vivido junto al cuerpo ajeno. El apoyo y protección que estuvo muy seguro de haber entregado. Las mariposas en el estomago que revolotearon al momento de llevar a cabo aquello.

"Suficiente. Tendré un colapso si continúo pensado cosas innecesarias".

- ¿Qué tal te fue? – Aquella voz lo sacó de sus pensamientos.

- Bien…

- Oh… - Solo pudo ver un poco de sorpresa.

- Es decir, me fue excelente – Aun estaba distraído. Realmente podía afirmar su éxito en el examen, sobre todo tras haber estudiado con Suga. Le había servido mucho de ayuda.

- ¿Enserio? – Pronto su cara cambio, a una complacida.

- Si – No pudo evitar sonreír al ver aquella actitud. Estaba seguro de decir que Suga esperaba mucho de él tras haber estudiado juntos hace unos días, por lo que darle una buena noticia tal vez agrandaría su ego. Aunque decía la verdad, enseñaba bastante bien y en caso de tener una buena calificación seria gracias a él – Gracias por ayudarme, Suga.

- Cuando quieras – Aquella sonrisa mostrando su perfecta dentadura, triunfante, fue suficiente para sacarle un silencioso suspiro.

La pequeña discusión parecía olvidada por ambos. No lo mencionaban, aunque de todos modos dudaba ser capaz de hablar de ello. En su opinión, fue un momento un tanto incomodo, pero sobre todo vergonzoso, por lo que era una clara razón para no tocar el tema. Y conocía lo suficiente a Suga para deducir que igualmente no prefería hablar de ello, así que era mejor dejarlo como estaba.

Por muy fría que fuese la mañana, no llegaba a causarle pereza levantarse, y es que había despertado totalmente emocionado y con energía, ya que era el día que partirían a Tokio al partido contra Nekoma. Incluso creyó que no podría dormir la noche anterior tras la constante ansiedad, pero no recordó en qué momento cayó en el sueño. De todos modos lo agradecía.

Se despidió de su madre, recibiendo sus deseos de un buen viaje y diversión en su estadía fuera de Miyagi. Tomó su bolso en el que contenía sus prendas de ropa y uno que otro accesorio que utilizaría; cargador, toalla, cepillo, etc. Y salió emprendiendo camino a la preparatoria, lugar donde se reunirían para partir a Tokio.

El sol no daba signos de aparecer aun, y supuso que no lograría recibir su calor ya que había madrugado incluso más temprano que para ir a la preparatoria. Solo atinó a guardar sus manos en sus bolsillos y ocultar su nariz en su sudadera, evitando respirar el frio aire que en varias ocasiones lograba provocarle dolor en sus fosas nasales. Por las calles era notable la ausencia de personas, sobre todo de estudiantes, ya que no era día de clases, pero poco le importaba, solo era algo que no se apreciaba todas las mañanas, por lo menos él no.

Minutos luego de caminar logró llegar a su destino. Pudo ver a lo lejos dos siluetas afuera de la preparatoria, pero por la distancia no pudo reconocerlas hasta estar frente a ellas.

- Es tu culpa por no ordenar tus cosas antes de dormirte – A lo lejos pudo oír su voz que reconoció de inmediato, y por el tono de voz pudo deducir que estaba regañando a la persona a su lado.

- Lo sé, Suga-san – Tanaka agachó la cabeza resignado.

- Hola, chicos – Les saludo sus espaldas.

- Daichi-san – Ambos se giraron, pero el de segundo reaccionó primero – Hola.

- Hola, Daichi – Rompió por completo su postura para cambiarla a una amigable.

- ¿Hace cuanto llegaron?

- Yo como hace cinco minutos – Tanaka se apunto con su dedo.

- Yo como hace veinte – Suga rascó su nuca, avergonzado. No pudo evitar sorprenderse tras su hora de llegada, pues aun faltaban al menos quince minutos para partir. Todavía ni hacía presencia el profesor y el entrenador.

- ¿Tan temprano?

- Si… - Rió cómplice. Hasta él mismo se había percatado de su innecesaria hora de llegada. En su lugar, habría preferido dormir un poco más.

