Entre el amor y el deber
Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.
NdelA: Bueno aquí tengo el nuevo capítulo. Debo decir que me estrese mucho escribiéndolo, sobre todo porque lo tuve que rehacer en más de una ocasión pues no quedaba del gusto de mi querida novia Korrasami shipper (en navidades me soborno con mercancía Korrasami original y debía complacerla como recompensa). Hacer esa escena lemon entre ellas fue la cosa más tortuosa que he tenido que llevar a cabo. Dice que quedó bien, pero aún así me costó un ovario y la mitad del otro, no puedo ni verlo.
Nos quedan aproximadamente dos capítulos más para terminar y sinceramente ya no se que escribir, bueno si, pero no se como plasmarlo. Algo se me ocurrirá.
Gracias por seguir leyendo la historia y espero me acompañen en esta recta final.
Por cierto, vi el vídeo de la canción country, esta chistoso. Lamento tener que decir que no, no van a aliarse. Se me cruzó por la mente, pero Kuvira no podría soportar estar cerca de Korra si está con Asami.
Para este capítulo me escuche algunas canciones de Emmanuel y Mijares, cosa extraña, pero me encantaron. La de Todo se derrumbó me hizo casi llorar. Oi la de Corazón salvaje y me imagine a Korra del diablo y Asami Colchero en esa novela épica XD En fin, al menos me sirvieron para inspirarme para el fic Korvirasami que estoy tratando de escribir.
P. D. Ustedes disculpara si por allí se me fueron algunas palabras o así, pero luego de reescribir el capítulo tantas veces ya no se ni lo que quedó… debo leerlo de nuevo.
– o –
Cuando volvió en sí, Kuvira no reconoció donde se encontraba. Parpadeo varias veces antes de poder enfocar con sus pupilas oliva la poca luz que había en el lugar. Estaba tirada en el suelo, sus manos atadas a su espalda y sus pies también estaban atados con una soga gruesa. Quiso moverse pero sus ataduras se lo impidieron. Un quejido salió de su boca. Recordó las heridas y contusiones que su cuerpo había recibido y ahora después de que la adrenalina pasará le estaban cobrando factura.
No podía identificar si sólo era dolor, ardor o un fuerte malestar muscular. Concluyó que eran todos a la vez. Su cabello caía desordenado lleno de barro sobre sus hombros y cara. Percibió el hedor que su alrededor emanaba, alzó la cabeza para ver mejor y determinó que estaba en una especie de establo. Algunos animales estaban encerrados en divisiones que hacían las veces de jaulas y corrales. Una gallina cacareo cuando se acercó curiosa a ella. Salió corriendo a toda prisa cuando una oveja también se acercó atraída y comenzó a comer el heno sobre el que estaba acostada.
No supo cuánto tiempo estuvo así, pues la escasa luz del sol que entraba por algunas rendijas se extinguió para dar paso a la luz del fuego producido por las antorchas que iluminaban la oscuridad de la noche.
Escuchó voces. Un par de hombres llegaron hasta donde estaba. No tenía fuerzas para oponerse cuando estos arremetieron contra la militar. Los tipos estaban borrachos, apestaban a alcohol y a sudor rancio. Unas costillas crujieron, así como su nariz cuando la rompieron de una patada. Su cara término llena de sangre espesa y escupía apenas intentando respirar. El párpado izquierdo estaba inflamado impidiéndole ver nada. Sólo podía escuchar sus improperios y sentir sus golpes.
Una tercera persona apareció en el lugar y oyó cómo los sacaba a empujones ayudada de otra más. Apenas distinguía sus voces cuando le hablaron. Volvió a desvanecerse en la oscuridad de su mente al perder el conocimiento.
– o –
—¿Cómo está la niña? —Korra se dirigió a Asami que no se había despegado de la pequeña ni un momento cuando la trajeron con Toph para que la curara.
—Está descansando, gracias a los espíritus que no permitieron que nada más grave le pasara —la morena puso su brazo alrededor de los hombros de la mujer de ojos esmeralda para darle ánimos.
Las dos se quedaron así un momento. Korra estaba cansada también. Después de toda la labor que tuvieron que llevar a cabo para sofocar el fuego tras la explosión en el almacén y hacer el recuento de los daños, apenas se estaban reorganizando cuando recibieron la noticia de que Hiroshi junto a su cuadrilla y los pocos soldados que tenía con él atacaban el pueblo de San José.
Tuvo que salir con un grupo de hombres acompañada de Mako y su padre para proteger a aquellas personas. Dejó a Bolín a cargo mientras no estaban y para cuidar que su nueva prisionera no escapara.
Asami había estado tan concentrada en que la pequeña Malika saliera de su estado que hizo a un lado todo lo que tuviera que ver con la batalla y con Kuvira. De cierto modo Korra agradeció eso. Por lo que Bolín le había informado el estado de la comandante no era bueno y temía que Asami sucumbiera ante su deplorable miseria y abogara por ella.
La morena envolvió con sus brazos a la chica y se quedaron así un rato hasta que fueron interrumpidas por Mako y su hermano que fueron en su búsqueda.
—Ya despertó —le dijo el chico de ojos ámbar.
Korra deshizo el agarre pero Asami la tomó de la mano.
—Tengo que verla —se miraron a los ojos, la morena se negó a su pedido—. Por favor, necesito verla.
—Por el momento no es prudente —le respondió.
—Korra —pronunció su nombre en súplica.
—Lo harás, pero no ahora —beso su mano y la dejó en el lugar.
–
Los hermanos la acompañaron hasta el establo donde la habían encerrado junto al resto de los animales que servían de comida para la gente del campamento. Bolín intentaba explicarle lo que había sucedido.
—Me descuide un segundo mientras ayudaba a terminar de arreglar los destrozos en el almacén —el joven hermano le decía—. Cuando regrese los vi aquí y los saque. Mande montar una guardia para que nadie más quisiera entrar —llegaron hasta el establo habiendo caminado a paso presuroso.
La gente estaba inquieta con la presencia de Kuvira en el campamento, más de uno quería hacerse justicia por propia mano. La noticia de su captura y el que pareciera que era su culpa la explosión no ayudaban en los ánimos de todos.
Tonraq se encargó de interrogar al tipo que había quedado vivo después de que la comandante le disparara en las piernas para inmovilizarlo. Confesó haber sido él el autor de todo el desastre del almacén por órdenes de Hiroshi Sato, además de que debían matar a Kuvira y llevarle a su hija de regreso. Eso había molestado a Korra, sería más fácil si Kuvira hubiera sido la culpable. De ese modo no tendría reparos en echarla a los perros y que ellos se encargarán de liquidarla.
Odio tener aunque fuera un poco de conciencia, sin contar el hecho de que Asami no la perdonaría si hiciera eso. Quería a su rayo de luna de vuelta con ella, sólo sin que esta siguiera pensando en Kuvira o la hiciera una mártir por su culpa.
Entró al lugar. La militar seguía echada sobre el suelo con los ojos cerrados, le costaba mantenerse consciente y dormitaba tanto como el dolor se lo permitía. La morena agarró un bote y sacó agua de uno de los bebederos de los animales y echó el agua sucia encima de la mujer.
Despertó de súbito al sentir la frialdad del líquido y el escozor en sus heridas aún abiertas. Se quejó sonoramente por el movimiento de sus músculos. Korra la tomó del cuello de su camisa y la sentó en el suelo.
—Nos volvemos a ver comandante —dijo con desprecio y la otra mujer gruñó por la violencia de su trato—. ¿Para qué viniste a buscarla?
—Es… mi esposa —contestó con dificultad, le dolía el pecho al respirar.
