CAPÍTULO TRES

Durante la semana, Clarke y Lexa terminaron los proyectos, los presentaron y fueron aprobados por sus padres. La rubia también había presentado los papeles y una parte del alquiler, era por eso que ya se encontraba en aquel departamento, cajas apiladas y muebles la rodeaban en el lugar. El viernes por la tarde, después del trabajo, junto a sus amigos, habían llevado todas las cosas, y ese sábado, desde hacía dos horas estaba acomodándolas.

El departamento era amplio, en el centro de la cocina había una pequeña y cuadrada isla, en la sala ya se encontraban perfectamente acomodados los sillones que Clarke había comparado anteriormente para su antiguo departamento, y en el centro una mesita ratona. Frente al sillón estaba el televisor, muebles terminaban de decorar el lugar, y algunos cuadros sobre la pared. El comedor contaba de una mesa cuadrada y sus sillas haciendo juego. La habitación de Clarke también se encontraba ya lista, había decidido el día anterior que eso sería lo primero que acomodaría, pues pensaba dormir esa noche en su nuevo departamento para que en cuanto se levantara terminar de acomodar. Y además del baño, el departamento traía una habitación extra, en esos momentos, Clarke había decidido que la usaría como estudio.

Clarke se acercó a la heladera por un refresco, y maldijo para sus adentros al ver que tenía que hacer las compras, pues no tenía nada que comer en esos momentos. Tomó sus llaves y cartera, y justo cuando estaba abriendo la puerta, se encontró del otro lado con una Raven sonriendo.

-Imaginé que no tendrías que comer. –Dijo mientras alzaba las bolsas que llevaba en las manos.- Podemos comer algo, y si quieres, después te acompaño para hacer todas esas aburridas compras que te faltan. –La castaña ya había entrado al departamento como si fuera suyo.- ¡Hey! Pueden vivir dos personas tranquilamente. –Raven observaba como ya estaba todo acomodado, a pesar de que había ayudado a su amiga hasta altas horas de la noche, y se había negado en quedarse a pasar la noche.- ¿Segura que no tienes una amante de la cual no me dijiste nada?

-Sabes que me gusta que sea amplio. –Respondió la rubia mientras iba por unos platos y vasos.- El anterior estaba bien, pero…

-Lo sé, lo sé –Se apresuró a decir su amiga.- Los vecinos eran el problema. –Clarke asintió con la cabeza.- ¿Crees que tu vecina te escuchaba tener relaciones como tú la escuchabas a ella? –Raven comenzó a reír, recordando unas cuantas noches en la que las dos amigas no podían dormir, porque la vecina estaba con su novio teniendo relaciones.- Aún sigo creyendo que los fingía.

-Sí, nunca se lo tendrías que haber sugerido –Comentó tranquila la rubia.

-¡Estaba buena! –Raven miraba asombrada a su amiga.- Y no puedes negarlo

-No lo niego. –Se apresuró a decir Clarke.- Pero insinuarle que contigo no fingiría un orgasmo, fue mucho. –Raven soltó una carcajada, y Clarke se unió a ella.- Pero la cara que te puso decía mucho.

-Lo estaba pensando. –Raven suspiró.- Si te hubieses quedado unos días más, seguro que la escuchabas no fingir. –La castaña se ganó un golpe en el brazo, y ambas amigas se sentaron frente a la isla para comer. Era un desperdició de tiempo ensuciar la mesa del comedor cuando sólo comerían ellas dos.

Una vez que las dos terminaron de almorzar, Raven acompañó a Clarke a hacer las compras de todo lo que necesitaría para el nuevo departamento. Habían ido en el auto de la rubia, el cual estaba atestado de bolsas, quien agradecía que su amiga la acompañara, pues subir ella todo eso sola sería mucho. Después de acomodar las cosas, salieron de allí, esa tarde se reunirían en la casa de Bryan y Nathan para ver el partido, las chicas llevaban algo de comida chatarra para comer, pero al ir allí Zoe, la novia de Harper, no había asistido.

La semana siguiente había sido tranquila, para suerte de Clarke no tenía que realizar ningún proyecto, ya que las nuevos socios estaban acomodando las cosas para poder comenzar desde cero, pero la rubia sabía que una vez eso terminara comenzarían a llegar nuevos proyectos, muchas empresas querían trabajar con ellos, y no se había podido hacer porque no tenían los empleados suficientes para hacerlo. Pero ahora con la rubia, tres arquitectos más estaban en la oficina, los tres hermanos Blake, por lo que la empresa se podía tomar el privilegio de tomar más trabajos.

