Disclaimer: Caraqueña, morena, bajita... No, no soy JK Rowling así que los personajes/lugares no me pertenecen.
…
Sangre de mi sangre,
si quieres hacerte fuerte
aprende a volar muy alto
y también aprende a caerte
Besos Encadenados
Samo
…
Desarrollo
Weasley Vs. Weasley
1.
A Scorpius Malfoy le bastó una cena para comprender que la reconciliación entre los Weasley era mucho más difícil de lo que él creía en un principio. Además de añadir motivos ocultos, tan ocultos que no tenía posibilidad de descubrirlos, y nuevas teorías sobre la ruptura, existía entre el clan de cabezas pelirrojas una necesidad casi enfermiza de perjudicarse los unos a los otros. Era como contemplar el hundimiento de un barco donde los pasajeros se niegan a morir hasta haber ahogado a sus compañeros. Lo sabía porque durante el transcurso de la cena pudo adivinar las malsanas intenciones de Molly, Fred y Rose contrapuestas al miedo de Roxanne, Lucy y Dominique. Inclusive la taciturna Lily Potter se veía peligrosa. Scorpius pasó toda la noche en vela repasando las reacciones que había captado, trazando un bosquejo mental de la situación en la que se veía inmiscuido.
Recordaba muy bien la reticencia de Albus de reencontrarse con su familia materna. ¿Acaso había obrado mal al obligar a su mejor amigo a asistir a la reunión? Rápidamente descartó las dudas. No podía echarse para atrás, debía continuar con sus planes. Ninguno de los Weasley abandonaría la isla hasta que los dilemas se resolvieran; o al menos hasta que él entendiera qué había pasado.
Solo el eco de unos toquecitos en la puerta de su camarote logró borrar las inquietudes mentales. Scorpius dirigió una mirada desconcertada y recelosa a la puerta, dudando si permitir el acceso de quien estuviese tocando. Albus nunca se atrevería a visitarlo de noche porque generaría impresiones equivocadas; aparte de malhumorado y evasivo Albus Potter era intolerante. Sin embargo, si no era Albus… ¿Quién era? No conocía lo suficiente a Hugo, mucho menos a Lily, para que alguno se tomara tamañas confianzas con él. Los toques se repitieron insistentemente hasta que el rubio se levantó dispuesto a abrir.
Un par de ojos azul tormenta lo esperaban afuera. El corazón le dio un vuelco y le costó respirar al verla envuelta en seda negra, semejante a una furia infernal. Llevaba los pies descalzos y el rostro impoluto cubierto por la espesa maraña de rizos rojizos, pero se veía igual de desdeñosa que antes. Rose Weasley, la bailarina, lo contempló en silencio y con suma desconfianza; ni ella misma parecía entender qué hacía frente a la habitación de un desconocido.
-¿Puedo…? ¿Puedo entrar? -. Inquirió con un susurro fastidiado una vez se dio cuenta que él no la invitaría a pasar. Rose odiaba tener que pedir las cosas, solían presentarse ante ella como por arte de magia. Scorpius la miró unos segundos más antes de asentir, con las manos temblorosas, y darle espacio.
La puerta se cerró tras ella.
-Quiero que sepas que no suelo ser tan atrevida, pero…
-Lo siento, eso no puedo creerlo. -. La interrupción del rubio la descolocó. Él no entendía por qué había abierto la boca. Rose frunció el ceño, más fastidiada que antes, y le dirigió una mirada acusadora.
-No me conoces.
-Comienzo a hacerlo. -. Scorpius le respondía sin detenerse a pensar lo que decía. No sabía si se debía a la belleza oscura de la bailarina, a los nervios que le producía tener a una mujer atractiva en su camarote o simplemente si tenía ganas de provocarla; solo sabía que no podía dejar de ser sincero con ella, quería –de alguna manera- compartir todos sus pensamientos. -. Señorita Weasley, no creo que esté aquí para discutir conmigo. -. Añadió con una leve sonrisa inocente.
Aquella frase despertó un rastro inusual de humor en Rose, quien sonrió ligeramente divertida. Jamás un hombre de su misma edad la había tratado de señorita, la habían llamado de muchas maneras pero nunca de esa forma tan educada. Nunca había creído en los tratos formales. Eran otra manera de diferenciar a las personas y para Rose Weasley todas, absolutamente todas, venían fabricadas por mismo material. Fuera como fuera, él tenía razón. No había invadido su cuarto para discutir, al menos no sobre temas tan triviales. ¿Por qué se había excusado en primer lugar?
-Llámame Rose. -. Pidió sin abandonar la sonrisa, fijando sus orbes azules en los grises de él. Scorpius volvió a sentir un vuelco agitándole el pecho, repentinamente su mundo temblaba incontrolablemente. -. Vengo aquí porque sé lo que pretendes hacer y quiero… -. La pelirroja suspiró y se dirigió al borde de la cama para tomar asiento. El heredero intentó evitar pensar en cómo se vería envuelta en sus sábanas. -. Debes dejarlo.
-¿Exactamente a qué te refieres? -. Preguntó con cierta distracción. ¿Cómo podía ser una persona tan indiferente y tan bella al mismo tiempo?
-Quiero que dejes de pensar en cómo reconciliar a mi familia. -. Scorpius tuvo, entonces, que prestarle atención. Rose desmanteló la expresión serena para adoptar un gesto atormentado y honesto -. Ellos… no merecen que pierdas el tiempo tratando de arreglar sus vidas.
El Malfoy se mantuvo callado, sopesando las palabras escuchadas. Se aproximó con cautela a su interlocutora y se sentó a su lado sin ninguna intención adicional. Aunque le parecía condenadamente seductora no tenía cabeza para pensar en ello; se le estaba presentando en bandeja de plata la oportunidad de obtener información sobre las penas de los Weasley. Rose, que se veía fría y rabiosa con su familia, estaba abriéndose con él para pedirle un favor. Un favor que ponía de cabeza todas sus intenciones. ¿Por qué quería ella que todo continuara como estaba? Le asaltó de pronto la idea surgida durante la cena: Rose sabía mucho más de lo que aparentaba.
-No estoy intentando arreglar la vida de nadie, solo quiero que Albus… -. ¿Que Albus qué? "Quiero que Albus sea como antes de perder a su familia", eso le habría gustado decir. Pero Scorpius Malfoy no conocía a Albus Potter antes de que se diera el cataclismo en el seno de los Weasley. ¿Entonces qué buscaba?
-Quieres satisfacer tu curiosidad. -. Completó la pelirroja, adquiriendo de inmediato una expresión indignada. Casi se sentía decepcionada al descubrir que aquel rubio era igual a los demás. -. ¿Qué crees que somos? ¿Un espectáculo? ¿Un titular? No eres el primero que viene buscando desenterrar el pasado por interés propio. -. Rose se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta. -. Tampoco eres el primero que se irá con las manos vacías.