—No te pertenece, deja de interponerte entre nosotras —Kuvira se rió.
—Es mi esposa —volvió a repetir.
—Lo es por la ambición de su padre y tú eres muy estúpida por aliarte con él —Korra presionó una de sus heridas y la militar grito por el suplicio infligido—. De más está decirte que tú querido suegro ha querido asesinarte para quedarse con tu herencia.
—Bueno, si buscas probar tu inocencia te creó la clase de alimaña que es ese hombre —jadeo Kuvira—. Sin embargo Asami es mi esposa, mi mujer y eres tu quien se interpone entre nosotras.
—Eres tú quien lo hace y fácilmente puedo matarte aquí para quitarte de enmedio —la amenazó la morena.
—Puedes hacerlo, sin embargo si me matas Asami jamás te lo perdonaría —contestó la militar al sentir el cañón del revólver de Korra en la frente y se rió de ella.
—Tal vez, lo mismo pasaría si tú me matarás a mí y sin en cambio eso no te ha detenido de intentarlo —le reviró y con frustración disparo a un lado de ella.
Kuvira se tiró en el suelo con gesto de dolor pues el ruido de la detonación le lastimó el oído al haberlo hecho cerca de su oreja. Korra volvió a sentarla con brusquedad.
—Te perdonaré la vida porque tengo una deuda contigo por haber salvado a mí padre en una ocasión —apenas pudo escuchar Kuvira las palabras de la morena—. Respetaré tu vida sólo que deberás alejarte de Asami y dejarnos en paz a las dos, además de devolverles lo que esta gente ha perdido a manos del maldito de Hiroshi.
La militar comenzó a reírse más sonoramente para terminar tosiendo sangre de su labio roto y con un gran dolor en el tórax por las costillas rotas y todas sus magulladuras. Le pidió acercarse con un gesto de la cabeza y Korra se agachó poniéndose a su nivel.
—Lo de esta gente tienes mi palabra de que me encargare de que sean restituidos los bienes que hayan perdido, no puedo decir lo mismo de las vidas que se han perdido hasta ahora, eso no puedo hacerlo —dijo y volvió a escupir, saliendo su saliva teñida de color rojo—. En cuanto a Asami y nuestra relación, eso no sucederá y lo sabes. Jamás voy a renunciar a ella.
Kuvira dejó salir su frustración golpeando con un cabezazo a la cara de Korra que se llevó la mano a la nariz que comenzó a sangrar con el fuerte encontronazo. La morena se molestó sobremanera limpiándose el líquido que brotaba por sus fosas nasales.
—¿Cuándo es que lo vas a entender? ¡Tú estás de más! —le dijo jalando su cabello en respuesta a su osadía de enfrentarla a pesar de su evidente desventaja, esta mujer no se iba a rendir tan fácil.
—¡Nunca! —se miraron con odio—. Ni siquiera si ella se ha acostado contigo, si lo hizo, lo hizo pensando en mí que soy su esposa y su primera vez —dijo con el afán de joder a la otra.
—¡Hija de la gran puta! —Korra hizo el movimiento de levantar su puño pero no llegó a impactarlo en el rostro de Kuvira, llevar el juego a lo físico no ayudaría en nada, sin embargo lo pensó mejor y arremeteria contra ella de otra forma—. Sabes no me importa lo que digas, porque ella me ama a mí desde el principio. Tú habrás sido su primera vez y otras más le habrán seguido pero cada una de esas veces lo hizo pensando en mí —la militar trató de zafar sus ataduras y lanzarse encima de la otra nuevamente para callar su boca a punta de golpes—. ¿Qué se siente saber que cada vez que te besó se imaginó que me besaba a mí?¿Que cada caricia tuya era pensando en que era yo quien la hacía? ¿Que cada vez que decía tu nombre era el mío el que quería salir de sus labios? Eres su esposa, sí, pero en la cama cada vez que hacían el amor era a mí a quien deseaba y no a ti que estabas allí.
La soga le estaba lastimando las muñecas con la fuerza con la que estaba jalando para deshacerse de su agarre. Oír esas palabras de la morena le había dolido más que todos los golpes que hubiera recibido antes. Estas nuevas heridas no eran físicas, eran heridas en el alma que no podrían sanar tan fácilmente como su cuerpo. Las lágrimas de furia e impotencia brotaron de sus ojos. ¿Era verdad? Quizás se había estado engañando todo este tiempo. Quizás eso que decía había sucedido desde el principio pero su deseo y su amor le habían hecho creer que en realidad Asami si la amaba y había olvidado a Korra. Pensó todo esto.
No podía seguirlo negando, ella había querido ignorarlo sin embargo recordó aquella vez en que la chica de ojos esmeralda casi grita el nombre de otra, de Korra. Lo dejó pasar porque la felicidad de tenerla entre sus brazos era más grande que cualquier otra cosa.
Se derrumbó.
Korra vio como todo el espíritu de lucha de la comandante se diluía y esfumaba ante esa verdad. Probablemente había sido demasiado cruel con ella pero era la única manera en que podía hacerla entender. La dejó sola en su miseria.
Asami y ella estaban destinadas a estar juntas y nadie podía interponerse. Ahora sólo faltaba que la chica de las esmeraldas dejara ir a Kuvira, que dejara de retener ese amor sólo por compasión.
Al salir del establo ordenó a un par de mujeres y a Bolín que se encargaran de asear y curar las heridas de la militar. Si Asami quería verla no podía hacerlo en las condiciones tan deplorables en que se encontraba en este momento. Suspiró, se sentía mal por sus acciones pero debía defender lo que amaba con uñas y dientes.
Korra esperó pacientemente afuera en lo que hacían su labor. Mako la acompañó un rato para después retirarse a hacer otros deberes, debían estar listos para cualquier eventualidad contra los hombres de Hiroshi. Habían logrado repelerlos en San José principalmente porque no contaban con un liderazgo eficiente, el de la comandante Kuvira.
–
La mujer se veía mal, nunca había visto a la comandante en tan mala forma en su vida, ni siquiera en aquella ocasión en que casi muere en el campo de batalla. Era como si la vida hubiera sido arrancada de sus ojos. Dejó que aquellas mujeres se encargaran de su cuerpo, no opuso resistencia y apenas emitía alguna queja cuando algo le había lastimado.
—Se que no soy nadie para opinar —le habló el más joven de los hermanos una vez que se quedaron a solas—, pero usted debería dejar ir a su esposa. Si realmente ella no la ama y ama a Korra, ¿no sería esa la muestra de amor más grande que podría darle jamás? El que ella pueda ser feliz y de esa manera usted pueda tener la oportunidad de amar a alguien más que pueda corresponderle.
Bolin supo que la mujer delante suyo escuchó sus palabras pues movió sus pupilas oliva mirándolo, sólo que no emitió ninguna palabra. La ayudó a levantarse manteniendo siempre sus manos atadas, la llevó hasta otro rincón que había acondicionado para su estancia. Una de las divisiones de la caballeriza donde había un camastro de yute y el heno cubría el suelo sirviendo de alfombra. El chico ahuyentó a un par de gallinas metiches y desató las manos de la comandante. Ni siquiera allí intentó nada.
—Solo piense en lo que le he dicho —la mujer ya no lo vio esta vez, simplemente se recostó en el yute y se dejó vencer por el cansancio acumulado.
El chico fue al encuentro de su amiga Korra, la cual estaba impaciente esperándolo. En cuanto lo vio cayó sobre él tratando de averiguar cómo se encontraba Kuvira.
—¿Y bien? ¿Cómo está? —el chico sonrió tristemente.
