Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: Venga que le he dado vueltas a esto una y mil veces. La musa se fue y me dejó, la falta de inspiración, la falta de historias Kuvirasami, la falta de todo mermaron las ganas de escribir. En fin. De nuevo vuelvo a las andadas. Sólo por un capítulo, como los borrachos arrepentidos voy a un capítulo a la vez. Sólo por hoy.

Creo que este capítulo se había quedado con sólo mil palabras durante muchas semanas, pero después de leer un poco de Kuvopal reflexivo e introspectivo sin final definido (aunque la historia termino), algo me llevó a retomar. Eso y la historia tan buena de dos chicas que colaboran escribiendo unas historias geniales de clasificación madura (puro hard) en inglés. Su constancia y calidad son impresionantes que me han hecho querer seguir escribiendo esta historia. Deberían leerlas, la primera se llama Destruc y la segunda Bonds of metal. Ambas en A O-3.

Recomendación musical… un poco de música mientras escribo… Viajando sin espada - No te va gustar (así se llama el grupo), Tu falta de querer - Mon Laferte, Lo que construimos - Natalia Lafourcade, Casino - Entrópica. Su nostalgia me ha contagiado para estos capítulos.

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Cabalgaron por varias horas buscando salir del área serrana de San José, llegando a la llanura que se extendía hasta el puerto oriental. Tuvieron que serpentear bastante camino evitando la guardia de campesinos que rondaban las inmediaciones del campamento y un poco más allá. Fue de utilidad llevar a Bolin con ella pues el chico conocía los roles y cada cuanto podían encontrar algún punto de revisión o alguna trampa que alertara de su presencia.

En los últimos días Korra había reforzado la seguridad del campamento para evitar otro incidente parecido al que había llevado a Kuvira hasta allí. Le sorprendió ver la rapidez en que estas personas se habían organizado para ser un grupo medianamente disciplinado y mejor ordenado. Sin duda el deseo de hacer caer a Hiroshi Sato era lo suficientemente fuerte para llevarlos adelante en toda esta lucha.

No podían dejarse ver por las personas así estas sólo fueran civiles, por lo que se mantuvieron siempre alejados de los caminos principales, agazapados y evitando cualquier punto donde pudieran ser vistos, de esta manera cruzaron el monte por tramos casi intransitables. Cuando llegaron a las inmediaciones de La Angostura, un pequeño pueblito en la planicie, vieron a un grupo de avanzada del ejército de Iroh. Unos cuantos hombres que servían de reconocimiento y estaban evaluando el camino que el grueso de su contingente debía seguir.

Aunque estaban cansados debían aprovechar esa oportunidad y seguirlos para encontrar al resto de ellos, aquello era como una buena suerte que les había caído por alguna gracia de los espíritus. Kuvira tenía que evitar a toda costa que Iroh interviniera y levantara sus armas contra la gente de su región sin preguntar primero, temía por la seguridad de todos, en especial de Asami aunque le costara admitirlo. Estando al lado de Korra podría sufrir un daño colateral como le sucediera a la pequeña niña que había decidido cuidar. Se lamento por eso. Su sed de venganza la había cegado y ahora había perdido a la mujer que amaba, aunque en buena medida ella había contribuido a ello. No quería pensar en eso. Su mente aún estaba confundida y muy dolida. Sacudió su cabeza para quitarse cualquier pensamiento y sólo concentrarse en lo que estaba de frente.

—Comandante debemos refrescar los caballos y descansar un poco —Bolin le dijo al ver el estado en que se encontraba tan ensimismada y las intenciones que tenía de seguir al grupo de reconocimiento a pesar de que era evidente que no le quedaban muchas fuerzas en el cuerpo.

—No chico, no podemos detenernos ahora que estamos tan cerca —contestó aunque era más que notable en su rostro el dolor que sentía con cada paso del caballo y lo seguido que se llevaba la mano a las costillas tratando de apaciguar su malestar.

—Pero comandante, usted no está en condiciones de seguir la marcha —replicó cortándole el paso y arrebatándole las riendas del animal no sin forcejear con ella, pero estaba débil y perdió el control contra Bolín y su insistencia—. No deben estar lejos, este es un paso obligatorio si quieren llegar a San José así que los esperaremos aquí.

—¡Bolin! —dijo enérgicamente alzando la voz con frustración, estaba molesta porque tenía razón, no estaba bien del todo y a regañadientes dejó que el chico llevará su corcel quizás haciendo un poco de rabieta.

El cielo ya clareaba cuando entraron en La Angostura. Anduvieron rápidamente en la calle principal hasta el único mesón del pueblo tratando de pasar desapercibidos. Bolin llevó los animales hasta el establo y bajó con cuidado a Kuvira de la montura aunque esta se negó a su ayuda en un principio. La comandante estaba cansada y permitió que la socorriera al final de todo al ver que no tenía más opción, en su estado actual realmente no tenía muchas opciones. Bolin también estaba exhausto pero dando un último esfuerzo antes de caer rendido, dio agua y pastura a los caballos y fue a conseguir algo de comer para la comandante y él mismo.

