CAPÍTULO VEINTE
-Gracias por lo de anoche –Octavia estaba junto a Clarke en la cocina, la morena había esperado hasta que ambas chicas estuvieran solas.- No pude agradecerte anoche –Continuó la morena.
-No hay problema –La rubia le dedicó una leve sonrisa.- ¿Cómo está? –Preguntó mostrando interés por la castaña.
-Supongo que bien –Sonrió Octavia.- No la vi, todavía seguía durmiendo –Se encogió de hombros.
-Clarke –Marie entraba a la cocina con una sonrisa, la rubia dirigió la mirada hacia la mujer.- Tienes harina en la mejilla –Octavia la observó y soltó una leve carcajada. Clarke se miró sus manos, las cuales también estaban llenas de harina, ambas chicas estaban amasando unas pizzas para esa noche.
-Tú también –Dijo la rubia mientras tocaba la mejilla de la morena. Marie comenzó a reír, observando a aquellas chicas, la rubia le sacó la lengua a la morena, y antes de que esta pudiera hacer algo, dos chicas entraban a la cocina.
-¿Qué hacen? –Preguntó Lexa con una leve sonrisa en su rostro.
-Raven, dile a tu novia que se comporte. –Clarke tomó el trapo de cocina y se limpió la mejilla.
Raven se acercó a Octavia, la tomó de la cintura y la hizo a un lado. La morena se limpió las manos, y recargó sus codos en la isla de la cocina, donde las dos amigas estaban amasando. Clarke colocaba la masa sobre una de las pizzeras, lista para ser horneada, mientras que Raven terminaba con la que había comenzado su novia. La rubia suspiró y se acercó a su amiga.
-Yo la sigo –Dijo mientras hacía que ésta se moviera.- Tu prepara algo para beber. –Raven hizo caso, y en lugar de dejar todo allí, junto a Octavia, llevaron las cosas al living. Lexa observaba a la rubia, mientras se mordía el labio inferior, quería decirle que sentía lo sucedido la noche pasada, pero no sabía cómo hacerlo, justo cuando había tomado el valor de hablar, el teléfono de Clarke sonó.- ¿Puedes atender? –Preguntó la rubia, la aludida asintió con la cabeza.- Lo tengo en el bolsillo –Clarke movió su cadera, mostrándole a la castaña, quien se había acercado a ella.- Si no lo tomas, colgarán. –Dijo Clarke al ver que Lexa dudaba.
-Si –Susurró Lexa mientras que, con mucho cuidado de no tocar el cuerpo de la rubia, sacaba el teléfono de su bolsillo.- Es Harper –Anunció, y Clarke asintió con la cabeza. Lexa contestó la llamada, pero acercó el móvil a la oreja de la rubia.
-Hola –Contestó Clarke mientras continuaba amasando, su mirada se había fijado en Lexa.- No sabíamos nada –Dijo después de unos pocos segundos de silencio.- De acuerdo, no hay problema –Continuó diciendo.- ¿Qué hay de los chicos? –Preguntó mientras su mirada se fijaba en sus manos.- Bien, nos vemos mañana –Terminó diciendo mientras alejaba su cabeza del teléfono, Lexa lo dejó sobre la isla.- Gracias –Susurró la rubia, quien en esos momentos estaba estirando la masa sobre la pizzera, era la última que le quedaba, y las otras ya estaban en el horno.- No vendrán –Dijo la rubia.
-¿Por qué? –Preguntó Lexa mientras la observaba atenta, la ojiverde levantó su mano y señaló la mejilla de la rubia.- Tienes un poco de harina –Susurró Lexa, mordió su labio inferior y con el pulgar limpió aquel rastro blanco.
-Gracias –Susurró Clarke, quien había comenzado a sentir cómo su corazón se aceleraba.- Dicen que se suspendió el partido. –La rubia hizo una mueca mientras se encogía de hombros.
-Me llamó Nathan –Raven junto a Octavia regresaban a la cocina.- No vendrán –Comentó ésta observando a Clarke.
-Sí, lo sé. Harper acaba de llamarme –La rubia le sonrió levemente y comenzó a limpiar las cosas de la isla con ayuda de Raven.
Después de que terminaran de cenar, Marie no tuvo mejor idea que sacar un álbum de fotos, las imágenes eran todas de cuando las dos amigas eran chicas, mientras Katherine preparaba café para todas, Marie se sentaba en medio de ambas hermanas. Octavia levantó la vista para mirar a Raven, quien la observaba atenta, la castaña estaba nerviosa y no sabía por qué, después de todo eran fotos de su infancia. Clarke se mordía el labio, mientras dirigía su mirada a la ojiverde, quien tenía una sonrisa dibujada en sus labios y estaba atenta a aquellas fotografías.
