CAPÍTULO VEINTIUNO

Clarke bajó sus manos hasta la cintura de la castaña, dieron unos pasos haciendo que la rubia chocara contra el sofá. El sonido de una llamada rompió el silencio que se había generado en el departamento, ninguna de las dos hizo caso, continuando con el beso.

-Lo siento –Susurró la castaña contra los labios de la rubia. Clarke asintió con la cabeza y se alejó hacia la cocina, mientras que Lexa tomaba su celular y contestaba la llamada de su madre.- Hola –Respondió la ojiverde, intentando controlar su respiración, mordió su labio inferior y luego sonrió cuando Clarke regresó de la cocina.- No lo sé –Respondió a la pregunta de su madre.- Mamá, no sé cuánto tiempo nos llevará, en cuanto termine iré a casa. –Suspiró después de decir aquellas palabras.- Adiós –Cortó la llamada, cuando lo deseaba, su madre podía ser muy insistente y protectora.

-¿Todo bien? –Pregunto Clarke observando a Lexa, quien se había quedado de pie con el teléfono en la mano. Lexa asintió con la cabeza.- Traeré café –Dijo Clarke, regresando a la cocina.

Unos pocos minutos después, ambas chicas se encontraban sentadas en el suelo de la sala, con sus tazas de café y los planos frente a ellas. Ninguna de las dos mencionó el beso, Clarke sonreía por dentro, la idea de que en esta ocasión fuera Lexa quien lo había comenzado y que no se apartara, sentía que había sido un gran avance.

Durante los días siguientes ninguna de las dos dijo nada sobre lo sucedido el lunes por la noche, sin embargo continuaron con el proyecto y conversando como si nada hubiese ocurrido. Clarke no quería sacar el tema, temía que Lexa se arrepintiera y no deseaba escucharlo, mientras que Lexa lo único que deseaba era volver a besarla, pero no estaba segura si Clarke así lo quería, no después de haberla insultado semanas atrás.

El miércoles por la noche volvían a reunirse, era el último día que tenían para terminar el proyecto, ya que el jueves debían presentarlo ante sus padres y los nuevos interesados. Nuevamente se reunirían en casa de la rubia, en esta ocasión igual que los días anteriores decidieron pedir pizzas sin intentar cocinar, de esa manera era menos tiempo que perdían. Las dos chicas se encontraban en el mismo lugar que siempre, Clarke dejó el lápiz sobre la mesita y se puso de pie.

-Iré por unos refrescos –Dijo mientras se dirigía a la cocina, en cuanto regresó observó que Lexa se encontraba en la misma posición que antes, observando fijamente el plano, Clarke sabía que su mirada estaba sobre el papel, pero no observaba nada.- ¿Estás bien? –Preguntó mientras se acercaba, al ver que la chica no respondía se acercó a ella, dejó ambos refrescos sobre la mesita y puso su mano sobre el hombro de la castaña.- ¿Lexa? –La llamó con temor en la voz. La aludida por primera vez dirigió la mirada hacia Clarke.- ¿Estás bien? –Volvió a preguntar, la ojiverde se puso de pie, y sorprendiendo a la rubia unió sus labios con los de ella. Instintivamente Clarke llevó sus manos alrededor de la nuca de Lexa, mientras que esta sujetaba con fuerza la cintura de Clarke.

Lexa estaba comenzando a sentir que necesitaba más, necesitaba acariciar la suave piel de Clarke, necesitaba estar dentro de ella y que ésta estuviera dentro suyo, lo necesitaba en esos momentos pero no quería forzar las cosas. Al parecer Clarke sentía lo mismo, porque bajó sus manos hasta la cintura de Lexa, y metió sus dedos índices debajo de la remera de ésta, acariciando su piel. Lexa intentó ahogar un gemido al sentir aquella caricia, Clarke sonrió levemente sin separarse de ella aún, se atrevió a más, colocó el resto de sus dedos debajo de la remera. Al no recibir queja alguna, poco a poco fue subiendo la remera sin dejar de acariciar la piel de la castaña, se detuvo antes de llegar a los costados de los pechos de Lexa, ésta separó sus labios unos centímetros y levantó los brazos, dando permiso a que la rubia continuara con aquello.

