Durante toda aquella semana se habían escuchado rumores sobre la cena de bienvenida que el alcalde iba a ofrecer para una importante familia que acababa de volver a Paris, Chloé era de las invitadas de honor y Kim lo sabía, así que convenció a Sabrina de decirle la hora a la que su amiga debía salir hacia el banquete, y desde un tiempo antes se plantó afuera de la puerta del hotel Le Grand Paris para esperar a que su querida saliera.

Él sabía que Chloé no era la mejor persona del mundo, pero admiraba de todo corazón su coraje, la manera en la que vivía sin miedo de decir lo que pensaba de todo el mundo, aunque fueran cosas malas, admiraba la seguridad que tenía en sí misma. Fantaseaba con ver a aquella fiera un día vulnerable y ser él quien le diera consuelo, que ella viera cómo él la quería a pesar de todo y que pudieran estar juntos. Él sabía que aquello podría suceder, tenía esperanzas, él sabía que podía ayudarla a salir de aquella burbuja de agresión y guiarla a usar todo aquél potencial que emanaba de una manera buena.

Para él, Chloé Bourgeois era un diamante que necesitaba ser limpiado y pulido para brillar en todo su esplendor, a veces incluso la imaginaba como una heroína de traje amarillo, blanco y negro como la vestimenta que solía usar, la imaginaba defendiendo a la gente con el mismo fervor con el que la veía defenderse a sí misma, siendo incluso más capaz que la propia Ladybug.

Suspiró.

-¡Sí, claro! Estoy en camino, ¿la limusina está afuera?- Escuchó la voz de su amada desde dentro del lugar y se irguió.

Se sacudió el traje que llevaba puesto, un esmoquin sencillo negro con camisa blanca y corbata de moño negro que había encontrado en el armario de su padre, era el que pensaba usar para el baile. Olfateó por última vez la rosa amarilla que llevaba en la mano, que había estado cuidando él mismo desde que la había comprado como capullo, dándole el mantenimiento necesario para que abriera como una rosa mucho más bella que cualquiera que pudieras encontrar en las tiendas, la rosa perfecta. Todo debía ser perfecto.

La rubia salió, portando un hermoso vestido de noche largo color amarillo canario de un solo hombro, que del lado derecho de la cintura lucía una deslumbrante flor de brillantes incrustados en la tela que parecía ser seda, de ésta se alzaban diversas líneas de brillantes que corrían hasta el único tirante y se perdían en la espalda. Su cabello estaba recogido en un elegante moño, del estilo de las bailarinas de ballet. Kim se quedó boquiabierto.

-No empiecen sin mí- dijo al teléfono antes de colgar y voltear a ver al chico -¿Y tú qué haces aquí?

Cerró la boca y luego la volvió a abrir para decir algo pero nada salió, aquellos ojos azul rey parecían resaltar entre todo el amarillo. Se aclaró la garganta.

-Yo… me preguntaba…- se arrodilló frente a ella, ofreciéndole la rosa -Si tú quisieras ir conmigo al baile de invierno.

Esta vez no hubo un charco de agua ni una bicicleta que lo mojara, no hubo viento que le aventara nada en la cara, todo salió bien… la luna era llena, las estrellas se veían en el cielo, su traje y la rosa eran tan perfectos como la manera en la que lucía su chica en aquél momento.

Durante unos segundos se hizo el silencio, la chica lo contempló sorprendida, no esperaba una invitación así al baile y algo en el fondo de sí se movió, causando aquellos segundos de titubeo y confusión antes de decirse a sí misma que todo aquello era ridículo y recuperar su compostura.

Comenzó a reírse.

-Por favor, Kim, detén todo esto- le dijo apartando con una de sus manos de perfecto manicura la rosa que éste sostenía -¿Realmente esperas que diga que sí?

La miró decepcionado.

-Yo… fui nominado para rey de hielo y… realmente me esforcé para conseguir votos, pensé…- bajó la mirada a los pies de la chica, que estaban enfundados en elegantes zapatillas de pulsera plateadas -pensé que podíamos ganar juntos este año…

-¿Tú? ¿Y yo?- La chica se rió más fuerte -Oh, cariño, tú de verdad crees que podrías vencer a Adrien de alguna manera- lo miró desde arriba con las manos en la cintura -Eres un don nadie junto a Adrien Agreste, y creo que no termina de entrarte en la cabeza- se inclinó para acercar su rostro al de él -Jamás le llegarás a los talones- murmuró y acto seguido se dirigió a la portezuela abierta de la limusina que le esperaba -¡Oh, como duele la cruel verdad!- Fue lo último que dijo antes de entrar en el vehículo.