Kuvira se resguardo en el interior del establo echándose sobre unas pacas y cerrando los ojos un momento para que el sueño se llevará un poco del dolor que sentía en ese momento. Bolin no tardó mucho en regresar con un plato de frijoles, un trozo de carne asada y un manojo de tortillas. Ambos comieron animadamente para reponer las energías y con la ayuda de la siesta estar en mejores condiciones para el medio día.

—Gracias por todo Bolin, eres un buen hombre —Kuvira le dijo una vez terminaron de comer.

La verdad había que decirlo, Kuvira estaba muy agradecida con el chico. Desde siempre había pensado que Bolín era una persona de buenos sentimientos y, aunque no lo parecía, el más sensato de los tres amigos.

—Solo quiero evitar más problemas —se encogió de hombros al contestarle y le regalo una pequeña y sincera sonrisa.

—Lo sé, ya te he dado suficientes —dijo con algo de pesar—. Tú hermano y Korra deberán estar preocupados al no encontrarte.

—Seguramente —se rascó la cabeza algo nervioso al percatarse de ese detalle que había obviado.

—¿Por qué me estás ayudando? —le preguntó aunque parecía más una cuestión para ella que para él—. No he sido la mejor persona, me he comportado como una idiota, perdí a la mujer que amaba, perdí mi fortuna a manos de mi suegro, perdí mi dignidad frente a mí enemigo, me perdí a mí misma —suspiró con desgana sintiéndose tan poca cosa—. Ni siquiera puedo hacerme cargo de mí.

—Comandante —el chico se sentó a su lado y le retiró el plato de la mano—, unos pocos actos no determinan la totalidad de una vida. Si ha cometido errores, enmiendelos. Se que usted es una gran persona y todo lo que le ha sucedido, no sólo a usted sino a Korra y Asami, ha sido demasiado pero aún puede hacer lo correcto.

—¿Y qué es lo correcto? Definitivamente ya no lo sé —se encogió de hombros.

—Yo tampoco lo sé, eso es algo que usted debe averiguar —gruño ante esa respuesta—, lo que sí sé es que sabrá que es lo correcto porque su corazón y su mente podrán estar en paz.

—Menudo consejo chico —se vio los dedos de la mano y cerró los ojos un instante meditando las cosas.

No estaba en paz, ni siquiera por asomo. Tal vez era momento de dejar atrás las cosas. Tal vez era el tiempo de dejar de aferrarse a un amor que nunca había sido y tratar de al menos salvar su amor propio. Sólo que era demasiado fácil seguir el otro camino. Simplemente podría atrapar a su suegro, matar a Korra y quedarse con Asami que no podría oponer resistencia y aunque lo hiciera, no importaría porque ante los demás ella debía permanecer a su lado como su esposa. Sin embargo nadie sería feliz de ese modo y ella no podría estar bien consigo.

—No lo sé, pero trataré de hacer todo lo que esté en mis manos y más para resolver todo esto, chico —lo volteo a ver mientras él recogía los platos de la comida.

Dejó que la saciedad de su estómago y el cansancio del ajetreado viaje la tomaran por fin y se durmió por un rato poniendo en blanco su mente para dejar de atormentarse por sus faltas.

Ya era bastante tarde y Bolin no había aparecido por la cocina para desayunar ni pedir el desayuno de Kuvira. Eso se le hizo extraño a Asami, sin embargo como Korra no lo había requerido para nada, no hizo ningún comentario al respecto pensando que quizás se había quedado dormido, ya que lo había visto con una botella de aguardiente que tomó de la cocina a hurtadillas el día anterior.

Preocupada por su ausencia y con Korra y Mako ocupados en otras cosas, decidió ir a buscarlo después de pasar a visita en la tienda médica. Había dudado en hacerlo, pues no se sentía cómoda estando alrededor de Kuvira aún cuando esta no fuera consciente de su presencia, ella sí que sabía que su esposa estaba allí encerrada y eso le molestaba a algún nivel. Trataba de no pensar en eso la mayor parte del tiempo pero no podía evitar que sus pensamientos cayeran una y otra vez en ella, sobre todo cuando Korra no estaba cerca. Parecía inevitable. Quería odiarla por lo que había hecho pero en el fondo sabía que no podía hacerlo.