-¡Rose, espera! -. Scorpius, no supo cómo, se movió a grandes zancadas para apoderarse violentamente de la muñeca de la ojiazul. Ella se congeló en su sitio, perpleja. Nunca le habían puesto una mano encima, nunca alguien se había tomado confianzas con ella. Al menos no sin su permiso. ¿Por qué sentía que su circulación sanguínea se aceleraba? ¿Era su corazón el que bombeaba sangre con mayor rapidez? ¿Era por efecto de los cinco cigarros que había fumado después de la cena o… se debería al tacto de Scorpius? -. No creo que se trate de una simple historia… Tienes razón, quiero saber lo que sucedió para que una familia tan unida se quebrara de la noche a la mañana; pero también quiero saber qué pasó para que mi mejor amigo se convirtiera en la persona que es hoy en día. -. El mar tormentoso en los ojos de la pelirroja pareció transformarse en un océano plácido. -. Quiero saber si las cosas pueden ser diferentes.
Las palabras parecieron tener el efecto de un calmante. La Weasley, aun envuelta en seda negra y cabello rizado, se relajó. Mantuvieron el contacto por unos instantes hasta que él se sintió seguro de que ella no saldría corriendo, que no huiría de su lado. Rose tenía la apariencia de ser una de esas visiones que aparecen en los sueños y se marchan con la luz del sol. Intercambiaron miradas, como si estuvieran evaluándose mutuamente antes de dar el próximo paso. Scorpius la veía con una adoración inmerecida, con un anhelo producto de encuentros fortuitos. Rose Weasley no lo sabía, pero se había quedado impresa en las retinas de Scorpius Malfoy. Ella era su bailarina.
-Si vas a jugar este juego debes conocer primero las piezas. -. El Malfoy dio un respingo al escucharla. No esperaba que ella le respondiera. -. Una vez entiendas cómo se mueven en el tablero… Podrás descubrir sus motivos.
-¿Quieres decir que esto es… Sospecha? -. Cuestionó con una sonrisa entretenida, una que borró inmediatamente al notar que la pelirroja hablaba en serio. -. Oh, vamos. Eras tú la que decías que esto no es un espectáculo, ¿a qué vienen las metáforas didácticas?
-Scorpius, mi abuelo tiene tus mismas intenciones. Quiere a su familia -. Rose parecía escupir las palabras como si estuviera destilando veneno -. unida y, sobre todo, quiere saber por qué todo su legado se vino abajo. Hablo con sinceridad cuando te digo que ellos no merecen consideraciones; mientras no entiendas que son una plaga venenosa… no podrás encontrar las respuestas que buscas. -. La pelirroja volvió a adquirir un tono sombrío, recobrando la imagen ajena que poseía durante la cena. Scorpius no pudo evitar encontrar la misma evasiva de Albus en esos gestos. -. No creas que es una historia de simples discusiones. Lo que pasó… Esto es un juego de todos contra todos.
Y sin dejarle pronunciar palabra alguna, Rose Weasley abandonó el camarote de Scorpius Malfoy para mezclarse en la oscuridad de la noche. Afuera, el agua del río mecía el barco en movimiento, transportándolos a su destino. A la mañana siguiente, el rubio heredero de Malfoy Corp. sintió que todo se había tratado de un simple sueño; o al menos lo creyó hasta que se encontró con la mirada cómplice de la primogénita de Ron y Hermione. De alguna manera sentía que, tras la seriedad que el tema guardaba, ella se divertía proponiéndole jugar en un escenario de sospecha y rivalidad. Era realmente como estar involucrado en una partida de Sospecha o en una teleserie de suspenso y drama.
Scorpius se sentó a desayunar junto a los Weasley, junto a sus primas, junto a los Scamander y Anne Longbottom. Curiosamente, todos parecían estar preocupados y ansiosos aunque no se dirigían la palabra. El pacto de mutismo que conservaba la paz seguía vigente. El olor de los adornos florales se comportaba como una droga perfumada, entumeciendo los sentidos de los presentes; la sala del comedor estaba sumida en una suave música, armoniosa, cálida que combinaba con la comida pero no con los invitados; las aguas claras del río y las casas ubicadas en la orilla se veían desde la distancia. De no haber estados todos tan enfrascados en permanecer inmutables y silenciosos, habrían podido comentar sobre la belleza del paisaje. Albus, que era más sensible en cuanto a aspectos visuales, fue el único que se atrevió a acercarse a la terraza para aspirar aire fresco. Tanto a Lily como a Lucy les habría gustado seguirle.
De vez en cuando los camareros se movían entre las sillas para atenderlos, interrumpiendo sus pensamientos e intercambios de miradas. Parecía que cada pareja se encontrara cenando sola; como si cada asiento fuera un universo complejo. Scorpius no comió demasiado, de hecho apenas probó bocado porque se encontraba muy ocupado analizando, por segunda vez, a los presentes. Hizo un bosquejo mental donde iba hilando las reacciones que se producían en el comedor. Trataba de hacerse una idea de lo que inspiraba cada quien y la imagen que Rose quería regalarle de sus parientes mientras aquel acuerdo de indiferencia le recordó a su propia familia. ¿Cómo podían compararse los Weasley con los Malfoy? Casi resultaba absurdo que respondieran con la misma antipatía y acritud que el clan de cabezas doradas aunque los superaban en número.
-Maldita sea -. A penas había sido un susurro, que por efecto de la afonía se multiplicó como un eco atronador. Automáticamente todas las miradas se posaron en la dueña de aquella voz cruel, incluyendo las esmeraldas de Albus, quien retornó al comedor al instante. -. Necesito un cigarro.
Aquella exclamación provino de los labios rosáceos de Rose Weasley. Aun abandonada de tonos amenazantes o groseros, pareció ser suficiente para provocar a su familia. Molly se vio particularmente enfadada y de cierta forma aliviada pues parecía querer motivos para desacreditar a su prima. Victoire y Fred también se mostraron disgustados por el atrevimiento, pero en su mayoría estaban todos incómodos. Hugo contemplaba a su hermana como si por primera vez se percatara del hecho de que estaban sentados en la misma mesa tras ocho años de no verse.
-Estamos comiendo, Rose…
-No necesito tus reproches, Victoire.
La calló sin siquiera mirarla. Rose se elevó el borde de la falda negra que llevaba puesta, generando sonrojos y suspiros ahogados, para extraer un pitillo de nicotina de la liga de su ropa interior. No parecía preocupada por la indecencia que estaba cometiendo, como si estuviera acostumbrada a hacerlo, y llevó aquel instrumento hacia el fogón que mantenía caliente la avena del desayuno. Inmediatamente el humo empezó a emanar de uno de los extremos. Scorpius estaba perplejo. Además de él, solo Emmy Nott se encontraba sorprendida. Louis apretó su rodilla bajo la mesa, intentando aferrarse a algo a la espera de no ver un estallido inevitable; no quería pasar por lo mismo otra vez. Victoire Weasley tenía los labios entreabiertos, sin creer que su prima menor la había tratado de aquella forma frente a una considerable cantidad de personas; Molly, a su vez, parecía haberse tragado un limón.
-No has cambiado en nada, Rose. Sigues siendo…
-Por favor, no me hagas decir lo que sigues siendo tú. -. Rose dio una calada y sonrió con fingimiento. Albus miró a Scorpius a los ojos como si quisiera prevenirlo. Este no solo captó el gesto de su mejor amigo sino que pudo notar la evidente preocupación en el rostro de Hugo y Lucy y el fastidio en la mueca de Lily y Fred. Era como si todos hubieran adoptado una actitud defensiva. -. Mejor vamos a poner las cartas sobre la mesa, familia. ¿Qué haremos cuando Arthur Weasley comience a hacer preguntas? ¿Está alguno dispuesto a confesarse el día de hoy?
