Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: Lamento la espera tan larga, no es excusa pero he tenido algunos días difíciles y otros días sin inspiración alguna para tomar el celular y ponerme a escribir. Sin contar que me lleve el susto cuando por torpeza extravíe el celular y con el se fueron las historias que tenía escritas. Aunque gracias a la hoja de texto de google docs no los perdí. La nube respaldo los documentos y no hubo más daño que mi celular perdido, y el gasto que vino con eso. En fin.

Me había trabado con este capítulo, tanto que me lo salte y escribí el siguiente y lo terminé pero no podia publicarlo sin subir este primero. No quedó como quisiera pero quedó. Ahora espero que esto me ayude a seguir adelante y escribir más capítulos sin tanto problema.

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Las cosas habían permanecido tranquilas, la calma y la rutina sucedieron a la tempestad. La gran mayoría se había acostumbrado al nuevo orden, incluso Korra. La situación casi se había normalizado para ella. Aunque se le dificultaba un poco realizar algunas tareas, la gran mayoría las hacía casi sin problemas. Recientemente había vuelto a montar a caballo a pesar de la preocupación de Asami sobre su salud. Al principio le costó bastante dolor, sudor y lágrimas volver a ponerse en pie e intentar caminar, ahora tenía que hacerlo ayudada con un bastón y eso le molestaba demasiado. Se sentía inútil teniendo que ir a todos lados con él, así que deliberadamente lo olvidaba en ocasiones, lo que le ganaba un regaño por parte de Asami.

La relación entre ellas era buena a grandes rasgos, aunque Korra percibía que Asami no era del todo feliz y eso la preocupaba y molestaba al mismo tiempo. Al principio la chica lo justifico con el tema de la muerte de su padre y el luto que guardaba por él, sin embargo Korra la había descubierto llorando en algunas ocasiones sin que ella le diera una razón convincente del porqué, la excusa de su padre era menos creíble cada día y sabía muy bien quien era la causa de todo ello.

El fantasma de Kuvira seguía presente.

A veces Korra reflexionaba si la comandante había tenido ese mismo problema cuando Asami estaba con ella, porque ciertamente era algo con lo que no sabía cómo lidiar y estaba pasándole factura con su relación. Sin mencionar el hecho de que no habian profundizado su relación de nuevo, más allá de algunos besos o muestras de afecto amistosas no habia pasión. Al menos no de parte de Asami.

La morena podía sentir que algo faltaba a pesar de la felicidad que creía tener estando al lado de la mujer que amaba. La tenía y no la tenía al mismo tiempo. La melancolía y la tristeza de la chica eran cada día más insoportables para ella, y es que Asami no le permitía acercarse cuando estaba así para tratar de reconfortarla. Eso fue mermando su confianza y la frustración por el dolor en su pierna la hacían montar en colérica impotencia y se arriesgaba a hacer cosas que no debía por su condición y acababa lastimándose. Aunque había procurado nunca desquitarse con Asami no pudo más cuando supo que la chica se había negado a firmar los papeles del divorcio con Kuvira.

Aquel día pelearon, marcando un punto de ruptura en su relación a pesar de los esfuerzos de cada una por sacar adelante la situación.

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Seis meses después de la muerte de Hiroshi…

¡No me importa lo que me ofrezca! —dijo airadamente Asami al joven administrador que tuvo que aguantar la descarga de frustración de la mujer—. Ni todo el dinero que pueda poseer me va a hacer cambiar de opinión. ¡Me ofende con sus palabras, señor! —no apartó su mirada de Kai que se revolvió en su asiento detrás del escritorio de su despacho en la hacienda.

Despacho que había pertenecido a Hiroshi antes que él. Regresar a la casa Mayor le había revuelto el estómago al recordar a su padre y a Kuvira y todos los momentos que había compartido con ambos en esa casa.

