Entre el amor y el deber

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra.

NdelA: ¡New chapter! En el siguiente vamos a cruzar caminos de nuevo y veremos cómo reacciona Kuv, Asami. Korra y Opal con la nueva amenaza.

Ya ha sido mucho preámbulo y necesito interacción Kuvirasami pronto, una pelea Korvira y un poco de celos Opalsami...

— o —

Con un fuerte empujón apartó a Opal de su lado, la chica cayó de espaldas con fuerza contra el piso mientras Kuvira se alejaba con rapidez, sólo que la manta que la cubría se le enredó en los pies haciéndola resbalar y caer también al suelo. Su rostro estaba descompuesto en el desconcierto y el terror. Como pudo se arrastró hasta pegar en la pared.

Tenía el miedo saliendo por cada poro de su ser, su mirada vagaba por toda la habitación pasando de uno a otro de sus compañeros y buscando una salida. Bolín anticipó su escape al ver que finalmente posaba sus ojos en la puerta y le cerró el paso.

—¡Comandante tranquilícese! —intentó calmarla pero la militar parecía no hacer caso, retrocedió de nuevo hasta un rincón de la habitación.

—¡¿Dónde estoy?! ¡¿Quienes son ustedes?! —se encogió haciéndose un ovillo enterrando la cabeza entre sus piernas.

—¿Qué demonios te pasa Kuvira? —Una Opal adolorida se sobaba el trasero debido a la caída.

—¿Dónde estoy? ¿Quienes son ustedes? —volvió a repetir siendo su voz amortiguada por la posición en que se encontraba.

—¿Pero qué…? —iba a decir Opal sólo que fue interrumpida por el chico.

—Soy Bolín, ella es Opal —la mujer alzó la cara mirándolos a ambos, sus mejillas tenían lágrimas que se mezclaban con los restos de sangre.

—Llévame de regreso a casa, mi padre se va a molestar mucho si sabe que no llegó a trabajar —habló en un tono casi infantil—. Por favor señor.

Los chicos se vieron sin saber que hacer o que decir. No entendían que estaba pasando.

—Tal vez sea la droga que le pusieron —determinó la joven Beifong con desconcierto—. Kuvira trata de calmarte.

—Usted no entiende mi padre es un hombre muy estricto, tengo que regresar a casa —la miró con desesperación, suplicándole la dejaran ir.

—Kuvira, no podemos hacer eso —un sollozo escapó de los labios de la mujer arrinconada y Bolín intervino antes de que Opal siguiera hablando.

—Lo haremos, sólo que primero debemos limpiar y curar tus heridas —le extendió la mano con cautela para que saliera del rincón.

Kuvira contempló la mano sin saber si debía o no aceptar su ayuda. Hasta ese momento se percató del estado de sus ropas y de la sangre que estaba impregnada por toda ella. Bolín sonrió para infundir confianza y poco a poco fue saliendo del escondite que había hecho con su cuerpo. Su mano temblaba cuando el chico la tomó para levantarla.

—Todo estará bien, somos amigos —ella agitó la cabeza limpiando las lágrimas de sus ojos.

Con cuidado la guió junto a Opal a quién indicó la ayudará. La chica sólo bufó con frustración y de mala gana llevó a Kuvira al cuarto de aseo y la dejó allí para que se diera un baño. Le indicó donde estaban las cosas y la dejo a solas.

— o —

Habían discutido sobre qué debían hacer ahora. Opal mantenía su postura acerca de que su comportamiento se debía al efecto de lo que fuera que le hubieran dado para drogarla. Bolín sólo se jalaba el cabello nervioso paseándose por toda la habitación preguntándose el qué harían ahora. Evidentemente Kuvira no podría cumplir con las exigencias de Iroh y con la promesa a Opal de proteger a su familia.

—¡Ya deja de hacer eso! —le dijo al fin la chica con la paciencia al límite, tenía ganas de tomar a Bolín y darle un par de cachetadas para que dejara el pánico por la paz.

—Pero… pero… Opal, la comandante… ella no puede estar así… las cosas no deberían estar así —iba a replicar pero en ese instante Kuvira salió del cuarto de aseo vistiendo una camisa blanca y su pantalón del uniforme.

—¿Qué… qué es lo que está pasando? —una titubeante Kuvira cuestionó a los dos chicos.

