Disclaimer: Caraqueña, morena, bajita... No, no soy JK Rowling así que los personajes/lugares no me pertenecen.

Here comes goodbye, here comes the last time

Here comes the start of every sleepless night

The first of every tear Im gonna cry

Here comes the pain, Here comes me wishing

things had never changed

And she was right here in my arms tonight,

but here comes goodbye

Here comes goodbye

Rascal Flatts

Inducción

Sibilinos Motivos

1.

Desde el primer momento, Albus supo que había sido una mala idea hacer partícipe a Scorpius de las amenazas de su abuelo. Aquella absurda carta perjudicó su rutina y Scorpius Malfoy no lo dejaba en paz. Lo llamaba con frecuencia, se presentaba sin invitación en su departamento y lo sacaba de fiesta a locales exclusivos para pasar horas y horas conversando; el tema siempre era el mismo: debía defender su herencia. Albus estaba seguro de que su mejor amigo se había valido de palabras ingeniosas y persuasivas para convencerlo, pero no entendía cómo había él accedido. Probablemente se debía a la costosa bebida que casi le habían obligado a ingerir, tal vez estaba harto de tener una dosis excesiva de Scorpius… Lo único que sabía era que, aunque no quisiera, cumpliría con la petición de Arthur Weasley.

Albus Potter emitió un suspiro desesperado y observó a su alrededor. Su pequeño cuchitril, la cueva que protegía sus cuadros… era su espacio, jamás se había visto alterado y nunca lo había hecho sentir incómodo. No pasaba mucho tiempo fuera y su vida se limitaba a ir y venir del museo donde trabajaba restaurando pinturas viejas y sin importancia. Le gustaba su vida. Le gustaba la vida que había conseguido tener sin su familia. No obstante, Albus no era lo suficientemente orgulloso para negar el hecho de que tenía intriga. Tenía frescos los recuerdos del último día, pero aun así reconocía que llegaba a extrañar los viejos tiempos… Antes de que todo lo malo sucediera.

Los Weasley eran una familia numerosa, aunque no la más numerosa de Inglaterra, y eran ampliamente conocidos a causa de la pequeña empresa que administraban. Sorprendentemente, la tala de árboles daba inmensas sumas de dinero y habían bastado unos pocos años para que la posición económica de la familia se estableciera. No había pasado más de una década cuando Arthur Weasley, en conjunto con su hermano Bilius, adquirió una pequeña isla artificial que se conectaba con el puerto de Londres gracias al río Támesis; era la antigua propiedad de un excéntrico hombre, un tal Dumbledore, dedicado a las reformas políticas y educativas inglesas que de la noche a la mañana había decidido abandonar su hogar y marcharse a tierras extranjeras. La belleza de aquel lugar estaba, sin duda, en la maravillosa siembra de árboles que poseía; eran amplios y frondosos bosques que fomentaron las actividades de Weasley Group. Y en conmemoración a su aniversario con Molly Prewett, la primera dama de la compañía, la isla fue bautizada bajo el nombre Mollycoddle.

Todos los Weasley, desde entonces, habían nacido en las fronteras de la isla y se habían criado en los jardines de la casona de los patriarcas: La Madriguera. Navidades, cumpleaños, matrimonios, nacimientos. La historia de la familia se había arraigado a la tierra de Mollycoddle como los mismos árboles que allí crecían. Albus, en algún momento de su adolescencia, también había vislumbrado su futuro en ese lugar; lo había proyectado con mucha claridad, con la certeza de que algún día se casaría en el arco nupcial donde sus padres lo habían hecho, que tendría su propia casita en uno de los claros del bosque, que vería nacer a sus hijos en la misma habitación donde él había nacido. ¿Por qué todo acabó de la peor manera? ¿Por qué llevaba ocho años sin saber de los suyos?

-Lucy… -. El moreno no pudo evitar asombrarse al escuchar el nombre de su prima brotar con facilidad de sus labios. Casi se le había olvidado, y no sabía cómo, que ella pertenecía a los Weasley… casi olvidaba que todo había sido por ella.

Podría haber continuado especulando sobre el pasado e intentado refrescar las razones por las cuales detestaba a su prole, mas la llegada de Scorpius Malfoy a su departamento interrumpió el hilo de sus pensamientos. Desde su posición, en el destartalado sofá de la sala, lo vio ingresar y cerrar la puerta como si se tratara de su propia casa; su amigo tenía el cabello platinado alborotado, la chaqueta de cuero empapada y dos pesadas maletas consigo. Albus observó los objetos con ligera preocupación y algo de gracia, pero perdió el humor tan pronto como recordó lo que la presencia de Scorpius el jueves por la tarde significaba.

-¿De verdad, Scorpius? Es un fin de semana, no creo que uses más de dos mudas de ropa. -. Protestó con exasperación. Malfoy se comportaba como un niño y, por algún motivo, la idea de su reencuentro con la familia le parecía un acontecimiento muy importante.

Tan importante que lo había obligado a invitarlo al viaje.

-No tienes idea de lo que tu abuelo puede tener planeado, es mejor prevenir que después lamentarse. -. Contestó con una brillante sonrisa, haciendo gala de su encanto personal. Albus tuvo que corregirse mentalmente; Malfoy no se comportaba como un niño, más bien era toda una mujer. -. Albus, sé que esto te fastidia. Y créeme que no quiero hacerte pasar un mal rato, lo hago por tu bien.

-Me parece que no terminas de entenderlo. -. El Potter se levantó y fue directo a la cocina mientras el rubio se instalaba. El hecho de que Scorpius aceptara dormir en su sofá para asistir a la reunión hablaba de cuán importante le parecía la visita a la isla; jamás habría aceptado pasar la noche allí teniendo una cama matrimonial para él solo en su pent-house si no fuera por algo realmente necesario. Él solía dar la vida si se trataba de conseguir algo que quería; y él deseaba con toda su alma que los Weasley se encontraran. -. Si protegieras mi bien, no me dejarías ir. Lo que creo es que te entusiasma saber de mi familia precisamente porque odio el tema.

Ambos amigos se miraron con severidad, uno esperando una confesión por parte del otro que jamás llegaría. Scorpius no negó las palabras de su amigo, pues había verdad en ellas. Poder materializar a la polémica familia le parecía un proyecto interesante; nadie sabía absolutamente nada de los Weasley y él, por primera vez desde que había conocido a Albus, podría saciar su curiosidad. Le agradaba la idea de tratar con quienes habían criado a su mejor amigo, saber de dónde provenía ese extraño ser impaciente, meticuloso y serio que componía a Albus Potter. No obstante, no había insistido tanto solo por su causa. Francamente, le parecía necesario un reencuentro. Reconocía por las evasivas de Albus que su pasado estaba caldeado por acontecimientos ajenos a su conocimiento, pero no creía que existiera algo lo suficientemente grave como para descoser a una familia conocida, al menos en la red –la única fuente donde Scorpius había podido buscar a los Weasley-, por el amor que se tenían. Estaba seguro que con una segunda oportunidad todos podrían arreglar sus diferencias. Y aunque creía firmemente en ello, no intentó explicarle a su amigo cuáles eran sus verdaderas intenciones; él no necesitaba más protestas marca Potter-Weasley.

Ellos irían a Mollycoddle.

En vista de que Albus no estaba del mejor humor, Scorpius decidió postergar por unos minutos el cuestionario que tenía preparado para él. Acomodó las maletas cerca del sofá, mirándolo con evidente desagrado, para después repasar los alrededores del espacio. No había mucho, no había poco. Su departamento revelaba aspectos íntimos de su personalidad, que al Malfoy le había costado conocer, y a la vez resguardaba todos sus secretos. Por las paredes mal pintadas se extendían varios lienzos, había pilas de libros en los rincones y los discos musicales se apretaban unos contra otros en las estanterías; el televisor de segunda mano no se usaba, solo en determinadas ocasiones y constituía otro adorno en la sala porque el único aparato electrónico que el moreno usaba era una radio portátil que le servía para ambientar su lugar de trabajo. Más allá de la sala que conectaba con la cocina y la barra-comedor, el lugar contaba con un baño y otras dos habitaciones: el dormitorio y el taller. Scorpius jamás había puesto un pie en el territorio sagrado de Albus, pues este no permitía que nadie accediera a contemplar sus bocetos y pinturas sin acabar. El proceso de pintar era suyo y de nadie más y eso era en lo único que su mejor amigo no insistía porque a él tampoco le gustaba que husmearan en su oficina. A su manera, el Potter lo tenía todo o, mejor dicho, tenía lo necesario.