Nadie se atrevió a responderle. Molly, que aún sentía la ira burbujeando en su interior, se mordió la lengua y fijó sus ojos azules en el tocino frío que había quedado intacto en su plato. Ni siquiera ella era capaz de alegar nada si Rose tocaba el tema más delicado de la familia. Hacía muchos años que llevaba atragantado el dolor de no comprender cómo había todo terminado tan mal; inclusive Molly Weasley deseaba saber con exactitud cómo se desarrollaron los hechos del fatídico día en el que su familia había sido destruida. Lorcan, inesperadamente, le cogió la mano para apretársela de manera solidaria. Era el primer gesto afectuoso que tenía para con ella desde hacía muchos años; gesto que fue interceptado por Dominique al instante.
Rose continuó fumando, rociando humo por la boca y sudando veneno con la mirada. Scorpius estaba fascinado por su vulgar manera de ser, tan distinta a la sombra que había aparecido la noche anterior en su camarote. Ella era como el fuego, amenazaba con quemarlo todo a su paso sin conmiseración. Y él solo tenía ojos para ella.
El comedor continuó en silencio.
El barco tocó puerto.
Habían llegado a la isla.
2.
El primer indicio de que la reunión era una vil treta para mantenerlos encerrados en la pequeña isla artificial fue la partida del trasatlántico seguida de la sonrisa nerviosa que Neville Longbottom les regaló antes de conducirlos a La Madriguera. Para llegar a la casona había que cruzar un largo trecho, pero los Weasley y sus acompañantes comprobaron que esta vez Arthur no pretendía rendirles homenajes; no había carruajes esperando para transportarlos, no había nadie para recibirlos a excepción del padre de Frank y Anne. Los únicos transportes de carga se habían encargado para llevar los preparativos de la fiesta. Por consecuencia, los jóvenes herederos tuvieron que cargar con su equipaje y la amarga incomodidad que el silencio les regalaba. Después de la intervención de Rose todos habían quedado afectados y la repentina brisa helada que arrastraba los olores típicos de la infancia solo logró alterarlos más.
Scorpius abandonó el intento de ubicarse tras Rose presintiendo que su mejor amigo lo necesitaba. Efectivamente, Albus tenía una expresión de funeral que jamás había usado en su vida; parecía dispuesto a morder a cualquiera cual perro rabioso. Su mirada esmeralda estaba fija en el camino de tierra, intentando no dirigirse a la figura empequeñecida de Lucy; estaba ataviada en un suéter de lana desteñido que todavía desprendía el perfume de la naftalina. Lucy seguía siendo la misma niña de antes, despreocupada en cuanto a su físico y tremendamente torpe para las cuestiones sociales. Lucy seguía siendo la misma niña que se hundía en sus hombros para pasar desapercibida, que escribía a media noche entre tazas de café y té caliente. Lucy seguía siendo la misma niña que lo había hecho perder la cabeza. Y eso lo perturbaba.
-Esto fue una mala idea, Scorpius… -. Masculló entre dientes con su bolso y una de las maletas de Scorpius sobre los hombros. El rubio lo miró con condescendencia, mas no se atrevió a decir nada. -. Luego de esto tendrás que internarme en un manicomio.
-Siempre tan exagerado. -. Ambos amigos dieron un respingo al notar la presencia de Dominique Weasley, quien venía arrastrando los pies tras sus pasos. Llevaba una camisa de botones muy masculina y jeans con ruedo mal cosido. Su cabello era tan brillante y rojo como el de sus primas aunque estaba cortado al mismo estilo que sus primos. El Malfoy tuvo que reprimir una sonrisa; cada vez que la veía tendía a confundirla con un hombre pero sus suaves facciones lo obligaban a rectificar. Dominique era hermosa a pesar de su apariencia poco femenina. -. Ninguno terminará loco, Albus.
-No trates de hacerte la tonta, Dom. -. Albus chasqueó la lengua con fastidio. Estaba tan obstinado que ni siquiera se dio cuenta de que le estaba hablando a uno de sus parientes y encima la había llamado por su apodo. La joven sonrió y miró el camino sintiéndose pequeña de pronto. -. Esto fue una terrible idea.
-Honestamente, me sorprendió que vinieras. -. Dominique parecía aliviada de no verse rechazada por su primo y Scorpius, que continuaba mirándola, se percató de ello. El moreno arqueó una ceja pero continuó con la vista al frente. -. No creí que quisieras ver a… -. Dudó un segundo. -. …a Lily y a James. La última vez no terminaron en buenos términos.
-No creíste que quisiera ver a Lucy. -. Corrigió el moreno con acidez. La pelirroja se mordió el labio, incómoda. Sin duda no esperaba recibir una contestación semejante, tan sincera y directa. El Potter suspiró y con un ademán le indicó que no se preocupara. -. La última vez no terminé en buenos términos con nadie. -. Ambos intercambiaron una breve mirada, comprendiéndose mutuamente. -. Igual que Rose, igual que Fred, igual que… igual que tú. No pensé que quisieras ver a alguien después de lo que pasó.
Dominique no volvió a hablar, dejando muy en claro que prefería guardarse la respuesta a esa insinuación. Scorpius, entre tanto, estaba demasiado inmerso en la conversación como para decir algo más. Estaba obteniendo información sin solicitarla. Albus era el mismo y a la vez otro muy diferente cuando se encontraba rodeado de su familia. Y mientras pensaba en ello se dio cuenta de que probablemente ninguno se comportaba como realmente era pues trataban de resguardarse en sus corazas para evitar salir heridos. Los Weasley estaban, como había dicho Rose, todos contra todos.
A la defensiva, dispuestos a asestarle un golpe al más próximo para aniquilarlo.
El ambiente era tenso. Rodeada de toda clase de árboles, desde especímenes de veinte metros hasta arbustos de ramas delicadas, la comitiva caminaba a paso receloso por la descuidada vía. La tierra era oscura, rica en nutrientes, y parecía haber sido desplazada de golpe y con rapidez para abrir un sendero. Los kilómetros que separaban el pequeño puerto de la isla y la mansión donde vivían Arthur y Molly eran considerables, pero la vegetación era única y daba la sensación de acortar el recorrido. Solo los nietos Weasley reconocían cada piedra que acompañaba el paisaje. Era la cuna donde habían sido criados, los parajes por los que habían corrido descalzos, los árboles que habían escalado decenas de ocasiones. La nostalgia y la melancolía eran hermanas de aquel sitio paradisiaco ajeno al mundo.
Entonces surgió entre los bosques un techo fabricado en ladrillo color borgoña. Scorpius y Emmy, quienes jamás habían estado en la isla, admiraron la construcción que lo sostenía; era una casa pequeña de dos plantas con amplios ventanales desde los cuales se veían muebles y adornos cubiertos por el abandono y la soledad. Estaba algo apartada del camino, como si tuviera la intención de esconderse entre las copas de los árboles, visible aun en la distancia. La súbita aparición obligó a Victoire, Dominique y Louis a detenerse; los tres hermanos, indiscutiblemente opuestos entre sí, se acercaron al borde de la vía para aproximarse con expresiones de asombro, vergüenza y tristeza. A Scorpius le habría gustado hacerlo también, mas no se permitió intervenir en lo que parecía un momento importante.
