Cuando por fin la noche de la gala llegó, Adrien sentía un inexplicable nerviosismo.
-Te ves bien- le dijo Plagg acercándose al espejo mientras él se veía.
-¡Plagg, aleja eso de mí! No quiero apestar a queso toda la noche.
-Oh, vamos, mi queso huele mejor que ese horrible líquido que te echaste, ¡puf!- Se quejó dando otro bocado.
El rubio lo ignoró.
Llevaba puesto un elegante esmoquin negro sobre una camisa blanca, se había arreglado la corbata de moño y comprobado que estuviera el saco bien abrochado mil veces, se había retocado su usual peinado de lado otras mil veces y abrochado las agujetas de los zapatos de vestir otras mil veces.
Desde el incidente de Ice King no se había acercado mucho a Marinette, no era por estar molesto ni nada por el estilo (al contrario, se sentía culpable por no haber estado para ella), si no porque estaba buscando la manera adecuada de aproximarse.
Ya había decidido que la invitaría al baile, pero estaba todavía trabajando en la parte de conseguir el valor para hacerlo. Había observado a los chicos de último año hacer sus peticiones de manera jactanciosa, pero él no quería nada de eso, a pesar de tener los recursos para armar el mejor espectáculo de invitación al baile que el colegio Dupont jamás hubiese visto, a él no le gustaba la idea, y esperaba que a su lady tampoco.
Volvió a mirar la bufanda.
-¿Ya sabes cómo se lo pedirás?- El kwami negro había terminado su tentempié y podía acercarse de nuevo a su portador.
Negó.
-Pues yo que tú me daba prisa, no vaya a ser que alguien más la invite primero- se encogió de hombros -Y si alguien lo hace, entonces sí que no querría estar en tus zapatos el día del baile, viendo al amor de tu vida con alguien más.
Ante la nueva imagen mental, el ojiverde hizo un gesto de dolor.
-¡Fantástico!- Marinette corría hasta el hotel Le Grand Paris sosteniendo la cola del vestido con una mano y con la otra su bolso -¡Voy tarde!
Se había tardado porque no tenía experiencia maquillándose y tuvo que pedirle ayuda a su madre, quien le pintó de manera discreta sólo para darle ciertos toques a su rostro. Luego se había tardado de nuevo escogiendo el peinado que usaría para al final optar por soltarse el cabello y dejarlo ser. Cuando se dio cuenta, ya era la hora de la gala.
Por fin llegó, dio su nombre al portero y éste no tuvo ningún problema en dejarla pasar, la recepcionista le dio indicaciones para llegar al salón de eventos y la chica se metió apresurada al elevador.
-Es una suerte que haga frío- dijo, revisándose en las relucientes puertas -Todo se mantiene en su lugar.
-¡Te ves espectacular!- Dijo Tikki saliendo del bolso -Con ese vestido seguro atraerás más de un par de miradas.
La ojiazúl rió, no podía imaginar aquello.
-Sí, claro- respondió -Aunque sólo hay una que me interesa.
Tikki le regresó la sonrisa al notar el entusiasmo de su portadora, tenía un buen presentimiento sobre aquella noche.
Cuando al fin llegaron al piso se escucharon aplausos y la voz del Sr. Bourgeois desde un micrófono dando la bienvenida. La puerta al salón estaba al fondo del largo pasillo.
La kwami volvió a su escondite y la joven caminó lo más erguida que pudo, llevaba zapatos de tacón bajo, así que si de por sí caminar sin tropezar no era lo más sencillo para ella, ese día el reto era doble. Correr en las calles no le había dado tanto miedo ya que por la hora no había mucho tráfico y de cualquier manera no había nadie con quien quisiera tener buena impresión, si la veían caer no sería para tanto.
En cambio ahí...
Tomó aire al poner su mano en la perilla y pasó saliva antes de abrir y entrar.
Nadie notó su irrupción, pues prestaban atención a las palabras del alcalde.
Éste se encontraba arriba de un escenario (era más como un desnivel) al fondo del salón, en el cual destacaba un hermoso piano de cola negro que ocupaba gran parte del espacio, el resto estaba también ocupado por una pequeña camerata acomodada en media luna.
El resto del salón estaba invadido por mesas elegantemente decoradas con manteles largos blancos, copas de vidrio cortado, vajilla de porcelana y preciosos centros de mesa con flores blancas diminutas que la chica jamás había visto en su vida. En el centro del techo colgaba un lujoso candelabro de cristal grande que se lucía entre los otros candelabros pequeños que iluminaban el gran salón.
Pero lo más intimidante era la gente que ocupaba las sillas, toda con vestimenta fina de noche, portando joyas ostentosas, tomando de manera agraciada lo que parecía ser champagne.
Marinette no quería dar un paso más.
-¿Le puedo ayudar señorita?- Dijo el que parecía ser el acomodador, haciéndola reaccionar.