Anduvo los pasos hasta el establo pero no lo vio por ningún lado. No había rastro de Bolín. Se inquietó al ver la puerta abierta de par en par y se apresuró a entrar. El desorden en la que se encontraba la celda de Kuvira era notable. La botella de aguardiente estaba quebrada en varios pedazos sobre el suelo, así como los platos y los vasos yacían volcados. Había señales de pelea y forcejeo y temió lo peor. Buscó por el lugar con nerviosismo y haciendo un enorme esfuerzo para calmarse y tratar de encontrar si alguno de los dos estaba allí, pero sobre todo, vivo.

No había rastros de ellos.

La desesperanza llenó su corazón y susurró el nombre de Kuvira con miedo de lo que pudiese haber hecho o le hubiese pasado. No quería ir con Korra para decirle lo que sucedía, temía que emprendiera una persecución contra Kuvira y las cosas terminarán peor de lo que ya estaban. Sin embargo no podría ocultar el hecho por mucho tiempo. Tarde o temprano se daría cuenta de que Bolín no aparecía y de que Kuvira no estaba.

—No, no, no —se repetía una y otra vez—. ¿Qué hiciste?

Debía tomar una decisión. Se armó de valor y fue a buscar a Korra, pidiendo a los espíritus que protegieran a Bolín y sobre todo a Kuvira.

—¿Qué opinas? —Korra le preguntó a Mako mientras los dos revisaban el establo.

Habían acudido de inmediato cuando Asami le notificó lo sucedido. El sitio estaba hecho un desastre, claramente se veían los rastros de una juerga y signos de violencia. Tenía los cabellos de la nuca erizados y si antes se había detenido para no matar a Kuvira, ahora no dudaría en jalar el gatillo y acabar con la vida de aquella mujer si es que había atentado contra su amigo.

—Mi hermano es un idiota iluso —el joven soldado dijo molesto, había pedido enérgicamente a Bolín que no se inmiscuyera ni tomará partido a favor de la comandante y ahora el chico estaba espíritus sabe donde y haciendo quien sabe qué si es que estaba vivo.

—Bolin es un buen chico, Kuvira debe haberse aprovechado de él —levantó los trozos de la botella de aguardiente del suelo y se pudo imaginar al chico perdido de borracho siendo atacado por la comandante.

—Más le vale no haberle hecho daño a mí hermano o de lo contrario… —hizo el gesto de muerte al referirse a lo que le esperaba a Kuvira, su compañera le palmeo el hombro dándole ánimo.

—Tranquilo Mako, él está bien, sé que lo está —dijo más para ella que para el chico—, ya los encontraremos a ambos, no debieron ir muy lejos.

—Nadie en la guardia los vio —exclamó frustrado—, la última persona en ver a mi hermano fue Asami y fue ella misma quien reportó su desaparición —dijo bastante molesto—. Eso es demasiado sospechoso —miró con furia a su amiga emprendiéndola contra ellas dos.

—¿Qué insinuas? —Korra alzó una ceja dándole una oportunidad a Mako de retractar sus palabras, podía comprender que estuviera enojado por lo que sucedió pero no justificaba lo que estaba diciendo.

—Algo me dice que ella ayudó a Kuvira a escapar —la rabia lo lleno y aquellas palabras hicieron enojar a Korra que de inmediato salió a defender a su amor.

—No te permito que digas eso, Asami no tiene nada que ver en esto —se colocó delante de él encarando y negando categóricamente lo que decía.

—¿Estás segura de eso? Es demasiada casualidad que ahora esté contigo distrayendote después de que apresarás a su esposa. ¿No te preguntas si te aceptó para que le perdonarás la vida a Kuvira? —aquello le dolió a la morena.

—¿Pero que rayos estas diciendo? —quería calmarse sólo que estaba descolocada.

¿Como podía su mejor amigo decirle eso? Después de todo lo que había pasado, Asami no iba a ayudar a Kuvira. No. Asami la había dejado para estar con ella porque la amaba. Pero… aún podía sentir algo por la comandante. Dudó un instante y Mako vio eso reflejado en sus ojos.

—Es demasiada coincidencia —habló en tono suspicaz—. Todo esto es demasiada coincidencia. ¡Por los espíritus! Quitate la venda de los ojos. Puedo asegurar que te ha pedido que le perdones la vida y la dejes ir —Korra se mordió un labio para no contestar a eso—. Se que la amas pero te estas cegando ante las cosas. ¿Realmente hubiera ido a ti si Kuvira no la hubiese rechazado?

La morena bajo la cabeza y dio unos pasos por la habitación tratando de digerir lo que Mako estaba acusando. Le costaba creer que Asami pudiera estarla usando en favor de Kuvira. Sin embargo su amigo tenía un punto y aunque le costará aceptarlo, era un punto válido.

—No quiero perder a mí hermano ni a ti que también eres como mi familia —le puso la mano en el hombro para hacer que volteara a verlo—. No pierdas de vista las cosas ni el suelo de tus pies.