—Como tú en aquella ocasión en que te conocimos. No, creo que peor, al menos tú tenías la esperanza de que esa chica te amaba. Ella no tiene eso —Korra palmeo el hombro de Bolin no sabiendo muy bien porque lo hacía.
—Deberás quedarte con ella, te encargaras de cuidar que nadie entre aquí. Si Asami viene en mi ausencia sólo la dejarás pasar una vez pero deberás mantenerte cerca por si Kuvira intenta dañarla —lo miró a los ojos, esta era una tarea importante, no para la causa, sino para los sentimientos de las tres mujeres.
—Está bien —contestó el chico aún desanimado.
—Tranquilo Bo —sacudió el cabello del joven de los hermanos—, esto acabará pronto.
Bolin apenas alcanzó a asentir y Korra volvió a palmearle el hombro.
– o –
La chica de las esmeraldas aún permanecía en la rústica tienda médica, Malika dormía plácidamente ahora que ya estaba estable. La pequeña niña era muy fuerte, había despertado un rato y lo primero que vio fue a Asami. La chica lloró de felicidad al ser rodeada por esos bracitos que le pedían amor y protección. Si Kuvira no hubiera intervenido quizás la niña no estuviera viva. Aquel hombre la habría matado a golpes como si de un animalito se tratara.
La muerte era tan común en estas situaciones, si no te tocaba a ti lo hacía al de junto y así, en un juego en el que al final todos terminarían cayendo. La guerra era de esa manera, las peleas no resolvían nada y por el contrario traían más muerte, más hambre y más dolor. Miró a su alrededor a todos esos otros hombres y mujeres que habían sido dañados por la lucha contra su padre, nadie merecía tener este sufrimiento. Debía parar esto. Su padre debía parar esto.
Aprovechando que la pequeña estaba dormida, pidió a una de las otras mujeres que ayudaban al cuidado de los heridos se hiciera cargo de Malika un momento.
Fue en busca de Korra y la encontró hablando con su padre, Mako y otros hombres, sus ojos se cruzaron unos instantes y la morena agitó la cabeza señalando de forma apenas perceptible hacia una dirección. No tuvo más que decir, al aproximarse al establo después de caminar unos metros se encontró con Bolin que estaba sentado afuera. Asami se dirigió hacia allá segura de que allí se encontraba Kuvira.
—¡Hola Asami! —el chico de tupidas cejas y ojos verdes la saludo algo nervioso cortándole el paso.
—¡Hola Bolin! —le devolvió el saludo he intento seguir avanzando pero a donde daba el paso el chico lo hacía también— Quiero ver a Kuvira —dijo ya algo impaciente.
—Sé que sí y sé que Korra dijo que puedes pasar pero no creo que sea el momento adecuado —hizo un pequeño puchero y cara de cachorro triste sólo que eso no detuvo a la chica.
—¿Qué es lo que ha pasado? Dime la verdad —frunció el ceño y esperó su respuesta.
—Este pues —comenzó a balbucear y Asami no apartó su mirada seria sobre él—, unos tipos burlaron la guardia y golpearon a la comandante —apenas escuchó esto no esperó más, se encaminó a prisa al interior del establo con Bolin detrás de ella siguiéndole los pasos—. ¡Espera Asami! —la detuvo poniéndose delante de ella.
—Hazte a un lado Bolin —exigió la chica pero no cedió aún.
—Por favor, no es el mejor momento para que la veas —le suplicó—. No sólo porque físicamente no está en condiciones sino porque tuvo una fuerte pelea con Korra y no está muy bien que digamos.
La cara de sufrimiento del chico casi hace dar vuelta a Asami pero si Kuvira estaba tan mal era su obligación como esposa estar con ella. Su esposa. Sentía tan pesada esa palabra que le oprimía el alma.
—Tengo que verla —dijo y apartó al chico.
No era el momento de echarse atrás. Agarró valor y cubrió los últimos pasos hasta donde se encontraba Kuvira.
Se le partió el corazón al entrar y verla así. Tenía un ojo y su nariz hinchada, la cara con algunos moretones y sus brazos con marcas rojas debido a la soga con la que estuviera sujeta. Estaba echada sin moverse ni siquiera cuando Asami se acercó a ella y se sentó a su lado. Quiso tocar uno de sus mechones negros para apartarlo de su cara pero con un manotazo Kuvira evitó que la tocara.
Ese gesto de rechazo le dolió profundamente. Había dicho que venía por ella para llevársela porque era su esposa, quizás pensó tontamente que Kuvira había perdonado lo que sucedió pero no era así.
Con dificultad se levantó para quedar sentada, se sostenía las costillas que estaban rotas sólo que el esfuerzo le hizo emitir un quejido. Asami quiso ayudarla pero fue rechazada nuevamente por la militar.
—Déjame en paz —habló con desprecio en su voz.
—Kuvira… —trató de ponerse de pie sin embargo sus piernas no le respondieron como quería, seguían entumecidas por la mala posición en que habían estado.
—Déjame en paz —le volvió a repetir—, sólo déjame en paz… —esta vez el sonido de su voz se fue apagando hasta ser casi un susurro—. Ha sido mi culpa, me he estado engañando todo este tiempo pensando que realmente habías llegado a amarme pero no es así —sus mejillas se mojaron con algunas lágrimas que salían de sus ojos oliva, lágrimas de rabia—. Nunca fue así. Todo este tiempo fue ella, ¿no es verdad? —preguntó con reproche y ese sentimiento de odio tácito cuando sus ojos se encontraron—. ¡Contestame! —gritó haciendo saltar a la chica.
—No, no… —apenas pudo articular palabra.
—La amas a ella —escupió con rabia y dolor, debía calmarse pero no lo estaba consiguiendo—, no hay necesidad de que me mientas más. En el fondo creo que ya lo sabía, siempre lo supe —tragó saliva pero el nudo en su garganta se lo impidió, el monstruo de los celos dentro de ella se estaba apoderando de su cordura—. Bolin cree que si te amo realmente debo dejarte ser feliz con quien tu amas aunque esa persona no sea yo —dijo con ironía—, sólo que yo no soy así. Tú eres mi esposa y dejarás de serlo solo si yo muero. De ninguna otra forma te dejaré ir.
—¿Qué estás tratando de decir? —vio como con dificultad Kuvira intentó volver a levantarse y esta vez sí lo logró dando unos pasos con recelo.
—Que si fuera una persona sensata te diria que eres libre, de mi, de nuestro matrimonio —sus piernas le fallaron y Asami la sostuvo antes de que se fuera al suelo, con cuidado la sentó de nuevo en el camastro de yute. La chica de las esmeraldas posó un dedo sobre sus labios.
—No digas nada por favor —sin pensar en lo que estaba haciendo, Asami venció el espacio entre las dos depositando un beso con apenas un toque ligero.
—No hagas eso —Kuvira colocó su mano sobre el pecho de Asami para mantener distancia aunque cerró los ojos extrañando el toque de esos suaves labios—, me haces imposible el dejarte ir. Te amo y te deseo más que cualquier cosa en el mundo pero también te odio y detesto porque no correspondes mis sentimientos.¿Por qué me usaste para olvidar a otra que nunca se fue de tus pensamientos?
—Y si no… —ahora fue el turno de la militar de callarla al jalarla hacia ella dándole un beso más profundo cargado de confusión, el odio y el amor entrelazados en un sólo sentir sobre sus labios.
Le dolía, era una dulce tortura, no únicamente por el lado físico sino también por el alma herida de amor por esa mujer a la que estaba dispuesta a darle todo incluso su libertad y su cordura, su vida y su muerte.
