Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: Capítulo corto de nuevo, aunque no tan corto. Dado que decidí meter una subtrama para alargar el final, lo que tenía planeado para ser de 24 capítulos, al final tal vez sea de 27 aprox. Voy a tratar de actualizar lo más seguido que me sea posible, según me vayan dejando las ocupaciones del día a día.

— o —

—¿Sigues molesto? —la morena se acercó a su amigo Mako tanteando el terreno, el chico estaba arreglando la montura de un caballo en la improvisada explanada del campamento.

Sólo resopló ignorándola al inicio pero la chica no se movió de su lugar. Ambos podían llegar a ser demasiado tozudos y cabeza dura, por eso lo había ido a buscar para aclarar las cosas sin tener que volver a discutir, demasiado.

—¿Planeas ignorarme de ahora en adelante? —le dijo y él frunció las inconfundibles espesas cejas puntiagudas que tenía.

—Solo déjame en paz —volteo a verla con esos ojos miel que aún mostraban hostilidad y Korra levantó las manos en señal de rendirse.

—¡Hey! Vengo en son de paz —esbozo una leve sonrisa para que el chico dejara de lado su enojo o al menos que le permitiera tratar de hacer las paces.

—Mira lo siento —habló algo exasperado—, lamento lo que dije. Simplemente estoy preocupado por mi hermano.

Korra le dio la razón y lo tomó entre sus brazos dándole un fuerte abrazo que sabía necesitaba. Pocas veces llegaban a ser algo cariñosos y este era uno de esos momentos. Los dos hermanos eran como su familia para ella. Habían pasado tantas cosas juntos en el tiempo que llevaban de conocerse y establecido una confianza muy profunda que entendía muy bien lo que pasaba en la mente de su mejor amigo.

—Yo también lo estoy —rompió el abrazo—, pero es Bolín, el siempre se mete en problemas y sale de ellos con la misma facilidad.

Mako levantó la comisura de sus labios y le dio la razón. El chico tenía una suerte y una manera envidiable de salirse con la suya a pesar de las adversidades. Tal vez había sobre reaccionado, su instinto de hermano mayor lo había dominado.

—Si —dio un paso a un lado y termino de ajustar una cinta de la montura—, es muy típico de él.

Y así con esa facilidad los dos habían bajado las armas y vuelto a reconciliarse. Pocas veces duraban enojados mucho tiempo.

—Debo disculparme yo también —dijo la morena mientras acariciaba el hocico del caballo—. ¿Realmente piensas que Asami tuvo algo que ver? —no había querido hacer esa pregunta pero no pudo evitarlo, tal vez estaba ignorando algo que no había podido ver del panorama completo.

—No… si… no lo sé —se contradijo el chico—. Desde que te conozco has estado obsesionada con ella y con volver a su lado y recuperarla. ¿Quien soy yo para juzgar eso? Simplemente a veces pierdes toda perspectiva de las cosas —la vio con preocupación—. Realmente creí que lo tuyo con Opal podría haber sido lo mejor, sin embargo seguiste aferrándote a ella.

—Ella es mi mundo Mako —Korra lo interrumpió.

—Eso es evidente —su voz volvió a sonar molesta—. No digo que este mal, por el contrario, estoy contento de que por fin puedas ser feliz. Te apoyo y te apoyare en cada aventura que decidas emprender, es que simplemente hay algo que no me gusta de todo esto —la morena rodó los ojos, su amigo siempre veía peros en todos lados y esta no era la excepción.

—¿Qué es lo que no te gusta? —se cruzó de brazos en espera de su retahila.

—Supongo que ella —soltó sin cortarse—. Tanto amor por ti, luego se casa con otra, luego la deja y todo este desmadre por eso. ¿Vale la pena el esfuerzo? —apretó los puños con enojo y miró fijo a Korra.

—Asami lo vale todo —se mostró segura en su respuesta para no dejar más dudas a Mako.

—¿Y si ella te estuviera usando y regresará con la comandante? —aquello comenzó a exasperarla.

—No me usa y no va a regresar con Kuvira. Lo único que siente por ella es… —busco la palabra adecuada— obligación, porque su padre se lo impuso y porque creyó que había muerto. Deja ya de comerte la cabeza con eso y no me plantes dudas en la mía.

—Esta bien —exhalo más tranquilo, al menos en la superficie lo estaba—. No volveré a dudar de lo que siente ella por ti.

Estuvieron de acuerdo con eso y haciendo un trato silencioso, dejaron el tema atrás. Estuvieron unos segundos acariciando el lomo y la cabeza del caballo hasta que volvieron a hablar.