—Ven aquí —Opal la llamó y con recelo la mujer se acercó hasta ella—. Siéntate, debemos hablar seriamente, nosotros somos tus amigos y aliados, no vamos a hacerte daño, estamos preocupados por lo que está su ediendo y queremos ayudarte. Por eso necesito que nos cuentes todo lo que recuerdes sobre dónde estabas y lo que estabas haciendo. ¿Estas de acuerdo? —cambio su tono de voz a una suave petición tomando las manos de Kuvira entre las suyas dando una mirada cálida y de ternura.

—Yo… yo he estado tratando de recordar —desvió sus ojos oliva en dirección a Bolin, la chica la ponía nerviosa por alguna razón que no comprendía—. Solo que nada viene a mi mente.

—Dijiste algo sobre un tal Amón —al oír el nombre su cara de desconfianza se viró a una de miedo—. Si no quieres hablar de eso, entonces no hablemos de ello.

—Lo siento… —dijo apenada haciéndose un ovillo—. Lo único que recuerdo es estar esta mañana trabajando en el establo de la casa de mi padre y después… no tengo claro qué pasó después… —se hundió en sus pensamientos.

La desesperación empezó a apoderarse de Opal y bajó los brazos dándose por vencida, entendía que presionando a Kuvira no lograría nada. Debía ser práctica o algo parecido, sólo que el miedo había paralizado su cerebro y no podía pensar con claridad. Acarició un mechón húmedo del cabello de la militar para tratar de tranquilizarse.

—Es tarde —curvó su boca enseñando una sonrisa aunque no resultó como esperaba por la expresión de Kuvira que agachó la cara—. Ven es mejor dormir un poco y tal vez descansar te ayude a aclarar la mente.

La llevó hasta la cama sin que ella opusiera resistencia. Con cuidado la metió dentro cubriéndola con las mantas. Bolín las dejo a solas después de que Opal prácticamente tuvo que sacarlo a empujones del cuarto, negándose a irse, y regresó a su lado.

Sus ojos estaban adormilados, no entendía cómo es que estaba tan cansada cuando no podía recordar qué era todo lo que había hecho para estar así. Sintió la presencia de la chica de cabello castaño a su lado en la cama y su mano peinando su cabello. Una punzada de dolor llegó pero Opal la calmó.

—Solo estoy curándote —su mano tenía un paño con un líquido que ardía con el contacto produciéndole un ligero escozor—. Se una niña grande, debes ser fuerte.

—Lo soy —contestó somnolienta cerrando los ojos.

Las atenciones y cuidados duraron muy poco para su gusto, deseaba tener más de ese sentimiento de calidez que la chica le daba. Parecía que habían pasado años desde que alguien se había mostrado cariñoso con ella. Su padre no se caracterizaba en ser una persona cariñosa sino todo lo contrario.

—No te vayas, por favor —se aferró a su mano impidiendole retirarse.

—No me iré si tú quieres —en esta ocasión una sonrisa sincera apareció en su rostro y eso calmó los restos de ansiedad que aún quedaban en el fondo de Kuvira.

—Gracias —acaricio su mejilla lastimada con precaución y se acercó depositando un beso en su frente.

Apartó las mantas y se acostó a un lado de ella con una Kuvira que se prendió de Opal en un abrazo posesivo hundiendo su cabeza en su pecho. Aquel gesto tomó desprevenida a la joven Beifong pero no la rechazó, envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo acariciando el cabello que caía en su espalda.

Esto era un sentimiento que estaba removiendo cosas que pensó estaban enterradas y acabadas en lo profundo de su ser. Ver a Kuvira de ese modo, tan vulnerable, tan linda entre sus brazos, tan frágil, era algo complicado de procesar. Se sentía extraña. Un pensamiento irónico cruzó su mente.

—Parece que no eres la única que regresó a su pasado —dijo en un susurro con sus labios sobre la coronilla de la otra mujer.

La respiración acompasada tomó el control y el cansancio las venció. Ambas quedaron dormidas confortablemente la una junto a la otra.

— o —

—¿Y bien? —el chico regordete asomo la cabeza dentro de la habitación luego de llamar a la puerta y que Opal lo dejara pasar.

—Buenos días Bolín —lo miró con ojos inquisidores por su falta de educación.