—Dejemos de jugar eso no nos hace ningún bien a las dos —le dijo una vez se separaron.
—Pero… —la tristeza la invadió, no quería que las cosas acabarán pero mientras ella no pudiera definir a cuál de las dos amaba más, con quien de ellas no podría vivir si le faltara, no podría seguir siendo egoísta reteniendo a Kuvira mientras pensaba en Korra.
Aunque no sabía si podría estar con Korra sin pensar en Kuvira. Era una maldita indecisa y egoísta de la peor clase, se recriminó.
—Yo… yo sólo quiero que sepas que —dudó al principio pero una vez que las palabras comenzaron a fluir enterró la daga con saña sobre el corazón de la chica de las esmeraldas—, que estuve con Suyin, me acosté con ella en tu ausencia —la miró estudiando su reacción—, quería vengarme de ti, olvidarte en sus brazos —gruesas y pesadas gotas de agua salada salieron de los ojos de Asami al oírla—, que sus besos y sus caricias borraran los tuyos pero tristemente así como yo no pude borrar los de Korra en ti, ella no pudo hacerme olvidar de las tuyas en mi.
Se quedaron en silencio, Kuvira no supo cuánto tiempo estuvieron sin decir nada después de eso. El ambiente se sintió pesado y hasta sofocante al no recibir una respuesta de la otra chica. Había querido usar eso para lastimarla, para dañarla de la forma en que ella lo había hecho. Ahora no importaba eso, quería su venganza pero no le sabía a nada más que un trago de agua amarga, hiel pura, que le corroía las entrañas. Sus celos la habían cegado por completo.
—Espero que lo hayas disfrutado porque yo jamás te hice eso aún cuando tuve la oportunidad más de una vez de acostarme con Korra —dijo sonando más dolida de lo que pretendía.
—Puedes correr a los brazos de tu amante y cogerla todo lo que quieras, si lo que te he dicho facilita eso, disfrútalo tú —Kuvira quiso tomar su mano por alguna extraña razón pero fue rechazada por Asami que se alejó de ella y eso la enojó—. Espero te sirva de algo si te digo que aunque lo disfrute cuando sucedió ahora no significa nada.
—No lo hace, no me sirve —la rabia apareció—. ¿Qué tiene ella que yo no? —apretó los dientes.
—Es lo mismo que podría preguntarte de Korra. ¿Qué tiene ella que yo no? ¿Por qué no fui suficiente para ti? —respondió más agresivo de lo que inicialmente pretendía.
Los nervios de Asami se crisparon.
—Ella no es una asesina como tú —dijo sin poder contenerse—. Korra no mató a Baatar, lo hizo mi padre. En cambio tú mataste a un pobre hombre, al padre de Malika buscando tu absurda venganza contra ella —reclamó exaltada y fuera de sus cabales—. Te acostaste con otra por revancha cuando yo nunca falté a mi voto contigo. Eres una idiota.
—Lo siento —recordó a la pequeña—, yo no lo sabía, lo de la niña.
—No, tú nunca te enteras de nada —la atacó Asami —. Mi padre te ha estado usando para su conveniencia, me avergüenzo de él aunque me haya dado la vida. A pesar de eso es todo lo que tengo y a ti, pero de ti no me importaría si te murieras —estaba siendo cruel por lo que se calló de decir nada más aunque quería desquitar todo su enojo contra ella.
—¡Asami! —gritó sentida la militar al escucharla decir que poco le valía si muriera o no.
—¡Te odio! Jamás podrás llegar siquiera a los talones a Korra, ella no haría todo lo que tú has hecho, ella no me trataría como tú. ¡Te odio con todo mi ser! —dijo y Kuvira quiso contestarle pero la chica ya había abandonado el lugar.
Era una estúpida, se reprochó. Asami la odiaba, la odiaba tanto que si ella muriera a la mujer que amaba no le importaría en lo más mínimo.
Iba hecha una tormenta de cabello azabache y pasos furiosos. No paro su andar cuando Bolin le hablo al verla pasar a su lado. Estaba decidida a olvidar a Kuvira, a darse una oportunidad con Korra que no le había fallado de la forma en que su esposa lo había hecho. No lo haría por venganza porque eso no tenía sentido. Lo haría porque era lo justo.
Camino un buen rato tratando de calmarse, no podía volver al lado de Malika en esas condiciones tan alterada como estaba.
—¿Estás bien? —una voz conocida sonó y Asami corrió a abrazar a la dueña de esa voz.
Korra la recibió gustosa a pesar de que la chica estaba llorando en su hombro. La consoló sin rechistar. Estaba tan hermosa, tan vulnerable y era sólo de ella, como debía ser desde el principio.
Estuvieron así bastante tiempo, hasta que los sollozos se fueron apagando siendo al final unos suspiros apenas perceptibles. La retiró con precaución, cuidadosamente. Tomó sus mejillas y retiró sus lágrimas con un beso en cada una de ellas. Esperaba transmitirle todo su amor en ese gesto y Asami se lo permitió.
Agarró sus manos y se la llevó de regreso a su tienda, no a la que Asami compartía con Malika, sino a la suya.
—Quédate aquí —le dijo en cuanto entraron—, tú y la pequeña Malika son bienvenidas.
—Gracias —la morena asintió y la abrazó de nuevo.
—Tengo que salir mañana temprano —no rompió el contacto mientras le decía eso—, debo hacer algunos deberes para reforzarnos en caso de que tú padre decida atacarnos. Tengo que mantenerlas seguras —apoyó su frente en la de Asami.
—No tienes porque hacer esto —se separó un poco para verla mejor—, por mi ni por Malika.
—Lo hago porque quiero y porque te amo —acaricio con el dorso de su mano su rostro y una línea curva se dibujó en sus labios.
Las palabras de Kuvira se hicieron eco en su mente, pero las desechó enseguida. Ella odiaba a la que era su esposa y Korra la amaba aunque hace mucho debió de haberla olvidado, sólo que no lo hizo y ahora estaba frente a ella diciéndole lo mucho que la amaba. Era justo entonces que le entregara su amor a ella.
Tomó el cuello de su chaqueta y con timidez fue acercándose a la morena. Chocaron sus bocas en un beso ansiado por Korra, un beso que contuviera esa pasión que esperaba recibir de la mujer que amaba locamente. Esta vez Asami no la apartó sino que por el contrario la atrajo más a ella.
Entreabrió sus labios para dar paso a la lengua de Korra que peleaba por hacerse de la suya en un baile que le hizo emitir un ligero gemido cuando se rozaron por primera vez.
La morena se sentía tan fuera de sí, tan eufórica, que aún cuando el aire comenzó a escasear en su pecho no rompió el dulce toque de esa boca. Ignoró el pequeño dolor que su nariz le dio a causa del golpe recibido con anterioridad. El mundo podía esperar, ella estaba siendo inmensamente feliz en este momento y nada podría empañar eso.
Al fin Asami se separó jadeante por oxígeno pero la otra no le cedió su espacio, con cuidado la recostó en la cama. La miró como pidiendo permiso para continuar y al ver que esos ojos esmeralda emitían ese deseo que la estaba quemando no dudó en seguir adelante.
La beso con amor, como un amante cuidadoso y entregado, con la medida justa de deseo carnal sin perder la calma. Había esperado mucho por este instante, por estar con ella de este modo, que no iba a permitir que su desesperación por poseerla arruinará tan bello momento. Uno a uno fueron sus besos llenos de cariño y amor benevolente. Sus caricias en su rostro y su cuello delicadas como si la tocara con el pétalo de una flor. Las yemas de sus dedos exploraban con cautela por debajo de su ropa como tanteando hasta dónde le permitiría llegar.
