–Ladybug no supo qué decir.

–Ugh– se escuchó el quejido de Chat Noir mientras se levantaba –¿Qué sucedió?

La heroína lo miró.

–Sólo te pusiste a llorar como niño chiquito– dijo burlona.

Él suspiró.

–Tu rechazo es doloroso, mi lady.

La figura blanca que sostenía el poste y a la civil se aclaró la garganta, ambos héroes lo miraron.

–Disculpen la interrupción, pero ¿no deberías regresar todo a la normalidad, cariño?– Le dijo a Ladybug.

Ésta se sobresaltó y tomó rápidamente la trampa para osos.

–¿Y tú quién eres?– Chat se cruzó de brazos viendo al nuevo héroe mientras su colega daba por finalizada la última función de su poder.

El poste volvió a su estado natural y aquél que lo sostenía se vio finalmente libre, con cuidado ayudó a la civil a levantarse y le dijo algunas palabras para reconfortarla, ella asintió algo confundida y se fue.

–Mi nombre es White Wolf, un gusto conocerte al fin, Chat Noir– su voz era algo grave.

–No tan rápido– Ladybug ya se había desocupado –La última vez que un héroe apareció de la nada las cosas salieron mal– se colocó junto a su colega con los brazos también cruzados.

White Wolf sonrió, divertido.

–Claro, porque sería lo más normal del mundo que hubiese dos Akumas un mismo día– dijo.

–¿Qué sabes tú de Akumas?– El gato negro parecía irritado.

–Al parecer más que tú.

Chat lo miró molesto. Su anillo sonó, seguido de los aretes de Ladybug.

–Esto tendrá que continuar después– dijo la heroína –Nos vemos en la punta de la torre Eiffel al anochecer y tú– miró con seriedad al héroe lobo –más te vale asistir.

Dicho esto extendió su yoyo hacia un edificio lejano y salió disparada, desapareciendo.

El gato seguía mirando al lobo, cuando éste quitó la vista del lugar por donde había desaparecido la mariquita y lo miró, el ojiverde hizo un gesto con dos dedos señalando sus ojos, y luego señalando al nuevo individuo, dando entender que lo estaría vigilando. Acto seguido extendió su bastón y huyó.


Tikki salió de dentro del miraculous en cuanto Marinette pasó la trampilla de la azotea a su habitación.

-¿Qué fue todo eso?– Preguntó la ojiazul a su kwami.

–No recuerdo haber visto un miraculous de lobo en el libro– respondió la pequeña criatura roja.

La chica se dejó caer rendida en su cama. ¿Cómo podía aparecer un nuevo miraculous? Recordaba la conversación que había tenido con el maestro Fu después del incidente de Volpina, cuando le entregó el libro sagrado.

"Existen siete miraculous, cada uno es representado por un animal: La mariquita, el gato negro, la mariposa, el pavo real, la abeja, el zorro y la tortuga. Cada uno posee un objeto de miraculous, un poder y un arma distintos"

No había nada parecido a un lobo ahí.

–¿Cómo sé que no es un Akuma?

Tikki negó.

–La presencia era la de un kwami, y la energía se sentía positiva, así que no es posible ni que fuera un akuma ni que esté usando el kwami de manera maligna como Papillon.

–Pero... ¿cómo es que aparece de la nada? No pudo haber sido creado, ni elegido si no estaba en el poder de Fu, ¿quién es ese White Wolf? ¿Cuál es la historia detrás de ese misterioso miraculous secreto?

La pequeña kwami bajó la vista.

–No puedo responder a nada de eso, lo siento– suspiró –tendrías que recurrir directamente al guardián.

Marinette lo pensó unos segundos, en realidad no sonaba mal la idea.

Mientras tanto Adrien discutía con Plagg.

–¡¿Cómo no vas a saber?! Dios mío, ¿qué no sabes nada de dónde vienes?

–¡No lo sé! ¡Jamás había oído de un miraculous de lobo!– El kwami sonaba frustrado, llevaba media hora repitiendo lo mismo a su portador pero este no dejaba de intentar sacarle respuestas que no tenía –Sé tanto como tú y estoy igual de sorprendido que tú, así que por favor deja de gritarme y dame queso, estoy hambriento.

–¡No es momento para queso!– El rubio dio un puñetazo al aire junto a sí –Un nuevo héroe luchando junto a Ladybug quiere decir competencia, no puedo dejar que se le acerque o arruinará lo que tanto trabajo me ha costado.

–Pero si no has logrado nada...

–¿Qué tal si ella se fija en él?– Continuó haciendo caso omiso de lo que el gatito le había dicho –¡¿Qué tal si le atraen más los perros que los gatos?!