—Je, buenos días —se corrigió—. ¿Cómo está la comandante?

—Igual, no parece recordar nada. Para ella es como si tuviera doce años y aún estuviera viviendo bajo la tutela de su padre —dijo desanimada.

Los dos se mantuvieron a la distancia de donde estaba la militar desayunando alegremente. Kuvira comía con ánimo, su apetito voraz estaba arrasando con todo lo que los sirvientes habían traído para comer.

—Iroh no estaba muy contento cuando le he dicho que Kuvira estaba indispuesta para acompañarlo a desayunar y a sus reuniones de trabajo —comentó Bolin—, lo bueno fue que Tarrlok intervino diciendo que por hoy podrían esperar si la salud de la comandante no era del todo buena.

—No podremos ocultar esto por mucho tiempo —se pasó la mano por su corto cabello para calmar su ansiedad.

—¿Qué vamos a hacer Opal? —dijo con angustia el chico.

—Retirarnos no es una opción, debemos ser honestos con ella y tratar de que sigamos adelante con el plan —caminó hasta ponerse a un lado de Kuvira y tomó asiento junto a ella.

El chico la siguió colocándose en el otro lado de la mesa. El silencio cayó sobre los tres. Kuvira dejo de comer, aunque su plato ya estaba vacío, y los miró. El abatimiento se había apoderado de ellos dos y ella lamentaba ser la causa de su tristeza, sobre todo de la chica. Se sonrojo levemente al acordarse de cómo había amanecido esta mañana.

El cuerpo de Opal yacía encima del suyo aprisionado con uno de sus brazos que rodeaba su espalda impidiéndole moverse de allí. Su otra mano descansaba apretando uno de los glúteos de la chica, por inercia del sueño estaba masajenandolo pensando que era un mullido cojín. Se asustó mucho cuando abrió los ojos y tomó conciencia de lo que estaba haciendo. Sin embargo aquello no pareció molestar a Opal, sino por el contrario, al despertarse y darse cuenta se echó a reír. Eso la avergonzó más.

—Vamos a hablar —la voz de Opal la sacó de su mente y fijó sus pupilas verdes sobre las de ella—. Seremos claros, Kuvira, acerca de lo que está pasando. Necesito que tú también lo seas y sobre todo necesito que nos ayudes a terminar esto —la aludida retiró el plato frente a ella, subió los codos agarrándose la cabeza que pegó a la mesa apretando fuertemente sus ojos.

Permaneció en esa posición unos segundos hasta que al fin alzó la cara.

—Lo único que puedo recordar es a un hombre… llevaba puesta una máscara…

"De pie frente a ella estaba aquel sujeto. La había arrastrado y ahora la sentaba en una silla. Se sentía pesada, como si su cuerpo estuviera siendo aplastado contra la superficie de la tierra y aunque usará toda su fuerza no podría siquiera levantar un dedo. Tenía imágenes borrosos de lo que pasaba a su alrededor y una intensa sed se apoderó de ella. La boca la sentía pastosa y seca, aunque no deja de sudar copiosamente. Apenas podía enfocar lo que tenía a escasos centímetros de la cara.

Sintió un pequeño pinchazo y después un tremendo dolor que se convirtió en agónico suplicio cuando el líquido que habían inyectado comenzó a esparcirse por su cuerpo. Era como fuego abrazador que quemaba sus músculos y no pudo evitar gritar por la intensa sensación de daño que estaba sufriendo.

Comandante lamento tener que someterla a este procedimiento tan doloroso pero es necesario para mis propósitos —escucho la grave voz del enmascarado.

¿Qué quieres de mí? —alcanzó a decir por encima de su agonía sin poder ubicar donde estaba el que le infringía tal suplicio, sus ojos ya solo podían distinguir entre luz y oscuridad.

Esto es un trato que beneficiará a ambas partes —un nuevo pinchazo seguido de otra ola de fuego la hizo revolcarse y comenzar a temblar de forma incontrolable mientras que de su nariz un hilo de sangre se abría camino.

Después de unos minutos que parecieron siglos, los temblores empezaron a disminuir hasta volverse ocasionales espasmos involuntarios. Ya no se sentía en control de su cuerpo ni de su mente. Gruesas gotas de sangre caían sobre su uniforme desde las fosas nasales y su mirada estaba perdida sin poder enfocar imagen alguna.