-Eh… sí- con cuidado de no rozar a Tikki, sacó su invitación del bolso.
-Por aquí, por favor- le pidió el hombre luego de recibir la tarjeta y echar un vistazo a su lista.
Mientras la dirigía entre las mesas, la joven escuchó lo que el anfitrión decía al micrófono.
-…gente de bajos recursos que necesita nuestro apoyo. Ladybug, Chat Noir y ahora también White Wolf se encargan de protegernos de las amenazas que no está en nuestras manos contener, y nosotros debemos responder a eso haciendo lo posible porque sus objetivos de hacer de Paris un mejor lugar se cumplan, ¿cómo? Salvando a la gente a la que podemos, de las maneras que podemos.
De nuevo aplausos por parte de la audiencia.
Mientras tanto Adrien ya estaba en la mesa que le correspondía, a pesar de que su padre también estaba ahí, había sido asignado a una mesa distinta, así que se encontraba con Chloé y Kim. Chloé no había dejado de parlotear sobre cosas materialistas hasta que el discurso de su padre había comenzado, y el rubio no había quitado los ojos del escenario hasta que escuchó una voz masculina junto a la mesa.
-Su mesa, señorita.
Al voltear se encontró con la chica más preciosa que había visto en toda la noche, con un vestido mucho más sencillo que muchos de los que había visto desfilar a la hora de la entrada al salón, y sin embargo parecía tener mucha más clase, era la primera vez que la veía con el cabello suelto y notó que le llegaba a los hombros, los rozaba casi acariciándolos, especialmente porque el diseño del vestido los descubría. Se sonrojó.
-Buenas noches a todos- saludó tímidamente, se le veía algo incómoda y el ojiverde supo inmediatamente que era porque no estaba acostumbrada a ambientes tan… finos.
Quiso ponerse de pie para ayudarle con la silla pero el acomodador se le adelantó. Extrajo una silla para que la ojiazúl se sentara, y luego la empujó dentro para colocarla justo donde debía estar.
Hasta que estuvo acomodada, se percató de la mirada de Adrien. Se encontró con ella por un momento y luego la apartó, ruborizaba. Pero él la siguió observando, especialmente porque después de apartar su mirada la chica se pasó un mechón por detrás de la oreja y el gesto dejó encantado al rubio.
-También quisiera aprovechar esta velada para darle la bienvenida de manera pública a un viejo amigo- continuó el alcalde -Damas y caballeros, el presidente de Vitbarn, Gustav Piaf.
De nuevo aplausos y el joven Agreste decidió volver a poner su atención en el escenario justo cuando subía el recién mencionado.
Vitbarn era una empresa de tecnología sueca, muy famosa en todo el mundo, fabricaban diferentes tipos de artículos como televisores, celulares, equipo de sonido, computadores, etcétera. Se decía que ganaba mucho dinero.
Pero también, Gustav Piaf era muy guapo, se fijó Marinette. Era alto, de cuerpo atlético, rubio, de cabello largo recogido en una coleta, ojos oscuros, con una bonita barba corta pero pulcramente delineada y cuidada. Vestía de traje con chaleco gris oscuro sobre una camisa azul claro y una corbata azul marino, se había quitado el saco y arremangado la camisa hasta los codos así que se le marcaban los músculos del antebrazo.
-Muchas gracias- dijo al micrófono luego de estrecharle la mano al Sr. Bourgeois, dedicándole a la audiencia una sonrisa de actor de cine, que de alguna manera se le hizo familiar a la joven Dupain.
Continuó hablando, pero Adrien suspiró. Detestaba ver a sus relativos exhibiéndose de aquella manera.
-Oh, Adriekins, vaya que tienes familiares apuestos- dijo Chloé.
-No es mi familiar directo- contestó él volviendo su mirada a la mesa.
-Lo que sea- ella seguía contemplando al orador.
Marinette lo miró y luego miró a su amado. ¿Familiares?
-¿Es familiar tuyo?- Kim le leyó la mente.
-No directo- el ojiverde estaba claramente incómodo -Mi tía estuvo casada con su hermano.
-Vaya- exclamó la chica del vestido rojo, atrayendo como imán la mirada del rubio -Es bastante impresionante.
Le dedicó una sonrisa que hizo que cualquier mal pensamiento en la cabeza de él se esfumara y que sus mejillas se tornaran ligeramente rojas. Seguía sin superar lo bien que se veía.
-Bon apetit- dijo el hombre en el escenario y los aplausos volvieron.
La cena fue espectacular, los alimentos eran muy refinados y exquisitos, aunque para Marinette no había nada como el pan de la panadería de sus padres, Adrien y Chloé estaban acostumbrados así que el único verdaderamente impresionado fue Kim.