Clarke retiró la remera y la dejó caer por algún lugar de la habitación, pero antes de volver a unir sus labios, Lexa tomó los bordes de su remera y la quitó, cayendo sobre el respaldo del sofá. Sus labios volvieron a unirse, eran como dos piezas de un puzzle que encajaban a la perfección. Lexa atrajo a la rubia contra sí, Clarke rodeó con su brazo la cintura de la castaña, y sin soltarla comenzó a caminar guiándola a su habitación. Ambas eran adultas como para saber lo que sucedería luego, adultas para hacerse cargo de las consecuencias que eso podía traer, pero en esos momentos a ninguna le importa, lo único que querían era que aquello sucediera.

En cuanto entraron a la habitación, Lexa se deshizo de sus zapatillas, mientras Clarke le desataba la camisa que llevaba anudada a su cintura, la castaña estaba a punto de desabotonar su jeans, pero la rubia se lo impidió, quería hacerlo ella. Los ojos azules se encontraron con los verdes, y en esos momentos ambas pudieron sentir que lo que se decía era cierto, los ojos son la ventana del alma, y ambas chicas lo estaban comprobando, en ambos podía verse el amor que sentían. Lexa sonrió, Clarke correspondió aquella sonrisa y la tomó como una invitación para llevar a cabo su cometido, con ambas manos temblorosas desabotonó el jeans, y poco a poco lo fue bajando. Lexa levantó primero un pie y luego el otro, ahora se encontraba sólo con su ropa interior de color rojo, Clarke mordió su labio inferior mientras recorría con su mirada el cuerpo casi desnudo de Lexa, sintió un calor recorrer su cuerpo.

-Creo que estoy en desventaja. –Susurró Lexa al oído de Clarke, haciendo que esta tragara saliva mientras comenzaba a sentir como su sexo palpitaba. Clarke se llevó sus manos al borde de su jeans. –No –Volvió a susurrar Lexa.- También quiero ser yo quien te los quite. –Las palabras seductoras de Lexa estaban poniendo más nerviosa a Clarke, jamás había estado en una situación así, aunque lo estaba disfrutando, también le deba miedo.

Lexa colocó su mano en el hombro de la rubia, empujándola contra la cama, haciendo que ésta se sentara en el borde. Clarke no dejaba de observar los penetrantes ojos verdes que también la estaban observando, Lexa se arrodilló frente a ella, desabotonó el jean y llevó su dedo índice sobre el pecho de la rubia, empujando para que esta quedara recostada en la cama, rápidamente pero con suavidad retiró los pantalones de la rubia, los cuales cayeron al lado de los suyos. En cuanto se puso de pie pudo observar que Clarke tenía los ojos cerrados, su respiración estaba agitada y tamborileaba los dedos sobre las suaves sábanas de la cama.

-¿Te arrepientes? –Preguntó con temor, Clarke rápidamente abrió los ojos para observarla, en el rostro de Lexa se notaba el miedo que estaba sintiendo la chica en esos momentos, miedo que anteriormente no había asomado por su rostro.- Podemos detenernos…-Susurró cada palabra con cuidado y lentitud.

-¡No! -Se apresuró a decir Clarke mientras se ponía de pie para quedar a la misma altura que la ojiverde. Sentía que tenía que explicarse, pero en esos momentos las palabras no le salían, llevó sus manos a la cintura de Lexa, y volvió a unir sus labios con los de ella, beso que la castaña correspondió sin esperar.

