Entre el amor y el deber
Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.
NdelA: Interludio corto, una conversación entre Kuvira y Opal con respecto a sus sentimientos y lo que les depara. Bolín aparece como espectador. Los tres deben ir a salvar a los que aman.
— o —
Los minutos se habían vuelto horas, sin embargo ninguno de los tres había querido sucumbir al sueño. La noche estaba en su apogeo, apenas se escuchaba algún ruido que no fueran unos pasos lejanos de los soldados dando alguna ronda o el sonido de sus respiraciones mientras una mujer de gafas redondas tomaba las medidas a Kuvira para hacer los arreglos presurosos de un traje nuevo. Bolín había sido dotado de un uniforme también después de darse un baño para sacar toda la suciedad de las últimas horas. Del mismo modo Kuvira hizo lo propio y ahora sólo esperaba a que aquella mujer de gafas y expresión sería terminará su trabajo.
Opal los acompañaba contemplando la escena sin más que hacer. No los había dejado desde que los volviera a encontrar. Se sentía tan decepcionada de todo. Las palabras de Kuvira acerca de cómo Korra estaba con Asami le habían partido el corazón más de lo que estaba dispuesta a admitir. Antes que todo su orgullo no se lo permitiría. Sin embargo no dejaría a Korra sola, no hasta que estuviera fuera de este asunto y pudiera confrontarla antes de dejarla ir.
La mujer no tardó mucho más, los arreglos del uniforme de Kuvira eran mínimos. De nuevo volvía a vestir un traje militar sólo que esta vez tenía el escudo de armas del batallón del general Iroh y no el de la caballería de Suyin. Una vez que la asistente de Varrick estuvo fuera de la habitación la chica Beifong rompió el silencio.
—¿Cuál será el plan a seguir? —pregunto a Kuvira que miraba su reflejo en un espejo del cuarto.
No se sentía cómoda con aquella vestimenta. Despreciaba lo que estaba haciendo aunque se repetía que debía hacerlo.
—Bolin y yo nos encargaremos —se volteo a verla—, tú sólo deberás darle mi mensaje a tu madre.
—Sabes que me niego a quedarme atrás sin hacer nada —su rostro se endureció —, no seré militar pero soy hija de mi madre y como tal no voy a quedarme a contemplar las cosas —aquello le hizo sacar una ligera mueca que podría decir era una leve sonrisa en el rostro de Kuvira.
—Lo sé, pero no puedo arriesgar tu vida de manera innecesaria —saco un par de guantes de piel gris y se los colocó.
Hacía tanto que no tenía unos con ella que había olvidado lo suaves que eran y la seguridad que le daban cuando daba órdenes a los soldados con ellos. Era como en fundarse en otra piel, ponerse un traje y transformarse en alguien distinto.
—¿Y qué harás para retenerme aquí? —la desafío la chica.
—Advertir a tu madre —dijo casi en un susurró acercándose a ella y sentándose a su lado en el sofá.
Bolín alzó la cabeza para tratar de oír lo que la comandante diría a la chica pero era tan quedo que apenas podía distinguir las palabras.
—Me serviste en bandeja de plata para Iroh y él desea lo que tú madre posee —el aliento de la militar rozó su oreja y la hizo estremecer con la calidez —, quiere el poder. ¿Para qué? No lo sé, pero no creo que sea para algo bueno. Sólo desea llenarse los bolsillos con dinero y saberse todopoderoso en este país. Me usara a mí del mismo modo que tú madre lo hizo.
—¿Me estas culpando por eso? —dejo salir la pregunta casi como un gruñido y Kuvira río levemente, era tan fácil representar este papel sólo por haberse puesto los guantes. Una nueva piel la cubría, una máscara para sus pretensiones.
—Sí, por eso debes ayudarme —llevo un mechón de cabello castaño por detrás de su oído y el contacto le produjo escalofríos a Opal que sintió el empuje de la fuerza que emanaba la mujer mayor—. Suyin considerará una traición lo que voy a hacer y debe entender que no es así. Sólo lo hago porque no tengo otra opción.
—¿Iroh se va a alzar contra mi madre? —su voz sonó apenas en un hilo y trago saliva para aclarar su garganta—. ¿Tú le vas a apoyar?
—Tengo que hacerlo si quiero que Asami, Korra y Mako salgan vivos —pronunciar sus nombres resultaba doloroso, no el de Mako, el chico le daba un poco igual, su mente sólo podía pensar en Korra y Asami besándose en una imagen que la torturaba constantemente.
—Si como dices Korra está con Asami, ¿por qué tomarte la molestia? —Opal deseaba saber cuál era la motivación detrás de su decisión de ponerse contra su madre para proteger a alguien que ya no le correspondía.
—¿Por qué te la tomas tú? —le devolvió el cuestionamiento pero no esperó su respuesta—. Sabés, la primera vez que vi a Asami fue la visión de la mujer más hermosa que hubiese visto hasta ese día. No lo entendí en ese momento, pero me enamore de ella casi a primera vista. Se metió en mi mente y yo permití que su aroma, su figura, su belleza y la calidez de su mirada me cautivaran.