Mientras éste arrancaba, Chloé miró por la ventanilla al chico que aún estaba arrodillado en la acera, mirando fijamente el piso, por primera vez se sintió mal por alguien a quien acababa de herir, en realidad su gesto le había tomado por sorpresa de manera agradable, pero no podía aceptarlo, ella esperaba que Adrien la invitara al baile y tenía que estar libre hasta entonces, además tenía una reputación que conservar, no podía mostrar piedad.

Por su parte Kim sentía sus músculos fríos, no podía moverse, había una herida que se extendía en su interior y lo obligaba a concentrarse únicamente en ello, las palabras de su amada resonaban en su cabeza como campanas de iglesia, como trompetas del juicio final. ¿Cómo podía un ser tan bonito ser tan cruel? ¿Cómo podían aquellos labios que le provocaban escalofríos escupir tan terribles palabras? ¿Cómo podían esas meras palabras hacerle sentir como si le desgarraran por dentro? Todo había salido bien esa vez, nada lo había arruinado, se había esmerado porque fuera perfecto pero aún así ella lo había rechazado… ¿Por qué?

-Adrien- susurró con la voz quebradiza -Todo esto es por Adrien Agreste.

Poco a poco las lágrimas comenzaron a salir, Kim jamás lloraba, pero el dolor físico y la humillación eran demasiados, el eco de la voz de Chloé era demasiado, simplemente todo era demasiado.

Una risa sonó en alguna parte de Paris.

-¿Puedes sentirlo?- Murmuró una voz masculina -Es un corazón rompiéndose, de verdad rompiéndose, oh, pequeño, abraza ese dolor y hazte uno con él.

Monsieur Papillon contemplaba la ciudad en su oscuridad mientras las mariposas blancas revoloteaban en su guarida, perturbadas por la energía que las invadía, aquella energía sólo aparecía cuando el villano activaba su poder, que era como luz negra para ellas, provocaba que huyeran pero siempre alguna era atraída. El Akuma fue creado.

-Vuela, mi pequeño Akuma, ¡ennegrece su corazón!

El akuma voló a través de la noche, abriéndose paso entre el viento hasta llegar a posarse delicadamente sobre la rosa que sostenía Kim. Pronto el chico escuchó la voz del hombre en su cabeza.

-Hola, Ice King, te doy la oportunidad de que le demuestres a tu amada quién es el rey de esta ciudad, a cambio sólo pediré que me entregues los miraculous de Ladybug y Chat Noir.

-Dalo por hecho- dijo con una media sonrisa, mientras era transformado.


Chloé tecleaba distraídamente su celular cuando se escuchó un estruendo y la limusina se sacudió. La chica gritó.

-Mi reina- canturreó alguien afuera -Tu rey ya está aquí.

El techo del vehículo se vio invadido por escarcha justo antes de congelarse y romperse. En la cajuela un chico musculoso estaba parado, vestía un par de botas blancas que le llegaban arriba de las rodillas, un par de mallones azul claro, una túnica medieval del mismo color con un copo de nieve estampado en el torso y un cinturón blanco en el cual se encontraba una rosa de hielo, en su cabeza lucía una ostentosa corona de hielo y le colgaba una capa corta del largo de la túnica, color azul rey con los bordes de felpa blanca y sostenida en su hombro derecho por un broche de copo de nieve blanco. Un antifaz de escarcha le cubría pobremente el rededor de los ojos. Portaba un cetro de hielo.

De alguna manera se veía atractivo.

-¿Quién eres tú?- Le dijo exasperada -¿Y quién demonios te crees para arruinar mi noche?

-Oh, disculpa, querida- respondió el villano -¿Ibas a un banquete? ¿Sin mí?- Hizo un gesto de ofendido -¿Sin tu amado rey? Que desconsiderada.

Le apuntó con el cetro y pronto se vio rodeada de escarcha que la cubrió como una cuerda y la inmovilizó.

-¡¿Qué diablos haces?! ¡Debo ir a una importante cena!

Haciendo caso omiso de sus quejidos, Ice King la cargó en un hombro y con la escarcha que salió disparada del cetro se impulsó para dirigirse a las alturas de los edificios.

Adrien ya estaba en el banquete.

-¿Los señores Piaf están por llegar?- Preguntaba el alcalde.

-Sí, señor, llamaron hace un momento para disculparse, tuvieron un contratiempo pero llegarán pronto.

-Oh, perfecto, perfecto.

El modelo suspiró y se acercó a Nathalie.

-¿Y mi padre?

-No tardará- respondió ella sin dejar de ver su tablet -está terminando de atender asuntos importantes.

Una silueta se acercó al ventanal del salón, se escucho el cristal haciéndose añicos y Ice King entró en el lugar, cargando a Chloé.

-Buenas noches- saludó -La señorita Bourgeois viene a disculparse por no poder asistir hoy, pero debe atender unos asuntos en casa con su rey.

La chica soltó un chillido.

-¡Auxilio!