Justo en ese momento, Asami apareció en el lugar atraída por la discusión que los dos tenían. No había captado todo lo que decían, pero si lo suficiente para saber que Mako la estaba acusando de aprovecharse de Korra.

—Ella te esta utilizando —la señaló al verla entrar y la chica se mostró molesta.

—¡Mako! Estas pasándose de la raya —Korra lo reprendió—, entiendo tu enojo pero no la cargues contra Asami ni contra mi.

—Solo quiero a mi hermano de vuelta sano y salvo y créame —dijo dirigiéndose a Asami y acercándose amenazadoramente a ella—, yo no le voy a perdonar la vida a Kuvira si le ha hecho daño a Bolín.

La morena se interpuso y Mako salió del lugar dejándolas a solas. Tenía que alejarse o seguiría discutiendo con Korra que parecía no ver la realidad de las cosas, su realidad de las cosas.

Un largo suspiro emanó de los pulmones de Korra. Se sentía superada por los acontecimientos. Nunca había visto a Mako actuar así. Podía entenderlo, en el fondo los dos eran parecidos. Protegerían lo que amaban a costa aún de su propia vida y si su hermano estaba en peligro el reaccionaria para defenderlo. Sin embargo había sido muy duro con sus palabras.

—Korra yo… —vacilo entre decir algo o no, no se sentía nada bien.

—Tranquila, no te agobies —la morena trató de restarle importancia—. Ya se le pasará, sólo está preocupado —y ella también lo estaba.

La duda había aparecido en su corazón o quizás había estado allí latente anestesiada por los besos de la mujer que amaba. La atrajo a sus brazos para consolarla, aunque más bien era para sentirse en control y saber que Asami era suya y de nadie más.

La chica no dijo nada, no sabía cómo responder. Sabía que no había participado en nada de eso, pero no podía negar que en cierto modo le aliviaba saber que Kuvira estaba libre tanto como le preocupaba. No creía que le hubiera hecho daño a Bolín más bien por el contrario, quizás el chico la había ayudado por alguna razón que escapaba a comprender. Deseaba aferrarse a esa idea.

La noche había llegado y tanto Bolín como Kuvira habían permanecido en el establo ocultos de miradas curiosas. No fue sino hasta la madrugada que escucharon un fuerte rumor venir del exterior que se aventuraron a dejar la seguridad de su guarida provisional. El ejército de Iroh estaba en el pueblo. El joven hermano había sido sensato y dejado que fueran ellos los que llegaran allí sin desgastarse más en su búsqueda. Ahora debían acercarse para hablar con el general.

Aprovechando la oscuridad de la noche se desplazaron del establo al mesón. Iroh debía estar hospedandose en el único mesón del lugar y daba la casualidad que ellos estaban también en él. Entraron al pequeño edificio de dos plantas, la primera tenía un recibidor y un gran comedor donde los huéspedes tomaban alimentos y bebidas del bar, más adelante unas escaleras se abrían paso para permitir acceder al segundo nivel donde se encontraban las habitaciones del mesón. El interior estaba fuertemente resguardado por un contingente de soldados que hacían guardia. Intentaron subir a los cuartos pero un par de centinelas detuvieron su avance en cuanto fueron vistos y pidieron su santo y seña.

—Comandante Kuvira del escuadrón de caballería del ejército —se identificó ante los oficiales—, cabo de primera Bolín —señaló a su acompañante—, debo ver al general Iroh de inmediato.

Ambos soldados dudaron, pero la seguridad en su voz y el don de mando parecían muy convincentes aún cuando llevaban ropas de civil.

—¿Qué hace un comandante y su cabo lejos de su batallón? —un hombre de mediana edad con mala cara les interrogó no creyéndose lo que decían.

—Ésto soldado, es algo que no le incumbe —dijo enérgicamente—, es imperativo que me entreviste con el general.

El otro centinela se acercó diciéndole algo al oído que Kuvira no alcanzó a escuchar y el tipo se le quedó mirando fijamente.

—Eso no será posible hasta que no comprobemos su identidad, por ahora quedan detenidos por portar ropa del grupo rebelde —alzaron su fusil apuntando a sus pechos y los dos tuvieron que alzar las manos.

—Es un atropello —rechistó la comandante—, es un asunto urgente que debo tratar con el general. Están faltando el respeto a un oficial de rango superior —habló molesta levantando la voz tratando de amedrentarlos y llamar la atención de otros que pudieran esté cerca e identificarla.

De ese modo, algunos de los que estaban allí voltearon a mirarlos mientras los guardias los empujaban de regreso al primer piso para sacarlos del lugar.

—¿Kuvira? —los dos chicos se giraron al oír el nombre y vieron a la pequeña Opal Beifong ir a su encuentro—. ¡Oh espíritus! Creí que habías muerto.

