Adrien vestía un esmoquin negro con camisa blanca y corbata estrecha negra, su cabello lo llevaba peinado de lado como de costumbre y un antifaz negro de tela le cubría la mitad superior del rostro, como en su transformación de Chat.
Se encontraba en la cancha principal de la escuela, todo estaba pulcramente decorado con motivo de hielo: escarcha, copos de nieve, plantas de frío, muchos colores blancos y azul cristalino. A su alrededor, bailaban sus compañeros de clase enfundados en elegantes trajes de noche y todos con máscaras.
El lugar se veía invadido por una atmósfera de júbilo que te hacía olvidar cualquier otra cosa.
-Buenas noches, gatito- le saludó una voz femenina a sus espaldas.
Se giró lentamente, quedándose helado al ver a la hermosa figura que le había hablado. Llevaba un precioso vestido de noche que consistía en un corset rojo vino, una falda de olanes de encaje negra y una cola de satín rojo vino que caía desde los costados inferiores del corset hasta juntarse en el suelo. El cabello lo llevaba suelto con una pequeña trenza rodeándole la nuca por encima del cabello, y un antifaz rojo con motas negras idéntico al de su transformación.
-¿Ladybug?
La chica hizo una pequeña reverencia sonriendo.
-Te ves bien- le dijo su colega.
El chico se sonrojó totalmente. ¿Qué hacía ella ahí? ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía verse tan increíblemente hermosa?
-T…tú...te ves…- tartamudeó -absolutamente despampanante.
-Bueno- hizo un ademán con una mano enfundada en un largo guante rojo -Tú no te quedas atrás.
Adrien se sentía alucinado, tan sólo ver aquél par de ojos azules mirándolo de aquella manera le ponía la piel de gallina, teniéndola ahí, luciendo de esa manera, hablándole de esa manera, en aquél lugar de ensueño con música de ensueño…
Se percató de la música que sonaba, era un vals: Los Patinadores de Waldteufel.
Se inclinó en una reverencia ante ella.
-Mi lady, ¿me haría el honor de concederme esta pieza?
Le ofreció una mano, que también llevaba con guantes negros, y la miró a los ojos mientras ella le dedicaba una sonrisa coqueta y posaba con delicadeza su mano sobre la de él.
-Por supuesto que sí, caballero.
Pronto comenzaron a danzar alrededor de la sala con elegancia, el vestido de la chica se arremolinaba y su cabello se removía al girar, esparciendo su perfume por la estancia de manera de que no había otra cosa que el chico sintiera más. Su olfato, visión y tacto estaban invadidos por ella, su oído por la hermosa melodía y no había nada que deseara más que probar aquellos labios que le sonreían.
-Así que…- la chica rompió el silencio -Ya lo sabes, ¿no es así?
-¿Saber qué?- Preguntó él sin poner mucha atención, se encontraba escogiendo la manera de besarla.
-Mi identidad.
Esto lo hizo volver en sí.
-¿Tu… identidad?
-¿No era por eso que habías estado raro?- La ojiazúl ladeó ligeramente la cabeza -Vamos, ¿el estar en este baile no confirma tus sospechas?
El chico se quedó atónito.
-Yo… tú…- no estaba seguro de cómo reaccionar a todo aquello, ¿cómo sabía ella de sus sospechas? Sin embargo tenía razón, que ella estuviera en el baile escolar sólo podía significar una cosa... la miró a los ojos de nuevo -¿Marinette?
Ella sonrió.
-¿Ves? Ya lo sabías.
Era ella. En verdad era ella. No pudo evitar sonreír de oreja a oreja, su mirada se iluminó.
-¡Marinette!- La abrazó con fuerza sin importarle que estuvieran en medio de la pista de baile, sintió a la chica corresponder su abrazo -Eres tú, siempre fuiste tú.
-Siempre estuve aquí- le murmuró Marinette al oído -Y siempre lo estaré. Te quiero, Adrien.