Por un segundo Scorpius pensó que tal vez se equivocaba al obligarlo a visitar a sus abuelos, pero no dio muestras de querer retractarse. Estaba seguro que para Arthur Weasley ver a sus nietos era importante.

Se aproximó a la barra-comedor para sentarse y admirar lo que su amigo hacía. Albus no era especialista en la cocina, sino todo lo contrario, mas se las arreglaba para mantenerse con vida a base de comida rápida y comida pre-cocida. En esos instantes se encargaba de calentar unos tallarines de la noche anterior, sintiendo leve bochorno al saber que era lo único que podía ofrecerle al heredero de Malfoy Corp. mientras este lo veía tratando de adivinar sus pensamientos, pero principalmente buscaba alguna forma de preguntarle lo que quería preguntar. Sabía que para que Albus soltara la lengua tenía que ser por su propia voluntad.

-He pensado que tal vez podrías hablarme de tu familia, para estar preparado. -. El Potter le dirigió una mirada asesina que no duró más de dos segundos, para posteriormente ignorarlo. -. No quiero llegar y sentir que no conozco a nadie, Al. Necesito algo para distinguirlos, quizá si los describieras…

-Todos son pelirrojos. -. Comentó sin meditarlo. Se reprochó por haber hablado, pero al ver el disgusto de Scorpius se dio cuenta que aquella información no le servía de nada. Aun así parecía que no iba a rendirse. Tuvo que entornar los ojos, hastiado de tanta insistencia. -. Scorpius, en primer lugar debes dejar de pensar que son la familia maravilla.

-No creo eso. -. Replicó infantilmente.

-Sí, si lo crees. Tienes la idea de que un reencuentro moverá sentimientos en todos nosotros y volveremos a amarnos como cuando éramos niños. -. El microondas emitió un pitido, informando que la cena estaba lista. Albus se calló unos instantes y sirvió dos platos para después entregarle uno a Scorpius. -. Ni siquiera estoy seguro si irán todos. -. Añadió al tiempo que buscaba dos tenedores y se sentaba junto él. -. Cuando comprendas eso, tal vez responda tus preguntas idiotas.

-No puedes evitar que quiera saber, son tu familia. -. El Malfoy lo imitó y empezó a comer, intentando ordenar las ideas. Al menos su amigo parecía más dispuesto a conversar, probablemente porque había entendido que no lo dejaría en paz. -. Quieras o no, eres un Weasley. No solo compartes sangre con ellos, tienen un pasado… y no puedes deshacerte de eso.

-No quiero deshacerme de mi pasado, Scor. -. Lo interrumpió con el ceño fruncido. -. Si lo olvidara sería todo más fácil y no quiero que lo sea. No puedo perdonarlos -. Albus suspiró y lo miró con seriedad, con los ojos esmeraldas chispeando emociones contenidas. -. ¿Qué es lo que quieres saber?

-No preguntaré qué pasó entre ustedes porque sé que te molesta. -. Scorpius lo pensó un momento mientras se dedicaba a comer los tallarines recalentados. Estaba tan enfrascado en la plática que no había puesto reparos en la cena improvisada. -. ¿Cuántos son? ¿A qué se dedican? ¿Cómo se ven? Cosas por el estilo, solo me gustaría saber con qué me encontraré. Por ejemplo, sé que ninguno parece estar interesado en la empresa.

-Llevo ocho años sin saber de ellos, la verdad no podría darte mucha información… -. Albus dudó, sintiéndose algo estúpido por no poder contestar lo básico. -. En total somos doce y a cada uno nos corresponde menos del diez por ciento de las acciones; hasta donde tengo entendido ninguno participa activamente en la junta directiva, así que el abuelo Arthur toma las decisiones.

Scorpius, entonces, tomó consciencia de que él evitaba mencionar a sus padres. Rememorando se percató de que Arthur Weasley tampoco lo había hecho en su carta y en su búsqueda cibernética sobre la familia tampoco había dado con ellos. Estuvo tentado a preguntar, pero no lo hizo. Por alguna razón sentía que aquel era otro asunto turbio en la vida de Albus, algo todavía más doloroso. ¿Estaría relacionado con el motivo de ruptura entre los primos Weasley? Le frustraba pensar que jamás descubriría toda la historia. Sin embargo, respetaba lo suficiente a Albus para conformarse con lo que él le dijera. El moreno, entre tanto, apartó el plato y se cruzó de brazos, intentando explicarse mejor. No sabía por dónde empezar y le mareaba recordar.

-Victoire es la mayor, es enfermera y trabaja en el hospital donde su esposo, Ted Lupin, es accionista; tiene dos hermanos gemelos: Louis, que también quería dedicarse a la medicina, y Dominique… ella soñaba con ser periodista independiente, no sé si estarán ejerciendo ahora. Después están Molly, que se graduó como administradora y estaba casada con el pesado de Lorcan Scamander, y… Lucy… -. Scorpius se sorprendió al notar como las orejas adquirían un tono rojo granate, aunque no pudo adivinar si se trataba de vergüenza o ira. El Potter carraspeó, incómodo, antes de continuar -. Tampoco sé qué estará haciendo hoy en día, pero siempre hablaba de escribir y ganarse un Nobel de literatura.

-Oh, ¿y era buena escritora?

-No lo sé, jamás me dejó leer lo que escribía -. Lo calló bruscamente el ojiverde con los labios fruncidos. -. Fredy y Roxanne… ellos también son gemelos; él se graduó como contador antes de que yo saliera de la escuela gracias a un programa especial, aparentemente era superdotado; y ella… no diré que era poco lista, pero no tenía tantas aspiraciones ni aires de grandeza. De los dos siempre quise más a Roxanne, Fred podía llegar a ser verdaderamente insoportable. Él se llevaba muy bien con Molly, se parecían mucho… -. Volvió a dudar, todavía más incómodo. Después del asunto con Lucy, los gemelos eran la piedra más pesada del pasado de los Weasley. Claro, si descontaba a la problemática Rose Weasley. Recordarla a ella le dolía todavía más y, por eso, perdió las ganas de seguir hablando.

-¿Albus? -. El Malfoy podía darse cuenta que revelar aquellos detalles realmente lastimaba a su amigo. ¿Qué había pasado para marcarlo de esa manera? -. Si quieres podemos dejarlo, creo que…

-Ya comencé, no molestes. -. Ladró con fastidio el moreno, haciendo un ademán para mantenerlo callado. -. Rose… me cuesta más hablar de ella. -. Reveló con pena, desviando su mirada al techo. La frase captó el profundo interés de su mejor amigo, que memorizó aquel nombre como si presintiera que sería la respuesta a todas sus incógnitas. -. Nunca fue una persona fácil, lidiar con sus… lidiar con ella era tedioso. Fue mi prima hermana, incluso llegué a quererla más que a la odiosa de mi hermana menor. Pero era determinada, tenía un aura que te atraía. Personalmente creo que veía las cosas de una manera muy diferente, estaba en un nivel superior a todos.

-¿Y qué fue de ella? -. Scorpius lo interrumpió si poder evitarlo, ligeramente fascinado por la forma tan transparente con la cual Albus hablaba de Rose. No había dado tantos detalles de los demás. El Potter parpadeó, extrañado por su propia sinceridad.