Plagg soltó un gruñido de desesperación.

–Estas alucinando, hombre– flotó hasta el otro lado de la habitación mientras su portador miraba dramáticamente al ventanal –Si no me darás comida, iré a dormir, suerte con tu lucha interior.


Al anochecer Ladybug se dirigió al punto de reunión que habían fijado aquella mañana, Chat ya se encontraba ahí mirando distante al horizonte, parecía algo molesto.

–¿Todo bien, gatito?– Preguntó provocando accidentalmente que éste se sobresaltara.

–Ahora mejor que nunca, mi lady– respondió incorporándose y dirigiéndose a ella para tomarle con suavidad una mano y llevársela a los labios –Te estaba esperando.

A pesar de que a la heroína nunca le había interesado de forma romántica su colega, le agradaban sus gestos cariñosos, la hacían sentir que por lo menos portando una máscara alguien podía fijarse en lo bueno que había en ella y no en lo mal que hacía todo normalmente. A pesar de eso, ella estaba totalmente segura de que el coqueteo de Chat no era más que una proyección de la admiración que éste sentía por ella y ni siquiera imaginaba que él en verdad estuviese enamorado.

Como sea, no podía demostrar que aquellos gestos le gustaban, pues no quería que su compañero fuera a malinterpretar de ninguna manera su comportamiento, así que soltó una pequeña risita y retiró la mano.

–Que galante, ¿le dices eso a todas tus conquistas?– Bromeó.

El gato no respondió, sólo volvió a mirar hacia la ciudad con gesto triste. Esto desconcertó a la ojiazul y cuando estaba a punto de decirle algo, se escuchó el ruido del frizbee volando.

Ambos héroes voltearon.

A unos metros se encontraba White Wolf ascendiendo por los aires hasta la punta de la torre, en cuclillas sobre su frizbee color plata como si éste fuese una patineta, sosteniéndose de él con una mano y con la otra haciendo equilibrio. Ladybug se fijó con más detalle en su traje blanco: parecía estar hecho de felpa, terciopelo o una tela similar a estas, los detalles de peluche gris claro se apreciaban en el cuello, las muñecas, debajo de las rodillas (la división a las botas, al parecer) y la cadera, donde usaba un cinturón de peluche de unos diez centímetros de ancho e igual de largo que el cinturón de Chat Noir, pues a él también le colgaba un extremo por la parte de atrás asimilando una cola, sólo que mucho más gruesa y peluda, como la de un lobo.

El frizbee flotó a unos centímetros de la superficie donde se encontraban y el lobo dio un ágil brinco para bajar. Al erguirse, atrajo el frizbee a su mano como si fuese un imán, y se lo colocó en la espalda.

Sonrió a los héroes.

–Buenas noches– saludó amablemente con una sonrisita y miró a la mariquita para dedicarle un guiño coqueto.

Chat se cruzó de brazos.

–¿Qué tienen de buenas?– Gruñó.

–¿Vuelas?– La heroína alzaba las cejas viendo el frizbee.

El ojigrís le sonrió.

–Algo así.

Ella no dijo nada, sólo se quedó ahí quieta mirándolo de arriba abajo. Era de complexión delgada pero podían notarse músculos debajo del traje, tal vez un poco más que Chat, era más o menos media cabeza más alto que el gato pero no podía adivinar la edad. Sus orejas parecían estar hechas del mismo material que el traje y el peluche que salía de dentro de ellas parecía ser el mismo que el del cinturón. Su cabello era uno o dos tonos más claro que el de su colega y sus ojos eran gris intenso en el iris, y un gris más claro en la esclerótica. Las pupilas eran pequeñas y circulares.

En cierto modo le intimidaba, especialmente porque no parecía hablar más allá de lo esencial y eso le ponía los pelos de punta, le hacía preguntarse en qué podría estar pensando y qué tan malo podrían ser sus pensamientos... sin embargo, Tikki le había dicho que el aura en él era positiva, así que tenía que confiar en eso.

Por su parte a Chat no le agradaba en lo más mínimo, hallaba cada centímetro más repulsivo que el anterior y rezaba en sus adentros por que su lady lo rechazara igual que él, tal vez no le habría caído tan mal si no se hubiera dirigido a él de forma tan grosera aquella mañana, o si no le hubiera dicho "cariño" a SU querida, pero así como estaban las cosas cada segundo le iba cayendo peor. Incluso manteniéndose en silencio.

–¿Qué más haces?– Preguntó al fin Ladybug, con algo de desconfianza.