Antes de que cayeran sobre la cama, Lexa con su mano izquierda apartó las sábanas a un lado, ambas chicas sentían que aún tenían demasiada ropa. Clarke comenzó acariciando la espalda de Lexa, quien estaba sobre ella, cuando sus dedos se toparon con el broche del sujetador no lo pensó dos veces y lo abrió, segundos después se encontraba en alguna parte de la habitación. Lexa se separó unos pocos centímetros, esta vez no iba a quedarse desnuda ella primero, sus dedos comenzaron acariciando el costado del abdomen de la rubia, quien arqueó la espalda para que la castaña pudiera colocar sus manos debajo hasta llegar al broche del sujetador y liberar sus pechos, igual que ella lo había hecho momentos antes. Lexa llevó sus manos hasta el borde de la última prenda que le quedaba a la rubia y poco a poco la fue retirando de su cuerpo, aunque estaba en ventaja de desnudez, no dejó que pasara mucho tiempo, rápidamente retiró la única prenda que le quedaba.

Lexa se sentó a horcajadas de Clarke, colocando sus rodillas en los lados de la cintura de la rubia. Clarke acariciaba la suave piel de la espalda de la ojiverde, mientras esta se inclinaba y unía sus labios. El beso fue lento, suave y perfecto para ambas, Lexa acariciaba con la yema de sus dedos el abdomen de la rubia, y cuando una de sus manos continuó subiendo, hasta llegar a su pezón, la rubia dejó salir un gemido que fue ahogado en la boca de la castaña. Lexa separó sus labios, quería escucharla gemir, quería escucharla pronunciar su nombre, pero sobre todo quería escuchar lo que fuera que tenía que decirle. Comenzó a hacer un recorrido, dejando besos por su mejilla, hasta llegar al cuello de la rubia, ahí se detuvo unos momentos, mientras con sus dedos índice y pulgar jugaba con el pezón de Clarke, quien no pudo contener un gemido y lo dejó salir. Lexa sonrió al escuchar el gemido contra su oído, y con su lengua comenzó a jugar con el lóbulo de la oreja de Clarke.

Clarke arqueó la espalda al sentir que la mano de Lexa se alejaba de su pecho, bajando por su abdomen hasta llegar a su cintura, su otra mano comenzó a masajear el pecho que no había recibido atención, y a medida que su mano descendía a cada centímetro, continuó con el camino de besos. En el mismo momento que sus labios atraparon el pezón de la rubia, su mano llegó al lugar que tanto ansiaba llegar, con su dedo anular comenzó a hacer círculos sobre el clítoris de la rubia, quien al sentir aquel contacto dejó salir un leve gemido, las manos de la rubia se sujetaron con fuerza a la cintura de la castaña, quien continuó con aquellas caricias.

-Por favor –Susurró Clarke dejando salir algunos gemidos.- Te necesito dentro –Volvió a susurrar. Lexa sonrió, dejó de jugar con el pezón de la rubia para volver nuevamente a su cuello, besando y lamiendo cuanto podía.- Lexa –Su voz ronca era de súplica, la necesitaba dentro y pronto.

Lexa no se hizo esperar más, y poco a poco comenzó introduciendo el dedo índice y medio dentro de la rubia, quien aferró sus manos a la espalda de la castaña, dejando una pequeña visión de sus uñas en la piel de esta. Lexa comenzó con la entrada y salida de sus dedos, al comienzo los movimientos eran lentos, pero poco a poco los fue acelerando, escuchando como los gemidos de Clarke golpeaban en su oído. No hizo falta más, Clarke dejó salir un gemido al tiempo que se corría, cuando el orgasmo golpeaba en todo su ser.

La respiración de las dos mujeres era agitada, Lexa detuvo sus dedos sin moverlos dentro de la rubia, pero en cuanto esta pudo calmar un poco su respiración, regresó con aquellos movimientos, los cuales eran suaves, pues aún la rubia estaba un poco sensible con el orgasmo que había tenido. Fue golpeada por otro, al mismo tiempo que mordía con fuerza su labio inferior, logrando que éste se abriera en un pequeño corte del cual un hilito de sangre salió.