Su corazón se aceleró, sentía una felicidad que no podía explicar con palabras, con suavidad se separó del abrazo para mirar el rostro de su amada.
-Yo te amo, mi lady.
Titubeante, acercó un poco más su rostro al de ella.
-Adrien- susurró sonrojada.
Se acercó un poco más.
-Adrien- dijo un poco más fuerte, y de pronto lo empujó con fuerza -¡Adrien!
El chico despertó.
-¡Adrien!-White Wolf se encontraba arrodillado junto a él en el puente.
Ya no habían barrotes de hielo, ni cadenas, Chloé se veía a lo lejos hablando por teléfono y cerca de ella Kim yacía en el suelo. No terminaba de entender lo que había sucedido, hasta que escuchó a Ladybug convocando la última parte de su poder.
-¡MiraculousLadybug!
Entonces recordó a Ice King, a Chloé, el Akuma. Tomó aire sorprendido.
-Hey, hey, tranquilo, aún estás débil- le dijo el héroe lobo.
¿Ya habían acabado con el Akuma? ¿Sin Chat Noir? ¿Había dormido durante toda la pelea? ¿Qué hacia White Wolf ahí?
-¿Está bien?- Vio a su amada acercarse a él.
-Sí, pero creo que deberíamos llevarlo a su casa- el lobo se incorporó para quedar de frente a Ladybug, Adrien no podía abrir los ojos bien pero alcanzaba a verlos a ellos.
No, ¿por qué estaba él? ¿La había ayudado? Se sintió terrible al no haber combatido con su lady, sentía que le había fallado, no había estado para ella y… él sí.
-No te preocupes, yo me encargo- le dijo ella y le sonrió -Gracias por la ayuda.
-Cuando gustes.
Se miraron unos segundos y entonces la heroína alzó un puño hacia él y luego de pensarlo un momento, él lo chocó con ella.
-Bien hecho- dijeron al unísono.
Adrien sintió una punzada en su interior.
Ladybug llevó a Adrien hasta la entrada de la mansión Agreste, el chico aún no podía caminar solo y no había pronunciado palabra en todo el rato. La chica no sabía qué decirle, por unos momentos durante la pelea con Ice King había pensado que lo perdería, en aquél momento quería decirle muchas cosas pero nada que pudiera decirle con aquél traje puesto.
Con suavidad lo depositó en la acera, sentado y recargado en la pared de la barda.
-¿Estarás bien?- Se arrodilló junto a él.
El chico miraba al suelo, sentía una tristeza inexplicable, se sentía traicionado, en su mente se repetía la escena de la heroína chocando el puño con White Wolf. Le dolía recordarlo, creía que aquello era cosa sólo de ellos dos.
-Adrien, dime algo por favor.
La chica sonaba de verdad preocupada, eso hizo que el ojiverde dejara a un lado su tristeza y la mirara. No podía pensar con claridad aún, sentía su cuerpo caliente, la cabeza le punzaba, no podía la tenía muy cerca, podía ver sus ojos y nada más, tal y como en su sueño. Podría acercarse y besarla, terminar lo que en el sueño no había podido.
Alzó lentamente una mano para posarla en la mejilla de la heroína. Ésta se quedó petrificada ante el gesto, en su interior Marinette gritaba en pánico y eso se reflejó con un ligero rubor en su rostro. ¿Qué sucedía? ¿Por qué tenía ese gesto con ella? No la conocía… a menos que fuera como aquél artista que una vez había sido Akumatizado y Adrien también gustara de su lado heroico. Su corazón dio un vuelco. Si así eran las cosas… ¿debía tomarlo como algo bueno o malo?
-Gracias por todo- susurró el rubio sonrojado… tal vez demasiado sonrojado.
Ladybug le tocó la cara.
-¡Dios!-Exclamó -¡Estás ardiendo!
Se puso de pie sosteniéndolo junto a ella con un brazo y procedió a llevarlo al interior de su hogar.
Al día siguiente Adrien no asistió a la escuela.