Por su parte Asami quería que la morena la tomara con más fuerza, no pudo evitar compararla con la ligera rudeza con que Kuvira la amaba cuando se entregaban. Pero Korra era diferente. La trataba con delicadeza, tomándose su tiempo para degustar sus besos y probar el sabor de su boca. Hundió sus dedos en el cabello castaño y la urgió para ser más osada pero la única respuesta que obtuvo fue la de pequeños besos en su cuello.
La apartó para ser ella quien ahora se apropiaba de su piel oscura y mordiendo su cuello le quiso demostrar lo que ella necesitaba, que la necesitaba con furia. Con sus dientes fue trazando su camino hasta el lóbulo de su oreja y le susurro al oído:
—Te necesito —seguido de un gemido que paro de punta el cuero cabelludo de Korra.
Retiró las prendas de ropa de la chica de blanca piel, dejando expuesta su bella anatomía. Con avidez se apropió de sus senos prodigándole con ternura su atención. Asami se mordió los labios al sentir el cálido y húmedo toque de su lengua. Korra estaba siendo muy gentil al tratarla y eso la comenzó a desesperar. No era así como lo quería, por lo que tomó la iniciativa y sujetando las manos de la morena, fue Asami quien tomó el mando de la situación.
—Dejame mostrarte —la echó atrás montándose arriba de ella y colocando sus manos por encima de su cabeza—. Quédate quieta.
Las pupilas azules de Korra se dilataron ante la expectativa de tener a esa belleza sobre ella, pues a pesar de las malas condiciones en que estaban en el campamento, Asami no había perdido su vanidad y siempre se mostraba hermosa donde quiera que estuviera.
La chica deshizo el nudo de su corbata y lo deslizó hasta despojarle de ella. Desabotono el primer botón y el resto salieron fuera al hacer uso de su fuerza y prácticamente arrancarlos con el ojal. Los achocolatados pechos quedaron al descubierto y con rapidez se hizo con ellos en sus manos. Korra gimió al sentir el toque rudo de Asami que pellizcó la corona de ese par de montículos. Recorrió su contorno y bajó hasta su abdomen donde enterró sus uñas con fuerza ganándose otro quejido de la morena.
A la chica de piel clara le encantaba palpar esos músculos en Kuvira y ahora se degustaba con la firmeza del estómago de Korra. Para la morena todo esto era nuevo y la forma áspera en que Asami le estaba tratando para nada era la manera en que se imaginó su primera vez con ella, pero no la detuvo por el contrario esto la estaba excitando aún más.
Se besaron nuevamente con ansias y pasión por parte de Asami y la otra correspondió a esos instintos salvajes mordiendo uno de sus labios. Se río con el gesto de la otra que ahora sí le respondía como deseaba. Fue más profundo mezclando lengua, labios y dientes, así como uñas y sin esperar mucho más introdujo una mano debajo de los pantalones de la morena.
Brinco ligeramente al sentir la intromisión en su intimidad y ayudó quitándose el cinturón y desabrochando el pantalón que salió volando por los aires cayendo a un costado de la cama junto con su ropa interior. Korra estaba extasiada con esa parte desconocida de Asami, anteriormente cuando habían tenido sus acercamientos las cosas se ponían demasiado candentes pero siempre era la chica de las esmeraldas quien rompía el momento para no quebrar su voto matrimonial. Sin embargo en esta ocasión Asami ya no se contenía, así que ella no lo haría tampoco.
Poco a poco una dominante Asami fue trazando un camino con sus labios desde la base de la oreja derecha de Korra pasando por el pecho y deleitándose con su abdomen hasta llegar al monte de venus. La miró a los ojos, el azul zafiro contra el verde esmeralda. El blush apenas perceptible del rostro de la morena emergió al ver la posición en que se encontraba su compañera a la entrada de su sitio más privado. Cerró los ojos fuertemente cuando el primer lenguetazo se abrió paso entre los pliegues de sus labios. Los sonidos se hicieron más intensos y sonoros con cada pasada.
Asami jugaba con su centro cual niño que lame una paleta de su sabor favorito. Korra enterraba sus dedos en las sabanas de la cama y aprisionaba la cabeza de la chica de las esmeraldas entre sus piernas pidiendo más cada vez. Nunca había pensado que tal placer pudiera ser soportado por un mortal, pero Asami era como una semidiosa y le estaba brindando el más delicioso pecado que hubiera cometido antes, la lujuria.
Estando en este punto, Asami uso un par de sus dedos para penetrarla ayudada por la humedad que la morena tenía. Korra sintió un ligero dolor que fue sustituido rápidamente con un aumento de placer, si es que eso era posible. La boca y el ritmo de la mano entrando y saliendo la estaban colocando al borde de la cima. Korra era una novata en estos menesteres pues con Opal no había pasado de pequeños y simples besos en espera de poder entregarse con la mujer que amaba. Dicha espera había llegado a su fin y era ella quien la estaba poseyendo en este momento con tal frenesí que se encontraba a punto de desbordarse en su boca.
Asami atenta al ritmo de las caderas de Korra se asió firmemente a sus muslos para retenerla y hacerla acabar sobre ella. Los jadeos incrementaron tanto que temía haber alertado a medio campamento con sus gritos y gemidos desaforados. Alzó la pelvis ofreciéndose sin reparo para aumentar ese contacto que la estaba llevando al límite de sus fuerzas.
El sudor cubrió su cuerpo y se agitó violentamente haciendo que Asami la sostuviera apretando su mano en su muslo dejando la huella de sus uñas y dedos cuando el orgasmo fue alcanzado. Korra se sintió morir en un grito prolongado que paró al aminorar los movimientos de la lengua y dedos de la otra chica que se bebía los ecos de su venida.
—¡Eso fue intenso! —dijo atrayendo a sus brazos a Asami cuando el huracán de sensaciones amainó—. ¡Espectacular!
—Jajaja, muéstrame lo que tienes —Korra se apenó un poco, su corazón temió por un momento no estar a la altura de lo que la otra chica esperaba pero se armó de valor.
—Claro... Si, aunque tengo que confesarte que esta es la primera vez que estoy con alguien —hizo un pequeño puchero—. Desde que tuve que irme jamás pude estar con nadie, siempre con la esperanza de volver contigo y compartir este momento especial.
—Korra —la miró con ternura y otro tanto de culpa, pues evidentemente ella se había entregado ya a Kuvira y ahora Korra le ofreció su virginidad y la había tomado en su arrebato.
Eso lo constató cuando al observar los dedos de su mano un ligero hilo de sangre escurría de ellos junto con los fluidos de la morena que se había corrido segundos antes. Una opresión se hizo presente, la culpabilidad ganó fuerza y la abrazó hundiendo su rostro en su pecho como pidiendo perdón por lo que acababa de hacer.
—Tal vez no tenga experiencia, pero tengo amor y quiero demostrarte cuanto te quiero y te deseo —agarró su rostro con sus manos colocando delicadamente sus dedos en sus mejillas para iniciar una ronda de besos amorosos que fueron subiendo de intensidad.
Fue el turno de Korra para mostrarse dominante y brindarle placer a la mujer que amaba. Al principio Asami se mostró un poco reticente a aceptar su muestra de afecto pero hizo a un lado todo para disfrutar de la promesa de amor de la morena.
Saco el resto de sus ropas dejando su blanca piel al descubierto. Korra se apropió de su muslos lechosos llenándolos de besos y diminutas mordidas encajando sus dientes en la carne. Dejó su rastro de saliva junto con la marca de sus colmillos viajando hasta la parte más íntima y privada de Asami. Abrió las piernas permitiéndole el paso y la morena entró con ganas tomando un tanto desprevenida a la chica de las esmeraldas que pensó sería más gentil. Eso le gusto, el atrevimiento con el que la estaba deleitando.