Y de pronto había más casas.
Todas eran iguales a excepción de sus interiores donde residían estilos particulares y distintos, donde las fotografías variaban de rostros y recuerdos. Los Weasley, uno a uno, se iban deteniendo por breves y esporádicos instantes y solo Roxanne, en conjunto con Lea, se quedó más tiempo. Rose personalmente se permitió tres segundos para echarle un vistazo a uno de los edificios, alumbrando amargura y rabia. A Scorpius no le costó adivinar qué escenario componían esas casas escondidas en el bosque, cerca del sendero que guiaba a la casona de la isla.
Eran las sombras del pasado que volvían a resurgir en medio de aquel invierno inusual.
Eran las casas donde habían vivido los Weasley.
Y así como aquellos edificios aparecieron, también desaparecieron para abrirle paso al complejo jardín delantero que gozaba el hogar de Arthur Weasley y su esposa: La Madriguera. No mucho más grande aunque infinitamente más luminosa, de un aspecto acogedor y espléndido, se confundía con el paisaje con la misma facilidad que las otras. Incluso Scorpius tuvo que admitir que aquella construcción de madera sólida sobrepasaba en belleza a la acomodada Malfoy Manor. Estaba maravillado por el brillante color blanco vaporoso que recubría las paredes. ¿Estaría hecha de algodón? Ubicada en una leve pendiente, imponente sobre las anteriores, era como la puerta al cielo. ¿Allí habían crecido los Weasley? ¿Ahí Albus había comenzado a mezclar colores para lanzarlos sobre el lienzo? Era difícil imaginar que su mejor amigo, con su departamento-pocilga, había habitado aquel lugar.
En la puerta, con la mirada iluminada por la ilusión y la emoción, se hallaba Molly Prewett de Weasley, la primera dama de Weasley Group. La mujer temblaba, a pesar de estar erguida como una vara de medir, y extendía sus manos en dirección a sus nietos con indecisión, sin saber a cuál de ellos agarraría primero. Sorpresa para ella fue descubrir que todos parecían renuentes a sus intenciones.
-Señora Weasley, es un placer volver a verla. -. Lorcan hizo gala de su mejor sonrisa y sus buenos modales, acercándose a pasos rápidos para revestir las expresiones de los Weasley. Desde Victoire hasta Lucy, parecían terriblemente incómodos y perturbados. Scorpius asumió que ninguno esperaba ver a su abuela antes que al patriarca y aquella bienvenida tan amable no les había sentado bien. -. Está tan hermosa como siempre.
Scorpius pensó primeramente que Lorcan era experto cubriendo las groserías y malos ademanes de los demás. Era un hombre que sabía mentir de ser necesario. No obstante, cuando se fijó en la sonrisa afectuosa, y ligeramente decepcionada, de Molly Prewett se dio cuenta de que el Scamander no mentía. Esa mujer, de cabello canoso, ojos mieles rasgados y con un vestido floreado que cubría estratégicamente sus kilitos de más, era bella. Tenía menos pecas que sus nietas, pero el porte y la gracia que denotaban sus facciones era igual.
Lyssander le siguió los pasos a su hermano, besando la mano de la anciana, mientras que Lea le cogió las manos para apretarlas cariñosamente. Los demás, en cambio, permanecían quietos con las miradas fijas en diferentes puntos. Lucy fue la primera, finalmente, que pareció armarse de valor al recordar que estaba ahí también por su abuela y no solo por el dinero; Rose, que no estaba cohibida sino furiosa, tuvo que morderse la lengua y aceptar la intención que su prima tenía. La imitó, por respeto a esa anciana que los había amado incondicionalmente. Ambas se acercaron para ser estrechadas con un amor inmerecido, al tiempo que Molly Prewett lloraba alegremente. ¿Cuántos años había pasado sin abrazar a sus niños? Tanto Rose como Lucy se mantuvieron calladas una al lado de la otra dejando que la tela de sus ropas absorbieran las lágrimas de la abuela. Uno a uno los Weasley, cediendo al dolor que les causaba ver a la mujer que los había criado en ese estado lacónico, se dejaron abrazar, besar y acariciar; uno a uno se tragaron la incomodidad, la desconfianza, el odio y el rencor.
Por dentro, la casa parecía ser mucho más grande. Había una escalera en espiral que ascendía por las diferentes plantas como una serpiente marina; cada rincón iba vestido de flores, adornos y recuerdos de viajes a tierras lejanas pero las paredes solo se cubrían con pinturas de paisajes. Ni una sola fotografía ni un solo objeto que enlazara a los recién llegados con aquel lugar recóndito e iluminado. Scorpius comenzó a creer, teniendo como referencia el departamento de Albus, que ocultar fotos y retratos era costumbre en la familia. La anciana bailoteaba y hablaba animadamente, cambiando de posición al tiempo que sus brazos se estrechaban en torno a sus nietos y nietas. Solo Lorcan y Lea parecían mostrarse interesados en lo que decía; Lyssander trataba de seguirle el juego a su gemelo, mas la respiración nerviosa de James lo mantenía preocupado.
-Neville, el equipaje. -. La voz de la anciana era grave y suave a la vez, como un susurro involuntario. El susodicho asintió y desapareció tras una de las puertas para conseguir ayuda. -. Oh, mis niños… No saben la alegría que me produce tenerlos en casa. -. Les regaló una nueva mirada amorosa, entusiasmada que ninguno recibió. -. A todos… Y pensar que hace ocho años que… -. Pareció ahogarse en llanto al decir aquello. -. Creí que moriría antes de verlos otra vez…
Si Molly Prewett pretendía hacer que la culpa los devorara de adentro hacia afuera, lo logró. Inesperadamente los jóvenes tomaron consciencia del estado delicado de la abuela Weasley y, para sorpresa de Scorpius y Emmy, comenzaron a relajar los rostros y a sonreír como si estuvieran felices de reencontrarse. De pronto Lorcan y Molly y Victoire y Teddy se convirtieron en los matrimonios perfectos, Lily y Hugo tomaron una distancia prudencia igual que Lucy y Albus, Dominique se veía más arreglada y femenina. Era como ver un proceso de metamorfosis. Louis bromeó con James, Roxanne y Fred se miraron con cordialidad, Lyssander y Lea se tensaron en sus sitios. Cada pieza fue encajando como si se tratara de un viejo rompecabezas que todos sabían armar, como si cada uno conociera el lugar que le correspondían. Scorpius no entendía, y no llegaría a entender hasta que Rose se lo explicara, que lo que los nietos de Molly hacían era representar una obra bien ensayada; volvían a ejecutar la sinfonía que durante toda su vida, antes de la confrontación, habían ejecutado. Rose, la única que continuaba renuente a imitar lo que se desarrollaba frente a ella, lo veía fijamente como susurrándole: "Admira cómo empiezan a moverse las fichas sobre el tablero".
Y entonces apareció la figura imponente de Arthur Weasley por las escaleras, haciendo resonar los escalones con su humilde bastón fabricado en roble y los zapatos de pasar la tarde bien atados. Fue en esa mirada inexpresiva de color hielo que el Malfoy comprendió de dónde venía el mal carácter de los nietos Weasley, de donde habían heredado la expresión de odio y falsedad.
3.