Los dos guardias cesaron en su empuje y cuestionaron a la chica.

—Señorita, ¿conoce usted a estos sujetos? —termino de cerrar el espacio y asintió al hombre con el fusil que aún apuntaba a la otra mujer.

—Claro que sí —hizo la señal para que bajaran las armas—. La comandante Kuvira es… la mano derecha de mi madre, la presidenta —dijo esto con un poco de disgusto, aunque no le pareciera, era la verdad—. Él es uno de sus hombres —indico a Bolín.

—Lo ve ahora —se acomodo la camisa harapienta y le contestó con toda dignidad—, soy un oficial del ejército.

—Lo sentimos —el centinela se echó para atrás cuadrando su pose y Kuvira lo miró con superioridad—, sólo cumplíamos nuestro trabajo.

—Llevenme a hablar con el general —ladró la orden y los tipos asintieron.

—Informaremos al general Iroh para que pueda recibirlos —uno subió rápidamente las escaleras dejando al otro al pie en espera.

Opal se quedó con ellos, se veía realmente sorprendida de ver a Kuvira y a Bolín juntos. Sobre todo por la facha que traían. La falta del impoluto uniforme que la comandante lucía siempre la hacía ver extraña. Con esas ropas de campesino y el semblante demacrado parecía que había estado recluida por mucho tiempo. Bolín no se veía tan mal como ella, pero ciertamente sus ropas no ayudaban a su imagen de soldado. Si mal no recordaba, el chico había desertado, cosa que no menciono para no perjudicarlo pues si ahora estaba con Kuvira aquello quizás no hubiera sucedido así.

—¿A qué te refieres con que pensaste que estaba muerta? —la militar se dirigió a la joven Beifong.

—Hace varios días recibimos la noticia de que habías caído en manos de los rebeldes y te habían asesinado —Kuvira miró a Bolín buscando una explicación de eso, pues quizás Korra la había hecho pasar por muerta pero el chico se encogió de hombros desconociendo lo que decían.

—Estuve cautiva en manos de Korra y su gente, pero al final logré escapar —dijo a modo de escueta explicación y Opal reflexionó un momento.

—Eso fue muy conveniente para tu suegro —cabiló—, fue él quien dio la noticia de tu captura y muerte y de esa manera se apropió de tu batallón.

La furia en su estómago le hizo crispar los nervios. Aquel maldito hombre había mentido para conseguir a sus soldados quienes sin duda se lanzarían contra los campesinos para vengar la caída de su comandante. Quería agarrarlo y matarlo con sus propias manos. Entendía la frustración que muchos tenían ante él.

—El general la espera comandante —el guardia se aproximó al grupo.

Kuvira gruñó y se encaminó para ir a entrevistarse con Iroh, la joven Opal hizo para seguirla pero la detuvo.

—No, debo tratar este asunto en privado —la comandante hizo un gesto a Bolín y el chico sostuvo del brazo a Opal para impedir que siguiera adelante—. Hablaremos después.

Entró en la habitación después de que el soldado abriera la puerta para ella. La figura de un hombre gallardo vestido con un uniforme pulcramente planchado e inmaculado la esperaba. Los ojos ámbar del general podían derretir a cualquier mujer y su rostro varonil le ganaba el favor de importantes influencias. Se había conservado bien, como los vinos, los años lo habían hecho madurar de forma espectacular. Tenía el suficiente poder e influencia para competir con Suyin por la sucesión en el gobierno. Temido y amado en proporciones que se desconocían. Bien podía impartir justicia a rajatabla que rayaba en lo sádico como podía ser benevolente para su conveniencia. No daba un paso sin obtener algo a cambio y Kuvira sabía eso muy bien. Sin embargo, el general no estaba sólo, junto a él otro hombre, lo reconoció enseguida. Sir Varrick Blackstone, había tenido el gusto de conocer a tan excéntrico caballero en la capital durante su estadía antes y durante las elecciones. De gustos un tanto extraños para la mayoría, apreciaba la moda y estar a la vanguardia en tecnología. Dueño de importantes empresas y un inversionista agresivo que bien podia, según como amaneciera de humor, inyectar dinero a la industria textil, como a la alimenticia o incluso a la militar. Se sorprendió al verlo pues tenía entendido que se encontraba de viaje por el caribe buscando hacerse de pequeñas compañías de plantaciones del nuevo mundo.

—Comandante —el caballero se dirigió a ella prestandole su atención en cuanto la puerta se cerro y los dos hombres la contemplaron—, es una buena noticia que esté usted con vida y salva.

—Sir Varrick —Kuvira le dio un fuerte apretón de manos que el tipo correspondió de la misma manera mostrando una enorme sonrisa—, no sabía que estaba de vuelta en el país.