La inexperiencia de Korra se notó en un principio pero fue agarrando el ritmo y Asami se acopló a la cadencia con que la estaba guiando. Era como dar sus primeros pasos. El nerviosismo con que atacó al inició se fue desvaneciendo y acelerando el movimiento de su lengua, succionaba y lamía cada cierto tiempo para asegurar la llegada al punto culminante de su pareja. Siguiendo su ejemplo introdujo dos dedos de una sola embestida. El dolor inicial por la intromisión interrumpió un poco su gozó, conforme se fueron lubricando y resbalando con mayor facilidad el placer regreso en oleadas más potentes.
La morena se encontraba vehementemente concentrada en su labor perdiendo toda noción de tiempo. Le encantaba esa sensación de poder que le daba ser ella quien proveyera esa satisfacción a la mujer que amaba. Podía permanecer así toda la vida si con ello lograba escuchar la voz sensual de Asami dominada por el deseo y pidiéndole más y más cada vez. Esos ruidos de regocijo, se estaba convirtiendo en adicta a ellos, a su piel de porcelana, a su respiración entrecortada y a sus manos empujando más profundo en su cabello castaño.
Si ella había sido sonora, Asami seguramente la superaba con creces y era excelente porque eso significaba que lo estaba haciendo muy bien. Subió el ritmo de las embestidas, había aprendido muy bien de lo que Asami acababa de hacer y estaba aplicándolo como buen alumno.
Arqueó su espalda levantándose casi como si levitara sobre la cama estremeciéndose y temblando. Se derramó encima de la morena que la recibió con entusiasmo orgullosa por lo que acababa de lograr.
Asami jaló el cuerpo de Korra para colocarla a un lado de ella y abrazarla mientras el temblor disminuía hasta volver a su respiración normal. La chica de las esmeraldas recibió en su pecho a su compañera que empezó a acariciar sus caderas jugando con sus curvas. El éxtasis de la calma las arropó y se dedicaron unos minutos a solo estar una con la otra en silencio.
–
Tonraq y Mako seguían discutiendo algunos temas acerca de cómo ubicar a las personas para atacar al contingente armado de Hiroshi. Korra había pedido permiso para ausentarse un momento como excusa para buscar a Asami y ellos dos no habían logrado llegar a un acuerdo. Así que decidieron ir a buscarla pues el tiempo apremiaba y debían tener todo listo antes del amanecer.
La buscaron por el campamento no encontrándola por ningún lugar, por lo que decidieron ir al único lugar donde no la habían buscado, su tienda.
Al aproximarse escucharon unos ruidos extraños que eran mitigados por el sonido de unos hombres haciendo escándalo cerca de allí, estaban tomando licor. Mako se apresuró a entrar a la tienda y al correr la cortina de la entrada se topó con la visión que menos se esperaba.
—Korra —exclamó sorprendido quedando inmovil y Tonraq atrás de él también se quedó de piedra.
Korra levantó la cabeza y apenas atinó a cubrir el cuerpo de Asami que luchó por taparse con una cobija que estaba a un costado. Ambas estaban sudorosas y aún jadeantes. Ésta era por demás decirlo, la cosa más vergonzosa que hubieran pasado las dos en su vida.
—¡Mako! ¡Papá! —grito la morena.
Hasta ese momento ambos cerraron la boca que había permanecido abierta de la impresión.
—Lo sentimos, tómate tu tiempo hija —Tonraq dijo mostrando una seña de aprobación con el pulgar.
Ambas estaban furiosamente rojas de vergüenza por haber sido pilladas.
—Yo no vi nada —soltó Mako y Korra le aventó una bota que estaba en el suelo y el chico salió por fin de la tienda junto con Tonraq que se reía a carcajada suelta.
Regresaron al centro del campamento entre risas y bromas. Parecía que las cosas marchaban bien para Korra.
—Espero que con esto las cosas se calmen un poco entre ellas y al fin deje de ser como una mula terca —el hermano mayor comentó al capataz.
—No creo que pase ni una ni otra cosa —contestó sonriente el hombretón.
—Tiene razón —agacho la cabeza con resignación—, andarán como conejos en primavera y Korra se volverá peor que una patada de burro.
—Ya lo creó muchacho —Tonraq estaba contento por su hija aunque seguía preocupado por cómo se desarrollarían las cosas con la dueña de la hacienda y con el padre de Asami.
El hermano menor, Bolin, los vio a lo lejos y se aproximó a ellos. Venía con una bandeja que tenia comida. Tonraq dejó a los hermanos solos un momento mientras daba unas indicaciones a un par de jornaleros que andaban por allí.
—¿Qué noticias hay? —preguntó Bolin a Mako al estar cerca.
—Korra al fin pudo estar con Asami, parece que las cosas entre ellas se han arreglado —las cejas espesas de Bolin se alzaron no comprendiendo del todo lo que estaba diciendo.
—Bueno yo preguntaba de la próxima pelea, pero ya que lo dices, ¿cómo que ya se arreglaron? —se sintió un poco triste pues acababa de dejar a la comandante para buscarle algo de comer, la mujer no estaba nada bien.
—Tu sabes Bo —hizo la mímica de besos y abrazos y el chico se sonrojo al entender por fin a lo que se refería.
—Esto le va a caer muy mal a la comandante —dijo con pesar bajando los hombros y frunciendo el ceño.
—¡Hey! Que no te importe eso —Mako le llamó la atención viéndolo severamente—. Hermano, ella es el enemigo ahora —se preocupó, Bolin tendía a empatizar con las personas más fácilmente que él o Korra, temía que hiciera eso con Kuvira y complicará las cosas de algún modo como solía ser su costumbre.
—Pero Mako, ella nos a ayudado mucho antes. ¿Lo has olvidado? —miró a su hermano buscando su comprensión pero él no cambió su seriedad.
—No Bo, no insistas, nuestra lealtad está con Korra —agarró su hombro para reafirmar sus palabras—. Así que no tomes partido por ella, no olvides tú que puso un precio a nuestra cabeza.
—Esta bien hermano —dijo no muy convencido pero no quería llevarle la contraria—. Será mejor que me vaya, tengo que llevar esto —movió la bandeja.
—Bo, no te involucres —alcanzó a decirle antes de que se fuera.
–
—Lo siento Asami —una apenada Korra se estaba vistiendo para ir al encuentro de Mako y su padre—. Yo no sabía que ellos iban a entrar así.
La chica solo asintió apenas prestando atención a lo que le decía. Se encontraba más preocupada por lo que esto podía traer. No quería que Kuvira se enterara de se había acostado con Korra después de discutir con ella. No quería que pareciera que le hizo por revancha y eso la estaba abrumando. Lo había pasado bien, amaba a Korra pero algo no terminaba de encajar. Quizás sólo era la culpa de serle infiel a su esposa, de haber faltado a su voto matrimonial.
—¿Asami me estás escuchando? —la morena posó una manos sobre su espalda para llamar su atención de vuelta.
—¿Eh? Si, no te preocupes —fingió una sonrisa que Korra no se tragó.
—¿Te arrepientes de lo que pasó? —se sentó a su lado, le dio miedo el pensar en esa posibilidad.
—No, es sólo que estoy algo preocupada… —"por Kuvira" quiso decir pero se contuvo—. Por mi padre y por ti.