—Señora… ehm… Sato —trastabilló al referirse a ella por su apellido de soltera—. Únicamente estoy entregando el acuerdo que la comandante Kuvira ha tenido a bien ofrecer. Él cual es, por cierto, muy generoso. ¿Qué caso tiene el negarse a firmar el divorcio que usted misma ha solicitado? —eso hizo que las mejillas de Asami se tiñeran de rojo por la indignación que sentía y sin más, le aventó los papeles que le había entregado.

—No voy a darle explicaciones a usted, ¡señor! —quería contenerse pero no estaba haciendo un buen trabajo—. De ninguna manera voy a firmar si Kuvira no está presente —se levantó del asiento dispuesta a salir del lugar—. Es mi matrimonio. ¡Mi vida! No un contrato cualquiera que puede deshacer enviando a un mensajero. ¡Merezco algo mejor que eso!

Dicho aquello dejó el despacho sin mirar atrás. El joven administrador suspiró exhausto, tendría que ir a la capital y tratar el tema con la comandante si es que la encontraba aún allí. De acuerdo a la última vez que había hablado con Kuvira, estaría por poco tiempo en la capital, pues constantemente se movilizaba por los diferentes estados del país para ver asuntos de gobierno. Al final, después de mucho pensarlo decidió hablar con Korra para ver si ella podía hablar con Asami y resolver esto de una buena vez. Era urgente que quedará finiquitado el divorcio o él pagaría las consecuencias.

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—Se que es mucho atrevimiento de mi parte —Kai había encontrado a Korra en el campo junto a su padre Tonraq, estaba ayudándolo con el trabajo y el administrador se había acercado a ella para tratar el delicado tema a solas—, sin embargo hay algo que debo discutir con usted.

—¿Qué es lo que quiere Kuvira? —le preguntó de forma hosca, a Korra no le gustaba mucho tener que hablar del matrimonio de Asami y menos con uno de los empleados de la comandante aún cuando fuera el pretendiente de su amiga Jinora.

—¿Sabrá que hoy me reuní con la señora Sato para hablar del... divorcio? —dudo un poco en sí era o no una buena idea acudir a Korra, después de todo la chica lo veía con muy mala cara y sentía que corría un peligro más inmediato con ella que lo que pudiera pasarle posteriormente.

—Eso lo sé, ¿hubo algún problema? —la morena quiso saber, pues después de todo le interesaba el asunto, pero no estaba siendo nada amable con el chico.

—Bueno… —meditó un poco el cómo abordar el tema con delicadeza y no perder la cabeza por ser el mensajero—. La comandante envío los documentos con el acuerdo de divorcio, ofreciendo un buen trato, la remuneración total de la dote que acordará con el difunto señor Sato, una parte proporcional de las ganancias de la hacienda como pensión vitalicia para la señora, así como un par de propiedades adicionales a la que ya habita actualmente —Korra frunció el ceño con más fuerza a medida que el administrador hablaba, le molestaba el hecho de que Kuvira pudiera ofrecerle tal cantidad de dinero como si aquello fuera cualquier cosa y se sintió humillada por la humildad de su origen y lo poco que podía ofrecer a la mujer que amaba.

—¿Qué problema hubo? —volvió a decir enojada, ya se imaginaba la respuesta pero no sabía si quería oírla o no.

—La señora Sato se ha negado a firmar —dijo sin dar más rodeos, vio a la chica y por la cara que tenía podía ver que su paciencia estaba el límite tratando de contenerse mientras oprimía con fuerza el puente de si nariz.

—¿Y quiere que la convenza de hacerlo? —soltó casi con un gruñido y Kai desistió de seguir adelante ante su reacción tan brutal.

—Bueno, era una sugerencia —tragó saliva con dificultad—. La comandante está atendiendo asuntos importantes del gobierno y será muy difícil que ella venga a la hacienda como lo desea la señora Sato, al menos en el corto plazo —Kai sudo frío ante la mirada asesina de la chica y recordó las muchas historias que Jinora le había contado de ella—. Esto podría prolongarse por mucho más tiempo y...