—Tenemos que movilizar a la gente de este lugar pronto —Mako rompió el mutis—, hay el rumor de que Sato se ha encontrado con el batallón de la comandante más allá de la cordillera, por esa razón no habían cruzado hasta nosotros para combatirnos —se volvieron serios—, esperaban órdenes de Kuvira.

—¿Crees que Kuvira ha ido por ellos? —él lo negó.

—Nos están encerrando —dijo preocupado cambiando de tema a otro igual de importante y urgente—, Iroh no ha avanzado más, sin embargo no dudo que tarde o temprano arremeta contra nosotros y si encima tenemos a Sato sobre nuestra cabeza… Korra esto será una masacre —finalizó descorazonado.

—¡Uff! —exhaló ruidosamente la morena—. Se ve peor de lo que es —se llevó las manos a la cintura y perdió la vista en el suelo pensando en qué hacer.

—Tenemos que sacar los más que podamos —el desánimo se instaló entre los dos.

—Si quieres irte y buscar a tu hermano… —Mako la calló.

—No te dejaré —le dijo sin darle la oportunidad de continuar—. Se que mi instinto de hermano me pide ir a buscarlo, pero también sé que Bolín ya es un hombre y como tú lo has dicho, él está bien sea cual sea el lugar en que este. Me duele, sin embargo no te dejaré en este momento. Somos más que amigos, eres como mi hermana pequeña también y me quedaré aquí a tu lado peleando hasta el último aliento.

Los ojos azules de Korra se anegaron de lágrimas y agradeció a Mako por lo que acababa de decir. Era reconfortante saber que podía contar con él a pesar de las adversidades.

—Tú también eres mi hermano y saldremos de esta para ir a buscar a Bolín —pocas veces llegaban a ser tan sentimentales y quizás fuera esta una de esas ocasiones extraordinarias en que se demostraban abiertamente lo que sentían.

No es que antes no hubiesen estado cerca de la muerte, sino que en esta ocasión parecía estar alrededor más cerca, más a la mano, sin esfuerzo, que los hacía valorar las cosas importantes que tenían, la familia en que se habían convertido, se sentían tan vulnerables, sólo que unidos ya no lo eran.

Estando así, Mako pareció recordar algo.

—Un mensajero debe estar por llegar con las últimas noticias de tu padre en el frente contra Sato —le indicó —, pero según los informes recientes él actúa aprovechando la ausencia de la comandante y sería estúpido que ella fuera a su encuentro así, se arriesga a ser asesinada de forma fácil —volvió a retomar el tema de la ubicación de Kuvira.

—¿A dónde es que habrá ido si no es a buscarlos a ellos? —no tuvo que esperar mucho la respuesta, justo en ese momento un hombre llegó hasta donde estaban pidiendo permiso para unirse.

—Jefa, teniente —saludo el exsoldado a sus dos superiores—, entrego una misiva de Tonraq —extendió la mano sacando de su morral una carta que ofreció.

La morena la tomó y se dispuso a leerla. Mako quedó a la expectativa mirando el rostro de Korra y por la forma en que su cara reaccionó no parecía haber buenas noticias.

—¿Qué es lo que dice tu padre? —tuvo que contenerse para no arrebatarle el papel y leer por él mismo.

—La caballería se moviliza —le dio la carta y comenzó a leer con avidez—. Mi padre tratará de contenerlos para darnos tiempo.

—Hay que sacar a las mujeres y los niños —Mako arrugó el papel con su mano—, hay que reunirlos a todos y dar la lucha.

—Tenemos trabajo que hacer —Korra sacó el pecho y la decisión en los ojos ámbar de Mako le dieron la tranquilidad que necesitaba.

Tal vez no salieran de esta pero no iban a vender la derrota tan fácilmente.

De inmediato dispusieron a todos los que estaban en el campamento. Organizaron a los hombres y mujeres aptos para el combate y los armaron con todo lo que poseían. Aquellos que no podían pelear serían sacados y llevados a otro punto que ya habían determinado para una eventualidad así. Una nueva zona de seguridad donde estuvieran resguardados de la batalla. Pronto todos estaban de arriba a abajo yendo y viniendo.

Asami ayudaba en la tienda médica para trasladar a los heridos que tenían, así como a los niños. No había podido hablar nuevamente con Korra pues esta estaba ocupada dando órdenes y dirigiendo al grupo de enfrentamiento. Apenas pudo hacer su trabajo, sólo quería correr hasta Korra y abrazarla, buscar la manera de parar todo. Tenía miedo, el terror más grande que jamás había tenido en toda su vida. Su padre se disponía a arrasarlos y matar a Korra, de eso no tenía duda. Sin Kuvira cerca, con el peligro sobre la morena, la zozobra de que Malika y todos esos niños pudieran perecer, se estaba volviendo irracional. Tuvo que parar un momento y sentarse para intentar calmarse.