-Le gustaba la danza. De niña siempre quiso ser bailarina y probablemente eso sea ahora. Nadie pudo sacarle la idea de la cabeza. -. Volvió a las evasivas, decidido a controlarse. -. Tiene un hermano menor de la edad de mi odiosa hermana menor: Hugo. El abuelo tenía planes para él porque era brillante, en un sentido mucho más práctico que Fred. La verdad es que no sé qué pudo ser de él, así como tampoco sé que pudo ser de Lilian Potter. -. Albus repasó los nombres de su familia, dándose cuenta de que solo faltaba una persona por mencionar. -. Finalmente, está James. Él era un genio informático, le gustaba el asunto de la ingeniería y planeaba piratear todas las redes gubernamentales algún día. Quizá esté preso, quizá trabaja con Anonymus… -. Posó su mirada esmeralda en el tazón con tallarines helados y jugueteó con ellos, dando a entender que la historia había terminado. -. No son la familia maravilla, no hay tanto que contar como tú crees…

El rubio no sabía qué decir. Por un lado le alivió comprobar que su mejor amigo no hablaba con desgana de su propia familia; si, por algún motivo oscuro los detestaba y le hacía daño recordarlos, pero no era indiferente a ellos. Eso significaba que las probabilidades de conseguir alguna reconciliación durante el viaje no eran nulas. No obstante, veía que todo aquello estaba más revuelto de lo que él pensaba. Eran doce personas completamente diferentes en cuanto a gustos, personalidades y profesiones. Estaba seguro que antes de la ruptura habían sobrevivido a múltiples disputas y dilemas. Aquel razonamiento le hizo ver que la grieta que los separaba estaba originada a causa de, probablemente, continuas confrontaciones y tolerancia agotada. Pero había algo más; había algo anterior a eso que los había condenado a fracasar como familia.

Albus mentía. Había mucho más que contar, mucho más de lo que él creía.

2.

Rose Weasley llegó al Puerto de Londres con una maleta de cuero desgastado en una mano y un cigarro recién encendido en la otra. La había traído una de sus amigas del cabaret donde trabajaba, una tal Mimí con quien solía salir a pasarla bien. El cabello rojo fuego iba amarrado con descuido en una cola alta y su esbelta figura era cubierta por un vestido negro de falta ancha, unas medias largas de encaje y unos botines sin taco que no combinaban para nada. Su mirada azulina era indiferente a los vistazos impactados y deseosos que recibía, como si fuera un ser de otra dimensión. Tenía los ojos enmarcados en gruesas y marcadas líneas trazadas con carbón negro, acentuando los rasgos finos que poseía. Era bella, sin duda, sobre todo después de haberse deshecho de las profundas ojeras que el insomnio y la adicción a las drogas le había producido durante meses.

Estaba ansiosa. No por la idea de reencontrarse con su familia sino porque llevaba varios días sin consumir a falta de dinero suficiente. Rose reconocía que tenía un vicio incontrolable, pero a diferencia de sus abuelos no lo consideraba un problema. Sus días eran una montaña rusa que variaba de colores según lo que adquiría; el alcohol, el tabaco, la droga eran su única manera de sentirse real y a la vez inmune a la vida. Era su única manera de desconectarse del pasado. Y le gustaba.

-Srta. Weasley -. No pudo evitar sorprenderse al encontrarse cara a cara con Neville Longbottom. El hombre amigo de sus padres, padrino de su hermano Hugo, jardinero de La Madriguera había venido a buscarla entre la marea de gente que atiborraba el puerto.

Había caos por todas partes, parecía un día de mercado o la procesión de una misa; pescadores, comerciantes, verduleros, hombres de negocios, damas con sombrillas para cubrirse del sol. Rose pensó, mientras saludaba a Neville, que Albus habría amado la belleza de todos los matices sociales que ahí se pintaban; él era, a su manera, un romántico y veía la esencia de los objetos con una claridad asombrosa. Recordar a Albus la llevó a analizar lo que estaba haciendo ella, la problemática Rose Weasley, en medio de aquel ambiente con una pinta tan formal. El corazón se volvió un apretado nudo que le cortó la respiración y se instaló en su tráquea, impidiéndole oxigenar el cerebro.

-Gracias por… venir. -. Dijo la pelirroja recobrando su estado indiferente. El jardinero le sonrió con afecto, con verdadero cariño, antes de tomarla del brazo y pedirle que caminara. Aún tenía el cigarro encendido cuando se encontró frente al transatlántico perteneciente a Weasley Group. Pudo darse cuenta que faltaban algunas cosas por cargar y pensó que ella era otro paquete que su abuelo había ordenado llevar a la isla. Aquello desató el nudo, que le impedía respirar con normalidad, junto a sus demonios internos. -. Neville, creo que puedo caminar sola. No voy a perderme.

-Tú vives perdida, Rose. -. Fue la única respuesta del hombre, quien continuaba sonriendo amablemente y la acompañaba a la rampa de acceso. La Weasley desvió la mirada al río Támesis, la vía que se empleaba para acceder al Mar del Norte donde se hallaba Mollycoddle, y no encontró algo para replicar tal alegato. No quiso admitirlo, pero le había dolido.

En el interior del barco había varias secciones. La de carga iba repleta de adornos florales y festivos, comida congelada y otra serie de cosas que escapaban de la comprensión y el interés de Rose. Eran las provisiones para la fiesta de aniversario. En los pisos superiores, en cambio había varios dormitorios con sus respectivos baños, un comedor con un balcón en dirección al mar y una sala amplia de piso entapizado con chimenea colonial, un bar repleto de licores variados y mullidos muebles. Posiblemente habría más, pero era difícil calcular cuántas áreas estaban disponibles. Neville la acompañó hasta esta última habitación, advirtiéndole que otros de sus primos (tuvo la delicadeza de no mencionar cuáles) habían llegado un poco más temprano y habían optado por acomodarse en los cuartos. Seguidamente, tomó la maleta sin pedir permiso y marchó para dejarla sola. A la ojiazul aquel trato le desagradó porque comprendió que Arthur Weasley los había engañado; no iban a llegar esa noche a la isla, probablemente tardarían la noche entera en atravesar la extensión del río para llegar a mar abierto. Eso significaba que estaría a bordo con su familia sin posibilidad de escapar.

-Maldito viejo… -. Masculló sin malicia, molesta. No le costó conseguir un cenicero, donde hundió el cigarro sin terminar, y posteriormente evitó acercarse al bar. Se sentó en uno de los muebles y, entonces, se fijó en el cuadro que reposaba sobre la chimenea y opacaba el resto de la sala con el potente mensaje que llevaba impreso: era un retrato de la familia, el retrato que nunca había sido colgado en La Madriguera porque había sido pintado el mismo día del fatídico día del 2022 y desestabilizaba la cordura de su enferma abuela.

Todos los Weasley aparecían en él.

-Veo que ya te percataste de lo que esto significa -. Pocas veces la voz petulante de Molly había causado impresión en Rose. Aquella no fue una de esas veces. Las primas, pelirrojas de pura cepa, se miraron con desdén y algo de resentimiento. Molly Weasley se acercó al bar para servirse, moviéndose con arrogancia; llevaba pantalones formales, una blusa azul marino holgada y tacones de punta fina. -. Él planea descubrir qué sucedió. -. La frase sonaba a amenaza y a la Weasley menor logró tocarle la fibra sensible.

-En ese caso podrás disfrutar de la atención, Molly. -. Escupió con saña la primogénita de Ron y Hermione, sonriendo con falsedad. -. Tengo entendido que tienes tus propias teorías al respecto. Y como eres tan brillante, estoy segura que podrás revelar la verdad al abuelo. -. El sarcasmo impregnado en sus palabras era evidente. -. ¿No habías contratado a Frank para eso? ¿O solo necesitabas una excusa para liarte con él?

-No me provoques, Rose. -. Replicó la mayor, golpeando la barra con el vaso de cristal y salpicando algunas gotas de whisky añejo alrededor. Su mirada celeste parecía hecha de hielo cuando se fijó en el océano que constituía el iris en los ojos de su prima. La mención de Frank la había alterado.