—Asami, no tienes que preocuparte por tu padre, él va a caer y pagará por el daño que ha hecho —acunó sus manos con las suyas—. En cuanto a mí, yo se cuidarme sola —beso su mejilla y ella asintió de nuevo.
—Pase lo que pase lleva a mí padre ante las autoridades —le pidió—. Sólo te pido que respetes su vida, a pesar de todo es mi padre y si ha de morir que sea por su sentencia en un juicio y no por tu mano, por favor.
Prometerle eso era algo muy difícil de cumplir. Deseaba tanto ser ella quien acabará con su miserable vida pero si lo hacía Asami le guardaría rencor por ello. No valía la pena, decidió al final. Lo capturaría y sería juzgado por sus crímenes.
—Trataré de que así sea —beso su frente.
Korra abandonó la tienda para ir al encuentro de Tonraq y Mako. Así mismo Asami fue a buscar a Malika para acompañarla. Su corazón era un mar de tormentas que la asolaban por todos los sentimientos encontrados que había en ella.
–
—Te he traído algo de comer —Bolin entró en su improvisada celda esbozando una apagada sonrisa.
Kuvira no se inmutó aunque su estómago si lo hizo cuando percibió el aroma de la comida. Se maldijo por eso, pero después de todo era humana y tenía necesidades, aunque muchos la considerarán una máquina de guerra, no lo era.
—Gracias —dijo con esfuerzo, aún le dolían las costillas al respirar.
Colocó la bandeja sobre el camastro y la dejó comer mientras él se sentaba sobre una paca de heno que estaba en el lugar. El silencio volvió a imponerse apenas roto por algún aleteo o cacareo de las gallinas y el sonido de la cuchara en la sopa. No se dijeron nada aunque Bolin no apartó la mirada de la militar.
—Deja de verme con lástima chico —habló sacando de su ensoñación a Bolin cuando su hambre fue saciada y el plato vaciado.
—Lo siento comandante —pronunció con respeto aunque al final se llevó la mano a la boca pues pensó que había dicho algo indebido.
—Tranquilo soldado —sonrió de lado con algo de melancolía—, nadie lo está juzgando.
—Lamento lo que ha pasado —dijo con pesar.
—Yo también —lo secundo.
—¿Se arrepiente de haberse casado con la señorita Asami? —sin pensarlo mucho lo dejó salir.
—¿Sinceramente? —suspiro dejando el plato sobre la bandeja y apretándose el tórax— Fui feliz en mi ignorancia.
—¡Oh! —se encogió el chico.
—Pero es mejor la verdad aunque duela —dijo irónicamente—, aunque de nada vale ya.
—Yo… yo pienso que debe olvidarse de ella —habló nervioso.
—No chico, no puedo hacer eso —golpeo enojada la mesa.
Gruesas gotas salpicaban su frente y se jaló el cuello de su camisa. Kuvira tuvo un arrebató de furia y volcó la bandeja contra la pared.
—¡Comandante! —espantado se agachó a recoger los restos del plato y la miró preocupado.
—Dejame sola Bolin, necesito estar sola.
– o –
Korra salió al amanecer al mando de un escuadrón de hombres, su misión era mantener a raya a Hiroshi y sus secuaces en San Martín impidiendoles moverse y evitar que tomaran San José. Su padre estaba a cargo de la custodia del campamento y se encargaría de protegerlo en caso de un ataque sorpresa. Mako por su parte había partido con otro grupo numeroso hacia las montañas que cruzaban el camino Real para impedir que el ejército de la presidenta pudiera llegar al valle y por consiguiente a ellos.
Bolin mientras tanto seguía cuidando de Kuvira, era una prisionera muy importante para la causa. La morena deseaba negociar con la presidenta por la vida de su protegida y así ganar su atención para facilitar una tregua y la posterior captura de Sato.
Los días fueron pasando en una aparente calma. Hiroshi se había acuartelado en San Martín de donde Korra no podía sacarlo sin sacrificar vidas inocentes así que de momento se conformó con tenerlo controlado y desgastarlo haciendo que consumiera sus recursos mientras estuviera encerrado. Mako aún no había dado noticias del batallón de caballería de la comandante ni del de infantería de Lin.
Los primeros días Bolin no volvió a hablar con Kuvira pero se aseguró de mantenerla siempre alimentada y le daba lo necesario para bañarse cada cierto tiempo pues debía mantener limpias sus heridas para sanar más rápido. Las cortadas y la hinchazón fueron disminuyendo mientras unas cicatrizaban y las otras se desinflamaban. Los que no parecían ceder eran los grandes hematomas que presentaba en su tórax a causa de sus costillas fracturadas. Eso aún le limitaba su movilidad pero su humor parecía al menos mejorar levemente.
Al menos comenzó a hacer plática de nuevo al chico que al sentirse en confianza hablaba sin parar llenando los silencios que su encierro le daba. De esa forma Kuvira se mantenía al tanto de los pasos de los rebeldes y se preguntaba porque aún su batallón no había aparecido. Probablemente les tomará una semana o dos más de lo previsto. La mayoría se encontraba de baja por el descanso después de la guerra y la aparente estabilidad lograda con el nuevo gobierno. Reunirlos de nuevo llevaría su tiempo.
Una tarde mientras Bolin hacía su guardia apareció Asami llevando la comida. Verla allí lo sorprendió, no sabía que hacer, bueno sólo una cosa, no permitirle el paso.
—He traído de comer y el material para cambiar sus vendas —puso la bandeja en las manos de Bolin.
No hizo nada por tratar de entrar. Asami sabía que no era prudente hacerlo, no ahora que estaba con Korra aunque no podía evitar estar preocupada por Kuvira a pesar de todo.
—Gracias señorita Asami —espero paciente a que la chica se retirara pero no lo hizo.
—¿Cómo sigue? —se armó de valor y preguntó.
—Bien, al menos ya habla conmigo un poco más —intentó mostrarse positivo—, aunque sea para distraerse.
—¿Podrías decirle que Malika esta mejor? —dudó—. No, mejor no le digas nada. No creo que quiera saber nada de mi o de ella.
Ya no pudo contestarle pues la chica salió huyendo de allí. Él sólo suspiró, ¿por qué todo tiene que ser tan complicado en el amor? Se preguntó. No quería tomar partido por Korra o por Kuvira, sin embargo así como su hermano simpatizaba más con Korra y él también, no podía evitar sentir compasión por la comandante. Después de todo ella los había apoyado para salir de la guerra y tener mejores puestos en el ejército.
—Otro día más de encierro —dijo en cuanto lo vio entrar a su celda—, vete de aquí chico.
—No puede echarme o ignorarme, tengo que ayudarle con la curación —dijo con un poco de molestia a su testarudez.
—Me ayudaría más si me dejarás salir de aquí —Kuvira le indicó la salida pidiéndole que se fuera.
—No me venga con niñerías comandante —su voz sonó firme—, quítese la camisa para que pueda cambiar su vendaje.
—Tendrás que hacerlo tú si tanto quieres —a regañadientes le contestó—, es doloroso hacerlo yo sola —se justificó.
Dejó las vendas y el ungüento que la vieja Toph había prescrito para sus lesiones sobre la mesa, una que había traído junto con una silla, y fue hasta Kuvira. Con cuidado fue retirando la prenda, un par de quejas salieron de su boca pero fueron casi silenciosas. Además de eso no volvió a hablar. La militar recargo sus manos contra la pared permaneciendo de pie dándole la espalda, fue quitando la venda con delicadeza pasando sus brazos alrededor de ella procurando no tocarla, pero eso lo hacía más difícil. Los moretones ya comenzaban a ceder, los tonos morados y rojos se iban desvaneciendo y ya se podían ver algunos verdes y amarillos.