Clarke estaba trabajando en su oficina en uno de los nuevos proyectos que le fueron asignados, para su suerte era sencillo, por lo que podría tenerlo para antes de lo esperado. Un golpe en la puerta llamó su atención, y después de dar permiso, ésta se abrió. Con una sonrisa, y unos papeles en la mano, entraba el hijo mayor de los Blake, Bellamy.

-Hola, espero no interrumpir. –Dijo el chico después de entrar y cerrar la puerta detrás de él.

-No, pasa. –Respondió la rubia mientras se ponía de pie.- ¿Qué necesitas?

-Acaban de darme un proyecto –Comenzó él mientras le tendía los papeles a la rubia, quien los tomó para observarlos.- Y quieren que lo hagamos juntos.

-Es una buena empresa. –Dijo refiriéndose a la que había pedido el trabajo.- Ya hemos hecho varios edificios para ellos.

-Sí, me dijeron que fuiste tú. –Bellamy sonrió y ladeó la cabeza.- Por eso quieren que lo hagamos juntos, como ya los conoces.

-Claro. –Se apresuró a decir la rubia.

En ese mismo momento, Lexa se encontraba en su oficina, observaba unos papeles, los cuales eran del nuevo proyecto que tenía que realizar. Hacía dos semanas que habían llegado a la empresa, y los que había hecho eran los que Clarke tenía que terminar, así que más que hacerlos fue una ayuda de su parte. La puerta se abrió y una sonriente Octavia entraba por ella.

-Sabes que cuando las puertas están cerradas, –Comenzó diciendo Lexa, sin levantar la vista de los papeles.- antes de entrar, hay que llamar.

-Sí, pero eres mi hermana. –Octavia se sentó frente a Lexa, aún con una sonrisa en su rostro, creyendo que aquella respuesta la justificaba.- Y vengo porque te tengo una noticia. –Decía animada la morena.

-¿Qué noticia? –Lexa dejó de observar los papeles para mirar a su hermana, quien sonreía cada vez más, si le era posible.

-El proyecto que estás leyendo, lo haremos juntas. –Anunció sin borrar de su rostro la sonrisa.- ¡Anímate! Era yo o Bellamy. –Octavia miró atenta a su hermana por unos segundos.- Pero a él le tocó Clarke. –Anunció con cuidado la morena, observando la reacción de su hermana, quien se quedó en silencio mirando a la menor.- Ahhh

-Ahhh, nada –Lexa le dio los papeles que ya había terminado de leer.- Léelos –Le dijo mientras la miraba seria.- Iré por café, y cuando vuelva empezamos.

Lexa se puso de pie y se fue a la cocina de la empresa, necesitaba café para poder tranquilizarse. No le molestaba tener que hacer un proyecto con su propia hermana, todo lo contrario, le agradaba, conocía su manera de trabajar y su manera de pensar, sabía que lo harían bien. Su problema era que le había agradado trabajar con Clarke, pero ahora la rubia estaba haciendo otro proyecto, pero con su hermano, el cual era un completo casanova en cuanto a chicas se tratase, y esperaba que con Clarke no intentara nada.

Octavia leía los papeles que Lexa le había dejado, y unos minutos más tarde la castaña regresaba con dos tazas. Ambas hermanas movieron unas cosas del escritorio de la castaña y se pusieron a trabajar. Octavia observaba atenta a su hermana, quien parecía estar concentrada viendo unas cosas, pero ella sabía que no era así, que en realidad sólo estaba pensando.

-¿Quieres hablar? –Preguntó con cuidado la morena, Lexa la miró por unos segundos y luego negó con la cabeza.- Hablar te vendría bien. –Lexa dejó el lápiz que llevaba en la mano y se cruzó de brazos, recargando su espalda en el respaldo de su silla.

-¿Tú quieres hablar? –Preguntó mirando a Octavia, quien suspiró con algo de frustración.

-Estamos hablando de ti, no de mi –Respondió imitando a su hermana.- Después de lo de…

-Te dije que no quería hablar. –Cortó rápidamente a su hermana.- ¿Acaso tú quieres hablar de…?