Katherine llegó con una bandeja con tazas de café, la colocó sobre la mesita ratona que se encontraba en medio. Cada una tomó una taza, Clarke bebió un poco, mientras seguía con la mirada fija en la castaña. Octavia y Lexa soltaron una carcajada al mismo tiempo, Clarke y Raven se observaron preocupadas, dejaron sus tazas y se acercaron a las tres mujeres. Clarke quedó al lado de Lexa, mientras que Raven al lado de Octavia.
-¡Oh! ¡Dios! –Se quejó la rubia al ver la fotografía de la que se reían.
Marie se puso de pie, ya que sentía que las cinco en el mismo sofá estaban demasiado apretadas. La mujer le hizo una seña a su hija, ninguna de las chicas lo notó, ambas salieron de la sala, dejando a las cuatro jóvenes solas. Lexa tomó aire, había sentido la proximidad de la rubia, aquello la había comenzado a poner incómoda.
-Fue culpa de Clarke –Se defendió rápidamente Raven.
-Su abuela nos enseñaba a hacer pizzas caseras –Comenzó contando la rubia.- Nos dejó menos de un minuto solas, y terminamos así. –Dijo Clarke mientras señalaba la fotografía. En ella se podía apreciar a unas niñas de siete años, completamente blancas con algunas manchas amarillas, desde la cabeza hasta los pies, parecía que se habían tirado con el bol de harina en la cabeza.- A Raven se le cayó la harina sobre la encimera, intentamos limpiarla antes de que su abuela regresara, pero en el apuro, terminamos rompiendo algunos huevos.
-Clarke se apresuró a limpiar todo. –Interrumpió Raven, ambas chicas sonreían recordando aquel momento.- Como yo estaba inclinada sobre el piso para limpiarlo, a ella se le cayó el bol que tenía harina, sobre mi cabeza.
-Raven se enojó, y terminamos haciendo una guerra de huevos –Dijo la rubia encogiéndose de hombros, como si eso fuese lo más natural del mundo.- En esta –Comentó Clarke rápidamente, mientras señalaba otra fotografía, en ella se podía ver a dos rubias y una castaña.- Es Harper –Anunció la chica.- Estábamos jugando, no recuerdo a que –Levantó la vista para mirar a Raven que asentía con la cabeza.
-Al principio eran las escondidas, después lo fuimos cambiando hasta que prácticamente no sabíamos de que trataba el juego. –Comentó mientras su mirada pasaba de Octavia a Lexa, y por último a Clarke.- Pero la cosa era corrernos, hasta que las tres caímos de boca. Harper tenía un diente flojo, con el golpe se le salió, Clarke se aflojó un diente, y yo lo había perdido unos días antes.
-No tuvieron mejor idea –Interrumpió la rubia.- Que las tres teníamos que estar iguales, después de todo "somos las tres mosqueteras" –Intentó imitar la voz de sus amigas.- Sin que nuestros padres se diesen cuenta, las muy salvajes me lo sacaron. –Lexa y Octavia habían puesto cara de horror, haciendo que Clarke y Raven comenzaran a reír.- No fue tan doloroso como el golpe.
-Ustedes están llenas de historias –Comentó Octavia mientras pasaba la página del álbum.- Creo que ni nosotras tenemos tantas. –Lexa a su lado asintió con la cabeza.
-Nuestras madres trabajan juntas –Comenzó diciendo Raven.- Cuando éramos chicas estábamos todo el tiempo juntas. Es como si tuviésemos una segunda familia –Clarke asintió con la cabeza y volvió su vista a las fotografías.
-Es Nathan –Dijo la rubia, en esa fotografía los cuatro chicos estaban dibujando en la misma sala que se encontraban en esos momentos.- Esta fue culpa de Raven –La castaña asintió con la cabeza.- Quería jugar a los mecánicos, y terminamos ensuciándonos con aceite.
-Ese día casi nos matan. –Clarke soltó una leve carcajada.- Estaban furiosos porque asistiríamos a un evento del hospital, estábamos bañadas y nos dijeron que podíamos jugar sin ensuciarnos, por suerte no manchamos la ropa que nos habían comprado.
-Si hubiese pasado eso, estaríamos castigadas hasta el día de hoy –Comentó la rubia con una sonrisa.