Scorpius Malfoy fue presentado a los patriarcas Weasley por Albus Potter, quien se dirigió a sus abuelos con total naturalidad y seguridad. No había rastros en ese rostro de amargura, molestia o resentimiento. Simplemente era una máscara impoluta de serenidad. Serenidad colectiva, serenidad hipócrita marca Weasley como lo llamaría Rose más tarde. Estaba anonadado, incrédulo. Veía de reojo, mientras Arthur Weasley lo evaluaba con afabilidad, como hermanos y primos conversaban entre sí sentados y dispersos en amplio salón de visitas. Incluso Lucy Weasley tocaba el piano entre las risas cómplices de Molly y Lorcan, entre las miradas amorosas y coquetas de Victoire y Teddy, entre los juegos de manos de Dominique y James. Era como si ese pacto de silencio que habían tenido en el barco jamás hubiera existido, como si el peso de ocho años y de antiguos rencores hubiera desaparecido, como si la historia de los Weasley no hubiera sido interrumpida jamás.
Se sirvió café, licor, té y galletas. Se abrieron los ventanales para dejar entrar la brisa helada, se dispuso un tema de conversación para todos. Scorpius veía como acontecía la tarde sin tener palabras para describir su sorpresa, su impresión. Repentinamente, se sentía verdaderamente en un juego de Sospecha. Alzó la mirada y contempló a Rose Weasley. La pelirroja estaba sentada en uno de los taburetes del minibar con las piernas blancas y esbeltas cruzadas y la mirada fija en la pared frente a ella; ahí reposaba un retrato gigantesco de Arthur y Molly muy reciente.
-Si me disculpan, iré a servirme. -. Masculló sin voltear a ver a su mejor amigo. No lo reconocía, no tenía ganas de hablar con él siquiera. Se acercó a pasos veloces a la bailarina con la necesidad asfixiante de tenerla cerca para aspirar ese aire de sinceridad que la rodeaba. Ella lo esperaba, se lo dio a saber cuándo le tendió una bebida de tonos oscuros. Tan oscuros como su mirada color tormenta.
-Debes estar un poco confundido. -. Comentó despreocupadamente la ojiazul al tiempo que le daba un sorbo al licor que reposaba en su copa. -. No es para menos. No sabes cuánto me espanta que hayas tenido que presenciar semejante tramoya. -. Otro sorbo, ninguna expresión. -. Qué vergüenza…
Scorpius la dejó hablar sola. No es como si tuviera algo que decir, más bien quería explicaciones. Sus ojos grises se movieron por el cuarto, percatándose de que Arthur Weasley lo veía desde su posición.
-No lo mires a los ojos. -. Ordenó la pelirroja con gracia, casi divertida por el respingo que había logrado arrancarle al rubio. Se miraron. Scorpius se preguntó cuántas veces en la vida tendría que desfallecer ante esos ojos enardecidos. -. Sabes… al principio, antes de venir, yo me encontraba en un estado lamentable. Me recompuse para venir a pesar de que me repetía continuamente que no iba a ceder a los placeres de mi abuelo. -. Un nuevo sorbo, esta vez más largo. -. Cuando vi a mi familia supe que todo el pasado, toda la inmundicia de los recuerdos iba a caernos encima. Esperaba que nos gritáramos, que nos comiéramos vivos y el barco se hundiera de camino a la isla… Esperaba que fueran leales a esa tirria que dicen sentir. -. Por alguna razón Rose se veía más ajena que nunca. -. Te especifiqué que era un juego… y lo es. Todos fingen porque tienen miedo de quedarse en la banca, de tener que entregar los puntos que tienen a ese malnacido árbitro que los evalúa con suficiencia. -. Sonrió con ironía. -. El viejo sabe cómo manejarnos.
La pelirroja repentinamente recordó que Scorpius era un extraño, que estaba completamente alejado de toda la historia familiar. Lo observó unos instantes, admirando la incredulidad inocente que resplandecía en sus ojos grises; pensó que tal vez él si era sincero y pretendía cambiar las cosas, pero para ella la idea de reconciliar a la familia no solo le resultaba imposible sino también indignante. ¿Quiénes eran sus primos para que ese rubio amable, cándido y agradable los ayudara? No valían el esfuerzo que hacía Malfoy por comprender. No valían nada porque una vez más habían sucumbido a la imposición de Arthur Weasley, una vez más se habían ultrajado a sí mismos.
Arthur Weasley no había sido siempre así. En realidad, Rose recordaba que de niña se sentaba en sus piernas para balancearse y recibir besos en la coronilla. No, su abuelo no estaba fabricado hielo; más bien era agua que con el tiempo había ido congelando. Su mirada se había endurecido por la tragedia del 2022 cuando parte de su familia había sido masacrada; aquello había dejado heridas en los corazones de los Weasley, pero además había inducido a Nana Molly a un estado de locura del que jamás pudo recuperarse. En un día, la alegre dinámica familiar se transformó en una pesada carga que todos debieron llevar sobre los hombros como una cruz. Desde aquel día, todos habían perdido parte de su esencia. Se habían perdido a sí mismos.
-No creo poder explicarte… toda la historia. -. Admitió Rose al volver a la realidad. Era cierto. No sentía la capacidad de verbalizar los años de condena que les habían tocado vivir. -. Scorpius… –. El rubio se sonrojó ligeramente al escuchar su nombre pronunciado por los labios de la Weasley -. Yo no puedo ayudarte a rehacer la vida de esta familia, principalmente porque todavía creo que no te corresponde a ti meterte en asuntos en los que no pintas nada y en segundo lugar porque la idea me revuelve el estómago; te lo dije y lo volveré a decir: no merecen que nadie les tenga consideración. -. Otro trago de bendito licor. Rose había mandado al diablo su decisión de abstinencia al reconocer que si no bebía acabaría por volverse loca; aun sentía la falta de las drogas en su organismo. Suspiró y volvió a beber antes de continuar, intentando ahogarse con la bebida y las palabras -. Si estoy siendo honesta contigo es porque lograste captar mi atención anoche. Además, me causa curiosidad saber cómo te manejas en este ambiente. -. Sonrió ladinamente, olvidando por un instante la seriedad.
-Básicamente, para ti soy un entretenimiento. -. Arguyó Scorpius con el ceño fruncido. No sabía cómo tomarse la confianza de la ojiazul. Ella se limitó a asentir con honestidad. Él no lo admitió en ese momento, pero de alguna retorcida forma le gustaba que ella fuera tan certera a la hora de hablar; nunca incurría en falsedades y eso era algo que no se veía todos los días. La gente tiende a disfrazarlo todo, especialmente a sí mismos. -. Está bien, digamos que me parece bien hacer de payaso… Dijiste que no puedes ayudarme a rehacerlo todo, ¿pero acaso me ayudarás a encontrar las piezas? -. Algo en el tono de Rose le dio entender que así era y al ver sus orbes claros supo que no estaba equivocado. Al menos era un avance.