-No me amenaces, Molly. -. Contestó sin dejar de sonreír en apariencia. Entonces hizo su entrada Lorcan Scamander, ataviado en un elegante traje azul oscuro que resaltaba su cabello rubio y sus orbes lavanda. El joven marido de Molly observó sorprendido a Rose, como si no esperara realmente encontrarse con alguien más en aquel barco. Su impresión, no obstante, no provocó mutación alguna en la expresión de Rose, quien sabía que él esperaba encontrarse con alguien precisamente.

-Rose, que placer verte. -. Saludó una vez se recuperó, aproximándose para tomar la mano de su prima política y besarla galantemente. Rose se soltó de un tirón y se levantó del sillón, alejándose como si su presencia le causara asco.

-No tienes que ser hipócrita conmigo, Lorcan. -. Evitó la cordialidad, haciendo gala de sus típicos modales. El rubio, en cambio, parecía divertido por la falta de educación. -. Tu único placer es joderle la vida a los demás. -. La Weasley pareció querer añadir algo más, pero dudó. Una cosa era escupir vitriolo y otra perjudicar a las contadas personas que todavía le importaban un poco dentro de aquella prole endemoniada. De todas maneras, no pudo contenerse. Era como si el monstruo interno se regocijara ante la idea de poder deshacerse de todo lo que llevaba dentro. -. ¿Para qué viniste? No creerás que vaya a tragarme ese cuento de que viniste a acompañar a tu amada esposa, que obviamente de amada no tiene nada.

Lorcan perdió la sonrisa, comenzando a molestarse por la actitud acusadora de la pelirroja. Molly, que comprendía la referencia que Rose hacía, se tensó a causa de la rabia. Ambas volvieron a mirarse fijamente, pensando exactamente en lo mismo que él pensaba: Dominique. Sin embargo, ninguno tuvo el atrevimiento de mencionarla. Rose por respeto, Lorcan por miedo, Molly por orgullo. Un silencio atronador se instauró entre los tres, la tensión en el aire era palpable. Rose se dio cuenta que aquel reencuentro era una terrible idea, había hecho mal en acudir al llamado obligatorio de su abuelo. ¿Era hora de zarpar? Aun se encontraba en el puerto, podría bajarse y perderse en sus vicios, se olvidaría otra vez que tenía familia. Sin embargo, ella necesitaba el dinero. Necesitaba también ver a su abuela, a quien le debía todo en la vida. Sabía que no era capaz de bajarse. En parte por el dinero, en parte por la abuela enferma, en parte porque ya había subido y no quería quedar como una niña inmadura frente a Molly y Lorcan.

-Sra. Scamander, disculpe mi intromisión. -. Una de las trabajadoras del barco ingresó con timidez, dirigiéndose con sumo respeto a la mayor. Lorcan se relajó al instante, sonriendo con fingida amabilidad a la joven antes de perderse por la puerta sin despedirse de su esposa y su prima. Molly estuvo tentada a seguirlo, pero todavía tenía clavado en el pecho el dardo envenado que Rose le había lanzado. -. Quería saber cómo quería disponer del armario de su habitación, no quise tocar nada para no molestarla. -. Continuó la empleada aún más temerosa al ver que la imponente mujer no le prestaba atención.

-No tienes que tratarla con tanto respeto, es solo una arrastrada. -. Molly tuvo que cerrar los ojos para armarse de paciencia y no atacar a la pelirroja, recordando que no se vería bien que una persona tan decente y educada se liara a golpes con otra. Aunque ni siquiera consideraba a Rose una persona. Seguía teniendo la apariencia y el tacto de una fiera salvaje. ¡Cuán poco la había extrañado!

-Te enseñaré, por favor acompáñame. -. Solicitó con rectitud a la joven, quien se encontraba perpleja por el tono arisco que la otra pelirroja empleaba. -. Rose… -. Molly se detuvo un instante en la puerta para mirarla con indiferencia, siendo retribuida de la misma manera. -. Te lo repito: No me provoques. No hagas te odie de verdad.

A modo de respuesta Rose simplemente la miró, deslizando su mirada azul océano por el rostro impoluto de su prima. Molly no se equivocaba; era toda una fiera salvaje y parecía preparada para hincarle el diente a cualquier cosa que se atreviera a molestarla. Rose era volátil. Rose era peligrosa. Rose lo sabía todo. Y recordando estas tres cosas, Molly Weasley abandonó la sala acompañada de la incrédula empleada que había quedado perturbada por aquel personaje tan insolente. Una vez se encontró sola, Rose volvió a sentarse y fijó su atención nuevamente en retrato familiar, delineando las formas plasmadas y comparándolas con la realidad. Nada quedaba de las sonrisas pintadas. Nada quedaba de la feliz familia que tanto se amó una vez.

Decidió que odiaba aquel retrato y desde aquel momento no volvió a mirarlo. Buscó por la sala algo que la distrajera de la tentación de fumarse la caja de cigarros que ocultaba en la liga de sus medias de encaje o servirse alguna botella de Blue Label para despejar su mente. Entonces dio con un objeto difuminado entre la opulencia del lugar: un aparato parecido a una vieja rocola. A su lado había un estante lleno de libros y álbumes que, para el horror de Rose, contenían las fotos de matrimonios, nacimientos, navidades y festividades de los Weasley. ¿Qué pretendía el viejo? ¿Realmente creería que conseguiría remover la tierra que sepultaba las tumbas? La Weasley se dirigió al aparato musical para revisar que canciones podría poner para acallar el silencio desolador y sus ganas de ceder al vicio; no le tomó más de diez segundos descubrir que todas las canciones le gustaban. Aquel objeto, recordó, era de ella.

-Parece que si quieres desenterrar a los muertos, Arthur Weasley… -. Murmuró, fijándose que la sala completa tenía diminutos detalles decorativos pertenecientes a cada uno de ellos: sus discos, los libros de Molly, el florero de Victoire, los suvenires de Fred, el tapete tejido de Dominique, la flauta de Lucy, un cuadro de arte abstracto hecho por Albus… -. Y yo que te creía un tonto, abuelo. -. Rose sonrió, por primera vez, con sinceridad antes de presionar un botón para que las notas de Here comes goodbye, de Rascal Flatts, resonaran en la habitación.

3.

Lyssander Scamander entrelazó su mano con James Potter, ignorando las miradas desagradables que las personas les dirigían. El castaño tampoco les prestó demasiada atención pues se hallaba inmerso en la imponente forma que tenía el transatlántico de Weasley Group. Internamente repasaba los rostros borrosos de sus primos, a quienes llevaba ocho años de no ver, hasta finalmente detenerse en Dominique, con quien se había encontrado hacía unos días en un bar. Desde aquel día no durmió tranquilo, era imposible no soñar con el miedo que le daba enfrentarse a la familia. ¿Estaría Lily también? Era increíble que él, un respetable ingeniero de veintinueve años, tuviera miedo a una jovencita que se ganaba la vida como mesera. Pero la verdad era que si tenía terror al reencuentro era precisamente por Lilian Potter y su lengua viperina. Podía soportar a Fred con su malhumor, a Molly con su petulancia, a Louis con sus burlas... ¡Incluso la decepción del abuelo Arthur! Lo que nunca podría superar era la manera tan cruda con la cual su propia hermana lo había humillado. Jamás había sido un hombre seguro de sí mismo, eso se lo dejaba a Dominique. A Dominique, quien lo había protegido… A Dominique, que había llorado decenas de veces por su culpa.

-Jamie, tenemos que entrar. -. Comentó con serenidad Lyssander, acariciando el dorso de la mano de su prometido. Trataba de prestarle su fuerza a través del gesto, pues sabía lo difícil que era para él toda la situación. -. Jamie…

-Lo sé, Lyss. Solo… dame un momento. -. Pidió con la voz quebrada el ingeniero. Los dos se quedaron largo rato admirando el barco mientras a su alrededor había ligera conmoción por la cercanía que mantenían.