No pudo soportarlo más y fue a buscar a Korra. Su trabajo estaba casi listo. Malika y los niños ya estaban arriba de un carruaje que partiría pronto bajo el cobijo de la noche. Deambulo por lo que quedaba del campamento que ahora era un sitio casi desierto. La encontró a la entrada del lugar con un grupo de hombres armados que recibían las últimas instrucciones.

—¡Korra! —le gritó en cuanto la vio y la morena fue a ella dejando al resto—. ¡Oh por los espíritus! ¿Qué es todo esto?

En cuanto estuvo junto a Asami la tomó entre sus brazos y la beso con desesperación siendo correspondida con la misma intensidad. Se perdieron entregándose a ese sentimiento. Asami se preguntó cuántas veces tendría que pasar por eso. Ya fuera con Korra o con Kuvira, siempre tenía que sufrir el temor de perderlas a causa de peleas, disputas, guerra y malos entendidos. No quería seguir sufriendo por esas razones, deseaba tanto que todo eso desapareciera y sólo ser feliz.

Había cerrado los ojos apretando sus párpados dejando que sólo su sentido del tacto dominara sus sensaciones. La suavidad de los labios de la morena le daba besos cargados de emociones que la estremecían bajo el toque de sus manos que rodeaban su rostro acariciando sus mejillas. Korra la separó un poco para poder hablarle.

—Asami, debes irte —la chica se negó moviendo enérgicamente la cabeza—. Por favor —le suplicó—. Debes ponerte a salvo, de esa forma no estaré preocupada por tu seguridad.

—Me niego a dejarte —una sonrisa amorosa se dibujó en los labios de la morena—, aunque me lo pidas no lo voy a hacer.

—Tienes que hacerlo, yo estaré bien —Asami siguió negándose y algunas lágrimas rodaron por sus mejillas—. Tienes que cuidar de Malika —se mordió los labios con frustración.

—Promete que nada malo te va a pasar —esa era una promesa que no sabía si podría cumplir pero Korra le dijo que si de manera silenciosa dándole la razón para que dejara de preocuparse y la dejara ir.

—Tranquila, nada malo me va a pasar —beso sus labios—. Soy muy difícil de vencer —dijo y haciendo alarde de su fuerza alzó sus brazos flexionandolos para mostrar sus bíceps.

—Eres una presumida —rio suavemente y gracias a la broma pudo relajarse un poco.

Le encantaba la forma en que Korra podía hacerla sentir. Siempre fue una chica tierna y protectora con ella. Con esa aura de espíritu indomable y libre. Como un potrillo de campo, una yegua que corre libre y disfruta de las flores y el sol del día. Deseo fervientemente que algún día regresarán esos momentos que ambas compartían juntas recogiendo flores y riendo de las ocurrencias de la morena mientras veían la puesta del sol o contemplaban las nubes del cielo.

La volvió a abrazar aferrándose a su cuerpo y grabando su aroma y las curvas debajo de su ropa. Acarició su pelo castaño y rozó con sus labios su oreja y su cuello. Korra se río con el gesto que le produjo cosquillas y el deseo de tomarla allí mismo, sólo que no era el lugar y no tenían el tiempo para eso.

—Te llevaré con Malika —entrelazo sus dedos con los suyos y la llevó de regreso explicándole lo que debían hacer.

La pequeña estaba inquieta cuando llegaron hasta donde se encontraba. Había estado llorando por la ausencia de Asami y se disculpó con ella por dejarla sola. Le explico que tenía que ir a buscar a Korra para hablar con ella y eso pareció hacerla calmar un poco su llanto. La morena acarició su cabeza.

—¡Hey! Ya te la he traído de vuelta —le dijo de manera cómplice guiñandole un ojo—. La voy a poner a tu cuidado así que deberás asegurarte de que las dos estén a salvo, ¿de acuerdo?

—¡Si! —exclamó con entusiasmo y la chica de piel pálida la atrajo hacia sí con fuerza, amaba a esa chiquilla.

—¡Muy bien! —ofreció su mano y chocaron palmas.

—¿Estás segura de esto? —Asami la miró con preocupación.

—Si, creo que es la mejor opción —paso su atención de la niña a la mujer que amaba—. Deberán regresar a la hacienda, la casa Mayor les dará cierta seguridad y será más complicado que intenten algo contra los niños, las mujeres y los ancianos que vayan contigo.