Mientras Clarke intentaba controlar su respiración, Lexa unió sus labios y retiró sus dedos de dentro de ella. La rubia no podía esperar por hacer sentir a la castaña algo de lo que ella había sentido. Rápidamente hizo que sus cuerpos giraran sobre la cama, quedando ella sobre la ojiverde. Una sonrisa se dibujó en los rostros de ambas mujeres, Clarke besó rápidamente los labios de la ojiverde, mientras sus manos comenzaban a masajear los pechos de Lexa, apretó sus pezones en cuanto los sintió erguidos, poco a poco fue bajando con sus labios, dejando un camino de besos por el cuerpo de Lexa, besos que comenzaban en los carnosos labios, pasando por la mandíbula, el cuello, el valle que había entre sus pechos y su abdomen, cada beso que la rubia había dejado sobre la piel de la castaña, ésta había dejado salir un gemido, pero al no escuchar uno cuando había dado su último beso quiso saber por qué. Levantó la vista para observarla, y una sonrisa se dibujó en su rostro, Lexa tenía los ojos cerrados y mordía su labio inferior.

-Mírame –Pidió la rubia, acto seguido Lexa abrió los ojos y nuevamente el azul y el verde se encontraron, se fundían en uno sólo.- Quiero que me mires. –Volvió a decir la rubia con voz ronca. Continuó con su camino de besos, llegando más abajo hasta la entrepierna de su amante, y antes de comenzar a besarla pasó su lengua. Lexa soltó un gemido, había intentado cerrar sus ojos, pero aún estaban conectados con los azules. Clarke sonrió, y vio un brillo asomarse por los verdes ojos, continuó besando allí, jugando con su lengua obre el clítoris de la castaña, posó sus manos sobre los muslos de ésta, aferrándose mientras Lexa movía sus caderas intentando que la rubia tuviera más que recorrer, una de sus manos se posó sobre los rubios cabellos, y cunado sentía que la rubia iba a dejar de hacer lo que hacía, ésta la invitaba a que continuara.

Clarke introdujo la punta de su lengua dentro de la castaña, quien llevó ambas manos a sus lados y se aferró a las suaves sábanas, poco a poco fue introduciendo más, y con unos pocos cuantos movimientos de entrada y salida supo que la castaña estaba casi lista. Separó sus labios de los labios vaginales de Lexa, lentamente se fue acercando a ella hasta unir sus labios, y sin previo aviso penetró a la castaña con su dedo índice y medio. Comenzó a realizar aquellos movimientos que anteriormente su lengua era la encargada de llevar a cabo, Lexa aferró sus manos en la espalda de la rubia, ahogando todos sus gemidos en los labios de ésta. Clarke separó sus labios, comenzando a besar el delgado cuello de Lexa, quien momentos después llevaba hacia atrás su cabeza, mientras un gemido salía de su garganta, anunciando que había llegado al orgasmo.

La rubia esperó que la respiración de la castaña se normalizara, sacó sus dedos de dentro de ella y los llevo a su boca mientras los ojos verdes la observaban, sonrió y a modo de respuesta obtuvo una sonrisa. Clarke se acomodó sobre Lexa, su muslo friccionaba el sexo de la castaña, mientras que su propio sexo estaba siendo friccionado por el muslo de la ojiverde, comenzó con lentos movimientos de vaivenes, movimientos que Lexa imitó acelerando un poco. Ambas chicas estaban excitadas, sus sexos estaban sensibles, y no tuvieron que esperan mucho tiempo, ni necesitaron muchos movimientos más para correrse juntas. No supieron en qué momento sucedió, pero Lexa se encontraba sobre Clarke, se colocó a su lado, y se abrazaron.

Clarke estaba recostada con la mirada hacia el techo, su brazo izquierdo pasaba por debajo del cuello de Lexa, quien tenía su rostro recostado en el pecho de la rubia, sus ojos cerrados y la respiración tranquila demostraban que estaba dormida. Clarke acariciaba con la yema de sus dedos el brazo de Lexa, mientras que esta tenía un brazo alrededor de la cintura de la rubia. Clarke sonrió al sentir que la castaña se aferraba un poco más a su cintura, podía estar todo el día así que no le importaría en lo absoluto, quería saber qué significaba eso, quería saber qué sucedería después, pero no quería romper el clima que estaban teniendo. Giró su vista hacia la mesita de luz, y miró la hora, faltaban quince minutos para las cuatro de la mañana.