Al terminar el postre los comensales se pusieron de pie y comenzaron a merodear por el salón saludando a sus conocidos, cambiando de mesa para hacer plática a otros invitados y el ambiente se volvió mucho más cálido, incluso varias mujeres se quitaron los tacones altos para mayor comodidad. Las risas y charlas se oían por todas partes.
-Marinette- Adrien se acercó a ella cuando estaba de pie junto a la barra de bebidas, no conocía a nadie así que había optado por escoger donde mejor se escuchara la música de la camerata.
Se sobresaltó.
-H…hola- saludó sonriendo, pero luego se arrepintió porque ya lo había saludado antes en la mesa -¿Qué sucede?
Sucedía que el rubio quería de una vez por todas invitarla al baile y deshacerse de su preocupación, pero había aún algo que no lo dejaba sacar las palabras. No podía creer que era tan sencillo hablar en las entrevistas y posar para las cámaras pero invitar al amor de su vida al baile de invierno era un infierno.
Recordó el incidente de la bufanda, su rostro de decisión mientras le hacía la promesa que lo había cautivado, luego el mismo rostro enfundado en la máscara sonriéndole coquetamente en su sueño, el roce de sus manos juntas al bailar el vals.
Cerró los puños.
-Marinette, yo…
-Hijo.
Esta vez ambos se sobresaltaron.
Gabriel Agreste en persona se había aproximado y miraba de manera severa a su retoño.
-A tu tía le gustaría que interpretaras una pieza en el piano.
Éste bajó la mirada, fastidiado. La ojiazúl se emocionó.
-¡Vaya! Eso sería increíble.
El diseñador la miró.
-Eh…buenas noches, señor Agreste- dijo inclinándose en una pequeña reverencia.
-Señorita…- respondió haciendo un gesto similar -Marinette, ¿no es así?
La chica asintió sorprendida al ver que recordaba su nombre.
-Disculpe mi atrevimiento, señorita, pero ¿podría decirme dónde ha conseguido su vestido?- Dijo a continuación -Es verdaderamente hermoso.
Adrien contempló el rostro de la joven justo cuando éste comenzaba a iluminarse con una radiante emoción que la hizo sonreír de oreja a oreja.
-Muchas gracias, señor- le respondió con los ojos brillantes -Lo he diseñado yo misma.
El ojiverde también sonrió y miró a su padre, que alzaba las cejas impresionado.
-Vaya, ¿es así?- La examinó con la mirada -En ese caso debo felicitarla, usted tiene un gran futuro como diseñadora.
Ella no dejó de sonreír.
-Con permiso- se despidió de ella y miró a su hijo de nuevo serio para que éste lo siguiera.
-Perdona- le dijo a su compañera, bajando la mirada -Nos vemos luego.
La joven agitó la mano sin dejar de sonreír.
Adrien no tenía opción, el alcalde ya lo había presentado de manera pública y se encontraba subiendo al escenario, su tía era muy amante de la música y no le extrañaba que hubiera pedido escucharlo tocar.
Mientras se sentaba en el elegante piano, repasó mentalmente las reglas básicas para tocar y echó un vistazo en la carpeta de partituras que el pianista había dejado, para escoger una melodía.
"Für Elise", "Claire de lune", "Valse des fleurs" leyó pasando las hojas de los solos de piano, de pronto su mirada se detuvo. "Les patineurs" en solo para piano (watch?v=bygaZYsTHQ8), repasó rápido las notas para comprobar que efectivamente, era el vals de su sueño, con una sonrisa puso la partitura en su lugar y se preparó para comenzar a tocar.
-Esta es para ti, mi lady- murmuró.
Y comenzó a tocar. La introducción le ayudó a familiarizarse con las teclas de aquél piano y el sonido, acariciándolas y golpeándolas ligeramente con el ir y venir de sus manos en las escalas. La melodía comenzó a tomar forma poco a poco, el acompañamiento comenzó a integrarse mientras su mano derecha seguía tocando arreglos de pocas teclas. Hasta que por fin, el primer vals comenzó.
Mientras tocaba, Marinette lo observaba justo donde la había dejado, sonriendo ante la bonita música que salía de manos de su ángel, aquél a quien amaba profundamente. Su corazón se aceleró conforme la música cambiaba, y volvía a la melodía principal, y luego volvía a cambiar. El rostro de Adrien se veía sereno, por momentos cerraba los ojos, pero las miradas que le dedicaba a las teclas eran mucho más emotivas. También notó que movía la cabeza ligeramente, como si siguiera una marea invisible de notas.
-Es bueno- dijo alguien a sus espaldas.
-Oh- suspiró ella sin voltear, absorta en la vista -Lo es.
Silencio de unos segundos.
-¡Disculpe!- Exclamó al darse cuenta de su descortesía al no voltear, y se giró, sólo para encontrarse con un burlonamente sonriente Antoine. Se quedó boquiabierta.
-Buenas noches, cara mia.