—¡Negocios! —exclamo como explicación —. Donde haya un negocio importante yo estaré —se aliso con los dedos el delgado bigote rizado que le daba ese aire de locura a su rostro—, y a decir verdad, tengo algunos pendientes con usted comandante.

—Claro que si Sir Varrick —Kuvira se apenó un poco por las malas pintas en que se encontraba, no le gustaba dar pesimas impresiones a las personas importantes con quien podía tratar—, aunque en este momento estoy ocupada con un asunto urgente.

—Lo sé —la interrumpió—, por eso estoy aquí —el caballero tomó asiento en una de las piezas de la sala de la habitación—. Tengo que cuidar de mis negocios.

Aquello se le hizo un poco chocante a la militar pero no podía ponerse de especial con él pues lo necesitaba para financiar sus futuros proyectos. Vivió a poner su atención en Iroh que aún permanecía de pie dejándoles hablar a ellos dos. No le agradaba en lo más mínimo el que ambos estuvieran juntos. Eso sólo significaba que Varrick seguía teniendo tratos con él. Durante las elecciones, Iroh había sido un fuerte candidato para ser presidente pero Suyin obtuvo el patrocinio de Varrick en su lugar gracias a la labor de convencimiento de ella y Baatar. Algo planeaba Iroh si de nuevo se hacía cercano al caballero.

—¿Eso significa que ha decidido hacer negocios conmigo de nuevo? —alzo una ceja y miró a ambos hombres.

—Hay algunos temas que debemos tratar comandante —al fin entró en la plática el general y Kuvira se sintió inclinada a ser hostil con él. No le caía nada bien el tipo y no le gustaba la relación que pudieran tener ellos tres. Suyin estaría muy molesta de saber que estaban en una reunión.

—Ahorrémonos la diplomacia Iroh —comenzó a la defensiva tomando el toro por los cuernos—, vamos directo al grano. ¿Cual es la situación?

Iroh esbozo una sonrisa autosuficiente y le ofreció sentarse con él en la sala del cuarto. Kuvira aceptó la invitación y los dos tomaron asiento uno frente al otro mientras Varrick dejaba a Iroh ser quien hablara ahora.

—Me he puesto en contacto con la presidenta —entrelazó los dedos mirándola fijamente estudiando su semblante algo demacrado por el trajín del viaje—. Le notifique la noticia que este hombre, Hiroshi Sato, diera acerca de tu captura y muerte, así como de la evidencia que la señorita Beifong ha proporcionado acerca de las actividades de tu suegro. La presidenta ha dado la orden de llevar a todos los involucrados por las armas, eso lo incluye a él y me temo que tu esposa no será excepción tampoco ya que se ha informado que apoya a los rebeldes.

Aquello puso nerviosa a Kuvira y un ligero escalofrío recorrió su espina dorsal. No podía permitir eso. Nadie podía hacerle daño a Asami.

—Es evidente que estoy bien y no hay la necesidad de recurrir a esa instancia —trato de no mostrar ningún sentimiento pero era complicado estar bajo el escrutinio de un hombre de experiencia como Iroh—. Mi esposa se ha visto en la necesidad de cooperar por coacción. No tiene culpa en este asunto.

—Si, puede ser y también es excelente que estés a salvo —dijo con cierta malicia—, puedo entregar esa buena nueva a la presidenta, pero tengo un trabajo que hacer y los rebeldes deben ser sofocados.

Trago saliva para aclarar su garganta y replicó a sus palabras con decisión.

—Esos rebeldes como tú los llamas, no son más que campesinos armados con azadones y machetes que buscan obtener justicia por las vejaciones que han sufrido a manos de un villano, que es mi suegro y quien sí debe ser juzgado con todo el rigor de la ley —el general escuchó atento sus palabras pero las desestimó con cortesía.

—Quizás sea así, pero han infringido la ley al atacar un cuartel militar apropiándose del armamento, matando en el camino a buenos soldados que deben ser honrados y vengados. Sin mencionar a los desertores que traicionando la confianza se han vuelto contra ti y el gobierno —hizo énfasis en la parte donde la mencionaba y sabía que no podía hacer nada al respecto. Korra y los suyos llevaban las de perder.

Era tan fácil simplemente dejar que Iroh arrasara con todos y sólo pedir el indulto para Asami, pero, ¿qué clase de persona sería ella? Tenía que arriesgarse para ayudarlos.

—Seamos sensatos, esto no es un asunto del fuero federal —volvió a retomar la conversación—. Estas personas no buscan una revolución ni atentan contra la soberanía de este país, sólo quieren justicia.

—Es un asunto federal desde el instante en que solicitaste la ayuda del ejército —el hombre no daba su brazo a torcer y el tiempo en contra no la ayudaba a tener alguna ventaja—, y desde que la misma Opal Beifong pidió mi intervención.

