Nota: El siguiente capítulo contiene escenas de sexo explícito. Se recomienda discreción.

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Capítulo 22.

Estaba preciosa, al solo verla con esa escasa ropa me imaginé una y mil formas de hacerle el amor. No pude aguantarme las ganas de ir con ella y besarla. Kotoko se sorprendió por un instante al verme de aquella forma, rodeé su cintura con mis brazos para pegarla más a mi cuerpo, como queriendo fusionarme con ella.

Ella me separó y me miró anonadada, sus mejillas estaban sonrojadas, sus labios rosados entre abiertos por la espontaneidad de mis actos… ¡Diablos, es tan hermosa!

—¿Qué haces aquí? — me dijo boquiabierta — aún es temprano y no me he vestido…

—No te preocupes mucho por tu atuendo preciosa, a mí me gustas tal y como estás — le dije intentando volver a besarla, pero ella me esquivó.

—No le pedí a mi padre que cocinara lo mejor de su menú para que se enfríe y se desperdicie. Primero tengamos una cena normal y ya después… — se acercó a mi oído derecho — lo hacemos — Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando ella mordisqueó el lóbulo de mi oreja, esta mujer me va a matar algún día.

Como niño bueno, obedecí le obedecí y me senté a la mesa, la esperé unos minutos solo en el comedor, ya que ella quería arreglarse para la ocasión. Yo la prefiero desnuda de todas formas, pero, creo que por esta vez dejaré que ella se salga con las suya.

Al salir de su habitación, la observé de pies a cabeza, memorizando cada detalle que tenía en ese momento, pues, portaba un vestido rosa con flores blancas y el cabello recogido en una cola de caballo, era un contraste maravilloso entre sensualidad e inocencia. Tenía que esperar para poder quitarle la ropa y dejar al descubierto su hermoso cuerpo.

Comimos los dos en silencio, esperando la hora de terminar nuestros alimentos para pasar a otro asunto, sin embargo, al terminar de comer, ella sacó una botella de vino tinto, dos copas y las llevó a la mesa, destapó la botella y sirvió la bebida:

—Brindemos porque estamos juntos a pesar de todo

Alzó su copa Kotoko, yo levanté la mía y brindamos por nosotros. Sus ojos brillaban de alegría, sus mejillas volvieron a tornarse color rosa, me sentí en ese momento completo y no dude en demostrar mis emociones al besarla y sonreírle, últimamente desde que estoy con ella, no puedo, no quiero dejar un día sin demostrarle cuánto la amo, una vez la perdí por imbécil, no lo haré de nuevo.

Se levantó de la silla sonriéndome de manera traviesa, se inclinó para besarme lentamente, mis sentidos comenzaron a nublarme el juicio, quise abrazarla, pero ella me lo impidió. Con una sonrisa pícara me dijo:

—Creo que es hora del otro tipo de alimento. — Dijo mientras se quitaba el vestido, revelando que, no traía ropa interior, estaba ante mí totalmente desnuda. Me acerqué a ella y comencé a acariciar sus brazos, hasta llegar a su rostro. Comencé a besarla tiernamente, agarré su cintura para acercarla más a mi cuerpo, su piel era tan suave a mi tacto, podía hacer esto todo el día sin aburrirme.

A como pude me quité toda la ropa que traía puesta, quedándome desnudo frente a ella. No está de más decir que yo ya estaba listo para hacerla mía, pero, supongo que ella estaba teniendo otros planes, pues en cuanto vio mi miembro, sonrío traviesa y comenzó a masajearlo suavemente. Ahogué un gemido, controlando mi respiración a cada roce de sus dedos. Cerré mis ojos para disfrutar su contacto, estaba gozando sus caricias cuando sentí sus labios alrededor de mi falo, succionando, lamiendo y atormentando mis sentidos.

Era deliciosa la sensación que tenía en esos momentos. Pero no quería terminar de esa forma, así que la tomé entre mis brazos, cargándola hasta la cama, era mi turno de hacerla gritar de placer.

Besé sus labios con pasión, saboreándolos a mi antojo y, con una de mis manos acariciaba su sexo, provocando que su respiración se intensificara, ahogando gemidos con mis besos. Ella ya estaba preparada para recibirme, la recosté en la cama con suavidad, la miré un poco y observé sus pupilas dilatadas, me sentía orgulloso de saber que aquella excitación, la estaba provocando yo. Le sonreí y la besé de nuevo, entonces introduje dos dedos en su interior, logrando en ella una fuerte sacudida de placer.

Mientras masajeaba sus partes, descendí de su boca a su cuello lentamente, besando y mordiendo su piel hasta llegar a uno de sus pezones que se endurecieron a mi contacto. Tomé uno de sus pechos con una mano, jugueteando con su brote, mientras con mi boca besaba el otro, Sentía su respiración entre cortada disfrutando de mis besos. Entonces continué con mi camino, hasta llegar a ese lugar entre sus piernas. Me acomodé entre ellas y besé su sexo lentamente arrancando un gemido fuerte de sus labios.

Mientras jugueteaba su monte de venus con mi lengua, ella se retorcía de placer rogándome que terminara esa tortura y aliviara su urgencia. Kotoko estaba al borde del orgasmo cuando me acomodé entre sus piernas y comencé a penetrarla, haciéndole el amor con frenesí, grabando en mi mente cada una de sus reacciones.