—No diga más —Korra lo calló—, veré qué puedo hacer.

Lo despidió sin mucho preámbulo bastante enojada y salió enseguida hecha una furia rumbo a la casa que compartía con Asami. No quería seguir esperando a que ese divorcio estuviera resuelto. Ya tenían muchos problemas así como estaban como para tener que seguir aguantando esa situación. Quería a Kuvira fuera de sus vidas ya.

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—¿Por qué no quieres terminar con esto de una buena vez? —llegó del campo a la casa casi derribando la puerta sobresaltado a Asami que estaba en el interior.

La joven esposa había llegado de su entrevista con el administrador de Kuvira hacía poco tiempo y aún estaba recuperándose del altercado que había tenido con esté sobre el divorcio. El ver a la morena en ese estado la alteró un poco así que trato de calmarse y buscar una manera de no pelear con ella por ese tema.

—¿De qué estás hablando? —le dijo Asami aunque ya sabía a qué se refería—. ¿Has vuelto a salir sin llevar tu bastón? Sabes que eso te provoca malestar cuando no lo usas —la reprendió para desviar el tema, sin embargo Korra no permitió que hiciera eso y permaneció mirándola seriamente.

—Kai me ha dicho que te negaste a firmar el acta de divorcio. ¿Por qué? —la chica sólo desvió la mirada tratando de pensar una excusa pero simplemente no tenía ninguna o quizás la morena no lo entendería, la espera solo exasperó más a Korra—. ¿Es que aún la amas? —la furia inicial de su tempestad pareció suavizarse para pronunciar esa pregunta que sonó más a una súplica con un dejo de reclamo.

—Te amo a ti, eso lo sabes —miro esas pupilas azules y vio cómo se transformaron de la tristeza a la furia en un segundo de nuevo avivando su tormenta.

Korra no podía seguir soportando lo que decía Asami, así que al fin explotó, como un huracán, con todo lo que llevaba guardado desde hacía un tiempo y no había querido hablar.

—¡¿Por qué me mientes de esa manera?! ¡¿Por qué dices que me amas cuando evidentemente eso no es cierto?! —gritó sin medir el volumen de su voz—. Te niegas a separarte de ella, ¿es por qué aún la amas? ¿Sigues guardando la esperanza de que vuelvan a estar juntas? —Asami sacudía la cabeza enérgicamente negando a cada pregunta de la chica morena y sus ojos se anegaron con lágrimas sin derramar—. ¿Te arrepientes de haber terminado atada a mí? Porque si es así puedes irte cuando gustes, no quiero ser una maldita carga para nadie —la frustración se había apoderado de la morena arremetiendo fuertemente sin compasión en ella o en Asami.

—¿Pero qué dices? —intentó acercarse a Korra pero esta la rechazó empujándola hacia atrás, el movimiento hizo que la morena se tambaleara por el pobre equilibrio que tenía al estar apoyada sobre un pie debido al dolor que le aquejaba sobre su otra pierna—. Mira como te pones, no vuelvas a decir eso. Te amo, de eso nunca debes tener duda... Te amo Korra —volvió a insistir pero de nuevo fue rechazada, Asami pudo ver el dolor en los ojos azules de Korra, no era solo un dolor físico, le dolían ellas dos, en lo que se estaban convirtiendo.

—Tal vez me amas o crees que me amas pero a ella también la amas, ¿no es verdad? —se llevó una mano al muslo apretándose fuertemente el músculo que se contrae con el exabrupto buscando algún tipo de alivio. Solo que no era suficiente, en este momento nada era suficiente para aplacar su dolor.

—Ven siéntate, te estás acalambrado de nuevo —le ofreció amablemente el asiento de la sala para conciliar un poco entre ellas pero la morena no hizo caso.

—¡Respondeme! —le gritó nuevamente rechazando tajantemente la ayuda y Asami perdió al fin los estribos dejándose arrastrar por el vendaval.