No podían saber, ensimismados en lo suyo, que eran observados a su vez por Roxanne y Lea, quienes estaban en un estado semejante. La heredera Nott intentaba por todos los medios regularizar la respiración de su novia, pero ella no parecía querer responder y se había quedado paralizada a unos metros de su primo y su pareja. Era ilógico porque se sabía comprendida por James, pero la idea de encontrarse con su hermano le tenía el estómago revuelto. No se sentía segura, no quería subirse al transatlántico. Murmuraba desesperada a Lea para que se marcharan, mas no obtuvo la respuesta que quería; Lea parecía determinada a acabar con todo el asunto de una buena vez. Tenía un plan en mente. Lejos estaba de saber que Scorpius Malfoy, quien en ese instante estacionaba cerca del puerto en compañía de Albus Potter, pensaba lo mismo que ella: reconciliar a la disparatada familia, tuvieran o no que escarbar en el oscuro pasado.

-¡Roxanne! -. Aquel grito de júbilo llamó la atención tanto de James y Lyssander como del resto de los trabajadores y pasajeros que se encontraban treinta kilómetros en rededor. La aludida parpadeó con sorpresa antes de verse apretada en unos gruesos brazos varoniles plagados de pecas oscuras. Podían haber pasado ocho años, pero recordaba perfectamente aquella colonia marca Dior que Louis Weasley utilizaba hasta para dormir. Repentinamente, y sin saber por qué, se relajó. -. Oh, Dios. Mira que atractiva estás. ¿Te siguen gustando las chicas? -. Louis miró con despreocupación a Lea, sonrojada hasta la coronilla, y se carcajeó. -. ¡Lea Nott! Ya veo, entiendo por qué te siguen gustando las chicas. Son una belleza, ¿a qué si? De hecho, tengo que admitir que comparto tus gustos.

-Louis… -. Murmuró con vergüenza la pelirroja de piel canela. Él se negaba a soltarla, de hecho la estrechaba con más fuerza mientras se hundía en su cuello. Entonces Roxanne se percató que Louis estaba temblando imperceptiblemente y la abrazaba como si buscara aferrarse a algo. Percibirlo provocó que sus ojos azules se humedecieran, conmovida por el gesto de su primo menor. Le retribuyó el abrazo, apretándose contra él. -. Siempre hemos compartido gustos, Lou. Y siempre he conseguido a las mejores chicas. -. Bromeó con una temblorosa sonrisa.

Louis tenía tanto miedo como ella.

-Oh, oh. ¿Quieres jugar? -. Louis se soltó un poco y oteó frenéticamente entre las personas, que poco a poco se alejaban, hasta que dio con una encantadora figura vestida con jeans ajustados y un top negro; Lea empalideció al identificarla. -. Te presento a mi amante, Emmy Nott. -. Dijo sin pudor. La pareja boqueó con impresión, pasmada por la inesperada presencia de la Nott mayor, quien sonrió con malicia, viéndose tan juvenil y alegre como el mismo Louis. -. No podrás decir que Lea es más hermosa que Emmy, lo siento. Esta vez te he ganado.

Y en medio de su euforia, que disfrazaba el pánico que le causaba el reencuentro, se percató de la presencia de James y Lyssander a unos pocos metros. Louis fijó su mirada azul en las manos entrelazadas y sonrió, como si se lo esperara. El castaño y el Scamander parecieron apenados repentinamente, pero ninguno hizo ademán de separarse. No tenían vergüenza de su relación, era la verdad. Sin embargo, el simpático Weasley siempre los había molestado a causa de sus inclinaciones sexuales; de hecho, había tratado de cambiarlas sin lograr absolutamente. Para Louis era incomprensible que un hombre no pudiera desear a una mujer a pesar de que comprendía perfectamente las preferencias de Roxanne. James esperaba otra burla, otra bulla, que nunca llegó. Por el contrario, su pelirrojo primo se aproximó y se le lanzó encima de la misma manera que había hecho con la Weasley. Y de la misma forma que Roxanne, James sintió el miedo de Louis. Y en ese efímero instante, volvieron a ser parte de la misma familia.

Las hermanas Nott, entre tanto, intercambiaron cuchicheos apresurados. Lea no tenía idea que su hermana mayor andaba liándose con Louis ni entendía qué hacía allí. Emmy le explicó entre risas que Louis llevaba un tiempo siguiéndole los pasos y casi se le había hecho imposible sucumbir a los encantos del joven, aunque reconocía que se comportaba como una niña. Tenía treinta y tres años, siete más que el Weasley, era prácticamente una locura pensar que podían llegar a algo. No obstante, Emmy se defendió alegando que si ella no la juzgaba por su relación con Roxanne esperaba no recibir reproches; suficiente tenía con su madre, no necesitaba que Lea le diera lecciones de vida. Al escuchar esto, la menor no dijo nada más.

-Es un alivio encontrarme con ustedes aquí afuera, me daba algo de corte entrar solo. -. Pronunció con sinceridad el pelirrojo, sin soltar a James. Parecía un mono colgado de un árbol. Roxanne le sonrió con comprensión, pero había rastros de malestar en ella. El júbilo de Louis había funcionado solo unos instantes para olvidar lo pasado. Las tres parejas intercambiaron saludos finalmente antes de comenzar a subir por la rampa, con la voz de Louis haciendo de fondo.

Adentro comprobaron lo que Rose y Molly habían deducido: pasarían mucho tiempo a bordo. El hecho aumentó la presión entre los primos, sobre todo en Roxanne y James, quienes sentían que en cualquier momento aparecerían sus peores miedos: sus hermanos. No obstante, parecía que además de las primogénitas de Ronald y Percy, solo estaban en el barco los empleados y Victoire y Teddy que empezaban a instalarse en su dormitorio temporal. Neville, que hasta el momento había estado atareado con la carga, se ofreció a ubicarlos para después llevarlos a la sala de estar del barco. Parecía alegre de reencontrarse con todos al tiempo que comentaba lo mucho que recordaba de ellos siendo niños que jugaban en los jardines de La Madriguera.

Para cuando se instalaron, Roxanne estaba más nerviosa. Se había separado de sus primos y se encerró en el dormitorio con Lea, quien aún no podía creer que su hermana mayor estuviera tonteando con un veinteañero. No obstante, tuvo que olvidarse de ello para animar a su novia, que parecía querer lanzarse por la borda; le besó los labios, los pómulos, los párpados y mediante bromas coquetas le robó una que otra sonrisa. Lea estaba preocupaba por ella y de no ser por eso jamás habría aceptado acompañarla; la idea de toparse con Fred Weasley no solo tenía los nervios de Roxanne hechos agua. Lea Nott se sentía igual de débil cuando Fred Weasley la miraba con los ojos azules chispeando por la furia contenida.

-Lea, ¿crees que todo irá bien? -. Inquirió entonces la de piel canela, acostada en su pecho mientras recibía caricias en el cabello ondulado. La susodicha titubeó, pensando que lo mejor sería mentirle, pero no le gustaba pecar de deshonesta con Roxanne. -. Olvida la pregunta, es estúpida.

-No es estúpida, Rox. Solo… es difícil que esto pueda ir bien. -. Decidió sincerarse. -. Ambas sabemos que la ruptura se dio en los peores términos. Aunque hayan pasado ocho años, es notable la tensión que hay en el ambiente. Me da la impresión que todos están obligados a venir…

-Todos estamos obligados a venir.

-Lo sé, pero eso solo empeora las cosas. Imagina cuando Molly y Dominique se encuentren, o lo que pasará cuando Lily vea a Lyssander haciéndose arrumacos con James. -. Lo que Lea decía era como un pronóstico acertado. No hacía falta adivinar que la olla era de presión y que si se pasaba la cocción iba a estallar. -. Ni hablar del encontronazo que tendrán Lucy y Albus…

-Para, no hablemos más de esto -. Pidió la pelirroja, sentándose en la cama para mirarla a los ojos. La Nott asintió y le acarició el rostro con ternura antes de que Roxanne la besara como hacía unas noches, aunque esta vez se notó más demandante.