-Conociendo a mi abuelo como lo conozco, planeará un almuerzo a media tarde en el jardín trasero. Te darás cuenta que servirán las mismas comidas de la cena de ayer, que pondrán la misma música, que estarán las mismas flores. Comenzará hablar sobre lo triste que es vivir en la isla sin la compañía de sus nietos e inducirá a Nana Molly a llorar para amedrentarnos todavía más. -. Los labios de la ojiazul se fruncieron, añadiéndole años a su maquillado rostro. Sus ojos delineados en carbón negro se volvieron más intensos cuando se fijaron en los de él. -. Sugerirá un partido de críquet, armará los equipos y se dedicará a quejarse sin contención: felicitará a Molly y a Fred por sus gestiones laborales, criticará a Albus y a Lucy por continuar perdiendo el tiempo, me lanzará algunas indirectas sobre el decoro y la prudencia… Cuando eso suceda, presta mucha atención a las reacciones de mis adorados primos. -. Rose se bajó del taburete y depositó el vaso de cristal sobre la barra. Scorpius no había tocado si quiera el suyo.
-He estado observando a tus primos desde que llegué, ¿qué diferencia…?
-Si haces bien este encomiendo, te visitaré en la noche y responderé todas las preguntas que quieras hacer. -. Lo cortó con brusquedad, en un susurro confidencial. De reojo el rubio se dio cuenta de que más de una mirada estaba posada sobre ellos. ¿Acaso habían hablado demasiado alto? Entonces lo notó: casi de forma imperceptible los orbes azules de los nietos Weasley estaban sofocados por múltiples emociones que iban desde la frustración hasta la rabia, desde el dolor hasta la vergüenza, desde la desconfianza hasta la malicia.
Scorpius acababa, sin percatarse de ello, de entrar en el juego Weasley Vs. Weasley.
4.
Todo se hizo tal como Rose lo predijo.
Sentado bajo los tenues rayos del sol invernal y calado por la ventisca que empezaba a traer bajas temperaturas a Inglaterra, Scorpius presenció cómo cada una de las palabras de la bailarina se cumplía al pie de la letra: escuchó claramente las insinuaciones y los desplantes de Arthur Weasley, escuchó los gemidos lastimeros de la señora de la casa y observó tanto que traspasó el estoicismo dibujado en los rostros de los nietos y los demás invitados. Se habían cambiado de ropa, accediendo a usar ropas más abrigadas y cómodas que se ajustaran al clima y a las intenciones del abuelo; incluso Albus, a quien jamás había visto hacer deporte o ejercicio, participó activamente en el partido y anotó dos carreras junto a Louis. No obstante, aún actuando con serenidad y tranquilidad, ninguno de los nietos sonreía con franqueza o intercambiaba miradas cómplices; aun hablando entre ellos, se ignoraban.
Porque ninguno era inmune a Arthur Weasley.
La única que se negó a jugar fue Rose, quien se hallaba con los pies cruzados sobre la mesa del té y la vista fijada en el cielo. Llevaba las mismas botas de tacón ancho con las que Scorpius la conoció y unos jeans azul oscuro a juego con una chaqueta de cuero negro que la cubría del frío. Estaba hermosa, enfurruñada y todo. Sin embargo, la atención del Malfoy estaba enfocada en los demás.
Dominique y Lucy se habían unido como por arte de magia, no se abandonaban ni un segundo, tratando de evitar con ello que otra persona se les acercara. No era un buen equipo tampoco; las habilidades deportivas de ambas chocaban porque mientras una era habilidosa como cualquier hombre musculoso, la otra carecía de masa corporal suficiente para si quiera moverse por el campo. De vez en cuando intercambiaban palabras o recuerdos, pues a pesar de todo la relación que tenían antes de la pelea y después de ella se basaba en lo mismo: no se comprendían, pero tenían la misma sangre y eso bastaba para quererse. Jamás habían hablado demasiado, solo durante los días posteriores a la tragedia familiar que los habían obligado a todos a tomar medidas de acción para solucionar la enfermedad de Nana Molly. Aun así, Dominique sabía que tenía mucho más en común con Lucy que con su propia hermana Victoire.
Lo que le gustaba de esas dos, razonó el heredero Malfoy tras admirar como se defendían la una a la otra en el campo, era que parecían sencillas y verdaderas; si bien habían cambiado su forma de comportarse al llegar, igual que el resto, existía algo en sus auras que les hacía parecer auténticas. Scorpius tuvo que admitir, luego de unos minutos, que Dominique y Lucy le gustaban porque se parecían un poco a Rose.
Molly y Victoire, en conjunto con Lorcan y Teddy, eran las figuras que más confusión le producían. En el barco habían estado ajenas a sus maridos, como si estuvieras concentradas en sus propios sus problemas, como si no les interesara la compañía de quienes alguna vez habían jurado amarlas en las buenas y las malas. Ahora eran sacos de bondades y atenciones hacia aquellos dos hombres, que parecían receptivos pero ligeramente resignados a ser parte del teatro. A Lorcan le costaba mucho no mirar a Dominique, quien a su vez hacía todo lo posible por ignorar las pocas veces que él le dirigía una frase. Scorpius se aplaudió a sí mismo por la capacidad de análisis que estaba adquiriendo cuando se percató que Albus, su mejor amigo que comenzaba a comportarse de manera extraña, actuaba igual que el Scamander; se mantenía a kilómetros de distancia de Lucy, permitiendo solo que el mismo Scorpius, Teddy o Louis se le aproximaran.
Lyssander era, entre todos y apartando a Rose, el único que había tenido la amabilidad de conversar con él una vez James se integró al juego. Era más callado que su hermano Lorcan y carecía de la habilidad que este tenía para extraer sonrisas. No era de los que se avergonzaba por amar a alguien de su mismo sexo, de hecho estaba orgulloso de que James fuese su prometido. Scorpius no recordaba haber hablado jamás con un homosexual; para él Lea no contaba porque su prima siempre había preferido salir con hombres, al menos eso creyó hasta que la vio tomada de la mano con Roxanne.
Ellas, a diferencia abismal de James y Lyssander –o mejor dicho, Jamie y Lyss como le solicitaron que los llamara-, si parecían algo cortadas en el ambiente. De cualquier manera, se aferraban la una a la otra para mantener la compostura; Roxanne sujetaba la mano de Lea como si fuera su único soporte. Solo Lily y Fred, en contadas ocasiones, se permitían hacerles desprecios a sus hermanos; el resto actuaba como si la cercanía entre dos mujeres y dos hombres no fuera nada del otro mundo (al menos no en esa isla que conformaba, verdaderamente, un mundo aparte del planeta Tierra).
Sin embargo, ninguno le causó tanta impresión como Hugo y Lily. Habían pasado de estar pegados el uno al otro a sentarse en extremos opuestos de la mesa adornada con platillos y flores. Lo que no varió entre ellos fue el intercambio esporádico de miradas y ademanes suaves, melancólicos y afectuosos. Scorpius no estaba seguro si debía suponer que ambos eran algo más, así como tal vez lo habían sido Lucy y Albus en el pasado; no estaba seguro porque le costaba imaginar lo que implicaba una relación filial-amorosa en medio de aquel embrollo familiar.
Pensó que era posible que esos dos, Weasley de apellido y condición, estuvieran enamorados y se negaran a aceptarlo frente a los demás por miedo a un rechazo (el mismo rechazo que Lily le demostraba a Roxanne y James, cabía destacar). En la familia Malfoy había muchos matrimonios entre parientes, al rubio no le causaba repulsión la idea de aquello, pero asumió que el recelo de Hugo y Lily se debía precisamente a que Arthur no guardaba la misma opinión que él al respecto. Si era así, no era erróneo asumir que Albus y Lucy, que se comportaban incómodos y tensos el uno con el otro y evitaban mirarse a los ojos, habían pasado por la misma situación.
