Capítulo 27.
Me tenía realmente frustrado la situación que estaba viviendo. Había pasado más de dieciocho horas y aún no encontraban pista alguna del paradero de Kotoko, parecía que se esmeraban en no encontrarla. Sinceramente, si tenía que tomar todo esto en mis manos, lo haría.
Los mensajes de Sahoko continuaban, aunque no tan constantes como antes, lo cual no me daba buena espina, sobretodo porque, no me mandaba fotos de Kotoko, ni me decía nada sobre su estado, lo cual me tenía ansioso. Su bienestar lo era todo para mí.
Me subí a mi carro y me dirigí a las oficinas del señor Oizumi, esperaba y él no fuera cómplice de su nieta, sería devastador darme cuenta de la clase de personas que formaban esa familia. Sin embargo, guardaba esperanza que no fuera así.
Al llegar, bajé rápido de mi coche, caminé velozmente hasta llegar a donde estaba su secretaria. Ella me miró, como todas las mujeres me veían, incluso intentó coquetear conmigo de una forma muy obvia. Rodé los ojos ante su actitud tan inapropiada.
Mientras le avisaba de mi presencia a mi ex abuelo, pensaba en mil y una formas de sacarle la información que necesitaba, no me importaba tener que llegar a los golpes, ya estaba bastante desesperado como para guardar la compostura, no quería que Sahoko me enviara una foto de mi Kotoko muerta, si ella se va, estoy dispuesto a irme con ella.
La secretaria volvió y me indicó que pasara a la oficina del presidente de la empresa, caminé hacia ella, entré y lo encontré sentado en su escritorio revisando unos papeles. Si estaba disimulando, lo hacía muy bien.
—Hola. ¿Cómo le va? —Se levantó y camino hacia mí para saludarme. —¿A qué debo su visita?
Él lo dijo sonriente mientras me dirigía a la pequeña sala que tenía en su oficina; me ofreció algo de tomar, a lo cual yo me negué.
—No es una visita muy agradable y sinceramente espero usted pueda colaborar conmigo. —Él me miró extrañado. —Es sobre su nieta.
—¿Y de qué quieres hablar conmigo sobre ella? —Frunció el ceño. —¿Es que acaso se arrepintió de su decisión?
—No se trata de eso, sino que, su nieta secuestró a mi novia. —Su semblante comenzó a ponerse lívido, se paró de golpe del lugar donde estaba sentado.
—¿Cómo puedes venir a calumniar a mi nieta de esa forma! —gritó. —Ella sería incapaz de hacer…
—Con todo respeto director, no tengo por qué mentirle, si no me cree, le muestro lo que su nieta me ha estado mandando todos los días.
Saqué mi celular y le enseñé uno de sus mensajes, él me miró sorprendido y temeroso, su cara reflejaba incredulidad y también dolor.
Se sentó en su sillón, se veía totalmente sorprendido, paralizado ante esta noticia.
—He venido hasta aquí con la única esperanza que usted pueda ayudarme a encontrar a su nieta, con la confianza que no sea cómplice de ella y me ayude a hallar a Kotoko —me miró fijamente—, no pretendo ofenderlo, solo que estoy desesperado porque ella se quiso vengar de mí y qué mejor que dándome en lo que más me duele.
Me senté en una silla, apoyé mis brazos en mis piernas, tratando de mantener la compostura y no perder mis estribos ante esta situación.
—No soy cómplice de ella y no sabía que esto estaba pasando Naoki, me sorprende y me aterra, pues no es la Sahoko que yo conozco. —Noté que igual trataba de controlar sus emociones. —Hace unos días me llamó de un número que no tengo registrado, me dijo que estaba de vacaciones y que no me preocupara. —Buscó algo en su teléfono móvil y escribió algo en un papel. —Éste es el número de donde llamó. Sinceramente, estoy consternado y sorprendido pero creo que no es tiempo de ponerme histérico. Trataré de ayudarte a buscarla, temo que mi nieta puede cometer alguna locura.