-¿Vas a pedirme otro favor? -. Preguntó con picardía la rubia.

-Todo lo contrario. -. Roxanne sonrió, olvidándose momentáneamente que se encontraba en un barco con el resto de su familia. Lea tenía el mismo efecto que un analgésico. -. Te haré uno.

4.

El reencuentro era inevitable, Lucy Weasley lo sabía. No obstante, se preguntó, al tiempo que Albus Potter la mirada con expresión indescifrable, porqué debía darse tan pronto y en esas condiciones. Ella se hallaba en la parte alta de la rampa, esperando que Neville la asistiera con el equipaje, y él acababa de empezar a subirla para ingresar al barco. Habían quedado a un palmo de distancia. Scorpius venía detrás de su mejor amigo y sintió como si una barrera eléctrica les impidiera acercarse el uno al otro. Escudriñó a la muchacha, notando que era más joven que ellos, y dedujo que no se trataba de la problemática Rose. Esta chica era pelirroja también, pero usaba ropa holgada y zapatillas deportivas; tenía el cabello extremadamente lacio y muchas más pecas que Albus. En realidad no había algo en su aspecto que la hiciera pasar por familia del Potter, eran diametralmente opuestos. Lucy sentía que no podía respirar, probablemente se desmayaría y, si tenía algo de suerte, se caería al río Támesis y moriría ahogada sin darse cuenta. ¿Cuántos años llevaban sin verse? No podía pensar con claridad. ¿Iba a desmayarse de verdad?

Albus la observaba como si tuviera una aparición en frente. No la creía real, le era difícil asumir que ella estaba ahí. ¿De todos los malditos Weasley tenía que encontrarse primero con Lucy? ¿Era alguna especie de castigo? Intentó recordar qué decían los budistas al respecto, porque probablemente él era la reencarnación de un hombre malo que venía a pagar por sus pecados cometidos; pero no logró conectar aquel estúpido argumento con Buda o alguna religión semejante. Solo sabía que aquello no podía ser cierto.

"Estoy contagiada… Otra vez…" pensó con horror la pelirroja, sintiendo que de improviso sus sentidos se agudizaban y el corazón bombeaba con innecesaria fuerza. No podía adivinar que el moreno cavilaba lo mismo y su cuerpo reaccionaba de manera semejante.

-Lucy -. Saludó con la garganta atorada. Ella exhaló un suspiro, asustada, emocionada, perturbada. Había olvidado como se escuchaba el nombre entre sus labios y lo mucho que le gustaba.

-Albus, es… bueno verte. -. A duras penas logró desviar la mirada azul zafiro para fijarla, entonces, en el rostro confundido que se encontraba detrás de su primo mayor. -. Oh… Hola.

-Scorpius Malfoy, un placer. -. Se presentó el rubio al percatarse que el ojiverde no estaba en condiciones de hacerlo. La bonita pelirroja asintió con cortesía antes de girarse y perderse en el interior de la embarcación; Albus no se controló y la siguió apresuradamente, olvidándose del Malfoy. -. Este será un largo viaje. -. Masculló para sí mismo al verse solo en medio de la rampa. ¿Qué había pasado entre esos dos?

-No lo será solo para ti. -. La voz femenina y aletargada provocó que Scorpius se sobresaltara. Una menuda muchacha lo veía con parquedad. Llevaba una blusa de tirantes y podía verse claramente el tatuaje en la piel traslúcida de la clavícula. Su cabello era más oscuro que el de Lucy, de un tono vinotinto parecido a la sangre. -. Lily Potter. -. Se limitó a decir a modo de presentación, dirigiendo su atención hacia el cielo que estaba pintado de naranja, rojo y azul oscuro. Pronto oscurecería y sería hora de zarpar.

-Hugo Weasley -. El rubio, antes de darse cuenta, recibía un apretón de manos por parte de otro pelirrojo que a simple vista no había notado porque iba detrás de la joven como si se tratara de su sombra. Tenía facciones infantiles y un aire liviano, amable. -. ¿Vienes con Albus? -. Tanto él como Lily habían visto el breve intercambio de palabras entre Lucy y Albus.

-Sí, soy su mejor amigo -. Contestó vagamente el ojigris, asombrado por la súbita aparición de aquellos dos. Como no los conocía se sentía incómodo, pero no podía negar que eran fascinantes. Acababa de presentarse con tres de los once Weasley que le faltaba por conocer y pudo constatar que se trataban de personajes muy dispares. No se animaba a preguntar nada por no parecer impertinente, aunque se moría de ganas por conocerlos a todos a profundidad y comenzar a indagar sobre el pasado. -. Albus me ha hablado sobre ustedes. -. Fue el turno de los dos jóvenes para sorprenderse; intercambiaron una mirada incrédula antes de mirarlo en busca de información. -. Quiero decir, no es que hayamos hablado a profundidad… Solo me comentó que tenía una hermana y un par de primos… -. Scorpius se sentía estúpido dando explicaciones y prefirió callarse antes de meter la pata. Por suerte Hugo parecía divertido.

-Oh, entonces debes conocer al "par de primos". -. Por algún motivo aquello le causaba gracia. Gracia que aparentemente Lily no compartió porque entornó los ojos y comenzó a subir la rampa. -. Y… -. Hugo esperó que la pelirroja se perdiera por la entrada antes de dirigirse a Scorpius -. Trata de no mostrarte tan abochornado. Supongo que sabes que llevamos años de no vernos, a lo mejor si los visitantes actúan como si nada podamos sobrevivir a esta visita.

-¿Los visitantes? -. El Malfoy pareció ofendido por aquella etiqueta, mas el Weasley se carcajeó ante su expresión. -. ¿Qué significa eso?

-Significa que eres la caravana de Albus -. La respuesta provino de Lily una vez los tres se encontraron en el pasillo de la entrada. Ella lo miró con displicencia, con la mirada color miel cargada de paciencia. -. Los esposos, parejas, amigos… Todo es una simple excusa para evitar la inevitable confrontación que va a estallar cuando nos reencontremos. Lamento que vayas a ser testigo de la indecencia de mis parientes.

-Lily -. La reprochó el pelirrojo, aunque no la corrigió. Scorpius meditó unos instantes, seguro de que Albus no lo había llevado con aquel motivo; él mismo se había autoinvitado, ¿no? -. No le hagas caso, es pesimista por naturaleza. -. Se disculpó en su nombre al tiempo que observaba a su alrededor. No había rastros de quien debía recibirlos. La ojimiel lo ignoró, cruzándose de brazos y evitando comentar alguna otra cosa. -. Me da la impresión que cenaremos en alta mar.

Fue entonces cuando Scorpius se dio cuenta que aquellos primos no se trataban con odio ni resentimiento, sino todo lo contrario. Parecían compenetrados. ¿Habían venido juntos? El hecho lo confundió. Se suponía que ninguno se hablaba y que habían firmado una declaración de muerte. Cada quien andaba por su lado, eso había dicho Albus. Sin embargo, Hugo parecía más bien la sombra de Lily y se movía a su alrededor como la Tierra gira alrededor del Sol. Estaban sincronizados. No se tocaban. Había algo extraño en ellos, algo de… ¿Atracción? Antes de poder descubrir de qué se trataba, Neville apareció para abrazar a los Weasley, especialmente a su ahijado, y los condujo al área de habitaciones mientras comentaba que ya se encontraban todos a bordo.

Se había tardado tanto porque entre tanto pasajero y las revisiones de la carga para la fiesta estaba completamente atareado; Arthur no le perdonaría si algo iba mal con el encargo. Tanto Lily como Hugo evadieron cruzar palabras con el hombre, pero Scorpius se distrajo conversando con él sobre el próximo destino. Efectivamente, tardaría un día en llegar a la isla y les tocaría cenar y dormir a bordo del transatlántico de la empresa. Al escuchar aquello, los dos primos se miraron titubeantes, con melancolía y desamparo; ¿Dormirían juntos como tantas veces o mantendrían el secreto? Algo en la mirada de Lily le indicó a Hugo que sería la segunda opción. Y él, que la conocía desde hacía tantos años, comprendió porqué mientras que para el Malfoy aquel intercambio resultó desconcertante.