-¡Mi hija!- Exclamó el padre con el rostro roto en un gesto de pánico.

-¡Déjala ir!- Le gritó el rubio al akumatizado.

Éste lo miró.

-¡Mira a quién tenemos aquí! ¡Adrien Agreste!- Dijo -Que casualidad, iba camino a darte una visita amistosa a tu mansión.

La escarcha se apresuró a atacarlo, envolviéndolo en una nube flotante que lo transportó hasta el costado del villano.

-No les quito más tiempo- se despidió haciendo una reverencia -Bon apetit.

Dicho esto se fue, llevándose consigo a sus dos rehenes.


Marinette dejó caer su cabeza encima del libro de trigonometría que tenía delante.

-No puedo con esto.

-¡Vamos, Marinette!- La animó Tikki.

En realidad no podía, tenía demasiadas cosas en la cabeza con la llegada de White Wolf, toda aquella nueva información sobre el miraculous perdido, el baile de invierno y la nominación a reina de hielo. No podía simplemente limpiar su cabeza, nunca había podido, Pitágoras no encajaba en su meollo mental en aquellos momentos.

Cerró el libro de golpe y se levantó. Tikki la miró preocupada.

-¿Estás bien?

-Estoy agotada- respondió tirándose en la cama -Quisiera hacerme bolita y quedarme así para siempre.

-Oh, Marinette- su kwami se acercó a ella -Sé que es duro para ti tener una doble vida, pero el bien que le has hecho a este mundo es incomparable- la pequeña tomó asiento en el vientre de su portadora.

-¿Tú lo crees?- La ojiazúl miraba al techo.

-¡Claro que sí! Le has devuelto la esperanza a la gente de Paris cuando más la necesitaban, les has demostrado que tienen con quién contar, que no están solos.

Esto hizo que viniera a su mente la promesa que le había hecho a Adrien hacía más de una semana, pero justo cuando estaba a punto de revivir su recuerdo, escuchó un grito.

Ambas se irguieron alerta.

-¿De dónde vino eso?- Dijo la chica mirando por la ventana.

La criatura roja ya se dirigía a la trampilla de la azotea.

-Será mejor que lo averigüemos- respondió.

Ambas subieron para ver la noche invadiendo la ciudad tranquilamente, sin ningún indicio de inquietud. Por un minuto se dedicaron a buscar con la vista algo que evidenciara lo que acababan de oír, pero no parecía haber nada. De pronto, unas cuadras más adelante, el grito se volvió a escuchar y junto con él se visualizó un destello de escarcha saliendo por detrás de la azotea de un edificio.

-¡Ahí!- Gritó Marinette -¡Tikki, transfórmame!

En lo que la heroína realizaba su transformación, Ice King aterrizaba en Pont Des Arts.

-Mira, mi reina- dijo bajando a Chloé -Aquí fue donde me declaré por primera vez.

-¡Déjame ya, maldito loco!- Fue su respuesta.

El villano se enfureció y le apuntó con el cetro.

-¡Eres mía! ¡No de este modelito de cuarta!- La escarcha que envolvía a Adrien se esfumó y el chico cayó al suelo medio inconsciente, temblando de arriba abajo -Es hora de que entiendas de una vez por todas que conmigo es con quien te vas a quedar.

Del cetro salió un torbellino de escarcha que revoloteó alrededor de la rubia, quien gritaba desesperadamente, a los pocos segundos la escarcha se convirtió en paredes de sólido hielo que formaban una corona. Chloé quedó atrapada.

-Ahora…- miró a la figura que yacía en el suelo -tu turno.

De la misma manera la escarcha formó un par de cadenas que sostuvieron al ojiverde por las muñecas y lo jalaron hasta las rejas del puente para amarrarlo ahí, por si eso no era suficiente, también lo encerró en una pequeña jaula de hielo que apenas y le permitiría moverse.

Si se moviera, claro, pues estaba totalmente débil y siendo víctima de violentos temblores.

Ladybug aterrizó a unos metros.

-¡Alto ahí!- Le gritó al akumatizado, apuntándole con una mano y girando su yoyo con la otra.

Éste se volteó lentamente, dejando a la vista de la heroína la jaula con el chico dentro.

Ella ahogó un grito.

-¡Adrien!

-Vaya, vaya, pero si es Ladybug que viene a salvar la noche- el rey de hielo le sonrió -¿Hoy no traes a tu mascota?

-En realidad- una voz masculina los hizo voltear a ambos hacia la cima de un poste, White Wolf se encontraba de pie en perfecto equilibrio -Sí la trae.

Ice King mostró los dientes en gesto de enfado al ver al héroe saltar para posicionarse junto a la heroína.

-¿Lista, cara mia?- Le dijo el lobo a la mariquita, tomando su frizbee de la espalda.

Ladybug miró a Adrien inconsciente, luego a White Wolf.

-Lista.