Vi que su semblante comenzaba a descomponerse, se sentó lentamente en su sillón, estaba triste, devastado y era entendible. La nieta que tanto creía perfecta, era capaz de cometer un delito tan grave como el secuestro.
—Gracias señor, cualquier información que tenga se la haré saber de inmediato.
No me dirigió ninguna palabra más, pero entendí que era momento de dejarle solo con sus pensamientos. Posiblemente se sentía miserable y desconsolado, Sahoko no daba indicios de tener alguna actitud sociópata, sin embargo, tal vez su falta de atención o amor, la llevó a obsesionarse conmigo. No tengo idea de lo que ocurría en su mente, solo entiendo que ella tiene a la persona que más amo en el mundo y por nada en el mundo dejaré que le haga daño.
Llamé a la estación de policías para que me ayudaran a localizar la ubicación de aquel número telefónico, y de la búsqueda, resultó que pertenecía a Kyoto; sin embargo, Sahoko le había llamado a su abuelo desde un teléfono público, el cual se encuentra en el centro de la ciudad.
Entonces recordé cuando una vez ella me enseñó una revista con un artículo sobre unas cabañas ubicadas en Kyoto, ella quería ir ahí y pasar unas semanas a solas. Por supuesto yo me negué, no quería pasar ninguna noche con ella, no sentía ninguna atracción por ella y era perder su tiempo con alguien a quien no apreciaba.
Fui de inmediato a la casa donde vivíamos, saqué la llave y abrí la puerta, al entrar me dio un escalofrío recordar esos años en los que viví con ella, el infierno que la hice pasar con mi indiferencia, con mi falta de amor hacia ella. Sahoko fue una buena esposa, pero se había enamorado de alguien que nunca la iba amar.
Caminé por la cocina, la sala de estar, el comedor, buscando algún indicio o pista, pero no encontré nada, así que subí para entrar en la recámara que ella ocupaba, la abrí y vi como estaba totalmente desordenada, todo estaba en el suelo, como si alguien hubiera descargado su coraje con sus cosas. Entonces, al ir hacia su cama, me di cuenta que había una revista. La tomé y vi que el nombre de la publicación era "Novias de hoy", la cual estaba abierta precisamente en un artículo de los mejores lugares para ir de luna de miel. Me siento consternado al darme cuenta que al pasar el tiempo ella seguía atesorando estos artículos que no le sirvieron de nada, pues me fijé en la fecha y la publicación era del año que nos casamos. Con un plumón tenía encerrado las cabañas que me había mostrado aquella vez, tenía la sensación que ahí era donde podía estar Kotoko.
Saqué mi celular y marqué el número de contacto con la casa arrendadora de aquellas cabañas; al tercer timbrazo me contestaron.
—¿Diga? —Me contestó una mujer.
—Hola, hablaba para saber si me podría dar el número de cabaña donde se hospeda mi prima Oizumi Sahoko, es que quiero ir a verla para darle una sorpresa.
—Oizumi Sahoko, espere un momento.
Escuché como ella tecleaba algo en un computador, la espera se hizo eterna y esperaba que ella estuviera ahí aún o que mis sospechas por lo menos fueran correctas.
—Señor, la señorita Sahoko se encuentra en la cabaña 20, si me proporciona un correo electrónico puedo mandarle un croquis.
Le di el correo que me pidió y colgué, al poco tiempo, recibí la información requerida. Sinceramente pensé que me no me iban a proporcionar los datos que quería, pero supongo mi mentira fue convincente o no tienen protocolos de seguridad para la información de los inquilinos.
No quería avisarle a la policía, tenía en mente que el primo de Sahoko aún estaba en el caso y podía advertirle a ella para que se moviera de lugar, así que prefería ir yo solo, averiguar si estaba ella ahí. Si era así, llamaría desde allá al comandante para que acudiera lo más rápido posible; las cabañas no estaban tan lejos de Tokio, así que podían llegar rápido.
Subí a mi auto, estaba decidido a todo con tal de tener de nuevo a Kotoko, Sahoko extrañamente ya no me había mandado tantos mensajes como antes y eso me causaba algo de preocupación, pero estaba seguro que pronto acabaría. Todo esto terminaría.