—Solicite la ayuda a la presidenta como un favor personal, además de que sería para atrapar a los responsables de la muerte de su hijo Baatar. Todo de manera extraoficial, no un asunto de gobierno —se estaba metiendo en suelo pantanoso pero Kuvira sabía que no tenía muchas opciones.

—Bueno, ya no es un asunto extraoficial —el tipo volvió a sonreír sabiéndose dueño del control.

—Sabes que puedo pedir la autorización de la presidenta para relevarte del asunto —dijo de manera amenazante y Iroh rompió a reír con su vano intento de amedrentarlo.

—Para cuando Suyin emita la orden, si es que logras convencerla, yo tendré la cabeza de todos esos rebeldes y habré sofocado un levantamiento armado —detestaba tener que otorgarle la razón. Tenía el poder para detenerlo pero no llegaría a tiempo para hacerlo.

—Estas sacándolo de contexto —sabia que Iroh podía hacerlo ver como una auténtica revuelta contra el gobierno cuando no eran más que unas disputas locales de campesinos.

—Aún existen algunos revueltistas entre la población, el que la mayor parte halla sido sofocada no quiere decir que estén extintos —la vena en su cien se tenso, con ese pretexto podía matarlos a todos sin mayores consecuencias.

—Dejémonos de rodeos —apretó los dientes cansada ya de discutir—, ¿qué deseas a cambio de no intervenir y dejar este asunto como un caso doméstico que puedo resolver?

Se estaba echando la soga al cuello pero no le importaba si con ello lograba salvar a todas esas personas. Iroh colocó sus dedos índices en su boca y pensó en lo que podía obtener de todo esto.

—¿Qué te hace pensar que tienes algo que puedo querer? —respondió de forma fría y burlona.

—Sé imaginativo, tengo suficientes cosas que tú deseas obtener —una voz interna le pedía a Kuvira detener aquello y sólo retirarse allí ahora, pero no le hizo caso.

Si Iroh se había tomado la molestia de discutir con ella estando Varrick presente era sólo porque tenía una cosa en mente además de la revancha por las elecciones. Debía jugar muy bien sus cartas aún cuando su lealtad fuera con Suyin, tendría que pactar con él y eso no le agradaría en lo más mínimo a su mentora.

—¿Qué solícitas a cambio? —le hizo la pregunta a Kuvira para que fuera ella la primera en pedir y ser él quien tuviera la última palabra a las condiciones del acuerdo—. Tú sola no podrás contra tu suegro —la comandante evaluó sus probabilidades, Iroh tenía razón aunque le chocará admitirlo.

—Un contingente de tus hombres que me permita llegar hasta mi batallón, detener a Hiroshi y parar a los campesinos, traer devuelta a nuestros hombres y a mí esposa —una nueva mueca de satisfacción salió de los labios del general—, tú podrás llevarte el crédito de haber detenido una revuelta y haber hecho justicia al hijo de la presidenta y a las gentes de la zona.

—Eso no suena mal —dijo en respuesta a su propuesta—, sólo que no es suficiente —apreto los puños con fuerza para contenerse de tomar por el cuello al general y doblegarlo, eso no le serviría, respiró profundo para volver a controlarse—. Quiero tu renuncia a tu puesto junto a la presidenta y que abandones la política nacional así como cualquier pretensión de sucederla. Por el contrario, deberas darme tu respaldo y el de tu batallón en las próximas elecciones y trabajar para mi en conseguirme los patrocinios adecuados para tal fin —Kuvira cerró los ojos y suspiró, sólo deseaba matarlo como a un animal rastrero, sabía que Iroh le temía pero, ¿tanto como para quitarla del camino para ser él quien se perfilará como el próximo sucesor de Suyin?

—¿Tanto deseas el poder? —lo miró con dureza, tanta como sus penetrantes ojos oliva podían proyectar.

—No es nada personal, sólo es política —no se dejó intimidar— o negocios —dijo dándole a Varrick el crédito.

Kuvira lo pensó, realmente no tenía que perder nada, solo la confianza de Suyin que era lo único que aún mantenía. Esperaba que su mentora pudiera entender las cosas. Ella ya había sopesado su retiro, eventualmente, y de esa forma dedicarse a la hacienda y a su matrimonio. Si bien, ya no tenía una esposa, al menos podía tratar de sacar adelante la hacienda y todo los proyectos que tenía en mente, era su único consuelo después de todos sus errores, pero ya ni siquiera tendría eso, ahora debía servir al lado de Iroh. Trabajar para él. No es como que antes no lo hubiera hecho, la diferencia estaba en que iría abiertamente contra Suyin.

—Es una gran decisión —Iroh volvió a hablar—, puedes pensarlo, aunque no demasiado pues el tiempo apremia y debemos ponernos en marcha pronto.