—¡¿Qué deseas que te diga?! —respondió retóricamente en tono de reproche—. ¿Quieres saber si la amo, si quiero volver a verla y regresar a su lado? Bueno —tomó aire mirando fieramente a Korra, no sé iba a guardar las cosas, no esta vez—, sí, la amo. ¿Tanto como te amo a ti? ¡No lo sé! Son amores diferentes. ¡Sí quiero volver a verla! Pero no para regresar a su lado. Simplemente no puedo hacerme a la idea de que tenga que firmar un maldito papel y todo lo que hubo entre ella y yo terminé como un mero trámite burocrático —la furia inicial fue mermando poco a poco y sus ojos empañados amenazaban con desbordarse al fin—. Creo que me merezco más que eso… lo que teníamos merece más que eso.

Se dejó caer derrotada en una de las plazas de la sala con una Korra que ahora la veía con más comprensión, aunque aún seguía molesta y dolida por oírla decir que amaba a Kuvira. Aunque podía entender la razón, la morena no podía seguir allí, no de esa manera. Ella también estaba mal herida y no podía darle el consuelo que Asami quería o necesitaba o siquiera era de ella de quien lo quería. Dio la media vuelta y regresó al campo yéndose lo más lejos que pudo.

Anduvo hasta donde sus lágrimas dejaron de derramarse y sus ojos quedaron secos por un momento. Las dos podían amarse pero era evidente que ese amor no era suficiente para la otra y viceversa. Al final acabó en casa de su padre y se quedó con él por un par de días. No se sentía en condiciones para mirar a Asami a la cara y necesitaba pensar muchas cosas.

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Algunos días pasaron después de la pelea donde Korra no dejo de pensar en la mujer de labios rojos. Se había refugiado en casa de su padre huyendo de sus sentimientos y de Asami, pero se dio cuenta que no podía hacer eso por siempre. La amaba demasiado, la había deseado tanto que ahora que estaba con ella no era suficiente. Ambas habían pasado por tantas cosas y conocido a otras personas que dejaron su marca en ellas que ahora eran personas completamente distintas, tan distintas que no podía reconocer a la Korra entusiasta, alegre y bulliciosa que era cuando niña. Asami tampoco era la niña dulce y tierna que la esperaba por las tardes para jugar, esa niña que al verla se iluminaban sus ojos esmeralda y participaba de sus travesuras poniendo de cabeza a todas las sirvientas de la hacienda.

Se armó de coraje y decidida a encarar la situación fue a buscar a Asami. Debían resolver sus problemas y tratar de que a pesar de sus actuales diferencias siguieran adelante luchando por el amor que sentían por la otra.

—Asami lamento lo que pasó —comenzó a hablar en cuanto quedaron en silencio en la sala donde fue recibida la morena. No quería perder el tiempo ni andarse con rodeos—. Me deje llevar por mi frustración y dije cosas que no debía.

Un pequeño resoplido salió de los labios de la chica y cambió el semblante duro a uno más suave al ver la sincera disculpa de la otra mujer.

—Yo… yo también debo disculparme contigo —relajó el cuerpo pues pensó que Korra querría seguir discutiendo pero no era así—. Las cosas se salieron de control y entiendo que te incomode el tema sin embargo es algo que debo hacer, qué necesito hacer —"siento que aún tengo cosas que aclarar con ella sobre lo nuestro" pensó, sólo que no lo externó a la morena para evitar una confrontación de nuevo.

—Lo entiendo Asami, es simplemente que los celos me ganan la batalla —agacho la cabeza apenada, le era difícil tener que admitir aquello—. Me vuelvo loca de pensar que ames a Kuvira y que si la vuelves a ver quieras regresar con ella a pesar de haber matado a tu padre —se mordió la lengua al decir eso, sabía que era una bajeza usar ese argumento en contra de la otra mujer a quien consideraba su rival. No iba a perder a Asami.

—Tengo presente eso Korra, no tienes que recordarlo —regreso a su postura molesta y la morena supo que erró el tiro.