Vera comandante, estoy aquí para ayudarle y usted hará lo mismo conmigo —la voz grave en su oído le hizo saber—. Le voy a dar aquello que está buscando con desesperación… no más sufrimiento, no más recuerdos dolorosos, no más pena por el amor perdido. Le daré el regalo del olvido y a cambio, usted me dará la cabeza de mis enemigos."

—Eso es lo único que pude recordar —dijo regresando al presente esperando una palabra de sus compañeros que sólo la miraban con estupefacción—, antes de eso solo me acuerdo de estar alimentando a los caballos y cepillando sus lomos antes de que el capataz viniera a reprenderme por hacerlo mal y me llevará porque mi padre quería hablar conmigo sobre mandarme a la capital a estudiar.

—Entonces, ¿no te acuerdas de mí madre o de Baatar o de mí? —Kuvira bajó la cara avergonzada dando un pequeño y casi inaudible no.

—Ni de la muerte de tu padre o de tu sue… —antes de que siguiera hablando Opal tapó la boca de Bolin para callarlo y que no dijera nada sobre su matrimonio con Asami y todo lo que sucedió.

Para fortuna de Opal, Kuvira no se percató de su acción.

—¿Mi padre murió? —preguntó alzando la mirada con tristeza y ellos asintieron—. No tengo más familia —dijo con pesar.

—Nos tienes a nosotros, somos también tu familia —para asombro de Bolin, Opal se mostró linda y tierna diciendo aquello, era sorprendente verla actuar de esa manera cuando apenas un par de días antes no podían estar en la misma habitación sin estar atacándose la una a la otra.

—Si…si es verdad —habló el chico recobrandose de la sorpresa y Kuvira agradeció sus palabras—. Hemos pasado por muchas cosas comandante.

—¿Por qué me llamas así? —dijo confundida.

—Creo que tendremos que hacerte un resumen de lo que ha pasado con tu vida desde lo último que recuerdas —pronunció Opal suspirando profundo.

¿Qué es lo que debía o no decirle? Se cuestionó Opal. Todo parecía hecho con el propósito de que Kuvira olvidará a Asami y a Suyin, así que no sabía si debía mencionar la verdad de sus relaciones o simplemente omitir esa parte. Aunque si hacía eso no podría explicar muchas cosas del porque estaban aquí hoy. Tamborileaba con sus dedos la mesa buscando las palabras para comenzar.

—Fuiste a la capital para estudiar en la Academia militar —tomó la palabra Bolín al ver la indecisión de la chica Beifong que salió de su ensimismamiento al oírlo.

—Si —secundo—, mi hermano Baatar jr fue tu compañero y mejor amigo allí.

—¿Baatar? —un pequeño destello de dolor cruzó su cabeza.

—Mi madre fue tu mentora y después tu jefa cuando te graduaste y formaste parte de la caballería —deliberadamente omitió la parte de que fue también su amante—. Tu padre murió hace un par de años y tuviste que regresar a la hacienda para hacerte cargo. Descubriste que el administrador de tu padre estaba haciendo fraude y robándose tu herencia así que buscaste la manera de apresarlo. Sin embargo él se opuso y Baatar murió ayudandote —volvió a omitir, pero ahora a Asami—. Hiroshi Sato, el administrador, te quito todo y tuviste que huir, Bolín te acompaño y juntos fueron al encuentro de Iroh.

—Usted pacto con él para que le prestara su ejército y parar a su sue… —Opal lo pellizco cuando iba a meter la pata—, su administrador —corrigió adolorido por el salvajismo de la chica—. La gente de su pueblo corría peligro y aceptó apoyar a Iroh y ayudarlo a obtener el favor de los gobernadores para conseguir el poder como presidente.

—El problema es que estuviste contra la pared, pues era salvar a tu pueblo y traicionar a tu mentora y ahora presidenta o perderlo todo y dejarlos morir —la cara de Kuvira se veía abrumada y Opal paró—. ¿Estas bien? Creo que es demasiado para asimilar en un momento.

—No… no, estoy bien —contestó contrariada—. Es que… no puedo creerlo. Jamás imaginé que viviría todo eso. Son muchos años… ¿Qué más pasó?