Y todo lo que le quedaba a Scorpius eran meras suposiciones. Eso y la esperanza de que Rose respondiera, tal cual había prometido, las preguntas que tenía.
Emmy se sentó junto a su primo y minutos después Lea los acompañó, dejando que Roxanne se incorporara al partido como lanzadora. Los tres rubios se saludaron con una simple cabezada y contemplaron el espectáculo que Fred daba al batear la pelota y alejarla una considerable cantidad de metros. El Malfoy sintió como el cuerpo de su prima se tensó cuando Fred tuvo que situarse junto a Roxanne; la pelirroja de piel canela renunció por primera vez a la serenidad y se dejó alterar por la expresión facial de su hermano gemelo: una sonrisa cordial que no cuadraba en lo absoluto con los ojos pintados de resentimiento y malicia. Era como contemplar los dos lados de una moneda, las dos máscaras típicas de la tragedia y la comedia.
-Te equivocaste de posición, Roxanne. Debiste ser la defensa, para ti es fácil coger las pelotas que otros batean. -. Dijo con voz grave, lo suficientemente alto como para ser oído por los demás, mientras sus ojos se posaban en la menor de las Nott con marcada burla. A Scorpius no le gustó la insinuación que Fred acababa de hacer, pero Rose, que ni siquiera se movió de su lugar, reaccionó primero.
-Si el bateador fuera lo suficientemente bueno, el defensa no alcanzaría a mirar si quiera la pelota. -. El pelirrojo observó a Rose con una mueca inconforme. Claramente esperaba que Roxanne abogara por sí misma o que se hundiera en la pena, lo que viniera primero. Fred odiaba cuando Rose le dirigía la palabra porque le recordaba que aun siendo quien era, un superdotado con una vida acomodada, tenía imperfecciones.
-¿Acaso insinúas que soy un mal lanzador, Rosie? -. Acabó inquiriendo con gracia, sin eliminar el gesto de desagrado. Arthur los veía y ellos lo sabían, pero por primera vez desde que había arribado a la isla no le interesó que opinión podía tener su abuelo.
De pronto escuchó un zumbido y la pelota cayó en las manos de Roxanne en un pase perfecto ejecutado por James. Estaba tan enfocado en torturar a su hermana que no se percató del instante en el cual su primo alcanzaba el producto de su lanzamiento. Fred lo examinó de arriba abajo con los labios fruncidos, irritado. James, que se había vestido con el disfraz de bromista despreocupado, le sonrió con tranquilidad. Había en ellos una sombra de amistad quebrada. Roxanne se puso más nerviosa al entender que el primogénito de Harry y Ginny estaba retando a su gemelo, que la estaba defendiendo abiertamente sin tener en cuenta que en realidad no eran cercanos. Y lo hacía sin fingir, sin pretender ser quien no era. La ayudaba porque era su prima, porque la estaban hiriendo con indirectas envenenadas. Scorpius, viéndolos desde la distancia, con Lea alterada a su lado, también fue capaz de ver la transparencia en la acción de James Potter.
-¿Por qué en vez de hablar estupideces no te concentras en el juego? -. A Rose parecía gustarle hincar el dedo sobre la llaga porque se dirigió a Fred con una sonrisa centellante y jocosa. La tensión entre la familia aumentó. La hija de Ron y Hermione realmente trataba de callarse, intentando no desestabilizar el escenario. Porque aunque no iba con hipocresías, porque aunque odiaba que todos hicieran la vista gorda a los ocho años de indiferencia y dolor… eran su familia. -. ¿O es que acaso esto también vas a perderlo? -. No pudo morderse la lengua. Sí, ellos eran su familia con defectos y todo, pero ella era ella con defectos y más.
-Rosebud. -. Arthur la silenció sin perder la serenidad. El abuelo alzó la mano en su dirección, invitándola acercarse. La joven no se movió; si odiaba el apelativo 'Rosie' que sus padres le habían dado, detestaba aún más ese 'Rosebud' pronunciado condescendientemente. Cuando la llamaban por sus apodos se sentía como una niña. Y ella hacía mucho que había dejado de serlo. -. Ven, vayamos a la Biblioteca. Quiero hablar contigo. -. Añadió el anciano al tiempo que se levantaba y la instaba a seguirlo.
Nana Molly, quien se encontraba hundida en su asiento, observaba a sus nietos con temor y sufrimiento. Se veía como un ave enjaulada y perdida. Y la forma en la que su ceño se fruncía para comprender cuál era la incomodidad hizo que el corazón de Rose se ablandara un poco. "Dios, cómo los odio a todos…", pensó rabiosamente la pelirroja, accediendo acompañar al patriarca al interior de la casa. Scorpius la vio desaparecer con el aire atado a la garganta, asombrado por los múltiples matices que ella mostraba al hablar, al gesticular, al caminar. Era como contemplar una pintura abstracta, dependía desde qué punto se miraba para encontrarle un sentido distinto.
Fred había lanzado el bate al suelo y acudió a la mesa a sentarse, sirviéndose una copa de vino para atragantarse con él. Le habría gustado que Anne estuviera con él, pero su colega había querido abandonarlo para visitar a su padre en la cocina y ponerse al día sobre su hermano Frank. Roxanne era la viva representación de la congoja, arrepentida de haber sucumbido a los nervios. Lea se apresuró a sustituirlo a pesar de que detestaba los deportes. No obstante, ninguno parecía con ganas de continuar jugando y se decidió, en un acuerdo colectivo y mudo, que hasta ahí habían llegado.
-Que difícil debe ser vivir en esta casa… -. Murmuró Emmy, admirando como su carismático amante abandonaba la jovialidad que lo caracterizaba. Ella sabía cuán terrible había sido para Louis el pasado, después de todo habían avanzado lo suficiente en su relación para que él le confesara los secretos de la familia. -. Oh, Scorpius, ¿Realmente que estamos haciendo aquí?
Al Malfoy le habría gustado tener la respuesta a aquella pregunta.
Pero lo cierto era que no la tenía y no estaba seguro de poder tenerla en algún momento.
5.
Rose no volvió a aparecer por el jardín y tampoco se presentó a la cena, haciendo que Scorpius se espantara. No por la idea de no verla, que de por sí lo atormentaba, sino porque creía que ella se había marchado de la isla; eso significaba que no obtendría respuestas y que tendría que conformarse con las suposiciones que su análisis exhaustivo habían deducido. ¡Ni siquiera podía preguntarles a sus propias primas! Lea se veía renuente a confesar que era parte de todo el problema y Emmy nunca se atrevería a violar la confianza que Louis había depositado en ella. Por ello, Scorpius se sentía que estaba caminando a tientas por la oscuridad mientras Arthur Weasley lo veía con atención y buscaba conversar con él, interesado en conocer cómo iba el trabajo en Malfoy Corp.