-La cena será servida dentro de una hora, tienen tiempo para prepararse. Y en breve zarparemos. -. Informó el Longbottom antes de desaparecer en dirección a las cocinas. Lily siguió su ejemplo y se encerró en el dormitorio asignado, agradecida de no tener que encontrarse con los suyos tan pronto. El pelirrojo, en cambio, se ofreció a acompañar al ojigris en su búsqueda; Scorpius estuvo tentado a aceptar, de esa manera podría extraerle información, pero se negó con la excusa de que quería cambiarse. Ya podría encontrarse con Albus durante la cena.

Scorpius se acomodó, admirando la cama endoselada y el armario hecho con madera de roble. Había una peinadora y espacio suficiente para caminar de un lado a otro. Una puerta de papel fino anexaba una sala más pequeña con un minibar y cómodos sillones, como una salita de recepción. Trató de calcular el tamaño del barco usando como referencia el tamaño de su camarote, mas fue imposible. Además de las habitaciones probablemente había decenas de salas, baños y balcones mucho más grandes. El transatlántico era un mundo aparte alquilado para encerrar a los Weasley durante el viaje. La idea le causó gracia hasta que pensó en las palabras de Lily Potter; parecía segura de que el reencuentro acabaría en desgracia. Recreó la escena que había presenciado entre Lucy Weasley y su mejor amigo. ¿Acaso era ese el declive de Albus? Era evidente que algo más allá de la relación filial los había envuelto y, lejos de juzgarlo, Scorpius comenzó a pensar que la razón por la cual Albus se separó de su familia tenía nombre propio. La teoría de la ruptura que tenía iba flaqueando; al principio creía que se trataba de una única razón, ahora pensaba que era toda una enredadera repleta de rosas y espinas. Un rosario completo.

Aquello iba más de un choque colectivo; lo que fuera que había separado a los Weasley tenía mezclados asuntos personales de cada uno. ¿Y si eso los había perjudicado los unos a los otros? El Malfoy razonó y llegó a la conclusión de que no estaba suponiendo mal. ¿Pero de qué manera se habían atacado entre todos hasta perjudicarse lo suficiente como para odiarse? Finalmente se rindió a continuar analizando la situación. Todavía le quedaba mucho por evaluar, en primer lugar debía conocerlo a todos y valerse de una opinión propia. En ese momento solo contaba con la escueta versión del Potter. Emitiendo un suspiro, desesperado por el dilema en el que se estaba metiendo, empezó a sacar sus pertenencias del equipaje; necesitaba vestirse para le cena, que asumió como algo formal según las palabras de Neville.

Una hora más tarde se encontró a si mismo subiendo hacia el salón comedor con una vestimenta semiformal, deteniéndose brevemente en la sala continua, cautivado por la música que de allí provenía. Se asomó sigilosamente, esperando no importunar, y se topó con una maraña de rizos rojos contoneándose en el aire al compás de su dueña. Scorpius Malfoy jamás había visto un espectáculo semejante y, por ello, se mantuvo fascinado con la danza improvisada que Rose Weasley ejecutaba en el centro del lugar. En realidad se limitaba a dar vueltas con los pies, desprovistos de las estropeadas botas, en posición de puntillas como las bailarinas; bailaba bajo las notas de una canción que el rubio jamás había escuchado en toda su vida, captando perfectamente el ritmo como si alguien la hubiese escrito para ella y sus movimientos. Al verse tan atrapado por la esbelta silueta supo que se había encontrado con la prima más querida de Albus, la poseedora del único nombre que había llamado su atención. Quiso acercarse, pero ella se veía realmente concentrada en coordinar sus movimientos; de hecho, no parecía ni siquiera pensarlo. Se movía por gusto, con agilidad, florando sobre el piso entapizado. Era un deleite verla bailar.

-Si tanto te gusta mirarme, puedes tomarme una fotografía. -. Un respingo se escapó de los labios del heredero de Malfoy Corp al escucharla hablar al tiempo que se detenía y clavaba su mirada azul océano en sus ojos grises. Rose, que lo había visto al dar una de las tantas vueltas, pareció descolocada durante unos segundos al encontrarse con aquellos orbes que la observaban con descarado embeleso. -. ¿Quién eres?

-¡Scorpius! Te he buscado por todas partes, ¿dónde se supone que te has metido? -. Albus apareció de quien sabe dónde con su usual humor de perros. Se situó a su lado en busca de alguna explicación, pero él ni siquiera se dignó a mirarlo. Entonces el moreno se encontró cara a cara con su prima hermana, que perdió toda la insolencia que destilaba para adquirir una expresión atormentada. -. Rose…

-Sr. Potter, el Sr. Longbottom me envió para solicitarle que asista al comedor junto a su acompañante. La cena está servida -. La misma joven que había ayudado a Molly con el equipaje se presentó. Vio algo temerosa a Rose e hizo una reverencia apresurada, asustada por el aura que ella le inspiraba. -. Srta. Weasley, usted también… si desea…

-Gracias -. La cortó Albus Potter con amabilidad, indicándole que podía retirarse. Ella no lo pensó dos veces antes de obedecer y volvió a dejarlos a solas. -. Rose… -. El ojiverde se mostró inseguro y la pelirroja no parecía en mejores condiciones. Sus orbes delineados con carbón negro se posaron en los de su primo, intentando explicarle que no había necesidad de ser corteses. A ella no le servía escuchar un "es bueno verte" cuando sabía que no era cierto. Ella no era de las que hablaba innecesariamente, no hablaba con hipocresías. Albus lo sabía. -. Supongo que no se conocen… Eh, este es Scorpius Malfoy. Scorpius, ella es Rose Weasley, mi… prima.

-Un placer conocerte, Rose. -. Scorpius no pudo evitar sentirse emocionado, como si estuviera conociendo a una celebridad. Ella era deslumbrante a pesar del vestuario lúgubre y la expresión desencantada. Sin embargo, perdió todo el entusiasmo al ver como ella se colocaba los zapatos y salía del lugar tras regalarles una breve mirada a cada uno. -. Sí, todo un placer. -. Susurró para sí, decepcionado por la descortesía. Recordó lo poco que Albus le había dicho de ella y reconoció que, sin lugar a dudas, era una persona difícil.

-Le caíste bien -. Alegó en su defensa el moreno, quien tenía una leve sonrisa honesta pintada en los labios. A Scorpius le pareció ridículo y decidió no comentar nada al respecto. Intentó espabilarse, deseando no haber sido hechizado por esa aura atractiva que la pelirroja tenía. Perdería el tiempo y él estaba ahí con el objetivo de ayudar, no de complicarse la existencia. -. Es la misma de siempre…

-¿Igual que Lucy? -. A penas pronunció el nombre de la joven supo que había cometido un error. Albus perdió la expresión complacida para adoptar un gesto oscuro. Sin responderle empezó a caminar hacia el comedor, evitando encontrarse con la mirada acusadora de su mejor amigo, quien lo siguió de cerca sin poder quitarse a la bailarina de la cabeza.

Cuando Scorpius Malfoy ingresó al salón comedor quedó encandilado por el candelabro de cristal cuya luz aumentaba el brillo opulento del lugar. Había flores por doquier, de diferentes tipos; lilas, rosas, claveles… era un carnaval de aromas que embriagaban desde la primera calada. No le costó encontrar a Rose, que acababa de sentarse silenciosamente entre Lucy y otra pelirroja cuyo corte le hizo pensar al rubio, por un segundo, que se trataba de un hombre. Identificó a Hugo y a Lily en uno de los extremos acompañados por una pareja de treintañeros: Victoire y Teddy. Pudo también adivinar quienes eran los gemelos Scamander, cuyas hebras doradas se distinguían fácilmente entre las cabelleras pelirrojas. Albus no exageraba al afirmar que todos eran pelirrojos, porque entre los Weasley solo habían dos personas que no lo eran: Albus y su hermano James, quien junto a Lyssander evitaba mirar en dirección a Lily. Scorpius también vislumbró otras cabezas doradas, quienes sorprendentemente pertenecían a dos personas que él conocía.