Tomó una porción del ungüento y lo esparció por su espalda procurando no presionar demasiado, Kuvira gruñó ligeramente por el dolor del contacto. Cerró los ojos presionando sus párpados fuertemente para no dejar escapar alguna lágrima que quisiera abrirse paso.
—Creo que es suficiente —dijo de golpe—. Yo puedo ponerme el resto.
—Esta bien —se echó atrás esperando a que terminara—. Tengo un regalo para usted —puso una botella de aguardiente en la mesa.
Pacientemente se sentó a esperar a que comiera mientras charlaban de banalidades. Anécdotas de la escuela militar y tonterías que había cometido siendo más joven. Pudo sacar una ligera sonrisa a la comandante que ya estaba algo alegre gracias al alcohol. Él también había tomado un poco relajándose.
—Era todo un caso chico —dio un trago a la botella para pasárselo a Bolin después—. Baatar era un completo idiota antes de que lo metiera en cintura por órdenes de su madre.
—Siendo honestos, el capitán era bastante ojo alegre y fiestero —en alguna ocasión él mismo había compartido un par de borracheras con Baatar.
—¿Realmente Hiroshi lo mató? —estaba algo ebria y eso le hizo soltar la lengua queriendo saber algunas cosas.
—Korra dice que así fue, yo estaba en el callejón esperándolos mientras mi hermano y su padre iban a sacarla de allí —así como a la militar, el chico también estaba dejando que su boca hablara—. Hiroshi es quien lo hizo, no dudo de eso.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? —dijo incrédula.
—Ella no haría eso aunque su vida dependiera de ello, Korra es una mujer de palabra —hizo el gesto de besar sus dedos.
—Eso dices, pero a mí me traicionó y me engaño —Bolin se calló pensando en que contestar a eso.
—Korra sólo quería recuperar a la señorita Asami —"señora" lo corrigió Kuvira—. La señora Asami es todo para ella, ¿usted no habría hecho lo mismo? —le regreso la botella y lo pensó un poco mientras bebía otro trago.
—Quizás… lo habría hecho mejor —resolvió al final.
—Usted y Korra son muy parecidas, después de todo se enamoraron de la misma mujer —Kuvira alzó una ceja—. Es verdad —enfatizó.
—Entonces sabes que no voy a renunciar a mi esposa —el chico suspiro sabiendo que era verdad—. La amo aunque he hecho las cosas mal.
—Si la ama tanto como dice, ¿por qué no dejarla ser feliz? —se encogió de hombros la militar.
—Porque soy muy egoísta para dejarla ir —Bolin fruncido el ceño y negó sus palabras.
—Así sólo conseguirá que termine odiandola más y ninguna de las dos será feliz nunca —exclamó frustrado.
—Tal vez tengas razón —se cruzó de brazos—, ya lo he arruinado suficiente.
—Si te interesa saberlo, la pequeña Malika está mejor —comentó como quien no quiere la cosa, esperando ver su reacción.
—¿Es la niña que estaba con Asami? —recordó las palabras de resentimiento cuando le reclamó por haber asesinado al padre de Malika.
—Si —eso le hundió en la depresión.
—Quiero verla —se levantó de la silla y Bolin le cortó el paso.
—No, no puedes salir. Eres prisionera —el chico trató de detenerla.
—Vamos, necesitó salir de aquí, me estoy asfixiando —lo tomó de los hombros y lo apartó.
—¿Para qué quieres verla? ¿Qué caso tiene? —forcejearon.
—¡Maté a su padre! Y ni siquiera lo sabía, sólo estaba cegada por querer matar a Korra —cedió y Bolin la llevó de regreso a la silla donde se desplomó a seguir bebiendo—. ¿Cómo puedo reponer su pérdida?
—La señora Asami se está encargando de ella porque Hiroshi mató a su madre y usted si bien mató a su padre, después la salvó de ese salvaje que la estaba golpeando para acabar con su vida —quiso consolarla pero no estaba sirviendo de mucho.
—Yo perdí a mi madre y aunque mi padre fuera un cabrón al menos lo tuve —Kuvira estaba luchando contra sus propios miedos, jalo al chico del cuello de su camisa.
—Comandante tranquilícese —quito sus manos de su camisa.
—No puedo, debo hacer algo —lo empujó y cayó al suelo.
Aprovechando su descuido se escabulló de la celda saliendo del establo. Bolin se incorporó y la siguió corriendo detrás de ella.
Perdió su rastro por un segundo, no la halló ningún lado. Empezó a sudar, Korra lo iba a matar si Kuvira no aparecía. El alcohol en sus venas de evaporó ante la perspectiva de ser castigado severamente por su tontería. Recorrió todo el campamento buscándola, se le ocurrió que quizás la encontraría donde Malika estaba así que se encaminó a la tienda médica.
En medio de la oscuridad de la noche llegó hasta allí y entró. No la vio por ningún lado. La pequeña estaba despierta y jugando con Asami muy contenta. No creyó que Kuvira había ido así que se dio la vuelta pero Korra venía entrando y se escondió debajo de una cama.
—¡Shh! —sintió una mano sobre su boca y casi se desmaya del susto—. Guarda silencio.
La miró con ojos desorbitados pero asintió y Kuvira aflojó el agarre prestando atención a la morena y a Asami.
Korra se aproximó dándole un beso en los labios y sacudiendo el cabello de la pequeña que sonrió alegre de verla. Eso era doloroso para Kuvira, no podía soportar ver como la mujer que amaba le daba su amor a otra persona. Intento salir de debajo de la cama pero ahora fue Bolin quien la sujeto y la sometió tapándole la boca.
—Tengo malas noticias —Korra y Asami se habían apartado de la niña y hablaban en voz baja cerca de donde ellos dos estaban—. Me han notificado que un numeroso batallón está cerca de aquí, no vienen por el camino Real, no son de la capital. Es el ejército que estaba acuartelado en el puerto —Kuvira dejó de revolverse al escuchar eso.
—¡Oh por los espíritus! —la chica se llevó las manos a la boca.
—Es necesario que estén listas para cualquier eventualidad —la abrazó —. No somos suficientes y no creo que podamos pelear en tres frentes.
—¿Vas a estar bien? —Asami sabía que estaba siendo ilusa al preguntar eso sin embargo lo hizo.
—Lo voy a intentar —juntaron sus frentes y volvió a besarla.
Eso revolvió el estómago de Kuvira, deseaba patearle el culo a Korra pero antes de eso debía asegurarse de que Asami estuviera bien, así como Malika. Si era verdad lo que decía, eso significaba que el general Iroh venía para acá. Ese arrogante hijo de puta, pensó, ella jamás pediría su ayuda ni siquiera Suyin le confiaría este trabajo. El tipo buscaría sacar ventaja para asegurarse su candidatura para el siguiente periodo de elecciones.
Tomó a Bolin y salieron de allí a rastras.
Una vez afuera y a resguardo en la oscuridad Kuvira arrinconó a Bolin.
—Debo seguir adelante, tengo que evitar que Iroh meta su nariz en este asunto y tú mi amigo me vas a ayudar a salir de aquí —le dijo acercándose a él que tembló como una hoja al viento.
—¡¿Qué?! —casi gritó pero le tapo la boca.
—Tenemos que detener a Iroh o todos aquí estarán muertos —lo jaló para buscar un caballo.
—Pero… pero… —anduvieron hasta encontrar un par y tomando las riendas se subió a uno.
—¿Vienes conmigo o te quedas? —se debatió por unos instantes pero al fin tomó el otro caballo y emprendieron el galope.
– o –