Continuaron la noche viendo fotografías, y escuchando anécdotas de las dos amigas, algunas eran graciosas, otras, no entendían cómo sus padres no se habían enojado más. Lexa pensó que ambas parecían unos ángeles, pero juntas eran como el demonio, lío tras lío, romper el jarrón favorito de la abuela, ensuciar la cocina, más de una vez, cortarse el pelo entre ellas. Las chicas les habían dicho que por lo general el padre de Raven era quien tomaba aquellas fotografías, mientras Katherine, Marie o hasta Abby eran quienes estaban regañándolas por lo que habían hecho.
Al día siguiente, Lexa se encontraba frente a la puerta de la oficina de la rubia, no estaba muy segura si debía llamar o no, tomó aire y sin pensarlo levantó su mano para hacerlo, pero segundos después la retiro. Era cierto que la noche anterior, en casa de Raven, la habían pasado bien, y que ambas habían vuelto a hablar, la castaña quería pedirle disculpas por lo del sábado, pero no estaba segura si la rubia simplemente había sido amable porque estaban delante del resto de las mujeres, o porque lo quería ser. Decidida, volvió a levantar la mano, pero en esta ocasión sí golpeó la puerta, espero a que la invitaran a pasar, pero no sucedía nada. Esperó unos pocos segundos, quizás estaría ocupada con algo, nuevamente volvió a golpear, esta vez más nerviosa que antes.
-Puedes pasar –Lexa se giró para observar a la rubia detrás de ella.- Fui por un café –Dijo Clarke con una sonrisa. Al ver que la castaña no parecía tener alguna intención de moverse, la rubia se acercó y abrió la puerta.- Entra –Dijo mirando a esos ojos verdes, la chica así lo hizo, y en cuanto estuvieron las dos dentro, Clarke cerró la puerta. La rubia no estaba segura en hablar ella primero, por lo que dejó que la castaña lo hiciera, así le llevara tiempo.
-Yo…-Comenzó diciendo Lexa, se la podía notar nerviosa, jugaba con sus manos, las cuales aferraban un paquete. Tomó aire repetidas veces, y luego lo expulsó lentamente, necesitaba concentrarse y decirle lo que había ido a decirle.- Yo quería agradecerte por lo del sábado –Dijo rápidamente, ambas chicas se habían quedado de pie, una frente a la otra.
-No fue nada –Se encogió de hombros la rubia.- Supuse que no te hubiera gustado enterarte que habías dormido con una completa extraña –Lexa se ruborizó al escuchar aquello, y asintió con la cabeza.
-Gracias –Dijo nuevamente, luego se mordió su labio inferior. Clarke bebió de su café, de lo contrario volvería a besarla, verla nerviosa le producía una sensación de cariño, que la rubia no sabía cómo manejar, y lo único que quería hacer era abrazarla y besarla.- Es para ti –Dijo rápidamente Lexa, mientras tendía el paquete hacia Clarke. La rubia la observó sin entender, pero después de dejar la taza sobre el escritorio, lo tomó.- Por tu cumpleaños –Aclaró Lexa al ver la cara de confusión de Clarke.
-No debiste –Comenzó la rubia, pero fue interrumpida por la ojiverde.
-Lo sé, quería hacerlo –Lexa sonrió animada, y luego volvió a morder sus labios cuando la rubia comenzó a desenvolver el paquete.- Espero que te guste –Clarke sonrió al ver el regalo, un cuaderno con hojas en blanco y un estuche completo de lápices. Lexa se sorprendió cuando se vio rodeada por los brazos de Clarke, correspondió aquel abrazo con algo de timidez, se sentía una estúpida.
-Es perfecto –Dijo la rubia con una sonrisa mientras se separaba.- ¡Gracias! –Repitió más animada sin dejar de sonreír. Unos pocos centímetros separaban a las dos jóvenes, Clarke bajó la vista a los carnosos labios de la chica, quien en esos momentos se mordía le labio inferior, ambas chicas podían sentir la proximidad de la otra, y Clarke estaba segura que si el golpe en la puerta no las hubiese interrumpido, ya la habría besado.- Adelante –Respondió Clarke mientras daba unos pasos hacia atrás, y volvía a tomar la taza.