–Bueno...– tomó el frizbee y se los mostró a los héroes –Mi arma es la que vuela, yo sólo la planeo– la lanzó hacia el gato, quien se agachó asustado, pero el objeto sólo le dio una vuelta y volvió a manos de su dueño –Me sirve para atacar, bloquear, transportarme y tiene comunicador igual que las armas de todos los kwamis.

–¿Tu poder?– Chat notó más seria que de costumbre a su amada.

–Es bastante genial, aunque lo uso muy poco– se encogió de hombros –La mayoría de las situaciones no lo ameritan– sonrió –Pero puedo multiplicarme, no a grandes cantidades pero sí a las suficientes para distraer sin problemas a un ejército un buen rato.

–¿Tu miraculous?

–Vaya, no pierdes nada de tiempo, ¿es así siempre?– Esta vez se dirigió al chico del traje de cuero negro.

–Sólo respóndele– dijo en cambio, a pesar de que también le asustaba la actitud de la heroína.

El lobo suspiró y alzó su mano izquierda, entre el peluche de su muñeca sobresalía un bonito reloj blanco en cuya carátula se veía únicamente una huella de perro gris oscuro.

–¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué justo ahora apareces?

Lentamente bajó el brazo y miró a la heroína, no quería responder a aquella pregunta pero la mirada de la chica le decía firmemente que no tenía opción.

–Yo...–

Miró a Chat, que también estaba serio, aunque no tan severamente como Ladybug. Parecía definitivamente no haber opción. El chico suspiró

–Llevo siendo portador mucho más tiempo que ustedes, pero nunca me había mostrado en público transformado, solía hacer mi trabajo a escondidas, muy poca gente sabía quién era White Wolf y qué era lo que hacía, el resto del mundo siempre pensó que quien los salvaba era su policía, siempre me encargué de dejar las cosas de forma que eso creyeran y funcionó– miraba hacia la ciudad mientras hablaba, con algo de nostalgia, como si hubiese pasado hace mucho tiempo todo aquello –Y cuando aparecieron ustedes me hicieron cuestionar mi método, y tuve que pensarlo mucho antes de atreverme a salir a la luz.

Se hizo el silencio. Chat olvidó por unos momentos su adversidad y sintió admiración hacia aquél chico, compasión, incluso empatía, de cierto modo le recordó a él mismo viviendo bajo las represiones de su padre, pero teniendo que ser reprimido aún con la máscara, teniendo miedo aún con toda aquella magia y poder que poseía.

Ladybug se sintió conmovida, aquellas palabras le sonaban lo suficientemente reales como para que su temor desapareciera y pudo verse a sí misma combatiendo codo a codo con aquél héroe, cuidando su espalda, compartiendo su amor por salvar a la gente. Asintió y dio unos pasos hacia él.

–Y dime...– habló más despacio y un poco más bajo, su expresión ya estaba más suave –¿Puedo confiar en ti?

Esto desconcertó por un momento a White Wolf, todo lo que acababa de decir era cierto y también era cierto que parte de lo que le había dado coraje para al fin revelarse era ella y la pasión con la cual hacía lo que hacía, él también quería demostrar ese lado de sí, él también quería luchar a lado de ella, pero también quería saber más allá de lo que el mundo sabía de la heroína mariquita. Quería ser aquella persona que lo supiera todo, y quería que ella supiera todo de él.

Se acercó también a ella, hasta que quedaron de frente a poca distancia.

–Ciegamente– respondió.

Se miraron a los ojos en silencio por unos momentos, ella buscando algún indicio de si mentía, y él buscando algún indicio de lo que sea que ella ocultaba.

Ninguno de los dos halló nada, pero fue ella la que desvió la mirada primero.

–Lo averiguaremos con el tiempo– dijo y se acercó a Chat para darle una tierna caricia en el cabello, dándole a entender en su propio idioma que todo estaba bien –Hagamos una patrulla rápida, hoy llevo prisa.


Cuando White Wolf se retiró, Ladybug tomó a Chat de la muñeca.

–Alto– le dijo, aún viendo por donde acababa de irse el lobo –Hay una cosa que aún no me queda clara.

Su colega la miró confundido.

–¿Crees que haya mentido?

Ella negó.

–No, pero de cualquier manera no había oído sobre un miraculous de lobo– aún sosteniendo su muñeca, comenzó a caminar.

El gato no sabía si reaccionar a lo que le decía o a que sus manos estaban terriblemente cerca.

–Eh, mi lady, ¿a dónde vamos?

–Con el gran guardián.

Acto seguido lo jaló hacia ella, y puso los brazos del héroe rodeando sus hombros. Éste se sonrojó.

–P...puedo transportarme solo...

–No hay tiempo– desplegó su yoyo –Sostente.