-No, y no lo nombres. –Interrumpió a la mayor. Octavia tomó aire y lentamente lo soltó.- Quizás sería bueno que las dos hablásemos de eso. No sé –Se encogió de hombros.- Quizás así podremos pasar página. –Lexa suspiró resignada. Octavia imaginó que si ella no comenzaba a hablar, su hermana no lo haría.- De acuerdo, nos fue mal en el amor, pero no quiere decir que nos vaya a ir mal siempre

-No dije eso, tampoco lo creo. –Lexa hizo una mueca.- Dolió mucho, lo sabes. –La castaña miró hacia la puerta y luego a su hermana.- No creo que sea un buen lugar para hablar de eso.

-¿Prefieres hablarlo en casa? –Preguntó Octavia mirándola con seriedad.- Porque allí si van a interrumpirnos. –Lexa suspiró y asintió con la cabeza.- No hemos hablado de eso desde que sucedió.

-No quería hablarlo –Volvió a hacer una mueca mientras ladeaba la cabeza.- Y dudo en querer hablarlo ahora. Ni siquiera sé si quiero hablarlo contigo.

-¡Soy tu hermana! –Protestó la morena algo enfadada

-Por eso mismo, eres mi hermana. –Lexa se había puesto de pie, y caminaba nerviosa por la oficina, de un lado a otro. Respiró hondo varias veces, intentando calmarse, Octavia sabía cómo era Lexa, por lo que la dejó que se calmara, cuando lo hizo se giró para enfrentarse a la morena.- O, nos engañaron, tú novio y mi novia se acostaron.

-Lo sé. –Octavia suspiró al recordar cuando los habían encontrado juntos.- Los tendríamos que haber asesinado y que pareciera un accidente. –Dijo seria y enojada la morena, Lexa dibujó una leve sonrisa en su rostro, al escuchar la ocurrencia de su hermana.

-Al menos Costia se merecía eso. –Ladeó la cabeza un poco.- Quizás tendría que haberme vengado.

-Intenté vengarme de Lincoln y no pude. –Octavia se encogió de hombros.- No somos malas, Lex –Hizo una mueca y luego suspiró.- No nos haría nada tener un poco de maldad. –Lexa volvió a sonreír mientras negaba con la cabeza.

-Lo bueno es que nos dimos cuenta –Hizo una mueca.- Tardamos en notarlo, pero al menos nos dimos cuenta antes de que fuese tarde. –Octavia asintió con la cabeza.- Prometí que pasaría página. –Lexa se sentó nuevamente en su silla frente a su hermana.- Si no te molesta, preferiría volver con las cosas importantes. –Octavia sonrió y ambas hermanas continuaron con aquel proyecto que tenían que hacer.

Los días habían pasado, Octavia y Lexa tenían su proyecto a medias, aún le faltaba terminar, pero para las dos hermanas eso no era ningún problema, ambas coincidían en la mayoría de las cosas, y cuando no lo hacían intentaban resolverlo. Sólo una vez no lograron resolver una pequeña diferencia, donde comenzaron a discutir de tal forma que su padre tuvo que intervenir, pero para suerte de todos, ese suceso había ocurrido en su propia casa. Para Clarke y Bellamy era todo lo contrario, el chico cada vez que veía una oportunidad halagaba a la rubia, quien sin más que decir un simple "gracias" o sonreír, no hacía otra cosa, para su suerte era trabajador, igual que Lexa, aunque definitivamente Clarke prefería trabajar con ella antes. Bellamy ponía muchos peros a lo que la rubia decía, y aunque ésta le explicaba cómo le gustaba a los clientes, él creía que de otra manera siempre era mejor.

Después de aquel día en el trabajo, la rubia se había dirigido a la casa de su amiga, quien estaba trabajando en el taller. Clarke se había cambiado de ropa, siempre que iba terminaba ayudando a Raven, al principio sólo le alcanzaba las herramientas que ésta le pedía, y con el tiempo la ayudaba con más cosas, pero siempre se terminaba ensuciando con aceite.

El taller de Raven era amplio, al menos podían entrar unos cinco coches tranquilamente, mesas bordeaban las paredes, las cuales estaban llenas de herramientas y en una esquina tenía todos los repuestos que necesitaba, aunque si necesitaba algo llamaba a Bob, quien la proveía de todo lo que necesitara. La camilla, una camioneta de remolque, estaba siempre en el lugar de fácil acceso, en caso de que tuviera que salir de urgencia.

-La llave inglesa. –Pidió la castaña, quien estaba debajo de un auto, Clarke le alcanzó lo que le pedía.- Y ya te lo dije, Bellamy quiere algo contigo –Hablaba aún debajo del auto.