-Que bien –Dijo Paul al entrar y ver a ambas chicas, el hombre tenía una mirada seria, llevaba en sus manos una carpeta color naranja.- Fui a tu oficina y no te encontré –Dijo observando a su hija, quien lo miraba atento.- Tengo que hablar con ambas –Señaló el sofá, y ambas chicas se sentaron en él, seguidas por aquel hombre.- Recibimos la llamada de varias empresas que van a expandirse, quieren que les realicemos sus edificios. Al parecer, el hecho de que le dijéramos a Pike que no, hizo que empresas importantes, que antes no habían sentido interés en nosotros, llamen interesadas. –Comentó el hombre, bajo la atenta mirada de ambas chicas.- Una de las empresas está interesada en el proyecto que ustedes crearon. –El hombre meneó la cabeza levemente.- El problema es este –Dijo con seguridad.- Si ustedes aceptan, tienen que modificar algunas cosas y presentarlo para este jueves. –El hombre esperó en silencio pasando su mirada de una chica a otra, esperando que alguna dijera algo.- ¿Qué dicen? –Preguntó algo impaciente.
-Claro –Se apresuró a decir Clarke, y luego posó su vista en la castaña.- Si tú estás de acuerdo, claro –Comentó observando a Lexa, quien asentía con la cabeza.
-Sí, no hay problema –Comentó con una leve sonrisa mientras observaba a su padre.
-Perfecto –Le entregó a las chicas la carpeta que llevaba en su mano.- Ahí está todo, cualquier duda pueden preguntarme o a Jake –Dijo mientras se ponía de pie.- Si cambian de opinión, podremos hablarlo –El hombre salió de la oficina, dejando a las dos chicas solas nuevamente.
-¿Por qué cambiaríamos de opinión? –Preguntó la rubia, y después llevó la taza a sus labios. Lexa había tomado la carpeta y comenzaba a ojear las hojas.
-Porque puede que creamos que no es buena idea cambiar algunas cosas –La castaña hizo una mueca, había hablado sin levantar la vista de aquellos papeles.- Y creo saber por qué. –Suspiró y negó con la cabeza. Al levantar la vista vio que la rubia la estaba observando, ninguna de las dos se había dado cuenta que, al sentarse frente a Paul, lo habían hecho una al lado de la otra.- Quieren que se modifiquen estas partes –Le señaló sobre el plano que ellas habían entregado hacía una semana atrás.
-Si sigues de acuerdo, quiero hacerlo –Dijo segura la rubia, quien se arrepintió de haberse terminado lo que quedaba de su café. Lexa asintió con la cabeza.- Entonces, en mi departamento esta noche. –Clarke se puso de pie, necesitaba tener más distancia entre ellas.
Eran las ocho y media de la noche, Clarke había comenzado a hacer las pastas media hora antes, habían quedado a las ocho, y le parecía extraño que Lexa no llegara o que al menos no le avisara de su retraso. Clarke se sentó en el sofá, y mientras esperaba que la castaña llegara, tomó su libreta y comenzó a dibujar. Nuevamente era una imagen de Lexa, recordaba exactamente el momento en que la castaña se había puesto nerviosa horas antes, y no pudo evitar comenzar a dibujarla. Un golpe en la puerta sacó a la rubia de su ensimismamiento, Clarke cerró el libro y lo dejó sobre la mesita ratona.
-El conserje me dejó entrar –Respondió a la pregunta no formulada por la rubia. Clarke se sorprendió al ver a Lexa del otro lado cuando abrió la puerta.- Siento llegar tarde –La rubia se hizo a un lado y una vez la castaña entró, cerró la puerta.
-¿Qué te pasó? –Preguntó Clarke preocupada.- Hablo de tu rostro –Aclaró rápidamente. Lexa tenía un golpe debajo del ojo y en el mentón, la rubia negó con la cabeza, imaginando lo que había sucedido.- Fuiste al gimnasio –Luego de decir aquello soltó un suspiro. Lexa mordió su labio inferior, estaba algo avergonzada.
-Yo…-Comenzó diciendo con timidez
-¿Te duele? –Clarke se acercó a ella, con la yema de su dedo índice acarició primero un golpe y después el otro. Los ojos verdes miraban fijamente los azules, y la rubia dio un paso hacia atrás.- Hice pastas, espero que te gusten –Dijo la rubia mientras ambas chicas se adentraban más en la sala, ya que se habían quedado de pie frente a la puerta.
-¿Necesitas ayuda? –Preguntó Lexa con un tono suave, mientras seguía a Clarke a la cocina.
