Capítulo 28.

Han pasado unos días desde que toda esa pesadilla había terminado, Kotoko seguía hospitalizada pues ella había perdido mucha sangre y tuvieron que hacerle algunas transfusiones, aparte que seguía recuperándose de los golpes y la deshidratación que presentaba.

Toda la familia estaba en el hospital, me relevaban en ocasiones para que yo pudiera comer o descansar un rato; sin embargo, no había querido moverme de su lado por mucho tiempo, sentía que si la perdía de vista, ella iba a desvanecerse, iba a desaparecer de nuevo.

Estaba ayudándola a comer cuando el agente de policía entró al cuarto de hospital.

—Hola, ¿qué tal? —Me saludó con un apretón de manos—, sé que debería estar descansando señorita, pero es importante que yo tome su declaración.

—Está bien —le ayudé a incorporarse pues, se sentía muy adolorida aún—, dígame en qué puedo ayudarle.

—Solo quiero que me diga con detalle todo lo que vivió en ese lugar para poder proceder contra su raptor.

Ella me miró con miedo, tomé su mano y la sostuve fuerte, sabía que recordar lo vivido iba a ser muy doloroso para ella, no era cómodo para ella relatar todo lo que había pasado en ese lugar, las cosas que le hizo Sahoko en ese tiempo que la tuvo cautiva. Era doloroso igual para mi escuchar todo eso.

—Estaba saliendo de mi trabajo para ir a una cita que tenía con mi novio cuando me interceptó una camioneta negra con varios hombres armados, estaba aterrorizada pues no sabía que estaba pasando, me dieron a oler algo muy fuerte que me hizo perder el conocimiento. Cuando desperté, estaba en un cuarto de una casa, no sabía dónde me encontraba hasta cuando llegaron a rescatarme.

—¿Cómo fueron con usted en ese lugar?

—No fueron totalmente desagradables, los custodios, por así llamarlos, me daban de comer y beber cuando lo necesitaba al principio, sin embargo, Sahoko les dijo que se fueran y yo me quedé sola con ella. Ella me golpeaba e incluso me arrancó un mechón de cabello. Me amenazaba constantemente en matarme o matar a Naoki si no hacía lo que ella me pedía, cosas como rogarle por comida, por llevarme al baño a hacer mis necesidades. Cada vez que podía me golpeaba con lo que se le antojaba. A veces lo hacía hasta que sangraba. Esos días fue un infierno.

—Me ha informado el señor Naoki que cuando la encontró estaban discutiendo. ¿Por qué se originó la pelea?

—Se originó porque yo ya estaba harta, me sentía adolorida y débil. Estaba amarrada de las manos y pies así que no podía moverme mucho. Tenía mucha sed y ella estaba tratando que yo me humillara y tomara mi orina. No quise hacerlo y comenzó a golpearme —me miró—, en ese momento pensaba que iba a morir pues, ella fue en busca de una pistola, discutimos y me disparó en la pierna. Lo demás ya lo sabe.

Kotoko le sonrió al agente, él anotó todo lo relatado por Kotoko, yo le tomé de la mano, estaba muy angustiado por todo lo que ella había vivido en esos días de cautiverio. Sin embargo, era momento de pasar la página y cuidarla mucho más de lo que hacía antes.

A veces me pongo a pensar sobre cómo la encontré, ¿qué hubiera pasado si no llego a tiempo? Tal vez ella estuviera muerta ahora, mi mente me atormenta constantemente con eso, mi pecho comienza a doler, sin embargo, Kotoko ya estaba a mi lado y era feliz.

Al día siguiente le dieron de alta, aún no podía hacer movimientos bruscos por su pierna, tenía que usar muletas o en silla de ruedas mientras la herida cerraba.

Todos estábamos felices de tenerla de vuelta, mi madre le había organizado una fiesta de bienvenida, pero ella le dijo que no quería celebrar nada aún ya que, se sentía cansada. Mi madre entendió y pospuso aquella celebración prometiendo que sería cuando Kotoko se sintiera con ánimos de festejar.

La llevé a su departamento, tenía que recoger muchas cosas para llevarla conmigo a mi casa, no podía dejarla viviendo sola de nuevo. Tenía miedo que le volviera a pasar algo malo. No me importaba si mi madre nos casaba al instante, yo solo quería estar junto a ella todo el tiempo.