—Los tres acordamos hacerlo —suspiró—. Creías que Iroh podría dañar a mi madre pero no podías dejar morir a tu gente. Le advertimos para que tomara sus precauciones mientras nosotros desde dentro buscamos la forma de evitar que el cometa una fechoría.

Esto era mucho por asimilar. Creyó podría hacerlo pero la estaba rebasando. Ella sólo era una chica de doce que tenía problemas de un adulto demasiado complicado. Se levantó y caminó por la habitación. Llegó hasta donde el espejo le devolvió su reflejo y se contempló. Lo que veía no era una niña de doce, era una mujer de más de veinte años. Sus ojos se veían cansados, su piel tenía pequeñas cicatrices y otras más grandes. Era ella pero no lo era. No podía reconocerse.

—Te necesitamos para seguir adelante, tenemos que detener a Iroh y evitar que lastime a mi madre o a cualquier otro de mi familia —la chica se puso a su lado poniendo una mano sobre su hombro—, también es tu familia… yo soy tu familia.

—Necesito un momento para pensar —dijo separándose del contacto.

—Esta bien —sintió el vacío en la palma de su mano cuando Kuvira se retiró y la atrajo hasta su pecho—. Bolín y yo saldremos… no quiero presionarte pero esta noche hay una recepción donde debemos estar presentes, tú cómo la comandante debes estar allí.

La puerta se cerró dejándola dentro con todos los sentimientos enrevesados. Estuvo algunos minutos más mirándose al espejo viendo en lo que se había convertido.

—¿Piensas abandonar a mi hermano ya así? —una voz detrás de ella la sacó de sus pensamientos y la asustó cuando se dio la vuelta.

—¿Quién eres tú? —un joven soldado se reía de su reacción.

—¿Es que no te basto con romperle el corazón una vez para tener que hacerlo de nuevo? —el chico se acomodó las gafas y cruzó los brazos adquiriendo una pose seria.

—¿Baatar? —pregunto tentativa—. Tú estás muerto, ¿no es así?

—Y tú pierdes el tiempo en tonterías —la reprendió—. Haz lo que debes hacer.

—Pero… —derrotada se sentó en el sofá preparada para poner una excusa pero Baatar la interrumpió.

—No hay peros. El dolor no se olvida, se aprende de él, se supera y se sigue adelante —el joven capitán se puso a su lado—. Sé que no buscaste esto, sólo no lo uses como pretexto para no cumplir tus promesas y evadir tus problemas. Detén a Iroh, acaba con la tontería de Amón y consigue a la chica que amas —dijo como si aquello fuera la cosa más sencilla por hacer y por extraño que parezca, Kuvira se sintió bien.

Su amigo, su hermano.

El aluvión de memorias cayó sobre ella. Uno tras otro. Todos ellos relacionados con Baatar. El día que lo conoció, lo mal que empezaron y cómo poco a poco fueron acercándose hasta que forjaron una amistad inseparable. Eran como pequeños destellos, momentos que aparecieron como las luciérnagas en la noche, que desaparecen para surgir nuevos. Aunque la gran mayoría eran incompletos, con grandes sombras detrás de ellos. Había unos que no, se reproducen en su mente con gran claridad. Como si una voz en su cabeza estuviera diciéndoselos en ese momento. Una voz grave, profunda e imponente.

—Ve por ello, cuida de mi hermanita y del tonto de Bolin —se río confiado dándole una palmada en la espalda que le provocó un escalofrío—. Es un viaje largo y si me haces venir de nuevo te pateare el trasero.

Cuando alzó el rostro para verlo de nuevo, ya no estaba. Se quedó sola en la habitación. Solo los ecos de la voz resonaban en el silencio. Tomó aire profundamente. Debía poner manos a la obra y recuperar la totalidad de sus memorias aún cuando estas fueran dolorosas.

— o —

—¿Estás segura de esto? —estaban frente a la puerta principal que daba acceso al salón de recepciones.

El trío asistía a la cena baile que el gobernador organizaba y Kuvira iba con Opal de la mano.

—Muy segura Opal —le contestó mientras Bolín les abría la puerta para entrar—. Esta noche luces hermosa y quiero tener el honor de ser tu compañera en esta velada.

El sonrojo se propagó por sus mejillas sin dar crédito al evidente cambio en la militar. Casi volvía a ser la mujer que conociera cuando era una chiquilla.