-¿Lea? ¿Emmy? -. Cuestionó sin medir el tono, llamando la atención de todos los presentes. Las Nott le devolvieron la mirada, sorprendidas, como si fuera insólito encontrarse los tres a bordo del mismo transatlántico. En realidad, era absurdo que así fuera. -. ¿Qué hacen aquí? -. Añadió en busca de alguna explicación coherente. Y aunque no pretendía causar molestias, aquella pregunta peligró el equilibrio del ambiente.

Fred Weasley, sentado en un extremo opuesto a Lea y Roxanne, cogió la copa de vino que le habían servido y la ingirió de un solo trago al tiempo que Anne Longbottom le cogía la mano esperando que no cometiera una imprudencia; Emmy se vio incómoda al tener que confesar que estaba allí porque era la novia informal de un joven veinteañero; el resto de la mesa se mantuvo en afonía, esperando que alguno se atreviera a romper la paz conseguida a base de indiferencia. La única razón por la cual no había empezado la confrontación era porque ninguno se había siquiera dirigido un saludo. Todos actuaban como si no hubieran pasado ocho años, como si no estuvieran juntos en la mesa. Scorpius, obviamente, no lo entendía pero pareció darse cuenta que lo que estaba haciendo amenazaba un acuerdo colectivo.

-Soy Scorpius Malfoy, un placer. -. Explicó, esperando que aquello no lo dejara peor frente a la familia. Rose Weasley sonrió levemente, como si evaluara a una próxima presa antes de comérsela. Ninguno de los Weasley respondió verbalmente, aceptándolo entre señas y asentimientos. Sin embargo, tras unos minutos incómodos, Molly tomó la palabra.

-¿De casualidad perteneces a Malfoy Corp.? -. Preguntó una vez Albus y el rubio se sentaron. Las únicas sillas que estaban vacías eran las de las cabeceras, como si se respetara a Arthur y Molly incluso en ausencia.

-Sí, soy el hijo de Draco Malfoy. -. Contestó torpemente. ¿Qué le pasaba? Actuaba como un cretino, como un idiota. Y él no era así. Un nuevo silencio se apoderó del lugar. Scorpius rogó a los dioses que le dieran paciencia y evitaran que continuara haciendo estupideces; era como si cada palabra que pronunciara fuera una chispa dispuesta a iniciar la llama que incendiaría el bosque entero.

En seguida entraron los empleados y sirvieron la cena, colocando charolas de plata repletas de diversas recetas. Rose, que evaluaba todo lo que pasaba, notó con disgusto que estaban todos los platillos favoritos de cada uno. Empezaba a detestar más de la cuenta a su abuelo. El viejo los orillaba a recordar el pasado, estaba trayendo a los fantasmas a propósito. ¿Alguno más lo había notado? La Weasley dejó la paranoia para fijarse, entonces, en su familia. Llevaban años sin verse y, por increíble que pareciera, todos se veían como la última vez. Discretamente, de reojo, observó a su hermano menor; Hugo tenía características infantiles, como si su rostro se negara a abandonar al niño que vivía en su interior. Con consternación se percató de que iba directo a ser la copia de Ronald Weasley. ¿Y ella? Ella iba directo al vacío, distándose cada día más de la imagen de sus padres.

Scorpius, a su vez, los analizaba a todos. No quería perder la ocasión de empaparse de los Weasley. Aquella era una oportunidad única.

Se fijó primero en Victoire y Teddy, los primeros que Albus les había mencionado; a simple vista eran una pareja madura, con aires de éxito. Pero contrario a otras parejas, ni siquiera se tocaban o intercambiaban miradas cómplices. ¿Tendrían un matrimonio complicado? Aquella pregunta lo llevó a dirigir su atención a Molly, la única que le había hablado, y a su esposo, más joven que ella, Lorcan. Tampoco se veían; de hecho… Lorcan parecía enfocado en un punto lejano de la mesa y Scorpius, desde su posición, logró descubrir que se trataba de Dominique Weasley, la que tenía un corte de cabello de varón. Ella se veía taciturna, jugaba con la comida y no levantaba la mirada en absoluto. James Potter, que de cerca se parecía un poco a Albus, la miraba también con mortificación; Lyssander, su pareja, de vez en cuando le hablaba entre susurros intentando distraerlo y fallando estrepitosamente en el proceso.

Hugo y Lily parecían en su propio mundo; no eran ajenos a la tensión y a las emociones contenidas, mas solían perderse el uno en el otro en ciertas ocasiones. Había picardía, energía, seducción en ellos dos. Algo que contraponía totalmente la mirada herida de Albus, que frecuentaba el rostro pálido de Lucy Weasley; la joven tenía los nervios de punta, podía sentir los ojos del moreno sobre ella y la espantaba. Scorpius decidió que algo raro había, algo claramente amoroso, y desvió sus orbes grises hacia sus dos primas: Lea y Emmy. Lea tenía la misma actitud que Lyssander y al rubio no le costó adivinar qué tipo de relación había entre ella y Roxanne; lo que no comprendía era porqué Fred parecía querer tragárselas vivas desde su posición. Emmy, muy por el contrario, se veía desligada del humor colectivo y jugueteaba con Louis en intervalos de diez minutos; a veces le tomaba la mano sobre el mantel, otras ocultaba sus intenciones bajo la mesa.

Scorpius volvió a repasarlos brevemente a cada uno, deteniéndose finalmente en Rose Weasley. Ella le regresó la mirada, cautivándolo todavía más. Tenía unos ojos intensos, tempestuosos, potentes. Rose era la viva representación del mar en época de tormenta. Y empezaba a gustarle. Era expresiva, era llamativa. Era tan diferente como cada uno de los Weasley, aunque estaba verdaderamente en un plano superior como le había afirmado Albus. No supo por qué o qué gesto se lo reveló, pero mientras la observaba entendió a que se debía ese aire de superioridad que la envolvía; ella escondía algo más que el dolor, la ira, la impotencia de la ruptura familiar… Ella escondía el motivo.

N/A

Si me tardé tanto en actualizar fue porque he estado algo ocupada con todo esto de la situación en Venezuela. Como comprenderán no tenía cabeza para escribir, pero aun así me propuse a continuar porque no me gusta la idea de dejar esto colgado. Será un fic regular y prometo no tardarme más de un mes en actualizar. Lamento si la espera fue muy larga e.e De todas maneras, espero que hayan disfrutado la lectura y se sientan complacidos por este segundo capítulo que arroja luces sobre algunas cosas y oscurece otras. Agradezco de verdad a todas las que le dieron una oportunidad a este peculiar long-fic, ojalá no se decepcionen.

Besos a todos, pásense a dejarme un comentario *-* Me harán profundamente feliz.

Reviews.

Tengo dos Guest a quien no pude responderles vía MP, así que lo hago por acá. No sé si son la misma persona, pero como una firmó "Valeria" decidí responder por separado xDD

Guest: Como he dicho, quería hacer algo diferente a lo habitual. Ojalá no esté metiendo la pata jajaja Me gusta jugar con los personajes, con el ambiente. Pienso que para eso está la TG. Igual me contenta ver que hay personas que no salieron decepcionadas. Respondiendo a tu pregunta, suelo tardarme un mes o probablemente menos por cuestiones de la universidad (y a veces problemas personales). Solo me queda decirte que ánimos me sobran ;) Saludos y besos, gracias por el review.

Guest (Valeria): Retorcido... es, sin duda xD Pero la idea era darle una trama enredada, algo que diera para pensar y emparejar hechos y personajes. Estoy feliz de que te haya gustado, te agradezco el comentario *-* Cualquier duda, no te apenes a la hora de escribir. Muchos saludos.