- Daichi-san, ¿de casualidad traerás cargador? – Le habló Tanaka – Es que ayer me dormí sin ordenar mis cosas para el viaje, y hoy en la mañana se me olvido meterlo en mi bolso – Soltó un suspiro.

- Eso es tu culpa por-

- Por favor, Daichi-san, no me regañes. Suga-san ya lo hizo – Pronto comprendió a que se refería Tanaka, y sin poder evitarlo, rió tras la cómica escena. Su mirada quedó pegada a la del armador, compartiendo un par de sonrisas.

- Supongo que no es necesario que diga más – De alguna manera, casi parecían los padres de todos los del equipo. Siempre regañándolos y guiándolos, evitando que hagan cosas estúpidas y preocuparse por ellos. Pero no le molestaba o incomodaba, más que nada le causaba gracia – Si traje, no te preocupes.

- Gracias, Daichi-san.

Luego de unos minutos podía ver a la lejanía acercarse dos personas más, y como era en dirección a la suya, supuso que sería uno de los chicos del equipo. Dedujo por donde venían que podrían ser Tsukishima y Yamaguchi, por la cercanía de sus casas y agregándole que vivían en la misma dirección. O también podrían ser Ennoshita y Narita, por las mismas razones de los anteriores chicos. Pero pronto, cuando estaban más cerca, pudo cerciorarse que se trataba de Asahi y Nishinoya. Frunció el ceño confundido. Si bien el sabia y no dudaba que estuviera equivocado, ellos vivían en direcciones contrarias. Alguna vez había ido al hogar de Asahi, y sabia la calle por la que normalmente venia a la preparatoria, mas en el caso del líbero, solo conocía en qué dirección quedaba su hogar. Pero vamos, aquello no era común. ¿Quién caminaría el doble de lo que siempre solo para ir a buscar a tu amigo a su casa? Porque eso era lo que en esos momentos pensaba. Asahi pudo recoger a Nishinoya, ya que por donde venían era por donde este ultimo siempre llegaba.

- ¡Hola, chicos! – Nishinoya corrió llegando primero que su acompañante a las puertas de la preparatoria – Tanaka, ¿estás listo para ganar hoy? – Llegó hasta el nombrado hablándole con tono emocionado.

- Por supuesto – Golpearon sus palmas en un gesto de compañerismo.

- Así se habla – Rieron juntos imaginando todos los tipos de halagos que recibirían de las chicas, aunque el que más se ilusionaba era Tanaka.

- Ustedes no cambian – Suga posicionó sus manos en su cadera, con una sonrisa tras el comportamiento de sus compañeros.

- Hola, chicos – Asahi llegó hasta ellos, saludando.

- ¿Asahi-san te viniste con Nishinoya? – Preguntó Tanaka. Agradeció aquella pregunta que él mismo se hacía en su mente, con la duda del por qué llegaron juntos.

- ¿Eh?... este – No ocultó su nerviosismo ni un poco. Su mirada se desviaba constantemente de los demás.

- Asahi-san se quedó en mi casa – Dijo sin más el líbero. No puedo evitar sentirse estúpido tras no pensar en aquella razón.

- Nishinoya… - No pasó desapercibido para él aquel susurro urgente de Asahi.

"¿Por qué está nervioso?, ¿Oculta algo? Nishinoya no parece angustiado".

- Ah, que bien – Respondió Tanaka. Dejando el tema en segundo plano.

Más tarde llegaron los demás. Algunos parecían tener sueño o estar cansados, mientras que por otro lado algunos tenían la emoción a flor de piel, en especial Hinata. Pero la mayoría estaban ansiosos y con energía, incluyéndose. Y es que la rivalidad contra Nekoma la sentía en lo profundo, agregándole la alegría que le causaba la participación de Suga en el partido. Se esforzaría lo más que pudiera para poder ganar junto a él.

El entrenador hizo su aparición, llegando por la colina que daba a la preparatoria, pero el profesor no llegó hasta unos cinco minutos después de la hora acordada, con el bus arrendado.

- Entren, chicos – El profesor Takeda abrió la puerta del autobús.