-¿Malfoy Corp.? Oh, Arthur… ¡Yo tengo un collar diseñado con piedras preciosas que me regaló Abraxas Malfoy en nuestro décimo aniversario! ¿Recuerdas, cariño? -. El rubio se interesó de inmediato al escuchar el nombre de su abuelo. El patriarca de los Weasley empalideció y los tenues murmullos del comedor se apagaron de golpe. Molly Prewett fijó sus ojos rasgados color miel en los grises de Scorpius, alegre de poder hablar. -. Estaba hecho de oro blanco, era una montura espectacular con dos rosas que tenía diamantes incrustados… Ahora que lo pienso, llevo mucho tiempo sin usarlo. Tal vez deberíamos hacer una fiesta para que yo…
Nana Molly parloteaba sobre el maravilloso regalo que había recibido sin percatarse que sus nietos la miraban con horror y espanto, una expresión que se dibujaba en el rostro del anciano. En algún momento del monólogo Dominique dejó caer la copa de vino sobre el mantel, manchando de color borgoña la tela blanca que lo componía; aquel descuido solo logró sulfurar más el ambiente. Era imposible no ver cómo el líquido oscuro se expandía a través de la mesa, arrancándoles suspiros ahogados y ademanes aterrados a los nietos. Scorpius estaba sorprendido por la reacción colectiva. Parecía que la familia Weasley estuviera contemplando un sacrificio sacrílego, como si les espantara que el fino hilo inmaculado del mantel se tratara de una posesión preciada. Inclusive Lorcan, Lea y Lyssander se habían convertido en piedra, porque ellos veían algo que él no podía ver.
Claramente, para él era imposible saber que la familia Weasley estaba contemplando cómo el pasado cobraba vida y les asestaba bofetadas repetidamente. Y Molly Prewett, la esposa de Arthur Weasley, la primera dama de Weasley Group, la madre de siete hijos y abuela de doce nietos… continuaba hablando como si fuera inmune a las miradas suplicantes de los demás presentes.
-Sé que no te gustan las fiestas, pero hace tanto que no tenemos una… Hace tiempo que no puedo lucir esas bonitas joyas que me regalas, aunque debo ser sincera contigo y admitir que nunca he tenido un collar tan glamoroso como el que Abraxas Malfoy me dio…
-Por Dios, que alguien la calle… -. Rogó Molly, que se llevó las manos a la cabeza, como si quisiera impedir que esta estallara al tiempo, y cayó recostada sobre el espaldar del asiento a punto de desmayarse. -. Abuelo…
-Molly, olvida el collar. Te compraré otro. -. Arthur estaba imposibilitado desde su posición, pues ocupaba la cabecera de la mesa y su esposa se encontraba en el otro extremo. Por regla los que acompañaban a Nana Molly eran Lucy y Louis, los menores de la familia, pero ambos se hallaban a los lados de su abuela sin poder si quiera separar los labios. Al tenerla más cerca, sus palabras llegaban a ellos como cuchilladas a traición. Entonces la mirada de la anciana se nubló. -. Molly…
-La última vez que usé el collar… -. La inconciencia en la que vivía la mujer, producto de la locura que sufría, se eliminó de repente. Tenía los ojos anegados en lágrimas a punto de rociarle las mejillas y las manos inertes sobre el regazo. -. Mis hijos… Arthur, ¿Dónde están mis hijos? -. Buscó alguna señal en su esposo que le permitiera recobrar la tranquilidad, pero este no pudo hacer más que bajar la mirada hacia el plato. -. La última vez que usé el collar… Estábamos en el comedor principal, era mi cumpleaños… Mis hijos…
-Se acabó la cena. Retírense. -. La orden de Arthur no tuvo que ser repetida dos veces. Lily fue la primera en correr fuera del comedor y Hugo no tardó en seguirla; Molly tuvo que ser arrastrada por su marido, ayudado por Teddy y Louis. Tanto Lea como Lyssander se ocuparon de sacar a sus respectivas parejas y Emmy, que había sido dejada junto a Scorpius, le tomó la mano para hacer lo mismo.
-Scorpius, vámonos.
No obstante, Scorpius Malfoy no atinaba a responder el susurro de su prima mayor. En la puerta del comedor, aun vestida con jeans y chaqueta de cuero, Rose Weasley lo miraba con el malestar anclado en el estómago. Nana Molly continuaba llorando, sin importarle que sus nietos la abandonaran en el salón junto a su esposo, que la veía sin intención de moverse de su puesto. Molly Prewett lloraba como si fuera la primera vez que lloraba, como si jamás hubiese podido hacerlo con libertad. Scorpius solo se levantó cuando la agonía de aquella anciana le tocó el alma, cuando Rose le cogió la mano y se sujetó a ella con fuerza para obligarlo a seguirla. Solo entonces, caminando detrás de la maraña de rizos rojo escarlata, se permitió suspirar; sentía que el aire le faltaba.
Rose le hizo cruzar el amplio recibidor para encaminarse al ala oeste de la casona. Se encontraron con Hugo y Lily abrazados al pie de las escaleras y con el pasmo aun dominándoles las facciones; los hermanos intercambiaron una breve mirada, diciéndose con ello algo que estaba tácito en el aire: el teatro se había caído. Ninguno le impidió seguir su camino a pesar de que los dos pelirrojos sabían a donde se dirigía. Scorpius no lo supo hasta que se encontró frente a una puerta muy parecida a la del comedor, una puerta que estaba cerrada bajo llave y que la pelirroja abrió con disimulo; adentro había un espectáculo terriblemente tétrico.
-Este es el comedor principal. -. Explicó Rose al dejarlo pasar. -. Solía serlo, más bien.
Lo que había ahí era el vestigio de algo grandioso: un monumento a los recuerdos. La mesa era más grande, la decoración mucho más acogedora y alguna vez los enormes ventanales habían tenido cortinas fabricadas a mano. Decenas de retratos decoraban las paredes, mostrando sonrisas heladas por el olvido y el polvo que inundaba la habitación. Lo que destrozaba por completo la ilusión eran los muebles fuera de posición, las sillas volcadas sobre el suelo lleno de cristales rotos que antes componían la más exquisita vajilla del hogar… y los restos de vino y sangre que aún se podían apreciar en la tela del mantel roído y la alfombra color azul cielo veraniego.
-Dejamos de usarlo hace doce años… cuando asesinaron a mis padres y a mis tíos.
N/A
Sé que me tardé horrores, pero he tenido muchos problemas para sentarme a escribir. Entre la salud de mi mamá y la mía, digamos que no han sido los mejores meses. De todas maneras, espero que el capítulo haya valido la pena. Es algo corto, pero supe que debía dejarlo hasta acá porque lo que viene después deja atrás el "período de presentaciones" para abarcar de lleno la historia del pasado.
Hay muchos de ustedes que ansían ver el Scorse y les prometo que tendrá lo suyo. Pero como dije en un principio, esta historia trata sobre unos Weasley víctimas del pasado. Scorpius será, como en las novelas de misterio, nuestro detective; una posición que lo acercará más y más a Rose. De que es una pareja importante, lo es.
En caso de que no esté siendo muy clara con la cadena de sucesos, tienen todo el derecho a preguntar y yo responderé gustosa. Agradezco todos los reviews que me enviaron, estoy motivada a continuar. Sin más, no me extiendo.
Les envío muchos besos desde la problemática Venezuela.
Reviews.
Tres puntos: Muchísimas gracias por el comentario ;) La próxima vez no me tardaré tanto en actualizar, es una promesa. Esperemos que este capítulo te haya gustado.
vian jntte m: Graaaacias :D