—Estas equivocada si piensas que con eso me tendrás de nuevo en tu cama —dijo ofendida y ahora fue el turno de Bolin para enrojecerse con los comentarios que tenían.

No sabía si acostumbrarse a eso o si era mejor regresar a cuando tenía que mediar entre ellas para que no terminarán peleando. Se alegraba de que la comandante hubiera regresado casi a la normalidad. Después de que regresarán a la habitación para saber si aceptaba o lo seguir adelante con el plan, fue agradable volver a encontrarse con la Kuvira que conocía.

La mayor parte de sus recuerdos de la adolescencia habían regresado, sin embargo no había rastros de Suyin o de Asami en ellos. Eso le preocupaba. ¿Qué pasaría cuando viera a cualquiera de las dos? ¿Tendría que fingir o recordaría lo que vivió con ellas? Además había algo terriblemente familiar con el asunto de Amón, sólo que no lograba encontrar que era. Con tantas emociones no había podido pensar claramente en eso.

—¡Hey Bo! Sal de esa cabeza, debemos estar alertas esta noche —la mujer mayor le llamó la atención.

—¡Sí comandante! —hizo un saludo militar y los acompañó hasta la mesa asignada a ellos.

Para su sorpresa, o más bien su intento de sorpresa, Varrick estaba entre los comensales. El empresario platicaba amenamente con el gobernador, su hermano y Iroh.

—¡Ah mi querida Kuvira! —interrumpiendo su charla fue al encuentro de la mujer dándole un fuerte abrazo que fue recibido con frialdad pero eso no lo desánimo—. Es bueno verla con nosotros. Tengo negocios que arreglar y necesito de su ayuda para llevarlos a cabo.

El hombre la arrastró hasta su lado en la mesa sin soltar a Opal que también fue llevada con ella. Bolín se posicionó en el otro extremo de frente a Iroh. El general no se veía muy contento con la presencia de Kuvira.

—Vaya parece que últimamente la comandante ha tenido todas las atenciones de la señorita Beifong —hizo el comentario a Tarrlok cuando Opal se sentaba a la mesa con Kuvira acercándole el asiento.

Si lo oyeron o no Kuvira y Opal, no lo supo el chico, pues hicieron caso omiso del malicioso comentario.

—No tenía idea de que usted estuviera por aquí Sir Varrick —dijo la militar mientras los meseros le servían una copa con vino—. Muchas gracias, pero hoy no beberé —el mesero interrumpió el servicio y retiro la copa.

El pedido no pasó desapercibido para el resto que si se asombró de ello, no hicieron tampoco comentario alguno. Era evidente que en los últimos meses el abuso del alcohol por parte de Kuvira se había hecho notorio y eso demeritaba un poco su rendimiento.

—¡Oh! ¿Vamos a mantener la sobriedad? —como siempre, Varrick fue el único en hablar de algo que parecía tabú para los demás—. Me parece una excelente decisión.

—La mejor que ha hecho hasta ahora —completo Opal—, claro después de mí.

—¿Qué oyen mis oídos? ¿Acaso hay planes para un compromiso? —se puso de cotilla el hombre y aunque el resto estaba en lo suyo voltearon a oír la respuesta.

—Aún es un poco complicado —contestó Kuvira adquiriendo un poco de rubor.

—Lo entiendo —palmeó su hombro en señal de comprensión—, después de mi primer y segundo matrimonio iniciar una relación nueva fue algo difícil.

—Sir Varrick, pero usted ya está en su quinto matrimonio —hizo la broma el general.

—Y brindó por eso, ¿que seríamos si no podemos estar con una compañera a nuestro lado? —levantó la copa y la chocó con Iroh.

—Creo que malditos bastardos miserables, ¿no es así comandante Kuvira? —con una ligera sonrisa la aludida asintió a sus malas palabras, el general quería provocarla.

—Es verdad, por eso mismo soy afortunada en tener a una hermosa mujer como Opal conmigo, aunque nunca he tenido la necesidad de mendigar atenciones de las mujeres como usted sabrá —el humor empezaba a caldearse.

—Bueno, creo que la culpa es del uniforme —intervino Varrick—. Las chicas lindas les encantan los tipos con uniformes, ¿no lo cree así Bolín?