—¿Qué haces? —me dijo Kotoko al verme agarrando unas maletas.

—Recojo algunas prendas tuyas para que vayas a mi casa, no puedo ni quiero dejarte sola.

—Pero esta es mi casa —dijo ella frunciendo el ceño.

—Lo sé, pero no quiero que te vuelva a pasar algo y no dormiría en paz sabiendo que estás sola en este lugar.

Ella guardó silencio, entonces vi cómo intentaba levantarse de la silla de ruedas, a lo que fui a auxiliarla para que no se levantara. Al estar en pie, ella me abrazó. Yo la besé tiernamente, fundiéndome en sus labios, absorbiendo su aliento que tan loco me volvía.

—¿Y si en lugar de moverme yo, tú vienes aquí? —Ella me dijo cuando nos separamos. La llevé al sofá para que se sentara.

—¿Qué quieres decir?

—No quiero vivir en tu casa, sé que es espaciosa pero viven ahí tus padres y tu hermano, mejor te propongo algo. ¿Y si vivimos juntos? —me planteó ella tomando mi mano.

—¿No te importaría que invadiera tu espacio? —Ella negó con la cabeza. — entonces, creo que debo traer mi ropa y algunas cosas de la casa de mis padres…

Ella asintió con una sonrisa y comenzamos a besarnos. Era un beso tierno, tratando de recuperar todo aquel tiempo en el que no pudimos hacerlo; sin embargo, nuestras hormonas comenzaron a hacer mella en nuestro autocontrol, haciendo que nuestro beso tierno se convirtiera en uno deseoso de placer.

Con mucho cuidado la levanté en mis brazos y la llevé hacia la cama para poder tener más espacio.

Me coloqué a su lado y comencé a besarla con pasión, tratando de sentir su respiración a la par de la mía. Entonces sentí su mano en mi entrepierna, tocando sutilmente mi erección, lo cual me volvió loco.

Ella portaba un vestido, así que no me fue difícil quitárselo, haciendo que quedara solo en bragas. La miré por unos segundo como grabándome de nuevo cada rincón de su cuerpo, observando su piel.

Me quité la camisa y el pantalón para tener más contacto con su piel, sintiendo estremecerse ante mi contacto.

Mientras la besaba, comencé a masajear sus pechos, acariciando sus brotes con la yema de mis dedos, absorbiendo los gemidos furtivos que escapaban de su boca.

Poco a poco comencé a descender de sus labios a su cuello, siguiendo mi camino hacia sus pechos, deteniéndome un momento para mordisquearlos y deleitarme en ellos. Continué bajando hasta llegar a su entrepierna, con cuidado le quité las bragas, dejando su feminidad al descubierto.

Me situé entre ellas y comencé a lamer su intimidad, haciendo que arqueara su espalda, tratando de callar esos gemidos que le provocaba mi lengua al acariciar su monte de venus. Ella estaba más que lista, pues con voz suplicante me pedía que la hiciera mía.

Me quité lo que quedaba de ropa y con mucho cuidado de no lastimar su pierna, me adentré en ella, comencé a hacerle el amor lentamente, sintiendo como su cuerpo se erizaba, ella me rodeaba la espalda mientras sentía el vaivén de mis caderas que poco a poco subían de intensidad. Sabía que no podía hacer muchos movimientos bruscos, pero realmente extrañaba estar con ella, compartir este momento de intimidad con ella.

Puse sus piernas en mis hombros y comencé a penetrarla con mayor fuerza, lo que hizo que ella apretara las sábanas con sus manos.

Los dos llegamos al clímax al mismo tiempo. Sentí su cuerpo relajarse bajo el mío, y así desnudos, la arropé junto a mí para dormir a su lado. No usamos protección y tampoco me importaba pues, a partir de ahora, no hay nada que pueda separarnos de nuevo. Amo a esta mujer más que a mi propia vida.


Bueno, ya estamos a punto de terminar jejejejejejeje. AAAY que emoción darle fin a esta historia.

Espero les guste éste capítulo jejeje hasta a mí me da pena leerlo... jajajaja.

Gracias por leerme. Hasta el próximo capítulo.

Melu.

P.d. no olviden dejar sus comentarios :)