Tenían que terminar aquel proyecto para esa misma mañana, Clarke quitó su brazo de debajo de Lexa, con mucho cuidado de no despertarla, y salió de la cama. Lo primero que encontró fue la camisa que anteriormente la castaña llevaba anudada a su cintura, la tomó junto a su braga y después de ponerse aquellas prendas, salió en dirección a la cocina para preparar café.

-Así que tú tenías mi camisa –Escuchó Clarke minutos después. La camisa sólo alcanzaba a cubrir unos pocos centímetros por debajo de sus glúteos, la aludida se giró con una sonrisa para observar a Lexa.

-No encontraba mi remera –Lexa tomó una remera del respaldo del sofá y se la mostró con una sonrisa a Clarke.- Además me gusta cómo te queda esa camiseta –Lexa llevaba la remera del equipo de basquet favorito de la rubia, pero no era la misma que llevaba a los partidos, esta no tenía su apellido detrás.

-¿Por qué te levantaste? –Lexa se había acercado lentamente a Clarke, quien se había girado nuevamente para continuar preparando el café. Lexa no sabía cómo estarían las cosa entre ellas, no habían hablado anteriormente, se habían dejado llevar, y ahora todo había cambiado. No estaba segura de si aquello había sido algo del momento, algo pasajero, o podría ser siempre. De todas formas no se arrepentía de lo sucedido.- Vuelve a la cama –Susurró detrás de la rubia, haciendo que el aire que salía de su boca golpeara justo detrás de la oreja de Clarke.

-Por si no lo recuerdas, hoy tenemos que presentar el proyecto. –Clarke se giró para mirarla y sonreírle. Lexa recargó su frente en el hombro izquierdo de Clarke.- También me gustaría volver a la cama. –Clarke pasó con timidez sus manos por la cintura de Lexa, quien levantó el rostro para verla sonriente.

-Bueno, creo que tendremos un problema. –Lexa le sonrió con picardía y acto seguido unió sus carnosos labios con los de la rubia.

-Me gusta ese problema. –Susurró la rubia después de separarse. Depositó un pequeño beso en los labios de Lexa y luego se giró para verter el café en las dos tazas que tenía allí.- Sigamos con los planos. –Le tendió a Lexa una taza y luego se fue hacia la sala, donde allí aún estaban los planos.

Dos horas después, el reloj marcaba las seis de la mañana, en todas las veces que se habían reunido para hacer algún proyecto nunca se habían demorado tanto, Lexa había intentado más de una vez que dejaran eso así y regresaran a la cama. Estaban acomodando todo, guardando las cosas que usaron y separando los planos que llevarían esa misma mañana al trabajo.

-Deberíamos bañarnos y prepararnos para ir a la oficina. –Comentó la rubia sin ninguna otra intención más que la dicha.

-Debería irme a mi casa. –Dijo Lexa mientras Clarke se recargaba sobre el respaldo del sofá.

-Cierto. –Susurró Clarke. Lexa se había acercado a ella con una sonrisa, mientras observaba a la rubia de pies a cabeza, estaba amando cómo le quedaba su camisa.

-¿Me das mi camisa? –Lexa colocó dos dedos, el índice y el del medio, justo en el agujero que se formaba entre botón y botón de la camisa que llevaba Clarke. La atrajo hacia sí.- ¿O quieres que te la quite yo? –Susurró antes de volver a unir sus labios.

-Mmm –Clarke metió sus manos debajo de la remera que llevaba Lexa.- Y yo quiero mi remera. –Sonrió y mordió su labio inferior.- ¿Cómo hacemos?

-Quítatela tu primero. –Se apresuró a decir Lexa con una sonrisa de picardía en su rostro. Clarke soltó una leve carcajada irónica, inclinando la cabeza hacia atrás haciéndole ganar un beso de la castaña en su cuello.

-Hazlo tú, yo luego. –Contestó la rubia. Lexa negó con la cabeza mientras sonreía. Iban a tener un serio problema, aquello terminaba en otra sesión de besos o aquello no iba a terminar más.