—¿Eh? Si… si, ya lo creo —le siguió la corriente.

—Podemos hablar de cosas más importantes —un molestó Noa cortó la conversación de forma abrupta—. No es que lo suyo no sea importante, pero hay negocios que atender.

—Es verdad Varrick, dejemos de desviarnos del tema —el gobernador entregó una carpeta al empresario que hojeo brevemente para sonreír satisfecho.

—¡Zhu Li! —llamó a su asistente y ésta tomó presurosa la carpeta—. Los revisaré con calma pero parece que todo está en orden —se alisó el bigote como relamiéndose después del banquete—. Ahora solo queda que la comandante haga el encargo.

—¿De que se trata el negocio? —preguntó Opal, aunque Kuvira ya tenía una idea de que se trataba.

—Una pequeña compra venta, nada fuera de lo usual, sólo que el general Iroh me prestara sus tropas para asegurar el destino del cargamento —afablemente le contestó.

—¿Y me quieren a mí para guiar las tropas? —dijo incómoda la militar.

—Nadie mejor que usted —fue el gobernador quien ahora intervino.

Kuvira iba a replicar pero un mesero llegó a la mesa y pidiendo permiso colocó una taza con un líquido parduzco que humeaba por lo caliente que estaba.

—Una cortesía —junto a la taza puso también una pequeña nota—, té Oolong.

Un frío temblor recorrió su espalda al vislumbrar el grabado que tenía la tarjeta, un grabado que había visto en su pesadilla más reciente. Con mano trémula tomó el pedazo de papel y lo abrió. El corazón se le detuvo mientras rompía el sello rojo.

Podía escuchar los latidos con tal claridad por encima del cuchicheo del resto de los comensales o la música de la banda que amenizaba el evento. Tuvo el impulso de romper el papel y salir corriendo del lugar pero no podía hacer eso. Volteó a ver a Opal que se notaba preocupada. Sacó fuerzas y al fin desdobló la hoja.

"Celebró el nuevo rumbo que está tomando.

A"

El mensaje por sí solo no representaba nada, pero era lo que decía lo que le inquieto. ¿Cómo podía alguien haber sabido sus intenciones? Ninguno de los presentes lo supo hasta hace unos segundos, a menos que…

—Disculpe un momento, debo ir y agradecer el regalo —se levantó de golpe casi volcando la silla donde estaba sentada y sin esperar por su compañera fue tras el mesero.

Opal hizo una seña a Bolín para que siguiera a Kuvira y el chico también se levantó para ir tras ella.

— o —

Procuraba estar en control de sus emociones, sus manos temblaban a pesar de sus intentos para que no sucediera eso, el dolor de cabeza había regresado con mayor intensidad y sus piernas apenas podían sostenerla cada vez que daba un paso.

Las personas a su alrededor se habían vuelto borrones que nublaban su vista y los sonidos eran tan bajos que no podía distinguirlos con claridad. Podía sentir la mirada pesada del hombre enmascarado sobre ella y de pronto todos los que estaban cerca se habían convertido en él.

Se mordió los labios para no emitir ningún sonido, quería gritar del miedo cuando una mano la jaló y la llevó hasta un rincón. Iba a perder el conocimiento.

—¡Comandante! —unos ligeros golpes en sus mejillas la trajeron a la realidad nuevamente y pudo ver que era Bolín quien le hablaba.

—Chico, que alegría verte —fijó entre jadeos pues su respiración se había acelerado.

—¿Qué sucedió? —con fuerza la sostuvo pues la mujer no podía mantenerse en pie.

Le entregó la nota, Bolín la leyó pero no entendió del todo. Sin embargo al darle la vuelta y ver el símbolo supo que era aquello que lo había estado molestando.

—A… Amón —exclamó—, el bar al que fui anoche tenía este símbolo en sus puertas.

—¿De qué hablas? —hizo un último esfuerzo para ganar el control.

—Los guardias con los que salí me llevaron a este lugar —comenzó a hablar con rapidez—, afuera estaba este símbolo pintado. Pregunté qué era y ellos sólo dijeron que era algo con lo que los revueltistas solían identificar sitios adeptos a la causa.

—Amón debe ser parte de esto —tomó al chico por la solapa de su chaqueta—. Los revueltistas siguen aquí.

— o —