-No lo sé –Susurraba la rubia mientras observaba los pies de su amiga.

-Clarke, ¿por qué eres ingenua? –Raven había salido de debajo del auto, al parecer había terminado de cambiarle el aceite.- Mira, te ha estado halagando desde que se reunieron para ese proyecto –La rubia asintió con la cabeza.- Será mejor que le des a entender que no te interesa

-¡Eso intento! –Se quejaba la rubia

-Pues no lo estás haciendo bien. –Raven se acercó a una de las mesas, y tomó el vaso con limonada que Clarke había traído, enviado por su abuela.- Dile que no te interesan los chicos y listo –Dijo exasperada la castaña después de tomarse toda la bebida del vaso. Clarke suspiró.

-Veré qué sucede. –Respondió la rubia intentando restarle importancia. Justo en esos momentos una mujer castaña, de ojos marrones, delgada, se acercaba a las chicas.- Hola Kathe –Saludaba Clarke. Katherine Reyes, la madre de su amiga, quien era como su segunda madre, le había prohibido a la rubia llamarla señora, después de todo aquella mujer la quería como a una hija.

-Hola chicas. –La mujer saludó con la mano de lejos, ya que las dos amigas estaban cubiertas de aceite y no pretendía mancharse ella también.- Abby me dijo que ya te mudaste. –Dijo a la rubia.

-Sí, unos días más en casa y no me hubiera ido más –Bromeó la rubia, haciendo que Katherine sonriera.

-No se lo digas a tu madre que hará cualquier cosa con volver a tenerte. –Respondió ésta. Katherine y Abby habían sido amigas desde la universidad, ambas se conocieron en el primer año de medicina y desde allí se habían vuelto inseparables, hasta el momento trabajaban juntas en el mismo hospital.- Las dejo continuar –Sin más, se retiró dentro de la casa.

Ambas mujeres vivían con Marie, la madre de Katherine, era una anciana de unos setenta años, pero todo aquel que le dijera anciana se ganaba una reprimenda, para la señora ella era joven y lo demostraba cuando podía hacer las cosas por si sola sin necesitar ayuda, a pesar de que muchas veces, tanto su hija como su nieta la regañaban por no pedirla.

-Hablé con los chicos. –Decía Raven, cambiando el tema, pues creía que continuar con lo del chico Blake sería una pérdida de tiempo.- Ya tienen las entradas, y Harper llevará a Zoe.

-¿Crees que le haya comprado una remera? –Preguntó la rubia sonriendo.

-Espero que si –Respondió sonriendo la castaña.- Y no dejaré de molestarla si lo hizo. –Ambas amigas soltaron una leve carcajada. Ninguna tenía mala intención, sólo les gustaba bromear, así como cuando sus amigos bromeaban y les jugaban unas bromas, ellas también lo hacían, entre los cinco sabían que nada era con mala intención, y sólo lo hacía para reír y pasar un buen rato.

Al día siguiente Clarke había ido a trabajar, para su suerte ya era el último día de la semana, por lo que tendría el fin de semana para pasarlo con sus amigos. Pero en esos momentos la rubia no estaba de buen humor, la llamada de su amiga y su información no le estaba gustando en lo absoluto.

-Dime que no es cierto. –Clarke daba vueltas por su oficina mientras hablaba por teléfono.- Raven, dijiste que vendrías. ¿Con quién voy a ir?

-Lo siento Clarke. –La voz de su amiga demostraba que realmente parecía sentirlo.- De verdad, lo siento.

-Bien. –Dijo rindiéndose la rubia.- Pero me deberás una cena o una salida, ya veremos.

-Hecho.-La rubia sonrió aunque sabía que nadie podía verla.- ¿A quién llevarás?

-No lo sé. –Clarke soltó un leve suspiro.- Harper ya tiene sus boletos, Nathan igual…

-Lleva a alguna de las hermanas. –Raven se sorprendió al no escuchar nada de su amiga.- ¿Lo estabas pensando?

-Sí, lo pensé. –Clarke tomó asiento en su silla giratoria detrás de su oficina.- ¿Crees que sea buena idea? –Preguntó insegura, hacía poco que los conocía y sentía que todavía no tenía la suficiente confianza como para invitar a alguno de ellos a un partido de basquet.

-Sí, sólo decide a quién, porque tienes sólo una entrada. –Raven aguardó silencio y Clarke pudo escuchar que alguien la llamaba.- Me están llamando, tengo que ir. Hablamos más tarde.