Para Marinette la jornada escolar pasó rápido, como las vacaciones de invierno se acercaban no había mucho que hacer, los exámenes acababan de pasar y los proyectos estaban listos.
-Nino me invitó al baile- le dijo su mejor amiga a la salida –Anoche apareció afuera de mi balcón ¡fue tan romántico!
La ojiazúl le sonrió a la mulata, imaginado una escena estilo Romeo y Julieta.
-¡Genial!- pasó su brazo por los hombros de la chica -Aunque era un poco obvio puesto que es tu novio.
Ella rió.
-La emoción sigue ahí.
Dicho eso caminaron a la salida.
Mientras tanto Ivan sostenía nervioso un corsage de orquídeas rosas afuera del salón. Ya tenía varios meses siendo novio de Myléne y todo parecía salido de un sueño para él, la chica que le había gustado desde primer año de secundaria por fin le había hecho caso… y vaya que de forma dramática con todos aquellos Akumas. Pero todo iba genial, sus padres adoraban a su novia y el padre de ella… bueno, lo aceptaba.
Era el primer baile al que podrían asistir como pareja y eso le ponía bastante nervioso, viendo como el resto de los chicos normalmente invitaban a alguien al baile (con letreros gigantes u ostentosos regalos), pero sabía que Myléne era mucho más sencilla que eso, era parte de lo que amaba de ella, sabía que para ella era mucho más valioso un pin de su banda favorita que una pieza de joyería.
Así que Ivan había conseguido aquél corsage de orquídeas rosas gracias a su abuela, quien tenía una florería, ella le había dejado escoger las flores y le había ayudado a formar el ramillete él mismo para después integrarlo a la pulsera, él sabía que Myléne usaría un vestido rosa, pues lo había mencionado desde que el baile se había anunciado.
Tomó aire cuando vio a su novia salir del salón y se acercó escondiendo el regalo a sus espaldas.
-Myléne.
La chica lo vio y sonrió.
-¡Ivan!- Se aventó hacia él para darle un abrazo y un beso en la mejilla -Creí que ya te habías ido.
-Yo… te traje algo- dijo mirando al suelo tímido y le entregó el corsage, la chica lo miró maravillada -¿Tú… quisieras ir al baile conmigo?
-¡Pero claro que sí!- Gritó entusiasmada y de nuevo se abalanzó hacia él, esta vez para darle un tierno beso en los labios sin importarle que los demás alumnos estuvieran ahí.
Nathaniel había estado observando desde el segundo piso, incluso desde antes de que saliera Myléne, y se había propuesto dibujar su rostro en cuanto viera el regalo, en aquellos momentos se encontraba terminándolo, era un sketch rápido, pero parecía reflejar bien la emoción.
-Tienes mucho talento- le dijo una voz femenina detrás de él.
Se sobresaltó y volteó.Juleka se sentó junto a él y le dedicó una sonrisa, a lo que el pelirrojo (algo decepcionado) susurró un "gracias" y volvió a contemplar la escena.
-Me alegra que estén juntos- dijo ella siguiendo la mirada del chico -A él siempre le había gustado, aunque conociéndola nunca se hubiera dado cuenta por sí sola.
-No es la única- suspiró el chico.
La chica lo miró algo triste, todo el salón sabía sobre sus sentimientos por Marinette, pero luego del incidente de Demoilustrador no se había atrevido siquiera a acercársele, sentía cierta empatía por él, puesto que ella también sabía lo que era vivir en las sombras.
-¿Por qué no la invitas al baile?- Le dijo.
-¿Qué?- Miró a todas partes, nervioso -¿A quién?
-A Marinette- señaló a la susodicha, quien se encontraba cerca de la entrada con su mejor amiga -Te gusta, ¿no es así?