En un inició se había mostrado escéptica ante esa idea, pero no era tan mala opción. Así podría asegurarse de que al menos los más vulnerables pudieran sobrevivir. La gente de la hacienda podría ayudar a protegerlos así como el edificio mismo ofrecía resguardo. Korra confiaba en que si Kuvira estaba allí o llegaba a aparecer, no lastimaría a todas esas personas y si era Hiroshi quien lo hacía, al menos pudiera detenerse de cometer una masacre enfrente de su hija.

—Es tiempo —apenas pudo terminar de pronunciar cuando Asami se echó sobre ella.

Se fundieron en un beso cálido y húmedo por las lágrimas y el amor que se tenían. Si Korra podía haber tenido alguna incertidumbre de parte de los sentimientos de Asami, esa quedaba despejada con aquel beso. En ese instante, en aquel lugar, el amor de Asami era real y era de ella.

Con el más hondo dolor tuvieron que separarse. La morena la ayudó a subir al carruaje junto a Malika.

—Te amo —dijo Korra mientras las veía partir y Asami le respondió de la misma manera.

Habían salido de La Angostura con al menos quinientos hombres bien armados del ejército de Iroh. Kuvira iba a la cabeza junto a Bolín. Opal los había acompañado un tramo muy corto antes de separarse para ir de regreso a la hacienda con una cuadrilla para protegerla y asegurar la casa ante cualquier eventualidad. La chica iba a ponerse en contacto con su madre y hacer un par de encargos para la comandante.

Por lo que tenían informado, Hiroshi había salido con trescientos hombres de la caballería sumados a los que ya tenía bajo su mando y tenían planeado interceptarlo antes de que llegara al campamento de Korra.

Comisionó a Bolín y una partida de soldados para llegar hasta el campamento y advertir de su presencia y el apoyo que les estaba dando. Esto para evitar fuego amistoso y que cayeran una lucha que no los beneficiaria pues el enemigo era otro.

Kuvira confiaba en que la caballería dejaría la pelea en cuanto la vieran y daría la orden del cese al fuego. Sólo tendría que encargarse de su suegro y sus mercenarios.

—Aquí es donde debemos separarnos —la comandante se dirigió al más joven de los hermanos—, sabes lo que debes hacer.

—Cuídese comandante —Bolin detuvo su caballo antes de tomar su camino—, no haga nada imprudente —la mujer militar rió.

—Eso no puedo prometerlo —estrecharon sus manos—, pero al menos haré el intento de cuidarme. Tú has lo mismo.

El cabo Bolín dio un saludo militar para después salir a todo galope con su partida de soldados. Tomaron el rumbo de San José sin detenerse. Los puestos de guardia que se habían establecido en el camino por los campesinos estaban desiertos. Pasaron los primeros retenes sin ningún contratiempo hasta que casi estaban llegando fueron detenidos por una ráfaga de balas que les impidieron el paso.

—¡Ea! —gritó el chico y dio la señal de replegarse y mantenerse a distancia para evitar una confrontación innecesaria—. Soy Bolín, hermano de Mako y amigo de Korra —anduvo unos pasos con el caballo alzando las manos para mostrar que no usaría las armas.

De entre los arbustos cercanos un hombre con fusil salió apuntándole al cuerpo. Los soldados se mantuvieron quietos esperando a que el cabo hiciera el trato.

—¿Por qué vistes un uniforme militar? —le cuestionó el jornalero.

—Vengo con refuerzos para ayudar a la causa —dijo sin bajar las manos aún—. La señora Kuvira, comandante del ejército y dueña de la hacienda Mayor me envió a advertirles del peligro que se viene y de la ayuda que ella está prestando a ustedes en contra de Hiroshi Sato.

Un ruido sonó y una bala impactó a los pies del animal que se asustó echándose unos pasos atrás, los soldados levantaron sus armas y apuntaron a la nada entre los arbustos de donde había salido el jornalero. Bolín estaba sudando frío pero les indicó mantener la calma y no disparar.

—No queremos nada de ella —un segundo hombre apareció y del cañón de su escopeta aún podía verse el humo del disparo—. Puedes irte por donde viniste, no confiamos en sus intenciones —volvió a disparar a los pies del caballo para hacer énfasis en sus palabras y espantar a Bolín.

—Necesito ver a mi hermano y a Korra, sólo ellos pueden decidir si aceptan o no está ayuda —trago saliva pesadamente—. Sea cual sea, en este momento Hiroshi se moviliza con un regimiento de caballería por el lado oeste y no tardará en llegar —les advirtió no dándose por vencido—, van a necesitar toda la ayuda posible.