Manejé lo más rápido que pude, rogaba por que pudiera encontrarla sana y salva, mi corazón se aceleraba cada vez que estaba más cerca de aquel lugar.
No tarde mucho tiempo en llegar al complejo de cabañas, le dije al guardia a que cabaña me dirigía y me dio el paso, seguí el croquis que me había dado la recepcionista y encontré aquel lugar, era una de las cabañas más apartadas y alejadas.
Aparqué mi auto dos cuadras antes para que ella no sospechara ni escuchara nada, descendí de mi vehículo y sigilosamente me acerqué al lugar.
Di gracias de que tuviera muchas ventanas alrededor de la casa, caminé hacia un costado para buscar alguna puerta trasera, entonces, cuando pasé a lado de recámara, por instinto me asomé y vi algo que heló mi sangre, me hizo estallar en cólera y era a Kotoko, tirada en el suelo como una basura, amarrada y sucia, podía ver que su ropa estaba manchada de sangre.
Cuando estaba a punto de llamarla o hacer algún ruido, vi a Sahoko entrar, traté de esconderme para que ella no me viera, estaba sola y traía una pistola en una de sus manos, me dio un vuelco el corazón ver como se movía Kotoko. No podía seguir viendo sin hacer nada así que me apresuré para caminar hacia la parte trasera de la casa, sin embargo, antes de poder entrar, se me ocurrió poner en silencio mi celular, en caso de que Sahoko quisiera llamarme, no pudiera oír mi teléfono.
Llegué a la parte trasera de la casa y vi una puerta, tomé el pomo y lo giré con la esperanza que estuviera sin seguro, y entonces abrió sin hacer mucho ruido. Agradecí sinceramente de que no estuviera asegurada, entonces saqué mi celular y rápidamente le envié un mensaje al comandante con la ubicación del lugar. Sin querer, terminé haciendo su trabajo.
Con mucho cuidado, me quité los zapatos, tratando de ser lo más silencioso posible para no advertir a Sahoko de mi presencia, con cautela los escondí detrás del refrigerador y caminé sigilosamente hasta acercarme a donde estaban.
—¡Levántate perra! —gritó Sahoko. —No tengo tiempo para estar soportando tus estupideces.
—Déjame ir Sahoko, no entiendo para que me haces todo esto, yo no tengo. —Dio un quejido, pues escuché como Sahoko la pateaba.
—Tú me quitaste al hombre que yo más he amado, ¿por qué no puede olvidar a una simplona como tú? —Estaba totalmente desquiciada Sahoko, comencé a tener miedo que ella perdiera los estribos. Con mucho cuidado me acerqué más a ellas.
—No puedo quitarte algo que nunca ha sido tuyo —Kotoko le dijo, en su voz se reflejaba el dolor que sentía. —Si hubiera sido tuyo, nunca te hubiera dejado. Él me está buscando a mí, no a ti.
—¡Cállate maldita! —le gritó Sahoko. —Voy a matarte idiota y me dará gusto tener de nuevo a Naoki entre mis brazos, porque él solo estaba confundido, regresaste y solo quiso recuperar a su juguetito…
—No te engañes Sahoko, tú y yo sabemos que, si me matas, él nunca regresaría a tu lado, al contrario, te odiaría porque a quien ama es a mí, no a ti. —Pude acercarme a la puerta y vi cómo Kotoko le sonreía, era una valentía estúpida, pues Sahoko tenía un arma, con la cual fácilmente podía matarla. Mi corazón se hizo pequeño al ver cómo ella le apuntaba.
—¡Cállate!
Todo sucedió muy rápido y solo escuché un balazo y a Kotoko gritar de dolor, en automático corrí hacia ella empujándola, fue tanta mi fuerza que ella calló de bruces; sin embargo, pudo detenerse antes de golpearse en la cabeza, me dirigí rápidamente hacia donde estaba Kotoko, la miré y ella aún estaba viva, el balazo lo había recibido en la pierna, por lo cual, ella comenzaba a perder sangre.