Subieron uno por uno, en orden. Aunque Hinata y Kageyama se llevaron una que otra reprendida de su parte, ya que iniciaron una pequeña bronca por quien se sentaba al lado de la venta. Pero los demás entraron en orden y sin hacer largo el proceso, y es que mientras más rápido se alistaran más rápido llegarían. Por su parte decidió subir de los últimos, junto al entrenador, ya que siendo el capitán se sentía con aquella responsabilidad de asegurarse que los demás entraran primero. Una vez en el corto y estrecho pasillo, se encaminó a su puesto que supuso seria junto a Suga. Y claramente este estaba solo, mirando por la ventana. Tomó asiento junto a él, y se acomodó.

Los demás se quedaron dormidos poco a poco, la mayoría, pero por su parte no tenia sueño, así que solo miraba por la ventana. O bueno, trataba de mirar por ella, ya que lo que más le llamaba la atención era lo que obstruía su vista hacia el paisaje por el que pasaban. Aquel rostro calmado y sereno mientras dormía, la piel blanca, ese lunar que le daba un toque sexy. El cabello plateado, que brillaba de vez en cuando por los rayos del sol atravesando la ventana. Su postura relajada y poco usual a su vista. Todo aquello le robaba la atención.

"Es… bonito".

No podía negarlo. Lo era. Y poco le asustaba pensar aquello, porque poco a poco estaba comenzado a aceptar sus – ya poco – locas ideas. Cualquiera sentiría algo por él, o mínimo robaría su atención, ya que no pensaba que alguien pudiera librarse de aquella belleza y encanto poco común para él. Ya casi no tenía excusas ni miedo para mirarle de otra manera, de mirarle con otros ojos, con otras intenciones.

"¿Realmente estoy pensando de esta manera en él?".

Sacudió su cabeza. Se giró en dirección al pasillo, tratando de dormitar si quiera unos minutos, y lo logró.

- Chicos, ya vamos a llegar – La voz del entrenador lo sacó de su trance improvisado, quedando un tanto adormilado pero al percatarse del lugar en el que se encontraban se disipó completamente.

No conocía el lugar por el que en aquellos momentos iban, con suerte recordaba el establecimiento de Nekoma, pero se degustó mirando aquellas casas y lugares nunca antes vistos. Era un tanto diferente a Miyagi, parecía tener más vida y movimiento, y obviamente era notoria esta diferencia tras la diferencias de tamaño, aumentando la densidad de población en diversos sectores.

Pronto volvió su mirada a su compañero de puesto, quien aun dormitaba profundamente. Solo podía escuchar su tranquila pero a la vez profunda respiración, agregándole una extraña postura que supuso después le dolería el cuello. Igualmente se degustó con aquella imagen, un tanto divertido, pero pronto su sonrisa se borro dejando nada más que su atenta mirada sin ningún otro propósito más que contemplarlo. Se encontraba de la misma manera que hace unas horas, hipnotizado inconscientemente.

Minutos después pudo divisar la preparatoria a lo lejos, ya estaban por llegar, pero el cuerpo a su lado aun estaba dormitando, por lo que con un poco de pena, tuvo que despertarlo.

- Suga – Le movió levemente por el brazo, mas no recibió otra respuesta que un gruñido mientras dormitaba. Una sonrisa se formó en su rostro, divertido – Despierta, Suga – Aumentó su fuerza, pero nuevamente quedó en silencio. O eso creía…

- Daichi… - Fue lo más inaudible posible, pero pudo escucharlo. Pudo escuchar su nombre salir de la boca de Suga mientras dormía. Atinó a fruncir el ceño, extrañado. Quiso saber qué cosa estaría soñando en aquel momento, o que papel desarrollaba él en el sueño ajeno, pero pronto recibió una mirada somnolienta - ¿Daichi? – Sus ojos se abrieron levemente y se acomodó en su puesto, despabilando de inmediato – ¿Ya llegamos? – Miró por la ventana, evitando su mirada.

- Casi – Seguía dándole la espalda. No halló necesario indagar sobre su sueño, además no creía que le diría de todos modos, por lo que se encargó de buscar su bolso y prepararse para cuando llegaran.