El vaivén de mis caderas se hizo cada vez más rápido hasta que sentí como la piel de Kotoko se erizaba y apretando las sábanas, al mismo tiempo que gimoteaba fuerte llegando al clímax, le di tregua para que su respiración se normalizara, me incliné hacia ella y la besé con dulzura, saboreando su boca, explorando cada rincón de ella.

Con un movimiento ágil, ella me acostó sobre el colchón, quedando encima de mí, pude ver en sus ojos lujuria y diversión. Estaba totalmente sometido a ella, era su turno de hacerme lo que deseara.

Clavó mi vara en su sexo, moviendo sus caderas arriba y abajo haciendo que perdiera la noción del tiempo, cerré mis ojos, la tomé de la cintura y me dejé llevar por ese mar de placer y sensaciones que provocaban sus movimientos. Colocó mis manos en sus pechos y mientras ella se movía, yo le acariciaba delicadamente. Su ritmo lento y pausado era delicioso, mordía mis labios para ahoga mis gemidos, pero no pude, era tan glorioso el sexo con ella que quise que me escuchara gemir, era lo que a ella le daba a entender que me encantaba lo que estaba haciendo.

Poco a poco, sus caderas comenzaron a moverse más rápido, la oía decir mi nombre mientras llegaba a otro orgasmo, en el cual no pude contenerme más y llegué al mismo tiempo con ella a la cima del placer, derramando mi semilla en ella.

Mi corazón latía rápido, me sentía relajado, libre, no me importaba estar sucio, solo quería dormir abrazando a Kotoko. Ella se acostó a mi lado y se acurrucó entre mis brazos, cayendo juntos en un profundo sueño.

Dormimos profundamente hasta que amaneció, rayos de sol surgían por la ventana. Mi humor era diferente, me sentía liviano, tenía hasta ganas de cantar y bromear. Miré hacia mi lado y vi a Kotoko dormida aún, sus facciones relajadas eran tan lindas. Con el dorso de mi mano acaricié su mejilla, ella se despertó con mi tacto, gruñendo un poco y estirando su cuerpo, era tan hermoso verla despertar. Vaya… si que estoy enamorado.

—Hola hermosa — le dije besando su frente, ella me sonrió

—Hola hermoso — me besó en los labios — ¿dormiste bien?

—Mejor que nunca mi amor — le dije mientras la besaba

—Momento — se separó de mí y me miró con los ojos abiertos como platos, su cara se tornó un poco pálida, yo me preocupé al verla tan lívida — no usamos protección Naoki — se sentó de golpe en la cama y me miró con preocupación — ¿y si quedo embarazada? Es muy pronto para tener hijos y creo que aún tenemos muchos planes, no sé qué tan conveniente sea que yo me embarace ahora, por supuesto que quiero tener hijos contigo pero…

—Detente Kotoko — le sacudí los hombros, ella me miró sorprendida — nada me haría más feliz que dejarte embarazada — le sonreí — así el mundo sabría que eres mía, solo mía. — le di un pequeño beso en los labios.

—¿Quieres tener hijos conmigo? — me preguntó asombrada — ¿no te preocupa que aún no estemos preparados para esa responsabilidad?

—Nadie está completamente preparado para tener hijos, pero estoy seguro que tú serás una gran madre y yo trataré también de ser un buen padre — le acaricié el rostro — aparte, tengo planeado diez — bromeé — no es cierto, solo estoy seguro que quiero tener hijos contigo, los que tú quieras, solo contigo. — le sonreí

Ella me miró con dulzura, sus ojos se iluminaron al saber que yo la quería solo ella y a nadie más. Nuestros labios de nuevo se encontraron, besándonos lento para luego dar paso a nuestras emociones. No podíamos dejar de amarnos, de acariciarnos y sentirnos un mismo ser, ella era hermosa y perfecta para mí. Si tan solo no me hubiera casado con Sahoko, probablemente ella y yo estaríamos casados, tal vez con uno o dos hijos. Nunca lo sabré, pero, creo que fue bueno cometer ese error pues, ahora valoro mucho el hecho de tenerla a mi lado, quiero ser el mejor hombre para ella, aunque demuestre todos esos sentimientos bochornosos que llegan a incomodarme, solo con ella puedo ser yo mismo y ya no tengo miedo de enfrentarme al mundo.

Mientras preparaba el desayuno, pensaba en la manera en declararle mis sentimientos y pedirle que fuera mi esposa, tenía que ser de una manera única, algo inolvidable para el resto de nuestras vidas. Una sonrisa se escapó de mis labios, en tanto imaginaba rosas, velas y yo arrodillándome ante ella para hacerle la gran pregunta. Esto me llena de mucha ilusión. Sin embargo, los mensajes que he recibido llegaron a mi mente, haciendo que mi pecho se contrajera de la preocupación.

Tal vez solo sea paranoia, pero ¿y si en verdad le hacen algo? Solo de una cosa estaba seguro. No podía vivir sin ella.

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¡Hola! Espero les haya gustado el capítulo y bueno, me costó trabajo hacer esto pero de veras me da ilusión que lo disfruten al leer, tanto como a mi me ha gustado escribirlo.Espero sus comentarios, sugerencias, quejas, traumas xD. Gracias a todos por sus review.Melina Tolentino