Bolín las veía a las dos y decidió que necesitaba algo para beber o sus nervios no podrían más. Había traído consigo una botella de whiskey que abrió y comenzó a beber después de servir en una copa. Les ofreció a las dos mujeres y ellas tomaron sendos vasos.
—La idea de casarme con ella al principio se me hizo extraña, pero algo en sus ojos esmeralda me tomó presa y casi como un hechizo caí en sus manos —dio un sorbo dejando que la acidez del licor le picara el paladar—. Fue como ser arrastrada por el canto de una sirena y no me importó nada más cuando la tenía entre mis brazos.
Recordó el dolor que sintió cuando la chica le confesó que estaba enamorada de alguien más y que por esa razón no podría desposarse con ella. Trago el licor lentamente dejando que el fuego la inundara poco a poco y con él se llevará toda la amargura que sentía en su corazón.
—Hice todo lo que estuvo en mis manos y más para sacarla de su depresión cuando creyó, todos creímos —corrigió—, que Korra había muerto. Su amor se sentía tan sincero, tan real, ella era tan mía que me cegue a todo lo demás. No vi la verdad frente a mí. Supongo que así es el amor —encogió los hombros.
—¿Qué hay de mi madre y lo que tenían ustedes dos? —quiso saber la joven chica.
—¿Realmente quieres escucharlo? —le dio la oportunidad de echarse atrás pero Opal le pidió continuar—. Bueno, lo nuestro era… no se como describirlo. Es una relación de admiración mezclado con deseo. Suyin es una mujer de una personalidad interesante y atrayente, ella puede hacerte tocar el cielo de una forma intelectual aplastante. Su seguridad y su porte elegante te deslumbran. Yo sólo era una chica que tuvo la fortuna de hacer que ese portento de mujer fijara sus ojos en mi.
—¿Pero? —no entendía cómo es que si Kuvira decía todo eso, lo suyo no funcionó.
—Pero acababa de perder a su marido, el padre de sus cinco hijos —suspiro, aquel episodio de la vida de su mentora era uno muy triste y desgarrador—. Ella se estaba perdiendo en el fondo de su trabajo, abandonandose y descuidando a su familia, sólo era la sombra de la mujer que me había tomado bajo su tutela. Sólo quise recordarle lo grandiosa que era pero lo nuestro no podía ser algo duradero. Sus hijos eran lo primero y yo respete eso.
—Mi madre nos prefirió a nosotros por encima de ti —Kuvira inclinó la cabeza dándole la razón—. Yo sospechaba lo que pasaba y se que la presione para que te dejara, ahora siento que hice algo incorrecto. Era sólo que no podía soportar que hubiera dejado atrás a mí padre tan rápido después de su muerte.
—Las cosas son como son —sentenció con dolor y las dos callaron unos minutos perdiéndose en el fondo de sus mentes.
—Cuando conocí a Korra en aquella fiesta de bienvenida después de la guerra —comenzó a contar Opal—, no podría decir que fuera amor a primera vista, creo que al igual que tú, no lo entendí en ese momento. Lo único que deseaba era pasar más tiempo a su lado, con cualquier pretexto. Su falta de interés hacia mi me hizo encapricharme con ella y cuando al fin pareció hacer caso a mis sentimientos tuvieron que marcharse.
—Lo siento por eso —dijo de forma sincera, aunque no lo pareciera, apreciaba a los hijos de Suyin a pesar de todo.
—Da igual ahora —dejo el trago de licor a un lado, no estaba de ánimo para eso—. No seré su premio de consolación, pero al menos cumpliré mi parte.
—Eres una mujer hermosa —Bolin la secundo diciendo que si y Opal se río de su intromisión, al menos su vanidad se sintió un poco mejor—, no tendrás problema en tener a alguien más.
—Sí, sólo que no es a quien yo quiero —frunció los labios con enojo.
—No podemos tener todo en este mundo —Kuvira se levantó de su asiento y alisó los pliegues del uniforme—, aunque podemos intentarlo hasta conseguirlo —sonrió guiñando un ojo y ofreció su mano a la pequeña Beifong.
—Creo que es tiempo —el chico vio la hora en un viejo reloj en la pared.
Llamaron a la puerta y unos soldados aparecieron para llevarlos con ellos.
—Regresaré a la hacienda y haré mi parte del trato —Opal le dijo a Kuvira antes de dejarla ir.
La militar depositó un suave beso en su mejilla y le regaló una reverencia antes de salir. Se ajustó de nuevo los guantes de piel gris y se dirigió a representar su nuevo papel.
—
—¿Sigues inquieto? —vio a Bolín montar a caballo junto a ella y era notorio que el chico estaba intranquilo pues el animal se revolvía en su lugar.
—Estoy preocupado por mi hermano —trato de calmar al caballo sin mucho éxito.
—Todo saldrá bien —le dio una sonrisa para tranquilizarlo.
—¿Cómo puede saberlo? —la miró con desesperanza.
—No lo sé, sólo tengo fe en que todo se resolverá —espoleó al animal y salió a galope con el resto siguiéndola detrás.
— o —
No sé qué tal salió este pequeño experimento.