Como pude me quité la corbata que traía y con eso le hice un torniquete, sin importarme que Sahoko estuviera a escasos pasos de nosotros y armada.
—Qué hermosa escena —Sahoko dijo con sarcasmo—, qué lástima que esto acabará pronto…
—Sahoko, sé que fui un patán, que me merezco tu odio, pero no era necesario que secuestraras a Kotoko, ¡ella no tiene nada que ver!
—¿Qué no tiene nada que ver? —Comenzó a reírse con ironía. —¡Ella se metió entre nosotros! ¿Qué acaso olvidaste lo felices que éramos antes?
—Deja de mentir, nosotros nunca fuimos felices. En esos años de matrimonio nunca fui feliz a tu lado y dudo que tú lo hayas sido conmigo.
No sé en qué momento Sahoko tomó de los cabellos a Kotoko y la arrastró hacia ella apuntándole con la pistola en la cabeza.
—Tú serás mío y esta mujer dejará de estorbarnos mi amor. —Estaba totalmente perturbada, era tanta su obsesión que comenzó a crearse esas fantasías absurdas…
Vi cómo Kotoko comenzaba a llorar, ya no tenía muchas fuerzas, pues, a pesar del torniquete, seguía sangrando un poco.
Sahoko tiró el cabello de Kotoko para levantar su cabeza, tuve miedo de que, si yo me le acercaba, ella iba a disparar, así que lo único que se me ocurrió fue rogarle, dejar mi orgullo a un lado y humillarme con tal que a Kotoko no le pasara nada.
—Sahoko, estoy consciente del daño que te hice, intenté amarte, ser un buen marido, pero nunca pude hacerlo. No voy a decir que tu abuelo nos obligó, pues al final de cuentas pude negarme. Sin embargo, me sentí presionado para casarme contigo y como un acto de rabia y despecho lo hice. —Me arrodillé ante ella, me miraba fijamente. —Te ruego que me perdones, fui el peor de los hombres al tratarte de aquella manera, debí ser amable contigo pero no pude y ahora me arrepiento de haberte hecho tanto daño. Por favor Sahoko, mátame a mí si eso te deja más tranquila, pero deja ir a Kotoko, déjala ir a ella.
Mi voz comenzó a quebrarse, ella nunca me había visto tan abatido, tan desesperado por algo. Su mirada parecía perdida, desorientada. Comenzó a soltar a Kotoko, y a pesar de que Kotoko logró sentarse, no quise moverme por temor a que cambiara de parecer.
—¿Estás dispuesto a morir por ella? —Escuché que se le quebraba la voz. Asentí. —Eres un estúpido Naoki, un buen hombre de negocios pero no sabe nada acerca de los verdaderos sentimientos. Si tan solo me hubieras rechazado aquella vez, lo hubiera entendido. —Agachó la cabeza.
Ella estaba llorando.
Tiró la pistola y se sentó en el suelo abrazando sus piernas, llorando desconsoladamente. Kotoko, con el poco esfuerzo que tenía, se acercó a ella para abrazarla. Al final de cuentas era una mujer herida, que no supo cómo canalizar su dolor.
En ese instante, la policía irrumpió en la cabaña, yo salí del cuarto para avisarles a donde estábamos.
Sahoko estaba totalmente ida, no emitía sonido, parecía como muerta en vida, con mucho cuidado la levantaron para llevarla, sin embargo ella no podía ni siquiera caminar, pareciera como si su mente se hubiera ido a otro lugar y dejara su cuerpo solamente. Kotoko y yo fuimos trasladados a un hospital cercano. Realmente estoy agradecido con la vida que me haya permitido que todo esto acabara fácilmente, a pesar de las heridas y los momentos dolorosos, podía estar en paz pues, después de todo, Kotoko estaba a salvo a mi lado.
¡HOLA! MUCHAS GRACIAS POR LEERME, ESPERO ÉSTE CAPÍTULO SEA DE SU AGRADO. FALTAN POCOS PARA LLEGAR AL FINAL JEJEJE. MUCHAS GRACIAS :)
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MELU TOLENTINO