El hombre de la escopeta apuntó de nuevo y esta vez lo hizo al cuerpo del chico pero el otro hombre lo detuvo. Comenzaron a hablar en voz baja y con evidente molestia tuvo que ceder.

—Está bien —dijo el primer jornalero—, te llevaremos hasta ellos.

Al fin pudo respirar tranquilo y relajarse un segundo. Con esto podían pasar libremente hasta encontrarse con sus amigos. Su primer cometido estaba cumplido. El jornalero fue hasta él y dándole la mano lo ayudó a subir a las curvas del corcel y espoleandolo para no perder más tiempo se dirigieron al campamento con la cuadrilla detrás.

Gritando cada cierta distancia, pasaron los dos últimos retenes antes de llegar. Todos se asombraban al ver pasar a los soldados. No habían visto una fuerza así en su vida. Nada tenían que ver con la raquítica guardia que cuidaba los alrededores de los pueblos. Ellos realmente eran profesionales del ejército.

Bolín se sorprendió de ver el campamento sin rastro de toda la vida que días antes bullía en él. Hoy sólo hombres armados corriendo para posicionarse en sus puesto estaban allí. El jornalero preguntó a algunos de los presentes el paradero de la jefa Korra y estos le indicaron que estaba en el puesto más cercano con el grueso de las tropas campesinas. Rápidamente se corrió la voz de la presencia de los militares en el centro mismo de la resistencia que muchos temieron que ya habían sido invadidos por los hombres de Hiroshi.

Ni anduvieron mucho más cuando Korra y Mako los interceptaron a medio camino con un buen número de sus campesinos armados. Fue una sorpresa para ambos ver al pequeño hermano al frente de ese centenar de soldados. De todos los escenarios posibles de lo que le pudo haber sucedido a Bolín aquel resultaba el más extraño y disparatado, aunque era el mejor de todos sin duda.

Mako corrió a abrazarlo y Bolín bajo del caballo para corresponder a la efusiva muestra de aprecio de su hermano. Korra le siguió uniéndose al abrazo también. Una vez recuperados del asombro comenzaron a hablar.

—¿Estas bien? —fue lo primero que preguntó el hermano mayor, preocupado por la integridad y salud de Bolin.

—Si, estoy bien —una enorme sonrisa se pintó en su rostro.

—¿De dónde has sacado todo esto? —Korra lo miro curiosa al ver el uniforme y el escudo del mismo.

—Larga historia —dijo sacando pecho y mostrándose orgulloso para después desinflarse ante lo que iba a decir—. La comandante Kuvira pacto con el general Iroh para que esté le proporcionará sus tropas contra Hiroshi y poder detenerlo para que ninguno de los dos hiciera daño a las personas de la zona y a nosotros.

Mako y Korra se quedaron mirando uno al otro y luego a Bolín procesando lo que les acababa de decir. La morena no daba crédito a eso. Kuvira los estaba ayudando después de todo.

—¿Cómo? —dijo incrédula—. ¿Cómo consiguió al ejército de Iroh?

—Opal —Korra escuchó el nombre de la más pequeña de los Beifong y alzó las cejas aún más sorprendida si podía—, ella logró recuperar las pruebas que culpan a Sato y salió a buscar ayuda al batallón estacionado en el Puerto Oriental y fue allí donde encontró a Iroh —un golpe de culpabilidad cayó sobre su pecho al recordar a Opal.

Korra se había olvidado completamente de ella, pero Opal no la había olvidado. Se sintió mal por haberla utilizado antes. Se había portado de la peor forma con alguien que le había dado su cariño de forma incondicional. Tenía que disculparse con ella cuando todo aquello terminara.

—¿Dónde estas ellas ahora? —su hermano quizo saber y Korra salió de su ensimismamiento para oír la respuesta.

—Opal fue a la hacienda con otro grupo de soldados, la comandante pensó que probablemente Korra enviaría allí a algunas personas y quiso asegurar que tuvieran protección —eso quitó un peso de encima a la morena, podía estar más tranquila de saber que Asami estaba fuera de peligro—. La comandante fue con el grueso de la tropa a detener a su suegro.

—¡Wow! No me lo creo —se mostró escéptico su hermano—. ¿En verdad va a pelear contra su propio batallón?

—Bueno, ella espera no tener que hacer eso —dijo con la mejor esperanza—, que se rindan cuando la vean y dejen a Hiroshi sólo.

—Si no llega a tiempo, eso será muy complicado —la morena dio unos pasos alrededor pensando—. Alistemonos, vamos a servir de refuerzo en caso de que sea necesario. Vamos a atrapar a ese canalla.

— o —