-No, ya tengo todo. –Clarke terminó de colocar la fuente con la pasta que había hecho, una vez servida la comida en ambos platos pudo notar que Lexa observaba atenta el suyo.- No debe estar tan malo. –Mientras decía aquello junto un poco con el cubierto y lo llevó a la boca, el rostro de seriedad que tenía la castaña segundos antes se transformó en una sonrisa al ver el gesto que había hecho la rubia al probar aquel intento de comida.- De acuerdo, es un asco. –Dijo una vez había logrado tragar.- ¿Pizza? –Ambas mujeres comenzaron a reír por lo sucedido, y a Clarke le encantó volver a escuchar aquella risa.
Una hora más tarde, ambas chicas habían terminado de cenar, mientras Clarke limpiaba y acomodaba lo utilizado, Lexa había comenzado a sacar las cosas para comenzar con aquel proyecto. Habían decidido hacerlo en la sala, y sentarse sobre el suelo. Lexa corrió a una esquina el cuaderno que se encontraba en la mesita ratona, pero al acomodar las cosas, éste se cayó al suelo, abriéndose a la mitad. La castaña se quedó sorprendida al ver la imagen que mostraba el papel, lo tomó, estaba segura que lo correcto era cerrarlo y dejarlo donde lo había encontrado, pero no supo por qué comenzó a pasar las hojas, una a una mostraba un dibujo diferente, y todos eran de la misma chica, todos eran de ella.
-¿Qué haces? -Comenzó diciendo la rubia mientras intentaba sacarle la libreta de sus dibujos.
-Soy yo. –Comentó más para sí misma que para las dos. Lexa se puso de pie y observó a una Clarke avergonzada.- Tienes una libreta entera de mí. ¿Por qué?
-No es asunto tuyo. –Respondió la rubia intentando nuevamente quitarle el cuaderno, pero Lexa lo alejó de su alcance.
-Claro que lo es. –Señaló uno de los dibujos.- Soy yo y no puedes negarlo. –Lexa no sabía qué hacer, se sentía alagada pero a la vez no estaba segura de qué significaba aquello, o quizás si sabía, pero no quería reconocerlo.
-¡Bien! –Reconoció Clarke.- Me gusta dibujar a las personas, ¿qué tiene de malo eso? –Preguntó molesta, se estaba cansando que todo el mundo tocara su libreta sin su permiso, pero lo que más le molestaba era que todos tomaran la misma, la que tenía todas imágenes de la castaña. Aunque debía reconocer que había sido culpa suya, tendría que haberla guardado en cuando dejó de usarla.
-Nada –Sonrió ante la idea que cruzó su mente.- Imagino que tienes dibujos de Bellamy o de Octavia, quiero verlos –Dijo muy segura Lexa mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
-Están en mi casa –Se apresuró a decir la rubia, esperando que creyera aquella mentira.
-Mentirosa. –A Lexa no se le había borrado la sonrisa de sus labios, al contrario cada vez que sentía que ganaba, más sonreía. – Me gustan –Reconoció volviendo a mirar aquellos dibujos, se detuvo justo en un dibujo que había sucedido en la casa de vacaciones de su familia.
-¿Me los puedes dar? –Clarke la miraba atenta, esperando que aquello sólo quedara ahí, y no tenía intención de continuar aquella conversación, porque sabía que tarde o temprano terminaría aceptando que los dibujos de sus hermanos no existían, y sólo había hecho de Lexa.
Lexa dejó los dibujos sobre el sofá, y cuando la rubia se disponía a tomarlos para guardarlo, esta se lo impidió. Rápidamente posó su mano sobre la cintura de la rubia y la atrajo hacia sí, uniendo sus labios. A pesar de que Clarke se sorprendió por aquel acto, correspondió el beso. La rubia sentía que las piernas se le debilitaban, y si no fuese porque Lexa la sostenía, seguramente ya hubiese caído, llevó sus manos hasta las mejillas de la castaña, prohibiendo que Lexa se separarse. Clarke sintió la lengua de Lexa recorrer sus labios, pidiendo permiso para introducirse en su boca, permiso que fue otorgado en cuanto la rubia separó sus labios. La lengua de Lexa recorría cada parte de la boca de Clarke, y una corriente eléctrica recorrió su cuerpo en cuanto sus lenguas se cruzaron. Lexa había deseado aquel momento desde que Clarke la había besado en la oficina, se arrepentía de lo que le había dicho, pero en aquel momento lo había creído correcto. En cuanto sus labios se separaron, los verdes se encontraron con los azules y ambas chicas sonrieron, para luego volver a unirse en un dulce y tierno beso.