Una vez completo su largo viaje, se encontraron en la entrada de la preparatoria con algunos del equipo de Nekoma esperando por su llegada. Apenas bajaron recibieron una cálida y amigable bienvenida, y es que aun teniendo una rivalidad no podían negar que desde la vez anterior que vinieron habían formado alguna que otra amistad, fortaleciendo su vinculo.

- Bienvenidos – Kuroo les habló de brazos cruzados y con aquella sonrisa que a más de uno le daría la idea que se está burlando de ti.

- ¿Qué tal? – Le saludó.

- Pero si es el capitán – No supo cómo interpretar su tono de voz – Estamos listos para el partido, ¿y ustedes?

- Por supuesto – Sonrió desafiante, e igualmente le devolvió la sonrisa Kuroo mientras se estrechaban de manos. Cualquiera que se acercara diría que un aura de tensión los rodeaba.

- Así que piensas ganar – Yamamoto miró intimidante a Hinata.

- S-si… ¡Sí! – Un gritó salió de lo profundo de su garganta.

- ¿Ah? – Levantó su cabeza, mirándolo desde arriba.

- Oye – Alguien lo llamó a sus espaldas, haciendo que se girara – Mas te vale dejar en paz a mí querido kohai – Hinata instintivamente se ocultó tras Tanaka.

- ¿Quieres pe-pelea, mal-maldito? – Sacó a la luz su – a medias – intimidante provocación el peli naranja. Se sentía más seguro al estar con un escudo humano.

- Nunca maduran – Yaku soltó un suspiro, resignado – Lo siento.

- No te preocupes – Sonrió nerviosamente Suga, avergonzado del comportamiento de Tanaka – Igual lo siento.

- Chicos, vamos al gimnasio – El grito del entrenador los sacó a todos de sus asuntos, emprendiendo su camino al determinado lugar.

Una vez dentro del gran gimnasio, se encontraron con otros jugadores de Nekoma, entre ellos Kenma, y más importante, su entrenador. Pronto se encontraban hablando los dos entrenadores, junto a Takeda, mientras que los demás comenzaron a calentar antes del partido.

Las nerviosas miradas y muecas de Suga eran más que obvias a sus ojos, sintiéndose raro al no saber qué hacer. Era obvio que se encontraba así ya que el juego comenzaría en unos minutos, y aunque solo fuera un partido de práctica, la mayoría jugaría enserio, incluyendo al mismo Suga. Muchos dirán que no parecía bastante importante siendo solamente de práctica, y él casi pensaba eso, solo era un partido más de entrenamiento, solamente eso. Pero conocía a Suga, quien lo veía de una manera totalmente distinta. Era como un reto para superarse, una prueba en la que estaba en juego la confianza de todos en el equipo, agregando además un rival digno y habilidoso que le causaba un poco de miedo y nervios.

Pronto fueron reunidos cada cual en su equipo, dando una pequeña charla de aliento para aumentar las motivaciones, y los juveniles espíritus. En ese instante quiso decir un par de palabras hacia Suga, frente a todos los demás, porque sabía que hablaría por todos al confirmarle que daba igual el resultado, lo que importaba era jugar como hace tiempo no lo hacían.

- No está el otro tipo intimidante – A lo lejos escuchó hablar a Kenma junto a Kuroo.

- Que sorpresa – Dijo sin más, mirando a Suga – Buena suerte – Luego sonrió afilando su mirada. Cualquiera diría que parecía estar planeando algo.

- Gracias – Escuchó la respuesta de Suga con su tono de voz casi normal, aun no se le quitaban los nervios.

Soltó un suspiro pesado. No podía predecir el resultado de esto. No es como si no confiara en Suga, ni pensarlo, pero el equilibrio y coordinación tomaría trabajo antes de que sea totalmente buena. Aun cuando estuvo junto a ellos en partidos de entrenamiento y planearon jugadas, el ambiente era más denso y serio, por lo que no podrían confiarse de que siempre saldrían perfectamente sus planes y estrategias. Solo quedaba esperar lo mejor.

"Yo sé que puedes Suga. Confió en ti".

El sonido del silbato dio inicio al partido.


Uuuuuuuu cual será el resultado del partido? Ya lo veremos.

Ojalá les haya gustado. Pronto subiré el próximo, he estado mas lento para escribir :(

Adiós. Cuídense.