—En efecto es una gran decisión pero se debe hacer lo que se debe hacer —con pesar se levantó del asiento y dio un saludo extendiendo la mano al general para cerrar el trato.

—Partirás a primera hora de la mañana con unas cuadrillas —tomó la mano que le ofrecía la comandante y apretó fuertemente—. Suficientes hombres y armas para tu cacería de viejos zorros —se río contento con la broma después de haber ganado esa partida.

—Bienvenida a bordo comandante —Varrick la saludo efusivamente dándole un abrazo para retirarse enseguida al sentir el mal olor y las ropas andrajosas—.Puede acicalarse y cambiar esas ropas por unas más apropiadas, indicaré a mi asistente le consiga un uniforme más apropiado —dijo guiándola a la salida de la habitación—. ¡Ah! No olvide mantenerse con vida para que este acuerdo tenga validez.

Palmeo su hombro antes de cerrar la puerta después de que una mujer que permanecía afuera entrará para recibir indicaciones. Kuvira suspiro hondo una vez estuvo en el pasillo a solas. Suyin no le perdonaría esta. Perderla a ella también. Le dolía pensar en eso. Sólo le quedaba aferrarse a la idea de que con ello salvaría vidas inocentes, como Malika a quien ya había marcado con sus malas decisiones. No importaba, ya descubriría la manera de salir de todo aquello.

Camino de regreso a la entrada del mesón buscando a Bolín y a Opal. Los encontró conversando en una de las mesas del comedor del lugar y se acercó sentándose a su lado.

—¡Comandante! —el chico la recibió sirviendo un trago de aguardiente de una botella que tenía sobre la mesa y se lo ofreció.

Lo bebió de un sólo sorbo tratando de que el calor que quemaba su garganta le calentará el cuerpo pues se encontraba aún lívida por la plática con Iroh. Miró a Opal, no quería reclamarle nada aunque tenía ganas de discutir con ella y sacar toda su frustración, pero de nada serviría. La necesitaba para hablar con Suyin de forma segura.

—Saldremos por la mañana, buscaremos llegar hasta Sato y detenerlo antes de que ataque a los campesinos —se dirigió a Bolín—. Sacaremos a todos de allí —dijo para tranquilizarlo y de cierto modo darle a entender que seguía manteniendo su promesa.

El chico asintió. Agradecía que la comandante cumpliera su palabra. Podía ver en sus ojos aún la pesada carga que caía sobre sus hombros. Algo muy fuerte debió de hablar con el general para que se viera de ese modo, pensó.

—¿Qué hay de Korra? —la interrumpió Opal y Kuvira no pudo contenerse más al oír ese nombre.

—¿Qué hay de Korra? —repitii la pregunta con rabia—. No quiero hablar de eso —cortó la charla sirviéndose otro trago, haciendo un último esfuerzo pero la chica detuvo su mano cuando se llevaba de nuevo el vaso a la boca.

—¿Qué es lo que ha pasado? —Kuvira se río de forma burlona y la apartó bebiendo el fuego líquido

—Ha pasado que me he quedado sin nada gracias a ti y a tu querida Korra, a quien por cierto has perdido tu también —sirvió la bebida de nuevo y se la llevó a los labios—. Asami está con ella ahora, lamento que hayas perdido al amor de tu vida —dijo en forma sarcástica.

Opal golpeó su mejilla en un arrebato por sus palabras y Kuvira tomó su brazo con violencia.

—Nunca vuelvas a levantarme una mano niña —todos alrededor voltearon a verlos, ambas se sentían frustradas y siendo mujeres de carácter fuerte más de una vez habían tenido sus encontronazos.

—Eres una imbecil —Kuvira la jaló haciendo que estrellara su pecho contra la mesa y haciendo palanca llevó su brazo a su espalda.

—Tal vez lo sea —apretó su agarre ante la mirada desesperada de Bolin—, pero aún hay oportunidad de traer a los que queremos a salvo —la chica dejó de forcejear y la soltó—, si aún estás interesada en alguien que no corresponde tus sentimientos.

—Si tú lo estás haciendo, un Beifong no se queda atrás —Kuvira sonrió al recordar a su viejo y querido amigo Baatar, quien hubiera dicho tal frase.

—Me parece que de nueva cuenta un Beifong hará de las suyas a mí lado —tomó otro vaso y derramó el aguardiente en él para ofrecérselo a Opal que lo pasó por su garganta apenas haciendo algún gesto.

Las dos rieron en complicidad y Bolín sólo atinó a rascarse la cabeza sin entender nada.

— o —

Tenía la idea de meter a Varrick en la historia desde hacía algún tiempo, sólo que no había podido introducirlo en ella, sólo lo había mencionado. Iroh me ha dado la excusa perfecta, así como una pequeña subtrama y un final alternativo extra a los que ya tenía proyectados y por el que me estoy decantando.