Nathaniel miró a Marinette unos segundos, sonreía, como siempre, aquella sonrisa siempre lo tomaba por sorpresa y le hacía sentir una calidez inexplicable, era como si aquella chica reconfortara su corazón solo con sonreír. La había observado mucho, mientras dibujaba absorta en su libreta, cuando regalaba panecillos a la clase en navidad desde primaria, la manera en la que ayudaba a la gente que la rodeaba y la pasión con la que lo hacía (a veces le recordaba a Ladybug)… pero también había observado la manera en la que miraba a Adrien, y por eso mismo sabía que no tenía oportunidad.
-Sí, así es- respondió bajando la mirada -Pero a ella le gusta alguien más.
Juleka sintió pena por su compañero, había rumores de que efectivamente, a la chica le gustaba el modelo, pero no había puesto mucha atención y de cualquier manera no había nada confirmado, así que quiso alentar al pelirrojo.
-Deberías intentarlo- le dio una suave palmada en el hombro -Tal vez aún no se ha fijado en ti porque no la dejas que te vea, tal vez están destinados a estar juntos y aún no lo saben, ¿quién sabe?—se puso de pie -Pero te aseguro que nunca lo sabrás si no lo intentas.
Dicho esto se retiró con una sonrisa, dejando al chico perdido en los pensamientos que sus palabras habían provocado.
De pronto se le vino a la mente una imagen de él bailando con una preciosa Marinette vestida de gala, esto le hizo sonrojarse ligeramente pero inmediatamente comenzó a dibujarla, antes de que se esfumara.
Varios días después, Marinette se encontraba diseñando vestidos tanto para la cena del Sr. Bourgeois como para el baile. Toda aquella semana había sido bastante interesante, pues faltaba poco menos de dos semanas para el baile y los chicos realizaban sus invitaciones dos semanas antes siempre, por lo tanto a la chica le tocó ver peticiones bastante elaboradas por parte de los estudiantes de último año más románticos y esmerados.
Ella había asistido a los bailesde su antigua escuela siempre sola, aunque eso jamás había sido un problema puesto que en la secundaria era raro que alguien llevara pareja, pero ahora era distinto, los de primer año empezaban a emparejarse y los de grados más altos ya tenían parejas estables, no podía simplemente aparecerse sola por ahí.
Además, nadie la había siquiera invitado al baile aún.
-¿Qué clase de cena es a la que debes ir?- Preguntó su kwami asomándose por su hombro para ver los diseños.
-Es una cena de beneficencia, recauda fondos para el hospital que atiende a la gente de bajos recursos- suspiró-Algo sobre equipo médico nuevo.
-Wow, suena a que asistirá gente importante.
-Y muy rica-contempló los diseños que había hecho -Así que es muy importante que vaya a la altura si no quiero hacer el ridículo.
-Tranquila, Marinette-Tikki se sentó en la libreta -Todo saldrá bien, ya lo verás.
-¡Marinette!- Escuchó la voz de su madre desde el piso de abajo -¡Te busca un chico!
Se sobresaltó y miró hacia la escotilla que daba a la sala.
-¿Un chico?- Se preguntó en voz baja -¡Ya voy!
La pequeña se escondió entre las ropas de su portadora y ésta se apresuró a bajar las escaleras hasta la panadería. ¿Quién podría ser el que la buscara? ¿Nino? Su corazón dio vuelco, ¿a caso podría ser Adrien?
-Mamá- al llegar al primer piso no vio a nadie.
-Ah, está afuera atendiendo una llamada.
La ojiazúl se acercó a la puerta, desde dentro alcanzó a ver la silueta de un chico vestido de saco y pantalón negros, por su vestimenta no parecía ser Adrien. Pensó en alguien que portara ese tipo de ropas…
¿Nathaniel?
Al salir y poder verlo con claridad se dio cuenta de que no era Adrien, ni Nathaniel, ni… nadie que conociera. El rubio era bastante más alto que ella, no podía ver su rostro, puesto que estaba de espaldas y hablaba por teléfono en un elegante inglés con acento británico.
Cuando colgó la llamada, la chica se aclaró la garganta.
El chico se giró, revelando así un par de impactantes ojos grises.
-Hola, Ladybug.