—Si… perdona —se rasco la nuca en señal de nerviosismo y miró a Asami con pena.

—Dejemos el tema por la paz —le dijo la joven algo ya cansada de tener que pelear con ella sobre su matrimonio y Korra asintio, ella también deseaba terminar con todo el asunto, no soportaba estar así con la mujer que amaba.

La morena extendió la mano para tomar la de Asami y después de un instante de vacilación correspondió entrelazando sus dedos níveos con los tostados de Korra pactando una tregua momentánea.

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Ocho meses después de la muerte de Hiroshi...

—¡Mako, amigo! ¡Que gusto verte! —el joven hermano había llegado de visita al pueblo después de meses de haberse ido a la capital y la morena lo recibía con gusto después de no haberlo visto todo ese tiempo.

—Es bueno verte a ti también Korra —le devolvió el efusivo saludo con un fuerte abrazo y un apretón de manos de camaradas.

—Tienes que contarme todo lo que has hecho y como te ha ido en este nuevo trabajo —lo invitó a entrar a la casa y se instalaron en la sala muy animados los dos por la grata sorpresa de volver a reunirse.

—Claro que sí, hay mucho de qué hablar —le dio una gran sonrisa y Mako pudo notar que Korra podía moverse más libremente a pesar de su lesión a diferencia de cuando se fue del pueblo meses atras, parecía que estar al lado de la mujer que amaba le había ayudado en su mejora—. Pero cuéntame primero, ¿cómo ha ido tu recuperación?

—Ha sido un poco difícil al principio, pero Asami me ha ayudado mucho —dijo un poco incómoda y eso no pasó desapercibido para el chico que vio su tribulación.

—¿Y que ha sido de ella? ¿Dónde está la mujer de tu vida? —la miró preocupado y Korra sólo atinó a rascarse la nuca con nerviosismo, no sabía cómo explicarle la situación.

—Debe estar en el pueblo... en el hospitalito… las cosas han sido algo complicadas últimamente —exhalo el aire en sus pulmones con abatimiento apenas dando una sonrisa melancólica. Mako se sorprendió de ver el rápido cambio en el humor de su amiga.

—Pero si cuando me fui todo parecía estar muy bien entre ustedes. ¿Qué es lo que pasó? —los ojos ámbar del chico se fijaron sobre ella y Korra quiso desahogar todo lo que tenía con su mejor amigo pero aún se resistía a hacerlo. Le daba algo de vergüenza admitir frente a él que las cosas no le estaban saliendo según lo que ella esperaba.

—Pasó... pasó que las cosas nunca son como uno las espera —dijo con algo de amargura—. Sin embargo ahora no quiero hablar de eso... aún. Cuéntame todo acerca de la capital en su lugar, quiero saber todo lo que has hecho y que ha pasado por allá —cambió su tono a uno más interesado y entusiasmado desviando el tema de su fallida situación sentimental.

—La jefa Lin me ha hecho su segundo al mando en la policía de la guardia —se mostró orgulloso y Korra le dio una fuerte palmada en el hombro, en el fondo envidió un poco la buena suerte de su casi hermano—. Me acaba de poner a cargo de la seguridad de la presidenta y voy a necesitar gente de confianza y con experiencia para ayudarme —la morena alzó ambas cejas con sorpresa ante la invitación tácita en las palabras de Mako.

—Espera, estás diciendo que… —el chico asintió.

—Nadie mejor que tú para ayudarme con esto. ¿Te interesaría regresar al servicio? —aquella petición le hizo latir el corazón de forma acelerada.

La morena extrañaba la vida militar aunque no quisiera admitirlo de buena gana, la verdad era que se aburría sobremanera estando en el campo arreando ganado o checando la cosecha y a los jornaleros. Ansiaba algo más emocionante que le permitiera salir de esa rutina en la que había caído y que le asfixiaba más que su mala movilidad con la pierna.

—Eso sería… ¡Genial! Pero, Lin es la nueva jefa, yo deje ese puesto de forma voluntaria… —titubeó y presionó su pierna recordando el por qué no había vuelto.

—Lo sé, hablé con ella y por eso vine aquí —Mako le dio una palmada en el hombro para darle ánimo—. Tal vez es muy pronto para que puedas regresar a tu cargo anterior, si así lo desearas, sin embargo puedes hacer las veces de un asesor, por así decirlo, y retomar el ritmo poco a poco.

—¿Eso qué significa? —el chico sonrió ante la duda de la morena.

—Que más vale que me digas que si aceptas y pongas ese culo tuyo oxidado a trabajar en lo que se que te gusta hacer —Korra se rascó la cabeza aún indecisa pero el ver el entusiasmo de su amigo la animó un poco—. No me iré de aquí sin llevarte conmigo —finalizó el chico diciendole que no aceptaría un no por respuesta.

—Mako yo… —hizo una mueca pensando que decir—. ¡Maldita sea! ¡Claro que sí! —terminó aceptando la proposición.

—No esperaba menos —se dieron un fuerte apretón de manos y Korra dejó que por un momento la emoción de una nueva tarea, un nuevo propósito, la contagiará de alegría.

—Necesito salir de aquí y hacer algo productivo conmigo —aunque pensó en Asami, no quería dejar ir esta oportunidad, las cosas no estaban bien y quizás un cambio de aires le ayudará a aclarar la situación y que ambas pudieran arreglar sus problemas.

—Hay mucho trabajo por hacer —Mako se cruzó de brazos adquiriendo una pose seria para hablar más formalmente de la situación actual—. La jefa Lin está inquieta, al igual que la presidenta, Kuvira a estado yendo y viniendo por los estados presionando a los gobernadores para unirse a su bando, para apoyar a Iroh —el rostro preocupado del chico hizo ver a Korra que las cosas en la capital debían estar muy tensas como para que Lin Beifong la buscará a ella siendo que en este momento no tenía casi presencia en el ejército.

—¿Realmente Kuvira se ha puesto en contra de Suyin? —dijo escéptica, ambos sabían del trato que la comandante había hecho con Iroh y lo inevitable que era una confrontación con la presidenta, todo eso por Asami y por salvarlos a ellos.

—No lo sé, pero Opal la acompaña y tristemente también mi hermano —se lamentó eso último, no le agradaba el que Bolín siguiera a la comandante en esa misión—. He hablado con él y le he pedido que regrese a la guardia conmigo pero se ha negado, dice que tiene una deuda con Kuvira y no la va a dejar hasta que haya sido saldada.

—Me sorprende que Opal también esté con ella cuando antes se aborrecían —frunció el ceño molesta de oír eso, sabía las motivaciones de Bolín, ¿pero de Opal? No terminaba de comprenderlas.

—Pues hay rumores de que hay algo más entre ellas, chismes de la corte —eso terminó de arruinar su humor, aquello le golpeaba el ego en lo más profundo.

—No lo creo, Opal no le haría eso a su madre y Kuvira menos aún, son sólo habladurías —sentenció de forma tajante la morena desacreditando esas habladurías.

—Sea lo que sea, la influencia de Iroh está creciendo demasiado y la jefa teme que pueda levantarse contra la presidenta —Korra asintió dándole la razón. Sin duda haría lo necesario para ayudar a su amigo y a la jefa Lin y evitar lo que sea que se estaba formando.

—No hay tiempo que perder entonces —dijo presta la morena—, alistaré todo para que nos vayamos lo más pronto posible.

—¿Asami vendrá con nosotros? —preguntó Mako sin querer volviendo a poner el dedo en la llaga de la morena, tragó saliva.

—Hablaré con ella, pero creo que aceptara, Asami también tiene asuntos que resolver en la capital —el chico no dijo nada más al ver el enojo presente en las fracciones de su amiga.

Ya hablarían de eso con más calma después.

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